filosofía-arte contemporáneo, cine-rock-contracultura-jiujitsu-fútbol-prácticasdelectura-política-jeetkunedo-libros, UFC, artes marciales.

Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Argentina. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de noviembre de 2013

LO INALÁMBRICO EN ARGENTINA


¿Qué es ser inalámbrico? Me lo han preguntado en una presentación reciente de mi libro. No basta con escribir un libro, de tiempo en tiempo los eventos van haciendo que se enriquezca una propuesta anterior, no existe un conocimiento definitivo. Existen también algunas confirmaciones con nuevos casos de estudio que al aparecer nos otorgan un regocijo mayor. Por ejemplo la otra noche vi un vídeo en YouTube sobre Pep Guardiola y José Mourinho titulado "Vidas cruzadas". Fantástica historia de dos seres que se han complementado de alguna manera a la distancia, como una especie de fuerzas que balancean una misma ecuación dentro del fútbol. El fútbol total de Guardiola contra el fútbol adaptable de Mourinho. El primero representa la figura del sedentario, el segundo la figura del nómada. Guardiola promueve un fútbol made in home, exhala un aire hogareño, él es de la casa; Mourinho en cambio no tiene hogar, su hogar es la carretera, que trajina junto a su familia, está dos temporadas promedio en sus equipos donde gana casi todo y luego parte a otro país, no deja de partir, de prolongar su propia línea quebrada, su deriva hacia al sur, variación molecular. Pero eso los mantiene vivos y aceitados a ambos. Puestas así las cosas, Guardiola es el hombre elegante de maneras cuidadosas, siempre respetuoso con el rival, sólo habla de su equipo, no entra en polémicas, parece algo más atado a unos códigos y una visión particular de ver el fútbol; en cambio Mourinho es un hombre que considera que todo es válido en la guerra, no presenta una imagen respetuosa de sí mismo, no necesariamente, no desea vivir mucho tiempo acomodado a algo, no desea sentir que "ya llegó", siempre está en busca de nuevos desafíos, más grandes, deshaciendo la costumbre de lo que ya había construido para comenzar de nuevo en otra cultura, con otra gente que habla otro idioma y tiene diferentes idiosincrasias. Sin embargo he aquí el dato interesante, fue cuando Guardiola asumió una postura inalámbrica cuando logró su éxito más contundente contra José Mourinho. Fue en mayo del 2011, partido de ida semifinales de la Champions, Santiago Bernabéu: en la conferencia de prensa previa que dio Guardiola se salió completamente de su molde de correctitud, se dirigió directamente a Mourinho y habló con bronca, dijo que ni pensaba competir con él en discursos, pues le cedía la Champions fuera de la cancha, pero la Champions que se juega dentro, esa la iba a competir con todo, era como si lo desafiara, Guardiola adoptaba una posición agresiva cuando siempre había sido mesurado y precavido en sus declaraciones; además dijo que Mourinho era el amo, el puto jefe, lo manejaba todo. Pero vamos a ver dentro de la cancha. Con certeza eso sorprendió a Mourinho, verse desafiado así en su propio juego, era algo muy inusual que un técnico rival se le pusiera en frente con tal autoridad. Guardiola supo estar presente en el momento, hizo una lectura de lo que estaba pasando, y fue inalámbrico respecto de algunos de sus preceptos, reconoció que no puede uno estar amarrado por la forma en cambio se puede mover con flexibilidad de forma para afrontar momentos específicos de una batalla, y es que se trataba de una batalla. Pienso que Guardiola dio a entender un postura muy ofensiva que se traduciría en el juego del Barza, pero no dejó de ser inteligente, en lugar de ello puso a Keita en el medio campo de entrada, para aumentar la altura, y colocó a Puyol en el lateral izquierdo, es decir, tomó más precauciones defensivas, sacrificando un poco el poder de elaboración de jugadas colectivas en ofensiva. Morunho, después de aquel discurso encendido, hecho con el corazón, reconoció que tenía frente suyo a alguien peligroso, decidido a vencer, así que se preocupó ante todo de seguir su lema: el lema de Mourinho es: "no les diré que debemos ganar, pero una cosa sí, no podemos perder". Y así se preocupó de no perder, colocó un equipo en cancha que estaba más tirado hacia atrás, con mentalidad defensiva, que poco riesgo presentaba en el arco contrario. Un tiro en el poste de Villa creo que fue lo más inquietante de toda la primera mitad. En la segunda parte, ya lo sabemos, la rompió Messi, con derecho a un golazo de esos que quedan en la vitrina del recuerdo. 2-0 ganó el Barcelona aquel partido de ida, sentenciando casi la eliminatoria. El video documental que había visto en YouTube llama la atención sobre este cambio de estrategia de Guardiola, y en un juego donde pequeños detalles hacen toda la diferencia, bien pudo haber sido esta la jugada que definió el curso de la eliminatoria; además, fue un insuflo anímico para sus jugadores, fue una manera de ponerlos a la altura de las circunstancias, ponerlos en plan de guerra, a ellos que siempre habían sido un equipo dulce, inocente, en el sentido de que no juegan con malicia, en ellos gana mucho más el talento, el respeto al sistema de juego, la paciencia, otras actitudes que a veces se molestan con la mala leche del adversario, la rudeza, jugar al borde de la roja, ensuciar,etcétera. Aquel día, los azulgranas saltaron al campo preparados para todo, nada los sorprendería ni los indignaría ninguna conducta, era una guerra, todo lo hablado y las provocaciones de Mou quedaban en el aire, sólo contaba lo que pasaría dentro. Así se aisló todo el poder de intervención que busca lograr Mourinho en un partido. Fue un Madrid frío, se había cortado la ligazón con su general, naufragó su barco después de la expulsión de Pepe, y los dos goles de Messi coronaron una tarde que muchos festejamos a lo ancho del planeta.  

Así pues, el concepto de pensamiento inalámbrico continua enriqueciéndose, aunque yo lo tenga incorporado más como parte de mi vida que de una preocupación intelectual. Ahora, deseo presentar este concepto en Argentina, un país que recién viene despertando de un más o menos largo periodo de polarización extrema, de una dualidad que se partió en dos bandos a favor y en contra, los niveles de enfrentamiento en los medios y las redes rayaron en la demencia, o lo que varios pensadores del vecino país llamaron fanatismo exacerbado, tanto de los intelectuales y otros al servicio de los K. como de ciertos sectores opositores. Ser inalámbrico en esas circunstancias se planteaba como una opción de salud, esto en primeras. Y ojo que ser inalámbrico no es mandar todo al diablo, ni regocijarse en la indiferencia. Creo que el filósofo Tomás Abraham lo entendió en el proceso. En un principio, desde su columna en Perfil y otros medios se lo veía muy comprometido con una lucha por hacer visible el juego de Cristina Kirchner, muy acorde con su misión de filósofo, en el sentido más a la Foucault. Es ésta la conexión que define varias aristas del trabajo y de las posturas de Abraham, su compromiso con Foucault, el de la admiración, de la gratitud. Pero siguiendo su blog Pan Rayado nos fuimos enterando los lectores de su cansancio, de su agotamiento frente a la falta de resonancias de peso, él se exponía, pero lo que provocaba mucho más era diálogos sordos, la respuesta de gente sin miras, que utilizaba el anonimato que permiten los blogs para comentar basura, intentar herir, afectar de tristeza, tergiversar todo. El fanatismo vetó la posibilidad de conversación en Argentina. 

A Ricardo Darín le llovieron críticas, amenazas, calumnias, también llamadas de apoyo y comentarios favorables, cuando se le ocurrió decir en una entrevista que los K. deberían explicar cómo hicieron incrementar en tal manera su patrimonio en tan poco tiempo, "deberían caerse de vergüenza" enfatizó. Esto bastó para que periodistas, intelectuales, comedidos de toda naturaleza, le cayeran a palos, tratando de sacarle algún trapito sucio respecto de un pasado que habría sido contrabandista de automóviles, poniendo en duda su integridad, intentando intranquilizar su paz mental y la salud emocional de los suyos, lo cual era signo de un estado de guerra muy sutil. Incluso entiendo que la misma Cristina le respondió públicamente, y no de muy buena manera. Tenía toda la razón del mundo Darín en señalar ese hecho, que no se refería solamente a los K. sino también al resto de los funcionarios públicos, pues de lo que hablaban era de posibilidades de vida para otros. Pero también debió experimentar un pesar después Darín, ¿para qué me habré metido a decir esas cosas en lugar de tener cerrado el pico? Una vez que uno dice algo, lo que sigue es hacerse cargo de lo dicho, como mandan los códigos del que no se arruga y se maneja con templanza cuando el oscuro vacío le muestra la boca. Sin embargo era una lucha totalmente dispareja, lo decía Darín en una entrevista posterior en Lanata Sin Filtro. No puede un individuo enfrentarse a un gobierno con todas sus posibilidades. Por tanto, el individuo tiene que tener un cuidado mayor para expresar "lo que piensa". Incluso cuando lo que dice Darín en esa entrevista no sea una novedad de cuño propio, y sea simplemente una convicción compartida, pues así piensan también millones de argentinos, incluso por sentido elemental común. Pero fue Darín, figura muy conocida, quien se animó a decirlo sin reparos en una entrevista, y esto preocupó a la máquina discursiva de los K. Quisieron de alguna manera aplicarle un estate quieto a Darín. Demás está decir que este sensacional actor argentino demostró la calidad de sus tendones en los días siguientes, en los que lo invitaron a hablar a un montón de programas de radio y televisión, sin que pudieran abrumarlo ni hacerlo salir de lo que tenía muy claro. Se puede encontrar todas estas entrevistas, incluida una discusión en vivo con Feinman, en el fabuloso portal educativo YouTube. 

La incomodidad de Tomás Abraham ante el ambiente que se había diagramado en la Argentina era una muestra de esta especie de lucha sin mayor asidero. Las cosas que se dicen muchas veces necesitan su tiempo para cuajar, la comprensión es retroactiva, al menos un cierto nivel de comprensión que tiene puntos de contacto incluso espirituales. Tomás Abraham se habí agotado, lo debilitaba esa necesidad de tener que replicar a lo intolerable. Debía construirse un nuevo cuerpo sin órganos, devenir otra cosa, reorganizar su cuerpo, adquirir una nueva serenidad, una nueva resistencia a lo intolerable, y decidió dejar de escribir en Perfil y en La Nación, su columna dejaría de estar presente después de varios años de colaboraciones; esto lo daba a conocer en un blog que tituló Cura sui, octubre del 2011. Un poco después, 27/11/2011, anunciaba que se iba a tomar un respiro también de su blog, se dirigía a sus amigos lectores así:

"Durante un tiempo me ausentaré de estas columnas, espero volver pronto. Me intoxiqué. Una bacteria que identifican con la letra K, a la que se sumó otra que contraje durante mis viajes a la ciudad de Rosario a la que los especialistas le han puesto el rótulo HB, me ha debilitado. Los médicos me recomendaron reposo en un clima preferentemente tropical".


La nota es maravillosa y está titulada como "Postal". Abraham recuerda que siempre es bueno tener presente la dimensión espiritual de todo nuevo emprendimiento. Ante la pobreza de un escenario donde pensar se ha reducido a estar a favor de los Kirchner o estar en contra, de la manera más arraigada y cerrada que se puede imaginar, sin espacio para los matices, nuestro filósofo se manda a mudar por un tiempo, prefiere estar por encima de la situación, lo cual debe entenderse como estar por fuera, no que no le interese, sino decidir hasta qué punto puede afectarle. Eso señores, es una actitud inalámbrica. 


viernes, 13 de enero de 2012

Buenos Aires de Feria del Libro

Jorge Luna Ortuño

Un relato cargado de experiencias y sensaciones, con motivo de una visita a la más grande Feria del Libro de habla hispana. Algo más parecido a la crónica de una inmersión.

 Ingreso
Dos de la tarde, mayo del 2011, remoloneo en medio de uno de esos adormecedores domingos paceños. Es una tarde nublada, tranquila, perfecta para el ocio, de modo que me siento a continuar mi lectura de un maravilloso libro que me tiene cautivado: El tiempo de los asesinos, de Henry Miller. Nadando entre sus páginas me siento en casa, pero sin darme cuenta, una serie de sensaciones relacionadas a lo leído se amontonan, de repente me siento viajar, un par de líneas me transportan inauditamente a mi habitación en el Gran Hotel España, muy cerca del Obelisco, en pleno centro de Buenos Aires. Estoy en el espacio en el que me había encerrado el pasado Viernes Santo para disfrutar de mis nuevas adquisiciones y leer todo lo que me diera la gana. Sentado en un sillón antiguo siento nuevamente el calor de esa bella ciudad en la que éste librito fue mi acompañante. Hileras de avenidas coloridas y llenas de cafés, de librerías, de buses enormes y de hombres y mujeres desparramados caminando por todos lados saltan a mi memoria. Franqueo el umbral de esa puerta, al otro lado la 37° Feria del Libro de Buenos Aires me espera, justo en el año en que la ciudad ha sido nombrada por la UNESCO como Capital Mundial del Libro, un motivo más de orgullo para los porteños.
  
 Pabellón azul
La primera porción que recorro de Buenos Aires me la presenta como una ciudad agitada y acogedora, salpicada de un sinnúmero de estímulos auditivos y visuales, y digo esto por los enormes letreros luminosos, las lujosas vitrinas y galerías, los coches de último modelo, los toldos que adornan los restaurants…, pero principalmente por las bellísimas mujeres de todas las edades que recorren sus calles. Camino por Palermo Viejo y estoy encantado, eso es una invasión de bocados, es como si cayeran del cielo, como si se hubiera desencadenado un desfile improvisado de coquetas porteñas y otras que aparentan ser turistas. Dato adicional: Según el Censo Nacional de Población y Viviendas realizado el 2010, en Buenos Aires hay 100 mujeres por cada 86 hombres[1]. Un gran aliciente, quizás. Por el estado de mi bolsillo, los primeros días eso no será nada más que una degustación.

Pero volvamos a lo que nos convoca: la Feria del Libro. Se realiza en el predio de La Rural, un enorme campo ferial, situado casi frente al zoológico, al cual se puede acceder por las tres avenidas que lo rodean. El lema es: “Una ciudad abierta al mundo de los libros”. El gran antecedente es la presencia del sector editorial argentino en la última Feria del Libro de Frankfurt, gracias a un programa estatal de apoyo a la traducción al alemán de las publicaciones locales. A un par de días de su inicio, algunas personas de la zona, con las que converso ocasionalmente, me hacen dar cuenta de algo curioso: muchos de los lugareños no le tiran ni la mínima pelota a ésta Feria, su inicio les es indiferente. (Arriesgaremos una explicación más adelante). Y uno se imagina que hablar de la Feria debería consistir en hablar de libros, pero no es ese el primer tema de conversación que despierta. En los periódicos, en algunos subtes, cafés y pizzerías, uno de los temas de conversación es la polémica que se ha generado en torno a Mario Vargas Llosa, el flamante Premio Nobel de Literatura. Los intelectuales kirchneristas no lo quieren, han logrado que no sea él quien encabece la inauguración. Incluso el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, propuso vetar su participación. Sin embargo, pasada la tempestad, finalmente se establece que dará una conferencia durante la inauguración en la sala “Jorge Luis Borges”. En el periódico Clarín, emparentado con la oposición, las palabras del autor de novelas como La ciudad y los perros, Conversación en la Catedral y otras, se convierten en primerísima noticia: “No quiero dar la impresión de que vengo a criticar a la Presidenta. Sería falso, inelegante. Pero sí hablo con mucha libertad, cuando corresponde, sobre lo que ocurre aquí, porque es mi derecho”; “al director de la biblioteca, lo menos que se le puede pedir es que debería respetar el principio de la diversidad”… La Feria del Libro, como cualquier dispositivo, es un diagrama de fuerzas y tensiones que la sostienen, y en un año marcado claramente por las Elecciones Presidenciales, una de esas líneas de tensión, quizá la más obvia, se nos ha revelado. Recapitulemos: Vargas Llosa se había manifestado anteriormente contrario a las políticas implementadas por la Presidenta Cristina Kirchner, lo que le valió esas réplicas junto a las de algunos aludidos y sectores progresistas.[2] “Cuidado con opinar desde afuera sobre países soberanos como la Argentina” –le había respondido idiotamente una de las voces oficialistas. Se llegó a temer que sectores de la juventud kirchnerista sabotearan el acto de inauguración. Aunque se prometía quilombo, al final todo se desenvolvió con tranquilidad, afortunadamente. Cabe apuntar que fue la propia Presidenta Cristina quién defendió a Vargas Llosa, pidiendo que la presentación del Nobel se desarrolle con normalidad. Y es que era una tontería politizar un evento en el que el invitado principal es la literatura, aunque la intromisión de la política sea ya una constante de las últimas ferias en Buenos Aires. En mi criterio, la mejor respuesta contra ésta estupidez la dio el filósofo español Fernando Savater, y fue dentro de un encuentro con periodistas en el patio de una escuela del conurbano en Villa Ballester: “Yo conozco la Feria del Libro, conozco a Vargas Llosa, pero no conozco a ninguno de los que intervienen en la polémica… por algo será –afirmaba con ironía–. Son las ganas de buscarse publicidad de personas que no tienen una categoría intelectual para conseguirla por otros medios”.[3] Lo cierto es que el último premio Nobel de la Literatura, algo parco pero no carente de fino sentido del humor, suele hacer gala de una gran maestría para provocar admiración y rechazo casi simultáneos por donde pasa. Cuando una periodista de Clarín le consultó qué pensaba de los que dicen que es taaan buen escritor pero con ideas taaan feas, apresuró una respuesta con las orejas coloradas, quizás de rabia: “Estoy cansado de escucharlo”.

Pabellón amarillo
El predio de La Rural, donde se desarrolla esta Feria, es tan grande que uno puede perderse fácilmente los primeros días, pese a lo bien señalizados que están los largos y alfombrados pasillos. En detalle, son 47500 metros cuadrados de superficie, 1500 expositores, 11 salas de actos y 42 países presentes en ésta que es, para muchos, la Feria del Libro más grande del mundo de habla hispana. Además, cuenta con una sobria sala de prensa donde están dispuestas cuatro computadoras para periodistas del extranjero, junto a una sala de conferencias. “La gran novedad de esta edición –nos cuenta Carlos Pasos, funcionario de la Fundación El Libro– es que ofrecerá al público un espacio de lectura digital”. Y en efecto, se aprecia en uno de los stands (Moviestar) una pantalla gigante en la que se emula la experiencia de lectura de un libro electrónico en un I-phone, donde, entre otros gustitos, uno puede recorrer las páginas con tan solo acariciar con un dedo la pantalla. Entre los cursos de las Jornadas Profesionales, algunos temas de siempre, “los derechos de autor en la era del libro digital”, “libertad de expresión”, etc., pero hay uno que disfruto en especial: “El lenguaje de la ciudad”.

La Feria del Libro es una buena metáfora de Buenos Aires: es enorme, variopinta, atractiva, demandante, agotadora, organizada y caótica a la vez… Al comienzo quieres devorártela, pero al final de la jornada descubres invariablemente que es ella la que te ha devora-do. Hay que desnudarla, pero lo más antes posible, antes de que ella te desnude a ti. Los precios son muy altos en Capital, los alojamientos, los taxis, la ropa, pero sobre todo la comida y la bebida. Los libros no se quedan atrás. Es cierto que la mayoría de las editoriales nos reconocen un jugoso descuento del 40% a los editores del extranjero, pero eso no quita que la mayoría de los libros deseados nos provoquen un estremecimiento en la garganta cuando nos informan de su precio. Para darles una idea, la edición completa, en dos tomos, de las Memorias de Giacomo Casanova llegaba a costar el equivalente a Bs. 1500… Lo bueno es que en la extraordinaria librería El Ateneo, uno puede ojearlo sentado cómodamente tomando un café sin que nadie lo moleste. De todos modos, en este pabellón se encuentran algunas ofertas: 3 libros por 15 pesos (argentinos), 2 por 10, etc.

Esto nos lleva a hablar del otro tema contiguo: el por qué a mucha gente de la Capital no le interesa visitar la Feria, por más grande y pomposa que sea. Podría decirse que es porque en realidad está enfocada primordialmente para los visitantes del interior (mucha gente de Tucumán, de Rosario, de Santa Cruz de la Patagonia) y del extranjero. La doctora en filosofía Esther Díaz, a quien tuve el gusto de conocer en mi estadía, me hizo dar cuenta de algo que comprobé luego: Buenos Aires es ya en sí misma una gran feria del libro, los 365 días al año. Por eso cualquier hombre o mujer que disfruta de las letras se siente inmediatamente en su casa cuando la visita. Es verdaderamente una capital del libro, como Vargas Llosa hacía notar en su discurso en la feria, que en ese ítem nada tiene que envidiarle a París ni a Barcelona. No sólo por las innumerables librerías, antiguas y modernas, por su tradición de grandes escritores, también por los cientos de cafés literarios en Palermo, San Telmo, Corrientes, etcétera, donde las últimas novedades ya están apostadas en sus estantes, y al mismo precio que se ofertan en la Feria. Desde luego, en lugar de hacer un viaje de cuarenta minutos, o más, hasta Palermo, cualquiera prefiere buscar el libro requerido en una de estas flamantes librerías, donde además tiene la posibilidad, en algunos casos, de sentarse a hojear los libros sin que ningún vendedorsito de pacotilla apresure la lectura, es decir, la compra. Además, en avenidas como la Rivadavia y la Santa Fe se pueden encontrar pequeñas ferias llenas de casetas donde se venden miles de libros usados y donde, curiosamente, hasta se puede pagar con tarjeta. Lo único que hay que hacer es meterse en el bulto y buscar con ojo felino.

Baños
Esta gran Feria que aglutina a las más importantes editoriales de Argentina, y a varias otras del extranjero, se constituye, sólo hasta cierto punto, en un incentivo a la lectura, y menos aún en un dispositivo de lectura de la ciudad. Por su funcionamiento, es más apropiado llamarla la Feria de las editoriales, dado que ellas son las que le dan vida y sentido al usarla como estrategia de presentación y aceleración de ventas y convenios. En cierta forma, el lector queda reducido a jugar un  rol secundario, y esto es algo sutil y difícil de explicar. La Feria del Libro, también en Buenos Aires, no deja de tener ese aire de plaza de comidas, de Megacine, es decir, de un complejo donde se mete de todo para multiplicar la oferta y acrecentar las posibilidades de venta por asociación, aunque con la salvedad de que en ésta Feria, eso sí, se encuentre una variedad de primera calidad, ni duda cabe.

Pabellón verde
Me sorprende Buenos Aires en cada nueva caminata, “aquí todo es aventura –dice Morgane Amalia, una divertida turista francesa–, acá se siente que todo es posible, es una ciudad surrealista”. El porteño es algo petulante, le gusta hablar fuerte, vocalizar muy bien las palabras, terminar las oraciones con un “¿viste?”, y cosas así, y como los hay amables también los hay prepotentes. Lo importante es no amilanarse con nadie. Por eso mismo, recuerdo lo que me escribió mi amigo Jesús al despedirme: “Hallándote entre el gauchaje, conviene que recuerdes la sabia sentencia de Martín Fierro: “Yo no me aparto de la huella, aunque vengan degollando”. Aquí a los timoratos se los comen como a un bizcocho. Comentar que uno es boliviano no es precisamente una gran referencia, lo que sigue es la sensación de que algo se ha diluido en la conversación. Una señora me confiesa: “¿Los bolivianos?, y, y, son laburantes ¿no?, por el centro no se los suele ver, ellos están en las partes más de afuera, Linniers…” Algo me irrita de esa apreciación, no sé, pero hay que usarlo como empuje hacia adelante. No hay tiempo de reflexionar mucho, Buenos Aires es como un animal, su locura te salta como un mono en contraruta, te mantiene alerta, con apetito, estimulado, ya sea para escribir, para pensar, para conectar...




Me llama la atención la gran cantidad de gente que circula por las calles con audífonos en los oídos, a toda hora, muchas personas se ven como desenchufadas, escuchando música, o quién sabe qué, tal vez nada, pero parecen desconectados del entorno, o quizás conectados, pero a otra cosa, al mundo al que la música les transporta, o del que no deja que salgan, especie de ritornelo. Vivimos en un mundo en el que las distancias se acortan, pero en el que también es más palpable la sensación de desconexión. No se lo puede negar, ésta, como tantas otras, es una ciudad polarizada: por un lado está llena de barrios donde predomina el confort del Primer Mundo, y por el otro de extensas zonas donde campea la pobreza. No hemos visto nada parecido a las favelas pero de todos modos existe mucha desigualdad, y hay gente, mucha gente que necesita des-conectarse de su realidad, quizá por eso mismo persista siempre la necesidad de la lectura, del libro, en tanto herramienta de conexión con otros mundos posibles más alentadores, avivadores de la imaginación, que luego se usará en favor propio en una realidad concreta. ¿Qué nos diría Cervantes, que concibió el libro de los libros –El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha– mientras estaba encerrado en una prisión? Un libro nos permite respirar otros aires, concebir la ficción, le agrega fantasía a nuestras vidas. Si la Feria del Libro se debe elogiar es principalmente por ser una enorme estantería discontinua en la que están acomodadas en fila las más increíbles fantasías, mundos posibles que nunca veremos si no es a través de tal o cual libro que nos busca afanoso y nos espera.







Salida
En el teatro se estrena con mucho éxito la obra “Un tranvía llamado deseo”. En la televisión el Papa Benedicto responde en vivo a los twiters en plena Semana Santa, aunque, como buen sacerdote, en realidad no responde nada, solo alarga el misterio. La gran sensación, sin embargo, es “Gran Hermano”, el reality show que se pasa por Telefé y que ya llega a su fin. Ricardo Darín está en cartelera con su nueva película, Cuentos Chinos, la sucesora de Carancho y El secreto de sus ojos. Pero la que más parece atraer es de un cineasta tailandés: El hombre que recordaba sus vidas pasadas. Todavía está fresco el recuerdo del paso de U2 360° tour por aquí. A media semana Pete Sampras y André Agassi llegan para jugar partidos de demostración en la zona de Tigres. La ciudad vive con atención los cuatro choques entre Barcelona y Real Madrid; Messi despierta pasión y provoca lágrimas cuando los azulgranas pierden La Copa del Rey; existe también sin embargo otro sentimiento encontrado, que se sintetiza en la portada de una revista que leo en un kiosko: “¿Por qué nos cuesta tanto a los argentinos identificarnos con Messi?”. Un taxista me dice alzando el tono: “lo que pasa es que ese pibe no siente la camiseta albiceleste, sólo la del Barcelona”. Supongo que hay de todo. Llega el día de mi retorno. A la Feria le queda una semana más de duración, pero ya la recorrí de cabo a rabo. El libro de Jorge Edwards, La Torre de Montaigne, es el que se me queda impreso en la cabeza. La nostalgia me invade ya en el aeropuerto de Ezeiza; Buenos Aires es una ciudad a la que hay que volver para desmenuzarla. Ahora toca digerirla de a poco. Me doy cuenta de que es preciso salir de la inmersión. Necesito también desconectarme. Termino este artículo y estoy en La Paz otra vez, ya es de noche. Desde este momento la hoja es tuya.











[1] Dato extraído del Diario Z de Buenos Aires, “Ciudad bipolar”. Número 70.
[2] “Cristina Fernández es un desastre total. Argentina está conociendo la peor forma de peronismo: populismo y anarquía. Temo que sea un país incurable”, le había dicho Vargas Llosa un tiempo atrás al diario italiano Corriente della Sera.
[3] En el periódico La Nación del miércoles 20 de abril.