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domingo, 23 de septiembre de 2018

EL JOKER ACECHA A HARVEY DENT: UFC 229 McGREGOR HA VUELTO



Conor McGregor es una fiesta, un caleidoscopio, un Joker, y también un motivo de estudio sobre las artes marciales, la mercadotecnia, la industria de los deportes de combate, la estrategia militar, la manipulación psicológica o las leyes de la atracción y el pensamiento positivo de la new age. Los especialistas de estas áreas y otras más se divierten produciendo videos en la plataforma youtube con una serie de análisis sobre las conductas y la filosofía del peleador irlandés. A estas alturas llamarlo peleador, o artista marcial, se antoja un desacierto reductivo, por confirnarlo en una categoría a la que sobrepasa, hasta convertirse en un ícono de la autoconfianza, de la mentalidad macho alfa, un fenómeno social por sí solo. Su presencia también resalta el carácter de parafernalia y de circo, cuna de divas, que ha adquirido el negocio de los deportes de combate en los últimos tiempos, especialmente el UFC, con ganancias millonarias por pagos de evento.




La última aparición pública de Conor McGregor sucedió en la conferencia de prensa del 20 de septiembre para el esperado UFC 229, en el que peleará por el título con Khabib Nurmagomedov, el implacable luchador ruso, invicto en 26 peleas de MMA, que no ha perdido nunca ni un round, y se ha consolidado como dueño del cinturón en las 155 libras. Conor McGregor vuelve encabronado por haber sido despojado de sus dos títulos consecutivamente debido a la inactividad en el octágono desde fines del 2016. 



La imagen del irlandés en esa épica y siniestra conferencia de prensa fue la de un Joker, no cualquier Jóker, más bien algo similar al que interpretó Heath Ledger en El Caballero de la Noche, aunque menos genial. El Jóker no está atado a una sola identidad, representa el caos, la ceguera de un caos que él controla perfectamente, y en su presencia se siente un inminente peligro que no se sabe bien por dónde puede reventar. También nos ha recordado a la versión más descarriada de Tony Montana, el Caracortada interpretado por Al Pacino, mezclado con algunos elementos de carisma psicodélico propios de Jim Morrison, el icónico solista de la banda The Doors. En suma, teatralidad, el montaje de un personaje y la lucha por dominar en el establecimiento de una línea narrativa.

Hasta entonces, la pregunta era cómo asumiría su papel Conor McGregor una vez que evitó salir a la luz y pronunciarse sobre su retorno desde hace tanto tiempo. Lo que hizo fue hacerse cargo de todo lo que se podía decir sobre él y el incidente con el bus. Pero lo más notorio fue la incomodidad de Conor en la conferencia de prensa, al menos por realizarse sin los fans, a puertas cerradas sólo para la prensa. Conor ha dejado claro desde su pelea con Nate Diaz su malestar por el tiempo que consume la promoción de sus peleas mientras la mayor parte del dinero se lo llevan los propietarios del UFC. Se ha revelado en desacuerdo fuertemente. A los peleadores sólo les pagan por entrar al octógono, por ello es que Conor creó "McGregor Promotions", además de la productora "The Mac Life", en la que comparte sus contenidos más primiciales y "reveladores", según sus propios términos. Desde que controla estos medios y se preserva de hacer muy escasa su presencia en los medios tradicionales, Conor ha podido también controlar la producción de la película llamada realidad, al punto de hacernos creer por unos momentos eternos que tenía realmente una chance de vencer en el cuadrilátero al invicto Floyd Mayweather. Pero no era así, nada de lo que anunció se cumplió y pocos le reclamaron que se hiciera cargo de sus ambiciosas afirmaciones. El tiempo pasó y ahora ha vuelto directo al escenario más esperado posible. 

Frente a Khabib, Conor venía retrasado en la construcción de la línea de historia. Durante el último año Khabib utilizó fuertemente el internet para interpelar a Conor, burlarse, desafiar y hacerlo ver como un rey en decadencia, que no defiende su título y que comete el ridículo de creerse un gángster, pero que le tiene miedo y no se atreve a citarlo para una pelea sin cámaras ni atención de media ni amigos alrededor. El escenario es improbable, Khabib tardó un poco más en digerirlo. Mientras, Conor McGregor estuvo trabajando en el ataque a los puntos de apoyo de Khabib. Uno de esos puntos fue el financiamiento que recibía el gimnasio de Khabib de parte de un empresario ruso, al que según Conor, se puso detrás de las rejas por cargos de extorsión en su propio país. "Ahora ya no tienes el dinero", le decía McGregor al ruso mofándose, y continuaba, "y yo soy el último clavo que se pondrá en tu ataúd". Conor mostró que quiere llevar el nivel de la confrontación a una atmósfera de aire insoportable, sin ningún sentido de honor, que ahogue a Khabib, quien sólo ha sido parte de la pelea estelar en una ocasión antes. Conor tira todo el peso que puede en los hombros de Khabib, desea hacerlo sentir acorralado, incómodo, amenazado, seriamente, y sobre todo deshonrado. Conor afirma cada cosa que dice como si realmente lo creyera. "Traidor, rata, soplón, falso", le gritaba en la conferencia en diversas oportunidades. Pero Khabib entiende la naturaleza del mal, las formas que tiene de encarnarse, y se limita a seguir los preceptos de su religión musulmana.

El inglés de Khabib no goza de un rico vocabulario, pero puede ser contundente y preciso en sus observaciones; el ruso también domina el arte de cortar la ruta directo hacia el objetivo primario, atacar directo al oro, pero lo que lo diferencia de Conor McGregor es la paciencia, él tiene toda la paciencia del mundo, porque confía en que las cosas se desenrollan de manera inevitable hacia un final esperado una vez que se ha dado los pasos correctos. "Step by step". El irlandés en cambio se consume en ansiedad, vive de la velocidad y el movimiento. "The fight business: you go in, you get rich and you go out". No existe aquello de que McGregor ama este deporte. McGregor lo ve como un negocio, y considera muy importante que sea uno el que se retire del deporte, y no el deporte el que lo retire a uno. Es un cruel juego del dinero, en el que los peleadores ponen todo en la línea, sobre todo su salud y bienestar. Conor no tenía que volver, no logró el trato que deseaba con el UFC como socio, y no le hacía falta el dinero (es lo que asegura), pero ha vuelto, ¿por qué ha vuelto? Y volvió contra uno de los peores rivales, de los más peligrosos que se pueda crear. No cabe duda de que algo lo forzaba. Conor está encontrando la manera de aceptarlo y de convertirlo en algo beneficioso. Pero es un niño malcriado y caprochoso, Dana White lo trata con respeto, deferencia, casi con temor a alguna reacción de bravuconería. Le han concedido que su marca de whiskey sea uno de los patrocinadores de la pelea. Cada vez más lejos el UFC de representar algo positivo para la imagen global de las artes marciales.


Conor McGregor es muy provocativo para escuchar, te llena de energía cuando necesitas salir a trotar, cuando necesitas insuflarte de valor y de orgullo para lidiar con tus propias batallas y adversarios. Escuchándolo en sus viejas entrevistas descubro sus dos motivaciones declaradas: la pasión por el movimiento y por el dinero. "Movement and money". Movimiento corporal en todas sus formas, dominio de la mente sobre el movimiento y la expresión del cuerpo, está realmente fascinado por aquello. Esto se traduce en su estilo de pelea, variado, dinámico, cambiante, creativo, arronjado, estético, plástico. Sus entrenamientos en la playa, haciendo movimientos de lagarto, o esquivando golpes junto a Ido Portal, nos recuerdan un poco a las imágenes míticas de Rickson Gracie conectándose con el flujo multidimensional del mar. Al mismo tiempo, se descubre a sí mismo una y otra vez como una máquina para hacer dinero. Dana White lo idolatra por eso. Es perfecto para los movimientos grandes y osados que el UFC quiere hacer. No tienen otra mejor carta que él. Ronda Rousey era la única que podía hacer sombra, pero Conor le mandó una indirecta que consumió a Ronda el 2015 en la conferencia de prensa UFC go big:  "veremos a fin de año quien tiene los números más grandes de la compañía". Ronda se fue directo después de ello hacia un trabajo que la exprimió en Australia con la atención mediática para ponerse en los hombros la responsabilidad de que se llenaran las taquillas. Ronda se hundió en el olvido después de ello. Conor aprendió lecciones de esa experiencia: cuando tu pierdes no pierde el UFC, sólo están contigo en caso de que ganes. La casa nunca pierde, la casa está con el que gane, casi siempre, salvo si se trata de campeones aburridos, que no representan los valores osados e hipermasculinos de la compañía, como era el caso del somnoliento Tyron Woodley. "El campeón debe hacer movimientos poderosos de pelea a pelea", declara Floyd Mayweather al recordar su carrera como campeón en cinco categorías de peso. McGregor ha estado haciendo eso, y aceptar la pelea con Khabib no hace nada más que mantenerlo en el centro de atención, por el riesgo que conlleva, tiene mucho más que perder. 

Tememos algunos fans que se pueda dar una pelea accidentada, dura de ver, sangrienta, con lesiones o puntos de ruptura, pero sobretodo se teme por Conor, no tanto por Khabib. El ruso quiere cambiarle el rostro a McGregor. "By changing his face I can change his mentality too", declaró poco después de que se conociera que la pelea se realizaría. Si se trata de visualizar y de adelantar lo que ha de pasar, el ruso parece tenerlo más claro: I am gonna smash your boy. I am gonna make him humble. I am gonna ply with him after getting him tired. I am gonna talk to him and teach him respect". Es claro y conciso. Mientras que Conor ya no ha querido hacer las veces de Mistic Mac. Peleará lo que tome la pelea, pero cree que en el primer round puede acabarse noqueándolo. Sobre todo se concentró en hacerle saber al ruso que está listo para una larga noche, que no le teme en absoluto, que lo espera y está preparado. 

No cabía duda de que se trataba de otro Conor McGregor. En estrategia militar cuentan que existe una gran diferencia cuando tu acechas a alguien y lo esperas pacientemente o lo persigues hasta acorralarlo, respecto de otra figura, que consiste en entrar en un territorio donde te esperan, donde el acechado eres tú y tu estrategia debe pasar por descifrar los posibles campos minados. Conor llegaba a esta pelea en esa segunda posición, pero de manera magistral tomó la delantera en iniciativa, se convirtió nuevamente en el cazador, a costa de asumirse como el tipo cuestionable moralmente de la película, una fuerza bruta e incontrolable. Nietzsche tendría algunas cosas que decir sobre este irlandés de película, que se reinventa y sabe retornar con una sorpresa siempre al siguiente nivel. Nadie se esperaba lo que hizo. Era un Conor menos elegante y menos afilado, tenía muchos frentes que cubrir, y la meta principal de su mensaje parecía ser más rudimentaria. Lo que dejó claro es que él controla la escena, es el dueño y señor, el que se comporta como el centro del cirrco. Y su mensaje fue girar lo ocurrido con el tema del ataque al bus; hizo aparecer a Khabib como un cobarde, y dejó en claro que no tenía armas cuando fue a afrontarlo. Esos sucesos afectaron el rendimiento de Khabib en la pelea por el título, pues aunque venció por decisión unánime, se lo vio un poco más desordenado, vulnerable en la pelea de pie y disperso. Conor quiere ponerlo en ese estado de mente, lo está controlando todo el proceso, y es mejor para él mientras más logre reducir la capacidad real de ejecución de Khabib. 

Hay algo oscuro detrás de esta pelea, algo que no terminamos de saber, pero que se podía masticar en la atmósfera, incluso al ser testigo sólo por un video de youtube: se siente el aire de peligrosidad, como si se estuviera jugando en un nivel en el que ya no se puede jugar y el fuego puede quemar toda la casa. Conor McGregor se hace responsable por instalar un aire de animosidad muy elevado entre fans. Khabib juega claramente el rol del hombre sensato, del artista marcial que todavía cree en las reglas y en hacer las cosas por el camino correcto o noble, siendo un ejemplo para los jóvenes. Sin embargo su postura ha sido curiosamente demasiado condescendiente con las locuras de Conor. Él fue quien habló de un problema personal, que esto no era como cualquier otra pelea, que le daría a Conor el trato de ganster que se merecía, etc. Khabib dijo muchas cosas que se metieron en la cabeza de Conor, lo hizo sentir que podría haber confrontación física en cualquier momento. Pero llegado el día de la conferencia, el ruso mostró estar dispuesto  dejar descansar los insultos previos, se mostró muy relacional y desconectado de la confrontación verbal, salvo en breves momentos. Khabib se me ha antojado ahora como el Fiscal Harvey Dent en El Caballero de la Noche, el que quiere ajusticiar al Jóker, pero termina siendo aniquilado y viendo cómo se rompen sus valores y se invierten hacia la noche más oscura. Conor es el Jóker. Conor sabe que en el UFC no son sus amigos, ni Dana White ni nadie, por ello no se muestra respetuoso en nada respecto de ese circo, y está peleando una batalla mucho más grande por ser parte del control en el negocio. Khabib ha sido el anzuelo que el UFC usó para establecer una pulseta de intereses y poder con McGregor. Por ahora no tiene todo lo que quiere, y el resultado de esta pelea debe llevarlo a ese siguiente paso en el que se siente lado a lado con los propietarios. No sabemos a dónde podría ir el UFC con una mente como la de McGregor llevando sus hilos; seguramente a un lugar disparatado, atrevido, inestable también, que se ponga cada vez más en la piel de los fans, pero también a una tierra desierta de decisiones no siempre defendibles. El hombre ha cortado los cables con la realidad cotidiana que todos estamos acostumbrados a ver y tomar como punto de partida. Hay un plan muy grande moviéndose por debajo de esta pelea, ya veremos qué pasa y cómo nos enteramos de los móviles y lo que se está discutiendo de fondo.    


Link de interés:



Phrases:

Do something about it, yeah, you are doing nothing!

Here you have my location, what you are going to do?

I am gonna tap your head on the canvas

You litle fan boy bitch

Don´t ever come after the king


domingo, 26 de agosto de 2018

EL ENIGMA CONOR MCGREGOR VS KHABIB NURMAGOMEDOV



Khabib vs McGregor es una de las peleas de MMA más atractivas para lo que queda del año. La mala sangre y la rivalidad personal que se ha construido entre estos dos peleadores le agrega un toque especial de interés y de morbo también a la pelea. Khabib viene declarando que su intención no es sólo vencer, sino que desea hacer humilde a Conor, desea cambiarle su estructura facial, con el ground and pound impecable que ejecuta en sus peleas. El ruso de Dagestan ha aplastado a sus rivales, tiene un récord invicto de 26-0 y su figura es un ejemplo como artista marcial y como guerrero. Si Khabib vence no sorprenderá y en ciertos términos sería lo más correcto. Khabib realmente quiere darle una lección, es personal dice él. "Si le cambio su rostro también le puedo cambiar su mentalidad". 

El autocontrol, la paciencia, la inteligencia, el conocimiento de la distribución del peso del cuerpo en todas las posiciones, son el tipo de armas que Khabib maneja con maestría. Es el tipo perfecto de ejemplar que nos recuerda a Ivan Drago en la película 4 de Rocky, parece invencible, está criado en un ambiente severo, de dura competencia y de presión constante para vencer las limitaciones que le planteaba su cuerpo, su naturaleza, su mentalidad. Es uno de esos hombres que se ha llevado a sí mismo muy lejos, sabe recorrer la extramilla, esa milla que es la patada final que Muhammad Ali reconocía en los campeones mundiales.

En cuanto a Conor McGregor, es difícil que tenga el mismo tipo de corazón y de resistencia a la adversidad. Conor necesita alimentar su confianza y tener un plan que le sirva para tener el control. Si los planes se caen él  también se cae. Floyd Mayweather nos mravilló durante largos años por la manera en que sabía cambiar su plan de pelea durante la pelea, por cómo lograba hacer uno, dos, hasta tres ajustes en su juego.  Era una mente pensante y tenía las herramientas para elegir otro tipo de aproximación en una pelea. Pero Conor no sabemos muy bien si tiene otro juego, puesto que es demasiado dominante en su forma de ser. lo que le interesa es ir directo al oro, es como Rickson Gracie, que no se distraía ni dispersaba, iba directo por "the kill move". Conor tiene su boleto al oro con su mano izquierda, todos lo saben. Lo que no se sabe siempre es cómo va a preparar el uso de su mano, cómo creará trampas, le abrirá un espacio o generará las reacciones que necesita. 

Khabib es un gran competidor, no irá a perder como lo hizo Aldo, por apresurarse con un golpe lleno de ira. Sin embargo, el riesgo de que lo conmuevan y lo lastiman sigue latente, puede suceder en el más mínimo cruce. Si Khabib juega una estrategia del tipo George Sant Pierre con Matt Serra, a quien debilitó en el forcejeo, lo mismo que al campeón hawaiano, obligándolo a defender el derribo contra la reja, es decir, cargando de peso y fatigando los hombros del oponente que es bueno para el boxeo, pues entonces tendrá una gran chance de llevarse la pelea en su mejor estilo, desluciendo al rival y hacéndolo desistir mentalmente.  

Parece que es casi imposible no llegar al suelo cuando peleas contra este ruso fenomenal. Conor tiene a su favor un estilo de pelea que privilegia el juego de pies, una herencia de los peleadores más estilizados de la historia de los deportes de combate. Muhammad Ali, Sugar Ray Leonard, Roy Jones Jr, o el mismo Anderson Silva, son una especie de ancestros, de referentes inmediatos. Conor pertenece a un linaje, y su choque con Floyd Mayweather, aún en la derrota, tiene que haberle enseñado mucho de la estrategia y mentalidad de ese monstruo ganador. Conor guarda silencio ahora sobre la pelea con Khabib, no existe videos ni información en internet que nos brinde un adelanto. No ha querido hacerse vocal en sus pensamientos sobre la pelea, ni siquiera existen imágenes de su actual régimen de entrenamiento. Su entorno es de discreción total, sospecho que se tomó todo este tiempo para atender un problema que identificó en su sistema: el cardio limitado. Con el estilo de movimiento que Conor tiene, pensar la dosificación es más difícil. Sus arremetidas son demasiado explosivas, Conor busca el cierre del combate desde el principio, espera que su agresividad descomunal, que su presión continua y su juego psicológico sea demasiado para el rival. Cuando no fue suficiente le costó mucho contra Nate Díaz. Queda la duda de si esto sucedió la cuestión del peso, que eran las 170 libras, donde Nate Diaz llevaba ventaja. Sin embargo ahora, en su enfrentamiento contra el ruso invicto, Conor peleará por el título de las 155 libras. 

Su movimiento de volver ahora directamente a pelear contra el campeón, en la categoría que lo vio coronarse como estrella mundial, es sin duda propio de un Don. Conor McGregor hace gala de su destilería de Wiskhy, pues tiene su propia marca que distribuye en paíse de Europa y Estados Unidos. Si lo tendría a mano lo compraría, sin duda. Porque lo que te hace sentir el wiskhy se relaciona mucho con aquello que proyecta McGregor: autoconfianza, decisiones de agallas, dominación, imposición de ciertos términos, determinación de una ruta clara. Cuando se toma wiskhy se activan hormonas masculinas, o se estimulan de alguna manera. Sale un mandón que no tiene miedo de irse de largo en sus juicios y sus valoraciones desmesuradas pero precisas hasta cierto punto. Sale Conor McGregor, que representa al modelo líder, el que tenía la llave para comprender el modelo y salirse de él, tirarle una patada en el culo y desarrollar sus propias inversiones, esperar a su tiempo. Desde octubre del 2016 que no veíamos a Conor en cartelera de MMA. Vuelve a lo Muhammad Alí, pero con mucho silencio, gastando seguramente millones en su campamento, aprovechando de cada punto de ventaja que pueda gozar sobre Khabib. 

Muhammad Alí retornó y luego peleó con Frazier para recuperar el cinturón que le habían quitado sin haberlo perdido. Es otra vez un bailarín contra un oso los que se enfrentan. Pero Alí no tenía poder en sus manos, ahí es donde lo superó Roy Jones Jr. Y McGregor es como una versión así de inalámbrica de Roy Jones para las MMA. Me recuerda a esta pelea ahora. Me preocupa que Conor no haya estado activo, y que vuelva para pelear con un campeón que ha estado activo y demoliendo a los que le ponían delante.

Por ahora se presume que el ruso debería normalmente ganar esta pelea. Khabib es George Foreman otra vez, una aplastadora temible. Alí logró ver que estaba sobrevalorado, era muy incómodo y predecible. Conor tendrá la ventaja en cuanto a flexibilidad, creatividad en el striking, manejo de ángulos, capacidad de contra, y movilidad. Conor debe además saber cómo sobrevivir en el suelo, cómo evitar caer en las trampas de oso y las inmovilizaciones de miembros que hace Khabib. Dan Hardy, notable comentarista, indica en el video que compartimos al principio que Conor sólo necesita poder pararse tres veces durante la pelea, para tener su chance de conectar un golpe decisivo estando arriba. Todo esto se verá el 6 de octubre en el #UFC229.    


lunes, 30 de diciembre de 2013

LA DERROTA DE ANDERSON SILVA




Desde los tiempos en que seguía las peleas de Roy Jones Jr, poco antes de que enfrentara a Tarver, no había guardado tantas expectativas respecto de una pelea como lo volví a sentir todos los días previos al pasado 28 de diciembre. Como muchos saben, era el día del choque revancha entre Anderson Silva y el sólido Chris Weidman, reciente campeón de los medianos en el UFC. Se enfrentaron en el MGM de Las Vegas, escenario oscuro y desafortunado para las memorias de la araña Silva. El resultado de la pelea ya todos los fans de MMA lo conocen, unos quedaron más atónitos que otros. 

La primera sensación que tuve al enterarme de la trágica noticia fue de cierto espanto, una especie de repulsión frente a lo que significa el mundo del peleador, a lo que uno se expone cuando elige entrenarse en esto. No lo veía solamente como un espectador, también como un artista marcial que se relaciona con mucho de lo que sucede ahí adentro en la jaula. 

Un día antes revisaba videos en youtube y me encontré un pequeño documental que hablaba de las condiciones precarias en las que instaló su campo de entrenamiento Chris Weidman por falta de apoyo económico. Esa era una muestra muy clara del hambre que tenía para ganar ese cinturón, y no simplemente ganarlo, sino sobre todo arrebatárselo a Anderson Silva, el campeón, a estas alturas una figura ya muy pública y expuesta. El puesto que ocupaba Anderson en el negocio no era el que más le sentaba, es decir, desde luego que deseaba ser el campeón, con toda esa aura de grandeza que le rodeaba, pero todo aquello que venía con su éxito no era ya de su agrado. Desde su pelea con Rich Franklin cuando ganó el cinturón en gran manera, lo vi con mayor admiración por la diferencia que hacía presentir su presencia en el octágono desde la misma forma de caminarlo y alistarse para el combate: lo que veíamos ahí era un artista marcial verdadero, que mostraba su devoción hacia el antiguo ritual del combate, inclinándose siempre con lentitud y gesto de respeto para la audiencia y para su oponente. Esa presencia mostraba un lado espiritual con el que pocos comulgaban en la bulliciosa y farandulera escena del UFC y del público norteamericano en general. Después de tocar guantes en el centro del octágono, Anderson retrocedía a su esquina abría los brazos y tomaba aire profundo, mirando hacia arriba, como asegurándose de estar conectado con las fuerzas divinas que merodean en la atmósfera, y sintiéndose preparado para afrontar todo lo que pudiera venir, dando lo mejor de su capacidad. Era un estado de relajación final antes de lanzarse a una situación que demandaba su máximo esfuerzo. Y así acabó con sus oponentes uno tras uno, granjeándose con el tiempo no sólo el respeto, además la admiración. Seis años invicto demoliendo a casi todos los desafiantes que se le cruzaron no es poca cosa, de hecho marcó récords en el UFC y en el mundo de la MMA en general. 

Pero en algún punto Anderson comenzó a perder su frialdad y su gesto de respeto por el combate en sí. Habiendo ganado todo de manera tan decisiva, se creyó por encima de todo, como era posible que le pase dado que lo hacía sentir un rey dentro de la gran burbuja construida a su alrededor por la misma gente que desea sacar todos los dividendos de este tipo de atención mediática y expectativa de los fans. Esto no es un secreto, Dana White es un hombre de negocios, probablemente una excelente opción si deseas que venda tu producto de manera masiva deberías contactarte con él, ver si le interesa, pero como persona no quisiera tenerlo cerca nunca, no creo que el contacto con las artes marciales le haya dado un suficiente sentido de integridad, pues su ética es la del negociante al que no le interesa nada más que sus negocios y maquillar apariencias. No es una casualidad que Anderson haya tenido sus roces con Dana desde el inicio, y que dejara ver cierta malagana respecto de las medidas que exigía el presidente del UFC, al que no le daba toda la atención que demanda. Anderson pertenecía a otro mundo, su experiencia peleando en Japón, en ese colosal Tokio Dome, donde no se escuchaba ni un alma entre los miles de espectadores mientras los peleadores están intercambiando golpes y técnicas, le proveyó de otro tipo de serenidad, de una manera de enfocar su mundo muy alejada de los valores que mueven la maquinaria de los grandes eventos norteamericanos. Pero llegó el desnivel, las subidas y bajadas en su carrera, como aquella pelea con Damien Maia, con el que terminó corriendo por el octógono de una manera poco elegante, mientras el público lo abucheaba ya fatigado por su despliegue ostentoso pero nada efectivo al final de cuentas; Anderson ganó aquella pelea por puntos, pero la sensación que dejaba era la de alguien que se sabe muy arriba de su rival, y de todos modos se mide, prefiriendo las payasadas y los ademanes burdos. Fueron los primeros campanasos de alerta.

Después encontró una prueba de fuego cuando llegó el turno de Sonnen, una de las noches más agitadas para la araña Silva en su carrera en el UFC; aquel triángulo salvador, ejecutado con perfecto sentido del momento, terminó redimiendo a Silva frente a su público, decepcionado hasta aquel quinto round, y nos dio nuevas pautas para admirarlo, pues su tenacidad y resistencia nos dejaba ver señales de su espíritu guerrero. En una pelea en la que había estado incómodo toda la noche terminó triunfando en base a mantenerse siempre con una chance dentro de la pelea, pura tenacidad y voluntad. Algunas peleas que tuvo después no fueron de las más competitivas, pero Anderson ya era visto como un dios en el mundo MMA. 

En el UFC 167 George St Pierre, el otro gigante histórico todavía en actividad en el octágono, anunciaba su retiro, al menos por una temporada indefinida, y aducía como razones la necesidad de alejarse de la presión que significaba mantenerse en la posición de campeón, con todo lo que significa estar dispuesto a exponerse para promocionar una pelea tras otra, aunque sea una o dos veces al año. El training camp para cada pelea hace que estos peleadores de élite pasen 6 a 7 meses lejos de sus hogares y familias, concentrados en idear un plan de pelea y ponerse al límite de sus posibilidades físicas y técnicas. Ser aquel al que todos tienen en la mira para derribar en busca del sitial privilegiado debe ser una sensación muy asfixiante a momentos. George se fue, necesitaba darle atención a problemas personales que no podía atender como debía si se mantenía dentro de la vorágine exigente que arma el UFC. Una muestra más de su inteligencia y su sentido de la oportunidad. 

Anderson Silva también se mostró cansado y falto de hambre cuando perdió en julio frente a Weidman. Sus razones parecían ser parecidas, le costaba mantenerse motivado para sostener toda la atención que conlleva ser un campeón de categoría del torneo más grande e importante de MMA en el mundo. Peleador, figura pública, patrocinador, promotor... y padre, esposo, amigo... Pero pese a su inteligencia y cierta independencia respecto de la atmósfera a la que es religiosamente devota cierta gente en el UFC, Anderson cometió el error de tomar una revancha que inicialmente había rechazado. La principal razón que podría haber llevado a Dana a apresurar esa revancha seguramente era la edad de Silva, 38 años no daban un marguen muy grande a futuro. Pero después de las declaraciones de Silva hablando de retiro inmediatamente después de aquella derrota, de confesar que se sentía quemado internamente, y deseaba quitarse todo el peso de encima por un tiempo, era muy difícil que pudiera centrarse y ponerse a sí mismo listo para asumir su mundo y estar dispuesto a exponerse nuevamente con sus cinco sentidos y su fuerza intacta. Sin embargo cambió de opinión, quien sabe en base a qué incentivos comerciales, y se puso en marcha para enfrentar nuevamente a Weidman. Pero era la decisión más riesgosa, porque tenía todas las desventajas. Hubiera sido muy beneficioso que Silva hiciera como George St Pierre hizo después de perder el cinturón frente a Matt Serra: se tomó un tiempo para reconstruirse, recuperar un momentun favorable, venciendo a un par de oponentes de muy buen calibre, y luego sí recién ganarse el lugar de contendor número 1. Así llegó completamente recargado y renovado a la pelea en Canadá donde apabulló a Serra ganando por detención del árbitro en el segundo round. Tal vez fue el día en que St Pierre lució más apabullante, dinámico y digno de su sobrenombre "Rush". 

Pero Anderson Silva cometió un error parecido al de su ídolo, Roy Jones Jr, quien tomó una revancha frente a Antonio Tarver que lo ponía en un lugar de mayor riesgo aún. En el caso de Weidman, el pasarse todo el año entrenando para enfrentarse a un mismo peleador le resultó un gran beneficio. Además él era poco conocido, y tenía todo lo que necesitaba saber de un personaje totalmente expuesto y estudiado como Silva. El mérito del norteamericano y su equipo fue el de desarrollar un plan perfecto de neutralización de las mejores armas de Anderson Silva, y luego de haberlo ejecutado perfectamente. Primero, la gran clave fue establecer una distancia de resguardo en la pelea en pie. Chris usó sus largos brazos y piernas para establecer una referencia de protección, que mantenía a Silva algo alejado, y al mismo tiempo alargaba sus dos brazos  como si quisiera confundir a Silva y hacerlo errar en su cálculo de la distancia. Así fue, en la primera pelea casi todos los golpes que lanzó conectaron en el rostro de la araña, que recibió un castigo innecesario. Sin embargo, experto como es, curtido en cien batallas, Anderson escuchó a su cuerpo, que le marcó el camino: debía mantener la pelea en pie, y a la media y larga distancia, ni siquiera en el clinch, si quería tener oportunidades de ganar la pelea. Weidman tenía la potencia de wrestling de Sonnen y Henderson, antiguos oponentes duros, pero además tenía la peligrosidad de Demien Maia a nivel de las sumisiones, y por si fuera poco, parecía una especie de Shogun Rua peleando en pie. En suma, era la combinación perfecta que Dana White había estado esperando por años para desbancar a ese odioso peleador brasileño que no hacía caso de todas sus reglas, y que no lo lisonjeaba como hubiera deseado. Dicho todo esto, calibrado muy rápidamente en el primer round por Silva, hizo lo que el cuerpo le pedía, mantenerse en pie, forzar la pelea en pie, apelando al recurso de ofender el amor propio del rival. Tal vez Silva hizo más payasadas que nunca en ese primer asalto en su primer encuentro, estaban diseñadas para que Weidman se expusiera, primero a ser contraatacado, y luego a encajar algún golpe que lo conmoviera. Pero la tendencia en la pelea a nivel de confianza y saber lo que estaba haciendo en la pelea siempre tuvo al frente a Weidman. Hay que admirar su solidez, su convicción mantenida, pues había dicho que desde el día uno sabía que podía vencer a Silva. Y si uno ve peleas anteriores de Silva, como aquella frente a Lee Murray en Londres, se da cuenta de que habían varias cosas que sus rivales no hacían bien. Una de esas cosas era mantener la distancia, convertirla en un terreno nuboso, que se modificaba constantemente. Por ejemplo, lanza un 1-2, pero con engaño, no con los pies clavados en el suelo, Weidman lo lanzó más a lo Floyd Mayweather, cuando lanza su right lead. Y así alcanzó la quijada de Silva, pero este todavía tenía toda la moral a su favor, no había sido derrotado nunca en ese octágono, así que mantenía sus manos abajo y le pedía que se acerque a Weidman para que siga lanzando golpes. A simple vista, era todo un despliegue de arrogancia, una falsa grandeza que sólo exhiben en esa manera los que no son verdaderamente grandes. Pero en el fondo Silva estaba preocupado, lo que hacía no era por arrogancia, sino porque era lo único que creía podía hacer para evitar todavía lo peor, y era ir al suelo con Weidman. Mientras, esperaba encontrar una debilidad, una entrada, para atacar a su feroz competidor. Pero se tomó demasiado tiempo, su error fue sobre todo la displicencia, no saber apretar a fondo para hacer también a su vez algún daño, y preocupar a Weidman, impedir que se sintiera cómodo en la pelea. 

Fueron al descanso. Silva gritaba desde su esquina pidiéndole que intercambien golpes, como diciéndole "no seas gallina, si eres macho peleame en los golpes arriba, sin miedo..., pues esa es la verdadera pelea...". Se portaba como si de repente no fuera un peleador de MMA, sólo un rudo thai boxer que quería ver quién era más duro y perverso. En esa su forma de actuar, quizá totalmente controlada, perdió en clase, en brillo, y toda su aura de artista marcial, que no está ahí para sucumbir a las demandas del show y el crudo negocio, se cayeron, o se terminaron de despintar, Silva parecía mostrar que le importaba más ganar esa pelea y el título antes que mantenerse fiel a una manera de conducirse y de poner adelante sus propios principios de guerrero respetuoso con el ritual del combate. Jon Jones opinaría después que los dioses de la guerra habían castigado a Silva por su actitud de burla y poco comprometida en la pelea aquella noche, y que le había costado caro. 

Comenzó el segundo round y Silva estaba fuera de sí, no había esa relajación que emanaba antes en su caminar por el ring completamente suelto, sintiéndose entrar en un estado de fluidez total. En lugar de ello todo lo que había en los ojos de Silva era la necesidad de mover a Weidman hacia donde quería que fuera, pero si él no aceptaba estaba perdido, y por ello insistía con tal elocuencia, de una manera casi irritable también para los espectadores. No se veía como un peleador serio, se acurrucaba totalmente en sus credenciales para poner ese circo adelante, pero él no estaba presente, no era él completamente confiado en sus capacidad actuales. Era una marioneta del momento, del lugar en el que lo había encontrado esa pelea, era su manera de lidiar con su caminar en la cuerda floja, presentía que podía perder todo ese glamour y esa aura en aquel día, y vaya que sus movimientos como cayendo a un lado eran la mejor interpretación de lo que le sucedía sin terminar de comprender lo que estaba por pasar. 

Silva dijo varias veces después de la pelea que su único error fue el de mantener sus pies paralelos para esquivar los golpes de Weidman. Pero no creo que haya sido ese el error. Fue más bien un acierto de Weidman, porque primero lanzó un gancho de izquierda, luego un cruzado de derecha, Silva ya había inclinado su columna hacia atrás un poco, luego, en lugar de encadenar un gancho de izquierda, lo cual tomaba más tiempo, volvió inmediatamente con su misma mano derecha marcando un back fist, al cual Silva reaccionó por puro reflejo inclinándose más atrás aún, pero quedando sin mayor margen, quedando listo para el verdadero golpe de Weidman que llegaba con toda la rotación del tronco, y acelerado por el momentum que había generado aquel back fist un segundo atrás. Así le ganaron a Silva, dentro del mejor plan de pelea que podría haber tenido. Quizá si se hubiera dedicado a atacar más que a esperar por el ataque de Weidman, las posibilidades de alargar esa pelea hubieran sido mejores para la araña. 

¿Y la fractura de su pierna en la revancha? Una consecuencia de la incomodidad con la que Weidman lo hizo pelear desde el primer momento. Primero por la distancia que impuso, pues pienso que normalmente la zona de impacto en la tibia de Silva hubiera sido un poco más arriba; pero dado que no podía acercarse con soltura, arriesgó una patada con potencia estando unos centímetros más atrás. Fue suficiente para que la zona más vulnerable de la tibia de su pierna izquierda, una zona apenas más arriba de su tobillo, impactara con la rodilla de Chris, desencadenando en aquella horrible imagen de la lesión. Fue también un mérito de Weidman, pues como él mismo precisó después, si vas con tanta fuerza a atacar a las piernas, corres el riesgo de lastimarte si el otro chequea ese golpe alzando su rodilla y apuntándola hacia el ángulo de entrada de tu pierna. Chris alzó su rodilla esperando que Silva se lastime, lo cual es en sí mismo una especie de golpe, una estrategia que forma parte del arsenal de los buenos peleadores en pie. Fue eficaz e inteligente, tenía demasiado descifrado el juego de Silva, que perdió en fluidez. Claro signo es que cuando uno ve las fotos del momento del choque, Weidman aparece cubriendo perfectamente el lado de su cabeza con su mano derecha, a tiempo que se curva hacia ese lado para que el codo del mismo brazo proteja todo el costado derecho de su cuerpo, hígado y costillas; sumado a esa precaución, tiene ya la rodilla izquierda levantada en un ángulo amenazante, lo cual nos dice que el golpe de Silva quería ganar en potencia pero sacrificó totalmente su sorpresa, fue totalmente telegrafiado. En otros tiempos de fluidez Anderson hubiera intentado fintar un jab o hubiera armado mejor la llegada de esa patada, que al venir de la pierna trasera, toma más tiempo y se hace más rápidamente visible. No vi la pelea, no la transmitieron en vivo en Bolivia, pero leí detalles sobre los rounds y ese horrible momento, además de chequear todas las imágenes disponibles. Este es el mejor sitio que encontré: La fractura; Sobre la pelea 

No quedaron dudas. Lo que hizo Anderson en la primera pelea, el forzar el intercambio arriba, es lo mejor que podía hacer, si hubiera sido él mismo a su vez más agresivo. Queda claro que Weidman es un peleador de cuidado, con todas las dotes para destacarse como campeón y figura. Ganó con todos los méritos porque llevó a la mesa un juego de neutralización de los puntos fuertes de Silva, y se mantuvo a sí mismo en el tope de su fortaleza mental. Si vemos el primer round de la revancha, incluso cuando Silva lo tuvo amarrado en el clinch de Muay Thai, Weidman tenía el antídoto, no lanzar golpes locos a los lados, sino uno bien concentrados directo a la altura del oído. Silva lo sintió y cayó sólo para sobrevivir en el suelo, por pura memoria de lo que su cuerpo había entrenado. Incluso en ese momento el norteamericano, que había entrado cubierto por la bandera de su país, demostró que tenía muy claro cómo desenvolverse en cualquier instancia de una pelea frente a Anderson Silva. ¿Le ganó al mejor Anderson Silva? No lo creo. Pero le ganó cuando tenía que hacerlo, y eso es ya meritorio, pues no todos aceptaban la idea de que Silva ya no estaba en su mejor nivel, y que aún si lo hubiera estado, existen debilidades en su estilo de pelea que pueden ser neutralizadas, como lo fueron en esta ocasión. 

Lo que nos enseña esta pelea es que la sencillez y la humildad son dos características que ningún gran campeón debería dejar de lado por una estrategia de pelea. Estar en el limbo donde todas las luces te llegan a ti, y eres la estrella por donde pasas, como si tus pedos fueran de otro aroma preferencial, tiende a desconectarte de la realidad, y de las razones por las que haces lo que haces. El gran desafío es mantenerse conectado, presente en el momento, sin interferencias del entorno en ese espacio único e intransferible que todo ser humano cobija. Anderson debería retirarse porque ya ha dado todo lo que debía dar, llevó el juego a otro nivel. Tuvo que diseñarse a sí mismo un peleador durante largo tiempo para reunir todas las cualidades requeridas para vencerlo, y acabo transformándose en un nuevo tipo de monstruo que será difícil derrotar. El juego sigue evolucionando. No es un deporte como los otros; a pesar de su marketing y su honda de mundo de la farándula y las estrellas, lo que está en juego es el espíritu guerrero, y cuando estos incidentes pasan en un torneo que concita tal atención mundial, medio mundo se queda atónito, porque venía a ver un entretenimiento, y se recuerda que esto es algo mucho más serio, el que compite en artes marciales lo sabe, y si es sensato entra preparado para aceptar una disposición superior, sea vencer, ser derrotado, quebrarse algo o incluso morir. De otro modo no hay verdadero compromiso si uno vive en ese mundo. Lo de Anderson fue una desgracia, que no se vio antes en UFC, pero algo completamente normal en el mundo de los tahi boxers, que se rompen tibias y antebrazos por la violencia con la que desenfundan sus golpes y deben bloquearlos, por ello la carrera de los boxeadores tailandeses es mucho más corta. Anderson murió en su ley, en la misma que tantos éxitos le trajo, su afilado Muay Thai. Ahora es tiempo de que reordene las cosas en su mundo, algo que no podía haber terminado de hacer en tan poco tiempo desde julio y el revés de su primera derrota. Desde este blog le deseamos una pronta recuperación a la araña, le decimos gracias por darnos tanto, y esperamos que persevere su fuerte espíritu.  

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿POR QUÉ VENCIÓ GEORGE ST PIERRE A HENDRICKS?



Ayer pude finalmente ver la pelea de George St Pierre contra el peligroso Johny Hendricks. Fue muy acertado Joe Rogan cuando comentó al final del primer asalto que había sido el round más exitoso de un retador en pelea de campeonato contra St Pierre. Las razones eran varias, no sólo por el derribo, sobre todo por la agresividad en la pelea parados: sólo Matt Serra antes le había representado tal peligro con su boxeo al canadiense, y quizá un poco BJ Penn en su primer enfrentamiento. Hendricks se paró sin ceder mucho espacio ni iniciativa, confiado con su guardia zurda, emanando una actitud incluso con pizcas de zozobra, no tardó mucho en soltar algunas combinaciones, varias de ellas iniciando con el cross de derecha. Mostraba dotes no sólo de peleador profesional, también mañas de peleador callejero. En los papeles muchos como yo debieron creer que el canadiense manejaría mejor la distancia, por la ventaja que tenía en alcance de brazos, por su movilidad, su acrobacia. Pero Hendricks es de esos peleadores que se fajan, sabe entrar en la guardia de su oponente, se agacha y se desliza veloz, y despega sus misiles, sobre todo con la mano izquierda, es una especie de Tank Abbott en versión mediano. 

Había visto antes el Gracie Breakdown donde Rener Gracie junto a su prometida desglosaban tres momentos puntuales de la pelea. Rener parecía insinuar que el real ganador de la pelea había sido Hendricks, pero que el ganador del juego, llamado "pelea de MMA" dentro del octógono, lo había ganado efectivamente St Pierre. No me extrañaba la idea, dada la manera precavida que tiene de pelear el campeón, generalmente enfocado en los puntos antes que en la finalización, cuidando la posición antes que buscando la sumisión. Sin embargo, después de haber visto la pelea no tengo dudas de que St Pierre hizo más para llevarse la victoria. Me resultó chocante ver a Hendricks poniendo las manos en el suelo en posición de cuatro para que GSP, que lo tenía cinturado por el costado, no pudiera darle rodillazos en la cara. Es decir, ¡sí!, es la regla, hay que aprovecharse de ella, pero me pareció sucio saben, algo mezquino, al menos mediocre, como una actuación, Hendricks no venía a pelear de veras, esto era un juego, con todas sus condicionantes, y qué lejos quedaban aquellos días magníficos de PRIDE, cuando veíamos unas patadas en la cara al rival en el suelo, o rodillazos inclementes al que se ponía en posición de tortuga casi rehusando seguir en la pelea. Era cruel, pero real, nadie podía ser el campeón de la categoría si no sabía salir de esas, y sobre todo si no sabía evitar ponerse en tales situaciones. Pero en el UFC de Dana White prima más el cuidado del negocio, y se dan algunas irregularidades poco caballerosas producto de esas reglas. Retroceder cubriéndose la cara y dando la espalda también es válido, es parte de protegerse, pero vaya que se ve poco caballeroso, y dice mucho de la pobreza técnica de un peleador. No sé si me entienden el punto... 

Y bueno, menudo favor le hacía Hendricks a los espectadores en el aniversario 20 desde la creación del UFC. Aquel año de 1993, cuando Royce Gracie entró a medir su estilo contra los de otros peleadores, debía intentar llevarlos al suelo contando con que su arremetida pudiera fallar y esto le costara un rodillazo en la cara o una patada estando en el suelo, además, los cabezasos en el suelo que eran válidos. Sin embargo, ahora basta con poner un puño en el suelo para que no se pueda patear a la cara, con dos abajo no te pueden tocar la cara aunque la tengas al aire como un inocente novato. Es un ambiente demasiado controlado, que se vende como extremo, pero lo cierto que ese tipo de entrenamiento no termina de preparar para una situación real, es sólo un juego, un juego muy rudo, pero juego al fin. 

El video de Rener Gracie

Vamos a los rounds. GSP absorvió los golpes más duros de Hendricks, un uppercut lo conmovió en el segundo asalto, lo tambaleó, pero Hendricks no mostró alma de definidor, cuando ése era un momento para mostrar cuánto quería el cinturón. Sorprendentemente pareció medirse, se contentó rápidamente con el clinch que propuso GSP. Y en realidad, a lo largo de toda la pelea, Hendricks no terminó de mostrar un plan de pelea para ganar; lo que hizo muy bien fue neutralizar el plan del campeón defensor, eso sí, le faltó el respeto, lo hizo verse vulnerable como nunca antes, incluso lo hizo lucir en desventaja de potencia. Pero a medida que fueron avanzando los rounds sus golpes perdieron picante, no pudo pasar de la faceta de neutralización a la de imponer sus armas en busca de la finalización. Pareció que todo lo que tenía Hendricks era jugársela a que una de sus manos dejara fuera de combate a su oponente y dejar que pasara el reloj.

 Entrados en los rounds de campeonato contó más la experiencia del canadiense, que se fue asentando ya desde el tercer asalto, en el que recuperó el equilibrio y se mostró más ofensivo, tirando varias patadas circulares altas, tirando y llegando, combinando, aunque sin el mismo nivel de riesgo que presentaba el barbudo que tenía en frente. Al final logró igualar en el marcador los dos derribes que tenía Hendricks, pese a estar magullado en su rostro, con limitada visión, se mostró entero en cuanto a actitud, y fue el que buscó la finalización, al menos dos veces con el kimura. Rener Gracie nos muestra en ese vídeo que cuando St Pierre lo tenía en su guardia pudo haber sido más agresivo, dada la posición alta en que se encontraba Hendricks; en el vídeo nos muestran algunas variantes que podía haber propuesto St Pierre, atacando un arm-bar, cambiando a un triángulo o saliendo de la posición. Pesada la mano de Hendricks sin embargo como para aventurarse a salir para un lado en busca de la pierna y colocarse en posición perpendicular al cuerpo del barbudo luchador. El canadiense debió haber valorado todos esos aspectos, que sólo se pueden calibrar estando dentro de la jaula. 

No vi intentar nada definitivo a Hendricks, excepto ese contraataque a la llave kimura que intentaba St Pierre, y estuvo muy cerca. Pero para haber sido el retador, Hendricks pareció conformarse con haber logrado poner en mala situación al campeón en los dos primeros rounds. Los otros tres los perdió en detalles. La sumatoria no le beneficiaba, también por la actitud de competidor nato que lució GSP hasta el último campanaso. No se amilanó el campeón pese a sentirse huérfano de opciones, no intentó, con la misma frecuencia que siempre lo hace, llevar al suelo a su oponente y molerlo, sabía de los riesgos en la transición. Era un match-up duro para él por el estilo, y en cuanto a su boxeo no estuvo del todo afinado. Manejó muy bien sus jabs, que deben ser de los mejores del UFC, combinó en contadas ocasiones, pero estaba muy plantado cuando atacaba Hendricks, no esquivaba con la cabeza, no salía siempre a los costados, y no tenía la misma explosión. Parecía blanco muy accesible para la fiereza del barbudo. 

Fue una buena pelea, con tintes de dramatismo por momentos, se temía una definición rápida en cualquier momento, pero llegó a la decisión de los jurados. Me quedé con ganas de ver algo más de decisión del que tenía todo para dar la sorpresa en esa noche. 

Me recordó un poco a la primera pelea de Machida con Shogun, y también al choque de Roy Jones Jr con Antonio Tarver hace casi una década. Las historia nos enseñó que algunos campeones son despojados de su trono por un peleador némesis, y esto les toma dos peleas; normalmente cuando la primera los exige al máximo, terminan en la revancha siendo derrotados de manera más dramática. No pasó lo mismo en el caso de Mayweather con Castillo, que le dio la más dura batalla de su carrera, pues la revancha pasó la prueba con honores. En cambio a Pacquiao lo derrumbaron en cuatro peleas, obstinación de Márquez y talento de adaptación. Puede que algo así le ocurriría a GSP si aceptara una revancha inmediata. Pero me queda la sensación de que si mejora su manejo de distancia y prepara mejor su boxeo específicamente para pelear contra un zurdo, o incluso si le pelea cambiando su guardia, no tendría problemas en imponerse nuevamente, pues George no atraviesa un periodo de decadencia. Buena idea sería que practique la patada frontal a la cara con la que la araña Silva envió a Belfort al mundo de Orfeo.  

Sin embargo, al terminar la contienda y saberse ganador, George habló, lanzó la moneda al aire: es posible que se haya retirado con ésta pelea. Coincidimos con Rener Gracie en el mensaje que le daba, hemos aprendido mucho de verlo pelear, nos ha dado mucho a los que seguimos este deporte, es ya uno de los más grandes peleadores en pisar el octógono, el muchachito que creció viendo realizar hazañas a Royce Gracie es ya una leyenda también. Sabremos pronto si George todavía tiene el apetito para volver, y si las configuraciones en las honduras de su ser coinciden con las exigencias que debe atender como campeón de la categoría. De no ser así, hará bien en retirarse. No hay mucho más que pedirle, lo que venga será puro derroche de generosidad. 

miércoles, 11 de abril de 2012

PRIDE FC y el Gracie Jiu Jitsu


 
He leído algunos comentarios en la web donde se señala que el legendario torneo de artes marciales del Japón PRIDE FC fue creado prácticamente para ver pelear a Rickson Gracie con Nobuhiko Takada. Eventualmente, pese a que la idea surgiera ya en 1994, esta pelea tuvo lugar finalmente el año 1998, con revancha incluida meses después). Bueno, todos sabemos que Takada nunca dio la talla, y aunque presentó mayor oposición en su segundo enfrentamiento, simplemente fue demasiado timorato, mediocre a la hora de confrontar su pro-wrestling contra el gracie jiu jitsu. Sin embargo esta idea de que el enfrentamiento de ambos hubiera sido el catalizador no debe estar muy lejos de la realidad, toda vez que la audiencia japonesa quería ver a como de lugar que un japonez ajustara cuentas con Rickson Gracie, que se comió enteros a los peleadores de aquella tierra en las dos versiones del Japan Open Vale Tudo 94 y 95. 


Recordemos: Primero fue uno de los alumnos del legendario Kimura, que derrotó a un ya mayor Helio Gracie en décadas pasadas; después siguió en la lista Yamamoto, campeón de pro-wrestling peso pesado, luego otro Kimura que venía del shootfighting y finalmente el pequeño Nakai en la final, el cual pareció ser el más versado en sumisiones de sus oponentes. Rickson limpió la lona con ellos, ganándose, o quizás simplemente confirmando el enorme respeto que despertaba su figura en la tierra del sol naciente. 

Wanderley Silva fue durante largo tiempo el peso mediano más dominante del mundo de las artes marciales, y ha quedado impresoen nuestras memorias como un ícono del extinto Pride FC
 
Hoy en día el UFC tiene la hegemonía, pero no hay duda de que el mundo de las artes marciales extraña la calidad de aquellos torneos que reunían a los mejores peleadores del planeta. El formato en ring, los peleadores, las reglas diferentes a las de norteamérica (patadas al peleador en el suelo, golpes de rodilla permitidos en cualquier posición), los incentivos que se daban para que se desarrollara técnica en la pelea en el suelo, los rounds de 10 minutos..., y en general la atmósfera mucho más acorde con el aura de las artes marciales que la que nos hace respirar el aire plástico del UFC... son algunas de las razones. Fue nomas la mejor plataforma que se haya creado para el desarrollo de las MMA, un capítulo dorado. 

Uno de los primeros episodios de rivalidad en el Pride, el que sentó el tono de competitividad fue el de la familia Gracie contra los peleadores del prowrestling de la escuela de Takada, entre los que se contaban Matsui y la estrella en ascenso Kasuhi Sakuraba. En realidad la cuestión se dirimió entre Sakuraba vs todos los Gracies, menos Rickson, justamente aquel contra el que debería haber peleado primero. No entendemos en qué estaría pensando Royler Gracie cuando decidió que su segunda pelea en el torneo fuera contra Sakuraba, que lo aventajaba con algo así como 50 libras y que venía de finalizar al técnico Carlos Newton, al mismo Vernon White, a Conan Silveira, además de haber jugado con Vitor Belfort en una victoria aplastante. Con el único con el que Sakuraba tuvo problemas fue con el estudiante de Carlson Gracie, Alan Goes, quien le planteó una pelea fantástica, el mejor jiu jitsu que tuvo que enfrentar. 


Cuando veo la pelea de Royler con Sakuraba no puedo dejar de preguntarme cómo fue posible que su hermano Rickson, quizás el más cercano de sus hermanos, le dejara tomar esa pelea con tal diferencia de peso y de envergadura, contra un peleador mañoso que manejaba a la perfección el contra-juego del brazilian jiu jitsu y que además manejaba por su parte un decente arsenal de jiu jitsu. 

Sakuraba era sin duda el mejor de los peleadores que se había visto de esa tierra en varios años. (Algunos dicen que comparte ese honor con Funaki, a quien Rickson derrotaría después en Coloseum 2000). Mientras desde mediados de los  90 Rickson fue sometiendo fácilmente a los peleadores japoneses que se le pusieron en frente, Sakuraba hizo otro tanto con los peleadores brasileños en la segunda mitad de la misma década. Sin embargo, no se puede discutir que, a la larga, la calidad de oposición que enfrentó Sakuraba fue muy superior, y es casi inigualable. Por todo esto la decisión de Royler de tomar esa pelea era considerada en su momento un gran riesgo, varias cosas estaban en juego, su reputación como peleador, el record invicto de la familia Gracie en competiciones de Vale Tudo... Y Rickson, que en cuestión de negocios, es decir de elegir a sus oponentes y demandar un alto pago, siempre fue impecable y cuidadoso, quizá con cierta exageración, debía de haber prevenido a su hermano de que enfrentar a Sakuraba era un mal match-up para él. Después de todo, ¿qué esperaba hacerle a Sakuraba? ¿A qué carta estaba jugando, a finalizarlo con una de sus llaves al tobillo? (Royler después diría que su única expectativa era ver si Sakuraba tenía algo para sorprenderlo técnicamente, y que nunca esperaba ganar). Aquella noche durante la pelea se confirmó que Royler no tenía oportunidad, no había ninguna distancia en la que podía hacerle daño, ni siquiera teniéndolo dentro de su guardia mariposa, pues Sakuraba era muy pesado para él, sabía manejar su peso, se mantenía relajado y estaba lo suficientemente versado como para no regalarle una entrada. (Un gran problema de casi todos los Gracies, menos Rickson, es que desistían muy pronto de trabajar por arriba e iban a la guardia, espalda al suelo, para intentar trabajar desde ahí - pero con esto le resolvían ya un par de problemas a Sakuraba, y también a otros rivales). En el stand-up el arsenal de los Gracie, al menos del lado de los hijos de Helio, siempre fue muy básico, muy orientado a la defensa personal, y Royler evidenció este problema, realmente lució la unidimensionalidad del Gracie Jiu Jitsu en su enfoque al combate. (Renzo y Ryan lucían más completos, más golpeadores, aunque quizás algo menos efectivos técnicamente en el suelo). 


Los Gracies, con Rorion a la cabeza, siempre decían en las revistas y en sus videos de instrucción que 90% de los combates terminan en el suelo, pero se olvidaron que prácticamente el 100% comienzan de pie. Por si fuera poco, no eran especialmente buenos para derribar, y menos a un prowrestler; ahí es donde les faltaba mixturar su juego con patadas a las piernas, golpes de puño, rodillas, fintas, juego de pies, e intentos de takedown. En suma, aquella noche infame pudimos ver a Royler sobre sus espaldas hablándole constantemente a Sakuraba, impotente de llevarlo al suelo, comiéndose un racimo de low kicks a las piernas, e invitándolo a que pelearan en el suelo, casi como diciéndole "ey ven, qué haces, si la pelea de verdad recién comienza aquí". Pero como diría Steve Cuadros en la transmisión de aquel PRIDE, no se trata de pedir al oponente que entre en tu juego sino de hacer que entre en tu juego. 



Mientras Rickson miraba serenamente en el ringside, me llamaba la atención la poca empatía que tenía con su hermano, la lejanía, apoyado casi todo el combate en silencio, como si hubiera visto de antemano que la pelea estaba perdida, sin darle muchas instrucciones a Royler, que se veía enfrentado con un puzzle incomodísimo. De hecho nunca asomó la posibilidad de que arrojara la toalla cuando la amenaza de sumisión se tornó evidente. Y lo recibió fríamente en su esquina después de que la pelea fuera parada, casi como si estuviera lidiando con su propia impotencia, ante todo el alboroto que se había armado con los japoneses saltando de júbilo en las tribunas. En este escenario la mirada indiferente y el silencio parecían ser el gesto de desaprobación que Rickson usó. Esto es una especulación desde luego, pero en algun momento dio la impresión de que Royler había sido lanzado por Rickson como conejillo de indias para estudiar las posibilidades de pelea contra Sakuraba. Inexplicablemente después de lo ocurrido Rickson tardó demasiado en animarse, no se entiende cómo no pidió inmediatamente la pelea para ajustar cuentas con Sakuraba. Sí se sabe que Sakuraba desafió a Rickson después de esa pelea, no sólo en busca del dinero que correría con una pelea entre ellos, sino porque quería vengar las derrotas de Takada. Rickson no entró en el juego, un juego del mercado, de los managers, y de los fans. Simplemente no encontró la manera de ver que eso representaba pelear por honor; quizás nunca se tragó el cuento de que todo el honor de la familia se manchaba cuando uno de sus miembros perdía un combate, del mismo modo que una victoria suya sobre Sakuraba no redimía a toda la familia, sino que valoraba su talento como peleador de estilo libre que aplica el Gracie Jiu Jitsu (Rickson es cinta negra de Judo y de Aikido a parte). En el desenlace de aquel combate Royler estuvo a punto de ser finalizado con una llave kimura (que no se hizo efectiva por la mala posición de la pierna derecha de Sakuraba), y cuando uno recuerda la terrible escena de un UFC de diciembre del 2011 en la que Frank Mir le rompe el brazo a Minotauro con la misma técnica, no puede dejar de sentirse aliviado de saber que el combate de Royler terminó ahí; faltando dos minutos para la culminación del segundo round, viendo a Royler sin salida alguna, sin ninguna señal de rendición de su esquina, el árbitro con buen criterio paró el combate, cerrando la posibilidad de que la derrota se registrara por decisión de los jueces. Los Gracies hicieron una controversia de ello, indicando por ejemplo que Sakuraba no había demostrado espíritu de guerrero, pero de poco servía, el resultado no variaba en nada, y para ser justos, Royler, que lidiaba con el dolor en esa tortuosa posición, aunque con mucha presencia de ánimo, la sacó barata. 
 
 
En definitiva fue una mala elección de la familia Gracie el hacer que Royler fuera el primero en enfrentarse a Sakuraba, que de ahí en adelante comenzó a ascender en popularidad con la soltura de un cometa. 


Finalmente, un año después no fue Rickson sino Royce el que salió a dar cara por su familia, más o menos tomando la posta que antes habían sostenido George Gracie, después Helio, luego Carlson, luego Rolls, y después el mismo Rickson. Royce asumió más el papel de campeón de la familia en cuanto a torneos de Vale Tudo. Podría decirse que ese es uno de los escazos lunares negativos que se pueden encontrar en la trayectoria de Rickson Gracie como peleador profesional. Otra forma de verlo, quizás más imparcial, sería decir que  Rickson fue lo suficientemente inteligente como para no dar un paso en falso en su carrera, un paso que daría solamente para satisfacer demandas y presiones externas, tales como el mercado, la televisión, los fans, la opinión pública, el mismo PRIDE... Royler había perdido bien, eso era todo, no había porque polemizar. Rickson quiso estar en control de su carrera en todo momento, no tenía por qué conducir la manera en que mantenía a su familia por el puro sensacionalismo, he was his own man. No creo que Helio Gracie haya quedado muy complacido con esta decisión de Rickson, a quien se consideraba incluso antes del primer UFC como el campeón de la familia; en cambio Helio pareció sentirse un poco más cercano a su otro hijo Royce, de quien dijo que era el mejor de todos porque no le temía a nadie a la hora de elegir al oponente en el ring. No se discute la gran calidad de Rickson, pero con el enorme talento que tenía, sin duda el mejor grappler de los últimos 20 años, hubiera sido un placer verlo tomar unos cuantos riesgos más para probarse, para dejar mejor sentado su testimonio como peleador y como legado, además hubiera callado la boca de miles de escépticos en el mundo de las MMA y de los forums de internet, a aquellos que no captaron su real dimensión.

Otro capítulo fascinante en el Pride FC lo escribieron las escuelas del Brazilian Top Team y la Chute Boxe. Yo lo fui saboreando en diferido, poco a poco, gracias a los videos que me prestaban mis profesores de brazilian jiu jitsu, los hermanos Cabrera, Jaime y Hugo, a quienes debo mucho por el conocimiento que nos transmitieron a mí y a mis compañeros aquellos años dorados. Son tiempos en que el BJJ recuperó su primer plano. Aquella pelea de Minotauro con Bob Sapp es inolvidable, o la finalización triangule-arm-bar del mismo Minotauro al pedante Mark Coleman, que resoplaba enrojecido como un toro herido arrinconado en las cuerdas. El equipo del BTT llevó el juego del BJJ en MMA un plano más adelante, siendo un poco más versados en la pelea de pie, y con una técnica de suelo a nivel Abudabi, la mayoría de ellos entrenados por Carlson Gracie.

Brazilian Top Team, los hermanos Noguiera a la cabeza, Ricardo Arona, Mario Sperry. Bustamante...

Si el UFC fue montado a la medida de Royce Gracie, es justo decir que, tras algunos ajustes, el PRIDE fue montándose poco a poco a la medida de Sakuraba, que se convirtió en el ícono de los locales, un héroe nacional, tal como Helio lo había sido para Brasil. Claro que con el tiempo ambos torneos fueron sufriendo mutaciones, cambiando el temporal. Sin embargo, distancias a parte, ambos peleadores se han inmortalizado ya en nuestras retinas como leyendas de las artes marciales mixtas. 

Lo interesante es que por varios años la trama del mundo de las artes marciales estuvo dada por la siguiente cuestión: había que ver cuál era la mejor combinación que se podía usar para contrarrestar al brazilian jiu jitsu en este tipo de torneos. Por un lado estuvieron los del prowrestling de Japón que ya mencionamos, pero el mérito fue siempre más de Sakuraba que de un estilo en particular; luego entre los americanos trajeron la propuesta del wrestling, la lucha grecorromana y una combinación de ground pound. (Mark Coleman, Erickson, Gooldbridge, Kerr, Jackson, Severn, entre otros) - Minotauro se encargó de callarles la boca con sendas finalizaciones. La escuela del Lion´s Dean no pasó de ser un breve rechiflón de gratas anécdotas, no terminaban de ser excelentes en ninguna de las distancias, y su mejor prospecto fue finalizado fácilmente por Frank Mir. Los más duros quizás fueron los de la Chute Boxing, de donde salieron los dos pesos medianos más dominantes de la historia de las MMA: Wanderlei Silva y el actual campeón del UFC, Anderson Silva. (No contamos a otro fenómeno como Mauricio Shogun Rua). El contra-juego que proponía la Chute Boxe se sostenía en un conocimiento de contra-defensa a los derribos, una  agresividad fuera de lo común, un cardio salvaje, una capacidad arrolladora para imponer los términos del combate en las distancias que preferían, la larga, la media y la corta. En el suelo habían desarrollado una forma de atacar con golpes cortos en todas las posiciones, un ground and pound prolijo, además conocían del BJJ, y de pie realmente eran mortíferos, llevando de vuelta el Muay Thai a los primeros planos de la escena mundial.


En estos tiempos el juego ha cambiado, se ha diversificado a la enésima potencia, y la pureza de los estilos se ha perdido, por lo menos en cuanto a lo que dejan ver torneos como el UFC y Strikeforce. Rickson Gracie dice siempre que las nuevas reglas que requirieron la popularización del deporte han terminado por hacer que el BJJ pierda su posibilidad de ser aplicado con toda su efectividad. Ya ni un BJPenn ni un Damian Maia tienen muchas posibilidades de terminar un pelea con una finalización, la cuestión se ha convertido más en ser duros, saber resistir golpes y ganar de todos modos, o en jugar a los puntos en las tarjetas de los jueces - siendo que los campeones dominantes suelen ganar por KO, tales como José Aldo, Jon Jones y Anderson Silva. En opinión de Rickson no existe en este momento un gran exponente del brazilian jiu jitsu en el mundo, un verdadero embajador de la disciplina que sepa imponer su juego por sobre otros peleadores que tienen otros sistemas entre sus fuertes. (¿Cuando entrará en escena la nueva generación de los Gracies en el UFC? ¿Roger Gracie?).

Digamos que el desafío Gracie lanzó al BJJ en el mundo con el UFC y el Open Japan Vale Tudo. En aquel momento tenían el factor sorpresa de su lado, Rorion conocía el ambiente y sabía a qué peleadores no quería enfrentar necesariamente, y con el UFC sentaron las bases, impresionaron, luego dejaron que el mundo lo asimilara y maquinara la contrapropuesta. El 95 salieron de escena y dieron paso a otros peleadores brasileños que recogieron la mala parte: Fabio Gurgel, Amaury Bitteti, Oliveira, entre otros, que o bien pasaron desapercibidos, o bien fueron knockeados en su intento de llevar a su oponente al suelo. Con el tiempo, la cosa se hizo más difícil, el resto de los competidores ya conocía el juego de un practicante de BJJ, y llegó Coleman e impuso una nueva fuerza, una fuerza bruta, que dependía mucho de sus músculos y su fiereza personal. Los Gracies esperaban, y lo hacían con inteligencia, ellos ya no tenían por qué salir a arriesgarse cuando ya gozaban de todo el crédito del mundo y ya habían logrado su objetivo central y de largo alcance: la difusión a escala mundial. El año 1998 comenzaron a mostrarse más notoriamente, y todo iba bien, Renzo había finalizado al ruso Oleg Taktarov, Rickson le dejó recuerdos de arm-bar a Takada, pero Royce seguía ausente. El problema es que no eligió el mejor momento para volver, o por lo menos tendría que haberse puesto un poco más a punto, porque fue algo forzado; una vez que Royler había perdido se aceleró su retorno, no convenció ni con Takada en la pelea de set-up, luego perdió la legendaria lucha con Sakuraba en 90 minutos de pelea, y le sucedieron dos Gracies más que perdieron con Sakuraba sin discusión. Rickson saltó el obstáculo, ya tenía más de 40 años, esto debe considerarse, y la muerte de su hijo Rockson terminó por hacer que esta sea una de esas peleas soñadas que nunca llegaremos a ver.



Habría mucho más que escribir, será en una segunda entrega, por ahora simplemente permítannos un segundo de nostalgia. Extrañamos al PRIDE FC, extrañamos aquellos trepidantes Final Countdowns o Final Conflicts, pero con el tiempo van apareciendo los peleadores y los match-ups, en el futuro, esperemos, surgirán peleas que darán lugar a la creación de otras plataformas como el Pride, o como una instancia siguiente en los eslabones de crecimiento del deporte.


Por: Jorge Luna Ortuño

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