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sábado, 4 de julio de 2015

CRÍTICA A LA FERIA DEL LIBRO DE SANTA CRUZ – PARTE I


Por: Jorge Luna Ortuño

I

La Feria del Libro que se realiza en la Fexpocruz año tras año es un espejo más o menos fidedigno de la actualidad cultural e intelectual de Santa Cruz. Por el lado negativo, refleja el vaciamiento ideológico, la irrelevancia, además de cierta banalidad de contenidos y los juegos de vanidades que se observan con frecuencia en sus distintos espacios de cultura, salvo excepciones puntuales. Por el lado optimista, refleja una energía latente en segmentos importantes de la ciudadanía cruceña, la cual busca la forma de emerger y canalizar su sed de arte, cultura y conocimiento en formas articuladas.

La versión XVII de la FIL 2015 se realizó entre el 27 de mayo y el 7 de junio. La organización estuvo dirigida por la nueva presidenta de la Cámara del Libro de Santa Cruz, la promotora de lectura infantil Sarah Mancilla, quien se mostró siempre entusiasta y llena de intenciones positivas para la realización de esta cita. De entrada se evidenció una apuesta más fuerte por la elaboración de una campaña publicitaria, pero lastimosamente con un criterio simplista muy escaso de ideas. Ya el Spot Oficial que presentaron días antes fue el augurio de la decepción que resultó esta nueva versión.  El Spot está disponible en el canal “Fil Santa Cruz” en YouTube, el lector juzgará por sí mismo.




Es cierto que podríamos también ser diplomáticos y quedarnos callados, y conformarnos porque niños y adolecentes de diversas escuelas –es decir los públicos cautivos que asisten por acuerdos con los directores– colorearon con su presencia los pabellones del campo ferial. Pero sucede que en los medios de prensa cruceños, como El Deber, que coadyuva en la organización, y en general alrededor de la Cámara del Libro local, se observa una llamativa falta de autocrítica, como si existiese un pacto de complacencia entre ciertos actores de la escena local cultural y mediática. Sin embargo, con ello sólo se contribuye al montaje de una escena mediocre que nunca podrá despegar. Tampoco estamos seguros de que sea especialmente alentador que en una ciudad con más de 2 millones de habitantes –consumidora por excelencia de las ferias– una feria del libro haya recibido 100000 visitantes en diez días de oferta.  Pero en los medios locales se publica la noticia en son de que ha sido un “éxito rotundo”, declaración ya clásica de los funcionarios de la Cámara del Libro en el final de cada versión.

Hace falta darse cuenta que una crítica honesta a este tipo de solapamiento es la única forma de amar a Santa Cruz y de conectarse con su reservorio pleno de posibilidades por venir. Al respecto, me han contado de la existencia del libro de un arquitecto americano llamado Buckminster Fuller, titulado Manual para gestionar la nave espacial Tierra, en el que propone el concepto de una nueva arquitectura, de un nuevo paradigma de coherencia constructiva al que llama "tensintegridades". Esta palabra es un híbrido construido por los términos tensión e integridad. “Las "tensintegridades" son arquitecturas en las que el conjunto se aguanta por la sinergia de elementos que en el fondo no están juntos. Las fuerzas que quieren crear el hundimiento del sistema son las que, de alguna manera, lo mantienen en pie.”[1] Así también debe funcionar la crítica afirmativa, que aparentemente conspira en contra, pero en realidad funciona para sostener lo que sin ella sólo se tambalearía.   


Crítica a una feria del libro en el extranjero

Sobre una feria del libro chilena y la venta de libros escolares



[1] Citado por Peter Sloterdijk en una entrevista con Fabrice Zimmer.  Publicada en Magazine Littéraire, mayo de 2001.

martes, 3 de diciembre de 2013

PARA HOJEAR DOS FERIAS DEL LIBRO EN BOLIVIA (II)



Para efectuar una crítica y pensar el levantamiento de un espacio que amplíe nuevas prácticas de lectura, no es necesario desacreditar por completo al enfoque que siguen las ferias del libro en Bolivia. El descontento ya existe y siempre va a existir porque el descontento es parte de la idiosincrasia del boliviano. No obstante, esto no nos libra de la necesidad de pensar esta sensación de inconformidad. Me sorprendió encontrarme con manifestaciones de varios internautas que muestran su inconformidad por distintos medios, desde los tradicionales hasta las redes sociales. Sin embargo, noto que la mayoría de los comentarios adversos se centran en la cuestión de los no tan amigables precios de los libros en las ferias, y luego en el hecho de que gran parte de la oferta sean libros de superación personal. Otros, los menos, se quejan de que ofrezcan libros de segunda mano en algunos stands. 

La crítica que me planteo se centra en otros aspectos que considero más "centrales", por así decirlo, y evito aquí usar la tan mentada expresión "temas estructurales", pues en el raquítico mundo de la política boliviana esa noción se ha devaluado. Digo en cambio centrales porque tienen que ver con el enfoque alrededor del cual se rayan los radios de la circunferencia que llamamos feria del libro. No se le puede pedir a un caballo de carga que sea un excelente competidor en la pista; con la feria del libro pasa algo parecido, no es un espacio que se caracterice por una exigencia de criterios que sirvan para idearlo, es más bien un espacio de "acceso democrático", "exposición popular", lo cual, se cree equivocadamente, otorga licencias de organización débil en cuanto a la propuesta.  



Breve rodeo
El mes de octubre de este año se llevó a cabo la Feria Internacional del Libro de La Paz, y la Cámara del Libro de esa querida ciudad me invitó a una mesa donde se conversaría sobre la relación entre periodistas y el libro. En la ocasión conocí a Ernesto Martínez, gerente general de la librería Martínez Acchinni, hombre atento e inquieto; era él quien coordinaba nuestra mesa, en la que también fueron invitadas las periodistas Liliana Carrillo y Mabel Franco. 

Dicho y hecho, fue de ese modo que pude participar de la feria de este año, realizada en el nuevo campo ferial Chuquiagomarca. Aquel sábado por la mañana, 12 de octubre, a medida que el día se iba entibiando con la salida del sol la temperatura de nuestra conversación también iba subiendo en interés y en deseo de participación. Nadie hizo una ponencia ni tampoco nos sentamos en una mesa en la testera, en realidad todo fue espontáneo, aprovechando la buena onda de Ernesto sugerimos sentarnos en un círculo con los pocos asistentes que habían al principio, y poco a poco ese círculo se fue ensanchando con los que llegaban. Se terminó un nutrido grupo. Estaba presente el presidente de la cámara del libro, Jorge Luis Rodríguez, además de una representante del área de bibliotecas en Sucre, lástima que no alcancé a saber su nombre; entre los entusiastas también más de un profesor de colegio, periodistas, algunos estudiantes, y gente afecta al libro. 

Aquel día llevé un ejemplar de la Revista Ñ, de Clarín, que toca temas de filosofía, arte contemporáneo, libros, cine, danza, y todo el mundo relacionado con la cultura. Me interesaba plantearla como modelo de trabajo. Aunque no me lo había propuesto al aceptar la invitación, me incliné por remarcar que hace falta un elemento aglutinante de cohesión en el sistema que rodea ese producto que llamamos libro. Me explayé en algunas ideas y no tardaron en aparecer algunas resistencias, que fueron de lo más útiles. 

Jorge Luis Rodríguez defendió la idea de que la feria del libro tal como la realizan en Santa Cruz es muy exitosa y positiva, y basaba su argumento en el dato de que una empresa a la que habían contratado les había hecho un estudio, que resultó en la halagadora cifra de más de 100000 visitantes registrados en la última feria de este año, un nuevo récord decía con orgullo. Rodríguez señalaba además que tenían comentarios muy satisfactorios de los diferentes expositores, dada la cantidad de libros que vendieron, y que al parecer colmó las expectativas de varios. Me parecía necesario marcar una diferenciación: una cosa es que se registren visitantes, incluso que se vendan libros, y otra es que dicha feria sirva realmente para potenciar la lectura en una ciudad. No son los métodos cuantitativos los que pueden decirnos cuánto se aprovechan los libros vendidos de un año para el otro, o si generan algún nuevo tema de interés en la agenda política, si conmueven, si levantan algún polvo, o llaman la atención sobre temas olvidados. 

Aquí es donde arranco, porque una Bienal de Lectura, como la planteamos, se debe a la ciudad que la acoge. En esto es similar al enfoque que Justo Pastor Mellado postuló para la Trienal de Arte Contemporáneo de Santiago hace ya unos buenos años. Una Bienal de Lectura es un espacio de trabajo con ideas, desea intervenir una escena determinada. Intervenir es afectar, irrumpir, modificar un estado de cosas existente, como diría Reinaldo Laddaga. Intervenir también es conectar necesariamente. 

Pero el riesgo de algunos eventos ferias y festivales es que no tienen conexión con la ciudad en la que se realizan, no se vinculan con los problemas de la escena, repiten lo que se hace afuera, y terminan siendo una especie de carpas postizas. (¿Acaso el Siart 2013 no ha caído también en esta debilidad a favor de su gusto por la animación cultural?) Se ocupan demasiado de cuidar el ego de algunos autores conocidos de la ciudad, los convierten un poco en invitados de piedra por haber publicado algunas cosas con relativo éxito en el pasado. Y las editoriales ya consolidadas hacen lo que ya saben bien, exponer sus estrenos, hacer un par de charlas...

Para evitar este carácter postizo me gusta retomar el concepto de Campaña de Vacunación, es siempre interesante trasladar algunos términos de la jerga médica al campo de la lectura. Una Bienal de Lectura, que es un espacio temporal que se instala en la ciudad, no va a cambiar definitivamente aquello que se mantiene gracias a la idiosincrasia recelosa de la gente de cada lugar. Pero al menos buscamos proveer de una nueva inmunidad, antídotos para virus específicos, desarrollo de ciertas capacidades puntuales y de una resistencia en lectores. En última instancia, cuando se dice que una feria del libro debería estar construida alrededor del lector, lo que decimos en el fondo es que debe ante todo estimular la existencia del escritor, la curiosidad por la escritura... No es una equivocación, pues el mejor lector de todos, es decir, el más atento y creativo, es al final de cuentas el que escribe. No hablamos de escribir bien o mal, simplemente escribir. Como decía Jesús Urzagasti, se escribe o no se escribe, esas son las dos posibilidades. El escritor nace como posibilidad en el trayecto de sus lecturas. Ponerse a escribir es el siguiente paso. ¿Qué harían las editoriales y las imprentas si no hubieran más escritores? Volver a publicar a los clásicos, esa siempre es una opción popular. Pero como en toda industria, acá también se mueven en torno a la novedad, necesitan de ella para tener alguna relevancia. 


Una Bienal de Lectura se debe al lector. Está compuesta por más de un bloque. Por un lado existe un bloque de exposición de obras, ese espacio donde uno necesita curiosear, ver qué hay de nuevo, qué sigue, hojear, dejarse llevar. Luego existe otro bloque de transferencia. ¿Qué se busca transferir en última instancia con la lectura? No es la lectura por la lectura misma solamente. Se trata de lo que viene con ella. En este bloque problematizamos algunas cuestiones, como por ejemplo que no hay necesidad alguna de darle un trato privilegiado al libro. Cuando decimos "lector" no nos referimos al que lee el texto escrito solamente. También se leen imágenes en movimiento, sin que esto convierta a nadie en crítico de cine necesariamente; se lee cuadros de pintura, que gozan de su propio movimiento inmóvil, por así decirlo; se lee también juegos, partidos de fútbol, momentos específicos de una situación, pues de lo que se trata es de aprender a estar presente en el momento, conectado. En este punto un gran estímulo ha sido el libro Prácticas de lectura, dirigido por Roger Chartier. 

La crítica
Volvemos, como si se tratara de un avance en círculos, a lo señalado en el inicio. Deseamos esbozar una crítica que toque temas centrales. Es cierto que rebajar el precio de los libros por efecto de la nueva Ley del Libro y la Lectura es una medida positiva para los lectores. No es una medida decisiva sin embargo, solamente es una arista dentro de una estrategia de incentivo de la demanda. Si ese fuera el caso nuestras bibliotecas municipales estarían repletas de lectores de escasos recursos, pero no es ese el caso; la mayoría sólo van a leer el periódico del día. Por otra parte, el internet ya es una herramienta al alcance de un amplio público, las lecturas y la información están a nuestro alcance más que nunca. Pero lo que falta es guiar la lectura, enseñar a cada uno a crearse un mapa, líneas de orientación, qué es lo puede valer la pena y qué no en esta inmensa cantidad de información disponible para ser descargada. La cuestión no es tanto acceder a los libros ni buscar conocimiento, sino comprender más lo que se conoce o lo que se lee.

Convengamos que cuando se expone libros no es lo mismo que se plantea para una feria de ropas o de maquinaria; los libros no vienen con manuales de uso ni se confeccionan por tallas. La Feria del Libro debería servir cada año para incentivar la demanda de lectura, producir más lectores, estimular los usos creativos del libro. Pues cabe preguntarse ¿qué hacemos con lo que leemos al final de cuentas? ¿Qué impacto creativo logran en el transcurso del año las 15 novelas fundamentales del país insertadas a los contenidos escolares? Las Cámaras del Libro se equivocan en tomar como centro de sus operaciones al libro en tanto que producto cerrado en sí mismo, pues el libro es un artefacto engañoso: pese a verse como algo acabado y completamente autónomo, con bordes bien delimitados, la realidad es que funciona en red, no tiene principio ni fin, es un engranaje textual dentro de una maquinaria extra-textual mucho más grande. Bastante de aquello que da lugar a un libro está fuera de él, y al alcance de todos, pero es como si unos ojos perezosos se empecinaran con observar el dedo que apunta a la Luna. 



Pensemos lo siguiente: ¿para qué sirve una universidad de artes marciales por internet? El ejemplo concreto es la Gracie University. Los detractores le critican que no puede enseñar realmente un arte de combate a través de vídeos dentro de una curricula diseñada gradualmente, pues el practicante debe ante todo aprender en el contacto con otros en el gym. Pero lo que no todos ven es que la Gracie University capta la atención de un público que está más habituado a frecuentar el internet antes que visitar gimnasios, y que muchas veces los internautas viven en ciudades donde no existen clases presenciales de Gracie Jiu Jitsu. Se trata entonces de una compensación frente a una falta de algo. La plataforma sirve para hacer llegar una información de excelente calidad a un lugar desprovisto de esa información. Pero además, gracias a su formato ágil y perfeccionado, incentiva demanda, la Gracie University produce nuevos estudiantes, que después de interesarse en aprender el arte van en busca de un profesor para tener clases presenciales paralelamente. En otras palabras, la plataforma por internet sirve para aumentar la población de practicantes de artes marciales, sin importar si beneficia a un gimnasio local en particular más que a otro.  

Lo mismo debería pensarse para una Feria del Libro. Los expositores se reúnen porque aceptan la idea de que entre todos pueden generar un mayor interés entre la población, logrando un momentum más grande del que lograrían por sí solos. Pero entre ese aglomeramiento hacen falta criterios de conexión que den sentido. La organización se confunde al olvidar que cada libro vale y tiene relevancia en función de sus conexiones con el afuera, lo que está fuera de su marco, lo Actual. Estas conexiones deben ser exploradas, y esto se hace en espacios de trabajo que ofrecen referencias al lector, debe exigirse algo del lector en lugar de promover la complacencia, pensar también en otro tipo de públicos que no se conforman con decir "ey soy un tipo cualquiera y sólo quiero distraerme un poco". Existen en nuestro país una serie de lectores bastante atentos y exigentes, que ya están hartos de los típicos espacios, no crea nadie que acá nos estamos metiendo el dedo a la boca. 

Aquí viene la segunda observación que le hice a las impresiones del presidente de la Cámara del libro de Santa Cruz y sus representantes. Ellos basan su respaldo en un balance cuantitativo de la feria, no preguntan realmente si se lee o no se lee después de la feria, y si el evento produce resonancias. Le dije ¿qué gana el estado de la literatura en la ciudad si el libro más vendido de la feria termina siendo un recalentado de superación personal para adolescentes? Desde el inicio de la feria se anuncia este libro, Manjar para el corazón del adolescente, como el próximo best seller, y terminada la feria, según su propio conteo que El Deber difunde con buena fe, ha sido el título más taquillero. El libro en cuestión es un producto colectivo de la editorial Comunicarte, básicamente es una copia del modelo de presentación de otros best sellers extranjeros de la línea "Como chocolate caliente para el alma", "Sopa de pollo para el alma" e "Historias de jóvenes exitosos". 

Ante esta observación Jorge Luis Rodríguez le restó importancia a la cuestión, me decía que no se trataba de datos oficiales, eran los números que cada stand hacía conocer, pero no necesariamente se trataba de una información dada a conocer por la Cámara del Libro. Sin dejar que se diluya el asunto, sugerí que no nos tomemos tan a la ligera el dato. ¿Qué significa? ¿Cómo interpretarlo? Mi posición era que deberíamos tomarlo como un síntoma: quizá nos dice más de lo que imaginamos acerca del público al que realmente convoca una feria del libro. ¿Hemos formado un público más cooperante de una feria anterior a la última? Mucha gente que acostumbra irse en familia con los chicos pequeños al zoológico a tirarle motes a los monos y las tortugas, cambia de lugar de visita y se desplaza a la feria del libro, muchos de ellos están tranquilos con distraerse, salir, pasear, comer algo en la plaza de comidas, y tal vez comprar un libro, en ese caso de lo que más escucharon, de los que conocen vagamente por el bombardeo mediático o la presencia en los puestos de libros piratas en la calle: un libro de Dan Brown, "ese que escribió El Código da Vinci, de ese documental que vimos en History Chanel ¿te acuerdas?..."; otro se pregunta ¿qué podrá encontrarse en el nuevo libro de cuentos eróticos de Carlos Valverde?; no se imagina muy bien qué podría decir sobre el tema el pelado, tan inmerso en el análisis político, y probable es que si lo compra en ese caso no sea sólo el libro que termine de convencerlo, sino más un tema de prestigio o de exposición ya previa del autor, leer algo de un conocido de la radio y la Tv que nos agrada, eso es otra cosa. Luego está el libro de superación personal, cosas prácticas, Cómo hablar bien en público, Los 13 secretos de la felicidad conyugal, El secreto, El queso sin queso, o con mucho queso... cosas por el estilo. 

Entonces, si una buena parte de los visitantes registrados en los días que se monta la feria del libro son estudiantes de colegio, muchos de ellos del ciclo de primaria, no extraña que el libro más vendido sea también un libro producido para ese público cautivo, que asiste por convenios con los mismos colegios, y al que se le dan clases de moral a diestra y siniestra sin necesidad de que sea sólo en la clase de religión. 

Se habla también de otros libros como Inferno y Cincuenta sombras de Grey. Son libros que vienen precedidos por una publicidad más fuerte, como por ejemplo que se vendieron muy bien en la reciente feria del libro de Buenos Aires. Tienen una mayor exposición en las mismas librerías locales que trabajan con cierta seriedad. Además son la apuesta principal de algunas de ellas, así lo anuncia El Ateneo días antes del arranque de la feria en Santa Cruz. 

En ese contexto, el trabajo de generar conexiones entre el libro recién publicado de un autor nacional con sus lectores potenciales es prácticamente nulo.  Más si se trata de un autor joven nuevo y peor si no escribe novela. Los mismos dueños de las editoras más importantes como Plural, El País, Gente Común, te dirán que no conciben un presupuesto especial para un departamento de marketing. Organizan una que otra presentación del libro eso sí, pero actuar de intermediarios no es su fuerte, no saben pasar la voz muy bien, no tienen presencia especial en los medios escritos, se conforman con aprovechar de los canales de exhibición ya establecidos, es decir, dejar los libros en librerías para que éstas expongan las novedades que les pasan en consignación. Pero las librerías tienen sus propios itinerarios y prioridades. La librería El Ateneo de Santa Cruz por ejemplo está mucho más involucrada en distribuir y exponer su colección de libros sobre Grey antes que mostrar los libros que le pasa Plural u otros sellos editoriales locales, tal como se evidencia revisando rápidamente sus anaqueles. Los medios de prensa por su parte publicitan lo que le canta las pelotas al coordinador de la sección cultural, no existe realmente un trabajo serio, interviene mucho el azar y lo que llega a las manos del periodista. Por si fuera poco, escasos espacios se destinan a las reseñas en suplementos culturales como Brújula, el único en Santa Cruz, y la mayoría sólo publican notas informativas, no hay mayor tratamiento.

Entonces, la gran falla es que existe un eslabón perdido en esta llamada cadena del libro. Las editoras no efectúan su trabajo de exponer la existencia de un libro a los públicos lectores, no se preocupan por incentivar la demanda del tipo de lectores que pueden interesarse en tal o cual libro. Pero le achacan al mismo lector boliviano la idea de que lee poco, alimentan la creencia de que en Bolivia se lee muy poco. Es difícil si el producto no llega, no se expone, y más allá, si no se crea un marco que estimule las condiciones mínimas de recepción de un libro. El escritor no puede decir algo y al mismo tiempo pasársela explicando qué ha dicho. Eso debe gestionarlo el editor, debe construir las condiciones de lectura de ese libro. Un seminario tal vez, un espacio de interacción, un conversatorio, una puesta en escena de ciertos problemas tocados en el libro, una intervención en los medios de tv, todo aquello que genere el clima de recepción adecuado, que sea como el aperitivo con el que los franceses preparan su estómago antes de un almuerzo. Dar por sentado el hambre del lector, entendido éste como una generalidad, es una pisada en falso; hay que buscar medios creativos para producir apetito, despertar el paladar y el sentido del olfato antes de presentar un plato. Eso no se entiende bien en Bolivia, y se achaca las bajas cifras de consumo de libros a los hábitos de la población. Existen muchos Poncios Pilatos en la cadena del libro en nuestro país.

Por tanto, ese espacio vacío y de escasa acción, debe ser ocupado por una Bienal de Lectura, pero conectada con otros dispositivos aledaños que se realicen a lo largo de la gestión. Cursos de lectura, de producción de ensayo, talleres de filosofía, de literatura, de cine... Luego una revista cultural y artística de calidad, que circule a nivel nacional, por ejemplo, intentando unificar la disgregación existente entre librerías y editoriales, editoriales y bibliotecas, autores y bibliotecas, etc. La revista es un espacio editorial a su vez, genera contacto entre los actores, promueve sinergias, sirve como espacio anterior y posterior para una feria del libro, promueve la continuidad, al análisis, el tratamiento de la noticia, la difusión de nuevos autores, de libros que deben retomarse.  

¿Qué de malo con los libros de autoayuda?
Cuando quise insistir en aquella mesa en la feria del libro sobre la cuestión de que no deberíamos creer que lo importante es leer por leer cualquier cosa, un profesor de colegio muy joven y aparentemente dinámico me refutó diciendo que procura que sus alumnos lean lo que les de la gana. No soy un pedagogo ni un especialista en trabajo con niños y adolescentes, pero en mi corto entender pienso que debe enfocarse la enseñanza de la lectura con responsabilidad. Al principio somos responsables del tipo de lecturas a las que exponemos a nuestros niños y jóvenes, también de los espacios en los que hacemos que lean, las poses que fomentamos al leer, y si relacionamos la lectura con un buen hábito, como el de cepillarse los dientes y tender la cama... o más bien si relacionamos la lectura con el juego, algo que requiere de creatividad y que es divertido. Entonces, somos responsables del gusto que ellos puedan desarrollar si hacemos leer diez libros a un curso de sexto de primaria y seis de ellos son de superación, de autores como Cuathémoc Sánchez, Paulo Coelho, Og Mandino, y otros. Esa es una lectura a la que ya están expuestos todos los días en las calles, los mercados y otros lugares. Lo interesante es exponerlos a libros que muy probablemente no habrían escuchado de otra manera en mucho tiempo, como aquellos que nos ha regalado Dickens, las obras de Tolstoi, Balzac, Kazantazakis, Zweig, Kundera, Melville, u otros más recientes como Miller, Beauvoir, luego Piglia, Onfray, Abraham...  

Más de uno pareció sentirse algo contrariado con la discriminación hacia los títulos de superación personal. Todo es lectura al final de cuentas, decía otra señora, a mí me encanta leer esos libros, sentenciaba. Claro que nadie puede decirle a otro lo que mejor le conviene. Pero si tenemos necesidad de diferenciar entre lecturas pobres y lecturas de alto vuelo no es por un afán elitista. Una Bienal de Lectura se maneja según ciertos criterios de discriminación que van en protección de su misma producción como evento. Si no tiene reparos en aplicar una operación de cernir con los títulos comerciales de superación es porque tiene objetivos formativos que determinan su eje. Una Bienal de Lectura no se organiza para fomentar los hábitos de lectura pobre ya enraizados en una escena local, al contrario, busca formar alianzas con los otros sectores que promueven ejercicios de lectura y de participación ciudadana mucho más interesantes y beneficiosos para la escena misma. Sucede que muchas veces lo que falta no son actores, sino el empuje para conectarlos; es la conexión entre diversos sectores que pechean su lucha a solas, y entonces una Bienal de Lectura aparece como espacio de convergencia. 

Lo cierto es que si alguien quiere ser mejor jefe, si necesita técnicas para no estresarse en el trabajo, si quiere ganar más plata en su negocio, si quiere aprender a seducir a una mujer, o volverse un líder, todo ello puede estar a su alcance sin que medie el cuidado y el amor por la palabra. No hay nada de literario en ello, se escriben manuales del éxito con el mismo estilo que se usa al redactar manuales de cocina, leer eso no es interesarse por el legado de la literatura universal, un cofre de riquezas que siempre se actualizan cuando un nuevo lector las apropia y aprende a leerlas. En cambio es posible que después de leer a Kafka incorporemos otras actitudes que favorezcan nuestra serenidad, o que la lectura de Platón nos produzca un placer inimaginable, haciéndonos más seguros de nosotros mismos ante la discusión de ideas, o que un Jesús Urzagasti narrando su En el país del silencio nos contagie de un irresistible sentido de humildad y aceptación frente a lo que se presenta la vida. Pero todo esto sucede de manera indirecta, no existe un lenguaje prescriptivo predominante, no hay nadie tan idiota como para dar lecciones de vida usando un lenguaje directo. El lenguaje más rico es indirecto, se busca maneras de decir cosas, pero es un acto creativo el que se impone, no el afán silvestre de decir "haz esto para tener esto".

Seguiremos...

Links relacionados:


Terapias para escritores en un festival internacional

Algunas opiniones sobre las ferias del libro en Bolivia

domingo, 24 de noviembre de 2013

El nuevo libro de Justo Pastor Mellado en camino




Libro: ESCRITURA FUNCIONARIA
Ensayos sobre políticas de
Gestión en Arte y Cultura
Autor: Justo Pastor Mellado.

Navegando en el internet me encontré con una noticia grata, la aparición del libro de un amigo muy querido con el que perdimos contacto hace algún tiempo. Se trata de un curador de primera línea que ha hecho importantes aportes a la escena artística boliviana, y que personalmente me ha aportado muchísimo al hacerme partícipe de una porción de su trabajo. 

Encontré que la editorial que lo publica (Curatoría Forense) tiene una interesante idea de promoción del libro, el cual se titula "Escrituras funcionarias"; esta promoción va muy acorde con la postura de Justo, quien me decía en cierta ocasión: hay que construir públicos cooperantes. Ese es el trabajo que falta, una especie de eslabón perdido en la cadena del libro. Los dejo con un texto que encontré en la página de la editorial. Estaremos atentos a la salida del libro.



"A partir de su experiencia en la dirección del Parque Cultural Valparaíso (Chile) y de los textos que ha requerido para su gestión, Justo Pastor Mellado nos propone este libro sobre cómo hacer posible que un conjunto de hipótesis se conviertan en programas de acción.

¿De qué se trata ESCRITURA FUNCIONARIA? Del relato de las condiciones de  transformación de un conjunto de conceptos prácticos en planes de acción específicos; del análisis de un campo para que dichas conversiones sean efectivas; de cómo convertir el diagrama de una obra de arte en hipótesis de trabajo para el sector cultural y del montaje del concepto de dispositivo. Entre otras cuestiones.

Este libro reúne textos que pueden ser de gran utilidad para analizar y llevar adelante experiencias similares en Centro y Sudamérica, tanto bajo severas condiciones restrictivas como bajo situaciones de incompletud institucional, pasando por experiencias de articulación de esfuerzos interpersonales  y  de alianzas entre agentes de diversa fragilidad y consistencia.

Algunas personas hubiesen esperado un libro con textos de crítica de arte pero hemos pensado  en una edición destinada a  combatir la ansiedad del gestor cultural, que suele ser maltratado por la autoridad institucional, porque Justo Pastor Mellado antes de responder a la pregunta por el "modelo de gestión" nos propone que los gestores piensen primero "la ficción del modelo".

En resumen, este caso práctico y sus textos correspondientes  pueden servir de referencia para  sostener  algunas hipótesis de análisis orientadas a un campo sobre el cual habrá que intervenir a través del montaje   de protocolos de acción determinados, porque afirmamos que cualquier obra de vuestro interés puede ser invertida en este procedimiento de trabajo.  Procedimiento destinado a formular ficciones de gestión y con ello re-definir el término ficción: revisitarlo, cuestionarlo y  transformar su sentido a partir de acciones efectivas de colaboración y construcción conjunta.


De eso se trata este libro".

200 páginas aprox.
23 por 12 cms.

Presentación de la Colección TEXTOS CRÍTICOS de la
Editorial Curatoría Forense

"Este libro da inicio a una nueva etapa de la Editorial Curatoría Forense: perseguir una colección de pensadores latinoamericanos que reflexionan sobre las prácticas artísticas y discursivas contemporáneas en y desde América Latina".

Pre-venta:
del 1 al 31 de octubre de 2013
entrega: primera semana de diciembre de 2013

Seminario
10 de diciembre (La Plata, Argentina)


14 de diciembre (Rosario, Argentina)

Links:

En Página 12

Sobre el seminario

Datos sobre los seminarios en Rosario y La Plata

Justo Pastor Mellado (n. 1949 Concepción, Chile). Estudió filosofía en la Universidad Católica de Chile y prosiguió estudios de post-grado en filosofía política en la Universidad de Provenza (Aix-en-Provence, Francia). Se traslada desde la crítica política hacia la crítica de arte, campo en el que orienta su trabajo hacia cuestiones de transferencia y filiación en el arte chileno contemporáneo. Ha escrito diversos ensayos sobre artistas como Eugenio Dittborn, Carlos Leppe, Gonzalo Díaz, Victor Grippo, Kenneth Kemble, Beatriz González, Arthur Barrio, entre otros.
Fue director de escuelas de arte en polémicas condiciones (1), al advertir el alcance simbólico del fraude de enseñanza. Acto seguido se convirtió, a través dewww.justopastormellado.cl en un analista de coyunturas culturales donde ha publicado más de 600 artículos, llegando a montar el concepto para la Trienal de Chile de la que fue desvinculado por el equipo de operadores políticos que asumió su manejo.
Ha sido miembro del Consejo Regional Metropolitano de Cultura (Chile) y de la Comisión Nemesio Antúnez de Obras de Arte del Ministerio de Obras Públicas (Chile). Ha realizado curatorías de arte latinoamericano en la VII Bienal SIART; I, II, III y V Bienal de Artes Visuales del Mercosur; IX y X Mostra da Gravura Cidade de Curitiba; II Bienal de Lima; envío chileno a la XXIV Bienal de São Paulo, cocurador del envío chileno a la 53va Bienal de Venecia (2009) y la Trienal de Poligrafía de San Juan (Puerto Rico). Fue jurado en concursos de arte argentino contemporáneo como Cultural Chandon y OSDE.
Ha publicado La novela chilena del grabado (1995); Dos textos tácticos (1998) y Textos Estratégicos (2000) y Textos de Batalla (2009) entre otros.
Ingresó como asesor al gabinete del Ministro de Cultura (Chile) entre el 2010 y el 2011, a raíz de cuyo desempeño le fue asignado la tarea de conducir la apertura del Parque Cultural de Valparaíso, que dirige desde junio del 2011 a la fecha.
(1) Director de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile y de la Escuela de Artes Visuales y Fotografía de la UniversidadUNIACC.