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domingo, 17 de noviembre de 2013

AL LÍMITE libro memoria



El martes 19 de noviembre del presente año se presentará en el Espacio Simón I. Patiño de La Paz, el libro memoria de un encuentro multidisciplinario que se realizó con el título de ¨Al límite: escenarios, escrituras e imágenes¨. Este encuentro, que se llevó a cabo en marzo del año 2011, fue organizado por Espacio Simón I. Patiño, que dirige Michela Pentimalli, junto a la Carrera de Literatura de la UMSA, ambas instituciones inquietas en la escena cultural paceña. 

Habiendo pasado un par de años desde aquel encuentro, que reunió a estudiosos de distintas disciplinas, tanto nacionales como extranjeros, puede decirse que las temáticas tratadas maceraron lo suficiente, y hallan ahora en el formato de un libro-memoria la forma de prolongarse y enriquecer un archivo para otras generaciones de estudiosos. El libro fue editado por Omar Rocha, catedrático en la mencionada carrera de literatura, afecto también al estudio de la filosofía.   

El evento aquella vez estuvo muy bien organizado. Recuerdo que ya en octubre del 2010 Michella me enviaba la invitación para participar del encuentro, que a la postre resultó una experiencia muy valiosa para el desarrollo de mi propio trabajo. Este era el concepto que nos proponían aquel momento los organizadores:

AL LÍMITE: ESCENARIOS, ESCRITURAS E IMÁGENES

El concepto de límite nos remite a varios ámbitos: una línea divisoria, un fin, un término, un extremo espacial, físico o imaginario, una posibilidad de transgresión, de renegar del confín. Matemáticamente, lo que interesa es acercarse tanto como se pueda a ese límite, no se trata de traspasarlo sino de bordearlo y de conseguir “escribirlo”. Si nos deslizamos del concepto de bordear el borde, entramos en el terreno de la topología, con sus superficies que rompen toda lógica y razón. En fin, estamos frente a múltiples posibilidades alrededor de las que se mueven los conocimientos, los saberes y las artes, muchos de ellos de margen, de orilla. Traspasar un límite ‹o, para cierta nomenclatura filosófica, abrir el afuera‹ implica un forzamiento de las reglas de juego, obliga a volcar la mirada a expresiones contemporáneas, a impulsos renovadores que necesariamente entran en tensión, a momentos hasta la fractura, con las tradiciones. Al mismo tiempo, estamos ante la posibilidad de establecer diálogo entre discursos, éticas, estéticas y praxis que trabajan desde una herencia occidental o con una firme intención de relativizarla y cuestionar su lugar preponderante. Vivimos tiempos nuevos, pensamos en los límites posibles desde escenarios, escrituras e imágenes diversas.

   Recuerdo que fueron tres o cuatro días donde mesas de distintas disciplinas invitaban a respirar la atmósfera de cierto tipo de problemas y formas de enfocar una cuestión. Desde literatura hasta psicoanálisis, pasando por las audiovisuales. Participé en la mesa de artes audiovisuales, que habría el encuentro, junto a Roberto Valcárcel que fue el moderador, Ramiro Garavito y un invitado de Costa Rica que no recuerdo cómo se llamaba. Fue positiva la participación de un público que no siempre le da atención a este tipo de eventos, a veces por los temas, otras veces por el frío, o simplemente porque no viven en Sopocachi y no se animan a subir la cuesta para llegar hasta ese punto de la avenida Ecuador. Sin embargo aquellos días el auditorio se llenó, y se notó además que había interés por conversar y rumiar lo que se estaba diciendo. Recuerdo la ponencia de Mauricio Souza que cerraba el encuentro y hablaba del psicoanálisis como caja de herramientas; los criterios vertidos, una crítica al MAS de por medio, crearon estímulos a favor pero también inconformidad de parte de un sector que lee el psicoanálisis en La Paz de una manera diferente. La disparidad de criterios quedó grabada en un artículo de respuesta que publicaron en Nueva Crónica y buen gobierno poco después, el cual también tenía un resorte político, ni duda cabe. En todo caso, se trataba de un tipo de discordancia que también era parte de los objetivos del encuentro, pues cuando se propone reunir exponentes de distintos campos de estudio, caben esperar lo mismo líneas de divergencia que espacios de convergencia; lo que cada uno elige es en qué zonas prefiere circular con mayor énfasis en favor de su propio trabajo. 

Como nota anecdótica, recuerdo que al terminar la presentación de temas en nuestro panel, uno de los jóvenes que estaba en la audiencia me preguntó que cómo hablaba yo de artes audiovisuales si no era exponente de ninguna obra de artes visuales y más bien me había formado en filosofía. Era una oportunidad de tocar un tema interesante, ligado a la misma idea del límite que proponían los organizadores, visto este como un tipo de frontera abstracta. Nos servía para concretizar el asunto de algún modo. Sin embargo se me adelantó mi amigo Roberto Valcárcel, que era el moderador, en dar una respuesta, que era casi una defensa que hacía por mí, y decía que es perfectamente correcto que un filósofo cavile sobre el arte audiovisual. No recuerdo las razones que exponía. Sin embargo a mí no me quedó mucho más que redondear un poco mi ponencia por evitar extendernos en ese tema que era periférico a todo lo que se había dicho en la mesa. No quedé conforme con la respuesta que ofrecí. Un mes después, conversando en un taxi con Tomás Abraham en mi visita a Buenos Aires, le comenté este suceso. Él fue claro en su rechazo a las visiones que reivindican la especialización y la clausura dentro de un campo de estudio. "Claro, como si sólo los políticos estarían habilitados para hablar de política, y sólo los militares pudieran hablar de milicia... es una idea equivocada", me decía Tomás. ¿Vos te imaginas qué pasaría si todos aceptáramos esa idea sumisamente?

Hay que ser lo suficientemente creativos para poder extraer de otras disciplinas los pedazos que pueden hacer funcionar nuestras propias maquinarias. Nuestra primera duda parte de cuestionar el hábito mismo de etiquetar a los estudiosos en tanto que filósofo, matemático, literato o psicoanalista, etcétera, y no dejar abierta la posibilidad de que todos ellos sean seres parados en bifurcaciones, entre el arte, la ciencia y la filosofía, como condición misma de su posibilidad de pensamiento. 

Vivimos un mundo asaltado por la hiper-textualidad, por las referencias múltiples en una misma página en el internet, por la mezcla de lenguajes visuales con el texto y el sonido. Pensar no es más simplemente ser coherente, ni desglosar con éxito nuevos silogismos. Pensar es conectar con el afuera, si cabe una manera de denominar esta nueva operación que emerge con creciente fuerza. El libro Memoria Límite seguramente aportará nuevas líneas de discusión y de encuentro. 


Links relacionados:

Agenda del Espacio Simón I Patiño

Libro Memoria

miércoles, 13 de noviembre de 2013

SOBRE UNA PREGUNTA QUE NO PUDE RESPONDER ADECUADAMENTE

El título puede parecer pretencioso, porque en realidad hay un montón de preguntas que no he sabido responder adecuadamente en el transcurso de mis días. Pero hay una que recuerdo en esta mañana con especial interés, porque se trata de una pregunta con la que me voy a encontrar de seguro en los espacios que comienzo a transitar. 

Fue el día de mi defensa de tesis en la aula maestra de la carrera de filosofía de la Umsa. Lo que proponía en mi tema era el fomento a la lectura no-filosófica de la filosofía. Por supuesto que el sólo título despertaba ya resistencias en más de uno, no sólo profesores, también estudiantes, a veces los estudiantes son el doble de estáticos que sus profesores en una visión que éste les ha inculcado. Lo entendí mejor aquel día. Me hubiera gustado hacerme entender mejor, confieso que como orador todavía dejo que desear, así que no puedo culpar si se comprendió por otra parte lo que ofrecía con tintes de una contribución. 

La cuestión central es revitalizar la práctica de la filosofía como disciplina creativa en el contexto de mi país, Bolivia, según un modelo de trabajo que puede llevarse también al exterior. En realidad recuperaba aquello que Gilles Deleuze llamó la comprensión no-filosófica de la filosofía; es una lectura a la que no le falta nada agregaba. Se produce por captación de afectos y perceptos. El problema es que esto me llevaba a desviarme en la explicación de esos dos nuevos conceptos. Pero una tesis en filosofía tiene la tontería de exigirte que te enmarques en el desarrollo de un solo concepto y de un autor en una tesis. Los que dirigen la carrera de filosofía dicen que es por facilitar el trabajo, una cuestión de metodología, por hacerlo más práctico y menos pretencioso, pero en realidad lo que hacen es complicarte la vida, porque los conceptos en filosofía no existen aislados, no se fabrican sin remitir a otros componentes de concepto, tal el caso del concepto ¨interpelación¨ en Altusser: implica estudiar el concepto de ¨sujeto¨, ¨yo¨, pero además, del concepto central en su propuesta que es el de ¨ideología¨, el cual desemboca en los ¨aparatos ideológicos de estado¨. De modo que se trata de una maraña, una serie de interconexiones sostienen la pertinencia y solidez de los conceptos. Entonces plantear el formato tesis de grado en una disciplina como la filosofía me parece que es un error.   

Pero volvamos a la pregunta que me formuló un estudiante. Me dijo que le resultaba muy difícil entender esta comprensión no filosófica de la filosofía. Yo sabía que era un alumno de Rodolfo Santiváñez, uno de mis jurados que en ese semestre les hacía leer a Plotino a sus alumnos de filosofía  medieval. Asistí a esas clases, a las que pude, porque siempre he disfrutado de las clases que da este excelente catedrático, por su sistematicidad al leer un texto. Deseaba recordar y ver si me estaba perdiendo algo en mi método de trabajo. Resulta que Plotino es un jodido, nos vimos embarcados en clases de ontología de algo vuelo, y que habían remitido a algunas lecturas aledañas. En realidad estaban estudiando el ente y la esencia en Santo Tomás de Aquino, pero el docente los había llevado en una regresión de filiaciones hasta Plotino. Interesante y didáctica elección. Entonces este estudiante cuyo nombre no recuerdo me dijo: ¿cómo podríamos leer a Plotino de manera no-filosófica? ¿Es posible? ¿O puedes darnos un ejemplo? 

La pregunta era muy buena, me permitía desarrollar lo que no había entrado en mi disertación. Había cierto apuro en el coordinador de los jurados para que la cosa acabe más o menos rápido, así que me apresuraban. Lo que respondí fue más o menos otra pregunta: ¿Acaso una persona que no tiene estudios en música no puede escuchar y disfrutar de Bach o de Debussy? Me cuidé de no cerrar una puerta, aunque tenía tentación de decirlo, no quise decir que a Plotino era imposible leerlo de manera no-filosófica. Habría que ver, nunca lo he intentado, porque no cruzó con mi intereses, pero podría hacerlo en algún punto, hay que verlo. Habiendo pasado el tiempo quisiera acotar sobre el tema porque de otro modo sería como acomodarse en una mediocridad, las mejores preguntas son esas que nos desafían a seguir actualizando nuestro pensamiento, las que nos impiden que lo descubierto se convierta en una creencia. 

Lo primero es que pocos entienden incluso ahora que decir lectura no-filosófica no es aquella que no tiene nada que ver con la filosofía. En realidad tiene mucho que ver, y suele ser muy fructífero. La mirada de un no-filósofo es la de aquel que hace sus trabajo desde fuera, viene de otra parte con sus propias preguntas y demandas, y se interna en un texto de filosofía, pero no para prolongar las filiaciones al interior de esa disciplina ni escribir notas a pie de página en los textos clásicos de la filosofía. Lo que hace el no-filósofo es ponerse en órbita con una corriente de aire que trae de por sí la filosofía, y conjugarla con la que él mismo trae, se trata de una dinámica de pensamiento, de varias, de un esfuerzo metódico, en el que se plantean ideas de manera singular. Al no-filósofo le interesa ante todo usar el libro de filosofía, no se acerca para comentarlo, su urgencia viene dada por una necesidad de hallar salidas, y a veces las logra conectándose con la obra de un filósofo. ¿Han leído los hermanos Wachowski a Platón, Descartes y a Laclau para dar vida a Matrix? ¿Ha leído Christopher Nolan a Zizek Slavoj antes de presentar el cierre de la trilogía de Batman? ¿Tienen los cineastas necesidad de una interferencia filosófica en su trabajo en algún punto? Ellos saben bien para qué, cuándo, según qué rendimiento creativo buscado. No pretenden llamarse filósofos por ello, ni que se los considere especialistas en tal o cual filósofo por haber experimentado ese encuentro. 

Ahora lo primordial es que se encuentran con la filosofía a partir de un trabajo previo que ellos hacen por su cuenta en su propia área. No es una cuestión de azar o de moda. Son los mismos problemas con los que se trabajan los que plantean la necesidad de exploraciones, y muchas veces en tu propio campo no puedes encontrar un nuevo enfoque, está todo clausurado ahí, entonces tanto frotar la pared acabas siendo despedido hacia un afuera donde te encuentras con un concepto en filosofía, un sonido musical, una escenografía curiosa en teatro, un tipo de trazo en pintura, son donaciones que se recogen, que extraídas y llevadas a tu campo detonan todo, iluminan la cuestión de otra manera. 

Entonces, no me fuerzo a leer a Plotino si no tengo necesidad de hacerlo en función de mi trabajo actual. El trabajo que uno hace tiene una dirección un poco voluntaria, planificada, pero otra gran porción está regida por gravitaciones que pertenecen al peso específico del mismo trabajo y de tu intensidad como ser humano. No tienes control sobre ellas. No me he podido encontrar con Hegel, por ejemplo, hay filósofos que escribían según un formato de tratado que son mucho más uraños, no facilitan el encuentro, hay algunos que parecen haber escrito pensando en la reproducción de un club cerrado al interior de la filosofía, como en cierta medida lo hacen grupos de psicoanalistas entre ellos con su jerga y sus normas y sus cuotas. En filosofía todo es más abierto, aunque exista una tendencia de muchos profesores académicos en todas partes a creer que ellos son los únicos dueños de la buena lectura, de la lectura legítima de un filósofo, dados los métodos y las reglas que ellos siguen, aunque no les sirva de mucho para dar vida a lo suyo. 

Es una pregunta que venía pululando hoy, es inacabada, no sé si la respondí, pero me ha servido para seguir planteando el problema y cortar la maleza alrededor.  

domingo, 10 de noviembre de 2013

FRASEO DE JESÚS URZAGASTI: LO FRONTERIZO Y EL CENTRO



Jesús Urzagasti usaba las palabras para nombrar lo visible y lo invisible, también lo que ha no ha sido nombrado de una vez por todas, o lo que ha dejado de ser nombrado como corresponde por descuido o falta de humildad. Jesús decía que el trabajo del escritor es revelar, hacer que emerjan imágenes bellas del mundo, todavía escondidas o no alabadas en su plenitud. A continuación reunimos algunas de sus frases sobre un tema particular: el centro del país y el carácter fronterizo de su ser. 


"El único tipo en el mundo que quiere ser universal es el boliviano. A la universalidad se llega por otros caminos, casi sin saberlo. La fidelidad a la tierra natal es uno de esos caminos".
Entrevista de Ricardo Bajo, septiembre 2006, después de la publicación de Un hazme reír en aprietos


"El hecho de haber nacido en la apartada frontera me ha permitido calibrar con rara intensidad el centro de mi país. De ese modo surgió en mi la necesidad de apostar por lo local, al margen del costumbrismo, estratagema urdida por la metrópoli para devaluar lo que no entra en sus moldes o estorba".
Prefacio a El árbol de la tribu (2011)


Cabe preguntarse ¿qué es un mundo? ¿No será aquello que comienza como alimento de orden personal y termina por generar una suerte de código colectivo? Claro que este código deberá someterse a pruebas mortales en el diario comercio con seres anónimos pero de carne y hueso; lo que sobrevive a tamaña ordalía es un mundo personal, compartido con lealtad, poniendo cada uno lo suyo, al margen del comportamiento del zángano
En el país del silencio, p. 174.



 Pegado al lomo de la tierra, procuro no disentir con mis estridencias, puesto que mi sueño dorado es convertirme en piedra

En el país del silencio, p. 179


Salí, estudié y me quedé con algo de guaraní. Sin embargo, ahí me dí cuenta, no con la precisión con que ahora puedo decirlo, que el fronterizo puede responder a fuerzas centrífugas y a fuerzas centrípetas. El primer intento de una fuerza centrífuga fue irme a la Argentina; sin embargo, después respondí a un centro, en este caso el centro secreto de mi país. Ese centro secreto lo tenemos todos los seres humanos incorporado a nuestro organismo y toda mi vida lo único que hice o lo fundamental fue buscar ese centro secreto. Vaya a saber si lo hallé, pero yo he intuido ese centro secreto que a muchos les causa desasosiego y es motivo de extravío para muchas gentes de Bolivia. Pueden ser muy inteligentes, pueden ser muy avispados, pueden ser muy afortunados, pero ese centro no rinde sus misterios secretos, valga la redundancia, sino al que va con otro talante, con la suficiente humildad para reconocer la grandeza de una tierra como la boliviana. 
Texto publicado por Norma Klahn y Guillermo Delgado: ¨Jesús Urzagasti por él mismo (I)¨


Hay una zona del lenguaje -o del corazón humano- que tiende hacia arriba en pos de una visión esplendorosa. Sin embargo, por imperativo de orden sensual, ese globo celeste conserva la plomada que lo une al centro de la tierra. Aquí no cabe preocupaciones morales, sino la obligación de mantener el verdadero equilibrio entre los dos extremos. Incluso el más desorientado de los hombres, encarna esa posibilidad.
En el país del silencio, p. 213.
  
El hombre anónimo, que no es malcriado ni vulgar, respeta a fondo sus propias convenciones, pero no es ningún idiota para sacralizarlas. Al caminar las pone en movimiento, las echa a rodar para perseguirlas como un cazador. Quizás por eso hay fraternidad en sus expresiones, incluso cuando son tajantes y crueles. Su lenguaje nunca es directo, porque no es esclavo de normas establecidas sin su consentimiento.
En el país del silencio, p. 211


sábado, 9 de noviembre de 2013

PELEA BOX PARTIDO TENIS


No se puede alardear de saber mucho de box sin haber entrado nunca a un ring. Y sin embargo existe también una comprensión no-boxística del box que en ocasiones nos ilumina y resulta de lo más atractiva. Los grandes fanáticos del box pueden dar cuenta de ello, muchos de ellos grandes coleccionistas de gloriosas peleas en vhs. También están los que lo disfrutan desde otra vereda, quizá porque su mirada viene calibrada por intereses de otra índole, como por ejemplo la mirada atenta de aquel que observa el box para convertirlo en una analogía con la literatura. Charles Bukowski tenía algo de esto, aunque era algo muy visceral, nada de pose, se tomaba la vida como una pelea, y sus sentadas frente a la máquina de escribir como lo propio. 
De una pelea de boxeo, de esas grandes peleas clásicas grabadas en nuestras retinas, se puede aprender un montón de cosas incluso cuando el que observa ni siquiera se haya calzado unos guantes en su vida. En mi caso practicaba Jeet Kune Do, creía hacerlo, pero mi habilidad con los puños no terminaba de ser buena; fue de la mano de los grandes que comencé a mejorar, casi por ósmosis, viendo a De la Hoya, Roy Jones Jr, Mike Tyson, las titánicas y furiosas peleas de Marco Antonio Barrera con Erick Morales, pero siempre hubo un antes. Mi gusto por el boxeo se hizo mucho más devorador cuando me introduje en las peleas de Muhammad Alí, esas de sus dos títulos de 1964 y la siguiente diez años después contra Foreman. También me maravilló el estilo sistemático de Sugar Ray Leonard, verdadero estilista, siempre cabía pedirle un k.o al final de la pelea que se había extendido, incluso después de habernos regalado ya una serie de artilugios y proezas técnicas en el ataque y en la esquiva, sin medir fuerzas se lanzaba por la terminación contundente del pleito cuando veía la oportunidad. Así lo dejó desinflado a Tomas Hearns contra las cuerdas, que en el round 14, rendido, se veía como una cobra exhausta despojada de su veneno. En su primer encuentro, Hearns le había estampado el puño izquierdo buena parte de la noche a un felino como Leonard que extrañamente no alcanzaba a medir el ritmo de ese jab engañoso y punzante. Sólo no pudo lograr esa terminación dramática con Marvin Hagler y con Durán, entre sus peleas de campeonato sonadasm si mal no recuerdo. A Hagler era muy difícil tumbarlo, más porque Leonard volvía después de un retiro de años a otro peso, a enfrentar a un león que hacía desaparecer a sus rivales. A Hagler no pudo finiquitarlo como se despela una plátano de poquito a poquito, pues Hagler era una máquina tan temible como lo había sido Sonny Liston en su categoría en otro tiempo, pero con mayor técnica. Sin embargo Leonard se alzó con el título, aquella victoria fue ante todo estratégica, mucho juego de pies, robando puntos aquí y allá, deslumbrando con ráfagas de velocidad, y sobre todo preocupado ante todo de no perder, y sólo después en la posibilidad de ganar. Antes que acertar mucho con su golpe, Leonard se enfocó en hacer fallar mucho a Hagler, lo hizo ver como un torpe camión en persecución de una liebre. Esta sola es una lección para cualquiera que desea extraer enseñanzas para la mochila que lleva en su camino. 

Otra cosa es observar y desmenuzar una rola de jiu jitsu. La fluidez y la capacidad de adaptación son de otro nivel. Acabo de encontrarme en youtube una antigua pelea en un torneo entre Rigan Machado y Rickson Gracie, dos luminarias de la disciplina. Ambos agresivos, ambos afectos a controlar más o menos los mismos ítems, ambos jóvenes y fuertes. Pero Rickson siempre un paso más adelante en su mente, que parece ni siquiera actuar precediendo a su cuerpo, su cuerpo se mueve y piensa solo. Sorprende cómo Rickson combina en menos de lo que canta un gallo no solo una raspada, también un pase de guardia y una mejora en su posición arriba, y puesto ahí ya tiene tres movidas más disponibles en su cabeza. Pero esto lo hace sin pensar mucho, apenas se ve en una posición de desventaja, si no se mueven las cosas por un ángulo, inmediatamente gira todo por la puerta de atrás. Así se ve a Rigan y Rickson dando vueltas uno sobre el otro, sin que se establezca recién hasta el final quién es el que domina la posición de arriba. Norte-sur, montada 100 kilos, norte-sur... Al final no se observa cómo somete Rickson a Rigan, es claro que se trató de una estrangulación, pero no se alcanza a ver cuál. Lo interesante es apreciar el encadenamiento de esos movimientos tan rápidos, con tal muestra de dominio del arte, son dos leones puestos juntos y no sabes que van a provocar, chispas entre espadas, un tercero surge entre los dos, que llamamos jiu jitsu, y una sensibilidad corporal extraordinaria que pone los pelos de punta. 



Hace unos minutos acaban de jugar Federer y Del Potro en el abierto Masters en Londres. Ver un partido de tenis es otro placer a parte, sobre todo entre los grandes de este tiempo, Federer, Nadal, Djokovic, Murray un poco, algo de Ferrer, Songa a veces, el gran Del Potro, y otro más por ahí. El caso es que Federer remontó un partido que parecía se le iba por la cornisa  Me gusta cómo en el tenis se prepara la jugada final un golpe a la vez. Primero una bola esquinada con el revés luego a mismo lado con el slice, y luego lo mismo, hasta que el oponente se ha recorrido y jugado su cuerpo hacia un lado; luego los hábiles jugadores emplean con acierto la bola rápida al otro lado, o mejor aún, el engaño, la bola a contra-pie  cuando el que está al otro lado creyó adivinar la jugada y es encontrado a medio camino. En el tenis no existe la posibilidad de jugar como lo hace España en el fútbol, porque no existe posesión de bola, la única manera de aligerar el ritmo es con esas bolas profundas y cortadas con efecto que Roger tira tan bien con su revés. La bola viaja más lenta, rebota menos en el césped y en el cemento, obliga al adversario a agacharse un poco más para recogerla y hacerla pasar por encima de la red. Si la jugada era rápida, con ese efecto se desacelera, el que la aplica gana un tiempo, es una buena manera de contener un ataque del oponente o defenderse estando jugado a un lado. En el partido de hoy, la magia de Federer en los puntos finales estuvo en la manera en que acostumbró a Del Potro, el cómo le jugó mucho esa bola de revés, y en puntos cruciales le cambió la velocidad y el tipo de pegada, le tiró la pelota plana al mismo punto, lo que hacía que Del Potro tuviera que cambiar su hábito de respuesta en el instante, era algo que no esperaba. El tenis es una especie de juego de parabrisas, mientras más tiras al oponente a un costado más arriesgas tú también uno de tus costados para ser contraatacado. La clave también está en mantener el justo medio, ser agresivo un poco como lo es Nadal, pero aprender también lo que él sabe intercalar mejor ahora, y es resistir el temporal, jugar a defender, no buscar la bola perfecta ni el tiro angulado, sino evitar la equivocación, evitar perder el punto y si se pierde ese punto, que sea porque el rival lo gane con un gran acierto, pero no perderlo por errores innecesarios en bolas fáciles o por ansiedad. El cuerpo no puede jugar con fuego todo el partido, por eso los campeones regulan su intensidad. Existen momentos en que el marcador les es adverso, no parece haber vuelta al juego sin recovecos que presenta el rival, ahí solamente les queda perseverar, esperar, jugar con entereza porque así lo demanda la contraseña personal, a la espera de que la luz retorne como siempre el día le sigue a la noche. Y eso pasa, y de repente se observan los ojos dilatados del rival nervioso, no pudiendo acertar nada cuando media hora antes le salían finos hasta los pedos. Es la variabilidad constante de la vida que se observa desnuda en una cancha de tenis mucho más de cerca que en otros deportes. 
Por ahora Djokovik y Nadal lideran los podios, pero Federer resiste, los fans lo seguimos todavía con atención, ¿habrá todavía un soplo más para ganar un Wimbledon u otro Grand Slam? Lo sabremos el año que viene, por ahora está en semifinales y eso nos entusiasma. 

ELOGIO AL TALANTE DE UN BURLÓN



El argentino Ricardo Darín es uno de esos seres extraordinarios que reposa ya ahora mismo en la memoria de muchos en calidad de bicho extraordinario. Si ves en la red algún link que lo relacione, si un seguidor comparte un tweet, si aparece en la página de inicio del facebook con una nota relacionada a Darín, sácate el tiempo de tus reservorios y échale una mirada, pues ya verás, será un tiempo que habrás ganado en tu vida. 

En las entrevistas que encontré en youtube se pueden apreciar algunas de las dotes que dirigen el eje de rotación de Darín, aquel secreto eje que sostiene la marcha de su crecimiento como actor, pero también como vidente, como caminante de poco equipaje, que es el de cualquier otro gran escritor, pintor o artista. Darín tiene ojos para ver y oídos para escuchar, no son los de cualquier ser silvestre, algo ha guardado en su saco a lo largo de su marcha y lo deja ver cuando abre el pico sin ostentar ningún tipo de arrogancia por ello. Podrá sonar petulante de inicio para los que no se toman el tiempo de apreciar los pasos de su rumbeo, pero en realidad es un ser muy confiado en sus propias certezas, esas que se aprenden cuando el agua quema y es uno solito el que se arma sus canoas en la intemperie de los días que parecen no tener brillo. Darín es un hombre chocho, de los más afortunados que se puedan encontrar; lo dice él, no nosotros, y lo dice en la primera entrevista que compartimos acá. Sus apreciaciones vienen con la suficiencia y la claridad que sólo alcanzan a tener los que se han curtido por la vida a punta de porrazos y enseñanzas generosas de las manos amigas. No se les puede dorar la píldora ni se intente si quiera ofrecerles pato por liebre, pues de tontos no tienen ni un pelo, sacan pecho y son guapos cuando la situación lo demanda, no importa que sea en un set de televisión o en la intimidad de una habitación donde sólo tienen por testigo el follaje verde de un árbol que los mira por la ventana. Por guapeza sobre todo queremos decir integridad, integridad que no se calla pues se han hecho inmunes a las inseguridades de los que se afanan por quedar bien en todos lados. Disfruten amigos de unas líneas y de unas palabras con pegada. 




En este video Darín cuenta por qué rechazo un papel en una película de Hollywood, precisando sobre lo que considera prioridades en su vida ante la mirada incrédula de su entrevistador. El silencio que inmediatamente se instala después de sus palabras es una señal de que ha dado con una tecla invisible, que nos toca a todos tanto como parece descolocar por segundos prolongados al entrevistador. Alguien ha dicho que las palabras provienen del silencio, y a él retornan cuando son bien empleadas.


¨Mostrame quién compra un auto de contrabando pagando por cuotas, le increpa Darín a este presentador argentino, al parecer bien conocido en el paisaje gaucho. Imprudente y hasta desatinado creyéndose ser corajudo, el presentador le suelta de una la idea de que Darín habría sido contrabandista. Vean cómo se defiende Darín sin ceñir el rostro ni que se le mueva un pelo en su talante¨. 



Invitado a un programa que se jacta por su ligereza e informalidad, Darín se permite también sus licencias, sobre todo aliadas con el humor y la mirada práctica. Le dice al gordito que él todavía no largó el huevo que dice haberse comido, y allí nomás lo dejó sin chiste al que se hacía al vivo. ¿Y ese otro tipo que dice que hay que ganar en todo lo que se hace en la vida? Quiénes serán los que viran su lógica por el triunfalismo en una especie de fanatismo. Alguién más lo pone en eje, felizmente. 



Preguntas medio pelotudas en un programa diseñado para satisfacer otro tipo de entretenimiento. Sin embargo Darín no deja de ofrecer un par de toques por aquí y por allá, con sentido del humor y pulso firme a la hora de improvisar una salida ingeniosa. Desentona de la manera más armoniosa en un programa que no está muy a la altura de su valor y de lo que podría haberse conversado.


Darín: ¨Estábamos convencidos de que eramos los Beatles. Y entonces vivís y encarás las cosas desde un ángulo medio patético pero también medio gracioso o divertido, por decirlo de alguna forma¨.


Darín fue entrevistado en Pura química, un programa de ESPN de mucha onda, donde cuenta con humor una anécdota sobre la piratería. Le dicen que en Bolivia se vende en Dvd ¨El secreto de sus ojos 2¨. Él se ríe y cuenta que no es sólo en Bolivia, en realidad los piratas le ponen ese título a su siguiente película, que es ¨Carancho¨, una película menos atrayente en los papeles, pero vista con paciencia es muy buena, y guarda una escena explosiva en el desenlace, digna de una película de acción de John Woo. 

El caso es que nos da cierta pena reconocernos como consumidores de videos piratas en Bolivia. A contramano habrá que decir que si no fueran por estos videos en dvd no hubiéramos podido conocer ni un quinto de su producción. Por El secreto de sus ojos tomé atención en su trabajo; después lo vi en otra más también dirigido por el asombroso Jorge Campanella, y en varias de ellas combinaba aquella lucha del hombre que se debate entre una especie de idealismo y la tentación de los atajos desleales que en realidad nos hacen transitar los caminos más esforzados y largos. En compensación diré que mi compromiso personal es devolver algo a mi colectividad a partir de las películas que he podido ver de Darín. Nosotros entre tantos, vamos apilando filas de dvd´s en la víspera de los fines de semana, y hace mucho tiempo ya me inquietó la espina de la pregunta:¿y qué haces después con tanta película? No creo en el carácter desechable de muchas de ellas. Tampoco creo que las películas tienen simplemente un fin de distracción vacía, por ello se elegirlas y con cuáles deseo establecer filiaciones. Con ellas construyo poco a poco mi fuerte, una parte de los elementos con los que construyo mi propia línea de fuga cuando es necesario. 



viernes, 8 de noviembre de 2013

SOBRE MI LIBRO, EL QUE YA NO ME PERTENECE


Parte I

Escribir un libro, cuando se hace con honestidad, es un motivo de gozo para cualquier ser humano. Cuando se logra finalmente terminar el manuscrito las manos tiemblan, y los ojos sangrantes descansan en dulce retirada hacia adentro. Difícil es hablar del libro propio sin cometer indiscreciones ni hacerse el peine. Otros plantan árboles y otros cosechan la tierra de donde salen nuestros alimentos y casi todos ellos lo hacen sin abrir el pico ni esperar mayor alabanza. Otras mujeres tienen hijos hasta decir basta y se confortan en la maravilla de saberse madres sin esperar una felicitación. No hay vuelta que darle, hablar de tu libro es como querer hablar de tu propio hijo, mil emociones se reúnen en los bordes de las pupilas y no es el llanto sino un canto de alegría lo que puebla el pecho enorgullecido. Lo cierto es que el ser humano es un creador desde la coronilla hasta la punta de sus dedos,  principalmente es un creador de sus propias dificultades, pues sabe hacerlo todo –incluso sin darse cuenta– para ponerle barreras a sus propios anhelos. Por eso es bueno que de vez en cuando alguno pueda salir del pozo de su propia altura y se lance en la creación de un libro que llegará con el aliento del asombro y las huellas de su propio camino.

Ahora ¿para qué se escribe un libro? Para compartir oxígeno, como se hace con cualquier planta en el jardín. Es simplemente otra manera de compartir. Una forma de donación en la que nuestros seres queridos siempre encontrarán algunos guiños y referencias amistosas. Cuanto más avanza uno en su elaboración más se va dando cuenta de que el libro está fuera de sus manos, y supera el alcance de su voluntad. Se duerme en la noche pensando en él y al día siguiente se comienza de nuevo esa tensión por darle forma al libro inacabado que nos habita. No hay otra razón para escribir que no sea compartir. No se escribe para influir en las personas, simplemente se deja ahí unas semillas que tal vez otros tomarán para cosechar nuevos mundos por su cuenta.

Jesús Urzagasti me dijo una vez que la escritura es un ejercicio de devolución. Ni más ni menos. Cómo podríamos nosotros esperar algo por el libro si en primer lugar nadie nos ha pedido que lo escribamos. Sin embargo todavía estamos aquí vivitos y coleando y por algo tiene que ser. Después de tanto oxígeno consumido en este universo, después de tantas mañanas frescas y de tantos atardeceres iluminados sin que la vida nos haya pedido ni siquiera el cambio, ¿cómo no devolverle el testimonio de las bellas imágenes que recolectamos en ese tiempo de existencia?  Se escribe, se enlaza, se ensamblan líneas memorizadas con otras de remotas procedencias para darle forma a nuestro propio canto a la generosidad de los demás. Pues para que uno pueda escribir otros tienen que hacer contrapeso en el otro lado de la baranda, mientras unos caminan por la cuerda otros tienen que quedarse sentados. Incluso el ser más impensado merece nuestro agradecimiento por haber contribuido en el tiempo de escritura de un libro.

No sorprenderá entonces que se considere ajena cualquier tipo de soberbia en los espacios donde ha tenido lugar una creación, pues el escritor es simplemente aquel que tiene la dicha de poner palabras juntas en un momento determinado en el que otros estaban ocupados cumpliendo los menesteres que él también necesita para sobrevivir. Henry Miller lo expresa de bella manera en el prefacio a su obra Los libros de mi vida:

¨Enriquezcamos o empobrezcamos, quienes escribimos, los escritores, los hombres de letras, somos sostenidos, protegidos, mantenidos, enriquecidos y dotados por una vasta horda de individuos desconocidos, los hombres y mujeres que oran, por así decirlo, para que revelemos la verdad que hay en nosotros. […] Si escribir libros es restituir lo que nos hemos llevado del granero de la vida, de los hermanos y hermanas desconocidos, entonces digo –¡que haya más libros!–¨

Parte II

Durante varios meses estuve entusiasmado barajeando una idea, la idea de que la lectura es ante todo un acto creativo, aunque no lo parezca. Me hice tributario de una línea de pensamiento que considera la lectura como un ejercicio de apropiación antes que de interpretación. Pero me olvidaba que para poder percibirlo antes tuve que escribir. No es cualquier lector el que puede acceder a esa libertad creativa. En última instancia, los mejores lectores son aquellos que escriben. Es la escritura la que separa a los comentaristas de los creadores. Escribir es testimoniar de modo cristalino nuestras formas de leer, y leer es una forma de atar los cabos invisibles que se mueven en nuestra escritura.

Por otro lado, la escritura del primer libro es un acto de graduación interna en el ser humano, al menos lo sentí así en mi caso. Es un peso menos. Se exhala una paz renovada pero también se afrontan otro tipo de agitaciones momentáneas. Escribir es nuestra decisión de ser algo más que solamente lectores, a sabiendas de que tanto el lector como el que escribe calman la sed visitando la misma fuente. Sin importar su procedencia, los mejores lectores, los más creativos, los más fecundos, son aquellos que han pasado por la sala de partos de la escritura.

En mi caso tuve las fuerzas suficientes para dar vida a un libro que bauticé Pensamiento inalámbrico (Plural, 2012). Se trata de un libro muy querido para mí porque lo escribí en un tramo en el que la única certeza que tenía eran las garantías del precipicio. La vida se había pasado por mi lado y yo no parecía haber hecho nada completo, ni siquiera o al menos un libro. Caminaba noche tras noche esquivando la cueva del lobo, ensimismado en conversaciones con el libro que se hilaba de a poco, hechizado, por así decirlo, en una frecuencia desde la cual recibía una serie de señales generosas, y las líneas se iban poniendo juntas para guiar el curso de las siguientes páginas.

Tenía varias deudas acumuladas con seres de carne y hueso, y también con otros personajes ficticios de presencias igualmente certeras, eran mayormente deudas que requerían un acto semejante de gratitud. Luego de acabado el libro sentí que se habían saldado cuentas. El escritor requiere de mucha salud y carácter para confiar en su propia capacidad, pues debe convivir algunos días en la ruta con el temor de que se acabe la época afortunada en que las palabras llegan con fluidez y esto sea antes de que pueda terminar el libro; cada día nuevo que nos saluda es una presión para cumplir con el compromiso que se ha pactado silenciosamente con los otros que revolotean dentro y fuera de nosotros.

Al final lo que los lectores tienen en la mano es un libro, unas páginas impresas con ideas y aspiraciones, que el escritor no ha escrito solo sino en compañía de su colectividad, de su tribu. Pero no son sólo palabras, más que nada se encuentran reposando en esas páginas una manera de no botar la toalla y resistir al temporal, una manera de revertir una situación adversa hasta los huevos, una manera de cantar, una manera de resignar salidas y gastos insulsos, una manera de respirar y de hacer estiramientos en el frío de las 5 de la mañana, también una manera de mirar tus cosas embaladas alrededor con el destino incierto, y es sobre todo una manera de confiar y de reír a vivo pulmón a pesar de todo ello. La página es testigo de los días que se pasaron con las manos vacías y de otros en que la cosa fluyó a borbotones, saltando en un santiamén de los dedos a la memoria del ordenador.

Qué más puede decirse. Nada. Pensamiento inalámbrico se llama mi libro. Quiero creer que los buenos libros se han de haber escrito desde abismos similares e incluso peores. Lo que se planteaba a un principio resulta desbordado por el ímpetu del impulso vital de cada uno. No interesa tanto saber cuáles libros son buenos y cuáles malos, sino principalmente cuáles están vivos. Siento que el mío está vivo y nació para meter bulla, pero necesita del lector para volver sobre sus pasos y dar cuenta de su largo aliento.  


jueves, 7 de noviembre de 2013

PARA HOJEAR DOS FERIAS DEL LIBRO EN BOLIVIA (I)




Cread y compartid! Y si bien a primera vista la lectura podrá no parecer un acto de creación, en un sentido profundo lo es. Sin el lector entusiasta, que en realidad es el equivalente del autor y muchas veces su más secreto rival, el libro moriría. El hombre que propaga la buena palabra, no solamente aumenta la vida del libro en cuestión, sino también el acto de creación mismo. Insufla espíritu a los demás lectores. Sostiene el espíritu creador en todas partes: lo sepa o no lo sepa, lo que está haciendo es cantar loas a la artesanía del Cosmos. Porque el buen lector, así como el buen autor, sabe que todo surge de la misma fuente. 
Henry Miller


Las enseñanzas que verdaderamente marcan en la vida son las que se aprenden por vía de los porrazos. Y no nos referimos a los coscorrones que nos propinan las personas adultas en la edad de la niñez o la adolescencia, más bien hablamos de esos golpes secos que ofrece la vida cuando se equivoca el camino, latigazos sordos, pruebas que calibran nuestro vínculo con la tierra. Son momentos de extraña y rutilante luminosidad que dejan quieto y con cara de cojudo hasta al más vivo.

En épocas de Feria del Libro se tiende a glorificar demasiado al libro, también a la lectura. Pero no es ni el libro ni tampoco cuánto se ha leído lo que vale al final del camino, sino cuánto se ha aprendido en el tránsito. El afecto por el libro marca nuestro inocente apego por las palabras, pero a no olvidar que el libro es solamente uno de tantos vehículos que porta la vida. Es un engranaje dentro de una serie de enseñanzas puestas en la ruta para quien sabe andar su camino. No hay necesidad alguna de reverenciar a los libros por ellos mismos (menos a los autores), pues son parte integrante de lo real tanto como lo son los árboles, las nubes, el estiércol y el dióxido de carbono. 

Oficiales mayores de cultura, ministros, editores, gerentes de cámara, pueden montarse sobre el prestigio del antiguo hechizo de la lectura para organizar sus Ferias, y utilizarlo como un eslogan, pero los hechos revelan año tras año su único interés, y es que presentan al libro como mera mercancía, producto encapsulado en sí mismo. 

En Buenos Aires se produce un interesante fenómeno: la ciudad es ya la feria del libro los 365 días del año. Sus espacios de descanso en todas partes, la manera que tiene el porteño de ocupar metros, cafés y plazas siempre con un libro a la mano, además de la impresionante oferta disponible en sus librerías, por ejemplo en la Av. Santa Fé, donde se concentran las más notorias, da cuenta de una ciudad lectora por excelencia. Conversando con libreros, editores, gente en las plazas, lectores en los metros, pude entender que la Feria del Libro de esa rutilante ciudad se organiza principalmente para la gente que no vive en Buenos Aires, sus mismos habitantes lo dicen: ¨todo lo que está en la Feria ya está en las librerías antes, ¿para qué voy a venir hasta Palermo al campo ferial si puedo pillar el mismo libro novedad al mismo precio en el centro?¨ No sea esta comparación motivo para sentir inferioridad alguna. Hay que decir a contramano que nuestras Ferias todavía gozan de cierta tranquilidad, están lejos de ser la arena política que se arma en Buenos Aires con motivo de cada Feria. 

Es importante leer las situaciones desde varios ángulos. Conozco del arduo trabajo que se realiza en varias casas editoriales, obligadas a luchar a contracorriente en un país que lee poco. Así luchan todos, desde los que le sacan el jugo a la imprenta hasta el editor que dirige los hilos de la empresa, sin olvidar a los operarios que compaginan los libros y diagramadores. Es un trabajo que alguien tiene que hacer. No es fácil trabajar en el rubro editorial en nuestro país, pues encima de que poco se lee, lo que se lee más son libros piratas de sospechosa procedencia. Sólo aquellas casas editoras que tienen como mercado al público cautivo de los niños en edad escolar pueden respirar algo más aliviados. Y así, cada mes que se avecina una Feria representa una especie de examen para las editoriales. ¿Qué es lo que vamos a poner en el mercado?¿Qué hemos hecho este año? He conocido gente estupenda en editoras de La Paz y Santa Cruz, es una razón más por la que desearía que esta visión crítica encuentre asideros en vista de una mejora. Porque lo que necesitamos no es ir en contra entre nosotros, sino empujar para crecer entre todos.

Pero eso sí, evitemos la condescendencia, más aún entre bolivianos. Una cosa es estar en silencio y otra muy distinta es quedarse mudo. En nuestro país existe demasiada gente callada, se quedaron mudos por el susto o la indiferencia, dudo que hayan llegado así de fábrica. Escribir es a veces un intento ingenuo por equilibrar las fuerzas entre los que hablan, los que han sido callados y los que no tienen posibilidades de expresarse.  

Volvamos a la cuestión de las Ferias del Libro en Bolivia. Las dos más grandes son las de La Paz y Santa Cruz. La que tiene mejor calidad en sus títulos y el contenido de sus talleres es la paceña, mientras que la que goza de mejor infraestructura y mayor dinamismo es la cruceña. A diferencia de las que se realizan en Buenos Aires, Madrid o Guadalajara, las Ferias nuestras se organizan para los habitantes de la misma ciudad. Es decir, se piensa en chico. Porque para saber mostrarse hacia afuera hay que saber apostar primero por lo propio. Decía Justo Pastor Mellado, curador de la Bienal Siart en La Paz (2011), que ¨es necesario construir una ficción interna para tener una política externa¨. Pero acá no se tiene, no existe un concepto ni un eje temático por Feria, sólo la novedad de otro país invitado cada año. Quizá es el mismo formato de Feria el que se lo impide. Nosotros decimos que su formato debería acercarse más al formato de una Bienal de Arte (no al Siart), mientras la Cámara del Libro la enfoca con un espíritu más cercano al de Plaza de comidas, donde hay de todo para todos, donde la calidad no es prioridad pero sí el aglutinamiento y el consumo masivo. ¿Por qué faltan los espacios de descanso gratuito para que los lectores hojeen en los misterios de su próximo libro?

Puesto en limpio, las Ferias del Libro se plantean según un formato insuficiente, no se ocupan de las deficiencias que vive la ciudad en cuanto a su industria editorial, la escasa promoción de la escritura, ni la incomunicación que existe entre editoras y bibliotecas, periodistas y libreros o escritores nóveles aislados por los que nadie ofrece un céntimo. Se rellenan los  programas de las Ferias con lo que se puede, no con lo que se necesita según el concepto de tal o cual versión de Feria. Y así no se alcanza a alterar el estado de cosas existente. Cada Feria que llega al siguiente año se encuentra con la misma realidad adversa. Por ello la Feria es como una distracción, un cuerpo extraño, un injerto en medio de la marea de acontecimientos que tenemos mes a mes en el país. Una vez terminadas se olvidan sin mayor pena ni gloria, los mismos hábitos de lectura se mantienen en la ciudad, la primacía por la lectura barata continúa su curso. 

Para disimular este hecho evidente, los directores de Cámara del Libro siempre aparecen dando una cifra días después de la conclusión y diciendo: ¨ha sido todo un éxito, porque tuvimos más visitantes que el año pasado¨. Feria del Libro, máquina infalible para romper récords en visitas ¿pero qué se sabe después de los usos que se hace de esos libros? ¿Sube en algo el nivel de cultura y educación en la ciudad después? ¿Cuál es el nivel de los libros que se están presentando? ¿Cuántos nuevos escritores se ha promovido? ¿Y los libros que no son novedad qué?

Mientras las estadísticas nos distraen con su velo, allí siguen los micreros y taxistas comiendo y haciendo siestas en sus paradas, acaso alguno querrá agarrar un libro antes de salir a gritonearse con el mundo en su ruta apurada. Allá siguen las vendedoras en los mercados Abasto, Los Pozos y Ramada, con su periódico El Deber o El Extra en la mano, al menos enganchadas en las páginas ágiles de farándula. Y allí salen los niños cansados del colegio, sin alzar la cabeza, pero metidos en el teclado de sus celulares, rumbo a las casas de juegos en red. Allá están amontonándose seres bulliciosos en conflictos de diversa índole, casi se los ve rebalsar por las ventanas del Palacio de Justicia mientras abogados muy contentos de todas las edades suben de aquí para allá con sus cabellos engominados apretando foldersitos amarillos a su pecho. Allá están las jovencitas combatiendo en silencio su anorexia porque no es un libro el que las influye y sí la urgencia de una cultura que las quiere señoritas y misses de lo que sea. Allá están postergadas las víctimas de un terrible accidente de tránsito, privadas de consuelo incluso en la mirada fría de administradoras y enfermeras de piedra, desangrándose en el rincón de una clínica porque no pueden ser recibidos hasta que emisarios del seguro SOAT se dignen a aparecer. Allá están también los chiquillos asustados a quienes no hicieron conocer otras lecturas más que Quien se llevó mi queso o Manjar para el corazón, y están lidiando con el espanto de un problema de gravidez sin poder comunicarse con los padres que dejaron esos libros como sustitutos medio tiempo.


Ahí están... ahí están ellos, acá estamos nosotros, es decir, a su lado. ¿y los libros?, ¨los libros tienen su feria, hay que esperar la que viene al año¨. 

Bueno pero los libros no van a hacer que todos vivan mejor, me dice una voz. 

Pero si no se lee para aprender, y para aprender a aprender mejor, y sobre todo para no tener que estar leyendo siempre más y más. ¿Entonces para qué carajos habría que leer? ¿Para verse listo? El secreto -decía Henry Miller- es leer menos y menos, pues no hay nada más difícil en la vida que aprender a hacer lo estrictamente vital. La lectura es una ración necesaria como el aire, el alimento y el ejercicio, y también debe guiarse su manera más eficiente de práctica. Los colegios hacen esa tarea de manera dudosa, los hogares tambalean, y la Feria del Libro está tranquila con tener visitantes. 

De todos modos, antes o después, el buen lector gravita hacia los buenos libros, ya sea que los encuentre en un puestito en la calle o en la feria local. Para el buen lector la Feria del Libro es un espacio que amplía las posibilidades de encuentro con un libro, y por ello le está ya de por sí agradecido. Pero hay que alimentar la existencia de buenos lectores.  


Por: Jorge Luna Ortuño

viernes, 13 de septiembre de 2013

Hablemos de la renuncia del director de Página Siete


Se encuentran dos actores en abierto enfrentamiento: Página Siete y el gobierno del MAS. Renunció Raúl Peñaranda el pasado 22 de agosto a la dirección del matutino, con la convicción de que esto evitaría que el gobierno continúe sus ataques contra los periodistas. El paso en falso del director del matutino paceño fue autorizar la salida de un titular donde se afirmaba que cuatro ministros habían sido excomulgados por la iglesia católica. El perro rabioso del gobierno, Quintana, hizo notar el detalle de contexto como una razón para increpar contra las intenciones del periódico. Se refería a la visita que el viernes de esa misma semana iba a realizar Evo Morales al nuevo Papa en el Vaticano. Su interpretación fue que Página Siete, ya que respondía a intereses de un sector chileno, pretendía alterar las buenas relaciones entre la iglesia católica y el gobierno, para perjudicar ese encuentro. 

No creo equivocarme al afirmar que causó mucha más repercusión la noticia de la renuncia de Peñaranda que el titular de la excomunión de esas autoridades. ¿Todavía se excomulga a las personas en estos tiempos? ¿Y cómo se hace valer esa decisión? ¿Ponen guardianes en la entrada a los templos? Y muchos pensaron como primera reacción que era sorprendente que aquello se pudiera determinar sin demasiado trámite.Sin mucha investigación, sin mucho toma y daca, se aviso de un golpe que esa era la decisión, vaya qué fácil y rápido pensamos muchos. 

Recuerdo haber leído hace unos meses las declaraciones de Peñaranda en la conferencia de prensa que ofreció. Lo llamé unos días después para expresarle una voz de apoyo. Pero no compartía su decisión. Eso no necesitaba saberlo él que tendría mil cosas más en la cabeza en ese momento. No estaba de acuerdo porque no cuadraba con su argumento, algo no estaba fino ahí. En síntesis creo que su idea fue dejar la dirección del periódico para que el gobierno apague su sed de ataque contra ellos, es decir, les permitía ganar algún tiempo. 

No podemos inmiscuirnos en sus razones personales. A veces la decisión de dejar algo que ocupa nuestro tiempo no es tanto una negación, y es mucho más una afirmación que favorece aquello que se está dejando de hacer en otra parte, y que probablemente nos ofrece mayor placer y realización. Cuando se tiene talento y confianza en uno mismo no existe necesidad alguna por aferrarse a un puesto ni a una liana de la vida. 

En cuanto a su puesto importante como director de un medio que no se complacía en la distribución de notas propaganda para el gobierno, nos dejó a los lectores en falta de algo. Tal vez lo más lamentable es que haya cometido el error que el oponente esperaba para apretarlo contra las cuerdas, cuando en realidad debería haber sido mucho más precavido sabiéndose en medio de un campo minado. Estaba en medio de una guerra, quiérase o no, de modo que ganaba el que tuviera más paciencia y el que cometiése menos errores. Personalmente me desespera ver que los periodistas siempre tengan que apoyarse en la cita de una fuente para poder decir algo por el canal que manejan. En ese sentido el periodismo investigativo es mucho más atrayente, al menos permite vislumbrar otras rutas más afortunadas para la denuncia. Pero existe otro periodismo choto, el que más se practica en el país, que consiste en recolectar declaraciones de personajes y luego buscar su contraparte en el otro bando, para volver el asunto una marea de opiniones que van y vienen. No se pregunta la opinión mucho por la capacidad que puede tener para responder el entrevistado, es más porque se llama nanito o fulanito, es conocido y su nombre ligado a ciertos criterios facilita la tarea de los que necesitan vender las noticias. Son muy buenos algunos medios de comunicación de gran audiencia para instalar arenas de discusión entre sectores, aunque estos espacios no aumenten ni un pelo a la comprensión del problema y trabajen para subir la inflación de opiniones sin sentido. 














jueves, 12 de septiembre de 2013

El hombre mínimo

¿Te interesa ser alguien en la vida? ¿Acaso te preocupa ser diminuto, pequeño? No hay nada de malo en ser diminuto, ser un desconocido. En realidad, siempre profesé un cariño especial por los seres imperceptibles, los parias, los perdedores, los que son como gotas indiscernibles. Son muy ínfimos en sus medidas externas, no me refiero al físico, y sin embargo tienen la riqueza interna de todo un continente. 

Hoy desperté con enormes deseos de leer, leer, y es que tengo tanto de bueno para leer en mis cercanías. Me animé a sacar del estante el libro de Henry Miller, "El tiempo de los asesinos". Es un libro que me conecta siempre con la sabiduría de un místico salvaje. El denominativo sirve para ambos. ¿Servirá para mí? A veces me molesto por mis respuestas demasiado automáticas, tan propias de un muchacho educado, y de mi forma de vestir, tan correcta en los días laborales, camisita y pantalón, con una camisita remangada. Es Santa Cruz, clima tropical, no se tiende a vestir mejor, sólo disminuye la ropa, es cierto que siempre se puede tener elegancia. Pero a mí me gustaría vestir de la manera más ligera. ¿Por qué no lo hago? La verdad es que siempre he preferido comprarme libros antes que ropa. En alguna ocasión compré unos guantes negros de boxeo Everlast. Los tengo todavía, son una especie de objeto especial en mi armario. En épocas de universidad frecuentaba a dos compañeras que preferían algunos días comprarse un cd de música o un librito antes que gastar en el almuerzo. Ambos rondaban los 15 bs. No se puede hacer lo mismo en muchas ciudades del mundo. En La Paz esto era posible. ¿Pero a quién diablos le importa esto que digo? Más interesante es seguir con la relación Rimbaud-Miller. El libro todo es el manifiesto de un poeta, un artista, un escritor en resumidas cuentas. 

El tiempo de los asesinos es un libro acerca de las rupturas que se sufren en la vida. Momentos de ruptura en tu caminar. Se habla como se camina dicen por ahí. Si tu caminar es inseguro presentirás ya cómo asumes el habla de tu idioma. De golpe esto me permite ver una cosa. En Santa Cruz, los cruceños no andan con vueltas, se sienten muy seguros de su pertenencia a la tierra y hablan como tal el "vos" en lugar del "tú", que es por sí solo ya un refrán que marca identidad. Se trata de una influencia del Río de La Plata. Vivo en la calle Buenos Aires y de algún modo presiento que esta ciudad tiene mucho que ver con su par en Argentina. No se dice "tienes" sino "tenés". En la marea de acontecimientos que tienen por protagonista a esta ciudad, se destaca su orgullo por la región, donde los parientes dan a veces la impresión de querer prescindir del resto del país en ciertas actitudes. No digo que sea un intento de separatismo, como se ha afirmado en el pasado, es simplemente una voluntad de avanzar y estimular lo que tienen en la casa. Incluso respecto de su literatura y sus escritores, también de su gastronomía. Hay una timidez más típica del kolla con la que no se sienten conectados, tampoco con ciertas actitudes de miramientos o susceptibilidades, el camba es más abierto, más metedor, vive mucho de lo visual, de la apariencia, al menos eso refleja el imaginario colectivo que alimentan con sus fiestas a lo largo del año.

Es éste el texto de un hombre ínfimo. Que tus cuentas sean de dos más dos. Que tu paso por esta tierra sea fulguroso, pero no por sus victorias aparentes, sino por aquellas que cobijas secretamente, que fueron alimento para ti y para muchos que te rodean o te rodearon. Ni siquiera presumas de ser escritor, porque no lo eres de una manera mucho más especial que cualquiera. ¿Acaso aquella muchacha que escribe su diario personal  noche tras noche no es también una escritora a su modo? ¿Y los que mantienen correspondencia con sus queridos o queridas durante grandes porciones de su vida? "No, pero ellos no publican" dirá algún holgazán creyendo sonar más listo. Sin embargo, publicar no es otra cosa que compartir, desear transmitir una especie de testimonio único e intransferible. No se trata de engrandecer a ningún escritor por haber puesto ciertas palabras juntas en una cierta manera. Los grandes maestros son los que no enseñan nada. Otra cosa es cómo impulsan a otros para que asuman lo suyo, su propio mundo, su colectividad. Hace un buen tiempo que me deleito cuando leo estas líneas del Tao Te King:
El maestro eminente es ignorado por el pueblo/luego viene aquel a quien el pueblo ama y odia/el maestro eminente se guarda de hablar/y cuando su obra ha sido consumada y su tarea cumplida,/el pueblo dice "esto viene de mí mismo"
¿Pero por qué hablamos de maestros? Un verdadero escritor adquiere una lucidez distinta respecto de la vida. No es necesariamente un maestro, pero algún efecto pedagógico tiende a producir. ¿Lo espera? Tal vez un poco. Pero existe primero un profundo respeto por los derroteros que debe seguir el otro. No se puede uno meter con lo que está más allá de lo que la humildad le permitiría asumir. Por ello ni siquiera esperes reconocimiento por lo que escribes. Ni siquiera presumas de ser escritor. Eso sólo se sabe al final de la ruta, si alguien deviene escritor. El escritor escribe para devenir otra cosa, para devenir perro, cucaracha o mono. Con esa línea Deleuze desorganizó lo que yo creía saber, lo puso de cabeza y me proveyó de una visión completamente distinta. 

Te invitan con mucho cariño a presentar tu libro, te proponen armar una actividad cultural a partir de ello. Palabras elusivas a cargo del arquitecto... Y luego otra persona de una institución con sus palabras de circunstancia... Les pido que lo ceremonioso del asunto esté ausente, o lo reduzcamos al mínimo. No hay por qué crear una situación de una media hora de fama para un desconocido, un completo extranjero que viene de lejos. El acto es primero de cariño, de devolución, porque fue esa tierra la que me cobijó en la construcción final del libro. Salí a La Paz y también a Santa Cruz. Pero tuve que volver a vivir en Oruro por unos meses antes de iniciar el salto largo, y sólo fue en ese retorno que encontré el clima que requería para escribir el libro. El primer agradecimiento es a mi familia, el segundo es a mi tierra, que no queda muy bien rayada pero que oscila entre Oruro y La Paz. 

¿En cuánto tiempo escribió su libro?
No lo sé con seguridad. Según mi cumpa contiene apuntes de un largo tiempo, podría decirse más o menos que de unos diez años. Los materiales comencé a tenerlos el 2003 cuando entré a Filosofía. Pero sentarme a escribir el libro, eso fue el 2012, inicios del 2012. Y el primer manuscrito lo terminé en julio creo. 

- ¿Qué fue lo más difícil?
Vivir muchos de esos días con la sensación de que podría ser otro de tantos intentos que se quede en el camino, y que tarde o temprano terminaría dejándolo para pasar a hacer otra cosa. Ante todo no quería dejar esa empresa a medias. 

Dejé la carrera de ingeniería civíl y eso marcó la presión de los siguientes años. Tenía que tener una buena razón para haberlo hecho, y lo que he podido hacer o dejar de hacer desde entonces resuena como un eco de aquella decisión. Nadie más es responsable de ello que yo mismo. Cuando leí "El existencialismo es un humanismo" sentí que me ayudaba a explicar algunas cosas que había hecho. También me impactó "La pedagogía del oprimido" de Freyre aquel primer año.

- ¿Por qué es difícil escribir un libro?
No sé si lo sea para todos. Cuando veo Revistas como Ñ de Clarín o Babelia de El País me sorprendo con la enorme cantidad de libros que se están produciendo ahí afuera. Da un poco la sensación de que medio mundo escribe y publica. Los articulistas ahí son todos muy buenos, existe muchísima gente que escribe y mucho.

- ¿Qué es escribir al final de cuentas?
Pienso para mi coleto que escribir es tener un deseo de asimilar mejor algo, registrarlo, meditarlo, darlo vueltas, conectarlo con otras cosas, hacerlo proliferar. Muchos deciden vivir sus vidas embarcados dentro del trámite de lo cotidiano, hay muchas cosas que ya ni recuerdan que vivieron, pasan por una cosa una y otra vez. La disciplina de escribir te permite ordenar un poco tu mundo, organizar tu mente, tu camino a seguir, lo que te marcó en ciertas relaciones y encuentros... Luego hacer el libro es darle una forma de conjunto a muchas de esas anotaciones, hacer que proliferen algunas, cortar otras, conectarlas aquí y allá... Lo difícil es atreverse a asumir el reto. 

La capacidad de comprensión se extiende por lo que se lee, y la maquinaria del organismo se aceita por el acto de escribir. Se respira con aliento renovado, los ojos se expanden. Es toda una gimnasia, un acto que pone el cuerpo en juego. Tiene un costo, exige mucha vitalidad, sobre todo cuando se tiene la sensación de que la literatura y la vida adquieren una conexión especial gracias a la escritura. En mi caso lo difícil de escribir un libro reside en que trabajo con muchos libros alrededor, necesito construir la atmósfera propicia. Después de cierta cantidad de vasos de agua que tomé, y de lecturas aquí y allá, finalmente llegan momentos en que siento que puedo sentarme a escribir, es hora de poner en marcha la máquina. Es un poco como avanzar en el desierto con un depósito de agua, lo tienes sólo por un determinado tiempo. Temes que ese tiempo expire antes de que puedas acabar el libro. Se lidia con una presión más o menos constante, escenarios que se construyen en tu cabeza. Hay expectativa por lo que vas a hacer, pero solamente tú sabes que será algo completamente diferente de lo que se podría esperar. 

- ¿Qué es esto del "Pensamiento inalámbrico"? 
Es un concepto, hay muchas maneras de apropiarse de él. No se trata tanto de comprenderlo sino de captarlo para uno mismo, lo cual es apropiarse del concepto. Yo lo puedo explicar de una forma, pero otro lector diría que lo entendió de manera opuesta. Él también tendría toda la razón. Lo importante es el uso que se haga de él. 

- ¿Podrías explicarlo un poco más? Tal vez con ejemplos. 
Bueno, el libro no es autobiográfico, aunque mis vivencias sean sin duda parte de su alimento. De todos modos viví ciertas cosas con las que imagino muchos podrán relacionarse. Por ejemplo haber salido de mi casa a los 22 años, cuando tenía todo para seguir viviendo en ella y estudiar una profesión técnica, eso me hizo saber lo que significa romper ciertas ataduras que parecen ser muy arraigadas. Puede decirse "desconectarse". Pero no se pierde nunca el contacto, el vínculo, la sensación de "estar con" aunque eso que sientes cerca esté lejos. La distancia es muy engañosa. Puedes vivir con una persona y sentir que hay un campo de fútbol que los separa. Y puedes vivir en un país diferente y sentir tan cerca la presencia de los que amas hasta en los actos más cotidianos. Los vínculos de la vida son inalámbricos. Hay que cortar las cadenas, las cuerdas que nos amarran e impiden cumplir nuestro potencial, pero no por ello ser como gallinas sin guato. Hay que desatarse pero mantenerse conectado -esa es una buena manera de resumirlo. En el libro intento explicar aquello de diversos modos. Y lo inalámbrico tiene sus propias cualidades, a nivel del pensamiento, de formas de vivir, de amar...

- ¿Cómo influyeron tus vivencias en la construcción de la idea?
Mi experiencia es la de haber roto un patrón en el que se suponía debía continuar mi educación y mi vida. Mis padres fueron muy comprensivos en el momento que me pegó el rayo y supe que debía dar un giro dramático a mi vida. Tenía muchas comodidades en Oruro, tenía todo en mi casa, los seres más queridos de mi vida, mi hermana que ya por sí sola hace resplandecer mi alma, y también los amigos, los lugares conocidos, las certezas, pocas pero certezas, y una manera de responder a demasiadas preguntas importantes según las respuestas que me había enseñado en la casa, la escuela y la iglesia. A pesar de ello siempre viví un mundo fantástico con mi hermanita, siempre supimos crearnos un mundo dentro del mundo, sobre todo los largos años que vivimos en una casa que era pequeña, no salíamos mucho siendo niños, y la planta de arriba estaba habitada por nuestras abuelas, personajes que marcaron parte de nuestra infancia. Configuramos nuestras líneas de fuga de la manera más imaginativa que puede permitir la infancia. 

Después llegó un punto en que la ciudad de Oruro dejó de ser para mí, o yo para ella. Esto fue a mediados del 2002. No me conformaba la vida de estudiante de ingeniería civíl. Veía demasiada dejadez en la ciudad, sentía que ya la había exprimido, quería aprender mucho más. Oruro no era ya una ciudad para mí, tampoco para mi familia. Pero en aquel tiempo sólo pensé en mí, en mi individualidad, mi aventura. Fui egoísta. Eso era parte de mi inmadurez. Murió mi abuelo, a la siguiente semana ya me iba a La Paz a instalarme en casa de mi tío. A parte había decidido que la Iglesia Católica tenía demasiado poco para ofrecerme en cuanto al cultivo de mi espíritu. Rompí con el seguimiento de las prácticas que los curas inculcan. No he dejado de pensar que el catolicismo es una especie de escuela para principiantes, tiene una serie de fábulas maravillosas, te contacta con un hombre extraordinario como Jesús, te explica muchas cosas con cuentos, es como para niños. Pero en cierta edad ya le toca a cada uno proseguir su camino espiritual, es la edad en la que sus preceptos son mucho más cadenas que guías. 

Fueron mis lecturas sobre el Jeet Kune Do de Bruce Lee, no aferrarse  a las formas, algunos fragmentos de Krishnamurti y luego Osho con su mirada del taoísmo de Chuang Tzú los que dispararon gran parte del asunto. Despertaron en mí una percepción hambrienta por rasgar las paredes de la realidad inventada que se nos ponía ante los ojos. Me dije basta de quejarse y hacer algo. Habían muchas cosas que necesitaba comprender mejor. Me propuse una misión, pensar mi actividad vital, mi profesión, de manera que su formación me permitiera aportar algo real a nivel social. No basta con regalar un par de prendas o comida a una madre pobre que ves desparramada en la calle junto a sus nenes. Me volví más crítico, asumí con mayor confianza mi natural rebeldía, mi inconformismo respecto de las normas, mi rechazo a las cosas que se hacen por obedecer autoridades, mi poco gusto por la costumbre. La vida tenía otro color, comencé a hacer lo que más me gustaba, daba clases de artes marciales en el gimnasio de un amigo y leía todo lo que podía de mis intereses. 

Hoy puedo decir que comprendo muchas cosas mejor. Esto no me ha prevenido de meterme en situaciones difíciles, no soy el exitoso que vuelve a casa ni mucho menos. Soy un ser humano más en pleno desarrollo, tengo algo para compartir que es mi manera de devolver a la vida, y eso lo plasmo en el libro. No hay mucho más que decir.