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viernes, 20 de abril de 2012

POR UN BARCELONA QUE JUEGUE UN PARTIDO A NO TENER LA PELOTA



Análisis breve CHELSEA (1) vs BARCELONA (0): ¿Es posible mutilar al fútbol y ganar un partido? Sí, es posible, cuando el Chelsea juega partidos grandes siempre es posible. En la conferencia Guardiola ha dicho que no quiere buscar muchas explicaciones, perdieron simplemente porque una estrategia legítima se impuso sobre otra. Es miserable el Chelsea, pero al menos le ha puesto algo de suspenso a la eliminatoria. En este mundo, el que gana parece tener la razón, pero en cuestión de estilos, el Barza obligó a que Chelsea jugara como un equipo de barrio, contra su arco 90 minutos, casi sin tocar la bola, y sólo el gol de Drogba y los palos los salvan de una crítica que hubiera sido ácida en los periódicos de Inglaterra si se daba otro resultado. Al Barza le faltó malicia a veces, y le sobró retórica en otras, como hace notar EL PAÍS de Madrid, en la edición del día siguiente. Lo que se ha demostrado una vez más (Maurinho lo entendió hace 3 años) es que para ganarle al Barza debes siempre deshacer la forma de jugar de tu equipo y hacerlo otro, un Frankestein, un acorazado, un equipo de rugby... deportivo pellotihue...



Pero hay cosas que molestan en el Barza. Guardiola dice que si el resultado se definiera por la posesión del balón, ellos ganarían todos los partidos. El toque refinado, la técnica depurada que pasa por los mismos centrales, la rotación continua, la circulación, la permanente ocupación de las bandas, la distribución en el campo, el estado de ánimo de su juego, todos esos elementos que Diego La Torre hace notar espléndidamente en su labor como comentarista en Fox Sports, siempre nos hacen sentirnos un poco más cerca, por sensibilidad y gusto, hacia el Barcelona. Lo que molesta es que esta temporada se haya hecho del Barza más un equipo de medio campo. La llegada de Fábregas, la lesión de Villa, el bajón de Pedro, todos esos elementos han contribuido a que Messi sea el goleador disparado del equipo, de una manera casi desproporcionada. En el Madrid por lo menos Cristiano Ronaldo tiene más actores de reparto en cuestión de poderío ofensivo (Bencema, Di María, Higuaín...), mientras que los azulgranas dependen excesivamente de la pulga. 

Tanto es así que el pasado miércoles, en Champions, se notó a Messi algo soso, no tan metido en el partido, con menos motivación de mostrarse y ponerse encima al equipo, por lo menos en gran parte del primer tiempo, exceptuando por un par de galopadas a puro corazón esquivando cinco rivales del Chelsea, que sólo fueron frenadas con el último recurso de la falta; este desenchufe de su nivel habitual le costó al Barza, porque la última puntada sólo quedaba para Alexis, o para otro, pero los caminos estaban cerrados por la estrategia de los blues respecto de Messi. De ese modo, el Barcelona perdió una porción importante de su característica, la cual consiste en ser indiscernible. El Barza es como una manta elástica, cambia de colores, se pliega y repliega sobre sí misma en todos los sectores del campo, cada elemento del tablero está apto para que no se corte la corriente, el flujo entre partes, y en conjunto es más parecido a una orquesta tocando el concierto para violín de Tchaikowsky; lo interesante en todo esto es que cada jugador es también en sí mismo indiscernible, aparecen por lugares por donde no se los puede clasificar: Xavi mete un pase entrelíneas lo mismo para Messi que para Adriano o Keita y viceversa; Busquets marca pero también arma y podría pasar de 10, Messi recupera balones como si fuera un número 8, Dani Alves es un cometa por la derecha, pero puede lo mismo centrar un balón que estar en el área esperando la recepción, e Iniesta, el comodín, dispara, maneja las pausas, gira, no se sabe si es un punta izquierdo o un medio de enganche, si es un volante de contención o está para apoyar coberturas, o si es un segundo delantero. Sin embargo, dada la última versión del Barza, las rutas se han visto más fáciles de predecir, los flujos se cortan con algo más de previsibilidad, pues fuera de Messi es muy raro que otro termine la jugada con disparo al arco.




Lo que desentona un poco, y quita poderío ofensivo, es que se pongan juntos a Xavi, Busquets, Xavi y Fábregas. Es demasiado medio, demasiado toque y conversación con la pelota, y por no dejar a ninguno en la banca, el Barza pierde en polenta, en capacidad goleadora. Aguijón adormecido. La responsabilidad de tirar a arco, de acelerar en las últimas revoluciones de una movida es de Messi, y casi siempre ha respondido. Lo cierto es que en este momento, en este presente, Barcelona es al menos un 50% menos de todo lo superpoderoso que aparenta si Messi no está en cancha; nunca antes en la era Guardiola se había dependido tanto de Messi, los actores de reparto como Larksson, Etó, Villa, cada uno en su momento, ahora no están.  

Otro punto a considerar: No tiene sentido que Dani Alves llegue hasta línea de fondo para meter un centro que no puede llegar a nadie, puesto que el único por el medio es Fábregas. Se trata de un libreto desgastado, considerando además la altura de los defensores del Chelsea. Nos da la sensación de que, en materia de cambios, Guardiola se aplazó en el partido de ida de las semifinales de la Champions. Es cierto que al Pep poco hay para reprocharle en toda su estadía en el Barza, este partido sería uno de esos casos raros en los que uno puede encontrar puntos negros claros en su contrapropuesta. Pedro por Sánchez no fue una idea feliz, máxime considerando la poca insolencia de un Pedro que no está con la confianza para encarar todavía; ¿y qué sería de Tello?; Cuenca entró al final, cuando sus desbordes ya no encontraban a un centro-delantero neto y ser perdían en las espesas aguas azules del área chica. 

Da la sensación también de que al Barza le ha cobrado factura el cansancio físico y mental. No se puede forzar la máquina al máximo durante un tiempo muy largo, y pausas es lo que rara vez ha encontrado el equipo en esta parte decisiva de la temporada. La Liga BUVA le ha puesto un coeficiente de presión en los hombros, avanzando siempre a la saga del Madrid, situación no acostumbrada, y jugando con la navaja en el cuello en las eliminatorias de la Champions, tal como lo demanda el nivel de este torneo de élite. Todavía no entendemos por qué Guardiola no le da descanso a Messi ni siquiera en los últimos pasajes de los partidos que ya tiene definidos. ¿Se tratará de un pedido del argentino por estar siempre en cancha para mantenerse al tope? 

¿Sería acaso una buena estrategia para el Barza que se pararan más cerca de su arco y le obligaran al Chelsea a hacer algo con la pelota? Si realizaran el pressing mucho más abajo, ¿obligarían al Chelsea a hacer algo que no quieren hacer? Si el otro equipo no quiere tocar la bola, y tú asumes una actitud de no querer quitársela, ¿le planteas una contraresistencia? 

La semana que viene presenciaremos cómo se define un nuevo capítulo del choque de dos estilos tan lejanos que evoca el choque entre Barcelona y Chelsea. Espera la cerveza, la charla con los amigos y quizás un pique a lo macho de por medio. 


Jorge Luna Ortuño


ENLACE RELACIONADO:


En palabras de Guardiola


miércoles, 18 de abril de 2012

DESOBEDIENCIA CIVIL PARA INTERVENIR CONTRA LA INJUSTICIA




 Indaguemos brevemente en dos conceptos, el de intervención y el de desobediencia civil. No se trata de una cuestión lúdica, al revés, es el constante estado de conflicto que vive el país el que debe forzarnos a pensarlo. La idea es trabajarlos en conjunto para hacer la pregunta: ¿cómo se puede hacer en pleno siglo XXI para que la desobediencia civil sea un arma efectiva de intervención del campo social boliviano?


Intervenir es ejecutar una acción, individual o colectiva, que produzca efectos reales, que perturbe, que reordene, logrando así renovar el campo de posibilidades de una situación.

Desobediencia civil es una idea postulada por el filósofo naturalista Henry David Thoreau (1817-1862) en su famoso ensayo del mismo nombre, escrito después de que lo encarcelaran por haberse negado a pagar los impuestos; la razón es que se oponía a las leyes de Massachusetts que promovían la persecución de esclavos y la guerra a México. El resultado es un ensayo poderoso, lleno de fuego y de paz interior, al punto que su lectura hace retumbar la voz resuelta de un hombre pacífico que ha transformado sus ideas en un hacha envuelta en llamas. Verdadero alimento para leones…

A lo largo de la historia la resistencia contra la injusticia ha adquirido muchas formas, las Guerras Civiles, la Revolución Francesa, el movimiento en Cuba, Mayo del 68, nuestro Octubre Negro…, con millones de ciudadanos saltando a las calles en defensa de sus derechos. Aquí las movilizaciones son prácticamente una cuestión cultural –parte del exotismo de vivir en Bolivia– casi una forma de empleo para algunos sectores. Pero cabe preguntarse ¿cuántos en ésta historia han sabido defender esos derechos con la integridad y visión de Henry David Thoreau? Pocos, muy pocos. Antes sólo Jesús de Nazareth, con aquella sentencia que invita a ofrecer la otra mejilla a aquel que fue agresor. Thoreau le declaró una guerra silenciosa al Estado, aunque estaba dispuesto a servirse de él a su manera, una vez que sus grotescas medidas le habían hecho perder todo el respeto que le merecía. 


Desobediencia civil es un concepto que pertenece a un linaje minoritario dentro del pensamiento, pero a Thoreau no le importaban las minorías ni las mayorías, pues nunca ha sido el número de simpatizantes de una idea el criterio para medir la veracidad de la misma. Sólo le importaba la labor del hombre consecuente con su hombría, es decir con su honor; y del individuo consecuente con su individualidad, “porque no importa lo pequeño que parezca el comienzo: lo que se hace bien una vez, está hecho para siempre”.

El notable político hindú Mohandas Gandhi (1869-1948) –que tomó la antorcha encendida por Thoreau y la aplicó en su lucha por liberar a la India del imperio británico–, solía decir: “no importa que un solo hombre tenga una idea verdadera, ese hombre ya es una mayoría”. En la India esto se conoce como el satyagraha, que significa “tener firmeza en la verdad”, promueve una actitud de lucha no-violenta contra la injusticia. Gandhi aplicó la desobediencia civil en conjunción con el ahimsa, que es la doctrina de la no-violencia. Es un error creer que Gandhi promovió la resistencia pasiva, como algunos entienden, puesto que toda movilización con capacidad para intervenir un campo social demanda una resistencia activa y provocativa. No-violencia no significa pasividad. La idea básica era la desobediencia, Gandhi lo entendió, no se podía chocar frontalmente contra un enemigo poderoso, pero era posible, al menos, no-cooperarle. La experiencia que tuvo a Gandhi al frente es el mejor ejemplo de cómo se puede hacer de la desobediencia civil una fuerza con poder de intervención. 
La intervención consiste en mostrarse firmes en lo que es justo, induciendo en ocasiones al Estado a que cometa errores de juicio, abusos de poder, medidas descalificables, y estar dispuestos a sufrirlas. ¿No residió aquí la fuerza de la XVII Marcha por el TIPNIS, después de aquella deplorable intervención de la policía? En aikido nunca se agrede, simplemente se encauza la fuerza del agresor en contra de sí mismo para restaurar el cauce natural de las energías. En política debería atenderse más a esta filosofía de la resistencia.  










Pero no sirve de nada ganar una batalla que nos ha obligado a incurrir en las mismas medidas deplorables de los subyugadores. “Antes que el respeto por la ley se encuentra el respeto por lo que es correcto”. Jesús mismo nos ha enseñado a no obedecer las leyes que contrarían nuestro corazón. 

El hombre no es una arcilla, nos es una fuerza bruta ni una máquina del Estado; el hombre debe servir al Estado, pero no sólo con su cuerpo, sino principalmente con su consciencia, y por ello, dada la naturaleza monopolizante del Estado democrático, la mayor parte del tiempo deberá resistirle. Thoreau escribe con algunos gritos. “Cuando un Estado es injusto ningún hombre podrá asociarse con él sin humillarse al mismo tiempo”. “Todos los hombres aceptan el derecho a la revolución, o sea, el derecho a negar lealtad y a resistir al gobierno cuando su tiranía o su ineficacia son grandes e intolerables. Pero casi todos dicen que éste aún no es el caso”. Que no vacile el espíritu, que estén atentos los ojos y templada la inteligencia cuando llegue el momento de actuar como se hizo con dos figuras repudiables: Gonzalo Sánchez de Lozada y Sánchez Versain. Es en la resistencia que un hombre se conoce a sí mismo. Ninguna revolución verdadera puede ser administrada por un Estado. ésta debe partir de los hombres que resisten con su consciencia. Es cierto, no venimos al mundo para hacer  revoluciones, sino para vivir de la mejor manera posible dentro de lo que existe, pero cuídese cada uno de no propagar lo negativo con su pasividad. 
La clase media ha sido educada para rendir honores a la seguridad. Un hombre de terno y corbata bien puede atravesar la plaza principal por sobre las víctimas que ha dejado una movilización social, teniendo el cuidado de no ensuciar sus zapatos, todo con tal de llegar a tiempo a marcar tarjeta en su trabajo. Thoreau es contundente: “Aquellos que, mientras desaprueban el carácter y las medidas de un gobierno, le prestan su lealtad y su apoyo, son indudablemente sus partidarios más conscientes y, por lo tanto, a menudo se convierten en los más serios obstáculos para realizar reformas. Algunos piden al Estado que disuelva la Unión, que desatienda las solicitudes del presidente. ¿Por qué, entonces, no la disuelven ellos mismos -la unión entre ellos mismos y el Estado- y se niegan a pagar sus impuestos al tesoro? ¿Acaso no están ellos en la misma relación con el Estado que el Estado con la Unión? ¿Y acaso las razones que impiden al Estado resistir la Unión no son las mismas que les impiden resistir al Estado?”
¿No es esta relación hipócrita la que tienen la mayoría de los bolivianos con el Estado Plurinacional? Marcelo Quiroga no se equivocaba al identificar la dejadez y el conformismo de una clase social como un tema decisivo. No es solamente la clase media, a muy poca gente le interesa resistir a la injusticia con consciencia, a no ser que toque sus propios intereses. Ya es hora de desobedecer colectivamente. Dejar de financiar a un gobierno que no logra asegurarnos las mínimas condiciones para vivir como la gente en este país. El campesino, el obrero, el cura, el micrero, el ropavejero, el médico, el profesor, el policía, están todos cortados por la misma cuchilla, a la hora de resistir patinan en la misma ciénaga, son todos seres tumultuosos y egoístas, que anteponen el bien personal o de clase por sobre el bien común. 

Camilla Vallejo, bella mujer de fuerte espíritu
Ayer, lunes 16 de abril, en las movilizaciones de los sectores de salud en Santa Cruz de la Sierra (BOL), enfrentados con  los grupos de choque del MAS, una mujer de mediana edad recibió una terrible pedrada que le fracturó el cráneo y la nariz. Ni un mes ha pasado de la famosa Semana Santa, de la moral hipócrita en un país que se dice mayoritariamente católico. ¿Acaso resistir no es más que animarse a tirar la primera piedra? 


Consigue un poco de paz mental y armonía interior, y no esperes que el gobierno te procure esos elementos centrales para la vida.  Surfea, escucha un tema de Bob Marley, controla tu respuesta hacia el estímulo externo, ponle un poco más de amor al cemento de tus decisiones, amor, amor Ché.

Jorge Luna Ortuño



lunes, 16 de abril de 2012

BRUCE LEE Y GILLES DELEUZE, UNA SECRETA AMISTAD


 
BRUCE LEE

 Amistad tripartita

En un pasaje de una de sus novelas más elogiadas, mi amigo el escritor chaqueño Jesús Urzagasti escribe: “Los muertos que no se conocieron en vida, traban amistad en el más allá, pero sus aventuras no están vedadas. Y en buena hora. Mis amigos muertos proceden de mundos dispares, algunos de ellos ni siquiera cruzaron un saludo y en la mayoría de los casos el uno no supo de la existencia del otro. […] Sin embargo, los muertos que están destinados a no conocerse en vida, delegan el papel de intermediarios a un montón de personas. Una del montón soy yo”. [1]

Tengo dos amigos que son parte de la tribu que me habita, de las fuerzas que me animan y de las voces que hablan en mi escritura. Uno vivió en Francia casi toda su vida, el otro estuvo mixturando su percepción entre la rigidez de las tradiciones chinas y la pragmática visión de vida que tienen los norteamericanos. Uno en la filosofía occidental, el otro en las artes marciales orientales, cada uno le habrío ventanas de liberación a su campo, hasta llegar al punto de que sus creaciones trazaran poderosas líneas de fuga y renovación para sus artes. 
Filosofía y artes marciales. Aunque vivieron en la misma época, y es casi seguro que no se conocieron (ninguno de los dos nombra al otro en sus escritos), ni tampoco pudieron leerse mutuamente, pues mientras uno comenzaba a hacerse más notorio, allá por el 72 con El AntiEdipo, el otro moría un año después en circunstancias misteriosas, haciendo de Operación Dragón una película póstuma. Pero su afinidad ya había comenzado a partir de un filósofo que los afectó por igual: ambos fueron fervientes lectores de Baruch Espinoza. (Cabe apuntar que la filosofía oriental siempre le interesó a Gilles Deleuze, basta con darle una leída a Lógica del sentido, y que Bruce Lee estudió filosofía en la Universidad de San Francisco, aunque no terminó la carrera).

GILLES DELEUZE
 Hoy por hoy los dos se han ido, muchas de las bellas imágenes que tenían del mundo se fueron con ellos, pero muchas otras nos fueron legadas a través de sus libros, de sus estudiantes y amigos y de algunas raras entrevistas que quedaron grabadas. Se fueron, por lo menos en lo que atañe a su forma orgánica, pero en realidad se quedaron, porque no han dejado de trazarle sus rutas de salida a la vida ahí donde está comprimida, aprisionada por las formas, los sistemas, las líneas segmentarias, los sujetos o las rutinas. Nada que interpretar, ambos son una provocación para que desencadenemos experimentaciones con nosotros mismos. 

Sus nombres propios designan  mucho más que la historia o la biografía de un personaje; más bien son la cifra de una multiplicidad de encuentros y devenires que siguen pasando a través de ellos. Ellos son Bruce Lee y Gilles Deleuze, y las aventuras que han debido tenerlos por protagonistas en el más allá no nos han sido vedadas, en buena hora, y si es que por algún capricho aún no hubieran podido juntarse, en este caso es el que escribe una de esas personas privilegiadas que a través del mundo de los conceptos se conoció con ambos e intuyó desde el principio que hubieran sido grandes amigos. Soy por tanto en esta ocasión uno entre el montón que puede hacer las funciones de intermediario para hilar lo que no ha alcanzó a tejerse en vida. Esta es, ante todo, una cuestión de amistad y de agradecimiento.

El mejor libro que existe para comprender la filosofía del Jeet Kune Do, la creación de Bruce Lee

 El cuerpo
¿De qué servirían las artes marciales y la filosofía si no fueran un vehículo a través del cual el ser humano pudiera expresarse honesta e integralmente a sí mismo? Bruce decía las cosas simple. Ahí donde Deleuze dice “aprendan a hacerse un cuerpo sin órganos”, Bruce dice: “vacía tu copa”. (A parte de Antonin Artaud, el taoísmo es la referencia de ambos). Y vaciar tu copa significa que no puedes expresarte realmente a ti mismo hasta que no te hayas deshecho de tus certezas, de lo que ya sabes, de tus prejuicios, de los conceptos que tienes y a través de los cuales quieres hacer encajar el flujo puro de la vida. Un escritor, un pintor, un filósofo, no se enfrentan con una página ni con un lienzo en blanco, pues incluso ellos mismos están ya rayados de antemano por una serie de líneas que los amarran y de las cuales tienen que liberarse. Hay una organización de su organismo que tienen que hacer saltar antes de que lo nuevo pueda brotar. “¿Cómo hacer para escribir si no es sobre lo que no se sabe, o lo que se sabe mal? Es acerca de esto, necesariamente, que imaginamos tener algo que decir. Sólo escribimos en la extremidad de nuestro saber, en ese punto extremo que separa nuestro saber y nuestra ignorancia, y que hace pasar el uno dentro de la otra”.[2]

Bruce practicando una patada de intercepción
Pero está bien, son ideas, son ideas mi amigo, no perdamos mucho tiempo en eso. No te concentres demasiado en el dedo o te perderás toda la gloriosa majestuosidad de la luna hacia la que está apuntando. El pensamiento tiene que ser algo muy práctico, porque está al servicio de la vida, nunca al revés. Respecto del cuerpo, Baruch Spinoza hace una poderosa afirmación en contra el dualismo cartesiano: “nadie sabe de lo que es capaz el cuerpo”. (Jesús Urzagasti lo dice en forma más bella: "aunque tú no sepas, tu cuerpo sabe). ¿Cómo llevar este interés a las artes marciales? Bruce Lee lo pone así: antes que la preferencia por un estilo de combate u otro, antes que la adhesión a un sistema o a una doctrina, el ser humano comprometido con su propio desarrollo debe preocuparse por conocer qué es lo que puede su cuerpo, ¿de qué afectos es capaz, cuáles son sus poderes de ser afectado? 

GILLES-DELEUZE-RIZOMA
Bruce Lee retoma esta batalla contra el dualismo cuerpo-alma, y la lleva a la aplicación de una pedagogía en las artes marciales.“No enseño nada, sólo puedo ayudarte a explorarte a ti mismo”, aclara a sus estudiantes. Esto no consiste en preguntarse ¿quién soy yo?, sino en cuestiones funcionales: ¿qué funciona mejor para mí?, ¿qué puede mi cuerpo?, ¿qué está en la potencia de mi cuerpo? Helio Gracie se hace esta pregunta y modifica el jiu jitsu más rústico que habían aprendido sus hermanos de un japonéz. ¡Gracie Jiu Jitsu! Bruce escribe en un pasaje de sus miles de folios de apuntes acumulados –difundidos por John Little–: “La utilidad de una copa está en su vacío, y lo mismo puede decirse de un artista marcial que no tiene forma, y que en consecuencia carece de estilo, puesto que no tiene juicios preconcebidos respecto al combate, ni a favor ni en contra. En consecuencia él es fluido, adaptable, y capaz de trascender la dualidad y llegar a la totalidad última”.

La no-forma
Toda la lucha de Deleuze contra la trascendencia se llevó a la práctica en la vida de Bruce Lee: “experimenten, no descarten lo que no conocen, tomen de los otros sistemas lo que les sea útil, pero sin dejar que este sistema restringa su libre investigación”. 

 Deleuze hubiera dicho: AGENCIEN. Agenciar=extraer elementos de campos heterogéneos para hacerlos co-funcionar. Hacer rizoma. Parafraseando a Bob Dylan, el artista tiene que cuidarse de no creer nunca que ya ha llegado a un lugar, sino estar consciente de que está continuamente convirtiéndose en algo, becoming, estado de devenir, algo siempre inacabado, sin forma. Pero he aquí una distinción: no es lo mismo no tener forma que tener la no-forma. Devenir es lo segundo. “Aprende la forma, obedece la forma, y luego trasciende la forma”.[3] Tener un no-estilo, aprender a utilizar todos los caminos sin estar limitado por uno. No acumular ni evolucionar, mas bien devenir, involuir, hacerse más simple y económico. Estar siempre inacabado, como este texto que no se cierra aquí. 



Jorge Luna Ortuño

Enlaces de interés:


La filosofía del Dragón



[1] Jesús Urzagasti, De la ventana al parque, pp. 10-11.
[2] Gilles Deleuze en el Prefacio a Diferencia y repetición.
[3] Bruce Lee, El Tao del Jeet Kune Do.

SEMANA DE LA IGLESIA CATÓLICA PERO NO DEL ESPÍRITU



 
 Hace un par de semanas se publicó en La Razón (Animal Político - 25 de marzo) una amena columna escrita por Rubén Atahuichi, que hacía notar cómo los políticos y los curas se están pareciendo cada vez más, siempre legitimándose en nombre de alguien y haciendo juicios en nombre de ese alguien contra otro, da igual que ese alguien sea Dios, Estado, Pachamama, indígenas del TIPNIS o Madre Naturaleza. Desde luego, esto no debería molestarnos en demasía, puesto que se trata del modus operandi natural que hace a la esencia de ambos. Los políticos que gobiernan tienen necesidad de afectarnos de tristeza, de perpetuar falsos conflictos, pues la tristeza disminuye nuestra potencia, separa, debilita, dispersa, y además ¡qué peligrosa sería una población entera que fuera feliz y que pudiera casi prescindir del gobierno!; los sacerdotes a su vez necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada, de que vivimos con culpa eterna, pues somos artículos que vienen fallados de fábrica, o de paraíso terrenal. Parafraseando a Virilio, los tiranos, los ladrones de almas, necesitan administrar y organizar nuestros pequeños terrores.

Pero volvamos al punto de inicio. En la citada columna se le reprocha a la iglesia por descuidar sus funciones y en cambio aprovechar el pulpito para intervenir políticamente. Es así que un importante número de la población prefiere obviar de intermediarios y mantener vía libre con el creador, o con la existencia, lo cual es perfectamente válido. Pero más allá de que en nuestro país las cabezas visibles de la Iglesia Católica sean devotos políticos con sotanas, el tema más acuciante es el pobre crecimiento espiritual que promueve la iglesia en general con las actividades rutinarias de su calendario, entre ellas, más notoriamente, las de Semana  Santa. 

Cardenal Julio Terrazas
Recuerdo que el año pasado en estas fechas el Papa Benedicto XVI atendió en vivo a las interrogantes que le hacían varios televidentes vía Twitter, pero en realidad no respondió nada, sino que, como buen sacerdote, se limitó a prolongar el misterio. Después de todo, ¿qué de nuevo nos han dicho él o los suyos respecto de la resurrección de Jesucristo en XXI siglos de tradición?

Toda la religión católica depende de una idea: de la resurrección de Cristo. Pero como varios místicos de la India ya han señalado, cuando se enfoca toda la grandeza de un testimonio en esa idea, lo que se pierde es la cualidad de la vida de Jesús. La Iglesia Católica hace mucha bulla en torno a la pasión y muerte de Jesús, y así se nota cada semana santa: de su muerte tienen mucho que decir, el día viernes está repleto de una serie de actividades, misas especiales, el show a parte del lavado de los pies, las procesiones a todas horas, el sermón de las siete palabras…, pero en cuanto a la resurrección parece que se les acaba el material, todo se limita a la celebración de la misa dominical. ¿Por qué no organizar una gran fiesta aquel domingo de resurrección? Una fiesta con música alegre, bombos y platillos, vino, jugos y pan, bailes, ayuda a centros de discapacitados… Después de todo, toda la estructura de la Iglesia Católica se sostiene sobre esta idea, sin resurrección no tendrían nada, dado que han renegado por completo de la carne y de la faceta humana de Jesús. Entonces, en ese día una serie de manifestaciones de alegría deberían llevarse a cabo, las mismas mujeres que dos días antes hicieron procesión vestidas como viudas deberían salir a desfilar ataviadas de sus vestidos más coloridos, las plazas deberían estar llenas de niños correteando en las cuatro esquinas, haciendo representaciones de la resurrección, de las apariciones de Jesús a sus discípulos, etc.

 Una película que reúne todas las limitaciones de visión que promueve la Iglesia Católica es aquella titulada La pasión de Cristo, dirigida por Mel Gibson, que se pone de moda en esos días. Cegado por su fanatismo, Gibson creyó que al darle énfasis a la parte sangrienta de la historia, mostrando sin reservas y con lujo de detalles la salvaje tortura que sufrió Jesús en sus últimas doce horas, podría lograr una visión que “fortaleciera la fe de los creyentes”. (ACI Prensa 2004). Pero en realidad, la filmación del suplicio de un hombre durante más de una hora y media hace que el verdadero suplicio sea el film. Se trata de un esfuerzo que no aporta nada en términos de comprensión de las Escrituras. Claro que, como se supo después, al entonces Papa Juan Pablo II le encantó, y sólo atino a murmurar: “así fue”. No es de extrañar, dado que la preeminencia que le da la película a la crucifixión es exactamente la posición de la Iglesia Católica. La pobreza de esta visión es que no enseña nada respecto de cómo lidiar con la muerte, en lugar de ello la convierte en el enemigo total de la existencia. Si Jesús mismo les dijo a sus discípulos “no teman a la muerte pues ella no es una puerta que se cierra sino una puerta que se abre”, por qué los sacerdotes promueven la permanencia de una visión tan pueril respecto de la muerte. 

 Nikos Kazantzaki en su novela La última tentación tiene mucho más que aportar. Jesús no quería que se hagan leyes ni se fijen escrituras rígidas en torno a sus palabras, ni que éstas sirvan para erigir nuevas autoridades, puesto que de esta manera se crucificaba al espíritu. Sin embargo, la operación de Mel Gibson es justamente la que privilegia la iglesia: ella se conforma con la semejanza. No le importa que el mensaje se mutile, basta que se asemeje, puesto que Jesús invitaba a practicar nuevos modos de vida, y no la repetición de unas creencias; puesto que Jesús no se conformaba con que las palabras se asemejaran al espíritu, sino que el espíritu realmente volara libre. ¿Cuántos cambiarían sus costumbres si vieran que al seguir unos ritos de manera autómata no hacen otra cosa que crucificar otra vez al espíritu? Digámoslo de una vez: No es un Jesús crucificado el que debería encontrarse en todas las iglesias, sino la imagen de Jesús resucitando de la cruz. 



Jorge Luna Ortuño