filosofía-arte contemporáneo, cine-rock-contracultura-jiujitsu-fútbol-prácticasdelectura-política-jeetkunedo-libros, UFC, artes marciales.

sábado, 13 de diciembre de 2014

AYRTON SENNA, el sonido de la luz y de la tempestad



Por: Jorge Luna Ortuño



"You should know that by being a raicing driver you are under risks all the time. By being a raicing driver means you are raicing with other people. And if you no longer go for a gap that exists, then you´re no longer a raicing driver.  Because we are competing, competing to win, and the main motivation, for all of us, is to compete for victory, not to come fourth, fifth or sixth". 

AYRTON SENNA, entrevista concedida a Jack Stewart


Fue una terrible coincidencia que justo en la competencia que Ayrton Senna necesitaba recuperarse, pues no había completado las anteriores dos carreras de la temporada 94, se produjeran una serie de antecedentes negativos que removieron el clima de ese fin de semana en el Gran Premio de San Marino. Un piloto austriaco novato, Roland Ratzenberg, había fallecido en ese mismo circuito de Imola durante las pruebas clasificatorias, sólo un día antes, el viernes 30 de abril. Por si esto fuera poco, el compatriota de Senna, Rubens Barrichello, había chocado contra una barrera en el mismo circuito el día jueves en los entrenamientos, había tenido suerte, estaba con fracturas pero fuera de peligro, por supuesto que no iba a competir ese domingo. La desgracia rondaba de manera sombría aquellos días, pero al final todos en la FIA parecieron seguir la enorme inercia del cinismo, según esa premisa que dicta que primero están los negocios. ¿Por qué suspender un Gran Premio con todos los millones de dólares que ya habían sido invertidos y planificados? "Este es un deporte de riesgo y estas cosas pasan", se decían muchos. Pero la muerte de un piloto debía provocar algún sacudón más importante. Nadie pudo o nadie supo oponerse a la maquinaria capitalista que moviliza la Fórmula 1. Ayrton Senna pensaba esos días en liderar una nueva asociación de pilotos de F1 para que reivindiquen la necesidad de aumentar seguridad en los circuitos. Senna no pensaba ya solamente en el vértigo, en el hambre por el triunfo, ahora era el hombre tricampeón mundial que se mostraba precavido, estaba más que nunca asombrado ante el golpe de la muerte en una pista de carreras. Prost dijo en algún momento que ese año hablaron mucho, y que no lo notaba con la misma fuerza ni hambre que en años anteriores. Amigos cercanos a Senna recuerdan que el ídolo brasileño extrañaba la falta de Prost en las carreras, que se había retirado, porque no encontraba la motivación extra. En fin, aquel fin de semana el Gran Premio de San Marino se llevó a cabo igual, encima de todo lo ocurrido, cada uno cargó con el muerto como pudo, el deporte de la Fórmula 1 perdió algo más que su entereza aquel domingo, todo siguió su curso, y el costo final siempre nos parecerá demasiado elevado, el Gran Premio de San Marino de ese año se llevó al piloto más brillante de la historia, tal vez no en las estadísticas pero sí en el nivel de sus presentaciones, en los puntos pico que alcanzó.  

Aquel año de 1994 los eventos tomaron el curso que tomaron, la curva Tambarello fue el cierre de la carrera de Ayrton, que chocó contra ella a más de 200 millas por hora. Cuando el mundo se enteró la noche de aquel 1 de mayo que Ayrton Senna, el piloto mejor dotado técnicamente en la historia del deporte, el hombre más veloz de su generación, había fallecido como consecuencia de ese accidente nunca esclarecido del todo, la vida se suspendió en una borrosa cortina de humo para muchos seguidores; imagino que la existencia se apareció entonces como algo mucho más frágil que de costumbre. En diez años de competición en F1 no se había visto fallecer a un piloto en el circuito, y aquel fin de semana dos pilotos se despedían de manera trágica del mundo. Era inconcebible que uno de ellos fuera el admirado Ayrton Senna, a esas alturas tricampeón mundial, ícono del deporte brasileño, figura idolatrada a nivel mundial. 

En aquello tiempos el único que veía F1 en mi casa era mi papá, era mediados de 1994 y lo único que esperaba con ansias era el inicio de vacaciones en el colegio para ver el Mundial de Estados Unidos 94. En un encuentro en un partido en París, Senna les había dicho a los jugadores de la selección brasileña que ese año uno de los dos debía conquistar el tetracampeonato: "Ustedes aceleren rumbo al tetra que yo aceleraré de allá", les dijo con ánimo de impulsarlos. Brasil no vencía una Copa del Mundo de Fútbol desde 1970, se había quedado con tres estrellas en el pecho desde la presentación del equipo de Pelé y otros magos con la bola como Rivelinho, Tostao, Gerson. Senna por su parte había conquistado los títulos mundiales de 1988, 90 y 91, pero en ese momento eran más de dos años que no revalidaba su título. En 1994 se había pasado a Williams, justo en ese año las reglas del deporte habían cambiado, movidas políticas de por medio, se había suspendido el juego de suspensión activa que le había permitido a la Williams dominar y quedarse con el título en las temporadas 92 y 93. Senna se había movido ahora a ese equipo de Williams con el que, se entendía, podría gozar de una máquina de primera línea, quería ser campeón y necesitaba superar la máquina de McClaren, que se había quedado estancada. Y aquel año, inesperadamente, los del equipo mecánico de Willliams-Reanault tuvieron que repensar el diseño sobre la marcha, buscar las formas de compensación, devolverle estabilidad, experimentaban con cambios por aquí y por allá. Mientras a Ayrton no le iba bien en los premios de Brasil en Interlagos ni en México, donde tuvo que retirarse por problemas mecánicos. Quedaban 14 carreras en el año, no había acumulado ni un punto, comenzaba con dos premios en desventaja, y la Bennetton conducida por el joven Schumacher representaba el nuevo rival a vencer, Senna no quería dejarlos crecer. Así como había hecho con Prost en su momento, en 1988, cuando fueron compañeros de equipo en McClaren, se había propuesto vencer una lucha psicológica al mismo tiempo que de habilidades en la pista; debía ganar en el Premio de Imola, pero además debía hacerlo con un margen que intimide a su joven competencia. 



He podido saber gracias a algunos documentales, como el aplaudido y cuestionado "Senna, la película", dirigida por Asif Kapadia, que nuestro piloto brasileño se encontraba notoriamente tenso aquel fin de semana trágico, que lidiaba con una incomodidad que nunca antes se le había visto exteriorizar en tal manera, que el accidente de su compatriota y la muerte del colega piloto austriaco lo había sacudido internamente muy fuerte, además de que comentan que había sufrido una decepción amorosa por una noticia sobre su novia, aunque esto último sea una especulación muy discutida. Ayrton Senna sabía que no debía correr ese domingo en Imola, de una manera muy íntima, al menos no lo deseaba, algo estaba mal, no era el momento para competir al tope, sin embargo lo apremiaba la sumatoria de puntos, no tenía margen, venían mal con la máquina, era momento de hacer nuevas pruebas con el carro, y Senna tenía que competir a 100 por 100, pese a que no tenía la certeza de que su máquina acompañaría a su cerebro como extensión precisa del mismo. Muy en el sentido de Marshall Mc Luhan, Ayrton Senna declaró en imágenes de video captadas en el documental "Ayrton Senna, racing is in my blood", que la máquina es una parte de su cuerpo, más aún, es una extensión de su cuerpo, y esto no es una manera metafórica de hablar, se debe comprender literalmente. Cualquier mortal común y corriente que haya experimentado cierta intimidad con su bicicleta después de un tiempo de manejarla comprenderá rápidamente de lo que hablaba Senna. Su punto era que mientras más pudieras sentir de la máquina, de la potencia del motor, de sus balanceos, de mil factores, como prolongaciones de su propio cuerpo, más ventajas tendría para luchar por la punta. Pero eso también estaba en contra de Senna aquel año, después de seis años exitosos con la McClaren, aquel 1994 recién empezaba a conocer su nueva máquina, no tenía la máquina lista para vencer, pero él como piloto, como nombre, tenía la obligación de buscar el título. Las cosas no estaban perfectamente sincronizadas, como sí parecían estarlo en el equipo de Benetton, donde venían a confirmar un trabajo realizado ya en 1993. Schumacher comenzó ese año venciendo los dos primeros premios, se instalaba en la punta, más presión para Senna.

Existen ocasiones en que la oportunidad se encuentra con la idea, días en que el sentido de urgencia y timing se sincronizan perfectamente con la aparición de una crisis que es una puerta, pero hay también ocasiones en que todo lo sucedido se va acumulando como señal para impulsarnos o bien para aplacarnos en nuestras tomas de decisiones. Infortunadamente, sólo después de que se han desarrollado los hechos podemos decir con certeza que Senna no debía haber corrido. Es fácil decirlo después, lo peor es que Senna no pudiera estar ahí para tomar nota de la enseñanza, para saber cuánto su instinto contaba. Desde luego que habían intereses económicos gigantes de por medio, él se había colocado en una posición de tal visibilidad que el foco de atención estaba sobre su rendimiento. Esa era una de sus desventajas, Senna no podía permitirse una carrera mediocre, estaba de algún modo demasiado atado a su imagen vencedora. Aunque el 92 y 93 no había ganado los campeonatos, sí había ganado carreras singulares, fueron triunfos puntuales, algunos de ellos grabados como momentos memorables en la historia de la Fórmula 1, auténticas cátedras acerca de lo que es pilotar un carro fórmula 1 en la lluvia.

Pero veo estos documentales en YouTube, como uno producido por la Rede Globo, "Ayrton Senna do Brasil", y me asaltan sentimientos encontrados. Por un lado tienen un poder hipnótico fuerte, apelan al lenguaje emocional, no es difícil hacerlo con Senna de por medio, un hombre intenso de temperamento caliente, que evoca las cúspides del vértigo y la vida al límite. Al principio uno tiende a contagiarse de esa visión, se convierte en otro fan incondicional del piloto brasileño, no se puede menos que empezar a obsesionar con algunos temas, con algunas preguntas, como por ejemplo ¿qué pasó aquel día del accidente? ¿Fue la barra de dirección del volante la que ocasionó la falla al romperse segundos antes de llegar a la curva? Sientes algo de furia o de frustración, se psa, luego vuelves a ello, ¿por qué tuvo que irse con sólo 34 años, no había forma de que se le perdone aquella ocasión, que un golpe del azar lo salvara del final inminente? Eso pasa, lo dejas reposar, escucho The sound of speed de Coldplay, también he estado escuchando algunos temas de Moby y Radio Head. Te ayudan a templar algunas exageraciones.

Ayrton Senna me habla de la realización, del espíritu competitivo, de una fuente de inspiración enorme, de un hombre enigmático que estaba por delante de sus rivales en muchos aspectos, era algo más que un piloto de carreras. Pero Senna también me habla de un país como Brasil lleno de mucha gente dependiente, adicta a los ídolos, sean estos de papel, de verdad o simplemente inventados por el marketing y la publicidad. En los documentales se escucha testimonios de brasileños dolidos diciendo que la alegría de Brasil era Senna, que frente a los problemas sociales del país él era la única esperanza, que era lo único bueno, que era la representación ideal... Y la verdad es que me causa cierto rechazo ese tipo de relaciones de apego tan intenso, esa dependencia neurótica respecto de un tipo que era admirable sin duda, pero que no era un héroe, simplemente alguien de carne y hueso que hacía con excelencia lo suyo. A Senna lo adoptaron como héroe apenas empezó a ganar, ni la gente, ni el pueblo, ni el gobierno hizo nada por creer en Senna cuando no era nadie, cuando no tenía plata para irse a Europa, cuando vivía en Inglaterra comiendo huevo frito, huevo cocido, huevo revuelto, para sostenerse allá y luchar por su oportunidad. ¿Cuántos creían en él cuando estuvo a punto de retirarse porque pensaba que nunca conseguiría patrocinio? Fueron sus padres los que decidieron apoyarlo, lo empujaron con un colchón económico para que fuera tras su sueño, y él se comprometió entonces para ser el mejor. No le interesaba el segundo puesto, ni el tercero ni el cuarto, su mentalidad era ser el primero o nada. Dicen que esa era su manera de negociar, o blanco o negro, no veía muchos grises en su vida. Por ello, resultaba muy fácil decir tiempo después "somos campeones del mundo" cuando Senna ganaba, sólo por el hecho de que ese hombre tan veloz tenía tu misma nacionalidad. A mucha gente que no encontraba ni fuego, ni placer, ni locura, ni peligro en su vida, Senna le resultaba funcional para mantenerse en su mediocridad voluntaria, vivir el éxito y la sombra de la alegría del triunfo aunque de manera indirecta, a través de otro brasilero que los representaba a ellos.

Pero nadie representa a nadie, los que son grandes o aspiran a serlo por derecho propio no aceptan ser representados por nadie, o al menos lo niegan con todas sus fuerzas. Los grandes, los que tienen un reservorio cultivado con sus propias riquezas interiores, tienen mucho que decir y hacer por su cuenta. ¿Pero quiénes pueden ser grandes en un país donde se educa para seguir e idolatrar, donde se cree que el 90 por ciento de la gente es simplemente gente ordinaria y común, no destinada para nada especial, a la que se le ha reservado el lugar de público espectador? No te interesa hacerte agua la boca por el goce del triunfo de los otros cuando sabes que tienes mucho para dar, cuando tienes que realizar tus propios movimientos porque te sabes un ser singular con aspiraciones gigantes y propias. La gente que no disfruta de crecer en rebaños se niega a convertirse en seguidora, se aleja de los fanatismos, escapa a los estados de ceguera colectiva. Otra cosa es admirar. Admirar es entrar en un estado de conexión. Conectarse con Senna es algo diferente, es atender a su genialidad, entrar en su zona de vibración, encontrar o crear una zona compartida, una zona de vecindad donde fuerzas de ti y del otro se intercambian. Entonces te interesa estudiar cómo Senna lidiaba con momentos de máxima presión, qué ideas lo animaban, qué valores representaba, qué lo hacía único frente a una generación llena de pilotos con temperamento, Mansell, Prost, Berger, Piquet... Y te interesa entender, aunque sea de manera intuitiva y aproximada, qué fue mal aquel día 1 de mayo del 94, qué hizo diferente, qué dejó de hacer. No se trata de identificarse, como si esa fuera la única manera de relacionarse con algo querido. Se trata de agenciar, tener algo que ver, como decía D.H.Lawrence con los esquimalitos. Deleuze y Guattari dirán ni imitación, ni mímesis ni fusión. Se trata de una simbiosis, momento de twinlight, devenir Senna de otro. En palabras de mi propia investigación, diría que admirar es conectarse inalámbricamente con el otro. Admirar es abrirse a un nuevo campo de posibles, un circuito de energía entre ambos que tiene ida y venida, es algo vivo, tomas algo de Senna para hacer algo con ello en otra parte. ¿No es acaso la mejor manera de homenajear?


Una invocación al espíritu de Senna a través del sonido de los motores, tecnología del equipo mecánico de Honda. Reminiscencia de una carrera de 1989


El pensamiento inalámbrico exige constantemente un esquizoanálisis, un análisis de líneas de vida, ver qué formas de relación se están promoviendo en tal o cual acción, qué se estanca o qué se prolonga, si aparecen ataduras y dónde se ramifican, si existe manera de cortarlas sin provocar una desestabilización muy fuerte. Por todo esto es difícil hablar de pensamiento inalámbrico sin mencionar de una u otra manera a Gilles Deleuze, sobre todo a él, y un poco a Guattari. En el caso de Senna, de la admiración y la pasión por Senna, lo que veo en los testimonios son homenajes decididos, se muestra a un pueblo brasileño que tenía una conexión especial con su héroe, como decía Galvao Bueno, "Senna representaba al Brasil que termina saliendo bien", el Brasil que tiene suceso. Pero yo iría más lejos, alejado del pensamiento de la representación. Senna era el caso de aquellos que juegan con fuego para ir más allá de sí mismos, para explorar en su ser, tanto que atraviesan por momentos experiencias míticas, como aquella carrera en Interlagos en 1991 que Senna venció con la caja enganchada en sexta velocidad, y que terminó primero pero con espasmos musculares muy dolorosos por toda la tensión que había soportado en su cuelllo, los hombros y los brazos. Da la impresión de que en su amor por Senna muchos mostraban su fijación en el triunfo, admiraban la capacidad de tener éxito a nivel mundial, la vida de nuevos lujos, de mujeres bellas, de autos, helicópteros, aviones y lanchas privadas. Pasa lo mismo con el fútbol, Brasil parece más fanático del triunfo que del fútbol mismo. La muerte de Senna, conectada después con el tetracampeonato de Brasil en el fútbol, le recordó a todo un país de la vulnerabilidad de la vida, pero también de sus ídolos, no está bien hacer ídolos, sean de barro o de verdad, sólo sirven para tapar huecos y dejar de ver realidades. Cuando el ídolo se ha ido las cosas vuelven a tirar su olor enmohecido con mayor fetidez, siguen como estaban, y había que asumirlas antes o después. La admiración es una fuerza que anima una relación de modo que incentiva el movimiento, la acción, la mejor comprensión, al contrario del fanatismo, que promueve la pasividad, la imitación, el quedarse en el mismo lugar reconfortado por la imagen del que logra lo suyo, y nos hace sentir que lo hemos logrado también nosotros como experiencia indirecta, a través de él o de ella. Que pilotos, actuales campeones de hoy como Hamilton o Alonso, nos cuenten que en 1994 eran chiquillos e idolatraban a Senna, que lo tenían en poster por todas partes, eso es normal, parte de una relación adolescente y hasta infantil con su ídolo, una relación obsesiva hasta cierto punto. Pero adquiere su verdadero sentido cuando sirve de combustible para comenzar a hacer tu propia carrera, a construirte como piloto, eso es lo que hicieron ellos, esa no es una relación por atadura, no es cableada, es una relación de antena, por captación de señal, lo que les permite movilidad e independencia de pensamiento, eso es otra cosa, la mejor manera de saludar a un brasileño de la mejor cepa, un brasileño que trajo consigo el sonido de la luz, y también de la tempestad.



Links relacionados:

Ranking de los mejores pilotos de la historia

Los campeones de hoy recuerda a Senna

Las polémicas en aquel circuito de Ímola en 1994

Prost recuerda a Senna

domingo, 30 de noviembre de 2014

MAD MEN, MIRADAS


Por: Jorge Luna Ortuño

MAD MEN ha ocupado mi centro de atención en el mes de noviembre de este año. La serie llegó como un regalo de cumpleaños, me puse a verla para averiguar si podía encontrar elementos para mi clase de Dirección Creativa en la Carrera de Publicidad y Marketing. Resultó ser bastante más, la historia es atrapante porque está diseñada para seducirnos. Es una serie sobre la ciencia de la persuasión que sabe muy bien cómo persuadirnos para volvernos adictos a ella. Ambientada en la tumultuosa década de los 60, muy rica culturalmente para los EEUU, este drama de época tiene como centro a un personaje central que ya es icónico, Don Draper, interpretado por John Hamm a gran altura. De hecho, John Hamm se ha convertido una pieza tan clave para el éxito de la serie, que su figura humana es paralela a la del inalcanzable Draper en la agencia de publicidad Sterling Cooper Draper and Pryce. 

Hasta que vi la serie no tenía una idea completa de cuál es el trabajo de un director creativo. Después comprendí que se trata de una figura que ya nos han mostrado en filmes como Sweet November, con Keanu Reeves y Charlize Theron. Un Director Creativo trabaja y vive para poder ser poseído por ideas nuevas que cambien la forma de ver las cosas. Un Director Creativo trabaja en la tarea de hacer ver a las cosas más importantes y deseables de lo que realmente son. No creo que en esas épocas, en los años 60, existiera la carrera de publicidad a nivel universitario, principalmente era un oficio que requería de saber vender, pero sobre todo de saber vivir, de haber rodado por la vida, conocer algo de esto y de lo otro, de ser entrador y codearse con los que manejaban los hilos en alguna parte. Volviendo a la referencia lateral, en el drama romántico Sweet November nos presentan a un publicista que vive como un verdadero frívolo, que responde sólo a las leyes del dinero, resuelve sus problemas con dinero, ha perdido la sensibilidad para comportarse como ser humano, es un cínico consumado y goza del éxito que le procuran sus ideas en las campañas publicitarias. Se siente alguien en ese mundo laboral, que es casi toda su vida. La mujer rubia que viste como una hippie sobreviviente de la generación de las flores y el amor libre, aparece en la historia como la contra parte, el polo opuesto, el ser que está conectado con el centro secreto de la vida, respira pureza y alegría, tiene el rostro de un ángel y las maneras libres de una persona que ha trascendido ciertas prerrogativas de la sociedad. Ella será la encargada de devolverle al publicista desconectado una sensación de pertenencia diferente con el mundo que lo rodea, en base a una relación que no estará basada en el progreso como acumulación material ni gratificación por medio del dinero. 

Se ha dicho en repetidas ocasiones que el mejor cine de la actualidad en los EEUU se está realizando en la televisión. Mad Men es una de las responsables por haberle robado el foco de atención al cine de Hollywood, junto a otras series como Los Soprano, porque tienen una calidad a nivel de guión y de producción que es notable. Mad Men es heredera del glamour y la fascinación con la que se presenta la vida en otra época, desde la vestimenta hasta la forma de dialogar y de sentirse en el mundo, me recuerda en esto a El Padrino de Coppola, que nos hace deleitar con su visión de las familias italianas, aunque la historia sea sobre la Mafia en los papeles. Mad Men se presenta con esa fascinación por la vida de estos publicistas en la agencia fictica, la historia de Don Draper no es tan melosa como en Sweet November, no existe una redención ni un despertar, en la serie nos divertimos con su perfecta frialdad frente a ciertos asuntos, no se inmuta ante la materialidad que domina su mundo, no es un sentimental, disfruta su inmoralidad, sabe separar las cosas, es dueño de su vida permisiva sin dejar de cumplir con su hogar, su centro de equilibrio está en el éxito en su trabajo, si bien es una especie de dios, se muestra privadamente como un ser en conflicto, algo dividido, que no termina de sentirse a gusto en su piel, parece tenerlo todo pero vive una especie de drama existencial. Los flash-backs ocasionales a su vida pasada nos muestran de dónde viene y qué pasó, es el pasado que lleva consigo, del que no puede hablar y que ha clausurado para los otros, aunque no pueda terminar de quemarlo interiormente.


La pregunta básica sería: ¿De qué trata Mad Men? Es acerca de cómo influir en las personas y ganarse el respeto de los otros. La serie tiene un despliegue de psicología muy profunda en la resolución de diferentes problemas de relaciones humanas que van surgiendo en los capítulos. En la agencia de publicidad que tiene como referente central a Don Draper, la cuestión del ego y de los celos está a la orden del día, lo que abundan son seres frívolos e hipócritas que sólo piensan en su ganancia, están al acecho de cualquier oportunidad para mejorar su situación, se desaniman cuando sus iguales ascienden, se inquietan cuando algo cambia en la atmósfera de la oficina, viven con una sonrisa plástica para agradar a las piezas clave, son envidiosos y adictos al cigarrillo, así como a la vida superficial que llevan. Al escribir estas líneas he pensado en seres como Peter Campbell, una especie de ser despreciable, pero también en Roger Sterling, en Joan Harris, en el viejo zorro Cooper, en la famila de Trudy... Peggy Olsen ingresa como una secretaria, es una mujer ingenua, con enormes deseos de hacer las cosas bien, va comprendiendo cómo funcionan los juegos y las trampas en ese lugar a medida que se interioriza, no es una ambiciosa del mismo tipo, es modesta y respetuosa, sensible, temerosa, pero tiene agallas. La parte de vulnerabilidad conecta con la audiencia a través de su personaje, la otra parte de carisma y una templanza magnética se conecta con el personaje de Don Draper. Se diría que este hombre alto, bien trajeado, de quijada cuadrada y mirada penetrante, no le debe temer a nada, y si le teme a algo no lo demostrará nunca. Sólo los espectadores sabemos que oculta su verdadera identidad, y que nada lo inquieta tanto como la posibilidad de que se revele su deserción del ejército, habiendo tomado la identidad de otro, lo cual significaría el riesgo de perder toda su nueva vida ganada palmo a palmo. 

Draper tiene estilo con las mujeres, es un jugador, sabe tratarlas y sabe ponerlas en su lugar cuando es necesario. Las seduce en base a la posición y actitud de poder que refleja, sin embargo nunca es brusco con ellas, se mueve poniendo el encanto por delante, difícilmente se podrá ver que una mujer dirija o manipule a Draper. Incluso ante la figura mandona e inmadura de su esposa Betty, vemos a un Don sereno, como si la cosa no fuera con él, lo que tiene como premisa principal es dejar que ellas sientan el placer de tener lo que quieren. Le gusta complacer a su mujer, sabe medir entre lo que es banal, lo que es pasable, aquello en lo que no se hará lío, pues lo considera poca cosa para discutir, y en lo que tiene que dejarse claro en ese mismo momento para que no se repita en el futuro. Cuestiones de dinero no suele hacerse problema, es de mano abierta, quiere comodidad para su  mujer e hijos y es generoso con su amante ocasional. También es severo cuando se trata de temas más importantes, como la crianza de sus hijos y la seguridad de su casa. Sobre sus hijos, Draper es algo distante, no los ve lo suficiente, llega cansado en las noches, apenas habla con ellos, se confía en que Betty es la dueña de la casa y quien lleva las riendas de su educación y cuidado, él la respalda e intenta hablar calmadamente cuando hay necesidad. En partes es una posición inteligente, en partes es una posición cómoda, en su mente le libera de pensar en ello, no puede preocuparse también por eso, él debe enfocarse en el trabajo, su trabajo consiste en dar vida a nuevas ideas, desarrollar otras, idearse las formas necesarias para complacer a sus clientes. Draper trabaja en el negocio de complacer, de contentar a los que ponen los billetes, es como una puta con labia, tal vez eso influye en su psicología a la hora de tratar a sus mujeres. En raras ocasiones su paciencia y temperamento terminan siendo decisivos, no soporta algunas idioteces, en más de una vez ha mandado por el caño a un cliente en ciernes que se mostraba indeciso ante la propuesta de la firma para uno de sus productos. Draper sabe muy bien valorar en cada situación su grado de poder y sus opciones, a tiempo que valora el poder del que tiene en frente y sus justas potestades. Respeta las convenciones de una tratativa de negocios pero no le gusta que le vean la cara de tonto, no acepta que lo pongan en situación de rogar nada, es directo y cortante cuando se trata de hacer respetar su trabajo. 

Rara vez se verá a Don Draper sin un cigarrillo en las manos, o a punto de prender uno. Las mujeres lo desean aunque sea secretamente, y los hombres a su alrededor lo respetan, muchos de ellos lo admiran, y está claro que nadie quiere cruzarse en su camino, a menos que tenga decidido jugarse su empleo. Draper es un hombre de influencias, que no titubea a la hora de defender sus principios, no actúa siempre en persecución  por el dinero, entiende que hay ocasiones en que es preferible que el negocio sufra, antes que ponerse en una situación de pobreza moral frente a la competencia o a un cliente abusivo. Puede jactarse de ser leal, no es de los que mueve las cosas a espaldas de los otros, maneja a su equipo en base a presión, y se muestra él mismo como la inspiración que ellos necesitan, el líder al que observan y que resuelve los peores escenarios cuando las papas queman. Le pagan un dineral y no tiene contrato, nunca lo quiso, porque así, en sus palabras, "ellos pueden tenerlo pero no les pertenece". No está condicionado ni atado, trabaja en esa firma por afinidad, por compatibilidad de intereses, no necesita encadenarse a esa empresa, esa es su guía de vida en cuanto a lo laboral. Aunque no tiene planes de irse a otra compañía, prefiere saberse libre de tomar sus cosas y seguir sus pasos en caso de tener que hacerlo algún día. Así, como ha dicho John Hamm, lo que se puede decir de Don Draper es que es un hombre complicado, o al menos complejo, y esta es la base de una receta que le ha funcionado muy bien a Weiner, el creador de la serie, premiada con los Grammy en repetidas ocasiones por cada una de sus temporadas. La séptima y última, en su segunda parte, se estrena el año que viene. 

viernes, 28 de noviembre de 2014

LÍNEAS, CORTES Y FUGAS



"Así actuamos nosotros, los brujos, no según un orden lógico, sino según compatibilidades o consistencias alógicas. (...) Nosotros conocemos muy bien los peligros de la línea de fuga, y sus ambigüedades. Los riesgos siempre están presentes, pero siempre existe una posibilidad de escapar a ellos: en cada caso se dirá si la línea es consistente, es decir, si los heterogéneos funcionan efectivamente en una multiplicidad de simbiosis, si las multiplicidades se transforman efectivamente en los devenires de paso”.
Deleuze-Guattari, Mil mesetas


Desearía poder escribir un libro utilizando el esquizoanálisis de Deleuze y Guattari, sospecho que me podría resultar especialmente útil para pensar productos culturales masivos de nuestro tiempo, y al decir esto tengo en mente las series televisivas norteamericanas, como por ejemplo Mad Men, o una telenovela mexicana, como El abuelo y yo, y tal vez un melodrama coreano como Escalera al cielo. Si hablamos de cine hay historias sobre las que podría iluminar bastantes temas desde ese pivote, y estoy pensando en el filme argentino El secreto de sus ojos, o en la película de Sam Mendez La revolución de los Wheeler, basada en la novela de titulo homónimo de Richard Yates.

Con Deleuze y Guattari aprendí mucho del deseo, la potencia y la fuga. Trazarse una línea de fuga es algo que se hace por necesidad. Fugarse es diagramarle una salida a un territorio, desterritorializarse, teniendo en mente que no se refiere por territorio simple y llanamente a un espacio físico, y tampoco se trata de algo meramente simbólico. Tomemos el caso de "El abuelo y yo". Análisis de líneas. Un muchachito de la calle, casi adolescente, llamado Daniel, que encuentra un hogar en la casa de un viejo amargado como lo era Don Joaquín, otrora un pianista notable. Por otro lado se encuentra su amiga Alejandra, una muchachita de la edad de Daniel, que se hace su íntima en base a juegos y conversaciones donde hablan de lo que les pasa en sus vidas tan disparejas, donde ella convive con todas las comodidades mientras él se mueve en un mundo de limitaciones y falta de protección. Ella no tolera la situación de su casa, donde sus padres, Gerardo y Fernanda, mantienen en ruinas su matrimonio. Con el avance de los capítulos a Daniel lo terminan separando de su abuelo (postizo), las instituciones que velan por el correcto desarrollo de los menores se lo llevan a un hogar para niños, mientras Don Joaquín, imposibilitado de oponerse, ya solo y sin mayor fuerza para seguir soplando, elige encerrarse en un asilo de ancianos, donde sólo espera por el último día. Así están las cosas cuando llega ese día en que empiezan a moverse algunas fichas misteriosamente, algo está por sacudirse en ese mundo, Daniel escapa del hogar para niños huérfanos, una especie de correccional, y después de ir a la fiesta de la Yoya van junto a Alejandra a recoger a su abuelo para que se salga del asilo. Alejandra, que sin querer ha escuchado que su papá se divorciará y que su madre está con otro hombre, tiene repulsión respecto de la vida en su casa, sólo piensa en huir, aunque no le cuenta a nadie cuál es su razón. Juntos los tres, cada uno más desesperado por moverse y dar un paso hacia algo desconocido donde puedan seguir unidos, se ponen a correr por la calle, observando cómo el asilo comienza a quedar detrás suyo, junto con la vieja sensación del encierro. 

Las peripecias de estos cuatro personajes, junto al perro Anselmo, son varias y de corte aventurero, los eventos se van amontonando sobre sí, no planean nada muy bien, no saben bien por donde seguir, lo único que tienen es el hambre por avanzar, por no detenerse, simplemente son una especie de víctimas de las circunstancias, responden ante el apuro, no quieren ser atrapados nuevamente. La escena simbólica de la novela es la huida en un globo aerostático, después de que hicieran nuevos amigos en su paso por un circo donde pusieron de su parte para las funciones. Aquí recuerdo a Ricardo Piglia, literato argentino, que escribe respecto de la experiencia del Che en sus "Diarios de viaje", que el sujeto se constituye en el viaje, al menos así funciona para Guevara, un sujeto que no se reconoce a sí mismo del todo cuando debe después ordenar los apuntes tomados en el viaje, "Yo ya no soy Yo, al menos no ese mismo Yo, este vagar por nuestra América Latina me ha cambiado más de lo que pensaba", palabras enigmáticas de un joven aspirante a médico argentino, que escribe, pero que se imagina como un explorador que puede curar otro tipo de enfermedades del continente. El caso de El abuelo y yo es algo similar, sujetos buscando reconstituirse a partir del viaje, el desarreglo de sus vidas, o la reorganización de sus experiencias a partir de la fuga. La razón está bien explicitada, los escritores de la novela no dejan lugar a dudas, queda claro para el televidente que los personajes reunidos en el globo escapan porque no pueden tolerar lo que la sociedad les hace esperar en sus vidas. Se convierten en unos outsiders de algún modo, los que van por fuera, no lo había reparado en todos mis días de seguidor de la novela, era un chiquillo, ni lo había hecho hasta hoy, estas ideas fluyen en el mismo acto de sentarme a escribir sobre el tema. Supongo que ya desde esos años me interesaba la desviación, la conducta desviada como llaman en sociología, esa que no tiene que ver con la locura, simplemente es una respuesta afirmativa frente a la locura de la sociedad que necesita modular las energías sociales. 




Alejandra (Ludwika Paleta) vive en una familia pudiente, de la clase alta, su madre es la típica mujer con nariz algo respingada que se maneja con cierta dejadez respecto de su hija, le interesa más su propia vida, y en este escenario la nana Sofía es la que más cuida y vela por Alejandra. Su padre es una especie de abogado, no recuerdo bien, tiene la pinta de un hombre de negocios. No sé qué queremos decir cuando decimos eso, supongo que tiene que ver con el traje bien cortado, las maneras estudiadas, el dominio de sí, eso de poner primero los intereses, moverse por ciertos círculos... Gerardo, el padre, tiene una amante, su secretaria, una pelirroja de piel pálida con pocos escrúpulos, que a su vez tiene su novio a ocultas. Alejandra es víctima de los efectos de un hogar que se resquebraja, ahí cada uno busca algo de aire fuera de la atmósfera apremiante de esa casa descolorida, pero Alejandra, que no tiene más de 13 o 14 años, es la que menos posibilidades tiene de salirse y anestesiarse frente a esa realidad. Su salida y una de sus alegrías mayores es su amigo Daniel, el marginal, que en cierta forma es como su primer enamorado. Tienen una relación muy inocente, ambos son cautivantes frente a la cámara, ella es rubia, de ojos azules, tiene una sonrisa que le desbarata los sueños a cualquier adolescente, los diálogos son entretenidos, la novela se sostiene en gran parte sobre su amistad, al menos a los ojos del público infantil que la siguió. 

El hecho es que después de todo el drama acumulado se escapan, y siempre me han fascinado los que logran escapar, los que reivindican lo prodigioso de la fuga. No es necesario el desplazamiento físico, el apartarse o irse muy lejos, no es carácter indispensable, pero en la mayoría de las ocasiones son un elemento infaltable de las historias que nos presentan como fugas. Recuerdo aquí el relato de Giacomo Casanova sobre su escape de la Prisión de Los Plomos en Venecia, o el film de Paul Haggis Los próximos tres días, protagonizado por Rousell Crowe, vertiginosa historia de un hombre que hace lo que tiene que hacer, en silencio, para rescatar a su esposa de una vida oscura que injustamente se le había condenado. En El abuelo y yo la cuestión es mucho más modesta, es una problemática familiar y sobre la amistad, una lección acerca de lo que es casarse, los daños que se pueden hacer a los hijos, y todo lo que involucra la posibilidad de fugarse de lo real a través de un viaje, un devenir loco donde se conectan territorios compatibles. En su viaje, Alejandra, Daniel y Don Joaquín, acompañados por el cómico Don Lucas, conocerán a un enano, a un hombre forzudo, y a una bruja en el circo, luego a un chamán en el desierto, la niña que no puede caminar desde que vio morir a su madre en un acto acrobático, los niños de Puerto Sonora, y la sombra del despreciable Fonseca que los sigue junto a un mercenario, Roque, un garabato de rufián que sólo podría asustar a los niños. Si se hubiera tratado de un cuento tal vez nos hubieran contado que Alejandra se encerraba en su cuarto a leer, y en la lectura podía fugarse por la fantasía a la dura realidad de una casa que se desmorona. La aventura de leer sería así presentada como un viaje donde se conocen seres de otras culturas, seres fantásticos, tesoros escondidos, ciudades perdidas y otros. Pero la telenovela nos presenta la posibilidad de que ese viaje que parece imposible sea real, una serie de eventos poco usuales se mezclan, como por ejemplo que Alejandra y Daniel se encuentren en el festejo del cumpleaños de la Yoya, que puedan salirse de ahí para ir a recoger a Don Joaquín, mientras la noche los agazapa en su huida rumbo a un destino que ni se imaginan. 

MAD MEN


Tengo guardados estos apuntes sobre la serie creada por Mathew Weiner desde hace unos días, los llevo conmigo, algunos han sido anotados en un cuaderno y el resto circula en mi sangre. No debo ser el primero en reparar una peculariedad en la construcción de las temporadas de esta tan premiada serie: el inicio siempre deja un rastro de un problema o de una fijación que se repetirá en el capítulo final de cada temporada. Así por ejemplo, en la primera temporada Don Draper inicia agobiado porque la nueva idea que debe tener para complacer a sus clientes de la empresa tabaquera Lucky Strike está perdida en la nebulosa de su mente, se siente bloqueado y algo asfixiado. Mientras, nos cuentan en el resto del capítulo piloto quién es Don Draper, o lo poco que se sabe de él, también nos muestran la hermenéutica de su oficina, los personajes que lo rodean, su vida permisiva con el alcohol, el tabaco y su relación de katarsis con su amante. Cuando se le ocurre en la presentación que los Lucky Strikes son tostados, y que puede usarse esa línea como eslogan para distinguirse de la competencia, todo parece salvarse, sólo después de ello nos enteraremos de que en las noches retorna a una casa donde lo espera una muy atractiva esposa y una pareja de dos pequeños hijos. Luego, en el capítulo décimo tercero de esa sesión, el último, la tónica se repite, Don Draper debe encontrar una idea ingeniosa para su campaña de las nuevas máquinas fotográficas de Kodak. En la ocasión Draper sufre igualmente hasta el final, hasta que la idea desciende en él, apelará al discurso emotivo, referirse al lazo emocional que un objeto físico puede establecer con el cliente, por ser una máquina que permite volver en el tiempo a esos momentos inolvidables que ya no pueden retornar. Esa presentación le hace repensar su propia relación con su esposa y sus hijos, sus pocas ganas de participar en la actividad familiar del día de gracias, de pronto, al ver esas imágenes de la vida que se ha creado, la de un Don Draper del que ha asumido la identidad, siente necesidad de ver a su esposa y sus hijos, pero al volver a casa se encontrará con el hogar vacío, ellos ya partieron rumbo a casa de los suegros. 

Esta misma repetición o el guiño entre capítulo inicial y final de cada temporada puede verse también en la segunda y en la cuarta temporadas. En la segunda comienzan con un personaje leyendo el libro "Meditations in an emergency", de O´Hara, como trasfondo a la situación de resolución traumática que vive el país frente a la a uno de los episodios más paranoicos de la Guerra Fría: la crisis de los misiles en Cuba. La serie se supera en sus alcances y ambiciones en esta segunda temporada, y la manera en que hilan la historia de los personajes, varios de ellos atravesando crisis personales, que se combinan con la crisis política que vive el mundo, la amenaza de una guerra nuclear, la confrontación con la muerte colectiva, a gran escala, algo nunca antes vivido en el mundo. Al ver la serie yo mismo vivía mi propio conflicto, lo hacía en silencio, era una pugna por poder, por respeto, debía hacerse con frialdad, ambos bandos debían mostrar sus armas hasta forzar una situación de negociación, la situación estaba congelada, algunas cosas se decían y otras no, comencé a mover algunas cosas para incitar presión. Todo se resolvió bien, por fortuna, hubo que integrar algo de diplomacia al asunto, justo como sucedió con la resolución del conflicto entre rusos y americanos, las partes siempre desean salvar su prestigio moral, el tira y afloja se había ganado de otra manera, según ese modelo de gestión que es el ganar-ganar. 

La clave secreta de Mad Men es la historia de Dick Whitman, que estuvo en los campos de batalla como soldado y encontró ahí su ticket de retorno a la sociedad pero con otra identidad. Internamente él sería el mismo, pero para los demás asumía la identidad de Don Draper, gracias a una confusión provocada después de una explosión y un intercambio de cadenas donde se identificaba a los cuerpos. Whitman aparece así en la ciudad como un Bartleby, un desconocido, sin pasado ni familia ni referencias, un hombre que se debe reinventar...

Escalera al cielo 



Comencé a ver este drama de manera increíble, me lo había recomendado una amiga muy especial, ella estaba fascinada, pero todavía no termino de recordar cómo me vi tentado de comprar los discos y comenzar a verlos. En fin, sucedió, fue el 2008. Lo comenzamos a ver con mi hermana y curiosamente no pudimos soltarlo. Pegaré a continuación el análisis que había escrito ese año y que obsequié a mi amiga Pamela, como una retribución para compartir miradas. Creo que intentaba seducirla, no resultó del todo. Fueron también mis primeros pasos tratando de escribir sobre cómo veía estos análisis de líneas por todas partes, y la serie fue un buen caso de estudio. Lo único que tenía leído en ese punto era Crítica y clínica de Deleuze y los cursos en Vincennes AntiEdipo y Mil Mesetas, que fueron realmente adictivos. Aquí va lo que salió, les aviso que es un poco largo:

El amor romántico
Desde “Casablanca hasta “Titanic", pasando por “Lo que el viento se llevó”,  nos encontramos con un persistente tono de tragedia que envuelve la idea del amor. Parejas que se separan, despedidas dramáticas, viajes inevitables a lugares lejanos, a otros continentes, y también a otras vidas. En suma, se trata de una idea que ha pegado muy bien a lo largo de la historia, la del amor concebido como algo inseparable de una fatalidad del destino. No hay finales felices para Tristán e Isolda, ni para Romeo y Julieta, y dentro de esta tradición, tampoco lo podía haber para Song-ju y Jeong-su, dos personajes que seguramente quedarán grabados también en la galería de las célebres historias románticas.

En el exitoso y reciente melodrama coreano “Escalera al cielo” (2004), el romance de esta pareja se bambolea entre desgarradoras separaciones y fugaces reencuentros, como las aguas del mar que van y vienen, meciendo y embriagando. En una primera instancia hay que notar que los productores de este drama han sabido usar muy bien algunos elementos tradicionales para una historia de amor romántico. Primero, partir de un fuerte vínculo de amor construido desde la niñez, luego, un intercambio de objetos para consolidar la relación emocional, y una promesa infantil casi
a modo de profecía: “el destino de los que se aman es volver a encontrarse”. Luego, una heroína que oculta su enfermedad y que carga con su desafortunado destino en silencio; un héroe que tiene que superar todos los obstáculos que le pone la vida para recuperar a su amada y, por último, dos escenarios de fuerte sentido simbólico como son el carrusel y la casa a orillas del mar.

Si nos dedicáramos a hacer un análisis puramente racional, podríamos decir que ésta novela esta construida en torno a elementos demasiado repetitivos. Recordemos “Memorias de una Geisha”, que trata de la vida de Sayuri, una mujer maltratada por la vida que se enamora -a muy temprana edad- de un empresario que le consuela al verla llorar en la calle. Este acontecimiento marca en su vida un recuerdo celestial que la lleva a decidirse por guardar su corazón para ese gentil extraño, hasta el día en que vuelva a verlo y ella se haga una mujer. Otro gran referente es la clásica novela brasileña “La morenita”[1] (1844), que utiliza varios de estos elementos: una relación que nace en la niñez y que marca en su pureza lo que es el verdadero amor, y luego el reencuentro, con toda la idea de que hay un único amor que es hasta la muerte. Si repasamos muy brevemente todo esto, podemos ver que el éxito de “Escalera al cielo” no pasa por sus innovaciones, sino al contrario, por su capacidad para volver a utilizar con frescura estos elementos, y hacerlo en torno a una historia creíble, de manera tal que se presenta como una tragedia de la vida cotidiana a los ojos de la mayoría.

Dicho todo esto, es necesario tomar cuenta de los riesgos que implican un análisis puramente racional, a saber, que es posible perderse lo que sucede en otros niveles, quizás, la esencia misma de la historia, la esencia de ese amor extraño que en realidad tiene un final muy feliz (lo demostraremos más adelante) En ese otro nivel, -afectivo, musical, líquido-, si uno se deja afectar por la historia puede captar algunas cosas muy bellas por detrás de la aparente seguidilla de tragedias que nos presenta.

En primer lugar, la novela parte de un deseo que nos toca a casi todos, parte de una especie de sueño colectivo que consiste en trazar escaleras que nos lleven al cielo, a un lugar sin dolor, sin sufrimiento, y sin despedidas. Ahora, en este trazado, observamos dos escenarios que se repiten a lo largo de la historia. El primero es el carrusel, donde los dos protagonistas, Cha Song-ju y Han Jeong-su, suelen reunirse desde niños. En una escena, cuando saben que ya no viajaran juntos a Europa para terminar la secundaria, Jeong-su le cuenta que cuando se subió por primera vez al carrusel, su mamá la veía desde un costado, y algo singular le pasaba: “cuando ella desaparecía, yo lloraba y cuando aparecía, me reía”. Es una especie de metáfora y adelanto de lo que será su romance con Song-ju, y de alguna manera, de lo que es la vida en general: un carrusel que no para de dar vueltas, que varía constantemente, mostrándonos a veces lo que nos gusta y queremos, y en otras lo que no nos gusta y despreciamos. Por otro lado, es la historia misma de la novela, un carrusel de infortunios, alegrías y desgracias que se van desenvolviendo como una serpentina, a momentos de manera predecible, y en otros, sorprendiéndonos en gran manera. Y así también son los amores de Jeong-su, que recorren a su alrededor mientras ella gira sentada en el carrusel. Primero esta Song-ju, que es el que más la hace reír, y llorar, porque aparece y desaparece continuamente en su vida. Y luego el hermanastro Tae-hwa, que no se separa de ella, y que es capaz de correr a su lado en el carrusel con tal de no desaparecer en ningún momento y verla así sonriente todo el tiempo. 

El otro escenario es la casa a orillas del mar, donde vivío Han Jeong-su casi hasta la muerte de su madre. En esa casa permanecen vivos los mejores recuerdos de su infancia, incluidas las tardes en las que disfrutaba tanto escuchar a Song-ju tocando el piano. Esto es algo muy bello en la historia, y es que esta muy relacionada con el arte, que les sirve a los personajes para trazarse sus “líneas de fuga”[2]en sus momentos más difíciles.

La música esta presente en la novela a partir de Song-ju que es, en lo más íntimo de su ser, un pianista con mucho talento. Y la pintura tiene un rol protagónico a través de Han Tae-hwa que es un extraordinario pintor. Ambos siguen caminos diferentes. Cha Song-ju es hijo único, heredero de un gran futuro en la compañía de su familia, lo que le hace verse obligado a seguir los pasos de su padre, dejando el piano como una simple afición. Enamorado de Jeong-su, sólo toca para ella, o para recordarla. Tae-hwa en cambio no le da la espalda a su vocación, y pinta hasta el final de sus días. Él es uno de esos seres tímidos de naturaleza introvertida y misteriosa. Al principio es solo una copa llena de odio contra su madre -Tae Mi-ra-, y hasta se puede pensar que tiene la mala fortuna de enamorarse de Jeong-su, quien aparece como la fruta prohibida por ser su hermanastra, pero en realidad ella es su salvación, la persona que lo aleja de la muerte, o de la locura, porque le permite vaciar su copa y llenarla de un profundo amor.

La historia esta llena de líneas y de puntos de ruptura. Por ejemplo, el punto de ruptura en la vida de Tae-hwa se produce un día antes del concurso de pintura, cuando le da el ultimátum a Jeong-su para que le lleve al colegio su caja de acuarelas. “Si vas lo tomaré como que si te gusto” le advierte. La historia nos cuenta que, con cierta ingenuidad, ella decide aparecer y llevarle el material, aunque todavía estaba enamorada de Song-ju. En ese momento se trazan dos líneas en la vida de Tae-hwa: una es el amor obsesivo por Jeong-su, y la otra es la pintura, como un segundo amor derivado del primero.

Si bien es cierto que ya se encerraba en el desván y pintaba algunas cosas por su cuenta antes de quererla, todo eso era solo un escape, se recluía en ese cuarto movido por fuerzas pasivas. Sin embargo, desde el día del concurso las cosas cambian, cuando la ve llegar corriendo, sus ojos comienzan a ver algo nuevo en la vida, pintar deja de ser solo pintar, y pasa a ser una línea de fuga. Jeong-su le enseña a ver la vida con felicidad, y su mejor forma de agradecerle es pintarla. Tae-hwa ya no pinta para soportar su vida, pinta para ella, con la sensación de ella, y eso lo hace feliz. Es extremadamente generoso, le manda muchos aviones de papel en los que la ha retratado. Es así que, en la pintura, Tae-hwa encuentra una forma fugarse, a tiempo que la inmortaliza y la tiene presente siempre. Es su escalera al cielo, una línea de fuga que irrumpe entre todo lo triste y desafortunado de su vida. Jeong-su funciona como un portal, como un inter-conector en la vida de Tae-hwa[3], pues le presenta otro mundo, le da una posibilidad para darle sentido a su vida. Esa salida esta constituida por el arte y el amor, pero Tae-wha se concentra demasiado en el dedo que apunta, y se obsesiona con el “señalador”, sus ojos se fijan rígidamente en torno a ella. Así es que nace su amor enfermizo, y su exagerada necesidad de ella, tanto así que su vida adquiere sentido solo por ella, su vida empieza y termina en ella.

Y todo esto no es pura lata, es literal, pues Tae-hwa nace a la vida cuando Jeong-su le lleva una sopa caliente festejándole su cumpleaños, algo que nadie había hecho por él. Pero al mismo tiempo, ella representa también el fin de su vida, pues el intenso amor por Jeong-su que lo incendiaba por dentro, lo lleva a suicidarse con tal de poder donarle sus ojos y hacer que ella vea otra vez. Es la expresión de su amor llevada al extremo, o retornada al origen. Es el sacrificio más alto, el amor más grande, o más loco. Dejar de ver, para que ella vea con sus ojos; dejar de vivir, para vivir en ella. Su muerte es trágica, pero es también una elección, un momento cumbre que alcanza la cúspide del espíritu humano, pues llega a un punto que esta listo para renunciar a la vida misma. Es muy digno y esta lleno de valentía, es como Albert Camus diría, un triunfo sobre la muerte.

Por su lado el otro enamorado, Song-ju, también sigue algunas líneas extremas en su vida. Su padre le tiene bien marcadas algunas que definen sus relaciones, su trabajo, y por ende, su alegría; y luego la supuesta muerte de Jeong-su planeada por la inescrupulosa Han Yu-ri, lo lleva a cortar esas líneas en puntos que lo sumergen en la desdicha, en la soledad insípida de una tarde de domingo, en la búsqueda de algún tipo de consuelo. Siempre se lo ve caminar seguido por un montón de gente que lo acompaña o le protege las espaldas, pero nada es suficiente, todo lo que se puede captar en medio de tanta gente, es resignada soledad.

Sin embargo a pesar de estar destruido y abatido creyendo muerta a su amada, Song-ju encuentra su línea de fuga también en el arte, cuando toca el piano; esta es su fórmula medicinal a lo largo de la historia, pues siempre que necesita fugarse a su dolor se pone a revivir esas “viejas” notas musicales, y esto sucede en varios pasajes: cuando recuerda melancólicamente a Jeong-su después de su falsa muerte, cuando ella lo deja al enterarse de que va a quedarse ciega, y finalmente, cuando ya se ha ido, cuando ya no tiene donde buscarla, cuando quiere revivir por un instante su aroma, su calor y su alegría. Impotente ante la muerte, aparentemente solo le queda tocar el piano para ella, en la compañía del mar, testigo de su soledad y valiente compañero de viejas tardes inundadas por la nostalgia.

El nuevo encuentro en un plano musical o molecular


Nuestro pequeño recorrido nos lleva a percibir algunas cuestiones que no se pueden expresar con un lenguaje ordinario. Es por eso que al escarbar en el lenguaje nos encontramos con un concepto filosófico muy apropiado para entender desde otras perspectivas algunos sucesos que se dan en la trama de la novela. Se trata del concepto de territorialización[1], que fue creado por los filósofos Gilles Deleuze y Félix Guattarí. Este concepto se refiere a que todos, tanto los anímales como los hombres, pasamos por la vida haciendo nuestros territorios, trazando espacios, en una palabra: territorializándonos. Y esto no se trata de marcar la tierra con un dedo, ni de hacer viajes a lugares desconocidos, los territorios se hacen en el lugar donde se está. Los boxeadores por ejemplo, cuando entran al ring, primero dan unas vueltas alrededor, tratan de combinar un ritmo musical con su movimiento, y con el espacio, tratan de familiarizarse, están marcando un territorio. Lo mismo hacen los que se aman, marcan sus territorios juntos, se territorializan, por eso es tan duro pasar por esos mismos territorios cuando la relación se ha terminado. En ciertas ocasiones una plaza, una banca, una calle, o un tema musical resultan tan punzantes como una navaja.

En “Escalera al cielo”, la casa a orillas del mar es el territorio donde los dos protagonistas comenzaron a hilar su amor, y es el lugar en el que quedó contenido con mayor intensidad. La tranquilidad adormecedora del lugar, las notas del piano emulando caricias amorosas y la resonancia persistente de las olas al fondo, todo eso formaba su territorio, no tenía nada que ver con una cuestión geográfica. Era un lugar al que siempre podían volver, un campo magnético que contenía la energía de su amor. Aquí recordamos “Casablanca” cuando Humprey Bogart, sabiendo que tendrá que decirle adiós a su amada, le susurra a modo de consuelo: “siempre tendremos Paris”. Lo mismo pasa con Song-ju y Jeong-su, siempre tendrán ese rincón, la casa, el mar y el cielo que la rodean. Por eso, cuando ella finalmente sucumbe ante la enfermedad y se muere, él tiene que volver a ese lugar en el que construyeron su territorio, en el que la energía de su amor quedó impresa en el aire y la arena. Es el lugar que siempre les servirá como boomerang, el lugar donde “el amor siempre vuelve”.

El final de la novela es  bastante cruel y desgarrador, lo que no quita que tenga alguna dimensión de esperanza. Hay que verlo más allá de la aparente cortina trágica que lo envuelve, porque más que un final, es como un punto de ebullición, o una línea de tránsito: de lo visible a lo incorpóreo, de lo duro a lo flexible, de un estado sólido a un estado líquido o gaseoso.  Es necesario verlo con los ojos de Tae-hwa, el que se ofrece a que le trasplanten los ojos para que la afortunada Jeong-su pueda ver otra vez. Cuando sale del quirófano ella se promete: “desde ahora solo veré todo lo bello de la vida”.


No se puede ocultar el hecho de que estos melodramas están hechos para que el televidente se complazca en una especie de masoquismo, el infortunio más exagerado puede aparecer, pero luego quién puede descartar algo en la vida, que es imprevisible. Al terminar este melodrama coreano que no se cansa de ofrecer giros con noticias trágicas para sus protagonistas, presenta una idea gozosa que es la esencia misma de su historia. Es quizás la más alegre de las ideas sobre la muerte y consiste en lo siguiente: En el extremo de la vida, en su paso a lo incorpóreo, hay un último momento en el que es posible elegir un escenario placentero en el cual esparcirse y desaparecer; un lugar que se haya amado en vida, un paisaje, un instante, un perfume, o una hora que se hayan disfrutado con toda el alma. Son recintos en los cuales perderse y difuminarse para quedar impresos, y respirar en ellos por siempre. Así se despide Jeong-su de la vida, en su territorio, y en los brazos de la persona que más amaba, diluyéndose poco a poco entre la brisa y las pulsaciones soñolientas del mar. Meciéndose y agazapándose cada vez más hacia un lugar que ya no es del día a día, que no pertenece a la realidad ni al mundo de los sueños, y que quizás sea una hamaca tendida entre ambos. La frágil Jeong-su va cerrando los ojos a medida que comienza a flotar en ese espacio, se adentra en sus colores como si fuera un cuadro de pintura que adquiere vida, que la atrae hacia un lugar sin memoria, indefinido e impreciso, como el instante anónimo que comunica la noche con el día, un amanecer o un atardecer, o quizás ambos a la vez.

En la escena final, el novio descorazonado, Song-ju, no tiene más que volver al territorio de su amor, no para hablarle o para escucharla, sino para estar totalmente con ella. Sentado a la orilla del mar, con la mirada cargada de nostalgia, toca el piano con tristeza, como si estuviera perdido, pero también como si estuviera al acecho: tratando de captar algo. Sus dedos se deslizan sin darse cuenta, y las notas van surgiendo. Todo eso es lo que se ve, sin embargo por debajo, en otro plano de vibración, algo maravilloso está pasando, es un plano que construyeron juntos y que permanece flotante; se puede respirar, pero no se puede ver. Song-ju se sumerge mientras sus dedos presionan las teclas en medio de una especie de trance, se pierde y se deja ir, aunque su cuerpo todavía esté sentado en esa silla, él está viajando, y la música es el transporte; está envuelto en una travesía que ya nada tiene que ver con personas, recuerdos, o egos, sino con pulsaciones, velocidades, e intensidades. El mar, la música, la arena, el viento, y el amor que los une, todo eso es un conjunto, un bloque captado en un territorio, son una misma cosa, pues las distinciones se han ido resbalando como gotas de llovizna en una ventana; ellos se han ido difuminando, esparciendo, envolviéndose entre los sonidos y el agua, haciendo una música líquida, una música molecular. Es un lugar sin dolor, sin sufrimiento ni despedidas, verdaderamente han construido juntos una escalera al cielo.

Vistos desde afuera estos encuentros son imperceptibles, quizás duren sólo segundos, quizá no sean más que instantes, pequeños instantes prodigiosos. Sin embargo, no hay nada más dichoso que lo que se vive totalmente y sin vacilaciones en un fragmento del tiempo. Después de todo, quizás esta historia no sea más que una gran pintura realizada para expresar lo que es el amor. ¿Y entonces que es el amor le pregunta un niño a su abuelo? Y este le contesta: “un instante”.

Lo he vuelto a leer de muchos años, puedo notar ya ahí ciertas tendencias mías, cierta unilateralidad, querer verle el lado bueno a las cosas, el espíritu nietzscheano de la afirmación, o lo que comprendía de ello. Recuerdo que me gustaba la idea de un tipo tocando el piano en la playa, a orillas del mar, conectándose con la mujer que había amado, que en ese punto era una presencia del lugar, tenía la individualidad de un parque o de una lluvia, sin pronombre de persona para identificarla, pero él se conectaba si encontraba la disposición que le permitía el acto de tocar el piano. En esa experiencia de escribir este miniensayo escuchando el tema musical del melodrama fui comprendiendo cómo funcionaba la escritura cuando se contagia de los rasgos de aquello sobre lo que se escribe. Un par de años después, en mi primer trabajo en un periódico, usaría este procedimiento para escribir sobre Pink Floyd, sobre Mercedes Sosa, Gran Torino, La mariposa y la escafandra y otros fenomenales productos culturales que tengo en especial afecto. Las resonancias de aquello sobre lo que uno escribe deben verse de alguna manera esparcidas en el mismo texto, el lector debe sentir la presencia, captar el ánimo que produce aquello de lo que se habla. Eso es algo que me quedó muy grabado del procedimiento de Gilles Deleuze al escribir sus monografías sobre Hume, Espinoza, Foucault, él decía, hay que evocar una presencia, hacerla salir del papel, la repetición de algo diferente, pues no se limitaba a comentar, sino que creaba en la invocación de esa presencia, algo que pasaba entre él y esos autores. Me pasó lo mismo, experimenté de esa manera, las modulaciones de mi escritura se fueron orientando en ese tipo de ejercicios que me aportaban un gran placer. 


[1] Una vez más utilizamos un concepto creado por Gilles Deleuze. Ver: Gilles Deleuze, Claire Parnet “Diálogos”. Editorial Pretextos. Paris, 1977  

[1] “A moreninha” es un romance publicado en 1844 por el escritor brasilero Joaquim Manuel de Macedo (1820-1882), que fue después llevado al teatro y al cine.
[2] El concepto de líneas de fuga ha sido propuesto por Gilles Deleuze y Félix Guattarí. Ver: “El AntiEdipo” libro escrito por estos dos filósofos.
[3] Todo el talento de Tae-hwa para la pintura proviene de su amor a Jeong-su. De hecho, es Jeong-su la que le regala un libro de arte que su mamá había guardado como uno de sus preferidos. 

lunes, 3 de noviembre de 2014

UNA CITA EN CARROSA DE FUEGO



"El que sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de altura, un aire fuerte. Es necesario estar hecho para ese aire; de lo contrario, se corre el nada desdeñable riesgo de resfriarse. El hielo está cerca, la soledad es inmensa, pero ¡qué tranquilas yacen todas las cosas en la luz! ¡Con qué libertad se respira! ¡Cuántas cosas sentimos debajo de nosotros! La filosofía, tal y como yo la he entendido y vivido hasta ahora, es la vida voluntaria en el hielo y en la altas montañas, la búsqueda de todo lo problemático en la existencia, de todo lo proscrito hasta ahora por la moral. [...] ¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad se atreve a afrontar un espíritu? Esto se fue convirtiendo para mí, cada vez más, en la autentica unidad de medida". 
FRIEDRICH NIETZSCHE, Ecce Homo

EL DÍA DE TU SANTO

El día de tu santo no significa muchas cosas, en todo caso es una oportunidad de reunir a los que quieres, de visitarlos, de organizar una reunión de esas en las que familiares y amigos se suben al avión y se afanan para llegar de alguna parte. Me ha sucedido en distintas ocasiones que el cumpleaños llegó con la sensación de un recordatorio, una cuestión de cuán cerca estás de donde te habías propuesto. Es una presión si se deja a la mente que tome el control, pero cuando se aprende a tener comodidad incluso en escenarios imprevistos, entonces la cuestión cambia, pues la felicidad no puede depender del momento en que adquieras algo o alcances algo. Por otro lado, lo que debería recordarnos el día de nuestro santo es que somos mensajeros de paso; mi cumple cae un día después de la celebración de Todos Santos, cuando las almas visitan las casas según la creencia, de modo que la figura de la muerte está muy presente en esos días, aunque sea de modo ritualísta, y se pasa con aire jovial por nuestras narices. El tiempo externo puede medirse de alguna manera, el reloj social nos dicta el ritmo y bailamos ante él. Pero es cierto también que existe otro tiempo interno que no se puede medir, en el que no se sabe muy bien cuál es la edad, porque se trata de una especie de riachuelo o de laguna que yace tranquila y donde los sonidos son armoniosos, todas las cosas de la vida pasan por ahí sin agitar la belleza de su silencio y sus brisas. Ahí me siento instalado cuando salgo en las mañanas temprano a seguir mis rutinas de ejercicio y respiración. El nuevo santo me encontró relajado y en paz, fruto de esta conexión que enjuaga la vista y le da frescura a la vida. Soy afortunado por tener a los que tengo a mi lado, qué más podría desear. 

sábado, 4 de octubre de 2014

RESISTENCIA COMPRENSIVA


Ha quedado escrito en las catacumbas más antiguas que se cobijan en lugares recónditos de nuestro planeta una verdad ineludible. Todo ser humano se entera de ella antes o después, con los hechos de su vida aprende a leer los signos que relatan su existencia rutilante. Esta verdad dice lo siguiente: cada uno tiene su propio destino y no hay manera de que pueda evadirlo. Lo que cabe agregar es que este destino se actualiza según decisiones puntuales en encrucijadas que se atraviesan. La manera de resolver nuestros conflictos nos marca, nos llena de gracia o de infortunio, de esperanza y simpatía, o de una mala voluntad ante los otros. 

Vivimos bajo un mismo cielo en este pequeño planeta, parte minúscula del inimaginable universo, y nos movemos con la lentitud de unas hormigas, somos como microbios en el lente de la creación. Sin embargo, por alguna razón curiosa, nos gusta creer que nuestra existencia puede hacer alguna diferencia. No sabemos que resultados tendrán nuestras iniciativas estando vivos, pero si no intentamos nada nunca habrán resultados. Nada se mueve si uno mismo no inicia sus propios movimientos. De modo que nos movemos, y combinamos con esa tendencia a la actividad momentos de pasividad. Un concepto que reúne ambos movimientos es el de "resistencia pasiva". Lo asociamos a Gandhi generalmente. No es precisamente una creación suya, existe una palabra en el dialecto hindú que resume su contenido, satyagraha. Lo que hizo Gandhi fue retomarla y proyectarla como arma en la lucha política de liberación de la India. Pocos reconocen que una vertiente importante para Gandhi fueron sus lecturas del ensayo de Henry David Thoreau, "Desobediencia civil". En realidad, después de las objeciones que se le hicieron a ese lema en su momento, tanto Gandhi como Martin Luther King después se encargaron de desmitificar una cuestión: se trata de una resistencia que no tiene nada de pasiva, y hay que precisarla como resistencia no-violenta. Se trata de resistir efectivamente, pero sin duplicar los métodos ni los móviles violentos y viles del agresor. Sirve también aquí diferenciar entre eficiencia y efectividad: lo que se busca no es eficiencia, que en política se logra de muchas maneras, incluso cayendo en medidas poco éticas; la efectividad en cambio depende directamente de la veracidad, de la manera con que uno se vincula a la verdad de una situación, y resiste dignamente contra cualquier tipo de amedrentamiento, sin hacerse a un lado, pero al mismo tiempo sin replicar la violencia ni el odio que ventila desde el otro bando. Eficiencia evoca la capacidad de disminuir el gasto de energías y recursos para llegar a un propósito o fin, mientras que efectividad es la capacidad de hacer el trabajo bien hecho, dándole la misma importancia a los medios que a los fines. 

Cuando escucho hablar a Gandhi de resistencia pasiva, o de obediencia no-cooperativa, lo que percibo ante todo es un amor por la conexión. Una vida sin conexión no vale la pena ser vivida. La no-violencia es el arma de los fuertes. A despecho de los que están en el poder, circunstancialmente, existen otros que son los seres poderosos y que definen su fortaleza por la cualidad de su conexión con la tierra, con su centro y el centro oculto de su geografía. Apelar a la no-violencia es recordar tus premisas fundamentales, el por qué seguiste el camino que seguiste, y esto no fue por repetir el modelo de conflictos que existían antes de ti, ni para emular los patrones de respuesta que se suelen ver en los casos que te tienen por protagonista. Seguiste tu camino para hacer una diferencia de alguna manera, para generar un cambio, que debe alumbrarse desde tu propia manera de lidiar con el conflicto. Ser grande en espíritu y reaccionar de una manera más comprensiva ante los actos de agresión. No devolver el golpe con odio, hacer todo lo que sea necesario para asimilarlo, como signo de tu dureza y al mismo tiempo de tu flexibilidad. ¿Cómo puedes herir al agua golpeándola con un puño o con una navaja? El agua es flexible y adaptable, cambia su forma y se opone de maneras completamente diferentes y resolutivas. Así también los seres con una consciencia más desarrollada, que han sabido crecer en la línea vertical de la vida, se convierten en mediadores aquí en la tierra, no hacen otra cosa que encauzar a sus rutas naturales una energía negativa que tendía a desbalancear y perjudicaba la armonía general. Lo más valioso no es la revancha para el ego, lo más valioso es restaurar la armonía del microclima que ha sido afectado, pues ese clima nos involucra a todos. 

Gandhi deseaba resistirse y pelear por lo que sabía era justo, pero justo acorde a leyes y principios de la armonía del mundo, a los que él había accedido por su consciencia reflexiva y su espíritu meditativo. Con su accionar evocaba la disminución del odio en sus oponentes, los ingleses represores, generaba hasta desconcierto en ellos, y era posible que despertara un sentido de respeto antes o después hacia su figura. No hay nada más notable que granjearse el respeto sincero de nuestros adversarios en el transcurso de una batalla. 

(Continuará)


jueves, 4 de septiembre de 2014

palabras desde un satélite que no existió

Al pasar el tiempo algunas cuestiones en el diario vivir se simplifican, o más bien lo que cambia es nuestra manera de percibirlas y afrontarlas. Sentado en el pasillo de un hospital a la espera de una noticia la vida tiende a verse en otra perspectiva. Cosas que no hiciste, conflictos que no evitaste, oportunidades en las que no fuiste lo suficientemente generoso o comprensivo... y si bien predomine el saldo negativo a la hora de balancear, también aparecen a fogonozasos aquellas ocasiones que se recuerdan con satisfacción. Sin embargo, cuando el tiempo hace un amague de apretarte, aunque sea de manera tímida y probable, de repente ciertas peleas o antagonismos pierden su peso específico. Una mente balanceada sabrá mirar en retrospectiva sin dejar que la azoten los recuerdos unidos a la sensación de miedo de perder algo. Como decía un gran amigo que ya partió, son esos momentos parado en la línea los que ponen a la vista la calidad de los tendones que te unen al mundo. 

Hoy se conoció de la muerte de Seratti, el cantante argentino que había pasado cuatro años en coma, a la espera de una recuperación física que nunca llegó. Me pregunto cuántos mundos habrá visitado su consciencia en ese tiempo. Tal vez su cometido era el de mantenerse unido a la tierra en stand by mientras sus otros cuerpos recolectaban los datos que había venido a aprender a este mundo. Tengouna fiebre molesta y escribo con cierto malestar muscular, no soy el mismo de siempre, de modo que es posible que delire un poco o tal vez en tal situación aprete las teclas justas que exige esta noche reluciente en Santa Cruz. 

La cuestión de no contar a estas alturas con un seguro médico me ha molestado en los recovecos de mi ser. ¿Qué haces tú hasta ahora y qué has logrado después de todo? Un día caminas casi galopando por el pleno centro, lleno de energía y confianza, y de repente el siguiente día algún tipo de virus o una enfermedad et pueden poner muy cerca de los seres vulnerables que recorren postas médicas sin un duro para que los atiendan. A estas alturas no es ese mi caso, pero no me siento tan lejos, el dinero que poseo es temporal, el trabajo que me procuré es algo raquítico en su remuneración, y sin embargo es un buen lugar para empezar algo. La educación universitaria es un gran negocio de proporciones escandalosas, sucede sin embargo que existen universidades donde los docentes no son llamados al banquete, la mayoría de ellos, sin contratos y dictando clases de paso por un semestre, no son otra cosa que peones en su juego. Es bonito reconocerse como un peón, tiene gracia una vez que aceptas que de una u otra manera no puedes ganarle al sistema. Lo que sí está en tus manos es lo que Henry Miller llama, el derecho a morirte de hambre. Tienes derecho a elegir el sufrimiento, la vida tosca y dura de la falta de condiciones básicas, con tal de asumir una libertad sin paralelos. 

No es una libertad romántica, pues tiene los pies muy bien sujetos a la tierra. Precisamente porque ha pasado por lo más mundano ese hombre libre conoce qué es lo que debe sacrificar y en qué punto no está dispuesto a transar, vale decir que no permitirá que le coman resortes invaluables de su individualidad. Hablamos de aquello que lo hace estar en la tierra el día presente con más preguntas que certezas, jodido, sufrido a veces, atrapado en carcajadas imprevistas, pero al menos en eje, dentro de su naturaleza.

Se trata de una cierta inadaptación respecto de ciertas condiciones de reproducción que te manda tu sociedad. A mí me interesa salir en la forma de quedarme.No doblo el brazo, no doblo la rodilla pero conozco de la humildad. Entiendo que en ocasiones la prudencia es la manera en que los débiles disfrazan su miedo, y que tambíen en otras conviene mejor pensar una salida inteligente a partir de la prudencia que preserva la vida. Escucho a unos ancianos hablar en el parque, uno de ellos es medio sordo, la mujer se inclina y le grita sin exasperarse para contarle su dilema en la escuela de su hijo. El viejo reniega de sus amigos que le deben plata, "pagáme cojudo carajo le bua decir", le cuenta a la mujer de rasgos indígenas y talante tranquilo. La noche es agradable, las chicas pasan alrededor como copos de espuma, hay energía y gritos de niños en el parque, toda la vida se les antoja un juego, algo que me pasa también a mí aunque de manera diferente. 

Me complace la capacidad del ser humano cuando sabe guiar sus actos y miradas de manera flexible. Veo videos de jiu jitsu brasilero y estudio su filosofía, hay ocasiones que una entrevista te arroja muchos elementos, como también eisten otras en que ver hace sparring a dos compañeros en el tatami es una experiencia muy esclarecedora. Cuando estás esforzándote mucho por lograr que las cosas salgan de una manera, o se quiebre el brazo de otro en cierto ángulo, inmediatamente debes hacerte consciente de que existe otra manera más sencilla de lograr lo mismo. Siempre existe una manera de aplicar mejor el arte de la suavidad. De lo que se trata es de restaurar un flujo de energía negativo que se perfila hacia ti, de modo que no actúas por deseo de lastimar al otro, sino más bien porque en tu mente lo más saludable para ambos será siempre mantener las cosas como deben ocurrir en su armonía no siempre inteligible. Hay un tipo de armonía al que sólo se accede con el corazón, quiero decir con las sensaciones cargadas de contenido emocional. Enfrentarte a un actor antagónico en tu vida puede a veces ser racionalmente lo más consistente, pero existe una interrupción o un corto circuito apenas se abordan las posibilidades con el cuerpo emocional involucrado. 

Se habrá preguntado usted amigo o amiga lector@ para dónde va esto, o al menos de donde viene toda la cháchara. No habrá una respuesta. Es lo maravilloso de la escritura, tiene un componente grande de cosas que suceden, sin mayor intervención del yo racional que tiene tanta necesidad de sentirse con la razón. Escribir es algo que a veces sucede porque a uno le canta... Y existen otras en que se puede ser un testigo algo más ágil y atento de lo que está sucediendo en medio de la escritura. A mí me ha servido para afrontar la espera por un resultado médico. Esto es ficción, ya saben. Pero vaya que podría ser la realidad. Comienzo a tener hambre, Charles Bukowski me hubiera dicho que es una buena señal.