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jueves, 23 de enero de 2014

APUNTES PARA UN ARTÍCULO SOBRE 9-11



Resumen de ideas centrales en el artículo"Bienvenidos al desierto de lo real" de Slavoj Zizek.


"Bienvenidos al desierto de lo real" es un artículo escrito por el esloveno Slavoj Zizek en fecha 14 de septiembre del 2001, sólo tres días después de los terribles acontecimientos que se produjeron en Manhattan, en el Worl Trade Center. Lo titula con un tono que aparenta no tener simpatía hacia el pueblo norteamericano. Recuerdo que lo descargué el 2005, y durante años simplemente creí que era una referencia a una escena de Matrix en la que Morfeus instruye a Neo. Lo cierto es que Zizek lo utiliza así, con cierta crudeza, pero su intención central es decirles a los ciudadanos del país más poderoso del mundo: "bienvenidos al club", "esto es lo que se siente". Alude así a los que estaban ya jodidos antes que ellos, en los países menos pudientes que sufrieron estas tragedias a causa de la política exterior estadounidense. Es como diciendo: "esto que les parece ahora tan traumante es lo que han tenido que soportar otros países más pequeños en el curso de la historia, mientras ustedes lo veían todo a distancia en su televisor (y su gobierno ocasionaba esas catástrofes". Es como si se dirigiera a un nene mal educado que nunca ha afrontado el verdadero espanto y sensación de inseguridad en la vida. 



El primer rasgo llamativo del artículo es que un intelectual se atreva a escribir tan pronto sobre la actualidad, y poner su cuota de visión sobre el asunto. No muchos lo hacen, en tales ajetreos los académicos de claustro prefieren mantener cerrado el pico. Pues es difícil analizar la realidad, más aún hacer filosofía sobre lo actual, porque es escurridiza, no existe suficiente perspectiva. Zizek señala en algunas de sus entrevistas que el papel de la filosofía no es resolver problemas, antes bien, "su deber es re-definir problemas"; diferenciar los falsos de los verdaderos problemas, plantearlos de modo que tengan sentido. Así intenta analizar el asunto del 9-11, apuntar hacia las verdaderas preocupaciones. Algunos podrán decir que esta es una posición más cercana a Hegel, que es uno de los filósofos del concepto; pero a mí me parece que está más cercano a Deleuze, particularmente al Deleuze que retoma en su lectura a Henri Bergson. 



En ningún momento, en el artículo señalado, Zizek deja abierta la posibilidad de que el ataque al World Trade Center pueda haber sido parte de una conspiración sostenida por altas esferas del mismo gobierno de los norteamericanos. (No había en ese momento la cantidad de videos en You Tube que se pueden encontrar al respecto). Es demasiado pronto para animarse a hacer tal conjetura, la herida está demasiado abierta, la misma zona donde antes se divisaban las ostentosas Torres Gemelas todavía está repleta de escombros, y el fuego en algunos puntos ni siquiera se ha terminado de apagar. La primera lección que parece quedar es que todo lo ostentoso está destinado a caer estrepitosamente antes o después. El mejor ejemplo anterior es el del Titanic, la embarcación majestuosa que "ni siquiera el mismo Dios de los cielos podría hundir", según el lema que recitaban sus constructores. 



Zizek afirma que los ciudadanos de este país-potencia-mundial habían estado viviendo en una esfera ficticia, desprovistos de la sustancia material de la realidad, y hace alusión a la trilogía Esferas de Peter Sloterdijk. Otra de las conexiones que realiza es con el cine de Hollywood. Porque Zizek siempre fue un firme defensor de la idea de que ese cine es el que mejor funciona como espejo de la ideología. Utiliza el término "ideología", que en sí es un concepto filosófico, para referirse a una visión distorsionada de la realidad. ¿Qué papel cumplen las catástrofes en el cine de Hollywood? Esa una pregunta frecuente en sus escritos, también presente en su celebrado libro El sublime objeto de la ideología, el primero de su copiosa producción. Incluso en un artículo del 2012, "Dictadura del proletariado en Ciudad Gótica", escrito a propósito de la última entrega de Nolan sobre su visión de Batman, comienza así: 

"The Dark Knight Rises confirma una vez más la forma en que los éxitos de taquilla de Hollywood son indicadores precisos de las problemáticas ideológicas de nuestras sociedades". 

Volvamos a rescatar las principales ideas de su artículo "Bievenidos al desierto de lo real". Tengamos presente que desde antes del 11S, el cine de Hollywood nos bombardeaba con la amenaza de un ataque terrorista de ese tipo, por ejemplo la idea de que un avión pudiera ser secuestrado en espacio aéreo norteamericano por un grupo de temerarios árabes con demandas irracionales. Creo que incluso en alguna película del olvidado Chuck Norris llegamos a ver algo así. Y aquí debemos acotar que no resulta sorprendente haber escuchado a los relatores, al transmitir en vivo para sus cadenas el atentado al WTC, dejando salir frases como "la imagen parece extraída de una película"; o testigos diciendo "era muy surreal, como las películas que vemos en cine". De pronto 9-11 fue una secuela de películas taquilleras como "El día de la independencia" o "Armagedon", sólo que en aquellas versiones el ataque de un radicalmente Otro temible que viene de Afuera era interpretado por la figura de los aliens, presencias amenazantes de vida en otros planetas. Y quiérase o no, fue porque estábamos de alguna manera familiarizados, a través del cine de acción, con la idea de que unos árabes podían secuestrar un avión con pasajeros a bordo, que inmediatamente se hizo muy difícil dudar que algo de eso estaba pasando. Vivíamos en la creencia. Los rumores se fueron expandiendo como el fuego en las Torres, para eso estaban los medios masivos de comunicación. Los autores intelectuales del atentado sabían que no debían esforzarse mucho por hacer creíble su explicación lógica de por qué había pasado esto y quiénes serían los culpables: eso ya estaba implantado en la memoria colectiva del mundo. (¿No nos recuerda esta temática al film Inception de Christopher Nolan?) Y es que, ante los atentados, nuestra referencia más inmediata era el cine, no había más, por nuestro punto de vista, aquí, Bolivia, y también para muchos norteamericanos, que habían vivido ya terribles atentados en su historia, pero ninguno de esa escala. Otra cosa hubiera sido ver los eventos siendo ciudadano de Sarajevo, por ejemplo. 


Precisamente, Zizek hace alusión a ello y es la parte central de su artículo. Él recuerda que el acontecimiento fue como una cucharilla de su propia medicina, y ahí están postradas como testigos silenciosos las víctimas de Congo, de Sarajevo, de Grozny... Más allá de todo esto, lo que le preocupa a nuestro filósofo en verdad es cómo se va ha simbolizar el hecho del derrumbe de las Torres Gemelas. Zizek habla mucho más del "derrumbe de las torres" que de un "ataque", y lo hace con tino. (No dice nada sobre el misterioso colapso de la Torre 7, que no había sufrido el atentado de ningún avión) ¿Cuál es el simbolismo que se ha de construir en torno a lo sucedido? ¿Cómo será usado para construir un discurso amigo-enemigo? ¿Con qué eficiencia el gobierno de los EEUU utilizará lo ocurrido para respaldar sus próximas medidas de política exterior? Lo interesante es que el ataque fue tan simbólico, por ser una afrenta directa contra un complejo de edificios que representaba el orgullo y poderío financiero de esa nación, que la sospecha inmediata sólo pudo dirigirse hacia posibles autores del extranjero. Creo que nadie implicó ni de la manera más tibia que podían haber poderosos sectores dentro del mismo Manhattan que tendrían intereses en que el complejo del WTC sea renovado. Y no se pensó ni en rusos ni alemanes ni cubanos, se pensó directamente en el Medio Oriente. Aparecía un periodista por aquí, otro por allá, con supuestas conexiones en el departamento de inteligencia de la CIA, y se filtraba una información de que habría habido posibles amenazas anteriores a ese día que venían de un tal Osama bin Laden. Y todo esto es muy llamativo, dice mucho respecto de los juegos de manipulación mental, de la manera en que se enlazan palabras con imágenes mientras los medios transmiten imágenes en vivo a millones de televidentes en el mundo. Se está cocinando lo que vendrá en la misma transmisión de los hechos. Las especulaciones comienzan a surgir sin mayor esfuerzo, no importa mucho cuan fundada en fuentes sólidas pueda hallarse tal o cual afirmación, pues lo importante es ir metiendo ideas en la cabeza, exponer ideas dentro de un radio de percepción donde normalmente el tipo de conexiones no debería haberse dado en tal manera por necesidad. Esas conexiones tienen que ser construidas. Ante todo lo que se ha especulado en medios conservadores como CNN, Zizek adelanta: "un ataque norteamericano a Afganistán sería el colmo de lo ridículo: si la mayor potencia mundial destruye a uno de los países más pobres del planeta, en el cual los campesinos sobreviven en áridas colinas ¿no estaríamos frente a la epítome de la impotencia?".



Entonces, Zizek expone su argumento central, que es una especie de pedido, un llamado de toma de consciencia: Que lo sucedido sirva para asegurar que esto no suceda aquí de nuevo, pero sobre todo para que esto no vuelva a ocurrir EN NINGUNA OTRA PARTE. 







MARIO VARGAS LLOSA DE PASEO POR SANTA CRUZ DE LA SIERRA




El escritor peruano volvió a visitar Bolivia, esta vez llegó a Santa Cruz, donde planea quedarse alrededor de una semana, y gran parte de su agenda está reservada para una visita a la zona de la Chiquitanía. Su llegada fue organizada por la Fundación Nueva Democracia y representó un golpe de aire fresco. 

A sus 78 años Mario Vargas Llosa todavía sopla, y en gran forma. El peruano, que llegó este miércoles 22 de enero a Santa Cruz, es autor de un puñado de clásicos de la literatura latinoamericana. El héroe indiscreto (2013), su última novela le hace honor a un desafortunado paisano cuya historia, oída a medias, lo sorprendió mucho, y la encarna en el personaje de Felicito Yanqué; se trata de una lucha desigual entre un hombre honesto que para cuidar lo que le corresponde decide enfrentarse a los abusos de un poder mucho más grande. Acorde con su línea de pensamiento, la historia le permite a Vargas Llosa navegar a gusto reafirmando valores tradicionales como el trabajo, coraje, honestidad y altruismo en cierta medida.  

No sabemos bien cómo hace Vargas Llosa para elegir las historias que desea narrar, particularmente a estas alturas de su caminata como escritor. Nos sentimos tentados a creer que los escritores que ya han sido reconocidos son un poco como los buenos actores de cine, que escogen con más cuidado los personajes que quieren interpretar y prefieren un guión que se sostenga antes que un excelente presupuesto. 

En su visita a Santa Cruz, el autor de La ciudad y los perros dio muestras de su clase como ciudadano de mundo. En el coloquio llevado a cabo en AECID la noche del 23 de enero, se reunió con actores del mundo cultural y ahí se explayó comentando algunos de los temas ya recurrentes de su repertorio. No cabe duda de que Vargas Llosa habla con el cuidado de los mejores cultores de la palabra, es como si él mismo se editara mentalmente y lanzara las frases con elegancia, agregando la coma oportuna o los dos puntos a tiempo que revela sus ideas. 

Como es sabido, el año 2010 fue ganador del Premio Nobel de Literatura, lo cual terminó por sellar la valía de su presencia en el panorama de las letras y el mundo intelectual. El año 2011 fue invitado a abrir la Feria del Libro de Buenos Aires, pero debido a unas duras críticas que había hecho contra los Kirchner unos meses antes, provocó la resistencia de sectores afines al gobierno K. Tuve la oportunidad de estar presente en aquella inauguración, que se daría a las 18.30. El día de su conferencia se habían apostado un buen grupo de protestantes con carteles a la entrada al pabellón, dejando ver su descontento por la presencia del Nobel. Cristina Kirchner había dicho que se garantizaría el normal desenvolvimiento de su participación en la feria. Gritos y quejas de por medio, controlados muy de cerca por la policía local, al final no fueron más que parte del colorido y la tensión propia del evento. Después de una larga fila entre periodistas acreditados pudimos finalmente acceder al pabellón donde tendría lugar el acto. El escenario se había adornado con una tela púrpura llamativa.



No lo había leído antes más que en alguna columna en el periódico, no me parecía particularmente interesante. Al entrar nos entregaron una transcripción de su Discurso cuando recibió el Premio Nobel, un texto escrito de manera amena donde relata un poco su experiencia en Cochabamba cuando sólo era un niño. Aquel día su participación me resultó mejor de lo que podía esperar, además ayudó el formato que le dieron los organizadores, pues después de un discurso que dio Vargas Llosa, pasó al escenario un entrevistador para conversar de diversos temas con el público como testigo. Era como estar viendo una entrevista en la TV, sólo que en el mismo set. Oírlo expresarse era como una especie de terapia en grupo para los que nos consideramos escritores, aunque sea en embrión. Me interesó particularmente los detalles sobre su disciplina de trabajo. No extraña ver que es un escritor muy prolijo y que con el avance de los años parece haber perfeccionado la comprensión de su organismo y de su máquina creadora. Cuenta que se levanta temprano, a eso de las 5.00 am, porque no necesita dormir mucho, una señal de vigor y juventud. Comenzar a trabajar a esa hora para conectarse con el maravilloso silencio de la madrugada, que nos embriaga con su frescura e inocencia, es realmente una experiencia placentera. Otro elemento importante para nuestro escritor son sus caminatas, que realiza religiosamente durante una hora a partir de las 7, y acompañado de su esposa. En una entrevista que pasaron en noviembre del 2013 en CNN agregó un dato más, decía que sin importar en qué país se hallen alojados, o de paso, siempre tienen la disciplina de salir para hacer esa caminata de una hora, ejercicio especial que lo mantiene fresco y le sirve para meditar en el trabajo que va a hacer ese día. 


¿Cuántas veces no se nos habrá planteado esa dificultad a los que practicamos la escritura, la composición, o que en última instancia vivimos a la caza de ideas creativas? ¿Es mejor trabajar en el día o en la noche, cuando ya la casa reposa y el bullicio en el barrio se ha extinguido en buena manera? Charles Bukowski decía que es mejor la segunda opción porque "la magia surge en la noche". Otros dicen lo contrario. Vargas Llosa, escritor a tiempo completo, divide su trabajo en dos fases: creación y edición. El primero lo hace en la mañana, que considera la mejor hora porque tiene la mente más despejada; su posición es la más lógica, puesto que al ser la más larga la digestión del almuerzo, en la tarde el cuerpo y la mente tardan más en llegar a su punto de precisión y mejor rendimiento. Así que en las tardes Vargas Llosa aprovecha para trabajar en las bibliotecas, porque le gusta sentirse rodeado de libros en esos espacios fantásticos; también comentó en su aparición en aquella feria del libro que otras tardes sale a trabajar a los cafés, con la intención de evitar el aislamiento y sentirse en contacto con la ciudad; así que se mete de lleno en las labores de corrección, rearmado, edición y otras operaciones que requieren más del oficio que de la creatividad. 



A PARTIR DEL MITO DE LA CAVERNA DE PLATÓN


Un video elaborado por Bruno Gómez, así se identifica el autor, sobre el mito de la caverna de Platón, me ha dado cuerda para anotar un par de líneas al respecto en este inicio de jornada. 

Como muchos sabrán, el mito aparece en el séptimo libro de La República, uno de los libros más ambiciosos de Platón. Se suele invocar a partir de este filósofo una perniciosa división: la del mundo sensible respecto del mundo de las ideas. La primera sería la aparente, la que nos engaña y nos mantiene viviendo en un mundo de ilusión, mientras que al segundo se accedería gracias al uso de la razón, y este sería el mundo emancipado, donde el hombre se libera de sus ataduras, las ataduras de la experiencia sensible. Por supuesto que esta visión choca de frente con las teorías materialistas en el mundo de la filosofía, se trata de una especie de guerra de guerrillas al interior de la filosofía: idealismo vs materialismo. Michel Onfray levanta mucho polvo al respecto, levanta el polvo y también el tono de su voz, se estrella contra Platón siempre que puede, y reivindica el hedonismo, el cinismo, el epicureísmo. Pero Platón es mucho más que esa división. 


La idea de la alegoría a una caverna tiene que ver con el encierro y la privación de la libertad de desplazamiento físico. ¿Qué otra cosa podría hacer que se explique de manera fácil la esclavitud de unos hombres que no salen de la caverna por su propia voluntad? Tienen que estar encadenados, atados con cadena de hierro hacia una pared. Al frente sólo puede contemplar el reflejo de las sombras, figuras de hombres y de animales pasan ante ellos, y ellos se acostumbran a no ver otra cosa que sombras, y no oír otra cosa que rumores, ecos de las voces que se escuchan a lo lejos. Así, con talento pedagógico, Platón explica de manera accesible la condición del ser humano, la limitación de su conocimiento, y las posibilidades que se abren para aquel que se hace filósofo, es decir, aquel que de alguna manera sale a la intemperie y se encuentra con el brillo cegador de la luz al aire libre, y el resplandor de todas las cosas, muy diferente a la imagen seca y oscura que se capta en una sombra. Platón dice "si alguien fuera arrastrado hacia afuera, o forzado de alguna manera", dejando ver que no concibe muy fácilmente otra posibilidad que la de un forzamiento externo para que esta liberación tenga lugar. En última instancia, parece no importar mucho si fuerzan al que está atado a salir o él sale liberándose por su propia cuenta, lo importante es que llegue a ver toda la belleza que reside afuera de la caverna, toda la iluminada verdad que se está perdiendo en el mundo de las sombras. De la doxa a la epísteme. Que sólo vea todo lo que hay afuera bastará -esa parece ser la consigna-, el cambio se operará irremediablemente en el individuo, se trasfigurará su visión y saltará lleno de regocijo en su corazón, antes o después volverá a la caverna para contarles la buena nueva a sus antiguos compañeros de prisión. 

Me pregunto qué habrá sentido Nelson Mandela cuando finalmente fue completamente liberado después de haber pasado veinte y siete años como prisionero. Su libertad externa le había sido quitada, pero en algún punto del viaje interior que tuvo lugar debió haber descubierto la verdadera naturaleza de la libertad. No parecía que estuviera en manos del gobierno opresor que lo había encarcelado el definir el estatus de libertad de Mandela, al menos no al final de sus días en prisión. Pero si incorporamos este comentario intempestivo para hablar del mito de la caverna es porque se plantea una duda respecto de esa visión: ¿acaso se trata de una libertad de desplazamiento y de simplemente ser expuesto a una verdad que se nos oculta? El tiempo en el que vivimos, desde la misma caída del Muro de Berlín, con la entronización de los medios masivos de por medio, nos muestra que la verdad no es necesariamente lo que empodera a los individuos y los hace libres. "La verdad os hará libres" recita Jesús en algún pasaje del Nuevo Testamento, pero esta frase tiene sus bemoles. Por ejemplo, hace tiempo que se conocen pruebas contundentes de que la bala que asesinó a John F. Kennedy provino en realidad de adelante, y no de atrás como se había afirmado para incriminar al solitario asesino Lee Harvey Oswald. ¿Pero qué cambió eso a los ojos del gran público que se desliza indiferente por las llanuras de su día a día? Comprar la leche en el mercado, recoger a los niños de la escuela, pagar los servicios de luz en el banco, atender a un par de clientes premium en el consultorio, escuchar buena música pop en el reproductor del automóvil, poco tráfico, vuelta a casa para la cena y refugiarse en el cálido regazo de la esposa mientras se hace zapping en la televisión, ¿qué más se puede esperar de un día normal de la semana? ¿Cierto? No me cabe que exista tanta indiferencia ante los temas que parecen más decisivos en la vida colectiva e individual. 

El mito de la caverna nos ayuda a explicar muchas de estas incomprensibles realidades. En el mencionado pasaje de La República, Sócrates dialoga con Glaucón sobre los efectos reales de las sombras, pues los que se mantienen atados llegan a creer con el tiempo que esas sombras son la realidad. Se trata de una figura clara, salir del hoyo. Esta imagen nos recuerda a una escena decisiva en Batman el caballero oscuro asciende, del director inglés Christopher Nolan. Se trata de una película en clave que nos permite conectar varios elementos. Primero la alegoría al mito de la caverna, en el momento en que Bruce Wayne logra salir del hoyo del que todos ahí adentro creen que es imposible salir, pues nadie lo ha hecho excepto un niño y de esto hace muchos, pero muchos años. La urgencia externa por salir tiene que ver con el riesgo que afronta Gótica, está a punto de ser atacada y los mercenarios dirigidos por Bane están a punto de tomar el control de la ciudad. Un afán de pura destrucción amenaza la seguridad de sus habitantes, y Wayne se desespera por salir y hacer algo. Wayne no vive ahí adentro, en su encierro, desconociendo la realidad externa, no es esa su ilusión, pues lo que él busca más bien es volver. Pero no se trata de volver a la intemperie de lo real, se trata de volver a sí mismo, de recuperar una confianza y una fortaleza hace largo rato perdidas, incluyendo una voluntad por hacer las cosas que la sentía desvanecida desde la muerte de Rachel y la conversión maligna de Harvey Dent, que pudo ver con sus propios ojos. Aquello debió haberle hecho reflexionar profundamente sobre la naturaleza relativa del bien y del mal. ¿A quién no le afectaría observar semejante cambio de accionar y de visión en un hombre que representaba el lado puro y blanco de esa corrupta ciudad? 

Aquí es donde empiezan las claves del film que cierra una trilogía. La primera está ligada a la idea con que termina la segunda entrega, según la consigna de que se preservará la imagen de Harvey Dent, aunque sea una mentira. El comisionado Gordon y Batman se harán cargo de sepultar la verdad, que dependiendo de cómo se lea, no es tan terrible. En realidad el fenómeno de Dent es el de un hombre imbuido de principios, que no transa, pero que sufre un total desequilibrio de sus convicciones cuando de la noche a la mañana se encuentra así mismo partido en dos, y sin la compañía de su difunta prometida, la adorable Rachel. Lo inundan la impotencia, el dolor, pero antes que nada, una intensa y titánica ira. Rencor, resentimiento, odio, todas esas pasiones tristes (usando una figura de Spinoza) pasaron a animar el cuerpo de Harvey Dent. ¿Por qué no tratar de comprenderlo, acaso borraba eso todo lo bueno que había logrado como fiscal? Tal vez era muy difícil esperar que los grandes públicos de la ciudadanía lo entendieran, y todo se hundiera en un mar de frustraciones y desencantamiento. Así, se fabrica una verdad, el traidor había sido Batman, quién le rompió el cuello a Dent y huyó del lugar. ¿No repararon en la policía acerca del rostro quemado por la mitad de Dent? ¿No notaron que ya lucía como un monstruo por sí solo? Pero se creía lo que se había querido que se crea, no había manera de imaginarse un Dent villano, incluso en esas condiciones sólo cabía consternarse e izar una bandera en su nombre creyéndolo víctima y mártir. La opinión pública sólo conoció esa versión de los hechos, pero la verdad quedaba archivada en los Expedientes X de algún aparato de gobierno. ¿Acaso no son estas las sombras que se ofrecen al público mayoritario? 


miércoles, 22 de enero de 2014

9/11 CONSPIRACIÓN Y VERDAD




Recuerdo que era una fresca mañana en la pequeña ciudad de Oruro, a miles de kilómetros de distancia de New York. Era un día cualquiera, prendí la televisión con cierto desgano y lo primero que busqué fueron mis canales preferidos en cable, los brasileros, Bandeirantes y Globo. Ambos canales tenían la imagen de una noticia de último momento, un enorme edificio en llamas, y unos titulares que estaban para no creer. Luego CNN, cadenas del Perú, de Chile, todos congelados en torno a la imagen del edificio en llamas. 

Tenía 20 años aquellos días, curiosamente o no, no tenía verdadera idea de la magnitud y del valor simbólico que tenían las Torres Gemelas del World Trade Center; supongo que ese mi desconocimiento no será tan lejano ni difícil de creer para muchos en el mundo. Lo cierto es que en el pie de la pantalla se leía lo que parecía una línea extraída de un film donde aparece Bruce Willis haciendo de Duro de matar: "Avión secuestrado se estrella a una de las torres gemelas". Por su puesto que cito de manera aproximada, no recuerdo las palabras exactas. Dado el hecho, bastaban pocas palabras para darse cuenta de la envergadura de la tragedia: un avión secuestrado que iba con pasajeros fue llevado a estrellarse contra uno de los edificios más altos del mundo, en pleno Manhattan. El solo pensarlo nos estremece el cuerpo entero todavía a muchos. Después, con llamativa celeridad, más de un conductor de estos noticieros de último momento se animaban a acompañar la narración de los hechos usando los términos "inminente ataque terrorista que ni siquiera podemos comenzar a imaginar", u otros como "América bajo ataque". La sencillez de nuestros cerebros unía unos cuantos cabos, dejados ahí de manera muy cuidadosa, y teníamos rápidamente todos la certeza de que se trataba de terroristas, y en algunos canales se hablaba ya muy rápido de un tal Osama Bin Ladden. 

Llamé a mis papás y a mi hermana inmediatamente para que vieran lo que estaba sucediendo. A veces cuando sólo tu sabes algo no termina de cuajar el hecho como realidad, pero cuando lo compartes con otros, en esa atmósfera que se establece de estar presenciando lo mismo todos, de pronto la realidad se hace más cruda, palpable, no hay manera alguna de escaparle, no lo estás soñando, no es una alucinación, eso es lo que hay. Punto. Recuerdo que aquel tiempo era universitario, estudiante de ingeniería civil, segundo año, tenía clases en el periodo de las 10:00 a las 12:00.  Fui con retraso, para encontrarme con la misma extrañeza en los rostros de mis compañeros por lo que estaba pasando. Pese a que habían muchos lugares en la ciudad donde la gente simplemente habría sus negocios y hacía su comercio informal igual que cualquier otro día, la sensación interna que tenía aquel día jueves era de que todo se debía congelar en el mundo durante esas horas, ¿qué podía ser más importante?, debíamos atender al desenlace de esa terrible situación que vivían miles de personas en aquel lugar, combatiendo contra el pánico, la incertidumbre, el humo, los gritos, el espanto... todo. 

Y de repente, lo que ya se veía mal se tornó casi ridículo, salido de ciencia ficción, pues el segundo avión se estrelló contra la otra Torre, la Torre Sur, a la vista de millones de televidentes. El impacto se hacía así más notorio, aquello quedaba grabado en la retina del mundo. (¿A quién se le habrá ocurrido realzar en tal manera el efecto psicológico de ese ataque, sin temer que a esas alturas debía ser más probable que el vuelo fuera interceptado por fuerzas militares?). Esto ocurrió a las 9:02 a.m. en New York. En esta ocasión el avión tuvo la precisión de estrellarse a la altura de la mitad del edificio -y no tan arriba como lo había hecho el primer avión-, lo cual después podría hacer más creíble el eminente derrumbe de la torre.  


Imágenes en vivo captadas por varios medios de televisión, durante el choque del segundo avión. Varios de los relatores sólo atinan a decir: "Parece que esto realmente es a propósito, ahora sí".



Han pasado más de 10 años desde aquel día desolador para el brillo de la inocencia. El tiempo nos ha permitido observar el suceso con mayor distancia, asentando mejor algunas fibras íntimas que habían sido tocadas en nuestro interior. Un breve paseo por el internet no permite ver que un montón de usuarios se han suscrito a una o más teorías de la conspiración. En concreto, dos eran las posiciones más populares que iban en contra de la versión oficial que manejaba la Casa Blanca. Primero se cuestionó que esto le haya podido pasar al país más poderoso del planeta, que se filtraran en tal manera sus defensas aéreas; por tanto, se sospechaba que esto sólo podía haber sucedido con consentimiento del gobierno de los Estados Unidos, que habría permitido deliberadamente que los ataques sucedieran con conocimiento. Difícil de ahí arriesgar razones más que la ya conocida: un pretexto para poner al pueblo a su favor y legitimar así la necesidad de una invasión a Afganistán, en busca del archi-enemigo Osama Bin Laden. La otra teoría de conspiración se centraba en otro enfoque, le interesaba más saber cómo era posible que las Torres Gemelas se hayan podido desplomar como lo hicieron, algunos dicen en apróx. 10 segundos, siendo que dada su construcción y los materiales de acero utilizados en la estructura debería haber soportado temperaturas de calor mucho más altas. ¿Acaso el combustible de los aviones había sido el factor determinante en la ecuación, como señalaban algunas fuentes oficiales? Los partidarios de esta teoría usaron el término "demolición controlada". 

Cuando se observa el video que compartimos arriba, con relatores algo estupefactos ante los acontecimientos, notamos algo infrecuente, y es que ante tales acontecimientos no se sabe bien cómo reaccionar, y de pronto se desvela una característica del ser humano: un organismo entrenado en base a cierta cantidad de patrones para responder a cierta cantidad de situaciones más probables, que llamamos la realidad. En el momento que impacta el segundo avión los relatores están sólo atando unos cuantos puntos en sus mentes, y atinan a decir: "esto ahora sí que podemos decir que debe ser a propósito". Semejante cálculo para hacer descender un avión a la altura que tuvo que volar antes de pegar de frente con la Torre Sur denota obviamente que se trata de un ataque a propósito. Lo que quedaba en el aire era quién estaba detrás de toda esa serie de sucesos sin precedentes, realizados con evidente voluntad planificada. Dado que no se podía ni remotamente sospechar que gente de ese mismo país, o gente del gobierno de ese mismo país, podía ocasionar ese daño autoinfligido, la mente deseaba pensar inmediatamente en una fuerza del extranjero. 

El primer golpe, el choque asestado a la Torre Norte a horas 8.40 más o menos, había dejado a todos atónitos, no se sabía bien qué pensar, ni qué decir, ni cómo darle un marco a la noticia. Simplemente era el seguimiento de un acto en curso. Las pantallas de los medios tenían que estar posicionadas, filmando en vivo (On air) para que convenientemente llegara a la vista de todos el segundo avión. Hasta minutos antes todavía se especulaba que podía haber sido un accidente, claro, algo bizarro, cómo podía haber pasado algo así, pero había la chance de que fuera un terrible accidente, un avión colisionando con la Torre del World Trade Center. Y entonces el segundo avión llegó para despejar cualquier sospecha de ese tipo, en ese momento los sucesos adquirieron un tono más oscuro y amenazante: debía ser un ataque. No sé por qué muchos relatores arriesgaban usar en seguida la palabra "terrorista". No era tan obvia la ligazón de esas dos palabras, por el momento simplemente era un ataque, no se sabía de quién, ni por qué, y peor aún, no se sabía qué podía todavía ocurrir. ¿Un tercer avión? Dónde diablos estaban los sofisticados aviones de resguardo del gobierno de los EEUU?

Algo que no me convence en las teorías de la conspiración es que intentan unir sus análisis directamente a una posible intención de los sujetos que estarían ocultando la verdad. Quieren explicar el móvil, es algo lógico, pero a momentos esa su necesidad de dar coherencia a su teoría, al plantear un móvil razonable, termina quitándole fuerza a su posición. Porque todo lo que se puede hacer, si uno estudia y da vueltas a las imágenes de mil maneras, es demostrar, por ejemplo, que el segundo avión no era claramente un avión de aerolínea, y que parecía más bien un avión militar (Drone plane). Ya sólo eso es impactante. Listo. 




Podemos simplemente razonar, sin abocarnos mucho en el estudio de las imágenes del momento de los atentados, sobre la coherencia entre las explicaciones que el gobierno dieron sobre el suceso, sobre las medidas que tomaron, sobre cómo se dio el atentado, y qué pasó después en estos más de trece años. Y una cosa debe tenerse muy presente: quien quiera que haya planeado, financiado y ejecutado los atentados del 9/11, era alguien tremendamente poderoso, y además ningún tonto, tenía una refinada inteligencia táctica, tanto así que incluso concibió la existencia de factores de distracción, como el vuelo 93, el supuesto cuarto avión secuestrado, que encalló en Pensylvania y sobre el cual se ha aprovechado para hacer una propaganda recordando a los difuntos pasajeros héroes y demás historias. Lo primero que viene a mi mente es que si este ataque hubiera sido realizado en busca de un nuevo orden mundial, ese no hubiera sido el único incidente, sino el comienzo de una serie de otros más. Pero lo único que hubo después fue la propagación viral del pánico, la completa paranoia, EEUU afrontaba un posible ataque terrorista, podía suceder en cualquier momento, en cualquier parte, pues los terroristas musulmanes incluso habían diseñado unas lapiceras que explotaban, y alertaban en la TV. Todo esto se expone con fuerza crítica en el premiado documental de Michael Moore Farenheit 9/11. Pero ningún grupo poderoso, o ningún líder de una élite temible, se toma el trabajo de organizar tremenda operación, en un país extranjero donde difícilmente puede pasar desapercibido, para finalmente morir siete meses después sin mayor pena ni gloria. Aquel ataque dio paso a muchos más movimientos del gobierno de los EEUU que de los supuestos autores. Y aquí debo recordar la última parte de la novela El Padrino, escrita por Mario Puzo. En el desenlace la Familia Corleone ejecuta a sangre fría su plan de retoma del poder en el mundo de la Mafia, un plan concebido juciosa y pacientemente por Don Corleone en compañía de su hijo Michael, quien llevaría todo a puerto final. Cuando ejecutan ese plan están seguros de que sus rivales, las cabezas de las Cinco Familias, no tendrán ni una chance de reaccionar, será todo muy rápido e imprevisto, salido de un vacío oscuro, nunca podrían verlo venir. Tataglia y Barzini son así borrados de la escena, junto a otros cabezas de regimenes y hombres importantes en sus ejércitos. Así actúa la mente que ambiciona el poder y tiene necesidad de expandirse agresivamente, o de que no le limiten su ancho predominio. Así tendría que haber sucedido con el ataque a las Torres Gemelas, por el sólo hecho de que fue posible debía ser el inicio de un nuevo orden por venir, una nueva fuerza tomando el control de la escena mundial, dando un giro al predominio de las fuerzas políticas que rigen nuestros destinos individuales en gran parte. Pero nada de eso ocurrió, tuvieron la capacidad de agarrar al país más poderoso con la guardia baja, cuando iniciaba el día, lo que quiere decir que debían ser respetado por su capacidad de planeamiento, y la admirable precisión que demostraron. Pero esos autores intelectuales desaparecieron, no se supo más de ellos al respecto del mismo tema, porque no hubo más un siguiente movimiento que estuviera a la altura de sus posibilidades de concepción. ¿Y acaso el pedante George W. Bush realmente era capaz de reconocer en conferencias de prensa que un segmento del mundo árabe representaba una amenaza para la seguridad nacional de su país?  ¿Acaso un hombre que habla con tal grandilocuencia respecto del poder de los EEUU se limitaba a constatar que las barreras defensivas de la fuerza militar de su país quedaban así completamente en ridículo? Claro, pero quién puede tocar a los militares ¿cierto?, quién puede meterse con semejante poder, tan necesario en un régimen democrático cuando se desea tener en silencio a los que representan la peor amenaza interna de derrocamiento. 

Continuará.


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