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lunes, 8 de abril de 2013

Lecturas del fútbol boliviano (II)




Después de la victoria y el paseo de la selección verdeamarelha por el Tahuichi Aguilera, en casi todos los portales brasileños se leía que su equipo había triunfado ante "la débil", "la endeble" selección de Bolivia. Para ellos era más una cuestión de recalcar que el resultado debía medirse con cautela, no alegrarse demasiado por la goleada, pues la realidad se vería contra adversarios "de peso". En cambio, para nosotros los bolivianos fue una especie de confirmación, la goleada fue un deja vu. En el programa televisivo Deporte Total decían que lo preocupante no es simplemente que estamos mal, sino que estamos peor, pues ahora nos golean otra vez con frecuencia, ya no perdemos por resultados ajustados. Un análisis triste sin duda.

Y en casi todos los medios televisivos, tanto los conductores como los espectadores entrevistados se expresaron con voces derrotistas ("es nuestra realidad", "sabíamos que estamos por debajo", "había que apoyar aunque sabíamos que perderíamos"...). 

A esto hay algo que quisiéramos aportar. El problema no parece ser la derrota en sí, que es simplemente el resultado lógico de una manera de hacer las cosas. El problema central tiene que ver con la manera de enfocar el asunto. En Bolivia siempre se ha planteado metas como "llegar al Mundial", "hacer un buen papel", "clasificar a la segunda ronda", e incluso más de una vez: "no ser goleados". Pero, ¿cuándo ha sido proyecto hacer de la selección boliviana un campeón deportivo? El boliviano suele marginarse mentalmente de la lucha por los primeros puestos, casi como si fuera algo sobreentendido.

Entonces, hay que empezar por la manera de comprender las cosas. Todos los campeones deportivos tienen una mentalidad propositiva respecto de sus fracasos, ni siquiera les llaman errores, sino prácticas. Todo lo que logran es parte de un gran ensayo en vistas del objetivo grande: calificar a un torneo, batir un récord, ascender en el ránking, conseguir el título... Grandes tenistas como Steffi Graff o Roger Federer estrellaron la pelota a la red miles de veces en su camino a la cima del tenis. Pero ninguno de los coachs marcó aquellos tiros como fracasos: eran partes del aprendizaje. 

Respecto del partido Bolivia-Brasil, no importa tanto que haya sido una goleada, ni siquiera que se haya perdido, lo que angustia a todos es la sensación de "ir hacia ninguna parte" que ofrece nuestra selección y nuestro fútbol. En otras palabras, no existe un proceso dentro del cual se pueda enmarcar esta derrota como parte de un aprendizaje hacia una meta. 

En Bolivia nos hemos cansado de perder, toda nuestra historia es acerca de perder, es algo que nos marca hasta el día de hoy; la famosa "pérdida de salida al mar", la pérdida de extensos territorios a favor de países vecinos, y las miles de veces que hicimos casi todo lo necesario, pero de todos modos no logramos el objetivo deseado. A fuerza de ello, en Bolivia hay una cierta mezquindad que se ha hecho parte de la idiosincrasia nacional. Motiva mucho más el miedo a perder que el deseo de triunfar. Jorge Valdano escribe en uno de sus libros que el estilo de juego de una selección es reflejo vivo de la forma de ser y de pensar que tiene un país. Gran acierto. A brocha gorda, los argentinos destilan cierta insolencia y dignidad casi altanera en su juego; los brasileños transmiten la gracia y los ritmos de su carnaval en su fútbol pentacampeón; los paraguayos son  de choque y fuertes en juego aéreo; los charrúas son los de la garra y el compromiso... Pero, a falta de estilo y de señales referentes, en Bolivia se juega a no perder. 

Rara vez un equipo nacional querrá golear a su rival internacional. Normalmente se cierran a cuidar una ventaja mínima, y en esas muchas veces terminan haciéndose empatar o ganar en minutos finales; es la historia de nuestros equipos en Libertadores. La generosidad tampoco es sello de la verde. Y es importante marcarlo porque es un elemento que diferenciaba al equipo de Azkargorta en las Eliminatorias del 93; eso de convertirle 14 goles a Venezuela en dos partidos fue un acto de generosidad futbolera. 

¿Tenía un estilo aquella selección? Seguramente que sí, algo más cercano a la selección española de la actualidad, porque privilegiaba el buen toque, a favor de la excelente técnica de sus mediocampistas y aleros. Etcheverry, Baldivieso, Sánchez, asistidos en las líneas por las corridas de Cristaldo y Borja, reunidos todos en la visión del Melgar elegante, era promesa de una fiesta. Recuerdo aquella Eliminatoria, en la vuelta en el horno de Recife los brasileños ganaban el partido 6-0, y sin embargo Bolivia seguía tocando la bola, sin salirse de su línea de juego, confiante en su identidad. Era una derrota, pero se sentía la moral alta, ningún boliviano se sintió humillado aquel día.

Es esto último lo que extrañan nuestras últimas selecciones, donde se reúnen jugadores de diversas regiones pero sin una idea de juego que responda a las pulsaciones de Bolivia como conjunto. No es sólo garra, no es sólo amor propio lo que se necesita. Hace falta que se desarrolle un sentido de juego. Por ahora, queriendo tomar ventaja de la altura, nuestros equipos aprenden a jugar de una manera en Bolivia, y de otra en el exterior. En el Hernando Siles juegan con confianza, todos patean desde donde sea, incluso si la jugada no lo pide, o apuestan por los centros repetitivos al área rival, como si quisieran atosigar a los visitantes. A veces surte efecto, otras veces no. Pero cuando salen de visita, se dan cuenta de que ese juego no es posible, la bola no tiene la misma velocidad, y se saben en igualdad de condiciones frente a sus adversarios, pues el aire les toca lo mismo. Y entonces se achican. Se festeja un empate, si llega, como la gloria. (El 1-1 con Argentina al iniciar las Eliminatorias). Pero ¿cuántas veces la selección ha logrado empates en el exterior jugando partidos mediocres? Y sin embargo, todos quedaban tranquilos, nadie hablaba de crisis ni apuntaba la decadencia. 

En nuestro país es el resultado el que fuerza al análisis mucho más que la forma de jugar. Bueno, es tiempo de olvidarse de los resultados, pero no sólo para que se fogueen los jóvenes, como muchos opinan, sino para abrir un laboratorio, que se empiece a dar una identidad al fútbol de la selección, algo que no se fuerza, pero que se cultiva. 

Seguro es que muchas de las actitudes de los bolivianos cambiarán para mejor si ven en el juego de la selección otros elementos como la confianza en sí mismo, la generosidad, el amor a la belleza, el equilibrio, la valentía... Aprendamos de España, su concepto ahora es jugar en torno a la devoción por la bola, y han hecho de ello una seña de su identidad, ganen o pierdan.

lunes, 1 de abril de 2013

LECTURAS SOBRE EL FÚTBOL BOLIVIANO (I)





Problemas del fútbol boliviano:

Algunos de los que ya se han citado millones de veces en diversos medios y en distintas oportunidades, generalmente después de  grandes fracasos de la selección y de clubes nacionales en torneos internacionales.
  • La existencia de dos entidades autónomas, la Liga del Fútbol Profesional Boliviano y la Federación de Fútbol Boliviano (FFB).
  •  Deficiente trabajo en divisiones inferiores.
  • Calendario mal planificado en cuanto a amistosos internacionales, pésima elección de rivales.
  • Etc.
 Deberíamos agregar otros, sin intención de contar una triste historia, simplemente como un reconocimiento de campo, para efectuar después una propuesta. 

Entonces, nos acordaremos por ejemplo del comportamiento oportunista de los medios de comunicación nacionales, de la gran mayoría de ellos. Construyen una previa para cada partido casi como si trabajaran para la selección nacional de fútbol; normalmente en esos casos el periodista escribe vestido de polera verde, se deja llevar por el entusiasmo, la pasión por el fútbol, que mezcla con insuflos de patriotismo, queriendo tocar el sentimiento de la gente, de los miles de lectores. Son los diarios de siempre, La Razón, Página Siete, Prensa, por lo menos en La Paz. Una gran portada, un póster, títulos de aliento, llamados al público para llenar el estadium, etcétera. En las radios los periodistas se mueven como los camaleones con las circunstancias, se aventuran a adelantar analisis esperanzadores, "la selección puede ganar...". "Habrá que aprovechar esto o aquello", "que Martins juegue de punta y que lo acompañen", "que el juego por las bandas"... y continuan sus parlamentos como si estuvieran analizando una situación normal. Como si Bolivia realmente estuviera compitiendo por llegar al Mundial. Es sólo después, cuando llega el resultado negativo, a veces humillante (como la goleda que propinó Colombia 5-0 al combinado nacional), que aparecen los análisis serios, las críticas ácidas, las especulaciones... "Azkargorta ya no es el mismo", "es nuestra triste realidad, el bajo nivel de nuestro fútbol", "que la preparación no fue adecuada", "que se necesita renovación en el plantel"...

De aquí una primera tesis: los dirigentes de la FBF decidieron desde hace tiempo que Bolivia no tiene chances de llegar al Mundial. La prueba: la paupérrima preparación de la selección en los partidos amistosos fechas FIFA; mientras los rivales de la zona juegan amistosos en Europa con selecciones exigentes a nivel mundial, Bolivia juega con Jamaica o Aití en Santa Cruz, por no decir que pichanguean con Pellotihue F.C., simplemente para pasar la fecha. Si no vamos a clasificar ¿para qué vamos a invertir?, dirán los dirigentes. 

 Es claro que la gestión de Quinteros, el DT anterior, fue un fracaso, nos perjudicó de llegar bien preparados a la Elimiatoria, años para nada, y a quién le interesa. Cuando él vio que esto no daba más, alistó sus maletas, las conversaciones que había estado sosteniendo con dirigentes del Emelec de Ecuador prosperaron, y ahora vive su vida allá, alejado de nuesta realidad, algún día sin embargo quedrá volver para dirigir a algún equipo de Santa Cruz, muy probablemente. Pero el asunto es que se juega con la esperanza, la idea de "todavía se puede". Después del empate con Argentina en La Paz, algún periódico se animó a rezar en su titular: "Argentina deja a Bolivia sin marguen de error". Esto nos parece que es, querer prolongar el misterio ahí donde ya todos sabemos cómo acaba la película.  

Pero hemos aprendido lecciones importantes. Cuando Bolivia le sacó un empate a la Argentina en el Monumental, apenas iniciada la Eliminatoria, todos estábamos contentos. Por lo menos en algunos pasajes el equipo mostró personalidad, y es que le viene bien a Bolivia jugar de visitante cuando va a hacer el papel heroico de jugar contra la adversidad y los pronósticos que la despachan como perdedora de entrada. Aquella vez Quinteros hizo jugar al equipo más adelantado, queriendo interrumpir los circuitos de armación de los argentinos, ocupando espacios de gestación de jugadas, emboscando a Messi, y frustrando en general a los entonces dirigidos por el inexperto Sergio Batista. Aquella vez Messi no apareció, aunque generaron peligros, hubo un par de palos, pero todos jugaron trancados, funcionó la presión alta, eso de no meterese en el área chica a defender el resultado. Desde luego que este tipo de juego exige mayor esfuerzo físico, también más sentido de jugar compacto. Pero tuvo réditos, incluso la selección pudo abrir el marcador, pues estando más en bloque, Martins no aparecía tan solitario adelante, y así convirtió el primero. Entonces a los naturales atributos de nuestro equipo, que son la garra, el compañerismo en situaciones como ésta, y alguna picardía aislada, se le sumaron un mayor orden táctico, juego en bloque, esto es con las líneas más juntas entre sí, incluso utilizando como arma el fuera de juego. 

Y decimos que son lecciones porque realmente representan avances que hay que aplicar hoy. The Strongest jugó así contra San Pablo y Atlético Mineiro y se ganó el respeto de los brasileños en la actual Copa Libertadores. El problema es que este tipo de juego, dado el escazo volumen ofensivo que tienden a generar los nuestros, es que requiere de un jugador bien enchufado en el partido, de la parte delantera, que no falle las pocas opciones de gol que se generen (un tipo Saucedo, el ariete de San José). The Strongest tenía a Escóbar, pero el paraguayó demostró que su alta confianza y efectividad es para la Liga, y se escurre de algún modo en competencias de la jerarquía de la Libertadores.  

¿Qué hacer?
 Todo este análisis no puede estar separado de una realidad que en cierta medida es favorable: el amplio apoyo que el actual gobierno está dispuesto a darle al fútbol. Sentimos que el Presidente adora el fútbol, quiere hacer algo, pero  no sabe exactamente qué. Entonces se aboca a mejorar la falta de infraestructura. Leí en El Deber hace unos días un artículo donde hablaban de la historia de Chumacero, el jugador de los aurinegros. Él contaba que por su casa no habían canchas, pero adoraba el fútbol, de modo que aprendió a jugar en tierra, superficies con piedras, de esas en las que una caída representa heridas horribles en las rodillas, lo decimos por experiencia. Su camino es un ejemplo de superación, es cierto, para muchos jóvenes. El presidente Morales quisiera que no hubieran tantos casos de gente contando que que no había una cancha por su casa, de modo que se construyen polideportivos y complejos por todas partes. ¿Cuántos campos deportivos se han inaugurado en territorio nacional? No tengo el dato, agradeceré que alguien me lo pase. Sabemos, eso sí, que en Orinoca, una población de 163 habitantes (dato Censo 2001) se inauguró el estadio "Dionisio Morales", que tiene césped natural y graderías para 5000 habitantes. 

La pregunta es ¿qué hacemos con la nueva infraestructura? ¿Cómo se puede aprovechar esta voluntad del actual Presidente? Se trataría de una coyuntura ideal, por lo citado, también porque Xavier Azkargorta dirige actualmente la selección, y debería aprovecharse su presencia para hilar cabos, entre aquello que nos llevó a la gloria en el pasado (93-94-97), y lo que se debe implementar para llegar al nivel más alto en unos años. Miguel Angel Rimba explicaba en unas declaraciones para Séptimo Día (suplemento de El Deber, 23-10-2012), que el objetivo del presidente es "la unificación del país a través del fútbol". Es algo positivo, y pensamos que en lugar de que exista esa manía de saltar con críticas ácidas sobre lo que hace o dice el presidente, deberíamos también estar preparados para apreciar lo saludable, lo rescatable, aquello que podría ser susceptible de una prolongación, los cables que podrían llevarse más allá, o la sustancia con la que se puede trabajar en conjunto para legar algo al país. Esto no significa "convertirse" en masista, ni mucho menos "ser" del MAS; nosfalta comprender un tercer tipo de relación, que no es de alianza ni de imitación, es más bien de agenciamiento, tener algo que ver con determinado grupo o individuo en determinado espacio y circunstancia". Sinergizar, lograr una tercera opción. Todo lo contrario de las conflictivas dualidades.  


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