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lunes, 4 de mayo de 2015

POR UN PARQUE DE FILOSOFÍA


Había quedado varado en el aeropuerto Barajas de Madrid, por no haber sospechado lo suficiente de la inescrupulosidad de ciertos funcionarios de AeroSur, y asi cobró vida un enredo del que nadie se hizo cargo. Con escasos €60 en el bolsillo me quedé a dormir en el aeropuerto, no hacía mucho frío, la gente iba y venía, nuevos pasajeros ocasionalmente se echaban cerca de mi asiento de metal, tomaban sus mochilas y partían al escuchar el anuncio de su preembarque, y eran reemplazados por otros viajeros de otras latitudes que iban y venían buscando un lugar donde refugiarse en la noche, pero yo seguía ahí impávido, tratando de conectarme con la situación y actuar con la tranquilidad del que entiende que ciertos sucesos, si no todos, se producen porque hay un aprendizaje que necesitamos transitar en esa zona. No desmesuré mis cavilaciones ni me desesperé por hallar una pronta salida, en lugar de ello decidí resistir, aguantar y esperar, confiado en que mi única carta salvadora sería mi familia a lo lejos, o mi hermana en Francia, que siempre podía buscar una ruta alternativa. Yo actúe de modo valiente y al mismo tiempo cobarde, porque no hice mucho, esperaba que haciendo un reclamo o pidiendo ayuda en el aeropuerto alguien tomaría cuenta de mi situación, pero no fue así, a nadie le interesaba un bledo, me hicieron llenar formularios en todas partes, en la empresa Assana de servicio del aeropuerto, en la división de policía, en servicio al cliente, en informaciones, y había que esperar algún tiempo para tener alguna respuesta. Tenía mi pasaporte al día así que no les interesaba más. En el consulado de bolivia ni siquiera me dieron la hora, en realidad la consul me ofreció ayuda en caso de que ocurriera algo trágico, debiera regresar al país en calidad de difunto: ellos arreglarían la cuestión de la repatriación. Como todavía sentía lejanos los días en los que tendrán que ponerme un saco y corbata en posición de cubito dorsal me aferré a mi fuerza, aunque había comido poco e iba en bajada. una cochabambina adorable, madre de un hijo pequeño, me ofreció un techo hasta que pudiera conseguir trabajo, y me la jugara en calidad de indocumentado en el futuro. En ese contexto visité una tarde, caminando por el Prado, el parque de retiro, donde tenía lugar la Feria del Libro de Madrid, una feria interna, por demás interesante, llena de títulos de calidad, sellos editoriales de marca internacional como Anagrama, que siempre he admirado. Sucedió que la feria recién abría a las 6 de la tarde, que era todavía pleno sol para ellos hasta más de las 8. Así que me interné en los jardines de eso majestuoso parque, donde habían grupos de jóvenes estudiantes, niños y parejas tumbados en el pasto, haciendo yoga leyendo o escuchando música perdidos en sus audífonos, la vida se pasaba lenta como una nube pesada e inofensiva, nos arrastraba a todos hacia un terreno sin expectativas, sin relojes, de pura paz. Habiendo un rincón apartado me enrollé mi bolso con la computadora al brazo y en posición casi fetal caí en profundo sueño. Cuando desperté eran más de las 6, la feria del libro habría sus puertas. Aquel descanso reparador me había preparado para afrontar una nueva noche en la intemperie del aeropuerto, donde me agazapaba en la terminal 2 segundo piso. Sentí que había dialogado en mis sueños con los espíritus de ese parque, algún buen augurio me habrán hecho llegar, pues la sensación de tranquilidad y de calidez de ese parque, en un momento en el que no tenía dónde ir ni cómo pagar un hotel, me insuflaron de todos los ánimos que podrían haberme faltado. Después de revisar fascinado aquellos libros, me fui a otra zona del parque y me puse a hacer un poco de mi rutina de ginastica natural, respiraba el aire de madrid con confianza, agradecido por su calurosa recepción, desde ese día mantengo contacto por vibración electromagnética con aquella bella ciudad que conocí a pasos largos. Un Parque De Filosofía es también un lugar que abre sus brazos a un público indistinto y lo hace para combinar actividades artísticas con acciones comunitarias, justamente en favor de aquellos desposeídos que no tienen dónde ir, o que deambulan por las calles sin nada más que una confianza inquebrantable en sus adentros.

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