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lunes, 24 de septiembre de 2018

WHAT IT TAKES TO BE A GREAT FIGHTER


Joe Rogan received the great trainer and boxing comentator Teddy Atlas, a true master of the discipline, but also some kind of modern Bushido master from the occidental world. In this part he tells about Tyson and the diference between talent and being a fighter. Enjoy. 

"When you do weak things, and you now they weak things, how are you gonna do strong things now?" - Teddy Atlas. 

miércoles, 22 de marzo de 2017

ENRIQUE VILA MATAS, DIFERENCIA Y REPETICIÓN

Introducción
No existe material suficiente para completar una biografía satisfactoria del escritor catalán Enrique Vila-Matas. A lo mucho, lo que alcanzamos a imaginar, por la textura de los personajes en los que habla en primera persona, es un ser meditativo, experto en fugas, que ve literatura en todo y que goza con la mutabilidad de las identidades. Se ha dicho que hace “metaliteratura”, “autoficción”, pero él se declara inocente de ambos dictámenes. Su forma irreverente de trabajar con las citas es el asunto más controvertido de su obra. En este artículo me limitaré a sugerir que los procedimientos que usa Vila-Matas, siguen un trayecto paralelo con los que utilizó el filósofo francés Gilles Deleuze (1925-14995) al interior de la historia de la filosofía.

Contexto
Enrique Vila-Matas es un autor poco comentado en nuestro país, pero su obra heterodoxa guarda múltiples afinidades con más de un autor boliviano, entre ellos con nuestro querido narrador Jesús Urzagasti (1940-2013), especialmente respecto del género híbrido de novela ensayística o ensayo novelado, que constituye En el país del silencio. (¿Y acaso Tirinea no es un doblez de las meditaciones metafísicas de Descartes, pero con otro final más feliz?)
Antes de entrar en materia, habrá que contextualizar. Vila-Matas nació en Barcelona-España, ronda los 68 años, es uno de esos escritores que te devuelve la confianza en la escritura y en la ficción cuando más lo necesitas. Sin duda, es uno de los autores más traviesos e inclasificables del panorama mundial. Destacan en su producción Historia abreviada de la literatura portátil, Bartleby y compañía, El mal de Montano, Doctor Pasavento, Kassel no invita a la lógica, entre otros. Recientemente este año, bajo el sello de Seix-Barral, presentó su última travesura: Mac y su contratiempo.

En esta última incursión, el autor catalán saluda explícitamente a Gilles Deleuze por su libro Diferencia y repetición (1968). Lo mencionó en varias ocasiones, como en este extracto de una entrevista para El País de Madrid:

“[…] el protagonista quiere producir el efecto de una novela póstuma incompleta, para apuntarse a la moda de estas novelas. Al mismo tiempo, Mac lucha por que la novela no invada su diario de debutante. Es también un ensayo sobre la repetición y la diferencia, como decía Gilles Deleuze, y también es un libro de cuentos. Este trasvase de géneros es bastante sencillo. La cuestión es que sea cuatro cosas al mismo tiempo. Vengo de una trayectoria en la que he manejado mucho esos trasvases”.[1]

Es un encuentro afortunado en el que se cumple lo que Deleuze postulaba: la filosofía debe ser como la música, no se necesita ser un estudioso de la música para escucharla, para sentirla o disfrutarla. Con mucha lucidez, Enrique Vila-Matas efectúa una comprensión no-filosófica de un planteamiento filosófico. Más que a Deleuze, lo que le interesa es recuperar su concepción sobre las categorías de repetición y diferencia. Søren Kierkegaard, Nietzsche, Bergson, son varios filósofos que se reúnen en esa línea, catalogados por Deleuze según ese criterio en ese libro Diferencia y repetición de 1968.

Para el autor de Mac y su contratiempo se trata de una cuestión de escritura, o de re-escritura, porque en literatura, considera, no se hace otra cosa que repetir sobre lo que ya se hizo, para afirmar algo diferente. “Toda la historia de la literatura es modificar los textos ya escritos y esto es lo que intento explicar en el libro”. Por ello, seguramente, abundan en internet los estudios del palimpsesto en la obra de Enrique Vila-Matas.

Sin entrar en profundidades con el palimpsesto –conocida categoría literaria– mi teoría es que la obra de Enrique Vila Matas se alumbra de modo inaudito leyéndola desde el pensamiento de Gilles Deleuze. Entre ellos resuenan varios intereses compartidos. Alguna vez se dijo que si Fernando Pessoa hubiera hecho filosofía, sería la de Gilles Deleuze. Ahora yo diré que si Gilles Deleuze hubiera hecho novelas, hubiera sido Enrique Vila-Matas. Por supuesto que esto es mucho más un ejercicio lúdico, pues cada uno de ellos es un Original.

Deleuze-Vila-Matas

No soy el primero en relacionar a Enrique Vila-Matas con Gilles Deleuze, y recomiendo entre otros el bello artículo de Luis Reguero “Los Bartleby no se acaban nunca”[2]. La diferencia es que aquí me intereso por el procedimiento de escritura. En ese sentido, Vila-Matas es una radicalización del filósofo francés. En su libro Conversaciones, Deleuze explica cómo, desde sus primeras monografías sobre Nietzsche, Bergson, Hume, usó las citas de un modo controversial, aunque siempre fue exacto y riguroso en ese sentido. “Era necesario que el autor haya dicho efectivamente lo que le hacía decir”. Sin embargo él usaba esas citas para que se piense algo diferente de lo que se decía del autor en cuestión. El mundo académico no entendía que usaba las citas como sintaxis, porque lo que estaba haciendo era evocar una presencia, había algo vivo, eléctrico, ocurriendo ahí. Una cita es un conector de párrafos, como trampolín del pensamiento; a veces sirve para reforzar algo que se ha dicho, pero los grandes autores utilizan la cita para ingresar algo nuevo que va subiendo el tono del texto en general, y dispara nuevas posibilidades de conexión. Afecta en la prosa general de todo el texto, eleva la exigencia, irradia su belleza. Es un pensamiento hipertextual, de las multiplicidades, abierto a las múltiples conexiones, el que les da lugar.   

Vila-Matas es Deleuze llevado a las últimas consecuencias, no cualquier Deleuze, sino el de sus primeras dos etapas, el de Lógica del sentido o Diferencia y repetición, antes de su encuentro con Guattari. Vila-Matas introduce citas, o hace guiños constantes dentro de su prosa, algo que le han criticado, pero lo hace como sintaxis o ejercicio de estilo. Tanto es así que, para dejarlo claro, muchas veces inventa citas que atribuye a autores imaginarios, en otras modifica citas de autores conocidos, y otras les atribuye frases que en realidad no son suyas. De mil formas desdobla su voz polifónica, y deshace la figura del sujeto del enunciado. Para explicarse ha utilizado otra cita: “Sólo se puede citar lo que uno mismo piensa, aunque haya sido dicho en palabras de otro y en otros contextos”. Y esto es cierto: ¿cuántas veces no le habrá pasado al lector que se encuentra con algo que pensaba pero que otro autor ha puesto en palabras exactas? Con todo lo discutible que podría resultar este procedimiento, es plenamente coherente con su ímpetu de escritor de “ficción-radical”.



[1] “La autenticidad me parece el santo grial de la mala literatura”. Diario El País, Madrid. Entrevista de Ferrán Bono, 13 febrero 2017.
[2] Disponible en http://www.culturamas.es/blog/2015/09/05/los-bartlebys-no-se-acaban-nunca/

miércoles, 23 de abril de 2014

TALLER DE FILOSOFÍA: CINISMO, IDEOLOGÍA y CREATIVIDAD




Taller de filosofía para no-filósofos


CINISMO, IDEOLOGÍA y CREATIVIDAD

“Conecta con tu potencia”


Docentes: Jorge Luna Ortuño – Licenciado en filosofía por la UMSA, La Paz
                     Ramiro Majluf Ayo –  Catedrático en la UAGRM
                     Jaira Rivera Mazorco – Licenciada en filosofía UMSA
                     Larissa Arancibia Betz – Licenciada en filosofía UCB, Cochabamba
                   
Duración de cada sesión: 2 H. 15 min. 
Se dirige a: Docentes y educadores en general. Artistas, diseñadores gráficos, investigadores. Estudiantes de carreras de comunicación, marketing, sociología, literatura, cine, filosofía, psicología, derecho y otros. Personas jubiladas y otras con deseos de estimular el ocio creativo. 


Idea y objetivos:
Las sesiones utilizan como parte de su metodología una forma aleatoria de explicación, que conecta elementos de lectura de textos, filosóficos principalmente, con fragmentos de películas de la cultura popular o pop. 

No se propone una actividad cultural, es un espacio de formación educativa. El curso es de filosofía, y está diseñado para no-filósofos, es decir, para potenciar con herramientas extraídas de la filosofía a las necesidades de otras profesiones, para todos aquellos que entiendan que pueden cruzarse con la filosofía para estimular su trabajo creativo en sus áreas y oficios. 

Siguiendo la línea de trabajo de filósofos franceses como Gilles Deleuze y Michel Foucault en la Universidad de Vincennes en París de la década del 70, y que ha sido reactivada hoy por espacios como El seminario de los jueves de Tomás Abraham y la Escuela de Filosofía de Luis Diego Fernández, ambos en Buenos Aires, además de la Universidad Popular de Michel Onfray en Caen (Francia), nosotros proponemos un espacio abierto de transmisión y conexión, donde la filosofía es un suelo de partida que promueve un manejo más sólido de los conceptos y la lógica. El cine, por ser el arte de más fácil transmisión a los grandes públicos, por su complejidad y su accesibilidad simultáneos, se convierte en nuestro aliado, el disparador ideal.

Los costos del curso dependen del convenio que se realiza con la institución organizadora.







CONTENIDOS

PRIMERA SESIÓN 



Prólogo


¿Qué dice la gente del 9/11 doce años después?

Rememoración de los hechos claves el 11 de septiembre del 2001 y breve repaso de la actualidad. El movimiento por la verdad en USA. La verdad, ¿cuál es la funcionalidad del concepto de verdad? ¿El comunicador trabaja por la verdad? Filosofía y comunicación. Razones para discutir la versión oficial del 11 de septiembre. 


Materia

La construcción de los hechos y la noción de verdad. El control de la opinión pública. George Orwell y la policía del pensamiento. 



Proyección de escenas de dos films:

Documental de Dylan Avery, Loose change 9/11.



 Documental September clues 



http://septemberclues.info/

http://topdocumentaryfilms.com/september-clues/


Análisis de los principales enfoques que cuestionan el informe oficial de la comisión investigadora de 9/11. Impacto de aviones a las dos torres. La desconocida caída de la Torre 7 ¿Colapso o demolición controlada de las torres gemelas? 

El rol de los medios de comunicación. Los cambios de enfoque en el tratamiento noticioso sobre 9/11. 

Cierre I 

SEGUNDA SESIÓN

Prólogo


El mito de la caverna. Video corto de introducción. 

El mito de la caverna. Fragmento extraído del film "La educación prohibida"


Materia


¿Vivimos en una caverna mediática? ¿Por qué es necesario dudar? La duda del escéptico. Límites del escepticismo. De la caverna de Platón al concepto de ideología: nociones básicas. Nociones generales sobre ideología. 

Extracción de elementos de dos filmes:

El mito de la caverna en el cine: Matrix (1999). 

El mito de la caverna en el cine II: El show de Truman (2004).



¿Existe la realidad o es una construcción? Realidad e ideología. El mundo de Truman. El desierto de lo real en Matrix. 

Aplicación de las nociones de ideología a la lectura de los dos filmes. ¿Qué es la Matrix? La liberación de Neo: ¿cínico o inalámbrico? La Matrix en el pan de cada día. Ser del mundo. Estar en el mundo pero no ser del mundo. 
Relaciones con los eventos del 11 de septiembre. Trabajo mediático de construcción de realidad. Nuevas coordenadas de la realidad desde el 11 de septiembre. La posición individual frente a la versión de los hechos.

Cierre II 

TERCERA SESIÓN 

Prólogo

La naturaleza de la creencia. ¿Por qué creemos en lo que creemos?

Materia

Nociones clave en la lógica formal. Identificación de falacias en el discurso oficial de los eventos 9/11. Análisis de las tres principales argumentaciones alternativas. Análisis del discurso del presidente Bush después de los eventos. La imagen mediática. ¿Era Farenheit 9-11 de Michael Moore realmente una crítica o una desviación del debate? 



Cinismo contemporáneo: "ellos saben lo que hacen y de todos modos lo hacen". Diógenes, el cínico frente al poder. Anecdotario. ¿Qué es ser cínico? El quinismo de la Antigüedad.  La lectura de Peter Sloterdijk sobre el cinismo, parte I. ¿En qué creen los cínicos? La distancia como condición del cinismo contemporáneo

Extracción de elementos en un film: 
 Gracias por fumar (2005) de Jason Reitman

El cínico contemporáneo



Batman el caballero de la noche (2008) de Christopher Nolan.

La imagen del terrorista cínico desde el 11/S



Identificación de personajes. ¿Qué problema plantea cada personaje? El idealista Harvey Dent frente al cínico Bruce Wayne. ¿Es necesaria la distancia del cínico también para la creatividad? Resignación frente a creatividad. 

Cierre III 


CUARTA SESIÓN


Prólogo 
Repaso general de las ideas presentadas. El arte de construir un problema en filosofía. Relaciones con otras disciplinas en humanidades.


Materia 
Las ideas-parásito. Ideas y creencias. La distancia frente a las creencias. La postura de Slavoj Zizek sobre las creencias descafeinadas. 


Proyección de imágenes de un film:

 Inception (2011) de Chistopher Nolan. 



El cine como ejercicio de escritura de un ensayo. La construcción de personajes en cine. Relaciones entre Inception, Matrix y The Truman Show. La existencia de personajes conceptuales en filosofía. Diferencia entre idea-parásito y concepto. El mundo de los sueños de Inception frente al mito de la caverna de Platón. 

Inception, la verdadera secuela de Matrix. Cinismo: la distancia que permite soportar la realidad. La lectura de Peter Sloterdijk sobre el cinismo. Parte II .Morfeus el quínico. 


El virus de las ideas parásito en la percepción del 9/11. 

La filosofía es, por excelencia, la disciplina que extirpa las ideas parásito. Rememoración final: Sócrates el partero. 

Notas para un comunicador.

Cierre IV 


viernes, 11 de abril de 2014

ENTREVISTA: "LUIS DIEGO FERNÁNDEZ, UN NUEVO HILADOR DEL LIBERTARISMO"



Imagen cortesía de LDF


Por: Jorge Luna Ortuño

Luis Diego Fernández (Buenos Aires, 1976) es un prolífico y joven valor de la escena cultural y editorial argentina. Titulado en filosofía en la UBA, se reivindica antes como ensayista. Ha publicado los libros Furia y clase (2009), Hedonismo libertario (2013) y Los nuevos rebeldes (2013). Su blog LOUNGE en el internet es su mejor carta de presentación. Su proyecto filosófico sigue con pasión la línea de otro contemporáneo, Michel Onfray, que reivindica un hedonismo como trabajo sobre sí mismo. Nueva Crónica y buen gobierno propuso una conversación en líneas generales que se hizo más concreta por la claridad de sus posiciones. La entrevista aparecerá prontamente en la versión impresa de la revista quincenal. 

¿Qué es para ti, en última instancia, el acto de leer?
Leer es quizá la actividad más constante que hago desde la infancia. Se puede leer de muchas maneras, de todos modos en mi caso la lectura casi siempre está asociada al acto de estudiar. Más que leer, estudio, y no es lo mismo. Uno cuando estudia, relee, se pelea con el autor, marca el libro, lo subraya, disiente, se sorprende, se enoja, toma notas y apuntes. En definitiva, se trata de asimilar conocimiento o conceptos nuevos. Incluso cuando leo ficción (cada vez menos) también lo hago estudiando la mecánica del argumento, los personajes como ideas, etc. Leer para mí es acto de placer intelectual pero sobre todo es un trabajo.

¿Te has propuesto a ti mismo la práctica de la filosofía como una creación de conceptos o como una esquematización de tradiciones?
Quizá sea un poco forzado ponerlo en ese sentido de opción excluyente. Antes que filósofo soy escritor, ensayista. Mi pasión y trabajo es la escritura, sucede que escribo ensayos donde la filosofía es la pata central por mi formación y es el corazón de mi visión de mundo y mi acercamiento a diferentes objetos. Hablar de creación de conceptos como decía Deleuze me parece un poco pedante y megalómano. Considero que recién estoy comenzando, tengo 38 años y para un escritor es nada. No fundé ningún concepto e incluso tampoco sé exactamente a qué se refiere Deleuze cuando dice eso de Descartes o Nietzsche. Uno puede tener ideas, algo más modesto, y ver como esas ideas encarnan algo nuevo pero siempre en diálogo con otras filosofías.

   Respecto de “esquematizar tradiciones”, sí, podría decir que me interesan los linajes y las genealogías entre autores. En ese sentido, sí, me gusta realizar conexiones o cánones de tradiciones de pensamiento o estética que me interpelan; en mi caso puntual son dos: el hedonismo y la tradición libertaria. En esas esferas me gusta aglutinar familias de parentesco.  Eso también opera como un orden para poder pensar mejor, dar clases, exponer, ser claro. Creo que me acerco más a eso. Mi “creación” en todo caso está más en mi escritura, en como digo las cosas o en las interrelaciones que genero con temas más excéntricos como los vinos, el dandismo, la pornografía o el rock, que para mí son efectos colaterales del linaje hedonista y libertario.

Tomás Abraham suele decir que no se estudia filosofía para ser “mejor persona”, y da el ejemplo de varios filósofos como Shopenhauer, Kierkiegaard, Nietzsche, Heidegger, etc., en el sentido de que no eran excelentes personas. Por otra parte, existe desde los griegos un trabajo dedicado a la construcción de uno mismo que debía repercutir en un ser más desarrollado, más comprensivo... ¿Cómo conciliar ambas posiciones, a fin de evitar que la filosofía se reduzca a una terapia para vivir mejor, tema tan en boga de la actualidad?
Coincido con Tomás: no necesariamente la filosofía forja mejores personas. Esos ejemplos son claros. Creo que el malentendido está en leer cuestiones como “arte de vivir” o “gobierno de sí” como si fueran recetarios o manuales. Eso no existe y la filosofía nunca se lo propuso. La filosofía es interpelación desde Sócrates. Lo que sí existe muy claramente es la cuestión de la ascesis filosófica en escuelas como los estoicos, los epicúreos o los cínicos. Eso es lo que a mí me interesa y que rescata el último Michel Foucault.

Además de las herramientas que un blog ofrece para publicitar el propio trabajo, ¿cuáles son para ti sus puntos positivos y negativos en cuanto a los hábitos de escritura que promueve?
Yo ya hace años que no escribo más para mi blog. Lo hice al comienzo (2005, 2006) pero ya publico en editoriales independientes o grupos multinacionales, y en medios de Argentina, España o América Latina. Mi blog ahora funciona tipo website: allí cuelgo todo los textos que publico en medios y lo uso para comunicar mis actividades docentes y culturales. No sé si hay hábitos negativos o positivos, para mi es exactamente igual publicar en un blog, escribir un artículo para un diario de gran tirada o un libro. Es la misma lógica y mecánica.

¿Cuál es para ti la imagen de una vacación ideal?
Me gustan las ciudades, soy urbano, soy porteño. Cuando puedo suelo viajar a Estados Unidos, me gusta la costa oeste (San Francisco y Los Angeles) y New York (luego de Buenos Aires es la ciudad que más conozco). Lo ideal para mi es caminar por ciudades, que haya librerías, cafés, cines, movida nocturna. Me gusta nutrirme de lo nuevo.

¿Eres hincha de algún equipo de fútbol? ¿Cuál?
De ninguno, no me interesa el fútbol.

¿Cuáles son los tres libros de filosofía que te llevarías contigo si tuvieras que recluirte un año en una isla?
Radiografía de la Pampa de Ezequiel Martínez Estrada, Historia de la sexualidad de Michel Foucault y Política del rebelde de Michel Onfray.

En Bolivia depender de la propia gestión para tener laburo es difícil, suele ser muy inestable. ¿Existen en Argentina algún tipo de estímulos para el trabajo de los free lance? Esto en referencia a tu postura respecto del trabajo y el grado de libertad que se deriva de ese tipo de relación laboral.
Acá en Argentina también es muy complejo poder depender económicamente del trabajo autogestivo y freelance y más todavía en la esfera cultural o editorial. Creo que cada caso es un mundo, particularmente yo trabajé diez años en relación de dependencia (en la industria editorial) y siempre busqué mayor libertad para poder dedicarme a dar clases, y escribir, que es lo que siempre quise. Hace cuatro años vivo de manera completamente independiente a través de varias actividades: mis clases en mi Escuela de Filosofía, seminarios en otras instituciones, periodismo cultural, mis libros y actividades editoriales. Se puede hacer pero requiere de mucha disciplina y fuerza de voluntad así como de capacidad emprendedora e inventiva. Yo no tengo ni solicité nunca ningún subsidio ni beca estatal ni privada. Ni sé cómo se hace. No soy ejemplo de nada ni digo que sea bueno o malo, sólo que en mi caso particular me sale así y me gusta vivir así. Más allá que mi visión de mundo es libertaria y trato de ser consecuente entre mis acciones y mi discurso, uno siempre está en contacto con lo institucional estatal o privado, yo realizo trabajos puntuales pero sin formar parte de esas estructuras. Es un modo de vida que no implica hacer cualquier cosa, sino todo lo opuesto, tener muy claro hacia donde se va. La inestabilidad laboral está presente como también lo está en otros trabajos como la actuación, el teatro, las actividades artísticas en general, pero también si uno trabaja en una empresa está el riesgo permanente de ser despedido. Salvo se tenga herencia familiar (no es mi caso) y se rechace ser un funcionario público (tampoco me interesa ese condicionamiento ideológico) es la única forma que encuentro para generar mis ingresos: ser un trabajador autónomo.

La última. ¿Placer o deseo? ¿Por qué?

No sé puede elegir. El deseo es el motor, es el creador de la realidad. El placer es una consecuencia, es un acto concreto. Los dos son vectores centrales de mi vida y estimo que de la vida sana de cualquier persona que busque la felicidad en este mundo. 

jueves, 6 de febrero de 2014

MICHEL ONFRAY, PRESENCIA CERTERA



Por: Jorge Luna Ortuño

Hay algunos en el panorama teórico actual que ven con muy malos ojos a los intelectuales que aparecen con demasiada frecuencia en los medios, peor si es la televisión siendo entrevistados. Michel Onfray, filósofo francés, responde con sarcasmo: "también existen los intelectuales que se quejan porque nadie los invita a un programa y sus libros no los leen más que sus amigos en la academia y colegas, también existe eso, yo elijo a qué programas quiero ir, no acepto cualquier invitación, eso no está tan mal". 

Onfray, que a sus 28 años sufrió un paro cardíaco, nos ofrece una especie de filosofía novelada, aunque él no la presenta así ni tiene necesidad de hacerlo. Escribiendo sobre el Jardín de Epicuro como modelo para la Universidad Popular -que fundó el 2002 junto a sus amigos colegas en Caen-, utiliza el denominativo de personaje conceptual. Así es, el Jardín aludido funcionaría como una especie de personaje conceptual en sí mismo, siguiendo la propuesta de Deleuze y Guattari en Qué es la filosofía. Sería una "oportunidad de filosofía y de filosofar", "una casa destinada a la idea". Así Onfray avanza y nos hechiza, conjuga la capacidad de entusiasmarnos con un estilo vigoroso y de escasas citas, su prosa es encendida, no se contiene, dispara por ráfagas, párrafos cortos, y de vez en cuando se da tiempo para abundar en el uso de adjetivos y descripciones sensoriales. 

Sus libros son best sellers, al menos algunos de ellos, tiene publicados más de 50 y cuenta menos de 55 años. No es un cínico como lo era Diógenes de Sinope, ni es un escéptico como lo fue Pirrón, y tiene especial afecto por Epicuro. Sin ser como ellos, logra un impacto demoledor, llama la atención y es leído por públicos muy amplios. ¿Cómo? No es un gurú de autoayuda, no no, pero entra en ese circuito que tan bien aprovechan las multinacionales como las marcas de ropa americana, que mediante sus productos invitan a la individualidad, a la originalidad, a la rebeldía, a cierta construcción de uno mismo, liberalismo democrático mal entendido. Onfray utiliza la filosofía para contradecir en ese circuito. Entiende que la filosofía de la época helenística se preocupaba por teorizar en función de efectos prácticos para la vida, que tiene conexión todavía con las preocupaciones actuales de la gente en Europa. Robert Kiyosaki logra un éxito editorial con su serie de libros "Padre Rico Padre Pobre", porque cuenta su historia mientras enseña nociones de economía con la promesa de que te ayudará a volverte financieramente independiente. Jurgen Habermas en cambio escribió un libro junto al penúltimo Papa, sabemos que le interesan temas relacionados con la comunicación, pero vaya a saber cuál es el público que lo lee. Michel Onfray se destaca en este campo, sabe ventilar sus ideas, sabe construir sus canoas para decorar el envoltorio, y ofrece algo que cultiva a los que lo leen, o lo van a escuchar en sus clases magistrales en la Universidad Popular. 

Pero habíamos dicho que buena parte de su propuesta consiste en escribir una filosofía novelada. Entendemos aquí la novela de una manera muy simple: un género literario en el que se narran las peripecias de unos personajes. Onfray nos narra las peripecias de ciertos personajes dentro de la historia de la filosofía, por supuesto que en la página que escribe los héroes tienen que tener buenos tratos con la inmanencia. Para Onfray los buenos de la película son Epicuro, Demócrito, Nietzsche, Montaigne, Deleuze, entre los que más rescata y utiliza como "filósofos de cabecera". El gran villano en su novela siempre es Platón, a quien no le tiene la menor misericordia; ocasionalmente Kant y Descartes juegan también ese papel poco honroso. El personaje del malo en Onfray es bastante plano, no tiene matices, no se permite el mínimo grado de admiración, o los quiere o los odia por completo, no admite medias tintas. De modo que su villano es siempre un personaje plano, muy cercano a esos villanos truchos que se encuentran en una película de acción de clase B. Ahora, si se trata de un uso adecuado de lo que es un personaje conceptual, lo que hará Onfray, pese a la dureza de sus palabras, no será decirnos que le cae mal Platón, o que tiene casi un problema personal con él. Lo que pasa es que en la construcción teórica de su plano, el que cumple el rol de frontera, aquel que devuelve todo a la cochina trascendencia, es Platón, porque la misma historiografía oficial se ha encargado de ponerlo en ese lugar referencial. Es una cuestión de ser consecuente en su forma de ver las cosas. El personaje cercano es un amigo del concepto, ayuda a rayar los vértices del problema al que remite, y al mismo tiempo existe el otro, que Deleuze llama el personaje antipático, el que señala los peligros propios del plano, las malas percepciones, las distorsiones, aquello que invoca un carácter repulsivo, y que sin embargo es también parte de la trama del plano que se está construyendo. El gran antipático para la generación precedente en Francia, conocida por algunos como los posestructuralistas, había sido Hegel con su dialéctica devoradora. En la lectura de Onfray parece darse por sentado que la batalla contra el idealista Hegel ya fue superada por sus antecesores. Foucault, Lyotard y Deleuze, principalmente, prolongando el proyecto nietzscheano, ya lograron cavar una serie de salidas para el pensamiento filosófico frente a la hegemonía que ostentaba el autor de La ciencia de la lógica. Pero necesitaban de esa inercia en contra para dar vida a sus proyectos, y lo mismo pasa con Platón en la construcción de una Contrahistoria de la filosofía, la colección de más de 10 tomos que Onfray viene trabajando como sostén teórico de la Universidad Popular. De modo que Onfray concentra el furibundo poder de su pluma para descargarlo contra Platón y su edificio teórico desde distintos ángulos; avanza en bloque, sentando bases para una erótica, una dietética, una ética y una política. 


Curiosamente, no es muy fácil toparse con lectores interesantes de la obra de Onfray: o lo leen para responderle, cayendo en el juego, o lo leen para seguirlo de manera fanática. Sin embargo, Luis Diego Fernández, filósofo argentino radicado en Buenos Aires, es el caso privilegiado de un lector cómplice. Él nos hace notar con acierto que "Onfray no es un gran creador de conceptos, como sí lo era Deleuze, pero en cambio es un gran sistematizador de tradiciones". Esto es muy interesante porque existen una serie de filósofos interesantes a los cuales la definición de D-G no les acomoda. Por ejemplo, sin ir muy lejos geográficamente, a Tomás Abraham; el rumano-argentino no es un aficionado a la creación de conceptos, él prefiere hablar de ideas y no complicarse la vida. Pero vaya que Abraham es una compañía invaluable a la hora de ponerse el casco y lanzarse a los campos de follaje verde de la filosofía, y teniéndolo cerca como guía y mano amiga. En este sentido, Onfray funciona de una manera parecida, es un hacedor de brújulas. No se propone crear, no es un innovador. Se autodenomina como hedonista, nietzscheano de izquierda, pero me parece que es, ante todo, un ecléctico, reivindica aquella corriente poco retomada de la época helenística. ¿En qué sentido? Porque elige y selecciona lo mejor, pero no lo mejor en sí, sino lo mejor para su proyecto, lo que le permite avanzar en su propio proyecto. Esto requiere que él tenga muy claras las cosas, y las tiene, por ello otra característica que Luis Diego Fernández también resalta en su corpus filosófico, y es la coherencia. 


La primera tarea, por tanto, es cartografiar estos territorios. Enseñar a practicar relevos, identificar los pasajes, anotar los callejones sin salida. Aquí se subraya el obstáculo, el imposible flujo; allá se descubre la línea de paso. [...] Así, la filosofía se enseña a la manera de como se hace un mapa. Luego se entrega una brújula y se invita a cada uno a dibujar su ruta, a inventar su propio camino. 
 (Michel Onfray, La comunidad filosófica, p. 117. Gedisa editorial. 


Volvamos a la imagen de Onfray como "sistematizador de tradiciones". Su trabajo consiste en extraer y conectar, uniendo cabos para dar una figura de mosaico, donde teorías filosóficas que mantienen una amistad silenciosa por su vocación afín se pueden finalmente encontrar juntas. Por ejemplo, en Las sabidurías de la antiguedad, la manera en que raya un territorio y pone juntos a los filósofos hedonistas que deben ser recuperados para su mundo no canónico. Se trata de una radicalización de una intuición que ya se hallaba en el trabajo de Gilles Deleuze. Si uno lee las palabras de Deleuze en libros como Diálogos o Conversaciones -ideales para aprender a leerlo- se verá que él ya se refería a la existencia de un linaje subterráneo dentro de la historia de la filosofía, una especie de linaje lateral, contracultural, marginal si se quiere, donde colocaba a Lucrecio,  Duns d´Scotto, Bergson, Spinoza... Sentía que había una especie de conexión eléctrica entre ellos. En su obra se hallaron los vínculos para entender esa secreta filiación. 

En el caso de Onfray el trabajo de hacer esas filiaciones se efectúa sin la misma profundidad. Su caso no es el de una ballena que se interna en lo más hondo de los mares, más bien se trata de un pez saltarín que no puede estar quieto ni a gusto demasiado tiempo en un solo lugar, vive de la variación, de la velocidad, de la producción obsesiva. Escribe como máquina, un flujo de escritura con vida propia -como atestigua después de su infarto- apenas pasa los cincuenta años y ya tiene algo así como sesenta títulos publicados. Es una barbaridad, es como si Onfray no se limitara a meterse al baño con un libro para leerlo, ¡él prefiere meterse con su computadora portátil para escribir!. Dejando la broma de lado, lo cierto es que una deficiencia de la publicación frecuente se nota cuando un escritor escribe más de lo que lee. Onfray es prolijo y exitoso editorialmente, pero esto nos deja dudas. Existe muchísimo que leer, posturas nuevas, reactivaciones, giros interesantes, trabajos que ya han sido hechos por otros. A Onfray parece no importarle si se repite, tiene un coraje de producir que por otra parte es notable. Juega según sus reglas, es un egoísta en más de un sentido, pero también habla del contrato hedonista, "gozar y hacer gozar al otro". Me resulta algo chocante su manía de encontrar siempre alguien contra quien estrellarse para poder dar rienda suelta a su admiración por el otro bando. Cuando escribe su libro sobre Camus tiene demasiada necesidad de denigrar a Sartre, de hacerlo papilla de algún modo, o de vengar las duras palabras que éste le había dedicado al argelino en una correspondencia muy agitada. Sartre le había dicho a Camus, entre otras cosas, que sus lecturas de filósofos no eran de primera mano, que su lectura era débil, que no había entendido a Hegel, que era un filósofo clase B... Onfray responde con malicia lo que Camus prefirió callar en su momento. Según él sólo se limita a exponer los hechos, poniendo al descubierto una incongruencia política que pocos supieron perdonarle al autor de El ser y la nada. Entonces, y ya finalizando, lo que choca en Onfray es su gusto por la polémica, por las palabras subidas de tono, su necesidad de ahondar en detalles de la vida privada, de cómo vivía tal o cual, descartarlo, hacerlo quedar mal, y luego comenzar a afirmar su propia vena productiva. En este sentido se puede decir que Onfray esboza un antirelato radical. No es "contra", es "anti". La diferencia es grande, la contracultura por ejemplo en los 60 no se definía como algo opuesto, sino como una compensación, "contra" era más algo así como equilibrar del otro lado, compensar. Pero Onfray es anti, y es el filósofo anti-Platón, sin la menor pena. Reduce toda crítica posible a su propia altura, no se toma el tiempo de encontrar algo admirable en aquellos con los que no está de acuerdo. Es amigo de las simplificaciones, mejor evitar los rodeos antes que dar oportunidades. ¿Será correcto decir que Onfray escribe a veces con el hígado, que es un escritor algo visceral? 

No importa. Nosotros a la vez podemos también ejercer el eclecticismo al leerlo. Hay mucho para tomar de Onfray, hay líneas de intersección en las que se puede trabajar a su lado, o al menos con la sensación de su enfoque. Destaco sobre todo su reivindicación, muy justa, al saber poner una distancia entre los temas y los tratamientos filosóficos. No es ya lo que caracteriza a la filosofía el objeto del que se ocupa; antes bien, lo que garantiza su singularidad son los procedimientos que pone en marcha, la manera de leer, de abordar sus temas. No es que lo haya dicho antes, pero le ha insuflado una energía desbordante a esa posición, y esto origina nuevos campos de trabajo, como por ejemplo, lo que denomina la "gastrosofía". 

viernes, 10 de mayo de 2013

II Encuentro de Arte con Roberto Valcárcel - Santa Cruz de la Sierra




Ayer en la noche, jueves 9 de mayo, asistí con mi cumpa a la charla que organizó y ofreció Roberto Valcárcel (en adelante R.V.), el reconocido artista cruceño. Pactado para las 7, el encuentro comenzó con algún retraso, pero todo se llevó adelante dentro del ambiente idóneo que se requiere para sustraerse y empezar a forjar ideas sobre lo que se expone. La invitación rezaba que se posibilitarían conocimiento de las obras de Tito Kuramoto y Herminio Pedraza, de la colección permanente del Museo de Arte Contemporáneo. Roberto nos aclaró que quería usarlas como disparador para referirse a las relaciones con el arte, no ya las de los especialistas, ni museólogos ni críticos o curadores, sino de individuos que quieren crecer y cultivarse. Invitación a la charla


Inicio

Cuadro de Tito Kuramoto que fue interpretado en la charla

Comienza Roberto dejando clarísima la posición en la que quisiera que lo sigan. Es el marco de la charla: "Hay que eliminar la presentación del arte como rito, como algo repetitivo". Esto resulta prometedor de entrada. Lo que busca Valcárcel es invitar a una renovación de las relaciones del espectador con la obra de arte. Entonces continúa: el arte debe servirte para cambiar algo en tu vida, de hecho, puede cambiar tu vida. ¿Si no buscas eso qué haces aquí? - pregunta a los presentes. Esto sucederá de manera gradual, desde luego, subrayará más adelante. 



Para R.V., el objeto artístico es un objeto muerto. No se le puede achacar ninguna responsabilidad de lo que pase o no pase. Compartimos aquello de que no se puede pedirle todo a la obra, ni a un libro ni a un album de música; depende mucho de cuán dispuesto está el individuo a relacionarse, en qué posición de su vida se encuentra, su actualidad. El cuadro es siempre actual, porque hace removerse algo en contacto con nuestra actualidad. 



Breve crítica
Pero R. es extremo, no le toma importancia alguna al poder del artista, no considera la influencia, en la ecuación general, de las capacidades persuasivas o tendenciosas del lenguaje de la obra pictórica. 

Cabe apuntar aquí, que su visión de arte, la manera en que piensa difundir una visión, está todavía enmarcada dentro de la vieja idea de que arte es algo que se expone en un espacio aceptado, y los receptores deben asistir al lugar para interactuar con eso que se exhibe. Por tanto, está lejos de coincidir con las propuestas que Reinaldo Laddaga comparte en su maravilloso libro Estéticas emergentes (2006). Laddaga se interesa ahí por el arte considerado como proyecto, que asocia desde su misma producción tanto a artistas como no artistas, o miembros de una porción de comunidad, y sirven en su presentación como intervenciones en el espacio público. No suceden necesariamente en un museo, se definen como artísticas por la participación que convocan y el efecto que producen. 

Esta es la base de la leve crítica que se puede esbozar a la propuesta teórica de R.V.: Se propone como liberadora, quiere arrasar con todas las ideas convencionales. Pero todavía respeta las instituciones que funcionan como legitimadoras de las obras de arte ante las personas comunes y corrientes que rumbean sus vidas por otras aguas. Para empezar, su charla se hace en las instalaciones del Museo de Arte Contemporáneo (abordando obras de su colección permanente), por tanto no se va contra las instituciones del sistema de arte; tampoco discute la idea de dónde se debe exponer una obra para que sea tomada en cuenta como artística. Todavía parte del museo como lugar privilegiado. Tal vez también una galería, si está dispuesta a organizar una de estas charlas. Ahora, no decimos que se deba a un carácter oportunista del conferenciante,  lo que decimos es que no asume todas las implicaciones de su teoría, no la lleva hasta las últimas consecuencias, pues si se trata de eliminar los intermediarios entre la obra y el perceptor, ¿por qué todavía creemos en los criterios del Museo? Ellos la exponen en su espacio como afirmando que comprobaron ya del efecto "trastocador" de la obra, ¿y por ello asumen que los visitantes a las instalaciones deben considerarla obra de arte? Esto no queda claro.


Una obra de Valcárcel
Volvamos a citar las ideas que expuso en su charla. R.V. insiste en que la obra no  tiene responsabilidad alguna. "Es un signo polisémico que no tiene responsabilidad alguna". La responsabilidad está en cada uno, es decir, está en el lector. Me late que R.V. ante todo toma como tema el cultivo de las lecturas creativas. A este efecto, propone el arte como objeto ideal para tal propósito. El diría que leer creativamente es algo íntimamente relacionado con lo que es el arte mismo. Es el arte el que nos enseña que se puede leer creativamente los objetos culturales. Esto no es nada descabellado. Me cuestiono porque creo haber descubierto lo mismo desde la filosofía, sin embargo, no puedo desestimar que ese aprendizaje haya bebido de las aguas del arte, tradicional y/o contemporáneo. 



R.V. dice que se trata de volcar las jerarquías. Devolverle toda la autoridad y libertad de lectura al lector. "Empoderarlo", usando un término de las nuevas tecnologías de la comunicación. No estoy seguro si haya que asumir una defensa, o plantearle el camino. Creo más en que los que desean la libertad la toman antes que pedirla. Uno asume su libertad, no es nadie quien te la concede. Tal vez, sea bueno recordarles que les corresponde asumirlo. Creo que es lo que se propone Roberto con la serie de charlas. 



La obra no puede comunicar, porque ha sido creada en un lenguaje no codificado. No se apoya en un lenguaje convencional de entendimiento con el que la observa. Es otra premisa de R.V. El lenguaje del artista es creativo. 



Comentario
¿Qué le queda al autor? Es autor porque crea, no por la firma. El autor sólo puede asumir su propio mundo y destilar en la obra algo que por necesidad quiere nacer. Si nosotros, desde afuera, nos comunicamos con ese mundo, con partes o esquinas de esa frazada, es una posibilidad de encuentro que no le quita ni agrega nada a la obra. La obra de arte parte de algo que la fuerza a ser expresada, y eso viene del creador. Lo cierto es que este fuerza no tiene por qué reducirse a una cuestión biográfica solitaria, no es una  isla la que habla; es una especie de archipiélago de soledad, donde otras soledades pueden conectarse. 

¿Quién sabe con certeza cuántos son los seres extraños con los que podría comulgar su mundo, pero no tuvieron la oportunidad de vivir en una misma región, ciudad, o incluso en un mismo tiempo? Muchas veces la percepción de un albañil que pasa por el lugar, la lectura de un niño, o de un alma danzarina que se cruza por nuestro camino sin mayor aviso, resulta ser más enriquecedora que la de un especialista o crítico erudito en la historia del arte. (O de la literatura o de la filosofía...). 



Hay que ser muy libre y hábil para poder meterse en las camisas del conocimiento especializado, y después poder salir de todos modos para exhalar una brisa de frescura en lo que se piensa y se observa con amor. 



Entonces, el autor de un cuadro deja algo de su experiencia en el cuadro; dado que confluyen no sólo lo consciente, sino lo que habita en su inconsciente, es difícil que se pueda creer completamente premeditado cualquier acto de creación. En adelante, lo que cabe es ver qué puede hacer el que observa con el cuadro. ¿Cómo se puede apropiar de él?



Para R.V. el pintor no hace otra cosa que generar estímulos visuales con su obra. Y sentencia: "Me importa un comino lo que haya querido decir Erminio Pedraza con su cuadro, y lo digo con todo respeto a mi colega". Pero ¿no habría que al menos agradecer a un artista por ser mejor estimulador que otro? ¿Y acaso uno no toma cierto afecto por esos guías que nos estimulan siempre a ir más allá?

Si este tipo me estimula creativamente en tal forma, en algún punto seguramente me interesará saber qué quiso decir. Es sólo una impresión, en el inicio de este iniciativa de Roberto Valcárcel que merece ser aplaudida. Hacen falta más de éste tipo.


[Continuará...]


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