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lunes, 25 de mayo de 2015

DON DRAPER, O UN YOGUI EN MADISSON AVENUE



ATENCIÓN: Este texto no es recomendable para los que no vieron aun el último episodio, contiene muchos spoilers.



A mi querida Susy


Conocí la serie de televisión Mad Men cuando ya habían transmitido cinco temporadas, que se podían encontrar en los mercados de DVD pirata en nuestro país. Transcurría el mes de septiembre del 2014, había ingresado a una universidad privada a dictar clases de dirección creativa, mi interés entonces era muy práctico respecto de la serie: interiorizarme en el mundillo de la publicidad y el marketing, con el plus de que el aprendizaje vendría acompañado de la narración de una historia, lo cual lo hacía más divertido. 

Como les ha ocurrido a tantos televidentes en el mundo, me enganché desde la primera escena. Década de los 50, Estados Unidos, y un personaje impecablemente vestido, humo de cigarrillos y música que invitaba a remontarse a otras épocas. El resto es historia. La pasada semana se emitió por HBO, en estreno para latinoamérica, el último episodio de la serie (EP. 14), luego de siete temporadas brillantes. 

La sensación final fue de nostalgia, también de satisfacción, por haber sido parte y haber llegado hasta ahí, como cuando se gradúa un familiar muy cercano. El episodio cumplía también el deseo de Matthew Weiner, el creador, de que sus personajes fueran un poco más felices de lo que eran al empezar la serie. Así sucede con Peggy, Joan, Roger Sterling, Pete Campbell, pero también con Don Draper, el que sufría el drama más prolongado y sin visos de solución. No es un final de película al estilo Hollywood, tampoco es una demolición descarnada como nos hacía presentir las pinceladas de Scott Fitzgerald por aquí y por allá.


Excelente análisis del último capítulo en el canal "Sillón naranja"

Algo genial en la serie ha sido la manera en que nos fue mandando falsas señales respecto del destino que le esperaba a Draper, señales que podíamos verlas desde la sexta temporada. De hecho, la idea de un final desastroso para Draper está incrustada en nuestro subconsciente desde que vemos la silueta del hombre cayendo al empezar cada episodio; casi todos intuían que era el cuerpo de Don Draper, ¿sería un sueño, una premonición? Y esa imagen parecía conectarse a veces con otras señales aisladas dejadas por ahí, como por ejemplo las alusiones constantes a la muerte, o la temática del suicidio discutida en algunas publicidades, o ver a Don leyendo un libro titulado "El infierno", además de su tendencia a desplomarse en recaídas existenciales sobre su pasado y su vida, un desorden de sucesos y deseos que correspondían también al enterrado Dick que llevaba dentro. 

Podría pensarse que Weiner demostró una vez más su genialidad en la confección del último episodio, porque no fue complaciente con lo que todos esperábamos, o más bien temíamos (la caída definitiva de Don), como si toda la serie hubiera consistido en enterarse qué tenía que pasar en la vida de un publicista cotizado, y en ese país de las oportunidades, para que termine tirándose de su oficina desde un piso muy elevado. No fue ese el final, ni involucró ningún tipo de suicidio. El final fue muy digno para todos los personajes, incluso en la actitud de la malcriada e inmadura Betty (una de las menos queridas por los fans según he podido ver), pues ella asume su enfermedad mortal con entereza y fuerza moral, como si la muerte de su madre en la primera temporada, y luego de su padre, la hubieran preparado lo suficiente para convivir con esa sombra. Al mismo tiempo, y esto es lo genial, Weiner sí fue complaciente, porque no pudo dejar de darles a los cínicos un final con el que pudieran encontrar un resquicio de placer para ellos. Se trata de reconocer la época en que vivimos, la historia ocurre en los finales de la década del 60, pero es narrada para un público del siglo XXI, y Weiner calibra esto magistralmente. 

Con un acercamiento de cámara sobre el rostro de Don Draper lo vemos finalmente sonreír, después de tanto abatimiento. Sonríe con los ojos cerrados en su sesión de meditación guiada, y esto nos hace entender que ha encontrado la paz en su interior, al menos tiene esa aura de calma que es propia de los que ven otras cosas. Pero luego en la siguiente escena se muestra lo inesperado y con ella termina la serie: se engancha una publicidad conocida de 1971, "quiero comprarle una Coca al mundo." Con ese producto archi-conocido se empieza a enlazar la idea de mundo unido, paz, juventud, hermosura, hippie style, diversidad étnica, multiculturalidad, pero diciendo además que Coca Cola es el punto de encuentro, aquello que trasciende todas esas fronteras. ¿Podemos entender ahora por qué sonreía el Don?

Claro está que los cínicos encuentran la oportunidad de fantasear y convencerse de que el don no ha cambiado, de que volverá a las suyas, se presentará en la oficina otra vez como alguien que retorna de la muerte, y llegará con esa idea ganadora, que lo encumbrará probablemente a otro premio Clio como mejor publicidad. En ese sentido Weiner dejó abierta la cuestión, y eso es ideal, es la única manera en que se puede terminar una historia o se puede pintar un cuadro en nuestros tiempos, donde se busca tanto la interactividad, el empoderamiento del receptor, la participación del lector, etc. Polisemia antes que transmisión de mensajes significativos cerrados. 




No está mal que el Don vuelva a hacer lo que sabe hacer, que se zambulla nuevamente en su vida, como lo dice el mismo John Hamm en una entrevista. Otros creemos que sería interesante imaginar a un Don Draper diferente pero en el interior, con una variación a nivel esotérico. Muchas veces en las pasadas temporadas, este icónico personaje encontraba la manera de reinventarse y salir del atolladero, ya fuera iniciando su propia compañía y divorciándose, como en el final de la tercera, o casándose con Megan como en el final de la cuarta, o incluso concibiendo una fusión con otra agencia publicitaria al final de la quinta. De alguna manera el Don siempre encontraba una manera, pero era jugando con las piezas en el mundo externo, para sentirse acompañado, para darse un sentido de ir hacia algún lado, de crecimiento. Internamente sus viejos conflictos sólo se ocultaban con viejas frazadas, eran postergados. 

En la séptima parece que finalmente muchas cosas se están desvaneciendo en la vida de Don, personas de su pasado que se van, sus hijos lejos y ya casi sin verlos, su trabajo con nuevas condiciones, todo avanza hacia un punto de desvanecimiento, lenta demolición de lo conocido. Something is changing and you don´t know what it is.... cantaba Dylan en aquella década. 

En este punto, al verlo sentado en círculo en un grupo de terapia colectiva, recuerdo otra vez el film Fight club. La idea ahí es que todos en la vida somos peleadores de alguna manera, luchadores, estamos luchando contra algo, sea una enfermedad, la melancolía, la soledad mal entendida, la vorágine de la vida capitalista burguesa cuando te comes el cuento... El club de la pelea no es sólo una organización en red clandestina, compuesta por varones que se reúnen en sótanos desconocidos para liberarse por medio de la pelea a puño limpio entre ellos. Es otra cosa, y Mad Men nos refuerza una nueva visión. Don Draper se encuentra con una de estas formas de katarsis grupal en su estado más amable y acercado a las terapias orientales. Gracias a Stephanie, se ve envuelto en un Campus de Inmersión. Recordemos a su ex-esposa Betty en la primera temporada recurriendo a la consulta con un psiquiatra, o a Roger Sterling en el diván de un psicoanalista, o el desplome de Michael en la oficina, el judío que cree que las máquinas fotocopiadoras son sus enemigas... Paranoia de los espacios cerrados, crítica a la institucionalización que se vivía en el país, un subjetividad enfermiza que tomaba posesión... En el fondo, todos necesitan algún tipo de terapia, como si dentro de la ciénaga de ese tiempo particular se avanzara más o menos con una ceguera parecida. 

En el terminar este episodio 14 por fin cuando se le da una mayor importancia a los cambios que instauraba en los 60 la filosofía de vida de la comunidad contracultural. No eran sólo los hippies, también estaban los diggest, luego fueron los hipsters, antes se había tomado la posta de los beatniks, y en esa atmósfera había una irradiación que impulsaba hacia una nivelación libertaria como opción de salud. Al final habrán pasado incluso por el LSD en la oficina de Draper, pero la verdadera paz llega con la meditación, como si te metieras en una ducha y ésta te abriera un portal hacia un lugar de serenidad y aire puro y brisas frescas, sonidos armoniosos y sensación de expansión continua. Ya metido en la terapia de grupo, Draper se ve a sí mismo en otro hombre que se siente igual de desconectado de la vida y de los otros, no es amado, y se desploma en llanto. Draper puede decir con sus ojos: "tu sufrimiento es el mío". Se pierde en el movimiento sin ego, se levanta de su silla y va a abrazarlo, como diciendo "basta de charla sobre sentimientos, lo que este hombre necesita es un abrazo". Pero luego vemos que quien más lo necesita es Draper, que se da cuenta además que su drama no es único, que incluso que no hubiera suplantado la identidad de otro hombre en la guerra probablemente tendría esos mismos sentimientos desencontrados, de alguna manera entiende que esa desconexión es parte de su época, como lo es la música o las marcas de cigarrillos. Ver en perspectiva tus propias desgracias, a través del espejo de los otros es enriquecedor muchas veces, el mundo había dejado de ser tan inhóspito con Draper, ahora veía con claridad que él no era un caso extraordinario. Eso que le pasa también lo sienten otros.


Otra vez nuestro personaje principal estará listo para flotar por el mundo, porque ha recuperado su sentido de subterraneidad. Después de sumergirse en sí mismo se conectó con la subterraneidad del mundo, aquello que no es aparente, y que sin ser visible para todos, está ahí a la vista, como una existencia que se manifiesta en diferentes capas de vibración. Ver al Don meditando como un yogui en la última escena, y luego esbozando esa sonrisa, no tiene precio. Que siguiera luego de esa escena preciosa, a orillas del mar, una otra publicidad que buen favor le hace a Coca Cola, no dejó de ser interesante, aunque personalmente la considere ya prescindible en términos de lo que era más importante saber del desenlace. Después de todo, una vez que has descubierto tu subterraneidad, es posible que vuelvas al mundo superficial, es posible que flotes ahí con mayor levedad y pericia, porque ahora no encuentras solamente ahí los motivos que movilizan tu vida, ahora eres indiscernible en cierto modo, como un iceberg en la noche callada de un océano. Pues la idea no es alejarse en un retiro permanente en las montañas. Como diría Zarathustra, hay que volver al mundo, todo lo que aprendes ahí, en tu inmersión, debes llevarlo al mundo, y probarte tu serenidad y tu nueva paz. Otro tipo de paz que puede ser agitada o deformada por los trajines de la vida mundana no es una verdadera paz. 


¿Piensan lo mismo que yo?: wow, Peggy, wow

lunes, 4 de mayo de 2015

POR UN PARQUE DE FILOSOFÍA


Había quedado varado en el aeropuerto Barajas de Madrid, por no haber sospechado lo suficiente de la inescrupulosidad de ciertos funcionarios de AeroSur, y asi cobró vida un enredo del que nadie se hizo cargo. Con escasos €60 en el bolsillo me quedé a dormir en el aeropuerto, no hacía mucho frío, la gente iba y venía, nuevos pasajeros ocasionalmente se echaban cerca de mi asiento de metal, tomaban sus mochilas y partían al escuchar el anuncio de su preembarque, y eran reemplazados por otros viajeros de otras latitudes que iban y venían buscando un lugar donde refugiarse en la noche, pero yo seguía ahí impávido, tratando de conectarme con la situación y actuar con la tranquilidad del que entiende que ciertos sucesos, si no todos, se producen porque hay un aprendizaje que necesitamos transitar en esa zona. No desmesuré mis cavilaciones ni me desesperé por hallar una pronta salida, en lugar de ello decidí resistir, aguantar y esperar, confiado en que mi única carta salvadora sería mi familia a lo lejos, o mi hermana en Francia, que siempre podía buscar una ruta alternativa. Yo actúe de modo valiente y al mismo tiempo cobarde, porque no hice mucho, esperaba que haciendo un reclamo o pidiendo ayuda en el aeropuerto alguien tomaría cuenta de mi situación, pero no fue así, a nadie le interesaba un bledo, me hicieron llenar formularios en todas partes, en la empresa Assana de servicio del aeropuerto, en la división de policía, en servicio al cliente, en informaciones, y había que esperar algún tiempo para tener alguna respuesta. Tenía mi pasaporte al día así que no les interesaba más. En el consulado de bolivia ni siquiera me dieron la hora, en realidad la consul me ofreció ayuda en caso de que ocurriera algo trágico, debiera regresar al país en calidad de difunto: ellos arreglarían la cuestión de la repatriación. Como todavía sentía lejanos los días en los que tendrán que ponerme un saco y corbata en posición de cubito dorsal me aferré a mi fuerza, aunque había comido poco e iba en bajada. una cochabambina adorable, madre de un hijo pequeño, me ofreció un techo hasta que pudiera conseguir trabajo, y me la jugara en calidad de indocumentado en el futuro. En ese contexto visité una tarde, caminando por el Prado, el parque de retiro, donde tenía lugar la Feria del Libro de Madrid, una feria interna, por demás interesante, llena de títulos de calidad, sellos editoriales de marca internacional como Anagrama, que siempre he admirado. Sucedió que la feria recién abría a las 6 de la tarde, que era todavía pleno sol para ellos hasta más de las 8. Así que me interné en los jardines de eso majestuoso parque, donde habían grupos de jóvenes estudiantes, niños y parejas tumbados en el pasto, haciendo yoga leyendo o escuchando música perdidos en sus audífonos, la vida se pasaba lenta como una nube pesada e inofensiva, nos arrastraba a todos hacia un terreno sin expectativas, sin relojes, de pura paz. Habiendo un rincón apartado me enrollé mi bolso con la computadora al brazo y en posición casi fetal caí en profundo sueño. Cuando desperté eran más de las 6, la feria del libro habría sus puertas. Aquel descanso reparador me había preparado para afrontar una nueva noche en la intemperie del aeropuerto, donde me agazapaba en la terminal 2 segundo piso. Sentí que había dialogado en mis sueños con los espíritus de ese parque, algún buen augurio me habrán hecho llegar, pues la sensación de tranquilidad y de calidez de ese parque, en un momento en el que no tenía dónde ir ni cómo pagar un hotel, me insuflaron de todos los ánimos que podrían haberme faltado. Después de revisar fascinado aquellos libros, me fui a otra zona del parque y me puse a hacer un poco de mi rutina de ginastica natural, respiraba el aire de madrid con confianza, agradecido por su calurosa recepción, desde ese día mantengo contacto por vibración electromagnética con aquella bella ciudad que conocí a pasos largos. Un Parque De Filosofía es también un lugar que abre sus brazos a un público indistinto y lo hace para combinar actividades artísticas con acciones comunitarias, justamente en favor de aquellos desposeídos que no tienen dónde ir, o que deambulan por las calles sin nada más que una confianza inquebrantable en sus adentros.

domingo, 3 de mayo de 2015

FLOYD MAYWEATHER DERROTA A MANNY PACQUIAO SIN VENCERLO



Pacquiao era la extravaganza, después de que tantos boxeadores mexicanos salieran derrotados del desafío contra Mayweather, sólo quedaba pensar que una mezcla de velocidad, potencia, juego de pies y estilo unortodoxo podría descifrar la defensa del cotizado boxeador estadounidense. De la Hoya al enfrentarlo probó que un boxeador más grande con muy buen jab e instinto de campeón podría poner en dificultades a Floyd. ¿Y Canelo, o Guerrero, o Marquez, qué decir de Castillo? Eventualmente ninguno de ellos resultó ser la competencia que se esperaba.

Ante el desencanto de los fans, es decir de los que esperaban aquellos enfrentamientos para ver perder a Floyd, la cuestión de ponerlo en el ring con algún bravo guerrero se convirtió en un mega-negocio. Como él mismo lo ha dicho, llegar a la cima requiere que boxees con inteligencia tanto dentro como fuera del ring. Floyd esquiva y golpea y se desplaza de modo flotante también en la antesala de cada combate, de hecho, desde el 2006, lo hace también en el arreglo y la promoción misma de sus peleas, junto a su empresa Mayweather Promotions. 

Ante ayer, sábado 2 de mayo (2015), observamos en plena media noche la olvidable pelea que protagonizaron Pacquiao y Mayweather. Fue olvidable porque ganó Mayweather haciendo lo que siempre hace, aunque luciéndose algo menos que con otros oponentes. En cambio si Pacquiao ganaba, y sobre todo si imponía su voluntad en el ring, si sacudía a Floyd, si lo hacía lucir menos listo, más lento o simplemente si lo quebraba, aunque le ganara en puntos, la pelea habría sido histórica. Pero dado el desencanto generalizado del público y los internautas, entendimos que la pelea era para ver qué podía hacerle Pacquiao a Mayweather, en otras palabras, para ver si podía quitarle la pelea que ya creíamos en el bolsillo del americano. De modo que así las cosas, la pelotita estaba en la cancha del filipino, la expectativa tenía que ver mucho más con lo que él le podría hacer a su escurridizo rival que con la interrogante de lo que intentaría hacer este último. 

Y hubiera sido fantástico si la pelea se desarrollase en el ritmo que fue el combate entre Mayweather y DeMarcus Corley hace más de una década, una pelea que fue muy rápida e intensa desde el primer round, con algunos cruzados de derecha que movieron de su centro a Floyd en el inicio y varias caídas de Corley, quien no pudo sostener la vorágine de golpes de Floyd. Aquella oportunidad Floyd tenía 27 años, mientras que ayer contra Pacquiao contaba 11 años más. Que continúe boxeando a esta nivel de élite, en las bolsas más millonarias, dentro del evento más esperado y vendible del negocio, dice ya bastante de su calidad, de su resistencia y su actualidad. Sin embargo, la gente que se queja de su performance olvida que se trata de un boxeador de 38 años, y es como si esperaran que los años no pasen. Curiosamente, a veces olvidamos que Floyd también envejece, que sus cualidades, aunque todavía hoy bastante admirables, antes eran superiores, hablamos en términos de explosión, de estamina, capacidad de movimiento, de velocidad y algo incluso en los reflejos. 

A Roy Jones Jr, otra figura legendaria del tiempo moderno, lo noquearon cuando sus facultades disminuyeron y él fue uno de los últimos en notarlo. Floyd en cambio parece siempre muy consciente de lo que puede su cuerpo. Aquella pregunta que lanza Spinoza en su prodigioso libro Etica, (¿qué es lo que puede el cuerpo?) sería notablemente respondida hoy por Floyd. Y fue en base a lo que tiene, a lo que preserva en su físico y sus facultades, además de su experiencia e inteligencia, que armó una estrategia que hiciera predecible a Pacquiao sin ponerse a sí mismo en un lugar vulnerable. Se basó desde luego en toda la información que había adquirido de su rival, de primera y segunda mano. Claro que a mí también me hubiera gustado que Floyd peleara con mayor intensidad en algunos rounds, como en el quinto, cuando conectó una buena derecha abierta e hizo retroceder hasta las cuerdas al filipino. Hubo momentos en que parecía que soltaría una combinación, pero se detenía, hubiéramos deseado que use más su largo de brazo para mostrar supremacía en los golpes conectados.

A Floyd lo escuché después el domingo a la hora de almuerzo. La conferencia postfight se realizó en la madrugada en el MGM Las Vegas. Horas después, en un pequeño apartamento en Santa Cruz, estaba yo presenciando esa curiosa conferencia gracias a YouTube. Me llamó la atención el protagonismo que intentó tener el entrenador Fredy Roach en esta pelea, presente a todo momento y hablando incluso en esta oportunidad, mientras que Floyd Sr., el otro entrenador, no fue visto haciendo el mismo papel. Fue también notoria la mala manera en que Pacquiao intentó vender la idea de una revancha. Su equipo debió aconsejarle que hable de alguna razón que pueda dejar abierta la necesidad de una revancha, aunque luego de lo visto en esos 12 rounds no quedaran muchas preguntas y en cambio sí una neblina de desencanto y bronca. Pacquiao, acompañado por Bob Arum, presidente de Top Rank, insistió con creciente frecuencia que todo se debía a la lesión de su hombro derecho, que lo habría afectado desde el tercer round, impidiendo que lanze sus combinaciones y sea más agresivo y activo. Cuando Pacquiao hablaba de eso se lo vio patético, incluso dejó una pobre impresión de sí mismo como persona, ya no sólo como peleador. Por supuesto que Arum lo secundó en esa línea, y tuvo por ello que afrontar una pregunta con filo: "cómo se siente vender a 99.95 $us el derecho de ver una pelea (PPV) donde uno de los boxeadores está lastimado y luego explica que por ello no pudo pelear usando sus combinaciones". ¿Cómo puede ser tan cínico?, es lo que parecía decirle con otras palabras.  Arum, viejo zorro, se escudó señalando que todos los atletas acostumbran competir con alguna lesión o heridos de alguna manera, debido a los entrenamientos a los que se someten y que fue una lástima que la lesión de Pacquiao volviera a molestarle desde el tercer round. Pero todo ello se fue diluyendo cuando en ese momento apareció Floyd saludando a todos en la mesa ofreciéndoles la mano, y luego asumiendo el lugar del micrófono central para dirigirse al público. Desde ese momento Bob Arum le cedió la palabra, todo se congeló y él comenzó a dominar el ambiente, como si un ser climático hubiera invadido la habitación. 

Floyd se molestó cuando le consultaron sobre la cuestión de la lesión de Pacquiao como explicación posible al resultado de la pelea. Sin embargo se contuvo y mantuvo la calma, luego empezó a articular una respuesta que selló la cuestión: "yo he tenido muchas lesiones, tengo lastimados mis dos hombros y mis dos manos, pero siempre buscaré la forma de ganar". Lo que decía es que él no se habría escudado en una razón tal para no seguir buscando de todos modos la victoria, cosa que su rival pareció resignar. Por otro lado, Pacquiao lució como los equipos de Marcelo Bielsa en final de temporada, es decir sobre-entrenado, como si hubiera dejado lo mejor del picante en la preparación, no se vio que tenía cargada su arma para explotar y encimar a Floyd. Fue el americano quien lo tuvo a distancia desde el primer round y Pacquiao apenas logró conectar algunas izquierdas aisladas en el centro del ring. Quedamos en ascuas los que creímos que la straight left lead sería un arma peligrosísima del filipino, con ese salto y la manera impredecible de lanzarlo, como lo hizo contra De la Hoya.

Durante los días previos a la pelea me preguntaba por qué Floyd había postergado tanto la pelea, 5 o 6 años "on the making", como dicen los americanos. Le decían gallina pero ahora sabemos lo que estaba haciendo, dejó esta pelea que no consideraba la más riesgosa para el final, o casi el final, como un cupón de salida del deporte. De todo su hermetismo a la posibilidad de la pelea de repente apareció este año convencido de que la pelea debía realizarse ahora, no después, antes de que ambos se retiraran del deporte. Y como fue él mismo quien movió los hilos del primer encuentro, supuestamente en un encuentro casual en un partido de la NBA, y luego dirigió un encuentro formal para terminar de coordinar lo necesario, todo en persona, daba la impresión de que algo sabía, alguna nueva tranquilidad respecto del boxeador filipino le permitía saber un secreto. No era por todos sabido que Floyd había contratado a alguien del equipo de Pacquiao, el entrenador de fuerza del filipino, como una especie de activo valioso, pues sabía que su papel había sido importante en el equipo de Pacquiao.  En cierta forma llevárselo a su equipo le dio la ventaja de tener a un informante, alguien que conocía de la constitución física de Pacquiao y de su formidable fuerza. 

ANTICIPACIÓN

La pelea entre estos dos colosos del boxeo mundial representaba un interesante curso acelerado en términos de estilo para los que estudiamos las formas de combate. Pacquiao me gustaba porque representa muchos atributos que Bruce Lee y su amigo Uyehara resaltan en su libro Método de Combate, como propios del Jeet Kune Do (la guardia natural, la movilidad, el uso de la mano adelantada, el uso de la línea central al golpear, el ritmo roto al atacar...). De esta forma o disposición de pensar, que Bruce Lee llamó JKD, podemos resaltar la patada de parada o el golpe interceptor. Anoche Floyd, que en los papeles debía ser el menos parecido a Bruce, terminó utilizando el concepto de la interceptación como arma central. Se trataba de anticipar con la derecha recta el momento en que Pacquiao quisiera iniciar una ráfaga de ataque. De esa forma ocupó la línea del centro efectivamente. Con mucha precisión, Floyd grabó su puño derecho en el rostro del filipino en varias ocasiones, y lo hizo justo para romper el rítmo de Pacquiao, lo cortaba en la preparación de su ataque, y esa, pocos lo saben, es una forma de pericia en cuanto a defensa que sólo dominan los maestros: interceptar está un paso más arriba de bloquear y de esquivar. Floyd nos mostró cómo se hace eso esta noche, además que despejó mis dudas sobre el shoulder roll frente a un zurdo de esa clase de actividad (busy fighter). Poco o nada se vio el shoulder roll, pues contra las cuerdas Floyd usó la cintura decididamente cayendo por fuera de la mano izquierda de Pacquiao y amarrando frecuentemente; sobre todo Floyd buscó establecerse en el centro del ring, confiando  mucho en el traspaso de peso a su pierna retrasada, cambiando la forma de posicionar sus guantes en la posición de guardía, usando el jab de manera sólida, moviéndose aquí y allá para que Pacquiao no pudiera fijarse ni asentar su peso decididamente en la pierna delantera para saltar al ataque. En suma, gran parte de su defensa consistió en mantener pensativo al filipino, que nunca se había enfrentado a un puzzle tal.

Roy Jones Jr en ringside debió quedar sorprendido por la manera en que Floyd manejó y congeló la pelea. En ningún momento dejó que tuviera las señas de una guerra, ni siquiera en cuanto a los comentarios que salían de su campus en los meses previos. Parte de su estrategia fue la absoluta serenidad y frialdad, se vio así en el pesaje y luego en el face to face en el ring. Floyd era todo control, sabía que poner a Pacquiao en el lugar de una batalla por el honor sólo podría motivarlo, prefería que el olor de la pelea se vendiera por sí misma, con la frialdad de un pasillo de hospital público en pleno invierno. Y decíamos que Roy se habría sorprendido porque creía que Pacquiao haría más para sacar a Floyd de ese estilo limpio y lujoso que muestra siempre. ¿Acaso Roy no podría haber hecho algo así en su pelea con Tarver aquel 15 de mayo del 2004? Roy dejó a Tarver jugar el toma y daka fuera del ring, incluso en la sala de conferencia, consumido en la dialéctica verbal, de esa manera Tarver ponía fuera de su zona cómoda a Roy, impulsándolo a creer que esa pelea era personal. De algún modo, con insistencia, el zurdo Tarver se metió en la cabeza de Roy, y fue parte de ello una razón para que Roy tomara un riesgo e intentara combinar un cross de izquierda en mala posición cuando Tarver parecía arroparse en modalidad defensiva. Fue un quiebre de tiempo del zurdo de Tampa, Florida, que sorprendió a Roy en un momento en el que le hizo creer que solo se defendería. Roy corrió el riesgo y pagó el precio de ver finalizada su era de predominio, nunca más sería el mismo ni tendría la misma aura. Floyd tomaría el relevo al siguiente fin de semana, justamente contra DeMarcus Corley. 

Floyd estudió seguramente algunos errores que no deseaba cometer contra un zurdo agresivo y veloz, con mucho volumen de golpeo y facilidad para variar ángulos en sus ataques. Uno de los videos que estudió tiene que haber sido aquella infame revancha de Jones con Tarver. ¿Y Hagler contra Sugar Ray Leonard?, seguro que sí, Sugar parecía de la edad de Mayweather aquella noche histórica, tenía mucha movilidad, y Floyd parecía recordarnos que su juego de pies haría algo nunca visto. Y así fue que Mayweather, por precaución, decidió afectar a Pacquiao de falta de acción, llevándolo a una pelea de segundos pensamientos, con dudas y precauciones antes de subir puntaje con algún golpe de autoridad. Confirmábamos entonces que Floyd había buscado que se haga esta pelea porque ya sabía cómo podía vencer a Pacquiao; hay en todo esto algo de Cossa Nostra, como si en su equipo hubieran concebido este plan de desarrollo desde hacía un buen tiempo. Floyd dejó que la bolsa de la pelea suba con los años, que Manny desmejorara o al menos se ralentizara un poco, y tuvo que encontrar seguridad para la perfecta estrategia al enfrentarlo. Cuando Mayweather lo arregló todo para que la pelea se hiciera realidad, quedaba la duda de si ya había decidido cómo pelear y sabía de antemano qué debía hacer para imponerse al estilo feroz y vulnerable del filipino. Presentía que ya lo tenía descifrado, y que sólo por ello aceptó hacer la pelea en este momento. Roy Jones Jr aceptó pelear con Tarver cuando salía del juego, a sus 35 años, peor aún, cuando ya había dado el paso decisivo hacia los pesos pesados, de modo que retornar a semipesados para enfrentarlo con sus capacidades disminuidas fue un error táctico imperdonable para un hombre que siempre fue más listo que el negocio del boxeo. Pero Mayweather, aunque en apariencia hacía algo arriesgado en el crepúsculo de su carrera, no iba a cometer el mismo error, ya tenía definido lo que debía hacer para vencer esa pelea. Después de todo, aunque pocos hablaron de ello en la previa, Mayweather era más alto, tenía ventaja de alcance de brazos y era naturalmente el peleador más grande en la categoría welter.

La pelea
No deja de ser admirable la manera en que Floyd impone sus condiciones, tanto fuera como dentro del ring. A Manny se lo veía mayormente sonriente en la transmisión, incluso desde el camerín, paseando como victorioso, esperando en el ring que comience la pelea sintiéndose parte de una celebración, como si para él estar ahí fuese una especie de gran victoria; la idea de haber sido un niño pobre en Filipinas y ahora tener una fortuna procurada para su vida y los suyos lo reconfortaba, y ese escenario era de ensueño, ser protagonista de la pelea lo arropaba, lo cobijaba en un sueño maravilloso, por eso sería que se lo veía con cara de inocente. Después de muchos años de haber sido duro en las negociaciones, finalmente Floyd quiso hablar cara a cara con él, mirándolo a los ojos, y convencerlo de que el trato 60-40 era el justo, pues Mayweather era el invicto, el rey pound for pound, el hombre que hacía dinero. Manny aceptó, el ocupó el lugar de peleador B, y desde ese momento, en esas condiciones, Floyd comenzó a mandar en el combate. Floyd no es sólo un superdotado técnica y físicamente, su agilidad mental lo ha llevado a desarrollarse como productor de su propio espacio de exposición, algo que bien podríamos hacer también los escritores que dependemos de editoriales que no hacen bien su trabajo en la mayoría de los casos. De modo que Floyd fue imponiendo su voluntad desde el principio, Manny no le dio la importancia, incluso afirmó que le gustaba ser el underdog, una posición que rara vez ocupaba desde hace años. Manny llegó a la pelea como aquel que tiene todo para ganar y poco que perder, alguien a quien la pelea le ha caído como regalo, es una especie de colado a una fiesta de matrimonio, no teniendo nada que ver con ese resultado se aprovecha y divierte en todo lo posible conociendo a los invitados y saboreando los platos. 

La insistencia en el documental Inside Mayweather vs Pacquiao, producido por Showtime, fue en que la pelea se llevó a cabo gracias a Floyd. Su gestión, y el cambio de perfil de su ego para acercarse a Pacquiao en persona, hicieron posible que todo fuera casi como él lo quería. (180 millones de dólares la cifra para él, nada mal). En el ring no fue muy diferente, se peleó a la distancia que él mandaba, que siempre era la larga, y contados momentos la media. Se vio a un Manny amarrado, como inhibido ante la grandeza del evento, totalmente disminuido respecto de lo que siempre ha mostrado, lanzando golpes de modo raquítico para sus estadísticas usuales. Se cansó de fallar, se cansó de perseguir a Floyd, se aburrió de ser abrazado, y debió haberse sentido irritado cuando se fueron sumando esos golpes de látigo como piqueteos al rostro, fueran estos el jab o las derechas rectas que lo interrumpían en su avance. Con maestría Floyd se ocupó bien de hacer el juego del boxeador contra el noqueador, el cual consiste en mantenerlo a raya y golpearlo con golpes simples a distancia, buscar el cuerpo con dureza, usar mucha finta, mientras el desplazamiento de los pies se utiliza como un arma más. 

Sin embargo, como este artículo no desea ser un mero elogio al boxeo de Floyd, debemos colocar un asunto que lo pone en perspectiva. Tiene que ver con la percepción generalizada que se tiene del boxeo: un deporte viril. Y viril se entiende como riesgo, hombría como falta de miedo, primacía de la fuerza y el instinto por sobre la belleza y lo estético y lo blando. Se espera sangre de una pelea que cuesta tanto, se desea que los contendientes se muevan el cerebro intercambiando bombas que los tambaleen, y mientras más resistan y alarguen ese drama en varios rounds se considerará más emotiva y excitante una pelea. En tal caso, los espectadores usan a los boxeadores, que son pagados para hacer lo que hacen. Pero existe otro formato, en el que el boxeador entiende este juego y se dedica más bien a usar a los espectadores para convertirse en millonario. Floyd es en esto como Muhammad Ali, valga aquí la comparación, y es que Muhammad, después de vencer a Liston y convertirse al Islam, dijo que no sería el campeón que todos querían que sea, sino que sería el campeón que él quería ser. Con el tiempo Muhammad se llamó el campeón de la gente, fue en 1971 para promocionar la necesidad de una pelea con Frazier, cuando ambos estaban invictos y él salía recién de su prohibición para pelear por negarse a engrosar las filas del ejército. En ese punto Ali dependió de su popularidad, pero siendo más joven, en 1964, habló como todo joven irresponsable que no comprende mucho de todo pero que habla como si lo hiciera. Su deseo de ser el campeón que quería ser se cumplió, eventualmente a la gente le encantó esa forma de ser un campeón, un rey bocón que se reunía con la reina de Inglaterra o con presidentes de los países que visitaba, y que era recibido por Los Beatles o enviado en comisiones de paz y ayuda a África. Ali fue un boxeador tan grande que trascendió el deporte del boxeo, su causa era humanitaria. Floyd en cambio parece ser todo en torno a sí mismo, habla mucho de la importancia de la familia, de la lealtad, no sabemos bien qué piensa de la familia ni qué es exactamente esa categoría doméstica para él, sólo sabemos que cuando alguien dice familia inmediatamente se cree que ha dicho algo bueno moralmente. El caso es que Floyd se dedicó también a ser el campeón que él quería ser, y cuando quería salir a arriesgar un poco lo hacía, y cuando se conformaba con mostrar que no podía ser vencido lo hacía con la misma convicción. La estrategia de la gallina que tanto le han criticado le ha permitido construir su colchón económico y con el mínimo de castigo recibido, como es su lema. 48-0 es su record, lo cual muestra su conocimiento de las reglas y de las maneras en que puntúan los jueces. Pero como un hombre, como un guerrero, no se ha logrado imponer a sus rivales en la forma de dominarlos a todos. Ha dejado inconforme a más de uno, como por ejemplo a Maidana, que se siente vencedor, o al mismo Pacquiao, a quien venció en puntos pero no derrotó, no le hizo sentir superioridad, y en cambio dejó la sensación de que el combate estaba abierto, neutralizado, pero no decidido. 

En la tradición de las artes marciales, y muy particularmente, en la mentalidad de los Gracies, tan instalados hoy en día en USA, lo que importa en un combate no es ganar a los puntos sino finalizar a tu oponente. Vencer significa hacer que el otro desista, hacerlo someterse a tu voluntad, doblegarlo, y que no quede duda de que eres superior, o en ese caso, de que el arte que practicas es superior al suyo. Pero Floyd no cree en eso, aprendió con el tiempo que puede vencer y mantenerse en el pico del deporte sin pisar tan hondo, que puede deslizarse un poco más cómodamente en la pista delgada de la distancia larga, in and out, and then move, y que su velocidad, timing y su manejo general del cuadrilátero le terminarán por dar la ventaja. Su forma de ganar es no dejar hacer al otro peleador la pelea que vino a hacer, y asegurarse de que todo se lleve de acuerdo a sus planes, o lo más cercanamente posible. El box es un deporte, no una batalla por el honor, no es una guerra a muerte, ni un desafío marcial, es simplemente un deporte más, muy rudo, brutal a la larga, pero deporte, con sus reglas, sus formas de puntuación, sus licencias y sus protecciones, tiene demasiada intermediación, no sólo un juez que interviene a todo momento, también una comisión de jueces exteriores, y además un público que influye en el clima y las decisiones. Ante todo ello, como buen boxeador contracultural que es, Mayweather congela la acción, no se deja arrastrar por la vorágine de un público famélico y babeante que desea ver sangre y heridas, sufrimiento y drama en el ring. Es cierto, como a muchos, no me gusta personalmente que se conforme con administrar los rounds en base a los puntos que logra con golpes simples y haciendo fallar, me interesa mucho más cuando busca imponerse, como cuando peleó contra Hatton, o contra Gatti, o la manera en que revirtió las cosas contra Cotto o contra Zab Judah. Pero contra Pacquiao fue indiferente frente a la historia, no actuó para ser registrado en la envergadura de una colisión como esa. Ahora nadie hablará de su pelea con Pacquiao relacionándola con choques del tipo Ali-Frazier, y es porque no hubo competitividad, no hubo suficiente rivalidad ni chispas entre los estilos. Mayweather se encargó de que todo se definiera del modo más tranquilo y seguro, sin meter demasiado los pies al agua, caminando de puntitas, casi flotando, como Jesús al bajarse de las barcas, deslizándose, creyéndose el milagro en persona. No es poco lo que ha logrado, cuando comienza a explicarse verbalmente sobre lo que hace incluso te sobrecoge un poco, es una mente muy avanzada. Habla del dinero como si fuera un adicto al dinero, pero a veces me parece que tiene una subterraneidad bastante poblada y construida, y que entiende muy bien que al deslizarse en el mundo de élite del negocio del boxeo, el lenguaje atrayente a utilizar es el dinero, es su manea de flotar, aunque sus prioridades se encuentren en otra parte, y en verdad sus motivaciones sean completamente otras. 



jueves, 12 de febrero de 2015

QUINTÍN Y LA CRÍTICA DE CINE



Imagen de Festival A cielo abierto


En el mes de septiembre del 2014 tuve la fortuna de asistir a un taller de crítica de cine en Cochabamba, iniciativa organizada por el Centro Pedagógico y Cultural Simón I. Patiño en cooperación con el Goethe Institut. Fue una de las actividades formativas que montaron los organizadores dentro del festival de cine documental titulado "A cielo abierto". El taller lo dictaron el argentino Eduardo Antín, más conocido como Quintín, y el peruano John Campos Gómez. Quintín me pareció fantástico, logré hacerle una entrevista breve antes del tercer día del taller, justo después de los almuerzos que disfrutábamos como delegación en un restaurante por la zona del Boullevard. 

La dinámica elegida por los talleristas resultó muy apropiada y estimulante para los que participamos, que éramos una veintena de aficionados al cine, mezcla de periodistas con gestores y cinéfilos. Como requisito inicial, semanas antes cada uno de nosotros había enviado a la organización una crítica de alguna película; además de ser el pasaporte de entrada, ese documento sirvió para identificarnos dentro del taller y ejercitar la idea central de ese espacio: una crítica de la crítica de cine. Al iniciar cada sesión Quintín y Campos nos repartían fotocopias de cada una de las críticas, que fueron entre quince a veinte, y después de leerlas ellos comenzaban los comentarios y críticas. Así avanzamos una por una, deslizándonos entre estilos de escritura y de formas de mirar muy diferentes, algunas casi antagónicas. 


Quintín a la izquierda, a su lado John Campos.

Quintín se mostró de entrada reacio a las recomendaciones personalizadas y al aleccionamiento. Pero se mostró como una máquina de afirmaciones provocadoras. Sabiéndose ante un público mayormente joven, compuesto por cinéfilos que se identifican con el animal llamado "crítico de cine", un animal muy inquieto, disconforme, observador y liberal, lo mejor que podía hacerse era hilar por la vía de la incertidumbre. Así lo hizo. En cambio John Campos, en toda su juventud e impetuosidad, parecía tener un decálogo de lo que debe hacer y no hacer un crítico de cine, y vino a transmitirnos su convicción. Su posición era muy cercana a la de aquellos que desconfían del trance del cinéfilo. Es decir, trance en sentido de que el cine, como una forma de arte, es una máquina para hipnotizar: toda la posibilidad de su conexión más íntima con el espectador recae en la experiencia del trance. Claro que es posible ver desde fuera, de modo muy consciente y frío, y escribir algo inteligente sobre una película, pero no existe nada como la conexión del cinéfilo que se hipnotiza con tal o cual película, que se deja llevar. 

Como diría el fallecido escritor uruguayo Mario Levrero, el arte provoca esa hipnosis para que bajen los niveles críticos de consciencia y así pueda transmitir vivencias o experiencias anímicas que no se traducen en hechos perceptibles. Pero el crítico de cine, en su figura más dura y frecuente, tiende a presentarse como aquel al que no lo obnubilan los efectos, él se mantiene imparcial, distante, desconectado, presto para decodificar mensajes o ideologías escondidas, porque a él no se la hacen.

Quintín no tenía nada que ganar ni perder en cualquier debate sobre la tarea del crítico de cine, en cada intervención dejaba ver su tremenda erudición sobre el tema, pero no era avasallador ni engreído, hablaba muy piola, con humor, sarcástico a veces, lo que hacía era abrir corredores para pensar las posibilidades de la crítica, pero se evadía a dar definiciones. Cuando terminaba de exponer su posición ya no quedaba nadie que quisiera contradecirlo, nos había lanzado hacia un nuevo oleaje de pensamientos. 

El tercer día de taller, ante una cierta insistencia de John Campos por asentar alguna definición, Quintín interrumpió diciendo, "bueno, yo propongo una nueva definición: ¿Qué es la crítica de cine? No sabemos." Promover la incertidumbre sobre ese modesto oficio fue su motor, en ese momento arrancaba y su pensamiento comenzaba a sobrevolar. Capturé algunas de sus ideas, lo cito aquí: 

"La crítica no está dirigida al lector. Lo que hace el crítico es escribirle una carta al director de la película, establece un diálogo imaginario, y pone al lector como testigo de esa conversación."

"Es una convención errónea pensar que el texto debe ser subsidiario a la película. El texto de una crítica goza de su propia autonomía. ¿Por qué no pensar que es posible hacer críticas sobre películas que todavía no existen o que nunca se hicieron?"

"Hay que tener presente que los directores se proponen hacer algo con sus filmes para algo más que ser descritos por un crítico de cine".

"Estamos frente a un problema de la crítica cuando una película no nos deja avanzar."

"Un modo de hacer crítica es sintiéndose dentro del universo del director. Una crítica nueva es la de una nueva generación que se hace cargo de lo que se produce hoy, y que plantea como condición que uno esté dentro de ese universo."




Una cuestión que pareció sorprenderle de los textos que trabajamos fue la falta de trasfondo político en las críticas sobre determinadas películas. “¿Cómo se puede hacer una crítica sobre esta película sin hablar francamente de política?” – se preguntaba después de leer dos trabajos sobre Ivimarae de Valdivia. Él se ubicaba muy bien por dónde venía una historia y un director con algunos datos que le contábamos. Nos confesó su sensación de que había una precaución y hasta cierto temor en nuestras críticas por entrar en el meollo de la discusión política nacional.

Quedó clara la impresión de que no le gusta la crítica timorata. Si en algo insistió fue en que se debe escribir con honestidad intelectual ante todo. Nos propuso que este oficio de escribir crítica no incluya el escabullirse y colocarse en el lugar común, de elogiar lo que ya goza del consenso de todos, o ser crítico con lo que todos están de acuerdo en deplorar. Te tira para atrás creer que siempre hay algo bueno que se puede decir de una pésima película, o guardar demasiado las formas rigurosas para decir algo simple. 

Las ideas y debates que se produjeron en ese taller y la riqueza de la experiencia junto a varios colegas talentosos tendría que dar lugar a más reseñas de lo sucedido, seguramente irán apareciendo con el tiempo.


Por: Jorge Luna Ortuño




lunes, 29 de diciembre de 2014

DESAVENENCIAS CON LA SERIE "REVENGE"





La idea de cruzarse con una mujer resentida, que está decidida a vengarse a como de lugar, es de por sí una idea inquietante, esto ha sido así desde el principio de los tiempos. Ahora, si esta mujer es además una rubia joven y atractiva, que aparece de la nada con una identidad falsa, como quien no tiene nada que perder, y que encima de ello sabe desenvolverse en los círculos de la alta sociedad, que tiene una fortuna en su cuenta bancaria, que sabe invertir en la bolsa de valores o al menos lo aparenta, que tiene un aliado circunstancial (el repelente y millonario Nolan), y además tiene un motivo tan fuerte que sabemos que no parará hasta conseguir lo que se ha propuesto, entonces tenemos una historia que puede narrarse al compás de un festival de carnes y sangre derramada por todas partes. Pero no es eso exactamente lo que nos ofrece "Revenge" en sus inicios, la serie de televisión creada por Mike Kelley que retrata la historia de Amanda, una joven mujer que retorna a la boca del lobo para ajustarles cuentas a los frívolos millonarios que arruinaron la vida de su padre hasta llevarlo a su muerte.  Por supuesto que ella retorna años después, convertida en mujer, con un nombre y una identidad falsas, además con un historial arreglado y previsto para posibles investigaciones de sus nuevos vecinos en los Hamptons, un lugar de lujos y de alto estatus. 

¿Qué se puede decir de la serie por sus tres primeros episodios? Demasiada edición a momentos, muchos cortes. Claro que todo lo que uno puede decir es lo que alcanza a ver, aquello con lo que se relaciona de uno u otro modo. Se me aparece inicialmente como una propuesta atractiva, pero con una manera de narrar bastante simplificada, nos presentan a un personaje, el de Emily Thorne, que no tiene fondo ni profundidad, tal vez los productores y guionistas creyeron que era mejor enfocarse primero en el desarrollo del lugar y de la trama general antes de empezar a cavar muy profundo en la psicología de la protagonista. Pero presentar a una jovencita que aparece de la nada como la gran vengadora que sabe congelar su sangre cuando está en frente de aquellos a los que quiere destruir, si no aplastar, y que sólo aparece casi siempre en las reuniones sociales vestida de princesa o de soltera ricachona, nos parece una manera muy "light" de dibujarnos la singularidad de su personaje. Parece una nueva espía, una feme nikita sin artes marciales, el ángel blanco que cabalga en una columna de hielo, la ven venir y la dejan entrar con facilidad. No se muestra nada casi de sus modos de lidiar con la soledad,  no sabemos si lee o escribe o se entrena, si medita o hace baños de inmersión en agua helada, todo lo que vemos cuando no está con otros es que se sumerge en su computadora para recordar imágenes de noticieros tal como pasaron el momento del juicio a su padre, donde lograron que se le inculpe de participar de un atentado terrorista con su financiamiento. Cuando mira la computadora, generalmente en las noches, la cámara se enfoca especialmente en su rostro, como deseando captar algún aire de malignas intenciones camuflados por debajo de su belleza. No se ve mucho, la actuación de la protagonista es convincente dentro de los márgenes que le han rayado.

Así las cosas, "Revenge" es la historia de una simpática jovencita que controla su temperamento y parece estar lista para dejarlo todo en el intento de vengarse; embarcada está en un viaje de persecución de su propia ballena Moby Dick, consciente quizá de que esa ruta la irá a transformar. Pero no se nos muestra nada de su preparación, como si su fortuna y sus deseos de vengarse fueran suficientes para que tenga el plan perfecto. Todo lo que alcanzamos a ver es la ejecución, la parte divertida digámoslo así. Tal vez se trate de un deseo por captar a las masas primero, a un público indiferenciado que puede engancharse con la posibilidad de que exista romance, entre la heroina justiciera y el hijo de sus víctimas, o del adulterio que hubo entre su enemiga y su padre, mientras permanecen en la sombra personajes como su amigo de la niñez, que no resultó ser un ricachón, sólo se mantuvo como el tipo sencillo y trabajador entre los ricos, como si fuera la señal del devenir-minoritario en medio de esa abundancia y despilfarro con glamour. 

Un recurso que me llama la atención es la cantidad de cámaras que utilizan incluso en tomas sencillas, como un diálogo por teléfono; es como si intentaran introducirle una velocidad y un dinamismo a la escena que no tiene tanta velocidad de por sí. Los diálogos son cortos, llenos de ingenio, de falsa cortesía, de hipocresía y de recelos camuflados. Las cámaras se mueven con una ráfaga hacia los lados, o nos dan una panorámica en 360 grados, o bien apelan al zoom instantáneo para mostrarnos la vista de Emily desde su nueva casa hacia la mansión de sus enemigos. ¿Seducción en la narración visual para los más jóvenes? Válido recurso por cierto.

El creador de la serie se ha encargado de que la historia de venganza de Emily tenga algún cable a tierra con el que los espectadores nos podamos identificar y que acabemos diciendo en algún punto que estamos de acuerdo con ella, que debe lograr su venganza. Este cable es el recuerdo de su padre perfecto, hidalgo, justo, tan solo e indefenso en el juicio, traicionado por la mujer que amaba. Emily pone su maquinaria en movimiento, desde el primer episodio todo avanza perfecto, parece que lo hará sin problemas, de modo que la serie se convierte en una curiosidad por ver cómo lo hará y si se puede aprender algo de ello. Nosotros podemos adelantar que se trata sin embargo de una empresa destinada al fracaso, incluso aunque logre su objetivo. ¿Cuándo han terminado como un verdadero triunfo las vendettas, pregunten a los sicilianos que han crecido con miles de historias de ese tipo? Se nos antoja irreal la figura de esta jovencita con un rostro benigno capaz de planear todo ello y de manejarse con tal frialdad ante los vecinos que son su objetivo final. Alguna vez uno piensa o trata de imaginar, ante todos los problemas del mundo: ¿qué haría si tuviera toda la plata del mundo, si tuviera además un aliado poderoso que conoce todo acerca de los sistemas informáticos, que quiere ayudarnos y está entre los hombres más ricos del mundo? Bueno, pues eso que parece una utopía lo tiene ella, Emily, y decide usarlo todo para hundir a los que arruinaron a su padre, va por ellos uno por uno.  Está movida por una pasión baja, una pasión triste, ¿dónde puede acabar esto? Spinoza, el filósofo del siglo XVII, diría que esta muchacha está afectada por una pasión triste que debilita su potencia. La serie nos presenta a una mujer que se alimenta de su deseo de venganza, parece como si alimentar esos sentimientos en uno te harían más fuerte, más cínico y calculador, más cool, es decir, más acorde con los tiempos que corren para ser aceptado en los altos círculos. Pero debía despertar alguna sospecha que haya hecho quebrar a un tal Michael, que dirigía un negocio de fondos de inversión. Luego del segundo capítulo desaparece, no se escuchan rastros de él, simplemente se sabe que había estado ahí por décadas, poderoso, otro traidor del padre de Emily, y de repente el mal consejo de esa jovencita que lo induce a invertir mal, especulando con el valor real de una compañía de celulares, termina por hacer que su firma compre acciones equivocadas como un verdadero novato. Todo parece muy conveniente y algo adolescente en la narración del personaje y la manera en que se va acomodando en esa esfera de lobos y de zorros. Algunos desenlaces se antojan demasiado fáciles, la combinación más desafortunada para sus enemigos sucede siempre tal como ella quería, casi como si tuviera una bola de cristal, su plan avanza maravillosamente. Pero no deja lugar para el asombro, no nos deja boquiabiertos como lo haría una escena de El Padrino donde un hombre despierta y siente la sangre helada de su mejor caballo, mientras la cabeza del animal yace a los pies de su cama. Eso es horror, lo impensable, el poderío de un hombre que sabe aterrorizar. En la serie todo es más light, el soundtrack es otra versión casi calcada de la onda de las series juveniles de nuestro tiempo, en este punto no nos sorprendería que la heroína de esta serie se revelara más adelante como una vampiro muy parecida a Bela en la zaga de Crepúsculo. Mientras, todavía no conocemos una faceta realmente humana de la protagonista, lo único que nos da su creador es el link con su niñez, donde se retrata a un padre amoroso que la habría criado con enorme cariño, de entrada está ahí puesta la semilla que se nos recuerda de tanto en tanto, que ella es la perjudicada, la buenita, que es justo su deseo de venganza, y deberíamos desearlo con nuestras fuerzas... Pero vivir tramando, confabulando, hundido en las noches en la confección de un plan tan minucioso, en el que se deben chequear tantos detalles sobre la vida del otro, sin contar con la intervención del azar, todo ello ensombrece el rostro y la vida de cualquier persona, la distrae de lo que podría estar conectado a su vida, simplifica su mirada, afecta su capacidad de recepción de las señales dichosas y desinteresadas de la vida, la coloca en un plan de guerra que se oculta lo mejor que se puede, pero no puede avanzar en sus propias líneas de desarrollo, pues está demasiado involucrada en el objetivo de arruinar a otros, su móvil es el resentimiento, actuar como juez, destruir antes que crear algo, tanta negación para tan poca afirmación, no puede quedarle mucho tiempo para encargarse de trazar tus líneas, de establecer su plano de creación y de vida. Sin embargo la rubia protagonista aparece cada mañana tan cristalina y radiante como siempre, no hay mucho que de señales de un aire sombrío en ella, ni insomnio ni resaca, es casi una princesa de Disney envuelta en papel de regalo, siempre vestida con colores claros, bien dormida y bien comida, está sola y su vida sexual es incierta por el momento. Pero ella es un sueño envuelto en guirnaldas, su empresa de destrucción no le afecta en su talante ni en la vibración de su presencia, solamente Victoria, la macabra mujer enemiga en cuestión, intuye algo y siente que no todo cuaja en ella. La hace investigar por el jefe de seguridad de su esposo, comienza así una especie de contraespionaje, pero Emily ya ha tomado sus recaudos, al menos hasta donde imaginó que sería necesario, no sabemos qué pasará. 

Nos parece algo forzado e irreal este modo de enfocarlo. Nos interesan más historias del tipo Los próximos tres días, con Roussell Crowe, que tiene sólo 72 horas para tener todo listo en la fuga que ha planeado para recuperar la vida que les han robado a él y a su familia injustamente, habiendo encerrado de por vida a su esposa por un crimen que no cometió. La vida de este hombre se ensombrece por supuesto, comienza a moverse en un plano subterráneo, comienza a alejarse de todos, su modo de hablar cambia, frecuenta su soledad, planea un escape, tiene un problema contra la sociedad en cuyo sistema y formas de establecer el orden creía, pero no es el resentimiento el fondo de su motivación, es más bien su impulso por crear otro modo de vivir, no recuperarán ya el que tenían, pero se crearán otro en otra parte, muy lejos, aunque deban huir hacia el Sur, a Venezuela, con tal de conseguir estar juntos otra vez, a salvo de la ineficiente justicia de su país. Dirigida por Paul Haggis, este film representa un tipo de historia más real y al mismo tiempo más estimulante, porque plantea además las relaciones de ese acto corajudo y heroico con los viajes y añoranzas de Don Quijote, el irracional, o el que alucinaba de algún modo, deformando una realidad que a ciencia cierta nadie sabe muy bien cuál es. 

Lo cierto es que el ser humano debe hacerse cargo también de la ficción en su vida, y a veces una manera de relacionarse con la ficción es ver estas series, pero empobrecen en gran medida la imaginación, como si estuvieran reunidas varias recetas comprobadas taquilleras en un solo trago que sirve lo mismo para jóvenes y adultos televidentes. No nos sorprende por ahora esta serie, pero le damos el beneficio de la duda, si llega a buen puerto no seremos testigos, pero algún buen espectador quizá nos comente algo en estas páginas. 


domingo, 21 de diciembre de 2014

LA NUEVA OFERTA DE GIUSEPPE TORNATORE



Por: Jorge Luna Ortuño

De entrada habría que resistir todo intento de preguntar por la credibilidad de una historia como la que presenta La mejor oferta, el nuevo film de Giuseppe Tornatore. La forma en que se desenlaza la historia tiene algo de coherente, pero se antoja forzada, forzada para alimentar un aire pesimista, de desencanto total, que la aleja de los finales estilo Hollywood donde la chica se queda con el chico. Para evitar caer en esa manía, Tornatore pone en escena un giro del que no habían más que leves rasgos, nos recuerda que cerca de los enamorados siempre hay algún vivo esperando su momento para sacar ventaja, puesto que el enamorado es en cierta manera un tipo de estúpido socialmente aceptado y además alentado. Si le reclamáramos realismo a la historia, si dudáramos de una historia semejante por ello, sólo sería en base a un concepto muy chato de la realidad, y para embriagarse en los mohos de la realidad ya es suficiente con lo que vemos en las noticias todos los días. Así que tenemos que abrirnos un poco para conectar con esta nueva entrega del premiado director italiano. 

Es cierto que están contenidos en esta película varios elementos que nos hacen reconocer su mano, que nos recuerdan a "1900" y a "Cinema Paradiso", como por ejemplo la historia de un personaje extraño en una soledad radical, la conexión igual de extraña que se produce entre ese personaje y el protagonista de la cinta, que es casi como el narrador de la historia. Notaremos también la melodía del soundtrack, generalmente un elemento importante en el desarrollo de la historia para Tornatore. Además, como si fuera una suerte de pariente de Melville o de Kafka, Tornatore no deja de hacerles guiños al absurdo, no sólo por su tipo de personaje minoritario en sus historias, también porque todo comienza como un absurdo y sigue y sigue sin que nadie le ponga un fin, hasta que llega un punto en que ya estamos todos demasiado adentro, sólo habíamos acompañado la historia por la curiosidad de saber a dónde podía llevar un absurdo semejante. 

Geoffrey Rush, tan recordado para algunos por su papel como Marqués de Sade, hace las veces del Sr. Virgil Oldman, un experto en arte, coleccionista, renombrado agente de subastas, hombre muy organizado que vive en comodidad, padece en silencio su soledad sin dejar de proyectar un aire de suficiencia satisfecha. La coprotagonista en apariencia es Claire (Silvia Hoeks), una mujer que sufre una fobia que le impide estar con las personas, no sale de su casa, no puede con la compañía de los demás, y menos aún quiere ser vista. Encerrada en una mansión abandonada, vive ella misma sepultada en su propia armadura de hierro oxidado, o esa es la impresión que desea darle al coleccionista Oldman. Suponemos que los hombres solitarios, tan en contacto con el arte, la filosofía y la alta literatura, son los más propensos en caer en la ingenuidad ante la mínima señal de un posible romance. Se trata entonces de una relación entre encerrados, un contacto a distancia entre dos seres que disfrutan de la distancia. Visto así, por la conexión emocional que establecen los dos personajes a través del teléfono, no pude evitar pensar en las relaciones a distancia por medio de las nuevas tecnologías de comunicación. En ellas siempre existe una cuestión referida a la soledad de los amantes, pero luego de la presencia del otro: ¿cómo está presente el otro en tu vida? A través de un sms oportuno al celular, un email, una conversación por skype o unos intercambios por whatsup o viber. Son tantos los canales posibles que hasta uno siente algo parecido a estar abrumado. Oldman visita la casa de Claire, la extraña mujer con esa enfermedad espantosa, inexplicable, hasta cierto punto dudosa, y le habla a través de la pared que divide el cuarto secreto donde ella se guarda a sí misma. Inexperto como es en los amores, Oldman es demasiado respetuoso, no la fuerza en ningún momento, mucho menos hace algo por seducirla, en cierta manera es víctima de los tiempos de la relación, de los sucesos, que él cree se van produciendo inexplicablemente. Ahí pensé en Facebook, verlo hablando a una pared, seguro de que del otro lado llegaría la respuesta de la mujer que cautiva su atención, eso me hizo pensar en el invento de David Zuckerberg. Porque hablar por facebook es como pararse frente a una pared, a esperar el eco, la voz diferida del otro lado. Ves una foto de tu interlocutora y te sientes que sabes quién es ella, tienes una idea de cómo es ella, pero la foto es una ilusión, lo que haces es hablar con una pared electrónica. Por ello, no debería llamarse FACEBOOK, sino más bien FACEWALL. Todo lo que vemos ahí es un muro de caras, también un muro de lamentos, de publicaciones donde se impone el deseo de exponerse, de opinar sobre todo y sobre nada, de contar a medio mundo lo que a nadie le interesa, como por ejemplo que ya pusiste la torta al horno o que debes ir al dentista en la tarde y estás nerviosa. 

Resulta difícil afirmar que La mejor oferta es una historia de amor, al menos se puede decir que es acerca de la línea que divide lo real de lo falsificado, ya sea respecto del amor, de la vida, del arte, de la amistad... Aunque sea una especie de spoiler decir esto, lo cierto es que no se encuentra verdadera magia ni química entre los dos personajes que enamoran de ese modo atípico, no se percibe una chispa ni una familiaridad entre ellos, ni siquiera cuando ya están juntos y están cenando con sus jóvenes amigos. La mirada de ella es siempre uraña, como fuera de este mundo, concernida con ella misma, sólo a él se lo ve ilusionado y conmovido, pero en el encuentro con ella no saltan chispas. Tal vez sea también esto algo que le resta importancia y sorpresa al extraño desenlace de la historia. Una cámara que se aleja enfocada en el protagonista parece decirnos una cosa, "al final no existe perdida en nada de lo que nos pasa, pues todo ello nos lleva de uno u otro modo a la próxima página de nuestras vidas". Oldman el solterón, el viejo inocente, el obsesivo, pierde su tesoro para volver a pararse, en cierta forma entiende que ahora su soledad es momentánea, en realidad él está esperando a una persona. 

viernes, 19 de diciembre de 2014

TIAGO, SU PAPI, Y LOS TRANSFORMERS



Por: Jorge Luna Ortuño

Pocas veces la vida sonríe con tal intensidad como cuando estoy con mi pequeño hijo cruzando el parque para comprar unos jugos de lima. Mi hijo no vive conmigo, pero hemos construido un mundo entre los dos. Con él aprendí que una gran parte de ser padre consiste en construir un plano de encuentro con el hijo. Ese plano está compuesto por unos cimientos que son los valores que se desea transmitir, pero el vehículo, la materia prima de ese plano son los juegos. Es jugando que los niños aprenden, que logramos entrar en el mecanismo de sus cabecitas y entender qué es lo que los mueve, lo que los lleva hasta el cielo, lo que no los deja dormir, la ilusión secreta que guardan en sus ojos luminosos. Con Tiago comenzamos por los dinosaurios, al principio jugábamos con peluches. Él hacía de bebe-dino y a mí me bautizó de papá-dino. Juntos defendíamos la aldea de otros monstruos que buscaban llevarse algo en la oscuridad de la noche, juntos nos cobijábamos de las lluvias torrenciales que imaginábamos. El sonido del viento soplando, el aullido de un lobo resoplando a la distancia, cualquier sonido que nos hablara del afuera, de lo que ocurre fuera del espacio seguro que era ese pequeño techo que nos construíamos con una frazada, servía para darnos una idea de que había un juego, algo en riesgo. Inmediatamente él salía para encargarse del asunto, yo pasaba a ser el intruso, y bebé-dino le daba una buena paliza, con sus cuernos delante llegaba para dar un cabezaso proverbial. Esa la maniobra preferida de mi hijo, ponerse de cuatro, y llegar gateando muy rápido para de un choque de cabeza en mi estómago voltearme. Luego el bebe-dino volvía reconfortado a la villa, cerca de su papi, a cobijarse de nuevo en la seguridad, y a contar cómo había vencido al lobo que acechaba. En otras ocasiones los intrusos eran sus peluches más grandes, les daba verdaderas palizas, deseando desde tan chiquito que no exista ningún tipo de amenaza a los buenos, que eran los otros pequeños peluches de la aldea a los que cuidaba. 

El sonido de un relámpago es mágico, evoca algo inexplicable en el hombre, es un contacto de la tierra con el cielo, anuncio de una lluvia, una interferencia en el normal desarrollo del día en la ciudad, ni qué decir en los campos donde no existen muchos lugares para cobijarse. En nuestro juego era sinónimo de emoción, la lluvia anticipa una sensación de fragilidad, es necesario protegerse más, cerrarse en la base o en la cueva, así el pequeño monito de mi hijo reforzaba su sensación de seguridad a mi lado. Le hablaba de compañerismo, de cuidar a los menores, de la valentía, de la precaución a veces, de esperar para salir de la cueva, por supuesto que no le hablaba a él directamente, era papa-dino el que dialogaba con bebe-dino, pero el mensaje le quedaba a él desde luego. Así como se ha dicho que la lectura de algunos libros nos enseña a vivir, o nos preforma la vida por venir, la manera en que reaccionamos, así también pienso que funcionan los juegos para nuestros hijos, de una u otra manera. 


Mientras mi hijo y yo nos sumergimos en el mundo de los transformers cada día que estamos juntos, algo nos acompaña, al menos rodea el panorama del pequeño departamento en el que lo recibo; me refiero a los libros, también los papeles y cuadernos de anotaciones, además de las hojas de exámenes y pruebas de mis estudiantes en la universidad: son una presencia constante en el panorama de mi casa que debemos sortear, hacer a un lado o en otros casos usar como apoyo o como obstáculo en nuestros mismos juegos. Creo que esto se me ocurrió mientras graneaba el aróz ayer. Desde la óptica de la relación con mi hijo, los libros pueden ser vistos como transformers en sí mismos. Los libros son otro tipo de juguetes con los que nos obsesionamos, somos abducidos, asaltados y en ellos nos perdemos o encontramos muchas veces. Me explico: cuando un autor(a)escribe un libro, lo que hace es compartir sus formas de leer otros libros. Pero él, o ella, no comparten esa manera de hacer en modo directo, o sea, ellos no nos dicen "mira yo leo así..." Lo que ellos hacen es poner en la página lo que tienen para decir, mientras que los detalles de su forma de leer están impresos en su escritura casi de modo subterráneo, tanto como en su forma de organizar el libro, en sus citas, en los mismos apartados, si usan pies de página o no, si tienden a buscar el hipertexto o se encierran en la unidad de un solo texto, etcétera; es decir, hay algo que está ahí que el autor no dice, que le toca decodificar al lector(a) de turno. En este sentido, existen algunos autores que escriben para ciertos públicos lectores más atentos que otros. Puedo pensar en Luis H. Antezana si hablamos de nuestro medio local. Otro ejemplo es Ricardo Piglia, el crítico y novelista argentino, que es un lector muy atento, desmenuza los libros y sus referencias internas, nos hace sentir su goce a tiempo que se manifiesta como un lector minucioso. Pues bien, es válido suponer que cuando escribe espera dialogar con ese tipo de espíritu de lectura, y un buen ejemplo de ello es su libro "El último lector", publicado con Anagrama. En él Piglia dialoga imaginariamente con Borges y con Kafka, aunque en el lenguaje formal debamos decir que "ha escrito sobre ellos en esas páginas". Lo que hace ahí en realidad es ponernos como testigos mientras dialoga con ellos, se hace cómplice del ánimo obsesivo que emana de esas obras, se sumerge en la mecánica que sostiene la escritura de estos autores que admira, Piglia es una especie de relojero amable que observa y precisa. En tanto que lector, algo que hace muy bien Piglia es desdoblar los textos, opera con agilidad, de modo que da testimonio de su modo de desplegar aquello que los autores habían dejado replegado en sus obras. Aquí no basta con decir que los libros están vivos, de algún modo esto lo intuye cualquiera que se ha relacionado con un libro y ha llegado a amarlo. Decimos además que los libros están a la espera de ser transformados, son susceptibles de ser transformados, de hecho esperan que eso suceda, pues sólo así preservan su actualidad y pertinencia. Por supuesto, el libro no se transforma por sí solo, precisa del lector atento para ser transformado, en un proceso que llamamos "lectura", en el que tanto el libro como el lector se transformarán en modos íntimos y no siempre percibidos por el ojo distraído y ordinario. Un libro es un transformer, porque contiene en sí múltiples planos que lo habitan, planos que cohabitan como en una vecindad, junto con estados de deseo enganchados con un exterior siempre contemporáneo. No nos referimos sólo al contenido, principalmente a esa composición interestelar que reposa entre las palabras. La reordenación de esos planos en un libro, la capacidad para hacer de unos la superficie y de otros la profundidad, la manera en que se enfatiza algo, se selecciona un enfoque, o se le resta importancia a esa faceta, todas esas son operaciones que configuran la transformación de un libro por medio de la lectura. Virginia Wolf era la que decía "¿quién habla de la escritura?, el escritor no, a él le interesan otras cosas..."; lo mismo podríamos decir de los libros, a ellos no les interesan ni el libro ni las bibliotecas, ellos están ahí para formar parte de un proceso extraliterario que tiene mucho más que ver con la Vida, los flujos impersonales que recorren la atmósfera, los deseos desatados sin rumbo aparente, la música que emana de los mil orificios de la Tierra. 

He dicho antes que Tiago y yo nos sumergimos en el mundo de los transformers. Para la gran mayoría de jóvenes de mi edad que vieron la serie animada de los Transformers en su niñez, no es nada difícil relacionarse con lo que expreso. Existe en muchas partes del mundo toda una generación de fans de la serie, de los personajes sobre todo, y de alguna manera esa antorcha se está pasando ahora a los menores de esta nueva época. Mi hijo tiene 5 años y ya convierte a sus robots en automóviles y viceversa con pericia, tiene la habilidad que yo creo haber tenido a los 7 u 8 años. No recuerdo haber tenido tan temprano la calidad de los juguetes que él tiene hoy, ni eran de la misma complejidad, lo cual me hace recordar que los tiempos son otros y que todo ello está bien. En su cumpleaños le regalé un Stegosaurus Dinobot, de los originales de Hasbro, no fui el único, su madre y sus abuelos hicieron lo mismo, de modo que todo su afán esos días fue el de relamerse pensando en la colección completa que iba a tener. Se había encargado ya con semanas de anticipación de hacer pactos con todos para saber cuál le iba a regalar cada uno, así, a mí me había tocado el Perodactylus. Llegando a la tienda sin embargo ambos quedamos medio desencantados, el robot se veía bastante simple, falto de chiste, y la transformación en dinosaurio era medio rara, con esas dos cabezas y dos colas que le han impuesto en la película de Michael Bay. Después de sopesar las diferencias se decidió por el Stegosaurus, y al sacarlo después de la caja estuvimos seguros de que era la mejor decisión. 

Desde hace más de un año juntos nos hemos dedicado a explorar en el mundo de la serie animada. Por su cuenta en el cable Tiago disfruta de los estrenos de RescueBots, pero cuando está conmigo lo llevo siempre un poco más hacia los orígenes, la Generación 1. Optimus Prime tiene un montón de características para encantar a cualquier niño: es un flamante camión con carrocería, de colores vivos, rojo y azul, es el más grande de los autobots, al menos porque generalmente se rodea de otros más pequeños como Bumblubee, Jazz, Cliff Jumper, Mirage, o los mismos Iron Hide y Ratchet. Cuando yo era un niño alucinaba tanto como los otros mozalbetes de mi generación con esos juguetes, resulta que la serie de televisión es un poderoso instrumento de marketing para la colección de juguetes Hasbro. Terminado cada capítulo lo que sigue es la idea de coleccionar los autos nuevos que van apareciendo, o el tanque (Warpath), tal vez el bombero (Inferno), el cohete que los lleva a Sivertron (Omega Suprime), o un avión de perfil heroico (SkyFire).

Mi hijo se ha tomado bien la ruptura que significa la película animada que salió en 1986 si no me equivoco, en la que muchos de los autobots de la G1 perecen a manos de los Decepticons; uno de los momentos traumantes para un niño y hasta para un adolescente tiene que haber sido presenciar la muerte de Optimus Prime, pues lo que hacen los nuevos realizadores de la serie en ese periodo es presentarla con demasiados paralelos a la muerte de un humano, con todo el sufrimiento inherente de un niño, Danny, su amigo, llorando a los pies de la plataforma donde ya descansa inerte el viejo líder. Confieso que por un buen tiempo salté esa escena en la película para que mi hijo no la viera y evitarle el impacto, o al menos el desencanto. Sólo cuando me dí cuenta de que podía asimilarlo bien, pues en la película de Michael Bay también han sucumbido a la tentación de hacer morir a Optimus Prime y revivirlo, pasé a explicarse que se trataba de un descanso que se iba a tomar Optimus. Cuando lo ve, ayer sábado 20 de diciembre lo volvimos a ver, se reconforta inmediatamente diciendo "pero sólo es un descanso, porque necesita descansar". La serie de cuatro películas de Michael Bay tiene puntos rescatables, sobre todo en la primera entrega, pues además de cierta fidelidad en el argumento, ofrece puntos de contacto entre generaciones, une a los padres con sus hijos en cierto sentido, sin ese paso por el cine de Hollywood no se habría reanimado en tal modo el movimiento en torno a los juguetes, eso hay que reconocerlo. Sin embargo para mi hijo el puente directamente fueron los juguetes que le mostré, los que tenía guardados en una caja grande para dárselos a él. Esto fue un día de octubre del 2013, su mamá estaba con nosotros. Saqué la caja con más ansias que él seguramente, había imaginado ese momento varias veces, tal vez incluso de que él naciera. Desempolvar los viejos juguetes de la niñez es comunicarse con puntos emotivos de nuestro pasado. Los juguetes son paquetes sensibles, aglutinan bloques de espacio-tiempo, de alguna manera te retrotraen hacia otro tiempo dentro del presente en el que te encuentras. En esas condiciones, lo que hace falta es un interlocutor, alguien a quien contarle los detalles de la transmisión, de dónde vienen esos juguetes, cómo jugabas tú con ellos, cómo los guardaste, qué hacías tú de niño, y ese interlocutor ideal es tu hijo, que te mira con ojos luminosos, sonriente, sorprendido, sabiendo en su corazoncito que está presenciando su paso a un nuevo mundo mágico, se inaugura un nuevo lenguaje que compartirá con su papá. Sivertron, ¿qué es eso?, y ¿qué me dice de energón o de chispa suprema? Una mamá o unos abuelos difícilmente podrán hablarle de ello a un niño, pero el padre sí. Así que comencé a mostrarle a mi pequeño las bondades de esos juguetes, de robot a volqueta, a peta, a jeep, a bombero, camioneta, coche de carreras... ¡Qué niño no se sentiría maravillado! Al mismo tiempo, claro está, le enseñaba del cuidado, cosa todavía algo difícil cuando tienen menos de cuatro años, pero igual, inculcarle que maneje con cierto cuidado las trasnformaciones, saber conservar las piezas. Su mamá me atacaba en alguna que otra ocasión diciéndome que eran chinos, que se rompían sólo por eso. Se lo grabó a mi hijo en la cabeza, y hasta el día de hoy él tiene ese argumento, que comparto cuando corresponde, pero que es rebatido cuando comprueba que varios de esos juguetes imitados, no necesariamente chinos, se mantuvieron sanos hasta el momento presente, casi 20 años, y que si no los pisa, si no los deja caer en pavimento, si no los aplasta al caerse en su cama, podrán todavía sobrevivir un tiempo más para engrosar su colección. 

Por ahora quisiera cerrar esta entrada comentando algo que me llamó la atención respecto de la serie de televisión, de la transición que se opera de la Generación 1, protagonista en las dos primeras temporadas, hasta el momento en que deciden hacer la película y llevar el argumento por otros derroteros. Cuando termina la película se ha producido una especie de limpieza, como si la vieja idea debiera ser reanimada. Optimus Prime y varios de sus acompañantes claves fueron muertos. Megatron es ahora Galvatron, se mueve junto a otros soldados azules que en poco se diferencian unos de otros. Rodimus asume la lideranza en los autobots, acompañado por el otrora candidato a ese puesto, UltraMagnus. De los dinobots ya no se ve lo mismo, a GrimLock le dan un toque más caricaturesco, algo ridículo, en sus diálogos. La gran variante es que la trama ya no se desenvuelve en la Tierra, es decir, ya no se trata de un guerra en la que los autobots protegen a los humanos de la amenaza de los decepticons, que buscan fuentes de energía a como de lugar para exportarlas a su planeta destruido Sivertron. Ahora la trama se desenvuelve en lo largo y ancho del universo, con visitas a planetas desconocidos, con la inclusión de otros robots y personajes de lo más raros, algunos demasiado humanizados (manía Walt Disney), robots a los que les han agregado barba, bigote, e incluso bigotes estilo francés, como si fueran unos Rene Descartes mecánicos que se alisan el bigote en sus meditaciones a la luz de una chimenea. ¿Y los labios? Los labios en la autobot mujer, además de sus formas, tan humanas cuando es robot, todo ello le da un toque burdo a la serie. 

Pero eso no es todo. Cuando era niño, ya en tránsito a la adolescencia, todavía no habían las empresas de cable televisivo en Bolivia, años 92, 94, 95. La serie se transmitió de manera continua en Cadena ABC, que recuerdo con cariño, incluso sus espacios de comerciales. De pronto, después de la creación de los Stunticons y Aelialbots, sin ningún aviso, el salto a la nueva Generación liderada por Rodimus. Ya no me gustó para nada, paré inmediatamente de ver la serie, y pocos días después ya ni siquiera se volvió a transmitir, pasaron a poner otros dibujos animados como Casafantasmas, Johny Quest, y creo que hasta Tortugas Ninja. Eso era mejor que ver cómo arruinaban la idea original de la serie. En esos años recuerdo que no me gustaba para nada los nuevos personajes, el cambio radical en el trasfondo de la serie, los dibujos de los nuevos robots, ni la forma en que mostraban sus transformaciones, de una manera tan cortada que perdía ese mínimo de credibilidad, y esos bigotes, incluso en algunos la forma de un sombrero tejano, todo ello era idiota, tenía 13 años y me daba cuenta perfectamente. 

Hoy, 20 años después, cuando veo ese paso de la serie, ese salto abrupto, mejor entendido con la visualización de la película animada, puedo observar otras razones y entender porqué se esfumó el encanto. Aquellos años, la decepción de ese cambio contribuyó a que se sumara un sentimiento más al de la admiración que teníamos a esos personajes, Optimus Prime, Perceptor, Power Gly, Megatron, Sound Wave..., junto a todos sus aliados Combiners, y es que habíamos pasado a sentir además nostalgia por la atmósfera y familiaridad de esos capítulos. Así, para muchos representó el fin de un ciclo en la niñez, se siguió coleccionando los juguetes mientras llegaron, sobre todo imitaciones, sólo en base a la reserva de admiración y cariño que le teníamos a la serie en sus primeras temporadas, a la idea original. Luego pusimos todo ese cariño en una cajita, cerramos con llave, y lo dejamos en las cajones de la niñez, listos para dar otros pasos en la vida que se abría de par en par ante nosotros. Y así como revive Optimus en algún punto de la historia, así como lo encuentran los Primales en Beast Wars, en una especie de museo autobot, así también vuelven en nosotros una serie de flujos cuando reabrimos la cajita para compartirla a brazos abiertos con el hijo amado. 

Retomo la serie junto con Tiago y noto algunos elementos en los que perdieron el toque los que pasaron a encargarse de los capítulos de la serie después de la muerte de Optimus. Bajó la calidad de los dibujos, pero también de las transformaciones, como ya hemos dicho. Pero principalmente se volvió más oscuro, más violento, dirigido a un público un poco más grande, en sus mismos diálogos y argumentos, no por complejos, sino por lo que daban por sentado, hablaban de engaño, de maniobras para engatusar a la víctima, o mostraba escenas algo fuertes para un niño, como por ejemplo en la serie de cinco capítulos titulada "Las cinco caras de la oscuridad", donde no tienen problemas en mostrar cómo trituran en pedacitos a uno de los héroes, el helicóptero verde que acompañaba a Rodimus; es una descuartización, probablemente algo chocante para los niños que estaban encariñados con ese autobot. Sin embargo los nuevos productores de la serie no supieron mantener esos lazos emocionales de los espectadores con los personajes de la serie, ahora eran demasiados elementos en cada capítulo, galaxias y planetas en una misma sopa, monstruos de cinco cabezas o robots con cabezas giratorias, pulpos monstruosos, salamandras asesinas robóticas, además del fantasma del planeta devorador Unicron, viajes espaciales por aquí y por allá, todo ello era más difícil de absorber, la trama se abría y abría, en algún momento llegaba el cansancio, la dispersión, no había el encanto tampoco en la trama, algo más seria, algo más adulta, como si hubieran olvidado que se trataba de una serie de dibujos animados para los niños, ahora querían captar la atención de los niños que ya había crecido un poco, tal vez hasta de los chicos de quince años.