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miércoles, 27 de noviembre de 2013

LO INALÁMBRICO EN ARGENTINA


¿Qué es ser inalámbrico? Me lo han preguntado en una presentación reciente de mi libro. No basta con escribir un libro, de tiempo en tiempo los eventos van haciendo que se enriquezca una propuesta anterior, no existe un conocimiento definitivo. Existen también algunas confirmaciones con nuevos casos de estudio que al aparecer nos otorgan un regocijo mayor. Por ejemplo la otra noche vi un vídeo en YouTube sobre Pep Guardiola y José Mourinho titulado "Vidas cruzadas". Fantástica historia de dos seres que se han complementado de alguna manera a la distancia, como una especie de fuerzas que balancean una misma ecuación dentro del fútbol. El fútbol total de Guardiola contra el fútbol adaptable de Mourinho. El primero representa la figura del sedentario, el segundo la figura del nómada. Guardiola promueve un fútbol made in home, exhala un aire hogareño, él es de la casa; Mourinho en cambio no tiene hogar, su hogar es la carretera, que trajina junto a su familia, está dos temporadas promedio en sus equipos donde gana casi todo y luego parte a otro país, no deja de partir, de prolongar su propia línea quebrada, su deriva hacia al sur, variación molecular. Pero eso los mantiene vivos y aceitados a ambos. Puestas así las cosas, Guardiola es el hombre elegante de maneras cuidadosas, siempre respetuoso con el rival, sólo habla de su equipo, no entra en polémicas, parece algo más atado a unos códigos y una visión particular de ver el fútbol; en cambio Mourinho es un hombre que considera que todo es válido en la guerra, no presenta una imagen respetuosa de sí mismo, no necesariamente, no desea vivir mucho tiempo acomodado a algo, no desea sentir que "ya llegó", siempre está en busca de nuevos desafíos, más grandes, deshaciendo la costumbre de lo que ya había construido para comenzar de nuevo en otra cultura, con otra gente que habla otro idioma y tiene diferentes idiosincrasias. Sin embargo he aquí el dato interesante, fue cuando Guardiola asumió una postura inalámbrica cuando logró su éxito más contundente contra José Mourinho. Fue en mayo del 2011, partido de ida semifinales de la Champions, Santiago Bernabéu: en la conferencia de prensa previa que dio Guardiola se salió completamente de su molde de correctitud, se dirigió directamente a Mourinho y habló con bronca, dijo que ni pensaba competir con él en discursos, pues le cedía la Champions fuera de la cancha, pero la Champions que se juega dentro, esa la iba a competir con todo, era como si lo desafiara, Guardiola adoptaba una posición agresiva cuando siempre había sido mesurado y precavido en sus declaraciones; además dijo que Mourinho era el amo, el puto jefe, lo manejaba todo. Pero vamos a ver dentro de la cancha. Con certeza eso sorprendió a Mourinho, verse desafiado así en su propio juego, era algo muy inusual que un técnico rival se le pusiera en frente con tal autoridad. Guardiola supo estar presente en el momento, hizo una lectura de lo que estaba pasando, y fue inalámbrico respecto de algunos de sus preceptos, reconoció que no puede uno estar amarrado por la forma en cambio se puede mover con flexibilidad de forma para afrontar momentos específicos de una batalla, y es que se trataba de una batalla. Pienso que Guardiola dio a entender un postura muy ofensiva que se traduciría en el juego del Barza, pero no dejó de ser inteligente, en lugar de ello puso a Keita en el medio campo de entrada, para aumentar la altura, y colocó a Puyol en el lateral izquierdo, es decir, tomó más precauciones defensivas, sacrificando un poco el poder de elaboración de jugadas colectivas en ofensiva. Morunho, después de aquel discurso encendido, hecho con el corazón, reconoció que tenía frente suyo a alguien peligroso, decidido a vencer, así que se preocupó ante todo de seguir su lema: el lema de Mourinho es: "no les diré que debemos ganar, pero una cosa sí, no podemos perder". Y así se preocupó de no perder, colocó un equipo en cancha que estaba más tirado hacia atrás, con mentalidad defensiva, que poco riesgo presentaba en el arco contrario. Un tiro en el poste de Villa creo que fue lo más inquietante de toda la primera mitad. En la segunda parte, ya lo sabemos, la rompió Messi, con derecho a un golazo de esos que quedan en la vitrina del recuerdo. 2-0 ganó el Barcelona aquel partido de ida, sentenciando casi la eliminatoria. El video documental que había visto en YouTube llama la atención sobre este cambio de estrategia de Guardiola, y en un juego donde pequeños detalles hacen toda la diferencia, bien pudo haber sido esta la jugada que definió el curso de la eliminatoria; además, fue un insuflo anímico para sus jugadores, fue una manera de ponerlos a la altura de las circunstancias, ponerlos en plan de guerra, a ellos que siempre habían sido un equipo dulce, inocente, en el sentido de que no juegan con malicia, en ellos gana mucho más el talento, el respeto al sistema de juego, la paciencia, otras actitudes que a veces se molestan con la mala leche del adversario, la rudeza, jugar al borde de la roja, ensuciar,etcétera. Aquel día, los azulgranas saltaron al campo preparados para todo, nada los sorprendería ni los indignaría ninguna conducta, era una guerra, todo lo hablado y las provocaciones de Mou quedaban en el aire, sólo contaba lo que pasaría dentro. Así se aisló todo el poder de intervención que busca lograr Mourinho en un partido. Fue un Madrid frío, se había cortado la ligazón con su general, naufragó su barco después de la expulsión de Pepe, y los dos goles de Messi coronaron una tarde que muchos festejamos a lo ancho del planeta.  

Así pues, el concepto de pensamiento inalámbrico continua enriqueciéndose, aunque yo lo tenga incorporado más como parte de mi vida que de una preocupación intelectual. Ahora, deseo presentar este concepto en Argentina, un país que recién viene despertando de un más o menos largo periodo de polarización extrema, de una dualidad que se partió en dos bandos a favor y en contra, los niveles de enfrentamiento en los medios y las redes rayaron en la demencia, o lo que varios pensadores del vecino país llamaron fanatismo exacerbado, tanto de los intelectuales y otros al servicio de los K. como de ciertos sectores opositores. Ser inalámbrico en esas circunstancias se planteaba como una opción de salud, esto en primeras. Y ojo que ser inalámbrico no es mandar todo al diablo, ni regocijarse en la indiferencia. Creo que el filósofo Tomás Abraham lo entendió en el proceso. En un principio, desde su columna en Perfil y otros medios se lo veía muy comprometido con una lucha por hacer visible el juego de Cristina Kirchner, muy acorde con su misión de filósofo, en el sentido más a la Foucault. Es ésta la conexión que define varias aristas del trabajo y de las posturas de Abraham, su compromiso con Foucault, el de la admiración, de la gratitud. Pero siguiendo su blog Pan Rayado nos fuimos enterando los lectores de su cansancio, de su agotamiento frente a la falta de resonancias de peso, él se exponía, pero lo que provocaba mucho más era diálogos sordos, la respuesta de gente sin miras, que utilizaba el anonimato que permiten los blogs para comentar basura, intentar herir, afectar de tristeza, tergiversar todo. El fanatismo vetó la posibilidad de conversación en Argentina. 

A Ricardo Darín le llovieron críticas, amenazas, calumnias, también llamadas de apoyo y comentarios favorables, cuando se le ocurrió decir en una entrevista que los K. deberían explicar cómo hicieron incrementar en tal manera su patrimonio en tan poco tiempo, "deberían caerse de vergüenza" enfatizó. Esto bastó para que periodistas, intelectuales, comedidos de toda naturaleza, le cayeran a palos, tratando de sacarle algún trapito sucio respecto de un pasado que habría sido contrabandista de automóviles, poniendo en duda su integridad, intentando intranquilizar su paz mental y la salud emocional de los suyos, lo cual era signo de un estado de guerra muy sutil. Incluso entiendo que la misma Cristina le respondió públicamente, y no de muy buena manera. Tenía toda la razón del mundo Darín en señalar ese hecho, que no se refería solamente a los K. sino también al resto de los funcionarios públicos, pues de lo que hablaban era de posibilidades de vida para otros. Pero también debió experimentar un pesar después Darín, ¿para qué me habré metido a decir esas cosas en lugar de tener cerrado el pico? Una vez que uno dice algo, lo que sigue es hacerse cargo de lo dicho, como mandan los códigos del que no se arruga y se maneja con templanza cuando el oscuro vacío le muestra la boca. Sin embargo era una lucha totalmente dispareja, lo decía Darín en una entrevista posterior en Lanata Sin Filtro. No puede un individuo enfrentarse a un gobierno con todas sus posibilidades. Por tanto, el individuo tiene que tener un cuidado mayor para expresar "lo que piensa". Incluso cuando lo que dice Darín en esa entrevista no sea una novedad de cuño propio, y sea simplemente una convicción compartida, pues así piensan también millones de argentinos, incluso por sentido elemental común. Pero fue Darín, figura muy conocida, quien se animó a decirlo sin reparos en una entrevista, y esto preocupó a la máquina discursiva de los K. Quisieron de alguna manera aplicarle un estate quieto a Darín. Demás está decir que este sensacional actor argentino demostró la calidad de sus tendones en los días siguientes, en los que lo invitaron a hablar a un montón de programas de radio y televisión, sin que pudieran abrumarlo ni hacerlo salir de lo que tenía muy claro. Se puede encontrar todas estas entrevistas, incluida una discusión en vivo con Feinman, en el fabuloso portal educativo YouTube. 

La incomodidad de Tomás Abraham ante el ambiente que se había diagramado en la Argentina era una muestra de esta especie de lucha sin mayor asidero. Las cosas que se dicen muchas veces necesitan su tiempo para cuajar, la comprensión es retroactiva, al menos un cierto nivel de comprensión que tiene puntos de contacto incluso espirituales. Tomás Abraham se habí agotado, lo debilitaba esa necesidad de tener que replicar a lo intolerable. Debía construirse un nuevo cuerpo sin órganos, devenir otra cosa, reorganizar su cuerpo, adquirir una nueva serenidad, una nueva resistencia a lo intolerable, y decidió dejar de escribir en Perfil y en La Nación, su columna dejaría de estar presente después de varios años de colaboraciones; esto lo daba a conocer en un blog que tituló Cura sui, octubre del 2011. Un poco después, 27/11/2011, anunciaba que se iba a tomar un respiro también de su blog, se dirigía a sus amigos lectores así:

"Durante un tiempo me ausentaré de estas columnas, espero volver pronto. Me intoxiqué. Una bacteria que identifican con la letra K, a la que se sumó otra que contraje durante mis viajes a la ciudad de Rosario a la que los especialistas le han puesto el rótulo HB, me ha debilitado. Los médicos me recomendaron reposo en un clima preferentemente tropical".


La nota es maravillosa y está titulada como "Postal". Abraham recuerda que siempre es bueno tener presente la dimensión espiritual de todo nuevo emprendimiento. Ante la pobreza de un escenario donde pensar se ha reducido a estar a favor de los Kirchner o estar en contra, de la manera más arraigada y cerrada que se puede imaginar, sin espacio para los matices, nuestro filósofo se manda a mudar por un tiempo, prefiere estar por encima de la situación, lo cual debe entenderse como estar por fuera, no que no le interese, sino decidir hasta qué punto puede afectarle. Eso señores, es una actitud inalámbrica. 


martes, 1 de mayo de 2012

EL FÚTBOL Y LAS LÍNEAS DE LA VIDA


El mítico equipo de Brasil tricampeón mundial en México 70

 ¿En qué se parece el fútbol a Dios? En su libro Fútbol a sol y sombra, Eduardo Galeano responde: “en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”. Recuerden a Borges, que en un acto de extrema indiferencia dictó una conferencia sobre la inmortalidad el mismo día y a la misma hora en que debutaba la selección argentina en el Mundial de 1978. No sorprende que una gran mayoría de eruditos y de intelectuales no se haya sentido atraída por la magia del fútbol, pues es un juego que está animado por fuerzas misteriosas, que no se pueden captar desde la reflexión.  En todo caso, sería como fumarse un buen pucho: los que viven el fútbol con pasión lo saborean, los que lo reflexionan se quedan con las cenizas. Fútbol=pasión, estado de ánimo, danza de emociones, sentimiento, en fin, una manera de vivir. Jorge Valdano escribe: “Sin el auxilio de los intelectuales, el fútbol creó su propio lenguaje, de modo que uno puede oír, sin escandalizarse, que un jugador saca un corner corto con pierna cambiada. Si no les gusta, se lo merecen por habernos dejado solos durante tanto tiempo”.[1] Pero luego inmediatamente uno tiene que corregirse y exclamar ¡que tontería!, ¿cómo no se interesaron antes los intelectuales si en una cancha de fútbol están puestas a la luz todas las claves para entender cuestiones como el fortalecimiento de las identidades, el sentido de pertenencia, el orgullo comunitario, y hasta del choque entre lo local y lo global?

***
El fútbol y el pensamiento evocan más espacios en común de los que se cree. En Cuentos de los años felices, Osvaldo Soriano reivindica esa habilidad de “pensar con los pies” que el fútbol nos ha enseñado. Futbolistas-artistas como Garrincha, Pelé, Cruyff, Maradona, Zidane, Ronaldinho y ahora Messi, llevaron y llevan al fútbol a otro umbral, nos hacen saber que pensar con los pies es algo que está inscrito en la potencia del hombre: dentro del campo de juego, el pie reclama y ejerce una autonomía para pensar en medio de problemas urgentes que no dejan tiempo para consultar al lejano cerebro. (Habría que citar a Valdano al infinito). Es por eso que un gran futbolista puede llegar a actuar a partir de dos y hasta tres formas de pensar, según sea con la cabeza, con el corazón, o con los pies. En una entrevista con Ariel Sacher, Valdano cita unas reflexiones del músico ruso Igor Stravisnski: “No hay que menospreciar a los dedos, son grandes inspiradores y, en contacto con un instrumento musical, con frecuencia sacan a la luz ideas inconscientes que de otro modo nunca habrían llegado a nacer”.[2] Zidane hacía saltar ideas cuando sus pies se juntaban con la bola, y lo mismo se aplica a un escritor cuando se confronta con la máquina de escribir para dar vida a ideas que no hubieran aparecido de otra manera. Escribir, jugar, meditar, hacerse un bote vacío. Garrincha, el futbolista taoísta, jugaba en estado de meditación, era un perfecto vacío indescifrable, sin preferencias, marcarlo era tarea quijotesca pues no era él el que trepaba en zig-zag con la bola por la banda derecha sembrando rivales; más bien era algo que pasaba a través de él, eran sus piernas chuecas eligiendo los caminos, su cintura eligiendo la torsión, y su cuerpo todo mandando por sí solo las señales mentirosas. Se cuenta que en una ocasión le preguntaron cómo hacía para gambetear de esa forma a las defensas, y él respondió sin agitarse: “ellos se descuidan y yo paso”. “Mané” Garrincha, encarnación de la gambeta, estafador elegante, aviso de una elección que nunca llega; el jugador-imperceptible por excelencia, siempre en fuga, siempre por fuera, indescifrable, inclasificable, clandestino del fútbol.

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Los tres mosqueteros del Barza
 En una cancha de fútbol están rayadas todas las líneas que componen una vida. (Scott Fitzgerald dice en sus novelas que son tres). En el fútbol se distinguen por lo menos tres tipos de líneas que se mezclan con las líneas de vida. La primera es una línea dura, rígida, donde mandan las formas;, es institucional, avanza paralela a la cultura, a lo establecido, es superficial. Habiéndose priorizado el fútbol como una cuestión de negocio, se llegó a que el juego termine mutilado por la victoria-a-toda-costa, y que el orden esquemático se imponga por sobre la creatividad.  (Italia 90 fue un mal viaje, Alemania 2006 también). Eduardo Galeano escribe: “la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria ha ido desterrando la belleza de la alegría que nace de jugar porque sí”.[3] He aquí la primera línea, que traza todo un recorrido histórico desde A hasta B: crecimiento del fútbol en términos de organización, expansión global, rentabilidad, etc. En esta línea de la vida se avanza en años, en fama, en acumulación de riquezas...

Luego existe por debajo una segunda línea que es flexible, subterránea, y nos remite a movimientos, deslizamientos, fuerzas que nos impulsan o que al contrario nos pueden hacer caer en crisis, en agujeros negros. Para el fútbol, es una línea en la que se marcan los saltos, las caídas, los progresos imperceptibles, las innovaciones de estilo, las fuerzas que animan a un equipo y otras cuestiones inconmensurables: creatividad, velocidad mental, coraje, espíritu, música interna... Del 3-5-2 al 4-4-2, así lo marca el Mundial de EEUU 94. 

Pero muy pocos equipos juegan en esta línea. El emblema de lo pobre es la selección de Italia, la última campeona del mundo, una tecnócrata del orden, impulsora del catenaccio, adicta al 0-0, a la pobreza del juego, y una gran perdedora por dentro. Pasa igual que en la literatura: un tipo puede escribir libros que sean best sellers, pero sin que eso signifique que sea un verdadero escritor; su éxito se enmarca sólo dentro de la primera línea. Y en la historia del fútbol muchos equipos best sellers han triunfado en desmedro del fútbol. Ángel Cappa, director técnico argentino, dice que el mayor fracaso futbolístico es el de Grecia en la Eurocopa del 2004 –que fue campeona con una mediocridad espantosa–; por el contrario, uno de los mayores éxitos fue el equipo de Holanda de Cruyff, aunque no haya ganado nunca una Copa del Mundo. ¿Mundo al revés? No, percepción fina, Cappa habla de esa segunda línea que no se ve en la superficie. En ella el crecimiento es vertical, se valora ya no en años, sino en madurez, en simpleza, en oficio de vida, en “sabiduría que se lleva en la piel". El FC Barcelona es el club que más ha crecido en esta línea en las últimas décadas. Como decía Pep Guardiola en sus días de técnico del Barza: "Johan Cruyff pintó la capilla, él simplemente es un restaurador". 

Y todavía habría una tercera línea mucho más extraña e imperceptible. En el mundo del fútbol se habla de ella cuando se dice que “jugar es recrear un mundo al margen del real”; pero ojo, no se entienda este mundo recreado como una ficción o una fantasía, sino como otro plano de vida con su propio coeficiente de realidad; esta tercera línea hay que crearla, se traza a medida que se avanza, mientras se vive, mientras se juega. Aunque esté amenazada por la extinción, todavía es motivo de debate en el presente, y surge de vez en cuando gracias a tipos como Marcelo Bielsa, a jugadores como Messi, y a equipos como el Brasil del 70, o el del 82. Toda una contracultura dentro del fútbol. En esta línea todo es imprevisible, no hay modo de señalizarle un camino. A fuerza de genio y humor Garrincha la dejó trazada con fuego; Maradona le rayó otra ruta en un campo cuando le hizo el segundo gol a Inglaterra en el 86. Ronaldinho la continuó a su manera con su fútbol alegre e irreverente. Línea de de jogo bonito, línea quebrada, que se tiene que prolongar, pero no de la misma manera, sino de acuerdo a los tiempos que se viven. Por eso es tonto reclamarle a Brasil que juegue hoy igual que hace 40 años. (Esto no le resta responsabilidades a Dunga).

En fin, tres líneas que también se pueden distinguir en el fútbol, y todavía mucho más que aprender si se suelta la pluma y se salta a la cancha.


¿Continuará? Esperamos sus comentarios.


Jorge Luna Ortuño




[1] Jorge Valdano, en el prólogo al libro Cuentos de fútbol. Tomo 2.
[2] Ariel Sacher, La pasión según Valdano. Reportaje al fútbol.
[3] Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra y otros escritos, p. 6.