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sábado, 4 de octubre de 2014

RESISTENCIA COMPRENSIVA


Ha quedado escrito en las catacumbas más antiguas que se cobijan en lugares recónditos de nuestro planeta una verdad ineludible. Todo ser humano se entera de ella antes o después, con los hechos de su vida aprende a leer los signos que relatan su existencia rutilante. Esta verdad dice lo siguiente: cada uno tiene su propio destino y no hay manera de que pueda evadirlo. Lo que cabe agregar es que este destino se actualiza según decisiones puntuales en encrucijadas que se atraviesan. La manera de resolver nuestros conflictos nos marca, nos llena de gracia o de infortunio, de esperanza y simpatía, o de una mala voluntad ante los otros. 

Vivimos bajo un mismo cielo en este pequeño planeta, parte minúscula del inimaginable universo, y nos movemos con la lentitud de unas hormigas, somos como microbios en el lente de la creación. Sin embargo, por alguna razón curiosa, nos gusta creer que nuestra existencia puede hacer alguna diferencia. No sabemos que resultados tendrán nuestras iniciativas estando vivos, pero si no intentamos nada nunca habrán resultados. Nada se mueve si uno mismo no inicia sus propios movimientos. De modo que nos movemos, y combinamos con esa tendencia a la actividad momentos de pasividad. Un concepto que reúne ambos movimientos es el de "resistencia pasiva". Lo asociamos a Gandhi generalmente. No es precisamente una creación suya, existe una palabra en el dialecto hindú que resume su contenido, satyagraha. Lo que hizo Gandhi fue retomarla y proyectarla como arma en la lucha política de liberación de la India. Pocos reconocen que una vertiente importante para Gandhi fueron sus lecturas del ensayo de Henry David Thoreau, "Desobediencia civil". En realidad, después de las objeciones que se le hicieron a ese lema en su momento, tanto Gandhi como Martin Luther King después se encargaron de desmitificar una cuestión: se trata de una resistencia que no tiene nada de pasiva, y hay que precisarla como resistencia no-violenta. Se trata de resistir efectivamente, pero sin duplicar los métodos ni los móviles violentos y viles del agresor. Sirve también aquí diferenciar entre eficiencia y efectividad: lo que se busca no es eficiencia, que en política se logra de muchas maneras, incluso cayendo en medidas poco éticas; la efectividad en cambio depende directamente de la veracidad, de la manera con que uno se vincula a la verdad de una situación, y resiste dignamente contra cualquier tipo de amedrentamiento, sin hacerse a un lado, pero al mismo tiempo sin replicar la violencia ni el odio que ventila desde el otro bando. Eficiencia evoca la capacidad de disminuir el gasto de energías y recursos para llegar a un propósito o fin, mientras que efectividad es la capacidad de hacer el trabajo bien hecho, dándole la misma importancia a los medios que a los fines. 

Cuando escucho hablar a Gandhi de resistencia pasiva, o de obediencia no-cooperativa, lo que percibo ante todo es un amor por la conexión. Una vida sin conexión no vale la pena ser vivida. La no-violencia es el arma de los fuertes. A despecho de los que están en el poder, circunstancialmente, existen otros que son los seres poderosos y que definen su fortaleza por la cualidad de su conexión con la tierra, con su centro y el centro oculto de su geografía. Apelar a la no-violencia es recordar tus premisas fundamentales, el por qué seguiste el camino que seguiste, y esto no fue por repetir el modelo de conflictos que existían antes de ti, ni para emular los patrones de respuesta que se suelen ver en los casos que te tienen por protagonista. Seguiste tu camino para hacer una diferencia de alguna manera, para generar un cambio, que debe alumbrarse desde tu propia manera de lidiar con el conflicto. Ser grande en espíritu y reaccionar de una manera más comprensiva ante los actos de agresión. No devolver el golpe con odio, hacer todo lo que sea necesario para asimilarlo, como signo de tu dureza y al mismo tiempo de tu flexibilidad. ¿Cómo puedes herir al agua golpeándola con un puño o con una navaja? El agua es flexible y adaptable, cambia su forma y se opone de maneras completamente diferentes y resolutivas. Así también los seres con una consciencia más desarrollada, que han sabido crecer en la línea vertical de la vida, se convierten en mediadores aquí en la tierra, no hacen otra cosa que encauzar a sus rutas naturales una energía negativa que tendía a desbalancear y perjudicaba la armonía general. Lo más valioso no es la revancha para el ego, lo más valioso es restaurar la armonía del microclima que ha sido afectado, pues ese clima nos involucra a todos. 

Gandhi deseaba resistirse y pelear por lo que sabía era justo, pero justo acorde a leyes y principios de la armonía del mundo, a los que él había accedido por su consciencia reflexiva y su espíritu meditativo. Con su accionar evocaba la disminución del odio en sus oponentes, los ingleses represores, generaba hasta desconcierto en ellos, y era posible que despertara un sentido de respeto antes o después hacia su figura. No hay nada más notable que granjearse el respeto sincero de nuestros adversarios en el transcurso de una batalla. 

(Continuará)


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