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viernes, 16 de agosto de 2013

EL PLACER DEL TENIS




En los últimos meses se han jugado un par de torneos de tenis sobre los que hubiera querido escribir antes. Me refiero al Roland Garros y al Wimbledon. Escribo estas líneas mientras Federer y Nadal juegan un partido reñido para acceder a semifinales en el abierto de Cincinati. Federer había ganado el primer set 7-5, venían parejos en el segundo hasta el 4-4, y un quiebre decisivo de Nadal hizo toda la diferencia. Ahora en el tercer set Nadal parece fortalecido en el partido que veía cuesta arriba, y la confianza para el suizo se ha puesto en veremos. 

Hay algo muy cabrón en el tenis, que no existe en otros deportes, y es la presión que se debe soportar ante el riesgo del quiebre. No sólo el saque, defender el saque, quebrar el saque, es lo que constituye la cuestión interesante del tenis. Toda su base parece estar en el quiebre. Si hay algo que distingue claramente al tenis de otros deportes más populares como el fútbol o el basquet es que no se trata de un deporte colectivo; pero las cosas no son tan obvias, sucede que además en el tenis no existe manera de enfriar el juego. Si te quiebran el saque debes reagrupar fuerzas solo y esperar tu momento. Además, no existe posibilidad de dominio de balón, ni de enfriar el juego, es decir, no puede haber un estilo tenístico de juego como el de la campeona mundial España. No existe posesión de bola, sólo golpes, la pelota va y viene, sin parar. ¡Es tremendamente desafiante! De modo que un jugador experto de tenis juega con un sentido más parecido al de un boxeador o practicante de bjj que al de un futbolista: se juega para que el rival se rinda mentalmente antes. Para quebrarlo. La victoria en los puntos suele llegar después. Se trata de un trabajo de desgaste y de autorenovación continuos. Por ello los grandes campeones de la actualidad como Nadal parecen jugar un otro partido en su cabeza; pueden quebrarles un saque, pero vuelven del descanso e inmediatamente revierten la situación, justo cuando desde afuera pensábamos que el otro adquiría control del partido. Con tipos como Nadal parece que dijeran: "puedes haberme quebrado este servicio, pero estás muy lejos de quebrarme mentalmente".

El jugador de tenis no tiene con quién más descargarse que consigo mismo. Debe asumir sus errores, por más inexplicables que los encuentre en un momento crucial. El proceso de asimilación y corrección internas ocurren en fragmentos de tiempo que se pasan como efímeros segundos. Así las cosas, debe tratar de evitar las señas de descontrol o contrariedad cuando afronta momentos difíciles en el partido. Federer en la era moderna del tenis es la viva imagen del jugador frío y de rostro imperturbable en la cancha, hasta que el partido se ha decidido. 

Algo que hace muy admirable el juego de dos grandes como Nadal y Djokovic es su capacidad defensiva. Nadal se hizo intratable durante largo tiempo por el enorme espacio de cancha que puede cubrir con sus largos y frenéticos desplazamientos; llega a las bolas más difíciles y lo hace bien, muchas veces para atacar de contra con un tiro paralelo que parecía imposible. El caso de Djokovic es distinto, porque da la sensación de que arriesga menos cuando defiende, pero se debe a su gran inteligencia táctica. Los principios del Gracie Jiu Jitsu llevados al tenis se expresan maravillosamente en el juego del número uno del ránking mundial; nos referimos al "survival mindset", "eficiencia", "jugar para gastar menos energía y que el adversario se canse antes"... Los golpes de contención ante saques veloces y agresivos, Djokovic los domina mejor que nadie, también sabe desplazarse y patinar con elegante flexibilidad tanto en superficies de ladrillo como de césped o cemento. Llega a bolas exigidas con elasticidad, muchas veces se limita a seguir poniendo la pelota en juego, una y otra vez, hasta que el adversario cometa errores por ansiedad. No da aperturas sino que espera a que el otro cometa la equivocación. Así, su oponente cae en la trampa y toma riesgos, lanzando una bola más larga con la intención de franquear esa defensa, pero ve con hastío que acaba de lanzarla afuera otra vez. Djoko te fuerza a que te equivoques si quieres ganarle el punto, o de lo contrario, que juegues con precisión quirúrjica. Muchas veces en esos casos ha provocado increíbles errores no forzados ante todo tipo de jugadores del circuito.  

El concepto de error no forzado es casi único en tenis; es otra de sus marcas distintivas como juego. En fútbol lo más cercano serían los pases errados, que muchas se provocan por el juego de pressing que ejerce el equipo rival. Pero en tenis es algo más porque el tiro no es un pase, es defensa y ofensa al mismo tiempo, o tiene la potencia de serlo. Si bien los tiros ganadores suelen ser los que marcan los destinos de un partido, no se puede dejar de atender a los números en errores no forzados. Cuando Federer se coronó nuevamente campeón del Wimbledon el pasado 2012, tuvo como característica notoria el bajo número de errores no forzados que cometía por partido. Su excelencia y estabilidad partieron de ahí. En sus derrotas previas, los Wimbledon pasados, esa no había sido su marca, pero véase cómo hizo diferencia mejorar los números en ese ítem. Por tanto, ante todo, es bueno asegurarse primero de no cometer muchos errores propios, antes de preocuparse por tener aciertos impresionantes. 

Roger enfrenta en estos instantes un doble match point en contra. Demasiados errores no forzados en el último set. Poca oposición ante el saque de Nadal. Las piernas también más estáticas, y sus tiros ganadores más aislados. Lo único que lo salva es el saque ganador. Federer acaba de empatar el juego 40-40. Está con vida. Nadal lo mira extrañado, como reclamando que haya sido capaz de responder esa bola y ponerla donde la puso. Federer es una institución dentro del tenis, sentimos que ganando o perdiendo todo se mantiene más o menos igual, como si él no necesitara realmente ganar más torneos, pero nos da placer verlo. Los fanáticos que envían sus mensajes en twiter confirman ese sentimiento. Acaba de ganar Nadal, habiendo jugado el punto de manera muy inteligente, arrinconando cada vez más a Federer sobre su revéz, y luego cambiando el tiro hacia la otra esquina. Necesitó llegar a un quinto match point para lograrlo. Los comentaristas de ESPN se deshacen en elogios, para ambos por el partido que brindaron, pero luego a Federer por el nivel que demostró en este partido, bastante más alto respecto de sus últimas presentaciones. Nadal, por su parte, continua su camino por un año que le ha traído muchas alegrías, más allá de la sorpresa en Wimbledon. Buenas sensaciones para Federer, sin embargo sabe que ya no le alcanza si no hace un juego perfecto. 

Es un juego fantástico el tenis. Yo no lo habría apreciado seguramente de no ser por la atención y fanatismo que le tiene mi adorada mamita. La acompaño en la televisión cuando estoy en casa, y sufrimos y nos emocionamos cuando Federer se encuentra en uno de sus días inspirado. Gozamos cada segundo de su victoria en el Wimbledon del 2012, además de su retorno al número 1 en el ránking. Fueron unos meses soñados, quizá ya no se repitan, pues la tendencia es que Federer vaya reservándose para los torneos más importantes, y retirándose en una pausada y estratégica elección de sus momentos de alta competición. Quedan en el panorama interesantísimos jugadores para observar. En mujeres Sharapova siempre me llama la atención por su mentalidad de competidora de élite, también la seguridad casi cruel de Serena Williams cuando despedaza a sus oponentes. Estamos todos orgullosos del buena onda Del Potro, que sigue siendo una promesa de número 1. 


Se pasa la noche, es hora de apuntar lo último. A veces en tenis, como en la vida, no se trata tanto de ganar sino de hacer que el otro pierda. Que el otro desee tapear mentalmente antes de que concluya el juego. En ese momento el resto sucede a velocidad crucero. Pero lograrlo es arte de genios, se requiere de una fortaleza psicológica, mental y física muy altas. Djokovic es, creo, quien mejor ha entendido ese principio del tenis, y es por ello que o bien juega y gana todo, o al menos juega y llega a casi todas las finales de todas las competiciones. Es el número 1 en el ránking. ¿Se necesita decir algo más?

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