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martes, 31 de octubre de 2017

LAS OTRAS VIDAS DEL OBJETO EN EL ARTE



Sobre una exposición artística que se exhibió en el Centro de la Cultura Plurinacional.




En el mes de agosto se exhibió en el Centro de la Cultura Plurinacional una muestra compuesta por obras de 19 reconocidos artistas bolivianos, que cuestionaba las definiciones tradicionales del arte, o al menos invitaba a buscarle nuevos sentidos. ¿Será el espectador quien define lo que es arte, o es el sistema institucional museal quien lo impone? ¿O serán más bien los artistas quienes con su firma avalúan lo que debe ser considerado como tal? La exposición se tituló “El objeto”, y fue el resultado de un trabajo conjunto entre el Centro de la Cultura Plurinacional (CCP) y el Museo Nacional de Arte (MNA), ambos repositorios dependientes de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.


La experiencia
Al entrar a una de las salas, el espectador se encontrará con una serie de objetos comunes, objetos de la vida cotidiana, en ocasiones compuestos de dos objetos ordinarios, como ser un juego de botas impermeables sobre una pila de ladrillos, o dos juegos de plátanos ennegrecidos colgados en la pared lado a lado, acompañados de un sugestivo título que evoca a la caja toráxica del ser humano, obra firmada por Andrés Bedoya. Muy cerca de ahí se verá un pesado y elegante sillón de madera, del escultor Marcelo Callaú, emergiendo de un montón de arena para irrumpir en el espacio pulcro de la sala. En otro rincón se podrá apreciar dentro de una caja de vidrio un cuchillo que lleva incrustado en la punta un pequeño candado, común y corriente, obra de Douglas Rodrigo Rada. Y así continuará el recorrido con obras de Ramiro Garavito, Sandra de Berduccy, Roberto Valcárcel, Anuar Elías, sólo para citar a algunos de los 19 artistas que conforman esta muestra, todos ellos ya reconocidos en el país.

Antecedente
Para encontrar un sustento para esta exposición dentro de la historia del arte, los curadores de la muestra –Andrea Hinojosa (CCP) y Juan Fabbri (CCP)–, nos remontan a la primera década del siglo XX, cuando Marcel Duchamp, en el año 1915, expuso en el Museo de Nueva York su obra “La fuente”, el famoso urinario, que firmó como R. Mutt. Esta acción le permitió a Duchamp inesperadamente instalar en el mundo del arte su definición de “readymade”, que designa a objetos manufacturados que se producen masivamente, y que son tomados para ser expuestos en un espacio que invita a la contemplación estética.  
La operación de Duchamp de relocalizar objetos comunes servía, aparentemente, para hacer notar que cualquier objeto puede ser considerado artístico si tan solo es exhibido como tal dentro de un museo. No obstante ello, su propuesta era más subversiva aún. Recordemos su obra “In Advance of the Broken Arm”, 1964 (cuarta versión después de la pérdida del original en 1915). Este sugestivo título, que significa “En avance de un brazo roto”, sirvió para nombrar de una manera absurda a una pala de recoger nieve que se ha expuesto en Museos de la talla del MoMA. No se llega a entender la crítica en la exposición de este objeto si no se comprende antes que se expuso en el contexto de la Primera Guerra Mundial, con toda su conmoción, en especial en Europa; además, forma parte del surgimiento del movimiento dadaísta, al cual Duchamp fue siempre asimilado, incluso contra su voluntad. “Dadá” es una palabra sin sentido, que los artistas que conformaron este movimiento utilizaban para designar lo absurdo que se había tornado ese mundo con el que no querían tener nada que ver; Europa ardía en llamas y ellos actuaban en reacción de repudio, buscando por diversos procedimientos, como en los inicios del collage, desorganizar la manera de registrar y experimentar la realidad. 



En este sentido, más allá del cuestionamiento respecto de lo que significa ser artista, y de los modos en que algo se define como obra de arte, Duchamp motivó a sus contemporáneos a romper ataduras con las formas convencionales de apreciar las cosas del mundo. Rompiendo con el arte impresionista, Duchamp reivindicó obras que no se definieran solamente por criterios visuales, o lo que él llamaba obras “retinales”, sino que se apreciara mucho más el sentido conceptual de la obra, y que hiciera esmerar al espectador a encontrar algo en ella más allá de su impresión visual.  Esto significaba romper con los patrones acostumbrados y las cualidades con las que se asociaba a lo artístico (belleza, composición, simetría...).

Impresiones
El artista paceño Roberto Valcárcel, que expone en esta muestra la obra “Pompeya, 2016”, señala que la visita a una exposición artística debería ser una experiencia que le permita al espectador modificar su manera de percibir el mundo, y que una obra sólo funciona como arte en tanto que sirve como “abridor de ojos”. Es por ello que, para definirla como arte, no interesaría si la obra expuesta es una escultura que tomó tres décadas de trabajo, o es una pintura esmeradamente lograda, o es simplemente una rueda de bicicleta unida a una silla de madera, con tal de que cumpla el requisito de que verla sirva para alterar la manera de percibir algo en la vida, en la existencia sencilla e inmediata que respiramos cotidianamente.

Otra característica de estos objetos, expuestos como “ready-mades”, es que en la acción de ser expuestos, han sido desprovistos de su utilidad, la misma que le daba sentido a su existencia. Así se verá en la obra de Ramiro Garavito “Coca y motosierra” (2014), en coherencia con lo que hacía notar Jean Paul Sartre en su época existencialista en El ser y la nada, acerca de los artefactos creados por el hombre, donde la idea precede a la creación del objeto, y esa idea es su funcionalidad: la idea de cortar papeles da lugar a la invención de la tijera. La esencia de la tijera es que sirva para cortar papeles. Pero si, como dice Sartre, se confecciona una tijera utilizando fideos, se ha roto con la idea, pues ya no sirve para cortar, convirtiéndolo en un absurdo.

Son este tipo de objetos modificados, que alteran la propiedad utilitaria de los objetos, los que han sido reunidos en esta muestra titulada curada por el MNA y el CCP, titulada “El objeto”. La muestra vuelve a los “ready-mades”, pero la relocaliza en el tiempo actual, quizá ya no tanto para invitar a ver lo absurdo de los tiempos actuales en que vivimos, sino para generar procesos de cuestionamiento y de reflexión a partir de objetos que encontramos en la realidad cotidiana de nuestro país.

Finalmente, cabe tomar atención de una potestad que tiene ganada el artista para sí, y que consiste en la capacidad de nombrar y significar, muchas veces de manera poética. No puede pasar desapercibido este elemento en la obra de Anuar Elías, un Cubo de Rubik con los colores de la Whipala, que titula “El mecanismo de las invenciones”. Y más notoriamente aún, el título de la obra de Iván Cáceres, “Una forma de concretar algo que nunca existió se hace infinito como el grito redondo del ser redondo”, (2014), que reúne estructuras metálicas con llantas y chiwiñas. Existe la opinión de que el título es una exterioridad de acompañamiento a la obra, algo prescindible, sin embargo, en el caso de la exposición “El objeto”, tal vez el espectador encuentre curiosa la manera en que muchas de ellas hallan un sentido muy diferente en el momento en el que se lee su título.  




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