El argentino Ricardo Darín es uno de esos seres extraordinarios que reposa ya ahora mismo en la memoria de muchos en calidad de bicho extraordinario. Si ves en la red algún link que lo relacione, si un seguidor comparte un tweet, si aparece en la página de inicio del facebook con una nota relacionada a Darín, sácate el tiempo de tus reservorios y échale una mirada, pues ya verás, será un tiempo que habrás ganado en tu vida.
En las entrevistas que encontré en youtube se pueden apreciar algunas de las dotes que dirigen el eje de rotación de Darín, aquel secreto eje que sostiene la marcha de su crecimiento como actor, pero también como vidente, como caminante de poco equipaje, que es el de cualquier otro gran escritor, pintor o artista. Darín tiene ojos para ver y oídos para escuchar, no son los de cualquier ser silvestre, algo ha guardado en su saco a lo largo de su marcha y lo deja ver cuando abre el pico sin ostentar ningún tipo de arrogancia por ello. Podrá sonar petulante de inicio para los que no se toman el tiempo de apreciar los pasos de su rumbeo, pero en realidad es un ser muy confiado en sus propias certezas, esas que se aprenden cuando el agua quema y es uno solito el que se arma sus canoas en la intemperie de los días que parecen no tener brillo. Darín es un hombre chocho, de los más afortunados que se puedan encontrar; lo dice él, no nosotros, y lo dice en la primera entrevista que compartimos acá. Sus apreciaciones vienen con la suficiencia y la claridad que sólo alcanzan a tener los que se han curtido por la vida a punta de porrazos y enseñanzas generosas de las manos amigas. No se les puede dorar la píldora ni se intente si quiera ofrecerles pato por liebre, pues de tontos no tienen ni un pelo, sacan pecho y son guapos cuando la situación lo demanda, no importa que sea en un set de televisión o en la intimidad de una habitación donde sólo tienen por testigo el follaje verde de un árbol que los mira por la ventana. Por guapeza sobre todo queremos decir integridad, integridad que no se calla pues se han hecho inmunes a las inseguridades de los que se afanan por quedar bien en todos lados. Disfruten amigos de unas líneas y de unas palabras con pegada.
En este video Darín cuenta por qué rechazo un papel en una película de Hollywood, precisando sobre lo que considera prioridades en su vida ante la mirada incrédula de su entrevistador. El silencio que inmediatamente se instala después de sus palabras es una señal de que ha dado con una tecla invisible, que nos toca a todos tanto como parece descolocar por segundos prolongados al entrevistador. Alguien ha dicho que las palabras provienen del silencio, y a él retornan cuando son bien empleadas.
¨Mostrame quién compra un auto de contrabando pagando por cuotas, le increpa Darín a este presentador argentino, al parecer bien conocido en el paisaje gaucho. Imprudente y hasta desatinado creyéndose ser corajudo, el presentador le suelta de una la idea de que Darín habría sido contrabandista. Vean cómo se defiende Darín sin ceñir el rostro ni que se le mueva un pelo en su talante¨.
Invitado a un programa que se jacta por su ligereza e informalidad, Darín se permite también sus licencias, sobre todo aliadas con el humor y la mirada práctica. Le dice al gordito que él todavía no largó el huevo que dice haberse comido, y allí nomás lo dejó sin chiste al que se hacía al vivo. ¿Y ese otro tipo que dice que hay que ganar en todo lo que se hace en la vida? Quiénes serán los que viran su lógica por el triunfalismo en una especie de fanatismo. Alguién más lo pone en eje, felizmente.
Preguntas medio pelotudas en un programa diseñado para satisfacer otro tipo de entretenimiento. Sin embargo Darín no deja de ofrecer un par de toques por aquí y por allá, con sentido del humor y pulso firme a la hora de improvisar una salida ingeniosa. Desentona de la manera más armoniosa en un programa que no está muy a la altura de su valor y de lo que podría haberse conversado.
Darín: ¨Estábamos convencidos de que eramos los Beatles. Y entonces vivís y encarás las cosas desde un ángulo medio patético pero también medio gracioso o divertido, por decirlo de alguna forma¨.
Darín fue entrevistado en Pura química, un programa de ESPN de mucha onda, donde cuenta con humor una anécdota sobre la piratería. Le dicen que en Bolivia se vende en Dvd ¨El secreto de sus ojos 2¨. Él se ríe y cuenta que no es sólo en Bolivia, en realidad los piratas le ponen ese título a su siguiente película, que es ¨Carancho¨, una película menos atrayente en los papeles, pero vista con paciencia es muy buena, y guarda una escena explosiva en el desenlace, digna de una película de acción de John Woo.
El caso es que nos da cierta pena reconocernos como consumidores de videos piratas en Bolivia. A contramano habrá que decir que si no fueran por estos videos en dvd no hubiéramos podido conocer ni un quinto de su producción. Por El secreto de sus ojos tomé atención en su trabajo; después lo vi en otra más también dirigido por el asombroso Jorge Campanella, y en varias de ellas combinaba aquella lucha del hombre que se debate entre una especie de idealismo y la tentación de los atajos desleales que en realidad nos hacen transitar los caminos más esforzados y largos. En compensación diré que mi compromiso personal es devolver algo a mi colectividad a partir de las películas que he podido ver de Darín. Nosotros entre tantos, vamos apilando filas de dvd´s en la víspera de los fines de semana, y hace mucho tiempo ya me inquietó la espina de la pregunta:¿y qué haces después con tanta película? No creo en el carácter desechable de muchas de ellas. Tampoco creo que las películas tienen simplemente un fin de distracción vacía, por ello se elegirlas y con cuáles deseo establecer filiaciones. Con ellas construyo poco a poco mi fuerte, una parte de los elementos con los que construyo mi propia línea de fuga cuando es necesario.
Escribir un libro, cuando se hace con
honestidad, es un motivo de gozo para cualquier ser humano. Cuando se logra
finalmente terminar el manuscrito las manos tiemblan, y los ojos sangrantes
descansan en dulce retirada hacia adentro. Difícil es hablar del libro propio
sin cometer indiscreciones ni hacerse el peine. Otros plantan árboles y otros
cosechan la tierra de donde salen nuestros alimentos y casi todos ellos lo hacen
sin abrir el pico ni esperar mayor alabanza. Otras mujeres tienen hijos hasta
decir basta y se confortan en la maravilla de saberse madres sin esperar una
felicitación. No hay vuelta que darle, hablar de tu libro es como querer hablar
de tu propio hijo, mil emociones se reúnen en los bordes de las pupilas y no es
el llanto sino un canto de alegría lo que puebla el pecho enorgullecido. Lo
cierto es que el ser humano es un creador desde la coronilla hasta la punta de
sus dedos,principalmente es un creador de
sus propias dificultades, pues sabe hacerlo todo –incluso sin darse cuenta– para
ponerle barreras a sus propios anhelos. Por eso es bueno que de vez en cuando
alguno pueda salir del pozo de su propia altura y se lance en la creación de un
libro que llegará con el aliento del asombro y las huellas de su propio camino.
Ahora ¿para qué se escribe un libro? Para
compartir oxígeno, como se hace con cualquier planta en el jardín. Es
simplemente otra manera de compartir. Una forma de donación en la que nuestros
seres queridos siempre encontrarán algunos guiños y referencias amistosas.
Cuanto más avanza uno en su elaboración más se va dando cuenta de que el libro
está fuera de sus manos, y supera el alcance de su voluntad. Se duerme en la
noche pensando en él y al día siguiente se comienza de nuevo esa tensión por
darle forma al libro inacabado que nos habita. No hay otra razón para escribir
que no sea compartir. No se escribe para influir en las personas, simplemente
se deja ahí unas semillas que tal vez otros tomarán para cosechar nuevos mundos
por su cuenta.
Jesús Urzagasti me dijo una vez que la
escritura es un ejercicio de devolución. Ni más ni menos. Cómo podríamos
nosotros esperar algo por el libro si en primer lugar nadie nos ha pedido que
lo escribamos. Sin embargo todavía estamos aquí vivitos y coleando y por algo
tiene que ser. Después de tanto oxígeno consumido en este universo, después de
tantas mañanas frescas y de tantos atardeceres iluminados sin que la vida nos
haya pedido ni siquiera el cambio, ¿cómo no devolverle el testimonio de las
bellas imágenes que recolectamos en ese tiempo de existencia? Se escribe, se enlaza, se ensamblan líneas
memorizadas con otras de remotas procedencias para darle forma a nuestro propio
canto a la generosidad de los demás. Pues para que uno pueda escribir otros
tienen que hacer contrapeso en el otro lado de la baranda, mientras unos
caminan por la cuerda otros tienen que quedarse sentados. Incluso el ser más
impensado merece nuestro agradecimiento por haber contribuido en el tiempo de
escritura de un libro.
No sorprenderá entonces que se considere ajena
cualquier tipo de soberbia en los espacios donde ha tenido lugar una creación,
pues el escritor es simplemente aquel que tiene la dicha de poner palabras
juntas en un momento determinado en el que otros estaban ocupados cumpliendo
los menesteres que él también necesita para sobrevivir. Henry Miller lo expresa
de bella manera en el prefacio a su obra Los
libros de mi vida:
¨Enriquezcamos o empobrezcamos, quienes
escribimos, los escritores, los hombres de letras, somos sostenidos,
protegidos, mantenidos, enriquecidos y dotados por una vasta horda de
individuos desconocidos, los hombres y mujeres que oran, por así decirlo, para
que revelemos la verdad que hay en nosotros. […] Si escribir libros es
restituir lo que nos hemos llevado del granero de la vida, de los hermanos y
hermanas desconocidos, entonces digo –¡que haya más libros!–¨
Parte II
Durante varios meses estuve entusiasmado
barajeando una idea, la idea de que la lectura es ante todo un acto creativo,
aunque no lo parezca. Me hice tributario de una línea de pensamiento que
considera la lectura como un ejercicio de apropiación antes que de
interpretación. Pero me olvidaba que para poder percibirlo antes tuve que
escribir. No es cualquier lector el que puede acceder a esa libertad creativa.
En última instancia, los mejores lectores son aquellos que escriben. Es la
escritura la que separa a los comentaristas de los creadores. Escribir es testimoniar de modo cristalino nuestras formas de leer, y
leer es una forma de atar los cabos invisibles que se mueven en nuestra
escritura.
Por otro lado, la escritura del primer libro es un acto de graduación
interna en el ser humano, al menos lo sentí así en mi caso. Es un peso menos. Se exhala una paz renovada pero
también se afrontan otro tipo de agitaciones momentáneas. Escribir es nuestra
decisión de ser algo más que solamente lectores, a sabiendas de que tanto el
lector como el que escribe calman la sed visitando la misma fuente. Sin
importar su procedencia, los mejores lectores, los más creativos, los más
fecundos, son aquellos que han pasado por la sala de partos de la escritura.
En mi caso tuve las fuerzas suficientes para dar vida a un libro que
bauticé Pensamiento inalámbrico (Plural, 2012).
Se trata de un libro muy querido para mí porque lo escribí en un tramo en el
que la única certeza que tenía eran las garantías del precipicio. La vida se
había pasado por mi lado y yo no parecía haber hecho nada completo, ni siquiera
o al menos un libro. Caminaba noche tras noche esquivando la cueva del lobo,
ensimismado en conversaciones con el libro que se hilaba de a poco, hechizado,
por así decirlo, en una frecuencia desde la cual recibía una serie de señales generosas,
y las líneas se iban poniendo juntas para guiar el curso de las siguientes
páginas.
Tenía varias deudas acumuladas con seres de carne y hueso, y también con
otros personajes ficticios de presencias igualmente certeras, eran mayormente
deudas que requerían un acto semejante de gratitud. Luego de acabado el libro
sentí que se habían saldado cuentas. El escritor requiere de mucha salud y
carácter para confiar en su propia capacidad, pues debe convivir algunos días
en la ruta con el temor de que se acabe la época afortunada en que las palabras llegan
con fluidez y esto sea antes de que pueda terminar el libro; cada día
nuevo que nos saluda es una presión para cumplir con el compromiso que se ha
pactado silenciosamente con los otros que revolotean dentro y fuera de nosotros.
Al final lo que los lectores tienen en la mano es un libro, unas páginas
impresas con ideas y aspiraciones, que el escritor no ha escrito solo sino en
compañía de su colectividad, de su tribu. Pero no son sólo palabras, más que
nada se encuentran reposando en esas páginas una manera de no botar la toalla y
resistir al temporal, una manera de revertir una situación adversa hasta los
huevos, una manera de cantar, una manera de resignar salidas y gastos insulsos,
una manera de respirar y de hacer estiramientos en el frío de las 5 de la
mañana, también una manera de mirar tus cosas embaladas alrededor con el
destino incierto, y es sobre todo una manera de confiar y de reír a vivo pulmón
a pesar de todo ello. La página es testigo de los días que se pasaron con las
manos vacías y de otros en que la cosa fluyó a borbotones, saltando en un
santiamén de los dedos a la memoria del ordenador.
Qué más puede decirse. Nada. Pensamiento
inalámbrico se llama mi libro. Quiero creer que los buenos libros se han de
haber escrito desde abismos similares e incluso peores. Lo que se planteaba a
un principio resulta desbordado por el ímpetu del impulso vital de cada uno. No
interesa tanto saber cuáles libros son buenos y cuáles malos, sino
principalmente cuáles están vivos. Siento que el mío está vivo y nació para
meter bulla, pero necesita del lector para volver sobre sus pasos y dar cuenta
de su largo aliento.
Cread y compartid! Y si bien a primera vista la lectura podrá no parecer un acto de creación, en un sentido profundo lo es. Sin el lector entusiasta, que en realidad es el equivalente del autor y muchas veces su más secreto rival, el libro moriría. El hombre que propaga la buena palabra, no solamente aumenta la vida del libro en cuestión, sino también el acto de creación mismo. Insufla espíritu a los demás lectores. Sostiene el espíritu creador en todas partes: lo sepa o no lo sepa, lo que está haciendo es cantar loas a la artesanía del Cosmos. Porque el buen lector, así como el buen autor, sabe que todo surge de la misma fuente.
Henry Miller
Las enseñanzas que verdaderamente marcan en la vida son las que se aprenden
por vía de los porrazos. Y no nos referimos a los coscorrones que nos propinan
las personas adultas en la edad de la niñez o la adolescencia, más bien hablamos
de esos golpes secos que ofrece la vida cuando se equivoca el camino, latigazos
sordos, pruebas que calibran nuestro vínculo con la tierra. Son momentos de
extraña y rutilante luminosidad que dejan quieto y con cara de cojudo hasta al
más vivo.
En épocas de Feria del Libro se tiende a glorificar demasiado al libro,
también a la lectura. Pero no es ni el libro ni tampoco cuánto se ha leído lo
que vale al final del camino, sino cuánto se ha aprendido en el tránsito. El
afecto por el libro marca nuestro inocente apego por las palabras, pero a no
olvidar que el libro es solamente uno de tantos vehículos que porta la vida. Es un engranaje dentro de una serie de enseñanzas puestas en la ruta para quien sabe andar su camino. No
hay necesidad alguna de reverenciar a los libros por ellos mismos (menos a los autores), pues son parte
integrante de lo real tanto como lo son los árboles, las nubes, el estiércol y el dióxido de carbono.
Oficiales mayores de cultura, ministros, editores, gerentes de cámara, pueden montarse sobre el prestigio del antiguo hechizo de la
lectura para organizar sus Ferias, y utilizarlo como un eslogan, pero los hechos revelan año tras año su único interés, y es que presentan al libro como mera
mercancía, producto encapsulado en sí mismo.
En Buenos Aires se produce un interesante fenómeno: la ciudad es ya la
feria del libro los 365 días del año. Sus espacios de descanso en todas partes, la
manera que tiene el porteño de ocupar metros, cafés y plazas siempre con un
libro a la mano, además de la impresionante oferta disponible en sus librerías,
por ejemplo en la Av. Santa Fé, donde se concentran las más notorias, da cuenta
de una ciudad lectora por excelencia. Conversando con libreros, editores, gente
en las plazas, lectores en los metros, pude entender que la Feria del Libro de
esa rutilante ciudad se organiza principalmente para la gente que no vive en
Buenos Aires, sus mismos habitantes lo dicen: ¨todo lo que está en la Feria ya
está en las librerías antes, ¿para qué voy a venir hasta Palermo al campo
ferial si puedo pillar el mismo libro novedad al mismo precio en el
centro?¨ No sea esta comparación motivo para sentir inferioridad alguna. Hay que decir a contramano que nuestras Ferias todavía gozan de cierta tranquilidad, están lejos de ser la arena política que se arma en Buenos Aires con motivo de cada Feria.
Es importante leer las situaciones desde varios ángulos. Conozco del arduo trabajo
que se realiza en varias casas editoriales, obligadas a luchar a contracorriente en un
país que lee poco. Así luchan todos, desde los que le sacan el jugo a la
imprenta hasta el editor que dirige los hilos de la empresa, sin olvidar a los
operarios que compaginan los libros y diagramadores. Es un trabajo que alguien
tiene que hacer. No es fácil trabajar en el rubro editorial en
nuestro país, pues encima de que poco se lee, lo que se lee más son libros
piratas de sospechosa procedencia. Sólo aquellas casas editoras que tienen como
mercado al público cautivo de los niños en edad escolar pueden respirar algo
más aliviados. Y así, cada mes que se avecina una Feria representa una especie
de examen para las editoriales. ¿Qué es lo que vamos a
poner en el mercado?¿Qué hemos hecho este año? He conocido gente estupenda en editoras de La Paz y Santa
Cruz, es una razón más por la que desearía que esta visión crítica encuentre
asideros en vista de una mejora. Porque lo que necesitamos no es ir en contra
entre nosotros, sino empujar para crecer entre todos.
Pero eso sí, evitemos la condescendencia, más aún entre bolivianos. Una
cosa es estar en silencio y otra muy distinta es quedarse mudo. En nuestro
país existe demasiada gente callada, se quedaron mudos por el susto o la
indiferencia, dudo que hayan llegado así de fábrica. Escribir es a veces un
intento ingenuo por equilibrar las fuerzas entre los que hablan, los que han
sido callados y los que no tienen posibilidades de expresarse.
Volvamos a la cuestión de las Ferias del Libro en Bolivia. Las dos más
grandes son las de La Paz y Santa Cruz. La que tiene mejor calidad en sus
títulos y el contenido de sus talleres es la paceña, mientras que la que goza
de mejor infraestructura y mayor dinamismo es la cruceña. A diferencia de las
que se realizan en Buenos Aires, Madrid o Guadalajara, las Ferias nuestras se
organizan para los habitantes de la misma ciudad. Es decir, se piensa en chico.
Porque para saber mostrarse hacia afuera hay que saber apostar primero por lo
propio. Decía Justo Pastor Mellado, curador de la Bienal Siart en La Paz
(2011), que ¨es necesario construir una ficción interna para tener una política
externa¨. Pero acá no se tiene, no existe un concepto ni un eje temático por Feria, sólo la novedad de otro país invitado cada año. Quizá es el mismo formato de
Feria el que se lo impide. Nosotros decimos que su formato debería acercarse más al
formato de una Bienal de Arte (no al Siart), mientras la Cámara del Libro la enfoca con un
espíritu más cercano al de Plaza de comidas, donde hay de todo para todos,
donde la calidad no es prioridad pero sí el aglutinamiento y el consumo
masivo. ¿Por qué faltan los espacios de descanso gratuito para que los lectores hojeen en los misterios de su próximo libro?
Puesto en limpio, las Ferias del Libro se plantean según un formato insuficiente, no se ocupan
de las deficiencias que vive la ciudad en cuanto a su industria editorial, la escasa promoción de la escritura, ni
la incomunicación que existe entre editoras y bibliotecas, periodistas y
libreros o escritores nóveles aislados por los que nadie ofrece un céntimo. Se
rellenan los programas de las Ferias con
lo que se puede, no con lo que se necesita según el concepto de tal o cual versión de Feria. Y así no se alcanza a alterar el estado de cosas existente. Cada Feria
que llega al siguiente año se encuentra con la misma realidad adversa. Por ello
la Feria es como una distracción, un cuerpo extraño, un injerto en medio de la marea
de acontecimientos que tenemos mes a mes en el país. Una vez terminadas se
olvidan sin mayor pena ni gloria, los mismos hábitos de lectura se mantienen en
la ciudad, la primacía por la lectura barata continúa su curso. Para disimular
este hecho evidente, los directores de Cámara del Libro siempre aparecen dando
una cifra días después de la conclusión y diciendo: ¨ha sido todo un éxito, porque tuvimos
más visitantes que el año pasado¨. Feria del Libro, máquina infalible para
romper récords en visitas ¿pero qué se sabe después de los
usos que se hace de esos libros? ¿Sube en algo el nivel de cultura y
educación en la ciudad después? ¿Cuál es el nivel de los libros que se están presentando? ¿Cuántos nuevos escritores se ha promovido? ¿Y los libros que no son novedad qué?
Mientras las estadísticas nos distraen con su velo, allí siguen los micreros y taxistas comiendo y haciendo siestas en sus
paradas, acaso alguno querrá agarrar un libro antes de salir a gritonearse con
el mundo en su ruta apurada. Allá siguen las vendedoras en los mercados Abasto,
Los Pozos y Ramada, con su periódico El Deber o El Extra en la mano, al menos enganchadas
en las páginas ágiles de farándula. Y allí salen los niños cansados del colegio, sin
alzar la cabeza, pero metidos en el teclado de sus celulares, rumbo a las casas
de juegos en red. Allá están amontonándose seres bulliciosos en conflictos de
diversa índole, casi se los ve rebalsar por las ventanas del Palacio de
Justicia mientras abogados muy contentos de todas las edades suben de aquí para
allá con sus cabellos engominados apretando foldersitos amarillos a su pecho. Allá están las jovencitas combatiendo en silencio su anorexia porque no es un libro el que las influye y sí la urgencia de una cultura que las quiere señoritas y misses de lo que sea. Allá
están postergadas las víctimas de un terrible accidente de tránsito, privadas de consuelo incluso en la mirada fría de administradoras y enfermeras de piedra, desangrándose en el rincón de una clínica porque no pueden ser recibidos hasta
que emisarios del seguro SOAT se dignen a aparecer. Allá están también los chiquillos asustados
a quienes no hicieron conocer otras lecturas más que Quien se llevó mi
queso o Manjar para el corazón, y están lidiando con el espanto de un problema de
gravidez sin poder comunicarse con los padres que dejaron esos libros como sustitutos medio tiempo.
Ahí están... ahí están ellos, acá estamos nosotros, es decir, a su lado. ¿y los libros?, ¨los libros tienen su feria, hay que esperar la que viene al año¨. Bueno pero los libros no van a hacer que todos vivan mejor, me dice una voz. Pero si no se lee para aprender, y para aprender a aprender mejor, y sobre todo para no tener que estar leyendo siempre más y más. ¿Entonces para qué carajos habría que leer? ¿Para verse listo? El secreto -decía Henry Miller- es leer menos y menos, pues no hay nada más difícil en la vida que aprender a hacer lo estrictamente vital. La lectura es una ración necesaria como el aire, el alimento y el ejercicio, y también debe guiarse su manera más eficiente de práctica. Los colegios hacen esa tarea de manera dudosa, los hogares tambalean, y la Feria del Libro está tranquila con tener visitantes. De todos modos, antes o después, el buen lector gravita hacia los buenos libros, ya sea que los encuentre en un puestito en la calle o en la feria local. Para el buen lector la Feria del Libro es un espacio que amplía las posibilidades de encuentro con un libro, y por ello le está ya de por sí agradecido. Pero hay que alimentar la existencia de buenos lectores.
Se encuentran dos actores en abierto enfrentamiento: Página Siete y el gobierno del MAS. Renunció Raúl Peñaranda el pasado 22 de agosto a la dirección del matutino, con la convicción de que esto evitaría que el gobierno continúe sus ataques contra los periodistas. El paso en falso del director del matutino paceño fue autorizar la salida de un titular donde se afirmaba que cuatro ministros habían sido excomulgados por la iglesia católica. El perro rabioso del gobierno, Quintana, hizo notar el detalle de contexto como una razón para increpar contra las intenciones del periódico. Se refería a la visita que el viernes de esa misma semana iba a realizar Evo Morales al nuevo Papa en el Vaticano. Su interpretación fue que Página Siete, ya que respondía a intereses de un sector chileno, pretendía alterar las buenas relaciones entre la iglesia católica y el gobierno, para perjudicar ese encuentro. No creo equivocarme al afirmar que causó mucha más repercusión la noticia de la renuncia de Peñaranda que el titular de la excomunión de esas autoridades. ¿Todavía se excomulga a las personas en estos tiempos? ¿Y cómo se hace valer esa decisión? ¿Ponen guardianes en la entrada a los templos? Y muchos pensaron como primera reacción que era sorprendente que aquello se pudiera determinar sin demasiado trámite.Sin mucha investigación, sin mucho toma y daca, se aviso de un golpe que esa era la decisión, vaya qué fácil y rápido pensamos muchos. Recuerdo haber leído hace unos meses las declaraciones de Peñaranda en la conferencia de prensa que ofreció. Lo llamé unos días después para expresarle una voz de apoyo. Pero no compartía su decisión. Eso no necesitaba saberlo él que tendría mil cosas más en la cabeza en ese momento. No estaba de acuerdo porque no cuadraba con su argumento, algo no estaba fino ahí. En síntesis creo que su idea fue dejar la dirección del periódico para que el gobierno apague su sed de ataque contra ellos, es decir, les permitía ganar algún tiempo. No podemos inmiscuirnos en sus razones personales. A veces la decisión de dejar algo que ocupa nuestro tiempo no es tanto una negación, y es mucho más una afirmación que favorece aquello que se está dejando de hacer en otra parte, y que probablemente nos ofrece mayor placer y realización. Cuando se tiene talento y confianza en uno mismo no existe necesidad alguna por aferrarse a un puesto ni a una liana de la vida. En cuanto a su puesto importante como director de un medio que no se complacía en la distribución de notas propaganda para el gobierno, nos dejó a los lectores en falta de algo. Tal vez lo más lamentable es que haya cometido el error que el oponente esperaba para apretarlo contra las cuerdas, cuando en realidad debería haber sido mucho más precavido sabiéndose en medio de un campo minado. Estaba en medio de una guerra, quiérase o no, de modo que ganaba el que tuviera más paciencia y el que cometiése menos errores. Personalmente me desespera ver que los periodistas siempre tengan que apoyarse en la cita de una fuente para poder decir algo por el canal que manejan. En ese sentido el periodismo investigativo es mucho más atrayente, al menos permite vislumbrar otras rutas más afortunadas para la denuncia. Pero existe otro periodismo choto, el que más se practica en el país, que consiste en recolectar declaraciones de personajes y luego buscar su contraparte en el otro bando, para volver el asunto una marea de opiniones que van y vienen. No se pregunta la opinión mucho por la capacidad que puede tener para responder el entrevistado, es más porque se llama nanito o fulanito, es conocido y su nombre ligado a ciertos criterios facilita la tarea de los que necesitan vender las noticias. Son muy buenos algunos medios de comunicación de gran audiencia para instalar arenas de discusión entre sectores, aunque estos espacios no aumenten ni un pelo a la comprensión del problema y trabajen para subir la inflación de opiniones sin sentido.
¿Te interesa ser alguien en la vida? ¿Acaso te preocupa ser diminuto, pequeño? No hay nada de malo en ser diminuto, ser un desconocido. En realidad, siempre profesé un cariño especial por los seres imperceptibles, los parias, los perdedores, los que son como gotas indiscernibles. Son muy ínfimos en sus medidas externas, no me refiero al físico, y sin embargo tienen la riqueza interna de todo un continente.
Hoy desperté con enormes deseos de leer, leer, y es que tengo tanto de bueno para leer en mis cercanías. Me animé a sacar del estante el libro de Henry Miller, "El tiempo de los asesinos". Es un libro que me conecta siempre con la sabiduría de un místico salvaje. El denominativo sirve para ambos. ¿Servirá para mí? A veces me molesto por mis respuestas demasiado automáticas, tan propias de un muchacho educado, y de mi forma de vestir, tan correcta en los días laborales, camisita y pantalón, con una camisita remangada. Es Santa Cruz, clima tropical, no se tiende a vestir mejor, sólo disminuye la ropa, es cierto que siempre se puede tener elegancia. Pero a mí me gustaría vestir de la manera más ligera. ¿Por qué no lo hago? La verdad es que siempre he preferido comprarme libros antes que ropa. En alguna ocasión compré unos guantes negros de boxeo Everlast. Los tengo todavía, son una especie de objeto especial en mi armario. En épocas de universidad frecuentaba a dos compañeras que preferían algunos días comprarse un cd de música o un librito antes que gastar en el almuerzo. Ambos rondaban los 15 bs. No se puede hacer lo mismo en muchas ciudades del mundo. En La Paz esto era posible. ¿Pero a quién diablos le importa esto que digo? Más interesante es seguir con la relación Rimbaud-Miller. El libro todo es el manifiesto de un poeta, un artista, un escritor en resumidas cuentas.
El tiempo de los asesinos es un libro acerca de las rupturas que se sufren en la vida. Momentos de ruptura en tu caminar. Se habla como se camina dicen por ahí. Si tu caminar es inseguro presentirás ya cómo asumes el habla de tu idioma. De golpe esto me permite ver una cosa. En Santa Cruz, los cruceños no andan con vueltas, se sienten muy seguros de su pertenencia a la tierra y hablan como tal el "vos" en lugar del "tú", que es por sí solo ya un refrán que marca identidad. Se trata de una influencia del Río de La Plata. Vivo en la calle Buenos Aires y de algún modo presiento que esta ciudad tiene mucho que ver con su par en Argentina. No se dice "tienes" sino "tenés". En la marea de acontecimientos que tienen por protagonista a esta ciudad, se destaca su orgullo por la región, donde los parientes dan a veces la impresión de querer prescindir del resto del país en ciertas actitudes. No digo que sea un intento de separatismo, como se ha afirmado en el pasado, es simplemente una voluntad de avanzar y estimular lo que tienen en la casa. Incluso respecto de su literatura y sus escritores, también de su gastronomía. Hay una timidez más típica del kolla con la que no se sienten conectados, tampoco con ciertas actitudes de miramientos o susceptibilidades, el camba es más abierto, más metedor, vive mucho de lo visual, de la apariencia, al menos eso refleja el imaginario colectivo que alimentan con sus fiestas a lo largo del año.
Es éste el texto de un hombre ínfimo. Que tus cuentas sean de dos más dos. Que tu paso por esta tierra sea fulguroso, pero no por sus victorias aparentes, sino por aquellas que cobijas secretamente, que fueron alimento para ti y para muchos que te rodean o te rodearon. Ni siquiera presumas de ser escritor, porque no lo eres de una manera mucho más especial que cualquiera. ¿Acaso aquella muchacha que escribe su diario personal noche tras noche no es también una escritora a su modo? ¿Y los que mantienen correspondencia con sus queridos o queridas durante grandes porciones de su vida? "No, pero ellos no publican" dirá algún holgazán creyendo sonar más listo. Sin embargo, publicar no es otra cosa que compartir, desear transmitir una especie de testimonio único e intransferible. No se trata de engrandecer a ningún escritor por haber puesto ciertas palabras juntas en una cierta manera. Los grandes maestros son los que no enseñan nada. Otra cosa es cómo impulsan a otros para que asuman lo suyo, su propio mundo, su colectividad. Hace un buen tiempo que me deleito cuando leo estas líneas del Tao Te King:
El maestro eminente es ignorado por el pueblo/luego viene aquel a quien el pueblo ama y odia/el maestro eminente se guarda de hablar/y cuando su obra ha sido consumada y su tarea cumplida,/el pueblo dice "esto viene de mí mismo"
¿Pero por qué hablamos de maestros? Un verdadero escritor adquiere una lucidez distinta respecto de la vida. No es necesariamente un maestro, pero algún efecto pedagógico tiende a producir. ¿Lo espera? Tal vez un poco. Pero existe primero un profundo respeto por los derroteros que debe seguir el otro. No se puede uno meter con lo que está más allá de lo que la humildad le permitiría asumir. Por ello ni siquiera esperes reconocimiento por lo que escribes. Ni siquiera presumas de ser escritor. Eso sólo se sabe al final de la ruta, si alguien deviene escritor. El escritor escribe para devenir otra cosa, para devenir perro, cucaracha o mono. Con esa línea Deleuze desorganizó lo que yo creía saber, lo puso de cabeza y me proveyó de una visión completamente distinta. Te invitan con mucho cariño a presentar tu libro, te proponen armar una actividad cultural a partir de ello. Palabras elusivas a cargo del arquitecto... Y luego otra persona de una institución con sus palabras de circunstancia... Les pido que lo ceremonioso del asunto esté ausente, o lo reduzcamos al mínimo. No hay por qué crear una situación de una media hora de fama para un desconocido, un completo extranjero que viene de lejos. El acto es primero de cariño, de devolución, porque fue esa tierra la que me cobijó en la construcción final del libro. Salí a La Paz y también a Santa Cruz. Pero tuve que volver a vivir en Oruro por unos meses antes de iniciar el salto largo, y sólo fue en ese retorno que encontré el clima que requería para escribir el libro. El primer agradecimiento es a mi familia, el segundo es a mi tierra, que no queda muy bien rayada pero que oscila entre Oruro y La Paz. ¿En cuánto tiempo escribió su libro? No lo sé con seguridad. Según mi cumpa contiene apuntes de un largo tiempo, podría decirse más o menos que de unos diez años. Los materiales comencé a tenerlos el 2003 cuando entré a Filosofía. Pero sentarme a escribir el libro, eso fue el 2012, inicios del 2012. Y el primer manuscrito lo terminé en julio creo. - ¿Qué fue lo más difícil? Vivir muchos de esos días con la sensación de que podría ser otro de tantos intentos que se quede en el camino, y que tarde o temprano terminaría dejándolo para pasar a hacer otra cosa. Ante todo no quería dejar esa empresa a medias. Dejé la carrera de ingeniería civíl y eso marcó la presión de los siguientes años. Tenía que tener una buena razón para haberlo hecho, y lo que he podido hacer o dejar de hacer desde entonces resuena como un eco de aquella decisión. Nadie más es responsable de ello que yo mismo. Cuando leí "El existencialismo es un humanismo" sentí que me ayudaba a explicar algunas cosas que había hecho. También me impactó "La pedagogía del oprimido" de Freyre aquel primer año. - ¿Por qué es difícil escribir un libro? No sé si lo sea para todos. Cuando veo Revistas como Ñ de Clarín o Babelia de El País me sorprendo con la enorme cantidad de libros que se están produciendo ahí afuera. Da un poco la sensación de que medio mundo escribe y publica. Los articulistas ahí son todos muy buenos, existe muchísima gente que escribe y mucho. - ¿Qué es escribir al final de cuentas? Pienso para mi coleto que escribir es tener un deseo de asimilar mejor algo, registrarlo, meditarlo, darlo vueltas, conectarlo con otras cosas, hacerlo proliferar. Muchos deciden vivir sus vidas embarcados dentro del trámite de lo cotidiano, hay muchas cosas que ya ni recuerdan que vivieron, pasan por una cosa una y otra vez. La disciplina de escribir te permite ordenar un poco tu mundo, organizar tu mente, tu camino a seguir, lo que te marcó en ciertas relaciones y encuentros... Luego hacer el libro es darle una forma de conjunto a muchas de esas anotaciones, hacer que proliferen algunas, cortar otras, conectarlas aquí y allá... Lo difícil es atreverse a asumir el reto. La capacidad de comprensión se extiende por lo que se lee, y la maquinaria del organismo se aceita por el acto de escribir. Se respira con aliento renovado, los ojos se expanden. Es toda una gimnasia, un acto que pone el cuerpo en juego. Tiene un costo, exige mucha vitalidad, sobre todo cuando se tiene la sensación de que la literatura y la vida adquieren una conexión especial gracias a la escritura. En mi caso lo difícil de escribir un libro reside en que trabajo con muchos libros alrededor, necesito construir la atmósfera propicia. Después de cierta cantidad de vasos de agua que tomé, y de lecturas aquí y allá, finalmente llegan momentos en que siento que puedo sentarme a escribir, es hora de poner en marcha la máquina. Es un poco como avanzar en el desierto con un depósito de agua, lo tienes sólo por un determinado tiempo. Temes que ese tiempo expire antes de que puedas acabar el libro. Se lidia con una presión más o menos constante, escenarios que se construyen en tu cabeza. Hay expectativa por lo que vas a hacer, pero solamente tú sabes que será algo completamente diferente de lo que se podría esperar. - ¿Qué es esto del "Pensamiento inalámbrico"?
Es un concepto, hay muchas maneras de apropiarse de él. No se trata tanto de comprenderlo sino de captarlo para uno mismo, lo cual es apropiarse del concepto. Yo lo puedo explicar de una forma, pero otro lector diría que lo entendió de manera opuesta. Él también tendría toda la razón. Lo importante es el uso que se haga de él. - ¿Podrías explicarlo un poco más? Tal vez con ejemplos. Bueno, el libro no es autobiográfico, aunque mis vivencias sean sin duda parte de su alimento. De todos modos viví ciertas cosas con las que imagino muchos podrán relacionarse. Por ejemplo haber salido de mi casa a los 22 años, cuando tenía todo para seguir viviendo en ella y estudiar una profesión técnica, eso me hizo saber lo que significa romper ciertas ataduras que parecen ser muy arraigadas. Puede decirse "desconectarse". Pero no se pierde nunca el contacto, el vínculo, la sensación de "estar con" aunque eso que sientes cerca esté lejos. La distancia es muy engañosa. Puedes vivir con una persona y sentir que hay un campo de fútbol que los separa. Y puedes vivir en un país diferente y sentir tan cerca la presencia de los que amas hasta en los actos más cotidianos. Los vínculos de la vida son inalámbricos. Hay que cortar las cadenas, las cuerdas que nos amarran e impiden cumplir nuestro potencial, pero no por ello ser como gallinas sin guato. Hay que desatarse pero mantenerse conectado -esa es una buena manera de resumirlo. En el libro intento explicar aquello de diversos modos. Y lo inalámbrico tiene sus propias cualidades, a nivel del pensamiento, de formas de vivir, de amar...
- ¿Cómo influyeron tus vivencias en la construcción de la idea? Mi experiencia es la de haber roto un patrón en el que se suponía debía continuar mi educación y mi vida. Mis padres fueron muy comprensivos en el momento que me pegó el rayo y supe que debía dar un giro dramático a mi vida. Tenía muchas comodidades en Oruro, tenía todo en mi casa, los seres más queridos de mi vida, mi hermana que ya por sí sola hace resplandecer mi alma, y también los amigos, los lugares conocidos, las certezas, pocas pero certezas, y una manera de responder a demasiadas preguntas importantes según las respuestas que me había enseñado en la casa, la escuela y la iglesia. A pesar de ello siempre viví un mundo fantástico con mi hermanita, siempre supimos crearnos un mundo dentro del mundo, sobre todo los largos años que vivimos en una casa que era pequeña, no salíamos mucho siendo niños, y la planta de arriba estaba habitada por nuestras abuelas, personajes que marcaron parte de nuestra infancia. Configuramos nuestras líneas de fuga de la manera más imaginativa que puede permitir la infancia.
Después llegó un punto en que la ciudad de Oruro dejó de ser para mí, o yo para ella. Esto fue a mediados del 2002. No me conformaba la vida de estudiante de ingeniería civíl. Veía demasiada dejadez en la ciudad, sentía que ya la había exprimido, quería aprender mucho más. Oruro no era ya una ciudad para mí, tampoco para mi familia. Pero en aquel tiempo sólo pensé en mí, en mi individualidad, mi aventura. Fui egoísta. Eso era parte de mi inmadurez. Murió mi abuelo, a la siguiente semana ya me iba a La Paz a instalarme en casa de mi tío. A parte había decidido que la Iglesia Católica tenía demasiado poco para ofrecerme en cuanto al cultivo de mi espíritu. Rompí con el seguimiento de las prácticas que los curas inculcan. No he dejado de pensar que el catolicismo es una especie de escuela para principiantes, tiene una serie de fábulas maravillosas, te contacta con un hombre extraordinario como Jesús, te explica muchas cosas con cuentos, es como para niños. Pero en cierta edad ya le toca a cada uno proseguir su camino espiritual, es la edad en la que sus preceptos son mucho más cadenas que guías. Fueron mis lecturas sobre el Jeet Kune Do de Bruce Lee, no aferrarse a las formas, algunos fragmentos de Krishnamurti y luego Osho con su mirada del taoísmo de Chuang Tzú los que dispararon gran parte del asunto. Despertaron en mí una percepción hambrienta por rasgar las paredes de la realidad inventada que se nos ponía ante los ojos. Me dije basta de quejarse y hacer algo. Habían muchas cosas que necesitaba comprender mejor. Me propuse una misión, pensar mi actividad vital, mi profesión, de manera que su formación me permitiera aportar algo real a nivel social. No basta con regalar un par de prendas o comida a una madre pobre que ves desparramada en la calle junto a sus nenes. Me volví más crítico, asumí con mayor confianza mi natural rebeldía, mi inconformismo respecto de las normas, mi rechazo a las cosas que se hacen por obedecer autoridades, mi poco gusto por la costumbre. La vida tenía otro color, comencé a hacer lo que más me gustaba, daba clases de artes marciales en el gimnasio de un amigo y leía todo lo que podía de mis intereses.
Hoy puedo decir que comprendo muchas cosas mejor. Esto no me ha prevenido de meterme en situaciones difíciles, no soy el exitoso que vuelve a casa ni mucho menos. Soy un ser humano más en pleno desarrollo, tengo algo para compartir que es mi manera de devolver a la vida, y eso lo plasmo en el libro. No hay mucho más que decir.
Michel Onfray tiene ciertamente un perfil muy interesante, provocador, al menos despierta curiosidad su propuesta. Lo descubrí el año 2009 en la librería Yachaiwasi de La Paz, justo cuando estaba a punto de dar mi primer paso hacia Santa Cruz. Cito estos datos porque de alguna manera se quedan grabados, y son parte de la geografía de encuentro con un autor. Aquella oportunidad el libro en el estante era su Manifiesto por la Universidad Popular, donde plantea los lineamientos de un espacio de resistencia que ofrece una enseñanza distinta de la filosofía a la que ofrecen los institutos educativos y la Soborne.
Me gustaba que intente recuperar el Jardín de Epicuro como imagen a seguir. La Universidad Popular fundada por Onfray nació en Caen el 2002, pero ya se extendió a otras ciudades de Francia y Europa; su última ocurrencia fue la creación de la Universidad Popular del Gusto. La base teórica de sus propuestas no deja de ser seria. Leerlo es una experiencia amena, ilustradora. No ofrece la misma riqueza de giros y profundidad intelectual que encuentro en los libros de Peter Sloterdijk o de Slavoj Zizek. Pero Onfray tiene una idea muy definida de los contenidos que le interesan y el modo en que quiere presentarlos.
No se crea que este filósofo, autobautizado como hedonista, le escapa a las lecturas exigentes o trabaja ligeramente. En unos videos disponibles en youtube con subtítulos en español, en el canal "lindamuchacha", Onfray describe su modo de trabajo. Para preparar sus clases en la Universidad Popular Onfray ha estudiado obras completas de ciertos autores que después agrupó en su serie de libros "Contrahistoria de la filosofía"; son 10 tomos a la fecha. Fuera de este apunte, el caso es que Onfray lee, toma apuntes y escribe casi de manera obsesiva. En el video nos muestra sus cuadernos de apuntes, las manías que tiene de no escribir en el reverso de las hojas, cómo coloca sus ordenadores de lectura, etcétera. Claro que no se puede generalizar un tipo de operación con la palabra lectura. Existen diversos tipos de lecturas, y dado que Onfray revisa más de 1500 páginas por autor, debemos cuestionar el grado de detenimiento y de conexiones que le exige a su lectura.
Hace mucho tiempo, leyendo la revista española Dojo, dirigida por Pedro Conde, me enteré de que Sugar Ray Leonard había expresado su profunda admiración por Bruce Lee en una entrevista que concedió a la revista Playboy, allá por los años 80. El dato me resultó estimulante. Hay que ver un poco la coreografía de boxeo que arma Bruce Lee en "Puños de furia" y "Retorno del Dragón": en la primera, en la escena final, Bruce muestra la velocidad, soltura y precisión de su jab, además de unas combinaciones vertiginosas finalizando con el puño vertical. Ya en la segunda película, filmada en el Coliseo de Roma, Bruce muestra sus cualidades defensivas, filmadas desde el ángulo ideal, cuando Chuck Norris le lanza un 1-2 al rostro, Bruce utiliza una esquiva y una inclinación hacia atrás, deja que el golpe se acerque lo más posible, y sólo en el último momento inicia el contraataque, cuando ya el agresor no puedo retractarse ni retirar su puño, quedando abierto.
Son pequeños detalles que nos maravillan a los que hemos visto y estudiado esos films. Véase la pelea de Sugar Ray Leonard con Benitez, un joven campeón invicto que hacía gala de un veloz jab constante. Esa pelea se definió en el duelo de jabs, y hay que ver cómo Sugar salió triunfante. Su manera de perfilarse, la manera en que oculta la mano adelantada, el juego de pies en combinación, la elusividad, todo eso hace recuerdo a la agilidad felina de Bruce Lee. Sugar Ray lo estudió y lo llevó a su estilo. Es el ejercicio de un lector activo.
Bruce Lee nació en noviembre de 1940. Murió en julio de 1973. Recordamos su muerte, a 40 años de aquel fatídico episodio de resistencia a una pastilla médica, una mala combinación química.
"Lectura.
Instrumento
del proceso cognoscitivo de determinadas clases de información o ideas
contenidas en un soporte y transmitidas mediante algún tipo de código, usualmente
un lenguaje visual, táctil o auditivo, que permite interpretar y descifrar el
valor fónico de una serie de signos escritos, ya sea mentalmente o en voz alta".
Ley del Libro y la lectura Oscar Alfaro
En Santa Cruz se vive con
especial entusiasmo la llegada de las diversas ferias que engalanan el año de
ésta bella ciudad. La Expo Feria, por ejemplo, lo paraliza todo durante el mes
de septiembre. La Feria del Libro no tiene el mismo lugar acaparador en las
preferencias de la ciudadanía, pero despierta atención y promueve vida social
en un espacio diferente, con los libros pasando a ser un poco el decorado de la
ocasión.
Es posible que esta última
afirmación despierte una mirada chueca en algún miembro de la Cámara del Libro,
pero no tiene el objetivo de enemistarse con nadie.
Veamos. La última Feria del Libro cruceña se
realizó entre mayo y junio de este año. El periódico La Razón publicó una nota
informando que asistieron 116 mil visitantes en esas dos semanas. Fantástico. Jorge
Luis Rodríguez, presidente de la Cámara del Libro, se sintió complacido con la
cifra, que establecía un nuevo récord. “Teníamos varios objetivos para este año
y logramos cumplirlos todos. Se puede decir que cada nueva versión de la feria
representa un éxito más grande que las anteriores ocasiones”, señaló a modo de
balance inicial.
¿Pero se puede decir que
por esa Feria del Libro la gente lee ahora más en Santa Cruz? Más importante
aún, ¿acaso han aprendido a leer mejor lo que leen? Porque no basta con decir
que se conoce el alfabeto para decir que se lee. Jesús Urzagasti planteó una distinción en un gran artículo ("El libro en manos del analfabeto"), entre el analfabeto a secas, y el otro que es el analfabeto funcional. El
primero nunca tuvo las posibilidades de acceder a educación; el segundo es el
que no lee porque no le da la gana, aunque haya ido a la escuela e incluso se
haya enrolado correctamente en la maquinaria social.
Los institutos que venden
paquetes para leer más rápido, o captar más palabras por segundo, podrán hacer
su agosto creyendo que ellos poseen la fórmula para la lectura. Pero sus afanes
les son ajenos a los organismos entrenados para la ficción. En realidad, en una feria del libro, el
agosto lo hacen los libreros y las editoriales, y de manera completamente válida,
puesto que arman su plataforma de negocios como se hace en cualquier otra
industria.
Lo que sí sería
conveniente es diferenciar entre las Ferias que organiza la Cámara del Libro,
que equivocadamente se apellidan “Del Libro”, y otras plataformas que realmente
se ocupen de la lectura como herramienta de formación ciudadana. En realidad lo que siempre
vemos son Festivales de las editoras, de los libreros y las imprentas, y en
Santa Cruz también del periódico El Deber. Porque si se tratara de fomentar la
lectura, sería muy distinto. En ese caso se pensaría primero en el lector. Sin embargo, en
los Festivales de las Editoras sólo se aprecia al consumidor, y el libro es de
repente mera mercancía. Lo decía así Jesús Urzagasti cuando criticaba la
encapsulación del aliento mágico del libro en favor de su impulso comercial:
“el libro viene con el prestigio del antiguo hechizo de la lectura pero pierde
el aliento y se desmorona entre tantos intermediarios, fríos y desconocidos”.
Puede esto constatarse
cuando una librería bastante elitista por sus precios, como El Ateneo de Santa
Cruz, anuncia que poblará su stand con un nutrido número de ejemplares del
último libro de conspiraciones de Dan Brown como oferta central. Lo mismo pasa cuando el sello
editorial Comunicarte hace noticia por su masiva venta, durante
la Feria, de un libro de historias de superación que anuncian como “el nuevo “best seller de Bolivia”: Manjar para el corazón del adolescente. Pido disculpas al lector que acaba de echar la tasa de café o atorarse con la empanada que estaba comiendo después de leer estas líneas, pero la realidad es que es esa la gran literatura que triunfa en la feria del libro cruceña.
Pero no es todo esto
motivo de queja o lamentación, simplemente cabría hacer diferenciaciones.
Frente al Festival de las Editoras, podríamos los demás construir un espacio
alternativo que se llame Bienal del Libro. (¿Dónde están los escritores
independientes, que en la Feria del Libro fueron devorados por la maquinaria
editorial?) La intención de organizar una Bienal de la Lectura sería intervenir
efectivamente el espacio social donde se realice. Debería servir para realizar
diagnósticos del estado de la literatura de la ciudad. No quedarse en la
presentación de las novedades, sino rumiar también lo valioso que pasa
desapercibido. Enseñar que leer no es una sola cosa, más bien que existen
prácticas de lectura múltiples, unas cargadas de tristeza, otras rebosantes de
un deseo inagotable de conexiones. Que leer no es descifrar lo que otro quiso
decir, sino encontrar nuestras relaciones contemporáneas con tal o cual libro;
y crearlas si es necesario.
En esta Bienal de la
Lectura no nos preocuparíamos por las estadísticas, ni por acumular
expositores. Se instalarían espacios grandes con asientos cómodos para que los
lectores puedan cortejar al libro de su preferencia, sin que el vendedor esté
encima para apurar la compra. ¿Han visitado la librería Ateneo de Buenos Aires?
Porque para salir a la caza de un libro debe uno ponerse en estado de ánimo,
centrar un poco los sentidos, y comenzar a hojear. No es lo mismo que ir a una
feria de calzados o artesanías para el hogar.
En todo caso, no se trata
de pedir que desaparezcan las mal llamadas Ferias del Libro, que organiza la
Cámara del Libro. Simplemente hay que constatar que su formato es insuficiente
para decirnos algo sobre prácticas de lectura. Que cumple su función en cierto
nivel, pero después deben crearse espacios posteriores. Pues una Feria del
Libro muchas veces capta la atención de alguna gente por el acto de leer, pero
no se trata de que lean cualquier cosa y de leerla como sea. Se debe hacer
también un trabajo para encauzar ese interés despertado por la lectura en los
ciudadanos de todas las edades.
Finalmente, recuérdese que
la Feria del Libro cruceña estuvo marcada por la reciente aprobación de la Ley
del Libro y la Lectura Oscar Alfaro, donde se precisa un concepto de la lectura
opaco, demasiado burócrata, que citamos en el epígrafe. Es una ley cuadrada a la medida de
sus ferias. Lo curioso es que mucho se habló de si los libreros dejaban de emitir facturas o no por los libros, pero nadie se acordó de hacer algo por el escritor. Ni se puso una
medida definitiva contra la piratería en nuestro país, ni se tocó siquiera el
tema de los pobres porcentajes que conceden las editoriales a los escritores nacionales por publicar sus libros con ellos. El festín es de los intermediarios, por
ahora. El banquete del escritor(a) y los lectores pasa por una complicidad de
músicas por venir y comunicaciones silenciosas.
¿Por qué algunos nos sentimos atraídos a seguir los vericuetos de la temporada 14 de la serie The Bachelor? La pasan por MGM en las noches, cuando deambulo por la televisión suelo encontrármela. El soltero de la sesión se llama Jake Pavelka. Lo más atractivo para mí son algunas hermosas mujeres que desfilan por el programa. Personalmente, lo que más me atrapa de la serie es observar cómo se dan esas relaciones y van creciendo, el cómo actúan ciertas mujeres en ese periodo corto de tiempo, cómo todas reaccionan de diferente manera a la presión, algunas se apresuran, casi se entregan, otras no olvidan tener algo de prudencia, como el caso de Gia, y luego de Tenley. Hablemos de los personajes. Dejemos a Viena para el final. Tenley me parece bastante dulce y bella, también un poco inocente. Seguramente este juicio es casi unánime, me guío un poco por las opiniones que dan de ella las otras mujeres en el show. Ali es una mujer muy segura, atractiva, independiente, divertida, de personalidad bien definida; una mujer que te desafía a exigirte a ti mismo ser también un hombre que esté a la altura. Gia por su parte, la única que no es rubia de las 5 finalistas, es una hermosa y sofisticada mujer de piel morena; es una verdadera dama, se conduce con suavidad, madura, demuestra saber lo que quiere, parece algo conservadora, pero es elogiable su valor para no dejarse llevar por la vorágine del show.
Jake Pavelka es un piloto de aviación, de 31 años. Recuerdo haberlo escuchado en alguno de los programas diciendo que siempre había terminado siendo el chico bueno que queda lastimado. Creía por tanto que merecía tener mejor suerte en el amor. Los productores de The Bachelor lo eligieron para protagonizar la temporada 14; una primera señal de que la suerte podía estar cambiando para él. Por cómo presentan el show, casi pasando por encima la inteligencia de la audiencia, en este reality show tienes que encontrar, sí o sí, entre las 20 0 25 chicas que compiten, al amor de tu vida. No importan todas las demás posibilidades que existen afuera y los momentos que te esperan sólo a ti por vivir, es en ese show y durante el tiempo del programa que encontrarás a tu amor. El programa tiene diseñadas una serie de actividades, citas grupales y a solas que te garantizan que funcionará para ti. Más difícil aun parece ser para las participantes, que casi se tienen que forzar a dejarse llevar, a abrirse, a sentir cosas profundas por el soltero de turno.
Ali y Tenley, dos de las preferidas de la temporada
Todos sabemos que al final Jake se queda con Vienna. Investigando un poco en youtube me enteré de que Jake y Vienna no resistieron la transición post-show y rompieron la relación, con un escándalo televisivo de por medio. Al parecer Vienna fue a algunos programas para hacer ciertas declaraciones que dejaban malparado a Jake, quién se vio obligado a pronunciarse públicamente. Es casi gracioso cómo, a lo largo de la temporada, muchas de las chicas parecen tomársela con Viena, que parece no caer bien a nadie. Algunas de ellas le dicen a Jake que tenga cuidado con ella, le dicen que no es buena, influyen de uno u otro modo en su juicio, todas desean que se vaya. Por supuesto que esto pone las orejas del soltero en remojo, pero al mismo tiempo lo confronta con una especie de capricho, una terquedad de mantenerla y seguirse dejando llevar hacia algo que él normalmente no hubiera elegido. Era una chica que, como él mismo decía, se encontraba fuera de su zona habitual de confort, pero quería tomar riesgos y salir un poco de lo que hacía siempre. Esto era algo muy personal.
Aunque capítulo a capítulo se va construyendo la imagen de un Jake creíble, carismático, sano, de buen corazón, casi un ángel, no puedo dejar de intuir que bien puede ser uno de esos muchachos de mucha onda, bastante vacíos, que se pasa la vida en fiestas de alta intensidad y que también es adicto al sexo casual, unido a cierta frivolidad, como toda una clase de yuppies contemporáneos. Recuérdese que había en la serie una rubia que echaron en los inicios por haber tenido relaciones sexuales con uno de los productores, y la echaron bastante temprano. Probablemente ella haya sido uno de los match ups para Jake, o para ese lado de la personalidad algo narcisista de Jake. Sin embargo, lo que ofrecía en la serie era una versión bastante angelical de sí mismo.
Lo que me interesa es ver cómo, en los últimos capítulos, fue eligiendo sus cartas y tomando decisiones, después reveladas como incorrectas. Nuestra ventaja es la misma que tiene el espectador con el replay respecto del árbitro, que decide sobre la jugada. Jake se quedó con sólo rubias excepto Gia. El primer criterio de selección, por atracción física, estaba claro. Se notaba de la confianza e intimidad que tenía con Ali, también con Tenley, en dos relaciones distintas por supuesto. Con Vienna en cambio se notaba otra cosa. Habían saltado el puente juntos, y él parecía encontrar en ella fortaleza, como si le compensara algo que él no tenía. Pero ella daba muestras de estar ahí para competir, mostraba un poco esos rasgos de esas chicas mimadas que no saben aceptar un no por respuesta, y cuando lo oyen hacen pucheros o sueltan la jeta hasta que obtienen lo que quieren. Vienna, de 23 años, parecía competir por ganar el juego antes que por estar con Jake, su modo de hablar lo denotaba a momentos. Sin embargo, no creemos que haya sido simplemente egoísmo de su parte, también parecía sinceramente impresionada y atraída por Jake. El problema es que era la más inmadura emocionamente de todas las finalistas. Jake no lo supo ver, pese a que decía estar buscando a su futura esposa.
La cuestión del sexo se toca superficialmente en las conversaciones del show. Tal vez sea una cuestión de tino respecto del público que esperan, de modo que la mayor parte se maneja dentro de la correctitud. Pero fue aquella carencia de locura y quizá de deshinbición en la cama lo que pareció decidir finalmente a Jake por Vienna y no por Tenley. (Seguramente Ali habría sido al final la más completa de todas, pues parecía ser no sólo sexi sino también deseable en los artes del amor). Pero Tenley era dulce y suave, y sobre todo conservadora, poco variada en la intimidad por lo que presiento, y es un poco lo que Jake le reclama al final, cuando le dice que no parece haber la suficiente "chispa" entre ellos. (Recuérdese que ella misma reconoció haberse casado con el primer hombre y único que tuvo una relación, y luego de su divorcio parecía haber extrañado otras vivencias). Sin embargo es respetable la posición de Tenley, que también parecía una de las más sensatas: ella quería que esa pasión fuese creciendo, que la cuestión del sexo evolucionara por su cuenta. En suma, ella parecía creer que el show sólo te puede dar la certeza de que tienes con cierta persona algo para trabajar, continuar e ilusionarte. Si no termina en matrimonio la serie parece ser un fracaso. Pero es una exageración que se mantiene para atrapar a los televidentes, no está muy difícil verlo. A medida que avanza el show Jake parece irse quedando con pocas opciones. Me da la impresión de que ha jugado mal sus cartas. Puesto en esa situación, sólo le queda jugarse por el fuego, la pasión loca del momento, que encuentra con Vienna. A pesar de que él solía decir que lo primero que se fijaba eran los valores familiares de la mujer, pareció ser el factor del buen sexo el que definió su decisión. Puede llamarle "química", pero sabemos de lo que habla. Por otra parte, esto era algo completamente previsible -el muchacho piensa como hombre, ¿quién puede culparlo? Le corresponde a cada uno sacar sus propias lecciones de este simulacro de la vida. Lo que seguramente hubiera sido diferente es su elección si Ali hubiera quedado entre las dos finalistas. Pero Ali eligió irse por la cuestión del ultimatum que le dieran en su trabajo, pues decía que no podía darse el lujo de perder ese trabajo. En cierto sentido pareció como si hubiera sido su manera de colocar a Jake en una posición de presión como prueba. Posteriormente ella sería elegida como la soltera codiciada de la siguiente temporada. Mientras que a Gia, que deseaba ir más lentamente, Jake la eliminó del programa por esa su poca apertura afectiva que mostraba, según Jake. No veía que el contacto íntimo estuviese cerca es lo que parecía decir. A la larga, si lo que quería era una mujer para compartir sus próximos 30 años, Jake debería haber valorado más el factor de la lentitud. Debería haber considerado con algo más de inteligencia que el show era un simulacro de la vida, y que las cosas en serio comenzarían cuando se vieran fuera del show, sin la presión ni la atención de televidentes, sin los lugares paradisiacos, los hoteles caros, la vida de invitado en todas partes, ni los lujos ni los falsos detalles, ni las escenas editadas o las conversaciones detrás de cámaras. Sus egos tendrían que volver a la realidad, ser como todos, una pareja que debe lidiar con problemas mundanos, como dónde vivir, en el depa de quién, qué hace cada uno por la relación, quién prepara la comida los fines de semana, dónde salir... Lo cierto es que Vienna y Jake no pudieron tolerarse, lo cual termina de poner a la vista las falacias de la propuesta del show. (No son la primera pareja del reality show que se separa después de haber consumado su amor en vivo). En un programa de postemporada, con el careta de Chris como anfitrión, Jake se quejó de la falta de respeto de Vienna, diciendo que lo disminuía siempre que podía, además que lo interrumpía demasiado cuando hablaban y discutían; tema recurrente en muchas mujeres, sobre todo cuando están emociones e intereses de por medio. Pero ella contestaba con emociones disfrazadas de palabras, un poco salida de control, se quejaba de la poca motivación que él mostraba para sostener la relación. Al final se retira en llanto, pero nada se ha podido avanzar en la conversación, sólo trata de imponer sus puntos y ser la que más se expresa. Es torpe, es impulsiva, pero no le permite a Jake que le pida que no lo interrumpa. Es gracioso cómo queda de atónito Jake. Vean el video.
En youtube se encuentran algunas entrevistas que ambos coincidieron después de la ruptura. En siguientes temporadas incluso Jake participó de otro de los shows, entre los ganadores, pero ya liberado de su máscara de soltero soñado. Se convirtió un poco en el indeseable para varios de los otros personajes en aquella casa. Lo tildaron de manipulador, por decir algo. Y lo cierto es que, escuchando discutir a Jake y Vienna quedó más o menos claro qué es lo que quería Jake como mujer de su vida. Primero que sea muy sexy, joven, rubia, y que existiera esa química sexual entre ellos. Hasta ahí lo obvio. Pero luego también quería una mujer que lo siguiera viendo como alguien admirable, que le inflara el ego de tiempo en tiempo, que no lo contradijera, que siguiera siendo un poco como debían ser las chicas con él en el programa, siempre tratando de ganárselo más que ser conquistadas por él. Debe ser raro para cualquier participante el sentirse buscado y halagado por todas estas mujeres atractivas, y luego volviendo a casa ya no exista más la competencia y la mujer asuma el papel de que es la única, y todo comienza de nuevo, las cosas se emparejan. No más juego de vanidades... Debió haber influido en Jake, que manejó muy bien sus secretas intenciones durante el show. "No tengo absolutamente ninguna idea de lo que voy a hacer", es la frase que más gustaba usar, normalmente antes de las ceremonias de rosas. Parecía que había seguido algunos cursos de comunicación eficaz, de relaciones humanas y resolución de conflictos, siempre se mostró muy correcto y empático con los sentimientos de las otras chicas. A momentos lucía descaradamente hipócrita, por sus líneas inventadas, pero qué se le va a hacer, había que estar en sus zapatos. Seguramente, por pedido del mismo show le pidieron que se mantuviera políticamente correcto, pues un show que tiene por soltero a un perverso hombre que usa a las mujeres, seguramente no pegaría en los ránkings televisivos, pocos se relacionarían con él, o al menos mucho menos que una visión estandar de un tipo que es una especie de Ken en busca de la Barbie ideal. Es un juego de rosas que se entregan o se dejan de entregar, pero debería verse como un juego de cartas, ocho locos, o Uno, donde llega quién sabe guardarse las mejores para el final, y se deshace de ellas a fuerza de buscar la victoria.