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jueves, 11 de abril de 2013

PROGRAMA DE AMPLIACIÓN DE LA FILOSOFÍA VI



Hace poco leí un artículo sobre la filósofa Martha C. Nussbaum. Me trajo una idea: lo que hace falta en Bolivia es una propuesta de proyecto para ligar desarrollo económico y filosofía. Veamos por qué a nivel micro. Todos recordarán aquella conmovedora historia de Chris Gardner, contada por Will Smith y su pequeño hijo en La búsqueda de la felicidad; en la historia ambos pasan una serie de apremios y privaciones, mientras Gardner, sin contar con mayor apoyo, lucha por hallar seguridad y estabilidad en la persecución de un empleo como corredor de bolsa; es un caso particular que nos permitiría mostrar cómo y por qué es importante pensar la economía con la filosofía, no sólo aquí y no sólo ahora. En  el fondo, esa película nos habla de cuán egoísta es éste mundo, de cuán egoísta debes ser para alcanzar los niveles más altos del estratósfera social y económica. 
En todo el mundo se habla de motivación como una de las claves para tener éxito. El éxito es la categoría central, pero la motivación es una de las áreas en la que más se enfocan. En la historia Chris Gardner es un hombre que se automotiva a partir de ver a su hijo. Todos tenemos algo semejante que nos motiva a movernos en nuestras vidas. Pero cuando se dice que hay que trabajar la mente, empezar a pensar diferente para promover nuevos modos de vida, no es suficiente con motivar. La motivación puede ser también una manipulación. Muchas compañías que basan su éxito en la capacitación contínua a sus empleados y vendedores utilizan la motivación para empujarlos a la pista rápida de la carrera de ratas: correr por conseguir dinero para gastarlo en otros bienes que te obligan a tener más dinero para mantenerlos. El personaje de Will comienza a desesperarse, se pelea con su amigo del barrio por $us 14 que le debe; se baja de un taxi sin pagar, porque elige en ese momento que es mejor perjudicar al taxista antes que gastar ese último resto de dinero que podría servir para alimentar a su hijo. Y corre por la ciudad y el metro, y por un momento todos queremos que no lo atrapen. Pero eso es desde nuestra visión incompleta y parcializada de la historia; ya Will y su hijo se han ganado nuestra simpatía, y sabemos de sus circunstancias desesperadas. Sin embargo, ¿qué si el taxista estuviera viviendo una situación de escasez parecida, en caso de que esto haya sucedido así en la vida de Chris Gardner, el personaje cuya vida inspira la película? La motivación te enseña a ser egoísta, activa la voluntad, pero no una comprensión global de las cosas, de las situaciones en la que te encuentras. Puedes correr muy rápido, y hacerlo durante mucho tiempo, y llegarás, quizas antes de lo previsto, pero lo importante es ¿a dónde? ¿A qué costo? Por supuesto que funciona, tendrás para ti una manera de vivir, buena o mala, ¿pero a qué precio funciona eso para ti?

De modo que tenemos este proyecto. Unir desarrollo económico con filosofía. La idea aquí es potenciar la lectura como un paso inicial básico, el punto de partida y de llegada de la filosofía. (La lectura es para la filosofía lo que un aeropuerto es para el pasajero). Pensamos que es el medio para compensar la enorme desigualdad de nuestro país respecto de los países más desarrollados. En Europa, en ciudades como Francia o Alemania, lo que se observa es una educación mucho más alta, no sólo a nivel académico, principalmente de normas de vida, de convivencia en sociedad, respeto y cuidado del espación público, educación vial, respeto de los transeúntes respecto de las señalizaciones y cruce de calles, etc. Si en algo estamos atrasados en Bolivia es en educación y es esto lo que nos separa de un mundo de posibilidades. 

Entonces, leemos en un artículo publicado en el diario madrileño El País (13/0ct/2012) que la filósofa, 
Martha Craven Nussbaum, profesora de Ética y Derecho en la Universidad de Chicago, comparte su experiencia de haber desarrollado un proyecto que une economía y filosofía. "Nussbaum trabajó a partir de 1986 con el premio Nobel de Economía Amartya Sen en la iniciativa sobre capacidades, un enfoque diferente para medir el desarrollo de un país, en el centro de Naciones Unidas (UNU-WIDER) dedicado a la investigación en desarrollo económico". 

¿Qué hizo que Martha fuera invitada? Se forjó una reputación sin duda, que según el artículo mencionado es apabullante. No se limitó al curriculum extenso en docencia, además supo escribir un libro donde vertía su propuesta, el libro se titula: "Crear capacidades". 


Nussbaum detalla con detenimiento este enfoque en su último libro publicado en español: Crear capacidades. Propuestas para el desarrollo humano (Paidós). En él, hace un análisis del desarrollo social y económico, que lejos de estar basado en los habituales indicadores económicos, como el producto interior bruto o la renta per capita, tiene en cuenta los medios que pone un Estado al alcance de sus nacionales para que desarrollen las capacidades que cada ser humano encierra, y que ella resume en un decálogo. Lo que mediría el verdadero desarrollo, por tanto, sería que la gente disfrutara del derecho a la vida (“a una vida de duración normal, sin muerte prematura”, especifica la autora), a la salud física, a la integridad física (“estar protegidos de los ataques violentos, incluidas las agresiones sexuales y la violencia doméstica”), o del derecho a poder usar “los sentidos, la imaginación, el pensamiento y el razonamiento de una forma verdaderamente humana”. El decálogo incluye también “el poder vivir una relación próxima y respetuosa con los animales, las plantas y el mundo real”.



Se sabe que todavía ninguna nación ha utilizado por completo estas propuestas. No he leído el libro porque todavia no lo encontré en Bolivia. No se a qué se refiere con aquello de un uso "verdaderamente humano" de los sentidos la imaginación y el pensamiento". Puede ser tanto una crítica a los modos de operar de la ciencia como a la racionalidad económica, pero esas son ya críticas muy conocidas. Enfoca la cuestión hacia las capacidades, el derecho a desarrollarse, gozar de derechos, y plantea que se logre un consenso internacional para que se consideren derechos humanos fundamentales. 

Recuerdo que participé en un concurso de ensayo en Bolivia el 2009, la Revista Pulso proponía pensar bienestar en relación con economía, si su relación era proporcional, inversamente proporcional, etcétera. Desde luego, la crítica obvia era decir que el mundo es hiper-consumista, que aún con plata se puede vivir mal y cosas así. Así que, sin dejar de tocar esos temas del todo, planteé algo adicional: el concepto de "principio de economía" como línea de intersección. Era una manera de pensar sobre las formas de vivir, queriendo hacer del principio de economía algo que nos permitiera modificar nuestras maneras de valorar acostumbradas, inculcadas por el mismo sistema mucho más que decisiones propias. En esto, un poco más o un poco menos, estamos todos en la misma ciénaga. Más allá del resultado de aquel concurso, que me fue muy favorable, considero que comencé ahí una forma de trabajar y de plantear abordajes de ciertos temas desde espacios completamente externos, como queriendo ver qué es lo que puede aportar al análisis en tal disciplina, una mirada que ya no es ni siquiera multidisciplinaria sino más posdisciplinaria. 


Entonces encontrarme con Martha C. Nissbaum, una mujer madre de dos hijas, divorciada, plenamente desarrollada en su veta profesional, me ha alegrado mucho, porque me permitió ver un campo de trabajo que me mostró ser importante y reedituable en el pasado reciente, y ella lo llevó mucho más allá. Estas algunas de sus impresiones recogidas de aquel artículo de El País: 


Para Nussbaum, los estudios humanísticos son fundamentales en la forja de un saludable sistema democrático. “Son materias que nos aportan información sobre el mundo en el que vivimos”, dice. Y de entre ellas destaca la filosofía. “Como ya lo vio Sócrates, la filosofía tiene una capacidad única para producir una vida examinada, es una fuente de razonamientos y de intercambio de argumentos. Nuestro clima político actual es histérico, dado a las invectivas más que a los argumentos. Necesitamos de la filosofía con la misma urgencia que la Atenas de Sócrates”.


También creo que necesitamos de la filosofía, aunque no sé hasta qué punto se puede relacionar nuestra actualidad con la situación de la Grecia de la antiguedad. Pero sin desviarnos, apuntando al título de esta entrada, cuando uno organiza un Encuentro de Filosofía hoy en día, como parte de ciertas actividades internas de una Universidad como la Gabriel Rene Moreno en Santa Cruz de la Sierra, lo que se plantea de entrada es aquella pregunta: ¿Cómo puede hoy la filosofía servir a músicos y matemáticos, incluso cuando no trata de música ni matemática? Pueden conjugar la oración con cualquier otra carrera profesional. Por ejemplo, ¿por qué es importante que los estudiantes de derecho reciban cierta formación en filosofía? La mayoría de los que me he encontrado en la vida me dicen que les pareció interesante, y justo cuando sentían entrar en temas más atractivos, la materia terminaba, y sólo llevan una o dos materias en los primeros años. Sucede lo mismo en las áreas comerciales. ¿Por qué es importante que los estudiantes de administración de empresas, ingeniería comercial, contabilidad, entren en contacto con la filosofía a nivel formativo? 


LINK RELACIONADO:

Martha C. Nussbaum Libro

lunes, 8 de abril de 2013

Lecturas del fútbol boliviano (II)




Después de la victoria y el paseo de la selección verdeamarelha por el Tahuichi Aguilera, en casi todos los portales brasileños se leía que su equipo había triunfado ante "la débil", "la endeble" selección de Bolivia. Para ellos era más una cuestión de recalcar que el resultado debía medirse con cautela, no alegrarse demasiado por la goleada, pues la realidad se vería contra adversarios "de peso". En cambio, para nosotros los bolivianos fue una especie de confirmación, la goleada fue un deja vu. En el programa televisivo Deporte Total decían que lo preocupante no es simplemente que estamos mal, sino que estamos peor, pues ahora nos golean otra vez con frecuencia, ya no perdemos por resultados ajustados. Un análisis triste sin duda.

Y en casi todos los medios televisivos, tanto los conductores como los espectadores entrevistados se expresaron con voces derrotistas ("es nuestra realidad", "sabíamos que estamos por debajo", "había que apoyar aunque sabíamos que perderíamos"...). 

A esto hay algo que quisiéramos aportar. El problema no parece ser la derrota en sí, que es simplemente el resultado lógico de una manera de hacer las cosas. El problema central tiene que ver con la manera de enfocar el asunto. En Bolivia siempre se ha planteado metas como "llegar al Mundial", "hacer un buen papel", "clasificar a la segunda ronda", e incluso más de una vez: "no ser goleados". Pero, ¿cuándo ha sido proyecto hacer de la selección boliviana un campeón deportivo? El boliviano suele marginarse mentalmente de la lucha por los primeros puestos, casi como si fuera algo sobreentendido.

Entonces, hay que empezar por la manera de comprender las cosas. Todos los campeones deportivos tienen una mentalidad propositiva respecto de sus fracasos, ni siquiera les llaman errores, sino prácticas. Todo lo que logran es parte de un gran ensayo en vistas del objetivo grande: calificar a un torneo, batir un récord, ascender en el ránking, conseguir el título... Grandes tenistas como Steffi Graff o Roger Federer estrellaron la pelota a la red miles de veces en su camino a la cima del tenis. Pero ninguno de los coachs marcó aquellos tiros como fracasos: eran partes del aprendizaje. 

Respecto del partido Bolivia-Brasil, no importa tanto que haya sido una goleada, ni siquiera que se haya perdido, lo que angustia a todos es la sensación de "ir hacia ninguna parte" que ofrece nuestra selección y nuestro fútbol. En otras palabras, no existe un proceso dentro del cual se pueda enmarcar esta derrota como parte de un aprendizaje hacia una meta. 

En Bolivia nos hemos cansado de perder, toda nuestra historia es acerca de perder, es algo que nos marca hasta el día de hoy; la famosa "pérdida de salida al mar", la pérdida de extensos territorios a favor de países vecinos, y las miles de veces que hicimos casi todo lo necesario, pero de todos modos no logramos el objetivo deseado. A fuerza de ello, en Bolivia hay una cierta mezquindad que se ha hecho parte de la idiosincrasia nacional. Motiva mucho más el miedo a perder que el deseo de triunfar. Jorge Valdano escribe en uno de sus libros que el estilo de juego de una selección es reflejo vivo de la forma de ser y de pensar que tiene un país. Gran acierto. A brocha gorda, los argentinos destilan cierta insolencia y dignidad casi altanera en su juego; los brasileños transmiten la gracia y los ritmos de su carnaval en su fútbol pentacampeón; los paraguayos son  de choque y fuertes en juego aéreo; los charrúas son los de la garra y el compromiso... Pero, a falta de estilo y de señales referentes, en Bolivia se juega a no perder. 

Rara vez un equipo nacional querrá golear a su rival internacional. Normalmente se cierran a cuidar una ventaja mínima, y en esas muchas veces terminan haciéndose empatar o ganar en minutos finales; es la historia de nuestros equipos en Libertadores. La generosidad tampoco es sello de la verde. Y es importante marcarlo porque es un elemento que diferenciaba al equipo de Azkargorta en las Eliminatorias del 93; eso de convertirle 14 goles a Venezuela en dos partidos fue un acto de generosidad futbolera. 

¿Tenía un estilo aquella selección? Seguramente que sí, algo más cercano a la selección española de la actualidad, porque privilegiaba el buen toque, a favor de la excelente técnica de sus mediocampistas y aleros. Etcheverry, Baldivieso, Sánchez, asistidos en las líneas por las corridas de Cristaldo y Borja, reunidos todos en la visión del Melgar elegante, era promesa de una fiesta. Recuerdo aquella Eliminatoria, en la vuelta en el horno de Recife los brasileños ganaban el partido 6-0, y sin embargo Bolivia seguía tocando la bola, sin salirse de su línea de juego, confiante en su identidad. Era una derrota, pero se sentía la moral alta, ningún boliviano se sintió humillado aquel día.

Es esto último lo que extrañan nuestras últimas selecciones, donde se reúnen jugadores de diversas regiones pero sin una idea de juego que responda a las pulsaciones de Bolivia como conjunto. No es sólo garra, no es sólo amor propio lo que se necesita. Hace falta que se desarrolle un sentido de juego. Por ahora, queriendo tomar ventaja de la altura, nuestros equipos aprenden a jugar de una manera en Bolivia, y de otra en el exterior. En el Hernando Siles juegan con confianza, todos patean desde donde sea, incluso si la jugada no lo pide, o apuestan por los centros repetitivos al área rival, como si quisieran atosigar a los visitantes. A veces surte efecto, otras veces no. Pero cuando salen de visita, se dan cuenta de que ese juego no es posible, la bola no tiene la misma velocidad, y se saben en igualdad de condiciones frente a sus adversarios, pues el aire les toca lo mismo. Y entonces se achican. Se festeja un empate, si llega, como la gloria. (El 1-1 con Argentina al iniciar las Eliminatorias). Pero ¿cuántas veces la selección ha logrado empates en el exterior jugando partidos mediocres? Y sin embargo, todos quedaban tranquilos, nadie hablaba de crisis ni apuntaba la decadencia. 

En nuestro país es el resultado el que fuerza al análisis mucho más que la forma de jugar. Bueno, es tiempo de olvidarse de los resultados, pero no sólo para que se fogueen los jóvenes, como muchos opinan, sino para abrir un laboratorio, que se empiece a dar una identidad al fútbol de la selección, algo que no se fuerza, pero que se cultiva. 

Seguro es que muchas de las actitudes de los bolivianos cambiarán para mejor si ven en el juego de la selección otros elementos como la confianza en sí mismo, la generosidad, el amor a la belleza, el equilibrio, la valentía... Aprendamos de España, su concepto ahora es jugar en torno a la devoción por la bola, y han hecho de ello una seña de su identidad, ganen o pierdan.

domingo, 7 de abril de 2013

Desvaríos a partir de películas románticas



No hemos dejado de ser unos novatos en cuanto al amor. Pero el amor nos ha enseñado a escribir. Desde tiempos remotos las almas se han encontrado en lugares insólitos, espacios recónditos del universo, y aquello que comenzaba como la posibilidad de un romance sin visos de compromisos se convertía antes de lo pensado en una necesidad vital. ¿Por qué tantas veces la distancia, traicionera y obligatoria? Prueba de fuego de las verdaderas almas gemelas; todas ellas derramaron lágrimas de hierro y de plata, suspiraron en tierras y océanos, lanzaron gritos que se fueron con la arena, vidrios rotos, y sólo atinaron a coger el papel y desembarazarse ahí del gran caudal que hacía cansar sus corazones. Una vez que has amado a alguien a la distancia estás listo para ser un escritor.  
Casablanca. "We'll always have Paris"

No sabemos por qué las películas románticas se repiten por lugares comunes una y otra vez y de todos modos nos gustan. Tal vez porque el amor y las relaciones giran siempre en torno a unos ciclos más o menos conocidos. De modo que llega una historia de esas que sigue todos esos ciclos, y nos atrapa, o capta nuestra atención y nuestros deseos esperando un final justo. Nos gusta creer que la vida es justa, o que puede ser justa con los que se aman. El amor viene de la mano casi siempre con la separación, con las largas esperas, los viajes a carroza por lagunas negras de sosiego interior y tormentas externas. Oímos los pasos renegados caminar sobre los charcos, vendaval de sonidos y colores nos envuelven en sus estados primigenios. Escucho en el fondo tocar el piano a la rubia Taylor Swift, tiene puestas unas botas negras, las piernas desnudas y los labios color rojo carmesí, la cubre una capa, no sé porqué, ella sólo atina a explicarse a su público, como haciendo un prólogo a la canción que va a tocar: All too well. Entiendo poco de lo que dice, no porque lo diga en inglés, sino porque tiene que ver con los viajes por los abismos de su corazón, algo de lo no tengo registro alguno. Lo cierto es que su voz es una ballena que se sumerge entre las frazadas. Es cierto sin embargo que cuando algo muy querido se ha ido, o la magia de una persona, con su piel y sus olores únicos han dejado de ser parte de nuestra vida, sentimos la necesidad de organizarlo todo en una letra y arrojarlo al viento de los tiempos que giran como hojas secas de otoño. En busca del viejo yo, o de un nuevo yo que se resiste a abrirnos la puerta. La letra es todo un viaje de la memoria. Ella se lo dedica a Jake Gyllenhaal; yo por mi parte pienso en ella, la otra, mirándome con sus ojos azules desde una costa brasilera. 



Fue la tarde de un domingo de pocas bullas y mucha lluvia que me encontré con esa película, Dear John (2010), co-protagonizada por Channing Tatum y la preciosa Amanda Seyfried. Es la historia de unas cartas, marcada por las huellas que nos dejan historias que escribió Hemingway en noches de cigarros y muchos alcoholes, a la vuelta de una resaca, en la espera de la viajera que no podía traicionar a su carrera de reportera. Dear John es la historia de un soldado de los EEUU y una chica conservadora, de unos giros inesperados, algo más forzados de lo pensado, siendo que ésto sólo depende de nuestra apertura respecto de lo sabemos ver y sabemos esperar, nuestro pequeño registro de experiencias que nos traen certezas. Se atraviesa en todo ello el 11/S, fecha idílica, cuántas personas en el mundo sintieron aquel día un golpe a la moral, y tuvieron que revisar de nuevo lo que habían planeado para sus vidas. John, en el film, es uno de ellos, su alma no está sujetada por otra cuerda que no sea la que lo une con Amanda; pero no sabe si seguir en el ejército o volver a su país para tomar las riendas de su amor. Es peligroso cuando se confunde amor con obsesión, o se hace de una persona el punto de equilibrio de una vida. Algo puede pasar, un chasquido, el giro de una llanta en la esquina, el maullido de un gato furioso, luces prendidas en la noche y llantos de bebés, el cosmos sumergido en el pánico. Taylor Swift todavía canta en el fondo y las chiquillas gritan de fondo, es como si un cable de emociones las recorriera a todas y las uniera en una fila de sueños rotos. 
No me cabe la menor duda de que somos diminutos, y que tal vez el amor nos haga por segundos esplendorosos sentirnos tan colosos como la luna o el país de los chocolates con besos amarillos descarnados. 

Era sólo una opinión, no sé de qué diablos estoy hablando. Debo volver a los brazos de ella que me ama en el tiempo sin distancias.


lunes, 1 de abril de 2013

LECTURAS SOBRE EL FÚTBOL BOLIVIANO (I)





Problemas del fútbol boliviano:

Algunos de los que ya se han citado millones de veces en diversos medios y en distintas oportunidades, generalmente después de  grandes fracasos de la selección y de clubes nacionales en torneos internacionales.
  • La existencia de dos entidades autónomas, la Liga del Fútbol Profesional Boliviano y la Federación de Fútbol Boliviano (FFB).
  •  Deficiente trabajo en divisiones inferiores.
  • Calendario mal planificado en cuanto a amistosos internacionales, pésima elección de rivales.
  • Etc.
 Deberíamos agregar otros, sin intención de contar una triste historia, simplemente como un reconocimiento de campo, para efectuar después una propuesta. 

Entonces, nos acordaremos por ejemplo del comportamiento oportunista de los medios de comunicación nacionales, de la gran mayoría de ellos. Construyen una previa para cada partido casi como si trabajaran para la selección nacional de fútbol; normalmente en esos casos el periodista escribe vestido de polera verde, se deja llevar por el entusiasmo, la pasión por el fútbol, que mezcla con insuflos de patriotismo, queriendo tocar el sentimiento de la gente, de los miles de lectores. Son los diarios de siempre, La Razón, Página Siete, Prensa, por lo menos en La Paz. Una gran portada, un póster, títulos de aliento, llamados al público para llenar el estadium, etcétera. En las radios los periodistas se mueven como los camaleones con las circunstancias, se aventuran a adelantar analisis esperanzadores, "la selección puede ganar...". "Habrá que aprovechar esto o aquello", "que Martins juegue de punta y que lo acompañen", "que el juego por las bandas"... y continuan sus parlamentos como si estuvieran analizando una situación normal. Como si Bolivia realmente estuviera compitiendo por llegar al Mundial. Es sólo después, cuando llega el resultado negativo, a veces humillante (como la goleda que propinó Colombia 5-0 al combinado nacional), que aparecen los análisis serios, las críticas ácidas, las especulaciones... "Azkargorta ya no es el mismo", "es nuestra triste realidad, el bajo nivel de nuestro fútbol", "que la preparación no fue adecuada", "que se necesita renovación en el plantel"...

De aquí una primera tesis: los dirigentes de la FBF decidieron desde hace tiempo que Bolivia no tiene chances de llegar al Mundial. La prueba: la paupérrima preparación de la selección en los partidos amistosos fechas FIFA; mientras los rivales de la zona juegan amistosos en Europa con selecciones exigentes a nivel mundial, Bolivia juega con Jamaica o Aití en Santa Cruz, por no decir que pichanguean con Pellotihue F.C., simplemente para pasar la fecha. Si no vamos a clasificar ¿para qué vamos a invertir?, dirán los dirigentes. 

 Es claro que la gestión de Quinteros, el DT anterior, fue un fracaso, nos perjudicó de llegar bien preparados a la Elimiatoria, años para nada, y a quién le interesa. Cuando él vio que esto no daba más, alistó sus maletas, las conversaciones que había estado sosteniendo con dirigentes del Emelec de Ecuador prosperaron, y ahora vive su vida allá, alejado de nuesta realidad, algún día sin embargo quedrá volver para dirigir a algún equipo de Santa Cruz, muy probablemente. Pero el asunto es que se juega con la esperanza, la idea de "todavía se puede". Después del empate con Argentina en La Paz, algún periódico se animó a rezar en su titular: "Argentina deja a Bolivia sin marguen de error". Esto nos parece que es, querer prolongar el misterio ahí donde ya todos sabemos cómo acaba la película.  

Pero hemos aprendido lecciones importantes. Cuando Bolivia le sacó un empate a la Argentina en el Monumental, apenas iniciada la Eliminatoria, todos estábamos contentos. Por lo menos en algunos pasajes el equipo mostró personalidad, y es que le viene bien a Bolivia jugar de visitante cuando va a hacer el papel heroico de jugar contra la adversidad y los pronósticos que la despachan como perdedora de entrada. Aquella vez Quinteros hizo jugar al equipo más adelantado, queriendo interrumpir los circuitos de armación de los argentinos, ocupando espacios de gestación de jugadas, emboscando a Messi, y frustrando en general a los entonces dirigidos por el inexperto Sergio Batista. Aquella vez Messi no apareció, aunque generaron peligros, hubo un par de palos, pero todos jugaron trancados, funcionó la presión alta, eso de no meterese en el área chica a defender el resultado. Desde luego que este tipo de juego exige mayor esfuerzo físico, también más sentido de jugar compacto. Pero tuvo réditos, incluso la selección pudo abrir el marcador, pues estando más en bloque, Martins no aparecía tan solitario adelante, y así convirtió el primero. Entonces a los naturales atributos de nuestro equipo, que son la garra, el compañerismo en situaciones como ésta, y alguna picardía aislada, se le sumaron un mayor orden táctico, juego en bloque, esto es con las líneas más juntas entre sí, incluso utilizando como arma el fuera de juego. 

Y decimos que son lecciones porque realmente representan avances que hay que aplicar hoy. The Strongest jugó así contra San Pablo y Atlético Mineiro y se ganó el respeto de los brasileños en la actual Copa Libertadores. El problema es que este tipo de juego, dado el escazo volumen ofensivo que tienden a generar los nuestros, es que requiere de un jugador bien enchufado en el partido, de la parte delantera, que no falle las pocas opciones de gol que se generen (un tipo Saucedo, el ariete de San José). The Strongest tenía a Escóbar, pero el paraguayó demostró que su alta confianza y efectividad es para la Liga, y se escurre de algún modo en competencias de la jerarquía de la Libertadores.  

¿Qué hacer?
 Todo este análisis no puede estar separado de una realidad que en cierta medida es favorable: el amplio apoyo que el actual gobierno está dispuesto a darle al fútbol. Sentimos que el Presidente adora el fútbol, quiere hacer algo, pero  no sabe exactamente qué. Entonces se aboca a mejorar la falta de infraestructura. Leí en El Deber hace unos días un artículo donde hablaban de la historia de Chumacero, el jugador de los aurinegros. Él contaba que por su casa no habían canchas, pero adoraba el fútbol, de modo que aprendió a jugar en tierra, superficies con piedras, de esas en las que una caída representa heridas horribles en las rodillas, lo decimos por experiencia. Su camino es un ejemplo de superación, es cierto, para muchos jóvenes. El presidente Morales quisiera que no hubieran tantos casos de gente contando que que no había una cancha por su casa, de modo que se construyen polideportivos y complejos por todas partes. ¿Cuántos campos deportivos se han inaugurado en territorio nacional? No tengo el dato, agradeceré que alguien me lo pase. Sabemos, eso sí, que en Orinoca, una población de 163 habitantes (dato Censo 2001) se inauguró el estadio "Dionisio Morales", que tiene césped natural y graderías para 5000 habitantes. 

La pregunta es ¿qué hacemos con la nueva infraestructura? ¿Cómo se puede aprovechar esta voluntad del actual Presidente? Se trataría de una coyuntura ideal, por lo citado, también porque Xavier Azkargorta dirige actualmente la selección, y debería aprovecharse su presencia para hilar cabos, entre aquello que nos llevó a la gloria en el pasado (93-94-97), y lo que se debe implementar para llegar al nivel más alto en unos años. Miguel Angel Rimba explicaba en unas declaraciones para Séptimo Día (suplemento de El Deber, 23-10-2012), que el objetivo del presidente es "la unificación del país a través del fútbol". Es algo positivo, y pensamos que en lugar de que exista esa manía de saltar con críticas ácidas sobre lo que hace o dice el presidente, deberíamos también estar preparados para apreciar lo saludable, lo rescatable, aquello que podría ser susceptible de una prolongación, los cables que podrían llevarse más allá, o la sustancia con la que se puede trabajar en conjunto para legar algo al país. Esto no significa "convertirse" en masista, ni mucho menos "ser" del MAS; nosfalta comprender un tercer tipo de relación, que no es de alianza ni de imitación, es más bien de agenciamiento, tener algo que ver con determinado grupo o individuo en determinado espacio y circunstancia". Sinergizar, lograr una tercera opción. Todo lo contrario de las conflictivas dualidades.  


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sábado, 30 de marzo de 2013

"PENSAMIENTO INALÁMBRICO". PREFACIO DE INVITACIÓN AL LIBRO






¿Cuál fue la idea que tenía al escribir el libro Pensamiento inalámbrico? Es cierto que probablemente no le interese a nadie conocer estos detalles, o a muy pocos. Pero presiento que esto cambiará algún día, tal vez si el libro rema y pasa la prueba del envejecimiento del papel y las pupilas. Siguiendo la idea de "escritura funcionaria" que Justo Pastor Mellado desarrolla en sus últimos artículos en la web, utilizaré este espacio para asimilar las ideas que se juntaron y cristalizaron en ese libro que se ha escrito a sí mismo a través mío. 

Viendo anoche la película de Abraham Lincoln, la que dirige Spielberg, comencé a rememorar algunos momentos del proceso de creación del libro. Inicialmente sólo pensaba la lucha entre el pequeño y el grande. Lo que quería ofrecer era una especie de sistema que sirva como palanca, para poder salir airoso en cualquier situación de desventaja, de desacuerdo, de conflicto. David frente a Goliat. ¿Alguno recuerda la historia de Gulivier? Aquellos días comencé a estar muy influido por la visión de Don Corleone acerca de cómo construir su mundo dentro del mundo. Lo que él hizo, en resumidas cuentas, fue crearse una manera de revertir su situación desfavorable, frente a un poderoso hombre, Fanucci, que amenazaba con seguir empeorando sus condiciones de vida, así como lo hacía para sus otros paisanos en el vecindario. Ese medio partía de su forma de razonar, él era todo lo contrario de un típico siciliano, pues la gente de allá no piensa dos veces cuando ha sido ofendida, y está tan ocupada en ajustar cuentas o ejecutar una vendetta que descuida la calidad de su vida y la de los suyos. Don Corleone era distinto, había visto a su padre -un hombre de sangre caliente-, ser asesinado por la mafia local, una vez que quiso enfrentarse a las injusticias de los capos. Había aprendido que en la vida pocos tienen el privilegio de poder enfrentarse de tú a tú contra el sistema, la tendencia, el poder... Así que Corleone fue inalámbrico respecto de las características de sus raíces, de su procedencia y su sangre. Decidió elegir el cómo. 

Las gentes sencillas debemos adaptarnos a las formas, utilizar cierta flexibilidad, aprender a balancearnos y movernos sin oponernos, tratando siempre de evitar el ángulo agudo. Podríamos todos pasarnos la vida peleando a la contra, pero eso sería señal de una inteligencia pobre, y no nos llevaría a nada más que al despilfarro de las energías. Otra cosa es vivir para fluir, para encontrar caminos, hallar conexiones, celebrar la diferencia, y aprender a observar desde el punto de vista ajeno.   


Un filósofo puede ser un ser inalámbrico. Y conste que los filósofos suelen ser inadaptados. "Inadaptado", es una palabra hermosa. La construcción que llamamos sociedad es nauseabunda en muchos aspectos, ¿por qué no habría de alegrar saber que los tuyos no se adaptan a sus reglas del todo? Y sin embargo, en cierto nivel, es necesario adaptarse. Pero la adaptación no ocurre como un malentendido. Muchos entran en el molde y nunca más vuelven a ser otra cosa que el molde. Otra cosa es saber entrar en el molde, obedecerlo y trascenderlo. Sabias premisas de Bruce Lee. Y trascender es saber estar por encima o por fuera de las circunstancias en una situación dada. Responder por fuera de sus condicionamientos particulares. 


Volviendo a las razones que configuraron mis intenciones en el libro, por lo menos durante la etapa de trabajo antes del viaje a Francia, consistió en fabricar el libro como arma para los que están en desventaja, los más vulnerables, aquellos que se encuentran en el papel de David frente a Goliat, pero que no tienen una onda a la mano, y menos una piedra. Esto fue en marzo-abril del 2012. Entonces encontré interesantes relaciones con otros pensamientos, como por ejemplo el de Dale Carnegie, en Cómo influir en las personas y ganar amigos, un best-seller de reconocimiento mundial. Había que ver también al cabildero que protagoniza la historia del film Gracias por fumar. Lo que ellos entendieron es que existe una manera poco utilizada, y sin embargo al alcance de todos, de persuadir a las personas que son antagonistas a nuestros propósitos, y de además lograr su buena voluntad. En una serie de pasajes de la novela El Padrino, del genial Mario Puzo, se encuentran aplicaciones de los principios que Dale Carnegie enseña en su libro. Lo mismo pasa en Lincoln (2012), de Spielberg, el personaje que interpreta Daniel Day Lewis está lleno de tolerancia, de comprensión, de empatía. No se desespera, no se irrita, se encuentra frente a hombres que se aferran a su posición, que son testarudos, que no quieren saber de la Quinta Enmienda y la abolicion de la esclavitud en los EEUU. Por supuesto, él es el Presidente electo de su país, en su segundo mandato, es un hombre con enorme poder, y sin embargo elige razonar, persuadir, hacer entender a sus interlocutores qué es lo que se propone. Esto le da una doble fuerza, ese dominio de sí mismo que lo aparta del resto de los mortales. 

      De modo que, en resumidas cuentas, lo que Carnegie ha dejado como legado ha sido la sistematización de esas cualidades que le permiten a una persona menos influyente, por su puesto o su empleo, tener algún ascendiente sobre los demás, y revertir situaciones en las que todo estaba en su contra. Es un arma para los débiles, que sin tener dinero ni poder pueden ganarse la voluntad de los que dirigen países, entidades corporativas, compañías multinacionales, o a un nivel mucho más simple, el casero de su casa, la madre de sus hijos, o un hijo adolescente, etc. Una cosa es obligar a otros a que nos hagan caso, otra mucho más valiosa es lograr que ellos lo hagan deseando hacerlo, y habiendo logrado ver el beneficio que eso les reporta. Las mujeres tienen la seducción como su arma más poderosa, los hombres hablamos más de persuasión, al menos en el siglo XXI.

Es esto lo que me planteaba en el libro en su primera fase, y son temas que se tratan al pasar, creo, en los capítulos de la segunda parte, "De los seres sin historia al arte de la no-obediencia", "Ejércitos de la noche a la luz del día", "Inalámbrico, desenraizado y musical", y los dos dedicados al Padrino. Debo decir sin embargo que las ideas más importantes en esos capítulos son otras. 

Después, también como producto del paso por París, el recorrido por el sur de Francia y luego las peripecias en Madrid, hasta llegar a Buenos Aires, que el libro fue creciendo por sí solo, y se expandió hacia una idea más ambiciosa: quería además presentar una nueva imagen del pensamiento, que aperturaba ideas para otras formas de vivir, más distendidas, también más comprometidas con ciertas causas, pero que en suma explicaban la visión de un nómada, que se considera tal porque ha llegado al punto en que no necesita moverse del lugar para realizar sus movimientos. 


El libro todo es un mosaico de ideas acerca de cómo afrontar lo impredecible de la vida, aquellas situaciones en las que debes vaciarte a ti mismo de expectativas y conectarte con algo superior, una armonía externa, la naturaleza quizá, y prepararte para aceptar esa voluntad. Pensamiento inalámbrico se refiere a una aguzada capacidad de recepción, y a una manera de emitir vibraciones que se captan y se conjugan. 

Meses después, cuando el libro ya estaba en manos de mi editor, me encontré con Napoleon Hill, lo leí en mayor profundidad en Cochabamba, temprano en las mañanas, después de mis rutinas de ejercicios y respiración. Sentía que mi mente estaba muy alerta. Entonces vi: nadie como él ha presentido todos estos temas, presentando al subconsciente como la estación receptora y a la imaginación como el aparato que emite vibraciones. La historia de las lecturas de los pueblos son, a mi entender, la historia de las conexiones inalámbricas que se produjeron entre espíritus afines, aun con la distancia, la lengua, la raza o la época de por medio. Es algo sorprendente, que hemos tenido la dicha de captar, al menos en parte, y lo expresamos en este libro que pronto estará a su disposicón en librerías del país.



Finalmente, esto es algo que ha llegado meses después. Varios meses después de que apareciera la versión tipo "premier" del libro, edición reducida de 7 ejemplares -gracias a mi editor José Antonio Quiroga- pude darme cuenta de algo extraordinario: lo que he hecho al escribir el libro Pensamiento inalámbrico ha sido desembarazarme de ciertas cosas. No en el sentido de que me estorbaban, pero sí en cuanto a que mi copa estaba demasiado llena. Mientras no escribiera el libro sabía que me condenaba a redundar en torno a los mismos temas una y otra vez. Debía dejar que cristalizara todo aquello que esperaba ser devuelto a la vida; la vida me había alumbrado con sus luces violetas y cristalinas, y debía devolverle algo digerido por el mismo ángulo por donde esa luz me había tocado. Pocas cosas hago bien en la vida, quizá una de ellas sea escribir. Así que empecé a escribirlo. Fue una meditación. Siempre he tenido el defecto, o la virtud, de trabajar con muchos materiales a mi alrededor, una oración me lleva a otra en otro libro, una palabra dispara imágenes en una película, ideas me retrotraen a alguna cosa que había apuntado en algún cuaderno. Así, tengo muchas hojas, también libros, fotocopias, documentos abiertos en la computadora... Es casi imposible, a medida que avanzo tiendo a expandirme, nunca a cerrarme. No me concretizo lo suficiente. Lo más difícil cuando escribía artículos de cultura para Pulso era que seguía descubriendo material, y sólo tenía dos o tres días máximo para armar una nota de una plana que fuera interesante. Siempre he pensado que es necesario imbuirse de aquello que vas a tomar como tema. Lo he disfrutado porque gozo de la lectura, y mi mente es como tierra seca en espera por el agua ante algunas ideas que me atraen. Todo lo dicho es para mostrar que escribir un libro entero con cierta coherencia, para mí era algo muy difícil de concebir. He escrito al menos tres libros antes de este, pero ninguno lo acabé, todos quedaron en el camino. 



La elaboración de la tesis de licenciatura en filosofía representó un curso en escritura para mí. Como todo se fue armando en torno a la generación beat, a la prosa de Zweig o la de Casanova, como tenía esa inclinación natural hacia el vacío abundante del Tao, y como tanto Burroughs con su cut-up como Bukowski fueron dos de mis mentores más fuertes, lo que hacía parecía ser una escritura esquizofrénica. Salían a la luz muchos personajes, no los reconocía a todos. Nunca me sentí un novelista, pero tenía necesidad de que hablen esos personajes sin necesidad de hacer una novela, tenía que hacer algo así como un ensayo. La constante compañía de Crítica y clínica de Gilles Deleuze, por largos meses, terminó de sellar el pacto. Había nacido una escritura loca, venida de alguna parte entre mis gustos y los puntos ciegos de mi consciencia. No he dejado ni un minuto de sentirme a gusto y en casa con ella desde entonces. 

He traído todo esto a colación porque es mi forma alocada de ordenarme. Siempre pienso que el que vea el film Limitless (2011) tendrá una mejor idea de aquello que hablo. El film se basa en la genial novela The dark fields de Alan Glynn. En el film Eddie es un treintañero que tiene escasos tratos con la poesía, pero escribe, al menos quiere escribir, quisiera escribir. Pero la hoja en blanco lo vence. No termina de zambullirse en ella. Su vida personal es un desastre, su novia lo dejó, apenas puede dormir y no tiene plata. Todo parece estar fuera de foco. Vive solo en un departamento que parece haber salido de un derrumbe, donde las ropas sucias se confunden con los platos de comida dejados en una noche de resacas, pedazos de puchos en el suelo y una caja de pizzas en el suelo. Cuántas veces no habré tenido que lidiar al día siguiente con la terrible cara de lo real, allá en los días universitarios. Una editora le encargó un libro pero él no lo puede terminar, apenas si lo ha empezado. Eddie está frustrado, él mismo se ve sucio y postergado, es el reflejo de las líneas internas de su vida en eclipse. De pronto se opera el milagro. Toma la pastilla NTZ, una droga no clasificada aun que su ex-cuñado le hace conocer. Cuando surte su efecto todo comienza a organizarse. Había un mundo de ideas, recuerdos, sensaciones, deseos, ansiedades, personajes, estados de ánimo, que permanecían inconexos en él. Pero la pastilla le otorga claridad, es decir, hace que pueda darle un uso inteligente y productivo a esa información, ahora bien archivada y disponible para ser usada. Es como si la habitación de su caverna pensante se hubiera aseado y acomodado en las gavetas. Una mucama pasó por su mente, ahora las líneas salen sueltas hacia el papel. El papel es testigo de un proceso de vaciado. Minutos después de haber hecho lo que hizo no recordará bien haberlo escrito en tal manera. Es lo que le ha pasado a más de uno cuando escribe, puedo dar cuenta de ello. 

Pero lo maravilloso es que en mi caso no necesité recurrir a una droga. En el film, que se basa en la novela The Dark Fields de Alan Glynn, recurren a la idea de que una droga puede activar ese tipo de procesos sinápticos en tu cerebro, incrementando dramáticamente tu capacidad de aprendizaje en cualquier área. En mi experiencia veo que es el estudio comprometido de la filosofía el que logra ese efecto a la larga. El cambio no se da en unos minutos como en el film, y no viene por el hecho de tomar una pastilla. Pero leer filosofía, también mucho de literatura y cine en combinación, es tomarte tu propia pastilla. Así, al principio la lectura de la filosofía me aportó tantos nuevos datos y surcos que todo se desparramó, no podía darle consistencia y unidad. Pero finalmente en Pensamiento Inalámbrico eso ha ocurrido. Salió un libro que es osado en más de una cuestión, pero que mantiene ciertas formas a nivel formal. Tiene su máscara, ya lo verán. Está pensado para que lo lean jóvenes desde los 14 o 15 años de edad. También va para estudiosos y académicos en las diferentes áreas, pensamos que combina una lectura fácil con una otra lectura subterránea, en la que existen guiños, filiaciones curiosas, aperturas de análisis hacia ciertos temas. Pero sólo los que tengan ciertos estudios podrán dar cuenta de esa otra lectura. No puedo decir más. Es lo que alcanzo a ver como escritor del libro. Por supuesto que no lo escribí solo, estuve poblado y acompañado por una serie de personas y fuerzas que hicieron del asunto una cuestión de multiplicidades. Es difícil que me de el crédito de sentarme en una mesa de presentación del libro a la manera tradicional. Podría presentarles el libro, pero más interesante sería presentarles esta manera de pensar que llamo inalámbrica. No necesitan de mi guía, bastará con que lean alguna de la secuencias del libro. Todo está ahí, y va más allá de lo que logro entender en esta tarde ventosa en la capital cruceña. 

Atentamente, 

Jorge Luna Ortuño