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viernes, 30 de marzo de 2012

NUEVA CRÓNICA EN LA PLAZA 24 DE SEPTIEMBRE


En los últimos días mis siestas vespertinas se han visto afectadas por el insomnio a causa de una preocupación: se acerca el número 100 de la Revista Nueva Crónica, me han pedido que escriba para la ocasión, y no tengo la menor idea de qué voy a decir.




Estoy sentado en una banqueta de la plaza 24 de Septiembre de Santa Cruz, la más bella del país, y un aire de relajación y aletargamiento parece atravesarnos a todos los que hemos coincidido en este espacio. Toda plaza principal debería mostrarles a los visitantes, como en una panorámica, cuál es el estado de ánimo de la ciudad y de los lugareños. Así sucede con la plaza cruceña. La percepción que se tiene de Santa Cruz en el interior es básicamente la de una ciudad peligrosa –que está aquejada por la inseguridad ciudadana y engalanada por sus voluptuosas mujeres– a la que es conveniente emigrar en busca del “sueño camba”. Pero si se podría pintar su otra cara, su faceta más embriagadora y relajante, tendría que ser refiriéndose a la enorme Plaza 24 de Septiembre, un lugar de paso, pero también de reposo, de socialización, de encuentro, de chequeo, donde uno puede empujarse unos jugos de coco o de copoazú mientras se sacude las malas posturas del cuerpo a la salida del trabajo. Es posible que Santa Cruz como ciudad no sea la más linda pero lo que es espectacular en ella es su estado de ánimo descontraído, la onda relajada que transmiten sus habitantes, favorecidos por las libertades que concede el clima tan distinto al de las tierras altiplánicas. La plaza es relajante por su frondosa vegetación, sus amplios espacios, pero principalmente porque en ella no caben los formalismos ni las imposiciones. Habría que contrastar esta plaza con la Plaza Murillo de La Paz, que es justamente lo opuesto, dado su aire más solemne, su formalidad, su aire cívico artificial, que hace de su visita una cuestión más turística; basta con divisar a los guardias parados en una vereda al frente, imponiendo una presencia autoritaria y unas caras con muecas en el horizonte; basta con estar a la hora del medio día, cuando los transeúntes deben estacionarse en sus lugares para entonar el himno nacional. Todas estas señas establecen claras diferencias. La Plaza Murillo es la plaza referente de La Paz, justamente por su experiencia comprimida, y no le hace mucho bien que al frente se encuentre el edificio donde senadores y diputados maquinan sus movidas y sus retardos.





            La tarde se pasa y no me llega ni una pinche idea a la cabeza, el artículo de N.C. 100 se me escurre entre los dedos. Esto no quita el hecho de que en esta ciudad existe una enorme cantidad de gatos y pollos. Se me ocurre que si Nueva York ha sido bautizada como "La gran manzana", Santa Cruz debería llamarse "La gran cebolla". Esto no es nada más que una imagen: Santa Cruz está planificada en anillos y cada anillo es como la capa de una cebolla. Siendo una ciudad circular, y dado que el pensamiento tiene una cualidad temporal y otra espacial, la manera de pensar de los lugareños es también circular. Me da la sensación de que Santa Cruz es una ciudad sin centro, o al menos una ciudad en la que la idea de centro es bastante prescindible. Los efectos de una mentalidad de este tipo se observan en el cotidiano a la hora de ubicarse en las calles, pues no importa el punto donde uno se encuentre, siempre deberá buscar su lugar de referencia no respecto del centro, sino del anillo que transita, y de dónde puede llegar si cruza de un anillo al otro, o si recorre todo el anillo hasta el otro lado. Por toda esta organización geográfica interna, es muy difícil para los cruceños concebir la idea de un centro en la forma de Estado, y menos aun que deba ser escuchado cuando pretende interferir en el desarrollo normal de sus formas de vivir. El Estado es una instancia que por naturaleza quiere monopolizar el poder, lo centraliza –con autonomías y todo incluidas–, y para los que viven sin noción de centro, el Estado sólo puede ser aceptado mientras no interfiera con su forma de vivir y de progresar. Después de todo, como lo ha hecho notar el periódico El Deber en editoriales pasadas, Santa Cruz no ha necesitado de la ayuda del gobierno para progresar tanto en sólo 25 años y convertirse en un motor de desarrollo para todo el país, así que lo menos que se esperaría del Estado Plurinacional es que no la estorbe ahora que tiene los motores a toda marcha. (Actualmente ocupa el lugar número 14 entre las ciudades de más rápido crecimiento en el mundo).

La Plaza 24 de Septiembre no es un lugar al que se llegue por obligación, ni porque quede al paso en las rutas de todos los días, ya que en esta ciudad se pueden hacer todas las diligencias sin poner un pie en el centro. A esta plaza uno va simplemente porque le da la gana. Apostado en una de sus banquetas, se verá pasar a las mujeres más bellas, algunas vestidas con soleras y minifaldas, y otras ataviadas con elegantes vestidos de la región, que hacen respirar el aire de una época pasada. Desde luego que pululan también por ahí los niños y sus risas, los ancianos, las familias numerosas y las caras solitarias, así como gentes de todas las edades. Pero todo es tranquilidad. Dos de sus calles están cerradas, a manera de paseos peatonales, y ninguno de los micros del transporte público puede entrar hasta la plaza, además de que es muy raro que se vea invadida por marchistas o bloqueadores, de modo que cuando uno se interna en este aposento público tiene la garantía de que encontrará tranquilidad. Incluso los ocasionales huelguistas que se apostan en el lado de la calle Ayacucho no interfieren con la vida de la Plaza, todos ellos tienen una manera bastante más considerada de manifestar su protesta.





            La plaza es completinga, está muy bien lograda, pero la ciudad en la mayoría de sus zonas está desarrollada sólo a la mitad, es decir, a un lado de la avenida. Es curioso observar cómo se edifican centros comerciales lujosos, bancos y plazas de comida, en un lado, pero al frente se mantienen las construcciones al borde del derrumbe, karaokes, boliches y restaurants de muy mal aspecto, todavía en medio de la tierra, y la gente se congrega según su bolsillo en uno de los frentes. (Ej: la intersección de la Av. Bush y el tercer anillo). El panorama que ofrecen gran parte del tercer, cuarto y quinto anillo es muy poco atractivo (más allá ni hablar). Las viviendas se construyen sobre las radiales, ahí es donde se agazapan las zonas residenciales.

Se pasó la hora de la siesta, es hora de salir de la plaza y volver a la pista rápida. En un kiosko de la esquina me encuentro con el número 99 de Nueva Crónica. Luis Zilvetti es el artista invitado. Quizás podría escribir sobre una de las principales distinciones que ha tenido la revista, que ha sido la incluir imágenes de la obra de un artista invitado. Pero si la sección de cultura de cualquier periódico es muy poco leída en La Paz y Cochabamba, en Santa Cruz es todavía peor. Aquí el imaginario visual de la ciudad lo dibujan las Magníficas. De todos modos gracias a los esfuerzos de María Fernanda Quiroga, en esta ciudad la revista se ha difundido mucho más. Aquí El Deber es la ley, a su lado todo el resto son publicaciones menores. Nueva Crónica tendría que incluir separatas con imágenes de bellas modelos para lograr mayor atención en Santa Cruz, pero no va en su línea, además de que suficiente despelote ya escenifican los personajes políticos de nuestro país, los cuales reciben toda la atención en esta publicación.

Son cuatro años en los que sigo de cerca a Nueva Crónica, ha llegado a su número 100, y es por tanto oficialmente algo más que una casualidad. Desde este paraíso tropical felicito a todos los que hacen posible su publicación, desde la sala de edición hasta la imprenta, y agradezco a mi amigo José Antonio Quiroga por haberme dado el beneficio de la duda uno de esos meses allá por el 2008.

Jorge Luna Ortuño

*Este artículo se publicó en el número 100 de la revista boliviana Nueva Crónica y buen gobierno

Para descargar los números de Nueva Crónica en la web

miércoles, 21 de marzo de 2012

CAMINAR EN LA LÍNEA CON JOHNY CASH Y JUNE CARTER

    Una de las cosas que hacen mágicas las experiencias de una película es que la sensación que nos ha invadido la primera vez que la hemos visto no nos abandona ya nunca más. Al menos eso pasa con algunas películas; lo que nos hace llamarlas "memorables" no reside precisamente en la memoria, sino en una especie de atmósfera, un clima y un estado de ánimo que viene con ella y que se queda con nosotros a nivel de otras fibras. No pasa con todas, al menos con algunas, o al menos eso me pasa a mí..., es decir, sí, tienen razón amigos en pensar lo que están pensando: no es nada científico lo que escribo aquí, no lo es, felizmente, es una inducción salvaje. Pero quería hacer mención de esta peculariedad porque  Walk the line es una de las películas que invita a experimentar viajes inmóviles hacia otras épocas, vestidos de música country, viajes en carretera toda la noche, Elvis, piano desenfrenado Jerry Lewis, drogas, risas y otras hierbas.

¿Por qué te vistes de negro Cash -pregunta el productor- parece que estuvieras yendo a un entierro?

- Maybe I am (tal vez así es) - es la respuesta lacónica de Johny Cash, interpretado de manera extraordinaria por Joaquin Phoenix. 


Más conocida en latinoamérica como Johny y June pasión y locura (2005), el film dirigido por James Mangold es una aproximación, amena y llena de sentimiento, a la vida de Johny Cash y las vicicitudes que afrontó en buena parte de su juventud y vida de adulto, mientras padecía las intensidades alocadas de sus dos pasiones: June y June, y claro la música de por medio. Está basado en las autobiografías de ambos, y un elemento que quiso enfatizar fue la relación áspera que Johny tenía con su padre, y el suceso trágico de la muerte de su hermano mayor. El padre de Johny Cash recuerda un poco al de Charles Bukowski en su crueldad, y al de Richard Nixon por su fanatismo (al menos en la manera que se lo muestra en la película protagonizada por Antony Hopkins) . 

Recientemente la película The fighter (2011), también biográfica, me ha hecho mucho recuerdo a la historia de Johnny y June. Se trata de narraciones que transcurren en al menos dos líneas muy claras que se entrecruzan aleatoriamente: una es la línea del protagonista que sigue su sueño y finalmente logra conquistar con el apoyo o la imagen de la amada, mientras que la otra es la línea del amor, es casi paralela, y cuando algo mejora en una las cosas empeoran en la otra. Para Johnny la música es la espera por June, la música es la vía hacia June, incluso desde que era un pibe y escuchaba sus canciones cuando ella era ya una niña estrella. 

La belleza de la película radica en su visión musical del cine. Contar una biografía que narre las idas y venidas de esta singular pareja tenía que pasar por un extremo cuidado en las melodías. Aqui tanto Phoenix como Reese Whitherspoon, que interpreta a gran nivel a June, se llevan todos los aplausos. Es sabido que ambos tienen algunos estudios en interpretación musical y de hecho Phoenix en otra faceta de su vida canta cuando no actúa. 
Ambos interpretan los temas mejor de lo que cualquiera hubiera podido pronosticar. El círculo de fuego salta de las letras, ellos no hablan de ello con sus cuerpos.
La bella Reese
La química se sale de los poros. La elección adecuada de los protagonistas se encarga de que todo el resto llegue a buen puerto, pues el guión se apoya casi entero en los personajes. Es inolvidable aquella escena del concierto en la prisión de Folsom, cuando Johnny Cash, que atraviesa un bache en su carrera y está hastiado de la idiosincracia hipócrita de los aburguesados, les dice a todos los prisioneros que son el mejor público que ha tenido en su vida, y tira a un lado el vaso de agua sucia que ellos debían tomar todos los días, el mismo que le había invitado el alcaide. Y luego se larga a cantar 

When I was just a baby,
My Mama told me, "Son,
Always be a good boy,
Don't ever play with guns,"
But I shot a man in Reno,
Just to watch him die,
When I hear that whistle blowin',
I hang my head and cry.

Tenía algo de irrevente y de incontenible Johnny Cash, tenía también algo de poeta renegado, era un rebelde a su manera, pese a que terminara bastante más apaciguado cantando música cristiana en sus últimas épocas, al igual que Elvis Presley, como una manera de mantenerse caminando en la línea

La canción It aint me baby, que interpretan nuestros dos actores en el film, está modificada para un gusto un poco más moderno, por lo que he leído en la web, y cuando escuchamos la versión original sentimos la tentación de decir que el ajuste fue acertado. A la versión original le falta algo más de velocidad, algo. En esos cuidados se nota cuál fue la aproximación que quiso dar el director a la historia, y es justamente con los temas musicales que uno termina de engancharse en el clima de la película, en ese perfecto contraste entre la voz melodiosa y delgada de June, con la voz firme como un tren y cortante como una navaja de Johnny Cash. Al final todos acabamos esperando un sí, un sí de los labios de June... por Dios, no se puede hacer sufrir tanto a un hombre. "I have asked you in ten different ways June. Now is time that you come out with a fresh answer" - le dice John a June mientras la mira con unos ojos que combinan el sentimiento de un moribundo y de un torero. No les cuento el desenlace.



De estos y de otros temas tendría que hablar si escribiera un artículo sobre esta "memorable" película. Pero todavía no lo voy a hacer. El paisaje y la atmósfera particular que emanan viaja con los que la han disfrutado. O eso me pasa a mí, me traslada a unas 4 de la tarde en Oruro en la comodidad de la casa paterna, a otros tiempos de pasión y locura sin nombre. Pero el viaje es cosa de cada uno. No estaría mal que lo intenten.


 Aquí dos enlaces para comparar la versión de la película de uno de los temas, y la versión en vivo original cantada por Johny Cash y June Carter

Uno de los temas en la película de Johny Cash y June Carter

La misma canción cantada por los verdaderos John Cash y June Carter


viernes, 2 de marzo de 2012

DOS POEMAS DE CHARLES BUKOWSKI Y UN DOCUMENTAL


 
Ayer vi el documental de John Dullagan Bukowski. Born into this, que retrata la vida y la actitud hacia la vida del gran Charles Bukowski. No es sólo que te muestra otras facetas del viejo indecente, no es sólo que te provoca largar risas repentinas, o de repente te hace sentir que toda la vida se simplifica, al  terminar de verlo uno se siente revitalizado, o al menos eso me pasa a mí, una vez más, como ha sucedido en el pasado, en tantas otras veces cuando el trayecto de la vida parecía achicarse, cuando se canta a coro con la soledad y sucede como si se transitara el cuello de una vieja botella y las luces se apagaban, y nada bueno salía de los dedos, mientras la máquina yacía apagada, y lo primero que uno creía es que nunca llegaría a ser escritor. La duda no deja de acechar pero también alimenta. Luego aparece Bukowski con un guiño y te lanza el consejo que solía calmarlo  trances similares: "cuando siento que no puedo escribir me pongo a leer a los otros, y entonces me calmo, no hay nada de que preocuparse". Nunca se está tan lejos cuando uno tiene algo que decir. "Nadie sabe que es escritor, dice Buko, simplemente cada uno cree que es escritor". Ser escritor es más un devenir que un ser, es un convertirse continuamente en escritor". Cuando uno lee a Bukowski de repente tiene la insolencia de creer también que la escritura puede correr a través de sus venas, y un par de cosas se ordenan en la vida. No hay otra forma que no sea la del trabajo sacrificado y constante. La dura rutina de Bukowski, "levantarse en la mañana, beber unas cervezas, escribir, después ir al trabajo, y hasta el siguiente día, levantarse, beber... escribir... e ir al trabajo". Muchos dice que ha sido un vago,pero él era duro trabajador para sí mismo. él se fumaba el cigarrillo, lo saboreaba, y dejaba las cenizas para la sociedad, para los empleadores, para los hijos de puta que lo explotaban, o que hacían todo lo posible por adaptarlo o tirarlo hacia abajo. Incluso en sus días de escritor famoso, cuando vivía con holgura, Bukowski no dejó la disciplina, la dura faena con uno mismo. "La fama no hace el trabajo por ti". Se me viene a la mente aquella entrevista con Pivano en "Lo que me gusta es rascarme los sobacos" donde dice que hay veces en que uno se despierta zapatero, vendedor, quizás cartero, menos escritor, y se trata entonces de una chispa interna que a veces sale y otras en cambio se queda taponada. En la vida de Bukowski 90% del tiempo era escribir, y el otro 10% la espera por la escritura. En el medio, rellenaba su vida con el trabajo, cientos de trabajos inestables, hasta que fue cartero, pero no era tan tonto como para vivir por su trabajo. Es decir, somos estúpidos, pero esperamos no ser tan estúpidos como para hacer de un trabajo de empleado el centro y razón de nuestras vidas. En este ítem, la ética de Bukowski es muy parecida a la de un baiano, a la de un chaqueño, "el trabajo cansa", pero además de que te explotan ellos esperan que lo hagas con una sonrisa, que seas feliz de poder hacerlo. 
él no torció  su brazo nunca, aunque cuente en el documental sobre aquellas experiencias que le hicieron sentir como Cartero que había tirado trozos de dignidad por la vereda. 


El documental avanzaba, la tarde cuajaba y las líneas se fueron acaudalando en mi cerebro, de repente fue como si un par de contraseñas me hubieran sido reveladas. No hay duda de que el documental "Born into this" llega a hacernos respirar la atmósfera-Bukowski, nos transporta, y este es el mejor elogio que se le podría hacer. 
Qué gran frase de Buko a propósito del arte: "cuando el espíritu se desvanece aparece la forma". Todo en él es directo, al grano, golpea los huesos o te canta a la oreja sin mayor rodeo, pues como él solía decir, hay que pasar algun tiempo con las putas o en un pabellon de emergencias para aprender cómo se habla en unlugar donde no se pierde el tiempo, y el lenguaje es simple y directo, corta como una navaja, pero se puede oler, se puede comer, como un bizcocho, como un churrasco, como todo aquello que tiene valor en la vida. 
¿Qué es el amor? - le pregunta un joven admirador que lo visita en su casa. Dos respuestas fantásticas se le salen a Buko mientras enciende el cigarrillo y responde como si tuviera la menor importancia: "Es la neblina que se quema cuando entran los primeros rayos de luz de la realidad". En otro momento dice: "el amor es un perro del infierno, no hay nada más que eso". Claridad, crudeza, cierto desencanto, pero a pesar de todo una perseverancia en el humor, en la lucha por vivir, ring, hoja de papel, campo de batalla. Entre muchas formas, entre todas las maneras en que Charles Bukowski destila sus esencias en nuestras memorias, no hay duda de que será siempre recordado como un gran pugilista de la poesía.
 
Pájaro azul

Por: Charles Bukowski

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

Versión de Rafael Díaz Borbón

 Nacidos en esto, muriendo en esto, por esto..., así escribe Bukowski en el poema que verán a continuación, y de ahí nace el título del documental de Dullaghan, que debe ser de lo mejor en cuanto a material audiovisual sobre nuestro poeta. Fragmento del documental

Nacidos en esto, viviendo en esto, nadando para esto, y a pesar de esto, peleando a la contra, desde aquel día que escribió su primer poema Bukowski no dejó de pelear. Los biógrafos dicen que su infancia traumática provocó que él fuera un hombre de un caracter conflictivo, pero en realidad lo que no saben es que el mundo se puso conflictivo con Bukowski. Nada molesta más a un hombre libre con un pájaro azul en el interior que aquellas personas que esperan siempre definirle a uno la forma en que debe vivir. Para el hombre libre no existen más valores que los interiores. Me encanta un pasaje de Bukowski, que creo se encuentra en "Cartero", donde dice que encontraba la mayor dicha si un día podía encerrarse en su cuarto con unas cervezas y la música de Bach tocando, porque así quedaban afuera por unos momentos las cuentas, las mujeres desagradecidas, la garra negra de una sociedad que sólo quiere exprimirte del pescuezo hasta que dejes de serle útil, y te retire en algun sotano de pensiones, de comidas medidas, camisas arrugadas y olor a ropa vieja. 



NOSOTROS LOS DINOSAURIOS

nacidos así
para esto
sonríen las caras dibujadas con tiza
se ríe la Sra. Muerte
los ascensores se averian
los escenarios políticos se disuelven
el mozo del supermercado recibe un título universitario
los peces oleosos escupen sus oleosas presas
el sol se esconde tras una máscara

nacemos

así
para esto
para estas guerras cuidadosamente insensatas
para contemplar las ventanas rotas de la fábrica de la vaciedad
para los bares donde la gente ya no se habla
para las peleas a puñetazos que acaban en tiroteos y cuchilladas
nacidos para esto
para hospitales tan caros que resulta más barato morirse
para abogados que cobran tanto que resulta más barato declararse culpable
para un país donde las cárceles están llenas y los manicomios cerrados
para un lugar donde las masas elevan a los imbéciles a la categoría de héroes y millonarios

nacidos para esto

andando y viviendo en esto
muriendo por esto
enmudecidos por esto
castrados
viciosos
desheredados
por esto
engañados por esto
usados por esto
meados por esto
enloquecidos y enfermados por esto
convertidos en violentos
en inhumanos
por esto

el corazón se ennegrece

los dedos se dirigen al cuello
al arma
al cuchillo
a la bomba
los dedos imploran a un dios que no responde

los dedos se dirigen a la botella

a la pastilla
al polvo

nacemos a esta lastimosa devastación

nacemos bajo un gobierno que lleva endeudado 60 años
y que pronto no podrá ni siquiera pagar el interés de esa deuda
y los bancos arderán
el dinero no servirá para nada
se producirán asesinatos por la calle, a la vista de todos, que
quedarán impunes
habrá armas y revueltas por todas partes
la tierra no servirá para nada
disminuirá la producción de alimentos
el control del poder nuclear estará en muchas manos
las explosiones sacudirán sin cesar la Tierra
hombres robot afectados por las radiaciones se acecharán unos a otros
los ricos y los elegidos lo observarán todo desde plataformas espaciales
el Infierno de Dante parecerá un juego de niños comparado con esto
no se verá el sol y siempre será de noche
los árboles se morirán
desaparecerá la vegetación
hombres afectados por las radiaciones devorarán la carne de otros
hombres afectados por las radiaciones
el mar estará contaminado
los lagos y ríos se volatilizarán
la lluvia será el nuevo oro

un viento oscuro esparcirá el hedor de los cuerpos putrefactos de hombres y animales


nuevas y horribles enfermedades asediarán a los últimos y escasos

supervivientes
y las plataformas espaciales desaparecerán por consunción
por el agotamiento de las provisiones
por efecto de la decadencia general

y entonces reinará el silencio más hermoso que


se haya oído nunca.


con el sol todavía oculto


a la espera del siguiente capítulo.

(Del libro de Charles Bukowski, Poemas de la última noche de la tierra). 

domingo, 26 de febrero de 2012

PROGRAMA DE AMPLIACIÓN DE LA FILOSOFÍA (III)


“El sueño que persigo es el de ver florecer de nuevo el agonizante árbol de la filosofía en una eclosión sin desencantos, plagado de las extrañas flores del pensamiento, rojas, azules y blancas, fulgiendo en los colores del principio…” Peter Sloterdijk, Crítica de la razón cínica.

          Intro:
El concepto Filosofía 360° responde a la necesidad de hacer filosofía al aire libre, lo que no quiere decir que la convirtamos en una cuestión de sabiduría popular, sino que se trata de renovar sus accesos, desbloquear sus poros, conectarla, relacionarla nuevamente con los no-filósofos, su público original. Gilles Deleuze observa: Conectar el pensamiento con el exterior es lo que muy raramente han hecho los filósofos, incluso cuando han hablado del aire libre o del exterior. Nosotros quisiéramos avanzar en este sentido, un público lleno de especialistas cubre solamente uno de los puntos cardinales, es lo que los académicos no quieren reconocer. Oriéntese cada uno con su brújula, la confección del mapa le corresponde a cada quien.

Bono, el solista de la banda U2, explica acerca de la idea que inspiró la última gira de conciertos de la banda Tour 360: “Nos habíamos planteado algo diferente. Lo que queríamos era presentarnos completamente al aire libre; todos los conciertos se habían hecho siempre en 180°, lo nuestro era ver ¿cómo podíamos crear una experiencia en la cual cantáramos para las cuatro tribunas?" El problema que se planteó la banda irlandesa U2, y que  respondió logrando que un grupo de ingenieros construyera  una plataforma desarmable para dar conciertos en 360°, es un problema que le atañe a la filosofía. La cuestión es, teniendo a los griegos en mente: ¿Cómo volver a hacerla al aire libre? Esto implica que es necesario pensar no sólo en la composición de las ideas, sino también en la configuración del escenario en el que se narran sus viscicitudes. El filósofo cínico Diógenes camina con nosotros por la mina, con una mano sostiene una lámpara, con la otra nos señala un camino. La filosofía no es una cuestión de acumulación teórica de saber,-nos grita a los lejos- sino la práctica continua de un modo de vida insobornable desde el cual un individuo piensa lo que vive. Sin cortinas ni hipocresías, Diógenes, ¡un filósofo al aire libre!

La estructura que construyó el equipo de ingenieros para el Tour 360 de U2, 2009-2011

Imagen de la estructura en acción, concierto en Milán, 2009

Media luna:
Con el proyecto Filosofía 360° buscamos dar vida a una manera diferente de presentar la filosofía, una manera que esté menos exenta de la solemnidad y la redundancia académicas, que esté alejada de la esterilidad que le inyecta el lastre de la profesionalización y la burocracia. Filosofía 360° es la presentación gráfica de una apertura, de la expansión: se puede acceder por cualquier lado desde el exterior, cada uno inicia un movimiento desde su actividad (cine, matemáticas, teatro, música, arte conceptual, performance, instalaciones, etc.), en función de los intereses de su trabajo, y es posible que interseccione con la filosofía, que la línea quebrada la atraviese por algún lado. Esto no quiere decir que hay que convertirse en filósofo, simplemente significa que uno podría tener algo que ver con la filosofía. Devenir-filósofo del artista. La salida se produce  igualmente por cualquier lado. Este movimiento de entradas y salidas designa un recorrido intensivo. En el caso del filósofo, se sale de la filosofía haciendo filosofía, pudiendo apoyarse en otros soportes para plantear el problema que le interesa. Y es posible que en esta travesía converja con un poeta, o un artista audiovisual, que también se planteaban ese mismo problema, o quizás se relacione con algún personaje de la calle que carga con una inquietud que no ha racionalizado como problema, pero que tiene clavada como una espina en el dedo gordo del pie. En fin, está latente siempre la posibilidad de que un filósofo se encuentre con su afuera y de que, al mismo tiempo, vuelva sobre sí en otro momento; incluso pretender dejar de hacer filosofía es una manera de relacionarse con ella. Salida y retorno; despliegue y repliegue. Filosofía 360°, plano horizontal, plano de producción, de encuentro entre prácticas estéticas y sociales, enfocada en la potenciación de la producción de pensamiento. Filosofía 360° no es otra cosa que un dispositivo que permite acelerar y visibilizar las complicidades existentes entre voces heterogéneas en un escenario local.


En el evento que organizamos con el Goethe Institut, a mi lado el expositor invitado de Chile, Adolfo Vasquez Rocca, 

¿Y cómo puede un artista, un artesano o un matemático encontrarse con la filosofía?  Lo primero que hay que aclarar y remarcar es que la filosofía es una disciplina tan creativa como las otras artes, ya que no se limita a reflexionar ni a contemplar algo, sino que trabaja con y a partir de ese algo en base a conceptos. Un filósofo es un ser activo, un conector, un productor de ideas. Piensa situaciones actuales, plantea problemas a tiempo que crea posiciones de problema. Para tal efecto, su trabajo consiste en crear conceptos. Crear un concepto es poner en palabras una inquietud, hacer de un evento o una situación un dispositivo de lectura. Su creación responde a las condiciones de posibilidad de un escenario, de una ciudad, de una coyuntura, aunque espera poder desbordarlas. Crear un concepto es prender una bengala, iluminar un pasillo por donde no le había interesado pasar a nadie, conectar aquello que permanecía separado, plantear una pregunta novedosa y señalar un camino de trabajo.


Usamos el término intersección –que es un concepto en sí– porque lo que nos interesa poner en escena son los cruces, cruces que se producen en alguna línea entre maneras distintas de trabajar, las cuales cuentan con sus propios soportes y medios de expresión. Filosofía y arte. Intersección de dos campos creativos que probablemente convergen sólo en cierto sector de su recorrido. Como creador, lo importante es estar atento a los ecos, a los puntos de contacto, a las interferencias, a las oportunidades de encuentro con el afuera. Cada uno debe encontrar a sus cómplices, a los que convergen en alguna línea con su propio trabajo, aunque ellos hagan algo totalmente distinto o vengan de muy lejos. La afinidad es un misterio, pero podemos intuir que lo que une a ciertos pensadores con ciertos artistas es una manera similar de plantearse problemas. Sólo de esa manera puede haber diálogo. Y el campo social y cultural está siempre propenso al trazado de líneas transversales que contienen en potencia este tipo de diálogos: lo que un artista visual produzca por un lado servirá en otra parte a un escritor, cada uno agitará dominios diferentes, un pintor se sobresaltará con el efecto de una percusión, lo que un cineasta trabaje servirá de disparador para la creación de un concepto filosófico... Y como señala Deleuze, ni siquiera se puede decir que estos encuentros sean entre dominios ya delimitados, puesto que los mismos dominios se construyen y se reinventan continuamente a partir de estos encuentros. Las fronteras son móviles, circunstanciales, provisorias…
El programa del evento
No interesa saber si la filosofía tiene futuro, o preguntarse por su esencia, tampoco parece tener mayor relevancia pensar el futuro o la muerte del arte.  Mejor preguntarse con qué eficacia producen los efectos que esperan lograr en un escenario social. En ambos casos lo que interesa percibir es el devenir que los atraviesa subterráneamente –filosofía y arte como verbos– averiguar qué movimientos internos y contemporáneos los sacuden, qué direcciones de trabajo se señalan entre ellos en su inevitable y a veces imperceptible cercanía. El enemigo común de ambos es el marketing publicitario –con sus nociones peregrinas de concepto y creatividad–, y también el vacío que genera una cultura basada en la transmisión de mensajes, empapada de burda opinión y de inmediatez. En las artes y la filosofía la comunicación no tiene lugar, lo que importa es la creación, y crear no es una cuestión de comunicación sino de expresión. Cuando uno expresa algo invita más al cuestionamiento que al reemplazo de una interpretación existente por otra, al desarreglo de una organización que a la generación de un nuevo orden.

“Para ampliar la filosofía dejemos, primero, de creer en la existencia de temas específicamente filosóficos –la lista de nociones oficiales proporciona la base ineludible: conciencia, verdad, razón, libertad, derecho, etcétera–, porque no existen sólo tratamientos filosóficos para todas las interrogaciones posibles. Abordar con mediocridad un tema acorazado en tanto tema de predilección filosófica –Dios, el tiempo, la materia, etcétera– presenta menos interés que abordar filosóficamente un problema ausente de la historiografía oficial; por ejemplo, la gastronomía”.[1]

La distorsión comienza cuando se plantea la filosofía como actividad reflexiva. Esa es una definición inadecuada, escolar, inofensiva. No es curioso que el arte esté también exhausto de definiciones inofensivas tales como “expresión de lo bello”. Al respecto, el crítico de arte Roberto Valcárcel plantea la definición del arte de otro modo: “no interesa averiguar qué es el arte, lo que interesa es preguntarse cuándo un objeto o una situación funciona como arte. Y funciona como arte cuando provoca efectos, cuando logra que el receptor de una obra vea algo de otro modo, o por lo menos, se plantee una pregunta, cuestione una interpretación de su realidad aceptada como dada, inmodificable”. Esto es algo que nos sirve, porque con la filosofía pasa algo similar. La pregunta que vale la pena hacerse es: ¿Cuándo un evento, un libro o una conversación funcionan de tal modo que producen el efecto filosofía? Nosotros esperamos generar este efecto a partir del encuentro entre distintos modos de expresar un problema-inquietud, y de posicionarse frente a él. Filosofía 360°: no existen jerarquías ni primacías por antigüedad o proveniencia, sólo un plano horizontal abierto a una multiplicidad de conexiones. 

La cuestión es maquínica: ¿Qué engranajes sirven para qué máquinas? Lo que hay que lograr es crear mancuernas de producción entre el arte y la filosofía. Pero he aquí otro requisito primordial: la amistad. En su maravilloso libro ¿Qué es la filosofía?, Deleuze y Guattari lo dijeron ya casi todo: Para ser creados, los conceptos necesitan personajes conceptuales que contribuyan a definirlos, y un amigo es un personaje de ésta índole. Desde ésta óptica, el trabajo de un artista audiovisual, de un poeta, de un músico, etcétera, es una oportunidad de filosofía, una posibilidad, una presencia intrínseca al pensamiento, una potencialidad, hay algo que se puede encontrar ahí y prolongar. El curador chileno Justo Pastor Mellado dice esto del objetivo de un buen crítico de arte: trazar diagramas de las fuerzas presentes en una obra. ¿Qué fuerzas contemporáneas recorren una obra, cuáles están en conflicto, cuáles sostienen y cuáles otras amenazan con tirar(nos) abajo? Entre el arte y la filosofía está latente la posibilidad de crear nuevas maneras de sondear y diagnosticar el presente. Como dice el director de cine Marcos Loayza, a propósito del horizonte para las nuevas producciones cinematográficas bolivianas, quizá no se trate ya de intentar explicar nuestra sociedad ni de ofrecer respuestas con una nueva película, sino de plantear preguntas, preguntas que no nos lleven a callejones sin salida. 


Para el filósofo, la tarea consiste en sondear el haz de fuerzas que cruzan una obra, que incluso salen de sus marcos, observar dónde se obturan o bloquean, acompañar las líneas de fuga donde quiera que sean presenciadas, construir planos de fertilidad donde otros puedan sembrar lo suyo, extraer combinaciones inéditas… Pero, una vez más, la base del encuentro creador con el otro debe ser la amistad. Luego, es más fácil, y más divertido, crear y habitar un terreno de indiscernibilidad donde ya no predominen los juicios ni los reclamos, sino puras relaciones de camaradería, encuentro entre “x” y “y”, donde ambos se empujen más lejos de lo que podrían llegar por sí solos. Dar lugar a un tercero. Devenir. Espacios de vecindad entre filósofos y no-filósofos. Amistad. Mayor sensibilidad para el filósofo, mayor capacidad para trabajar con afectos; y para el artista, ganancia en el manejo de los conceptos, mayor precisión, agudeza en la manera de plantear las tensiones que espera poner en escena en su obra.


Sandra D'Berduccy en su exposición sobre su trabajo Desenvolver

          Luna llena:
Dejémoslo claro: no tendemos hacia el utilitarismo sino hacia un estricto funcionalismo. La filosofía como la propone Foucault: una caja de herramientas. En nuestra caja es bienvenido todo lo que une, liga, conecta y expande, aquello que genera espacios de vecindad entre diferentes. Los intercambios son a manera de robos y capturas: llegas y te vas, tomas lo que te es útil y descartas el resto, nadie tiene por qué quedarse ni formar escuela. No se trata de plagio sino de devenir. Lo que importa es el movimiento enriquecedor y la confabulación de un movimiento creativo que se muestra según diferentes aristas. El artista crea máquinas de resistencia contra lo intolerable, y llega a lugares donde la política no puede llegar; lo que toma es parte o engranaje de una máquina, que posiblemente puede funcionar en conjunción con otra máquina que trabaja un filósofo.

Lo que hay que evitar a toda costa es el ombliguismo y el ensimismamiento. El fin de la filosofía no está en sí misma, por eso se hace aburrida y vacía cuando pretende ser su propio punto de partida y de llegada, cuando no hay un interés que la preceda, que venga de otro lado, cuando cierra las puertas a los cauces que la desbordan y amenazan con desdibujar sus marcos. Nadie tiene que dejar a un lado sus conocimientos e intereses previos para interseccionarse con la filosofía, pues es más bien en función de esos intereses y esas preguntas previas que uno se encuentra con ella por el medio. Es muy difícil que alguien se encuentre con la filosofía si no viene de otro lado en la búsqueda de algo. Recordemos que el interés principal de Nietzsche era la música, y sólo después –como buen músico fracasado– optó por la filosofía, considerándola como algo que podría hacer en espera de la música. El filósofo esloveno Slavoj Zizek comenta en una entrevista que su interés inicial siempre fue el cine, pero que se vio obligado a estudiar filosofía para encontrar las herramientas que le permitieran contestarse una pregunta: ¿por qué Charles Chaplin se oponía con tanta pasión al cine sonoro? Esto es así, los filósofos siempre han venido de otro lado, siempre han surgido de otra cosa. De ahí que no exista ninguna necesidad de reivindicar la filosofía: forzosamente se produce allí donde cada actividad logra crear su propia línea liberadora.





Jorge Luna Ortuño



[1] Michel Onfray, La comunidad filosófica. Manifiesto por una Universidad Popular, p. 106. Editorial Gedisa. 

jueves, 23 de febrero de 2012

PASEANDO CON JUSTO PASTOR MELLADO POR EL SIART


Balance

Justo Pastor Mellado junto a los jurados del Siart 2011

Parte I: El personaje
El año pasado el chileno Justo Pastor Mellado fue el curador general de la VII Bienal Siart 11. Su calidad humana y su trabajo como artífice intelectual de la propuesta confirmaron la  reputación que se ha ganado en el circuito internacional: una “referencia ineludible del arte contemporáneo latinoamericano”. Es cierto que la cosecha de su paso por La Paz no fueron sólo elogios, también hubieron críticas, como es normal, aunque fueran en voz baja, o en la forma del aislamiento voluntario de algunos actores del campo artístico local. (Esto era también por la penalización que ha sufrido en Bolivia el arte contemporáneo en tanto arte colonial). Cabe decir que ésta última versión del SIART (Salón Internacional de Arte) fue la que más deseos tuvo de dar el paso para convertirse en una Bienal de Arte, pero el intento naufragó en algunos puntos centrales, como veremos a continuación.
Allá por el mes de julio del 2011, en una entrevista para la revista chilena artishock, Justo aconsejaba que no se valore a la bienal boliviana con los mismos parámetros que sirven para analizar otras bienales de arte contemporáneo del continente –como la de Sao Paulo, la de Santiago o la del Mercosur–, y adelantaba este criterio: “La Bienal SIART es una aspiración de bienal concentrada en las características de la escena local, que no calificaría de periférica, porque la perspectiva de nuestro trabajo no consiste en entrar a circular en los circuitos. Si se quiere, es una bienal fuera-de-circuito, porque se piensa de otro modo. Lo primero, es que el nombre es un eufemismo. Se llama bienal porque se realiza cada dos años. En su origen, se trata de un Salón Internacional que adquiere rasgos bienalizantes, pero que se organiza en torno a un concurso”. (http://www.artishock.cl/2011/08/justo-pastor-mellado-siart/)


Norma Campos junto a los jurados del Siart 2011


En las versiones pasadas el Concurso Internacional había sido el punto neurálgico en la organización del SIART, ya que respondía todavía a criterios de gestión cultural, de difusión y no de problematización. De modo que cuando Justo puso su proyecto en la mesa estableciendo que el Concurso se iba a desactivar, y que su importancia se debía reducir drásticamente, saltaron voces de protesta en nuestro medio; éstas provenían principalmente de un sector conformado por algunos de artistas bolivianos más consagrados, o legitimados, los cuales ya no pueden concebir otro motivo de organización de un SIART que no sea el de favorecer sus propias carreras, o el de agilizar un poco el mercado local. Justo decía en esa misma entrevista: “La bienal no ha sido formulada en esta versión para facilitar el desarrollo de una carrera, por importante que ésta sea, ni para obtener mejores posiciones de un grupo en un circuito incierto. La bienal se justifica como un dispositivo de lectura de la propia complejidad del campo de arte, en el que se incluye tanto la fronteridad de sus prácticas como las procedencias no artísticas de manifestaciones que ponen el dedo en la llaga de otra crisis; que es una crisis de visibilización de los problemas del campo”. En ese sentido, Justo consideró siempre al Concurso como una instancia inviable y contradictoria dentro de una Bienal de Arte; si hubiera sido posible la habría erradicado del SIART. Pero en un país tan tradicionalista como el nuestro, donde es muy difícil pelear contra aquello que la costumbre y los hábitos han arraigado, tuvo nomás que aceptar que se mantenga, a condición de modificar su formato. El sólo hecho de que la escena artística boliviana sea tan endeble, que la cooperación entre sus agentes sea prácticamente nula…, ya todos esos factores planteaban varios problemas, había mucho trabajo por hacer. ¿Para qué gastar recursos y energía en un Concurso cuyo sentido no tiene ningún interés en fortalecer la escena local, que no trastoca nada, y no deja nada más que un reconocimiento efímero e individualizado que se pierde en el tiempo?


Recuerdo que unos días antes de la inauguración del SIART acompañé a Justo a una entrevista que le había concertado con Mario Castro de Radio Cristal. La cita se fue desarrollando con normalidad; fiel a su estilo, el radialista esgrimía sus preguntas con voz solemne y pausada, nada de nuevo hasta que en un momento la linealidad se rompió y surgió una pregunta que podría tocar fibras sensibles en nuestro medio: “Refiriéndonos a algo muy práctico, ¿qué opinión le merece la organización del SIART?”.  Justo se tomó un par de segundos y luego respondió con una sonrisa: “Ah bueno, esa es una pregunta muy perversa… y muy clave. [Risas]. Muy perversa porque me obliga a hablar de cosas que son duras y dolorosas en términos institucionales. No me voy a referir a la organización, que creo que está hecha a pulso por gente maravillosa que está dejando las cejas y el sudor. Me refiero a que una instancia como ésta, una bienal, tiene que tener un compromiso institucional mayor, porque si no está condenada a vivir permanentemente en la fragilidad. Hay que producir la bienal de manera que sea menos frágil cada vez, porque es importante para la visibilidad internacional del arte boliviano, por un lado, pero eso no es todo, esto es como una política de doble régimen: uno tiene política exterior sólo cuando tiene una ficción interior. Entonces, existe visibilidad internacional porque se tiene una ficción interna. Y lo más interesante es esa ficción interna”. (Programa La revista cultural, de Radio Cristal - 7 de octubre del 2011).

Parte II: El SIART y sus falencias



Habiendo formado parte del equipo de organización del SIART, en algún tramo del recorrido pensé que todo nuestro trabajo debía ser el de producir una “bienal de transición”, una bienal-bisagra, que mantendría elementos del antiguo formato (como el Concurso, la famosa inauguración), a la vez que incorporaría nuevos (como los Laboratorios); esto en vista de que el movimiento no podía ser vertiginoso, los cambios de concepción debían llegar gradualmente. En la propuesta curatorial se trataba de superar la visión moderna del arte, que privilegia el modelo de exhibición de cuadros colgados en una pared, en pro de la construcción de nuevas plataformas de visibilidad para los artistas, del tipo formulación de proyectos, acorde a las exigencias de un arte contemporáneo más de punta. Un curador de museo como José Bedoya no podía nunca querer llevar esta propuesta hasta sus últimas consecuencias. Así que vi a Justo algo solo, él decía cosas del tipo: “Una Bienal de arte debe ser un dispositivo de lectura, una plataforma de aceleración de transferencias informativas”. Todo eso era estimulante. Su énfasis estaba en que en que veamos la bienal como un aparato editorial contemporáneo. (Así se planteó también mi trabajo de organización de la página web www.bienal-siart.com). Había que pensar exactamente igual que en la confección de un libro, cuando el editor plantea un tema, un problema, o una red de problemas, y elije a los autores que podrían trabajar esos temas; el editor piensa el espacio-libro, su formato, su materialidad, su orden, sus divisiones, sus tiempos, su público, etc. Bienal/libro; curador/editor. Pero en el trajín de las últimas semanas fui percibiendo que aparecían otras fuerzas antagónicas tirando en otros sentidos, según una visión de divulgación del arte (“el arte para todos”, “el arte para la familia”), y por ello el SIART tuvo al final tuvo un dejo de Feria de Arte (p.e. en la inclusión de actividades anexas de Cuenta cuentos, de danza, conciertos, etc.). La cuestión del aparato editorial quedaba así algo relegada. El día de la inauguración finalmente se reveló la verdad en toda su desnudez: No estábamos organizando una bienal de transición, ni siquiera nos habíamos acercado a ese punto, seguíamos naufragando en las aguas del SIART. ¡Habían demasiados editores, demasiados jefes! Ahí descubrí por qué es tan difícil erradicar el concurso. Si sacas el Concurso de la figura prácticamente pierdes el 80% de los recursos de financiamiento que te han dado. Véase por ejemplo que el Goethe Institut no hubiera financiado tres de los laboratorios si estos mismos no se hubieran convocado en la forma de concurso. Pero esto fue una distorsión, porque los laboratorios eran proyectos de obra, eran obras cuya finalidad central no era ya la exhibición en una sala.
Sin embargo, aquel día de la mentada inauguración descubrí(mos) que no teníamos entre manos una bienal, sino todavía un concurso bi-anual al que le han dado el nombre de bienal. Esto es lo que resulta doloroso reconocer en términos institucionales. Es cierto que al final se cumplió  el objetivo de montar al SIART como dispositivo de lectura de lo que pasa en La Paz, pero fue para leer su propia imposibilidad de superación. El Concurso simplemente terminó de evidenciar su ineptitud (un mínimo número de obras seleccionables, y entre ellas pocas rescatables), dejando claro que juntar un salón con un concurso y llamarlo bienal no puede ser otra cosa que un contrasentido. No se malentienda, esta autocrítica no es contra el sacrificado trabajo desplegado por el equipo de Visión Cultural –a la cabeza de una mujer emprendedora e incansable como Norma Campos– con el que tuve el placer de trabajar. Ese trabajo tuvo sus méritos, pero es necesario cuestionar algunos lineamientos que desde su concepción errónea delimitaron ya el sentido y alcance de todos los esfuerzos acumulados. Estos lineamientos pasan necesariamente por las políticas culturales de nuestro país, o por su ausencia. Una próxima organización tendría que plantearse de entrada: 1) ¿Con qué espacios de arte contamos realmente en La Paz? ¿Cuáles de ellos pueden ser cooperantes con una mentalidad flexible que no le corte las piernas al arte contemporáneo? Aglomerar a todos los museos, galerías y salones de la ciudad no es nada conveniente, no mientras cada uno de esos espacios esté pensando mucho más en sus intereses institucionales, y no conciba el SIART como otra cosa más que una oportunidad de variar la oferta de su agenda anual de exposiciones. La estrategia muy típica de la gestión cultural en La Paz es la de los casamientos: “te doy este apoyo pero me dejas meter también esto en tu evento”. Y se casa una cosa con la otra, y así es posible que un artista alemán aparezca en La Paz entre los artistas invitados, y que el curador de la bienal sea el último en enterarse. 2) No se vislumbra las posibilidades de una bienal en Bolivia mientras las relaciones de patrocinio, de auspicio y de intercambio de servicios con instituciones locales no pasen a ser más profesionales (firmas de contratos que la protejan del condicionamiento, y no como favores circunstanciales ni como pedidos que se deben casi mendigar hasta última hora). 3) No hay por qué pretender que una bienal de arte debe organizarse para los públicos masivos; la famosa Noche de Museos en La Paz puede ser “exitosa” porque congrega a miles de visitantes, pero al estar concebida con criterios de turismo cultural y entretenimiento cultural no hace nada por fortalecer el arte local, es un ejercicio de banalidad, esos criterios no deberían servir nunca de sustento en la organización de una bienal de arte. Con el arte contemporáneo las exigencias son completamente distintas, no basta con la presencialidad, la firma de un libro de visitas... 4) Una bienal de arte no puede ser el proyecto de una Fundación que está más interesada en gestionar acciones culturales. Cultura no es igual a Arte; Justo dice que el arte es la consciencia crítica de la cultura, esto hay que demostrarlo, bueno, esa es una tarea de la bienal.

Todos estos elementos deberían tomarse en cuenta a la hora de afrontar una próxima organización, y una posible institucionalización de la Bienal, que para ser tal debería dejar de llamarse SIART.  



Por otra parte, y ya terminando, hay algunos logros que se pueden destacar, de ello hemos escrito y publicado bastante en la cobertura de aquellos días, pero le corresponde principalmente al lector de la bienal  valorar los logros de esta reciente organización. A grosso modo, los laboratorios fueron una introducción clave, casi todos los talleres rayaron a gran nivel, y el diagrama de artistas invitados fue en mi criterio de lo mejor, especialmente entre los nacionales: Claudia Joskowicz, Ricardo Pérez Alcalá, Ligia D’Andrea. El premio arte joven de Santiago Contreras fue quizás el más merecido. Es posible que Justo Pastor Mellado no se haya ido del todo contento con la forma en que se terminó desarrollando la bienal, pero esto no representó ningún drama para él. “Se hizo lo mejor que se pudo hacer en estas circunstancias” –me dijo una vez. Se le quedó la idea de que la solución para nuestra escena artística se encuentra en las experiencias editoriales y experiencias formales estrictamente plásticas, que se gestionen a partir de una nueva forma de relación con las embajadas y con las instituciones de apoyo.

Parte III: El diagrama-Justo
Pero hemos hablado demasiado del SIART y el arte. Llegué a ver que a Justo algunas conversaciones sobre arte se le hacen empalagosas. Terminaremos hablando de Justo y algunas de sus ideas. Justo es ante todo un escritor, y después un editor, incluso de sí mismo. Él tiene eso que admira en otros, por ejemplo en Kenneth Kemble, y es que trabaja con espíritu de sistema. En el taller de crítica y pintura dictado junto a Carlos Leppe dentro del SIART se refirió a su manera de trabajar: “Uno trabaja para satisfacer su propio esquema, su esquema mental, de tal manera que no me interesa ni el arte chileno, ni el arte boliviano, no, no, lo que interesa es, cómo puedes encontrar una obra cuyo diagrama a ti te hace funcionar. Por ejemplo, hemos hablado de la transferencia de la letra. Eso es un diagrama. Luego lo segundo para mí es la filiación. Entonces: cuántas obras me movilizan a mí para hablar de filiaciones”. Todo ello sería un diagrama de trabajo, la rendija por la que pasan todas sus investigaciones. El arte es su forma de entrar al mundo, pero es también una especie de materia prima que le sirve para trazar puentes al exterior. En el fondo, su trabajo consiste en idear formas para salirse del arte. “Yo estudié filosofía pero nunca me consideré un filósofo profesional. Tuve el raro privilegio de salir de Chile en 1974, a Francia, y no como refugiado eh, logré conseguir una beca, etc., bueno, salí a Francia, estuve cinco años allí, y ahí me di cuenta de que uno podía ser filósofo de otra manera. Cuando regresé a Chile el único espacio de trabajo que me quedaba eran mis antiguos compañeros de militancia política, natural, como una especie de izquierda clásica chilena”. (En la entrevista en Radio Cristal). Si utilizó en aquellas épocas al arte para dibujarle una puerta de salida a la filosofía, ahora con ambas a su alcance se abre periódicamente ventanas hacia el aire libre. Alguna vez le pregunté cuál era su motivación para trabajar en el proyecto de una bienal en Bolivia. Él dijo: “porque me permite salir de Santiago”. En otra ocasión, en uno de esos almuerzos de trabajo nos comentó: “En el fondo no es el arte lo que más me interesa, lo que me interesa es La Paz, comer uno de esos pescados del Mercado Lanza, subir a la Feria del Alto, conocer a la gente interesante de acá…”. Recuerdo también que en aquel taller en el SIART le recomendó a un artista brasileño: “Si alguien en Brasil te pregunta qué es lo nuevo que trajiste de tu visita a La Paz, tú dile que trajiste el concepto de aparapita de Jaime Saenz. Ya con eso valió todo tu viaje”. Pero también había una razón más afectiva, que no era un secreto, pero que la hizo pública en su discurso en la inauguración, contando que su principal motivación para venir a trabajar a La Paz había sido la de saludar a un personaje boliviano que en vida llegó a ser su amigo y con quién se había sentido en deuda hasta esa noche en la que podía dedicarle su trabajo como curador en tierras paceñas. Él no vino tanto a tomar algo, él vino a devolver. Son estas singulares maneras de encontrar una razón y de observar, provenientes de una percepción extraordinaria, las que hacen de Justo un tipo genial, del que siempre caben esperar las sorpresas y también los silencios, un ser humano que a veces enseña sin que uno se dé cuenta hasta un tiempo después.

De la obra de Claudia Joskowicz
Obra ganadora del Premio Arte Joven, de Santiago Contreras


Jorge Luna Ortuño


Enlace de interés:
www.bienal-siart.com