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jueves, 2 de febrero de 2012

BATMAN THE DARK KNIGHT, MONTAJE DE IDEAS



Batman The Dark Knight (2008) es una película que sólo se puede contar a través del Joker, el villano genialmente interpretado por el desaparecido Heath Ledger. Iba a decir que el Joker es el personaje opuesto, la antítesis de Batman, pero afirmarlo sería demasiado superficial, puesto que ambos se mueven en el mismo plano de inmanencia. La única diferencia entre Batman y El Guasón radica en la manera que han elegido de sobrellevar la oscuridad que los habita. En la primera parte, Batman begins (2005), se cuenta que en una ocasión el pequeño Bruce Wayne cayó en un pozo de murciélagos por accidente, y que desde ese día, siendo todavía un niño, guardó un terror mortal hacia esos horribles seres de alas largas con cara de ratas. El siguiente episodio traumático de su vida aconteció cuando unos ladrones de poca monta mataron a sus padres al salir de un teatro. El pánico lo invadió, la inseguridad, la experiencia de la intemperie…, todo ello amenazó con hundirlo, y de repente pasó a odiar la delincuencia y el crimen, mientras que la violencia lo desconcertó profundamente… Y claro, este el énfasis de realismo del director Nolan, decir que Bruce Wayne no es simplemente un buen tipo que oficia de justiciero, que no es un filántropo con nada más que un buen corazón, sino que es un ser desgarrado, que vive torturado por tensiones internas, un lobo estepario que por largo tiempo no supo encontrar su lugar en el mundo y que ha encontrado una manera de relacionarse con la oscuridad que lo mira de frente. Y en este enfoque es curioso que sea Cristian Bale quien interprete el papel de Bruce Wayne. Podría apostarse que la interpretación de Bale de un yuppie degenerado en American Psyco es lo que terminó de convencer al director y co-guionista Christhoper Nolan de que era el sujeto que necesitaba para el rol. Porque en esta nueva versión, Bruce Wayne es eso, un yuppie que no aguanta la idea de ejercer el rol de “Príncipe de Gótica” que le espera en la mansión, una vez que debe decidir qué hacer con su vida. (Este punto ya lo comentó Rodrigo Ayala en un excelente artículo sobre la película publicado en la extinta Revista Pulso (agosto del 2008), donde hace notar que en este segunda entrega se quita del escenario la mansión Wayne y se la cambia por un penthouse frívolo. Se le cambia así a Wayne su aire señorial, trasladando su imagen aristócrata de otras zagas hacia un yuppie con tendencias algo psicópatas, un mujeriego, un playboy, un pervertido).  




Pero hay un “antes”. Recordemos Batman begins: Wayne debe irse muy lejos para vivir en la pobreza, volviéndose él mismo un delincuente por necesidad. Su conflcito radicaba en que no quería ser un miembro más entre tantos yuppies, jóvenes hartos de la opulencia que viven sin un gramo de consciencia social. Wayne se va ha estudiar en carne propia la naturaleza del crimen y del temor. Escapa. Atraviesa un devenir-murciélago, es decir, intercambia fuerzas a nivel intensivo. Aprende a estar entre los delincuentes sin convertirse en uno de ellos. Es justo decir que en última instancia, convertirse en Batman es la única salida que encuentra para que su vida como Bruce Wayne le sea soportable; sólo así siente que puede hacer algo por cambiar el estado de cosas existente en la decadente ciudad de Gótica.

Después de ese viaje él es otro, él es Batman, y su máscara más admisible pasa a ser Bruce Wayne, al contrario de lo que se piensa. Sin embargo la oscuridad no lo abandona, le deja una marca de por vida.

Por su parte El Guasón no quiere cambiar el mundo, se jacta de saber nadar entre su inmundicia; lo único que quiere es ponerle una sonrisa a los rostros serios, aunque tenga que romperles la carne de la mejilla. Proviene de una oscuridad más tenebrosa, una oscuridad que no combate sino que padece, y que ha hecho de su cuerpo una prolongación aterradora, una fuerza nihilista. No es un fundamentalista en el sentido ordinario, alguien que defiende su apego a una creencia con obsesión enfermiza; su fundamentalismo consiste más bien en su falta de creencia extrema, en su no creer en nada. No se trata de una nada de voluntad si no de una voluntad de nada. En este punto el director Nolan no se toma el trabajo de contarnos de dónde viene esta criatura siniestra y humorística, simplemente aparece de entrada en el robo de un banco, donde se justifica el uso de una máscara de payaso. Es como si Nolan nos pidiera que para conocer de la procedencia del Joker nos remitamos a la primera versión dirigida por Tim Burton en 1989, donde la idea es básicamente que el Joker –interpretado por Jack Nicholson– era un gánster de nombre Jack, al que su socio le tiende una trampa con la policía y termina sufriendo un accidente en el que cae a un barril de sustancias químicas que le queman y deforman la cara. Lo interesante es que él dirá después al volver por su venganza: “lo que había antes del Guasón está muerto; Jack ya no existe”. Así deduciremos que el Guasón es un ser que proviene de la muerte, que se asienta en algo que no existe más. En ello radica su oscuridad, y es por eso que no puede temerle más a nada, no existe manera alguna de atemorizarlo, a partir de ahí él siempre se encontrará en la posición del que no tiene nada que perder.





Batman y el Guasón tienen en común el hecho de ser anomalías, outsiders, presencias perturbadoras, seres que responden a sus propias voces; ambos son una especie de monstruos que han vuelto con los ojos ensangrentados después de haber probado los abismos de la oscuridad. Mientras Batman afirma, el Guasón es la negación absoluta de la vida. (Es curioso que después del proceso de  maquillaje el Heath Ledger–Joker haya terminado luciendo un rostro tan parecido al del personaje siniestro que interpreta Brandon Lee en El Cuervo (1993), un ser que vuelve de la muerte para vengarse de sus asesinos; también es llamativo que ambos hayan muerto jóvenes, a la misma edad, 28 años, y de manera trágica siendo estas dos sus últimas películas, respectivamente).  

Todo esto no aparece de repente. Siendo el director y el co-escritor, Christhoper Nolan ha tenido que montar cuidadosamente unas ideas para decir algo –a partir de la historia de Batman– respecto de los problemas que nos aquejan en este tiempo de desencanto y de crisis a nivel global. Muchos coinciden en señalar que Batman The Dark Knight es una alegoría del terrorismo contemporáneo, o de las contradicciones en la lucha gubernamental contra la inseguridad ciudadana. Todo ello es posible, pero lo interesante es observar que un montaje creativo ha tenido lugar, puesto que el interés de Nolan no tomaba el éxito taquillero como centro, tal como fue el de Joel Schumacher, el mediocre director de las versiones anteriores. En un artículo en la red leí hace poco que la Warner Bross, esperando repetir el tremendo suceso económico que representaron las dos primeras partes, hizo todo lo que estaba en sus manos para que el director londinense firmara la realización de una tercera parte de la zaga. Por un buen tiempo Nolan no estuvo interesado en alargar la franquicia, diciendo que solamente si se le ocurría una buena historia podría interesarse otra vez en este proyecto. Un gesto honesto de artista. Finalmente después de un buen tiempo apareció con un guión que le convencía, el proyecto comenzó a filmarse con los principales personajes de las secuelas precedentes, y lo que sabemos es que se estrenará en los EEUU en julio de este año con el siguiente título: The Dark Knight Rises. 







Parte II

En el mundo de la filosofía algunos autores se dan el trabajo de mostrar cómo hicieron el montaje de sus ideas, porque las ideas, como las películas, también se montan. Esta apreciación no es mía, lo tomé prestada de Tomás Abraham. En el caso de Batman The Dark Knight lo que nos interesa es mostrar una parte del montaje de ideas que efectúa Nolan para sostener la historia.

Hemos dicho que el Joker es el comodín, el móvil a partir del cual se teje toda la acción en esta segunda parte y avanzaremos en esa línea. Una vez que Nolan ha contado cómo nació Batman, lo que le interesa en la segunda parte es reflexionar sobre su naturaleza, sobre su eficacia, sus posibilidades, en una ciudad como Gótica, que es una parodia de New York. ¿Qué hace Batman? ¿Es un outlaw? ¿O es un aliado de la ley, un contacto estratégico del Jefe de la Policía Jim Gordon? ¡Cómo no compararlo con Robocop, ese policía mitad hombre-mitad máquina, que sólo adquiere sentido en medio de una ciudad como Detroit, en la que el vandalismo se ha adueñado de las calles. Pero Robocop vive en los cuarteles de la policía, ahí no existe mayor conflicto del héroe con las autoridades locales? En el caso de Batman, ¿cuál es la idea de permitir que un enmascarado delirante con aires de justiciero ande suelto por las calles? Jim Gordon se preguntaba en la primera parte: ¿cómo aceptar que un sujeto disfrazado de murciélago negro sea el responsable de hacer justicia en una ciudad jalada de los pelos? Esto representaba un problema para la policía, un cuestionamiento serio. Por otra parte, Nolan sabía que el atractivo de este Batman debía consistir en que él pueda jugar con sus propias reglas, que no pierda su aire subversivo. Pero ¿cómo conciliar ambas cosas, para que la policía no se convierta en uno de sus cazadores? Esto se puede responder si obervamos lo que pasa algunas noches, cuando los problemas aprietan el cuello, y desde lo alto de un edificio Jim Gordon decide prender un enorme farol con el signo del hombre-murciélago, haciendo que esa luz atraviese toda la ciudad, como un llamado de paz pero también como un grito de guerra. Hay veces en que no viene, pero como el mismo Gordon lo explica, “esperan que sea porque está ocupado”. No obstante, no importa que Batman acuda o no, pues ahí entendemos cuál es la función social que cumple Batman en Gótica y; se trata  de ver cómo la justicia ha hallado una manera de hacer uso de Batman, logrando atemorizar a la mafia por el sólo hecho de invocarlo. La cancha se ha invertido. Por supuesto que Batman no puede estar siempre en todos lados, ni que pueda acudir siempre; incluso es posible que una noche de esas el llamado pille a Bruce Wayne cumpliendo su papel de playboy multimillonario, o simplemente que esté viendo en la TV en Warner Bross a su alter-ego Charlie, en un nuevo episodio de Two and a half men, y prefiera “apagar su celular” (no estoy para nadie). Pero no importa que se presente o no, porque de todos modos igual lograr producir su efecto, el efecto-Batman, que es el de convertir Ciudad Gótica en un gran panóptico –en la manera que lo ha descrito Michel Foucault. Desde que se ha hecho famoso todos han pasado a sentirse vigilados, aunque el vigilante, que no es divisable, ni siquiera esté en ese momento por esos lados. Gordon dice: “aunque no venga, la señal al menos les recuerda a todos que anda por ahí”. Sucede entonces que Christhoper Nolan ha tenido que adaptar a un personaje como Batman, que surgió en la era de las sociedades de vigilancia  (la miniserie data de los 70 y los cómic de más atrás aun), para que pueda explicarse y ser creíble en la arquitectura de las sociedades de control. Batman está entre las dos, siendo generador de un raro panoptismo, pues ha convertido por sí solo a Gótica en un lugar desde el que en cualquier momento se puede ver todo sin ser visto. (La idea del panóptico se explica a partir de las antiguas cárceles, donde las personas podían ser vistas claramente por un observador a cualquier hora del día, pero ninguno de los internos alcanzaba a ver al observador, que se ubicaba en la torre central). Vigilar y castigar. Sin embargo en Batman The Dark Knight esta idea se lleva al extremo, se trata de la innovación más perversa del poder disciplinario. No se deja de lado el hecho de que vivímos en el Siglo XXI y que la tecnología ha permitido que las formas de controlar a los individuos se hagan más eficaces, por ejemplo colocando cámaras en todos lados, o implantando microchips en los prisioneros. No queriendo dejar de lado las posibilidades actuales, Christhoper Nolan deja que se introduzca una idea más perversa aun: en el desenlace Batman hará uso de un sistema de triangulaciones entre las señales de todos los celulares de la ciudad, que permite localizar a cualquier persona y ver lo que está haciendo en un diagrama de visión de última generación. Se trata de un programa militar que nunca se usó.  Sólo así encontrará la manera de estar un paso por delante del Guasón. Pero esa arma invade la privacidad de las personas, rompe uno de sus derechos fundamentales, planteando un serio conflicto ético. De ahí que cuando se entere de ello Lucius Fox (Morgan Freeman) el director de Wayne Enterprises, y además conocedor de la identidad oculta de Wayne, prefiera adelantar su renuncia.

¿Y de aquí cuál es en el fondo la discusión que aviva Batman? ¿Debería ser el enmascarado una figura ética? ¿Debería ser un ejemplo para los jóvenes de la ciudad? ¿Acaso no basta con que sea el único capaz de limpiar la escoria que ni la policía ni la fiscalía de distrito han logrado tocar en décadas? Esto es lo que se plantea Nolan. Es como si él mismo se fuera armando su propia respuesta contra los males de la contemporaneidad, y fuera confeccionando un héroe a su medida. Por ello tiene necesidad de contrastar el personaje de Batman con el del carismático fiscal de distrito Harvey Dent, de quien se dice es “el héroe más químicamente puro”. Este último genera asombro en la ciudadanía porque está logrando limpiar las calles encerrando a importantes cabezas de la mafia, pero utilizando las armas de la justicia del Estado, por medios legales, si es que existe algo así, y logrando este cometido en tanto funcionario “elegido”. Gordon, Dent y Batman trabajan en coordinación, pero a medida que avanza la película la pugna se juega en torno a cuál es el héroe que Gótica necesita: ¿Batman o Harvey Dent? Evidentemente se trata de un falso problema puesto que Batman no tiene el mínimo interés de entrar en una discusión semejante, ni en una competencia de héroes; y Dent no puede hacer otra cosa que sentirse halagado, pero sabiendo que ya tiene suficiente con lo que su tarea le exige. En esto el que define las verdaderas coordenadas del problema es el Guasón, cuando entra en escena y lanza un ultimátum para que Batman revele su identidad debajo de su máscara. Otra vez inseguridad. Terror. Y Gótica se vuelca en contra de Batman, prefieren a Dent, “la imagen Dent” que los tiene completamente seducidos. En las primeras escenas del film, en una cena en la que coinciden Wayne y Dent con sus parejas surge la pregunta: ¿qué se puede esperar de una ciudad que idolatra a un enmascarado vigilante? Dent lo defiende: “se trata de un ciudadano que realiza un servicio público, habría que estar orgullosos”. ¿Se tratará de un fenómeno ya visionado en la antigua Roma de César? Pero Batman no es un ciudadano; es un ser sin referencias, una presencia imperceptible, sin filiaciones, sin rostro, sin huellas digitales, sin pasado, sin registro alguno, no es más que un grito sordo que nace en medio de la noche para volver a ella irremediablemente antes de cada amanecer.  (¿Un vampiro en cierto sentido?). El Joker en sí mismo es un don nadie, por ello entiende que Batman lleva una gran ventaja gracias a este su caracter anónimo, imprevisible, que no lo sujeta a ninguna perspectiva ni jurisdicción posible. Por esto su primera movida cuando las familias gánsters lo contratan para deshacerse de Batman es obligarlo a que revele su identidad. Él sabe por qué los más poderosos cabezas de la mafia prefieren reunirse en las mañanas para realizar “sus pequeñas terapias de grupo”: la respuesta es Batman, él les ha robado toda la confianza, los ha convertido en unos peleles. Por tanto habrá que hacerlo salir a la vista, volverlo notorio, para que la noche no pueda encubrirlo más. Así el Guasón define la verdadera opción y le plantea la pregunta a Ciudad Gótica: ¿prefieren a Dent, un héroe con rostro, de tremenda personalidad, el más notorio de los hombres…, o a Batman, una estela de clandestinidad? (En el fondo esta zaga sirve para mostrar cuan estúpida puede ser la masa y cuan fácil manipularla). El caso es que  Bruce Wayne se encuentra ante una encrucijada, y se convence de que Gótica necesita de un héroe con rostro, así él ya no será necesario. Ve una oportunidad de retiro. Sin embargo todos sabemos que lo único que quiere es que todas las piezas se junten de modo que él se pueda quedarse con Rachel, la mujer a la que ama en secreto desde sus años mozos, y que ahora es la pareja de Dent. Como ya dijimos, incluir a éste Batman en una discusión sobre héroes es una tontería, puesto que él mismo prefiere ser un don nadie, y en esa su anonimidad radica su índice de eficacia. Si Batman revela su rostro, lo que se cae es el panóptico, se termina la gran ciudad de la vigilancia. En el fondo lo que se discute está relacionado con el concepto de intervención: ¿Qué tipo de héroe tiene mayor capacidad de intervenir efectivamente el estado de cosas en Gótica? ¿Debe ser un héroe que juegue dentro de las reglas de lo legal? Y cuando decimos intervenir nos referimos también a ¿cuál es el que tiene mayor poder de interpelación?, ¿cuál es el que funciona mejor como símbolo, y le da mayor esperanza a la gente? Todo parece apuntar que ese es Harvey Dent, así lo entiende el ahora Comisionado Jim Gordon, que forma parte del triángulo del lado de “los buenos”, y dice: “El Joker eligió al mejor de nosotros, y se la tomó con Dent”. Pero en realidad no eligió al mejor, sino al más débil, y fue para darle una lección. Aquí radica la lección de la película: Dent era demasiado visible, demasiado notorio, no supo nunca valorar la estrategia de aquel que sabe pasar desapercibido (tendría que haber leído el cuento “La carta robada” de Alan Poe); el Joker le demuestra entonces que en su perfecta transparencia y en su total fe en los mecanismos del sistema judicial hay una gran ingenuidad y una mayor estupidez. Batman en cambio no se fia en la justicia de los hombres, y se ha camuflado en todos los modos posibles, al punto que ya no se sabe bien si es un hombre o un murciélago, ó es algo que pasa entre los dos, debido a una mutación ha tenido lugar. En la primera parte ya se hace incapié en este aspecto del entrenamiento de Batman, que consistía en aprender a hacerse invisible, ser como un ninja, puesto que “lo que más temen los hombres es aquello que no pueden ver”.




En fin, la película termina dejando un tono de esperanza desesperanzada, Batman será un prófugo de la justicia, quedando más acorde con su papel de anomalía. La tercera parte se ha titulado The Dark Knight Rises, lo que nos hace quedar a la expectativa del nuevo montaje que se pone en escena. Nolan aseguró que ahora sí es la última, y que se encargará de que quede claro en el mismo argumento. Estaremos a la espera.


Por: Jorge Luna Ortuño

viernes, 13 de enero de 2012

LOS PRÓXIMOS TRES DÍAS de la imaginación en fuga

Jorge Luna Ortuño

 “Nuestros señores, los Inquisidores de Estado, tienen la obligación de hacer todo lo posible para mantener en prisión al culpable. El culpable, que no ha prometido ser prisionero, debe hacer todo lo que esté en sus manos para alcanzar la libertad. El derecho del inquisidor tiene como fundamento la justicia; el del prisionero las leyes de la naturaleza. Del mismo modo que no necesitaron de su consentimiento para encerrarlo, el prisionero tampoco puede tener necesidad del suyo para salvarse”.
Giacomo Casanova, Mi fuga de la Prisión de Los Plomos


 Manual de escape: ¿Qué se requiere para escapar de una prisión? Primero saber que todas las prisiones del mundo tienen una llave; sólo debes encontrarla. ¿Y cómo se hace? Observando mucho, sobre todo las cosas que rompen con la rutina diaria. Los guardias se vuelven cómodos haciendo lo mismo cada día, por eso es que comenten errores cuando algo diferente pasa. Cuando lo ves, tienes que estar preparado. Debes tener todo el plan en su lugar, incluso antes de saber cómo vas a salir de la cárcel. Escapar es lo fácil; lo difícil es saber seguir en libertad. Debes saber dónde vas a ir y cómo vas a llegar ahí. Debes saber cómo es que los policías piensan capturarte, dónde y cuando. Con estas palabras, un hombre de presencia inquietante que ha podido escapar de la prisión varias veces y ha escrito un libro sobre ese aprendizaje, le pasa información a John Brennan (Russell Crowe) para que éste planee la fuga de su esposa Lara (Katherine Banks), que ha sido encarcelada de por vida.








 Dirigida por Paul Haggis, Los próximos tres días (2010) es mucho más que una película acerca de un héroe improvisado de acción. Es un drama-suspense de aventura. Hace gala de un excelente rítmo de edición y de un gran reparto. Remake del largometraje Pour elle (2008), y aquí es mejor evitar las comparaciones, la versión de Haggis no fue un éxito de taquilla en EEUU –quizá algo saludable– y varios críticos norteamericanos le dedicaron algunas líneas eruditas de reprobación. Para nosotros, Los próximos tres días es más que una grata sorpresa, es una revaloración de la fuga como movimiento creador de vida. Es parte de un linaje minoritario que componen films como Un grito de libertad (1987), Sueños de fuga (1994), Atrápame si puedes (2002), Hacia rutas salvajes (2004), La escafandra y la mariposa (2007), y otras pocas.


Haggis lector de Gilles Deleuze
Paul Haggis es un director aclamado en Hollywood, dueño de dos Oscar por Crash (2004), y además guionista de películas como Million Dollar Baby (2004). La industria del cine lo asimila, lo que no quita el hecho de que su trabajo revele una interesante veta contracultural, y algo más. En el libro que Slavoj Zizek dedica a formalizar sus divergencias con Gilles Deleuze (1925-1995) comienza con esta línea: “La medida del verdadero amor a un filósofo se reconoce cuando uno ve las huellas de sus conceptos en cualquier parte de la propia experiencia cotidiana”. Esto podría explicar lo que nos pasa al ver este film, ¿o no está demasiado a la vista?: Los próximos tres días es la obra de un lector consagrado de Deleuze. Zizek suele decir que Robert Altman, por su film Vidas cruzadas (1993), es el cineasta contemporáneo que más se presta a una “interpretación deleuziana”. Pero después de Crash, y ahora con ésta entrega, Paul Haggis nos resulta mucho más estimulante en este sentido. Él devuelve al tablero un montón de problemáticas que agitan el pensamiento del filósofo francés: 1) el devenir-imperceptible que atraviesa John, sorprendiendo a todo el aparato de la policía: nadie esperaba que un profesor de inglés, alguién lo suficientemente integrado al sistema, pudiera concebir ese plan; 2) una película de prisión ya no según la visión de las sociedades disciplinarias, sino de las sociedades de control: el reclusorio juega un papel muy secundario, nada de la vida de Lara Brennon se nos muestra, pues lo que interesa es mostrar a la ciudad, Pittsburg, como la prisión, el dispositivo de control; 3) la fuga ya no como se la piensa ordinariamente (una evasión cobarde, una negación inmoral de algo), sino como un movimiento activo que busca afirmar otro modo de vida.


En fin, un encuentro afortunado entre un cineasta y un filósofo.







Un guiño a Don Quijote

El film es también un saludo al libro de libros, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que Cervantes escribió encerrado en una prisión de Sevilla. John pregunta en su clase mientras su espíritu se encuentra en alguna otra parte:
¿De qué trata El Quijote? ¿Podría ser acerca de cómo el pensamiento racional te destruye el alma? ¿O del triunfo de la irracionalidad y del poder que está en ella? […] ¿Y qué si elegimos existir en una realidad puramente fabricada por nosotros? ¿Eso nos convierte en dementes? Y si es así, ¿no es eso mejor que una vida de desesperanza?
Al igual que Cervantes, John tiene la necesidad vital de contarse una historia en la que su esposa se salva. Emprende una temeraria aventura humana situada en la imaginación que desborda a la realidad. Como dice Arístides Vargas de Malayerba, en relación a su gran obra de teatro “La razón blindada”: “la imaginación es el lugar al que la realidad más extrema no puede llegar, lugar donde el dolor más extremo puede ser mitigado por el acto de imaginar otra realidad. Don Quijote confunde molinos con gigantes, mujeres grises con doncellas, cárceles con paraísos, y se exilia en la sinrazón, ese extraño desorden que no hace mal a nadie pero que ayuda profundamente a vivir”. Sin embargo, John no confunde las cosas, a pesar de que lo recriminen por vivir en una “realidad fantasiosa”. En realidad él es el más realista de todos. Su imaginación gestiona un plan estratégico, toda una cartografía. Deja de ser un hombre cínico-sarcástico para convertirse en un quínico-pragmático. Siguiendo la herencia de Diogenes de Sínope, ya no tiene necesidad de creer en el mundo en el que viven los otros. Y no se limita a burlarse de la credulidad de sus semejantes, da un paso más: crea otro mundo en el cual prefiere vivir, un mundo en el que existe una esperanza para su familia. Toda una aventura que nos llama a redefinir el concepto de utopía, y que, en la era de la vigilancia y las sociedades de control, nos recuerda que la imaginación jugará un papel decisivo en la creación de nuevas formas de resistencia.




jueves, 12 de enero de 2012

AVATAR, Spinoza y la hereje inmanencia



Por: Jorge Luna Ortuño



      El film más exitoso del 2010 fue Avatar, aunque se haya llevado muy pocos de los Oscars para los que estaba nominado, a nivel de ganancias incluso dos años después le siguen reportando enormes regalías al bolsillo de su director James Cameron. Él lo ha dicho, la segunda parte está en camino, se la espera para verano de este año. Dejando de lado la expectativa y las especulaciones que genera la secuela en el horizonte, nosotros quisiéramos recuperar la actualidad de este film desde otro lado, retomando la polémica que provocó en su momento, con repercusiones que no dejan de afectarnos, críticas de diversos sectores, pero sobre todo de la Iglesia Católica, que se sintió contradecida y hasta ofendidad por la película de James Cameron. Todo ello se diluyó con el tiempo, pero todavía llaman la atención las ácidas críticas de rechazo que el Vaticano hizo escuchar, casi un repudio unánime, por lo menos a nivel oficial. L'Osservatore Romano y Radio Vaticana criticaron el film por “acariciar doctrinas modernas que promueven el culto a la naturaleza como sustituto de la religión”; sus reseñas consideraron superficial y peligroso el mensaje ecológico que difunde: “Avatar está inundado de un espiritualismo vinculado al culto a la naturaleza''; “le guiña un ojo a las seudo-doctrinas que convierten la ecología en la religión del milenio''; “postula a la naturaleza ya no como una creación a defender, sino como una divinidad que adorar'', etc. Claro, es que no se trata de "sólo una película", sino de la difusión de una visión de la relación con la naturaleza que se propaga exponencialmente gracias al cine. 


Hay que leer a Avatar como una muy buena aproximación a la idea spinoziana de la naturaleza y el encuentro entre culturas para entender esta animosa crítica de la iglesia. Los duros ataques que esta misma iglesia le propinó a Baruch Spinoza (1632-1677) a causa de su filosofía liberadora, una filosofía de la inmanencia que no dejaba ni un resquicio para la entrada de la trascendencia, nos resuenan hoy con fuerza cuando encontramos estas "nuevas" quejas de la Iglesia en pleno siglo XXI.

No es un secreto que la Iglesia Católica se desenvuelve en el entorno social de una manera tibia, neutral al punto de no decir nada, de no intervenir sino de aprobar, invocando siempre las mismas palabras rimbonbantes, "justicia", "dios", "amor", "democracia", etc., sin provocar mayor efecto en una configuración social. Queda también a la vista el hecho de que sólo sabe salirse de ese formato de acción cuando ve que sus intereses y sus posibilidades de control corren peligro, como por ejemplo cuando el gobierno quiso instruir que sus instituciones educativas paguen impuestos. Por lo demás la Iglesia no se compromete con nada ajeno, y en cuanto al cuidado de la naturaleza su posición no es diferente. En el pasado el papa Benedicto XVI se ha referido varias veces a la necesidad de proteger el medio ambiente, pero advirtiendo sobre “los peligros del neo-paganismo que intenta convertir la naturaleza en una nueva divinidad''. Y en un mensaje por el Día Mundial de la Paz, el Pontífice reiteró sus advertencias contra cualquier noción que equipare a un ser humano con otros seres vivos: “esas ideas abren el camino a un nuevo panteísmo matizado de neo-paganismo, que vería la fuente de salvación del hombre en la sola naturaleza''. En esas intervenciones, una vez más, lo único que le interesaba a la Iglesia era recalcar su papel de intermediadora legítima y legitimadora, dado que no tendría ésta ningún sentido si cada uno de nosotros pudiera dialogar con Dios en relación directa con la naturaleza, siendo que Dios y la naturaleza serían una misma unidad. Bueno esta es la idea que Avatar recupera y la hace parte de su trama, una posición frente a la naturaleza como divinidad que se discute en las plataformas de lucha ecológica. 

Una filosofía inmanente
En primera instancia, Avatar se presenta como un campo de prolongación de la vieja batalla que ha librado la Iglesia contra las doctrinas panteístas. Y nos hemos referido a  Baruch Spinoza porque ha sido usual en la época moderna considerar su filosofía como el más eminente y radical modelo de panteísmo. El pecado de Spinoza fue identificar a Dios con la naturaleza en un tiempo en que los libros tenían olor a claustro evangélico. En su prodigioso libro Etica especifica el conocimiento de la naturaleza, como el objetivo más alto que se puede alcanzar; no con un conocimiento de contemplación o especulación, sino que esté al nivel de poder captar la mayor cantidad de cosas, asimilar las leyes que rigen las relaciones, saber aquello que conviene y no conviene al propio cuerpo. Conocer la naturaleza equivale a volver al cuerpo susceptible de ser afectado del máximo número de maneras posibles, lo cual pone al dueño de este conocimiento en posición de establecer solamente relaciones convenientes. Esto es lo que aprende el marine Jake Sully (provisto de su cuerpo avatar), cuando se introduce en la visión de la comunidad indígena de los Nav’is. En su primer encuentro con Neytiri, hija del líder, ella le recrimina por caminar por su territorio haciendo ruido, sin saber qué hacer, "torpe como un niño". Sin conocer su vínculo con la naturaleza, Jake se reconocía como algo externo a ella, luciendo como un perfecto extranjero. Neytiri le enseña que Eywa, la naturaleza, es una sola unidad que se manifiesta en todo lo que les rodea. La idea es entonces experimentar aquello que Spinoza ha afirmado: Dios y el mundo son una sola cosa: Dios es la naturaleza activa, y el mundo es la naturaleza producida. 


 De ahí que el mayor de los conocimientos que puede alcanzar el hombre, el que le permite alcanzar la libertad y la felicidad, es aquel que lo identifica con la naturaleza en tanto que se comprende finalmente como parte del todo. Y es esta idea de unidad la que se vive en el mundo de los nav’is. A medida que avanza la trama comienzan a desencadenarse devenires-animales, conjugaciones, relaciones intensivas, intercambios de fuerzas. Jake dice en su bitácora: “Neytiri siempre habla de la energía que fluye en los animales espirituales. Ella dice que hay una energía que fluye a través de todos los seres, que es solamente prestada y que tendremos que devolverla algún día”. El todo se revela así como una gigante red de energía, un verdadero rizoma, en palabras de Deleuze-Guattari. Esa especie de aves gigantescas que vuelan a grandes alturas, denominadas Ikrans, se convierten en prolongaciones del cuerpo-avatar de Jake cuando los monta. Cada uno de los guerreros puede cabalgar el que le corresponde y dirigirlo sin decir ni una palabra; Jake aprende también que todos pueden conectarse con Otraya Morki, el árbol de las almas, y escuchar las voces de los antepasados. Es prácticamente un árbol sagrado al que se dirigen con sus oraciones.

 Sin ir muy lejos, el mismo cuerpo-avatar de Jake Sully es una prolongación de su cuerpo humano, a saber, de su sistema nervioso. Pero Jake llega a tener mucho más que ver con esa comunidad indígena; no se trata de la conexión que uno tiene en un video-juego hiperrealista con su cuerpo avatar. Mientras las detestables fuerzas armadas y el grupo de científicos definen la comunidad de los Omaticayas como lo Otro –“altamente hostiles y peligrosos”, “monos azules que le rezan a las plantas”–, Sully atraviesa una experiencia mucho más intensa que la de un investigador que se camufla para tomar muestras. Al principio imita sus maneras, aprende a hablar y moverse como ellos, pero luego es arrastrado hacia un devenir con ellos. Es una visión contemporánea de las novelas de Kafka, el mono que imita la hombre, pero n por imitarlo, sino por encontrar una salida. Y al igual que Gregorio Samsa, que tuvo que metamorfosearse en un insecto para escapar a la opresión de su familia y de la burocracia, Jake encuentra su única salida en un devenir-nav’i con el que se fuga del sinsentido de su vida, del vacío en el que ha caído su mundo, donde es un inválido, pero además donde siente el peso de la nada, la cultura del vacío, de las cervezas light, de las armas de destrucción masiva, y también de los escepticismos exacerbados.

Ni siquiera es necesario discutirlo, convenimos en que la historia de esta película deja hilos sueltos, ciertos vacíos, pero entre todas las críticas que cabría hacerle, la más llena de resentimiento, de percepciones arcaicas y de neblina ideológica es la que hace la Iglesia Católica. 



Nos sentimos tentados de decirlo. La estrechez santificada de la Iglesia puede todavía conformar a muchos hombres a los que tiene sumidos en el más largo sueño. No es un drama. Después de todo quizás el asunto de la singularidad de la vida consista en elegir qué tipo de sueño se ajusta más para cada uno, cuál permite acoplarse mejor a una visión ordinaria del mundo. Pero es sólo cuestión de tiempo, no hay nada que ofrecer a cambio, a cada uno le corresponderá su momento de rasgar la tela y abrir los ojos, aunque sean los ojos del espíritu. Parafraseando a Jake Sully al terminar la película: “Sooner or later, you always have to wake up”.


Nota.- Este artículo, sin algunas de las modificaciones aquí introducidas, fue publicada en el periódico boliviano Cambio en junio del 2010.


lunes, 9 de enero de 2012

MISIÓN IMPOSIBLE, PERO SOBRE TODO INAGOTABLE

Misión Imposible: Protocolo fantasma, la cuarta parte de la franquicia, es una película de acción, acción trepidante, y acción en todas sus letras, es decir, bastante más violencia, explosiones y persecusiones que un buen argumento o cierto cuidado en la temática. En cambio es muy generosa en sus numerosas secuencias de vértigo, como aquella en la ventana de un edificio de 130 pisos, y en sus peleas muy bien coreografiadas. Qué curioso que desde hace ya algun tiempo ya no sea necesario contar con un especialista en artes combativas para ofrecer buenas peleas, que sea un Steven Seagal o un Wesley Snipes que aparezca rompiendo un par de huesos, ahora hasta Tom Cruise se puede despachar a tres tipos a patada limpia y con espectacularidad de por medio. Cuando Tom Hanks llegue a eso nos retiramos todos. Esto no es poco, algun día tendríamos que hablar sobre las consecuencias de esta innovación para el cine de artes marciales, pues dejaron casi en el anonimato a tipos que no actuaban muy bien pero que sabían patear traseros, realmente entrenados, como Jean Claude Van Damme.

Pero sigamos con los destaques de esta nueva Misión Imposible, como por ejemplo esas que le ponen un respiro a la vorágine, haciendo un interesante juego de velocidades en la narración. Curioso nuevamente que estas escenas los mismos espectadores nos encontremos de repente conteniendo el aliento, masticando despacio y hablando en voz baja, como si fueramos nosotros los que estamos entrando de puntitas y a escondidas en las instalaciones del Kremlin. Pero no, no somos los espías, es Tom Cruise, que nuevamente hace de Ethan Hunt, y lo hace bien; es el espía de las corazonadas.

No sabemos si es la mejor de la saga, tampoco nos interesan las puntuaciones, nos limitaremos a comentarles que cuando uno sale del cine después de haberla visto se siente satisfecho, como que gastó bien su dinero. Por lo menos esa es la tendencia.



 ¿Que más se puede decir? Que el personaje de Tom Cruise hace recuerdo un poco al de Rambo III, o al de John Medrix en Comando, con Arnold Schwarzenegger. (¿Se escribe así?). No porque sea un grandote musculoso de pocas palabras, sino porque su presencia se justifica en la historia sólo en tanto que se vive una situación de extremo peligro afuera, las cosas están realmente mal, así que sus superiores se ven obligados a ir a buscarlo al fin del mundo para recuperarlo. Sólo así adquieren sentido este tipo de personajes heroicos y afectos a las medidas extremas.

En cuanto al argumento me queda una vaga idea, y creo que esto es generalizado, el efecto de estas costosas producciones de acción es que la idea central de la película queda borrosa, poco clara, y al final nadie se acuerda muy bien de qué se trataba, pero funciona, pues se pasan las dos horas y uno se la pasó bien, engolosinado con el racimo de escenas trepidantes que Protocolo fantasma nos regala a borbotones. Algo similar a lo que provocan las últimas dos secuelas de Transformers por ejemplo, alguna contraseña perdida, un tesoro, o un código que hay que develar..., la voluntad de investigar...

El reparto en esta secuela es muy bueno, mejor que el de su predecesora, porque los actores elegidos son más adecuados, o quizá más creíbles para el género de acción, algo que ni Jonathan Ryan Myers ni Keri Russel ofrecían en la predecesora. Aquí la bellísima Paula Patton y la atractiva rubia Lea Seydoux engalanan la trama con su presencia y con sus habilidades para el combate. Son exhuberantes pero nada delicadas ni están de adorno. Además Jeremy Renner, un tipo con cara de loco y ya de buen curriculum en este género, le hace la contraparte a Cruise, siendo quizá el soporte, la variante, para un Tom Cruise que luce ágil y en forma, a pesar de sus casi cincuenta años.

En resumen es una presentación remozada y mejor contextualizada con nuestros tiempos de Misión imposible. Es un film pariente de la trilogía de Bourne, con Matt Damon, y en general de las últimas películas de espionaje, donde los protagonistas son capaces de hacer siempre maravillas, caer a un auto en movimiento, estallar como saco de papas en el suelo y luego seguir corriendo, cosas de ese tipo, como si realmente estuvieran en la Matrix, sólo que en estas no interesa hablar del tema.

 ¿Habrá una quinta? Seguramente sí, ¿por qué no? después de todo es ya una franquicia taquillera, y si no veamos como ejemplo Rapido y Furioso V (que ya pinta en su mismo final que se convertirá en una media docena). La idea de estas Misiones es reproducible al infinito, no sólo porque siempre puede haber otra misión imposible que cumplir, con unas pocas variantes, muchos efectos y algun giro temático, sino también porque al público en general le encanta, sigue con atención ese linaje que va desde las películas de Bond hasta las tres partes de la Identidad de Bourne. Quizás la verdadera pregunta sea: ¿accederá Tom Cruise a seguirla protagonizando en el futuro? Lo más seguro es que sí, siempre que los años se lo permitan, pues no lo va ha negar, se trata de su mejor carta taquillera. The big money! Haría bien sin embargo, y sería más sensato, si decidiera en esta etapa de su carrera prolongar las otras hilachas que dejó colgando en su filmografía, como por ejemplo la de El último samurai, o explorar más en las historias de política y conspiración, un poco en la línea del director Robert Redford, como hizo en Lobos y corderos.

Links para ver otras críticas:
"Misión imposible 4: la mejor película de Bond"
http://espectacular-espectacular.es/2011/12/26/%E2%80%9Cmision-imposible-4%E2%80%9D-la-mejor-pelicula-de-bond/

Nota.- Quisimos en este texto escribir sobre una película como si fuera una especie de reporte, o de diario en el que lleva uno las cuentas de lo que ha visto, pero sin mayor pretensión, simplemente como la mayoría suele escribir sobre cine, decir me gustó esto, no me gustó aquello, esto bien, esto no, pero sin llegar a plantear mayores relaciones con el afuera. Al lector le corresponde valorarla. A mi cumpa no le gustó ni aca. Por otra parte nos confirma lo que ya sabíamos: el objeto que uno elije para analizar debe ir en función de que te haga moverte, sea una piedra en tu pared, es decir que sea parte de tu diagrama de trabajo. No adelanta escribir sobre todo cuando no hay mucho que decir.