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domingo, 13 de agosto de 2017
miércoles, 22 de marzo de 2017
ENRIQUE VILA MATAS, DIFERENCIA Y REPETICIÓN
Introducción
No existe material suficiente
para completar una biografía satisfactoria del escritor catalán Enrique
Vila-Matas. A lo mucho, lo que alcanzamos a imaginar, por la textura de los
personajes en los que habla en primera persona, es un ser meditativo, experto
en fugas, que ve literatura en todo y que goza con la mutabilidad de las
identidades. Se ha dicho que hace “metaliteratura”, “autoficción”, pero él se
declara inocente de ambos dictámenes. Su forma irreverente de trabajar con las
citas es el asunto más controvertido de su obra. En este artículo me limitaré a
sugerir que los procedimientos que usa Vila-Matas, siguen un trayecto paralelo
con los que utilizó el filósofo francés Gilles Deleuze (1925-14995) al interior
de la historia de la filosofía.
Contexto
Enrique Vila-Matas es un autor
poco comentado en nuestro país, pero su obra heterodoxa guarda múltiples afinidades
con más de un autor boliviano, entre ellos con nuestro querido narrador Jesús
Urzagasti (1940-2013), especialmente respecto del género híbrido de novela
ensayística o ensayo novelado, que constituye En el país del silencio. (¿Y acaso Tirinea no es un doblez de las meditaciones metafísicas de
Descartes, pero con otro final más feliz?)
Antes de entrar en materia, habrá
que contextualizar. Vila-Matas nació en Barcelona-España, ronda los 68 años, es
uno de esos escritores que te devuelve la confianza en la escritura y en la ficción
cuando más lo necesitas. Sin duda, es uno de los autores más traviesos e
inclasificables del panorama mundial. Destacan en su producción Historia abreviada de la literatura portátil,
Bartleby y compañía, El mal de Montano, Doctor Pasavento, Kassel
no invita a la lógica, entre otros. Recientemente este año, bajo el sello
de Seix-Barral, presentó su última travesura: Mac y su contratiempo.
En esta última incursión, el
autor catalán saluda explícitamente a Gilles Deleuze por su libro Diferencia y repetición (1968). Lo mencionó
en varias ocasiones, como en este extracto de una entrevista para El País de
Madrid:
“[…] el protagonista quiere producir
el efecto de una novela póstuma incompleta, para apuntarse a la moda de estas
novelas. Al mismo tiempo, Mac lucha por que la novela no invada su diario de
debutante. Es también un ensayo sobre la repetición y la diferencia, como
decía Gilles Deleuze, y también es un libro de cuentos. Este trasvase de
géneros es bastante sencillo. La cuestión es que sea cuatro cosas al mismo
tiempo. Vengo de una trayectoria en la que he manejado mucho esos trasvases”.[1]
Es un encuentro afortunado en el
que se cumple lo que Deleuze postulaba: la filosofía debe ser como la música,
no se necesita ser un estudioso de la música para escucharla, para sentirla o disfrutarla.
Con mucha lucidez, Enrique Vila-Matas efectúa una comprensión no-filosófica de
un planteamiento filosófico. Más que a Deleuze, lo que le interesa es recuperar
su concepción sobre las categorías de repetición y diferencia. Søren
Kierkegaard, Nietzsche, Bergson, son varios filósofos que se reúnen en esa
línea, catalogados por Deleuze según ese criterio en ese libro Diferencia y repetición de 1968.
Para el autor de Mac y su contratiempo se trata de una
cuestión de escritura, o de re-escritura, porque en literatura, considera, no
se hace otra cosa que repetir sobre lo que ya se hizo, para afirmar algo
diferente. “Toda la historia de la literatura es modificar los textos ya
escritos y esto es lo que intento explicar en el libro”. Por ello, seguramente,
abundan en internet los estudios del palimpsesto en la obra de Enrique
Vila-Matas.
Sin entrar en profundidades con
el palimpsesto –conocida categoría literaria– mi teoría es que la obra de
Enrique Vila Matas se alumbra de modo inaudito leyéndola desde el pensamiento de
Gilles Deleuze. Entre ellos resuenan varios intereses compartidos. Alguna vez
se dijo que si Fernando Pessoa hubiera hecho filosofía, sería la de Gilles
Deleuze. Ahora yo diré que si Gilles Deleuze hubiera hecho novelas, hubiera
sido Enrique Vila-Matas. Por supuesto que esto es mucho más un ejercicio lúdico,
pues cada uno de ellos es un Original.
Deleuze-Vila-Matas
No soy el primero en relacionar a
Enrique Vila-Matas con Gilles Deleuze, y recomiendo entre otros el bello
artículo de Luis Reguero “Los Bartleby no se acaban nunca”[2].
La diferencia es que aquí me intereso por el procedimiento de escritura. En ese
sentido, Vila-Matas es una radicalización del filósofo francés. En su libro Conversaciones, Deleuze explica cómo, desde
sus primeras monografías sobre Nietzsche, Bergson, Hume, usó las citas de un
modo controversial, aunque siempre fue exacto y riguroso en ese sentido. “Era
necesario que el autor haya dicho efectivamente lo que le hacía decir”. Sin
embargo él usaba esas citas para que se piense algo diferente de lo que se
decía del autor en cuestión. El mundo académico no entendía que usaba las citas
como sintaxis, porque lo que estaba haciendo era evocar una presencia, había
algo vivo, eléctrico, ocurriendo ahí. Una cita es un conector de párrafos, como
trampolín del pensamiento; a veces sirve para reforzar algo que se ha dicho,
pero los grandes autores utilizan la cita para ingresar algo nuevo que va
subiendo el tono del texto en general, y dispara nuevas posibilidades de
conexión. Afecta en la prosa general de todo el texto, eleva la exigencia,
irradia su belleza. Es un pensamiento hipertextual, de las multiplicidades,
abierto a las múltiples conexiones, el que les da lugar.
Vila-Matas es Deleuze llevado a
las últimas consecuencias, no cualquier Deleuze, sino el de sus primeras dos
etapas, el de Lógica del sentido o Diferencia y repetición, antes de su
encuentro con Guattari. Vila-Matas introduce citas, o hace guiños constantes
dentro de su prosa, algo que le han criticado, pero lo hace como sintaxis o
ejercicio de estilo. Tanto es así que, para dejarlo claro, muchas veces inventa
citas que atribuye a autores imaginarios, en otras modifica citas de autores conocidos,
y otras les atribuye frases que en realidad no son suyas. De mil formas
desdobla su voz polifónica, y deshace la figura del sujeto del enunciado. Para
explicarse ha utilizado otra cita: “Sólo se puede citar lo que uno mismo
piensa, aunque haya sido dicho en palabras de otro y en otros contextos”. Y
esto es cierto: ¿cuántas veces no le habrá pasado al lector que se encuentra
con algo que pensaba pero que otro autor ha puesto en palabras exactas? Con
todo lo discutible que podría resultar este procedimiento, es plenamente
coherente con su ímpetu de escritor de “ficción-radical”.
DE BARTLEBY A ENRIQUE VILA-MATAS
¿Cómo empezar a hablar de Enrique
Vila Matas? Digamos que lo encontré gracias a la cadena invisible que se forma
entre los grandes escritores, y que provoca que el lector pase de un libro a
otro, de un autor a otro, en una seguidilla imprevisible que ya nunca puede
acabar. A Vila-Matas llegué cuando me enteré de su novela Bartleby y compañía, en la que juega en torno a la figura de este
extraño personaje.
Cabe decir que Bartleby es un
personaje secundario salido de un relato corto de Herman Melville (“Bartleby,
el escribiente”, 1856); llamarlo secundario es sólo un decir, puesto que pocas
veces un personaje en su lugar puede concentrar tan avasalladoramente la atención
sobre sí, y definir así el clima de toda la lectura.
Ahora, a Bartleby no se llega por
cualquier parte, es un carácter minoritario, casi subterráneo, en la historia
de la literatura; la gran mayoría asociará a Melville, el autor, con la titánica
novela Moby Dick, pero quedará
perplejo al oír el curioso nombre Bartleby. Algunos afortunados como yo lo
conocimos gracias al filósofo francés Gilles Deleuze, que en su libro Crítica y clínica (1993) le dedicó un ya
célebre ensayo titulado “Bartleby o la fórmula”. En este ensayo desmenuza
detalles en torno al poderoso enunciado de Bartleby, “I would prefer not”
(preferiría no), que daba por respuesta a cualquier pedido que le hiciera su
jefe en el despacho de trámites legales en el que trabajaba. Este enunciado
descolocaba irremediablemente a todos.
Enrique Vila-Matas es un escritor
Bartleby al interior de la literatura, y más que ello, es una radicalización de
Bartleby. El copista Bartleby cortó todos los cables que lo podrían atar a un
significante social o sujetar a una identidad cristalizada, se hizo
indiscernible y quedó flotante en un espacio sin referencias, ejerciendo una
lívida e inquietante libertad. Pero una vez que logró soltar todas las amarras,
no le dieron el tiempo para crear algo nuevo desde ahí; como es sabido, su
muerte ocurrió en una cárcel donde lo llevaron porque no sabían dónde recluirlo.
Según la lectura de Giorgio Agamben, se podría decir que Bartleby fue una pura
potencia que no se llegó a efectuar. En cambio, Enrique Vila-Matas, que
presentó este año su última novela Mac y
su contratiempo (Seix-barral), es la efectuación prometida, cortó casi
todas las amarras que le delinean un camino conocido al escritor, para luego inventar
un plano insólito, disparatado, hecho a su medida, la de la ficción radical.
Del plano Vila-Matas emergen fácilmente
dispositivos adecuados para extraños usos minoritarios (El mal de Montano, Kassel no invita a la lógica, Viaje vertical…).
Sus libros conllevan siempre algún riesgo, un giro propio de su talante, aunque
el paso del tiempo y las mañas del oficio hayan asentado en alguna medida la
pólvora que mostró en dos de sus más grandes creaciones: Historia abreviada de la literatura portátil, donde relata las
peripecias de los shandys, curiosos personajes que llevaban nombres de artistas
y escritores conocidos; y la otra travesura, Bartleby y compañía, donde hace un catálogo de más de ochenta
escritores, algunos de ellos ficticios, que por una u otra razón decidieron
dejar de escribir (caso Rimbaud, Rulfo y otros). A esos escritores les llama Bartlebys,
porque en el relato mencionado, un buen día Bartleby se niega a cotejar las
copias que había hecho, y luego deja de escribir, lo que en realidad, en su
labor de amanuense, era transcribir. Bartleby es el que deja de transcribir, el
que abandona la copia.
Vila-Matas es un Bartleby si se
entiende que lo que Bartleby quería era escribir, que estaba preñado, pues
presentaba todos los síntomas del que se encuentra en plena etapa de gestión y
resulta interrumpido. Así de exótico es el escritor cuando está gestando algo y
necesita parir, como lo son casi todos los artistas, es complicado estar en la
misma casa con ellos, es difícil entenderlos, hablan como si habitaran otro
plano, se aíslan, como si la soledad fuera un baño de sol, y vuelven de esos
viajes con los ojos enrojecidos, menos pelos y algo malogrados, pero
relucientes finalmente cuando han completado la faena y parido al libro.
Enrique Vila-Matas es pues un Bartleby que logró parir, aunque su afán primero
fuera el cine y su interés inicial no hubiera estado en la literatura.
Incluso como personaje Vila-Matas
es particularmente pintoresco, mayormente da la impresión de haber saltado de las
páginas de una de sus novelas. Dice cosas exquisitas, otras eruditas, algunas
tremendamente graciosas, pero él las dice con una seriedad absoluta, como si
fuera ajeno a su humor travieso, tanto así que ha confesado que esta situación
le ha llegado a preocupar un poco, puesto que apenas empieza a hablar en estos
actos literarios alguna gente ya está riendo, como si estuviera atenta al
chiste inminente. Lo cierto es que escuchar a Enrique Vila-Matas en los
espacios donde es invitado es casi tan placentero como leerlo. Después de todo,
se trata de ejercicios paralelos, puesto que conversar con alguien es
escucharlo, y en cambio leerlo es también escucharlo aunque esto sea con los
ojos. Recomiendo al respecto una conversación disponible en youtube, “Ciclo de la
palabra: Enrique Vila-Matas”, como una buena introducción.
El lector que aquí me acompaña
podrá quemarse la vista buscando en internet, y no encontrará otra pieza donde
se diga que Enrique Vila-Matas es un escritor Bartleby. Esto se debe a que el
mismo Vila-Matas, con su maravillosa novela, ha canonizado lo que se debe
entender por Bartleby: la interrupción abrupta de la escritura. Y en cambio el
español es un escritor muy prolífico, que publica casi a razón de un libro por
año. ¿Pero cuándo se puede decir que se ha dejado de escribir? Él mismo comenta
que esto puede ser un tormento, puesto que sólo habiendo pasado mese que no se
sepa algo nuevo escrito por Vila-Matas, ya especulan algunos con la idea de que
estaría dejando de escribir. Lindo sería afirmar que no se necesita escribir
todo el tiempo para ser escritor, como la flor de loto sigue siéndolo aunque
nadie la vea. Pero aquí reluce otra lección que aprendió Vila-Matas, y es que
para ser escritor hay que escribir, escribir y escribir.
lunes, 27 de febrero de 2017
BILLY LYNN, CONTANDO UNA HISTORIA POR CONTAR
Por: Jorge Luna Ortuno
"Escribir es tratar de saber qué escribiríamos si escribiésemos". Marguerite Duras.
"Es muy extraño que te honren por el peor día de tu vida", confiesa el soldado Billy Lynn en uno de los pasajes de intimidad del film Billy Lynn´s Long Halftime Walk, del director asiático Ang Lee. La cinta no fue premipada en la reciente gala de los Óscar, lo cual no le quita nada. De todos modos, no será el foco central de este artículo referirse a los temas técnicos del film, tarea que harán los buenos críticos de cine, y más bien preferiré abundar sobre algunos temas que esta historia nos evoca e invita a pensar.
De inicio, casi contradiciéndose, hay que resaltar lo dinámica y atrapante que es la forma de narrar la historia del soldado Billy Lynn y el pelotón Bravo, gracias al sobrio trabajo de dirección y de edición, que equilibran muy bien los diálogos algo profundos con la parafernalia del espectáculo, las situaciones cómicas con los dramas vividos en plena batalla, y las temporalidades, a través del estado psíquico del soldado Billy, que rememora y se desconecta del lugar donde está, haciendo que cada reacción tenga su contexto. Es un tránsito de pasado a presente y viceversa, incluso hacia la añoranza de unas vivencias que nunca ocurrieron, y que quizás nunca ocurrirán, como cuando se canta el himno de los Estados Unidos en el stadium y la cámara se cierra en un primer plano en el rostro dividido del soldado Billy.
El marco de la narración es que el pelotón Bravo, tildado de heroico, se encuentra en su último día de gira por los Estados Unidos, en Dallas, tras su triunfante retorno de Irak. En verdad no son más que jovencitos que retornan con un conocimiento de primera mano que está vedado para los civiles. Se sienten más fuertes, han elegido en la vida una ruta dura para la maduración del espíritu y la mente. A algunos de ellos no les quedaba otra opción que alistarse en las fuerzas militares en orden de tener algún tipo de futuro, como le sucede a muchos de sus compatriotas.
Cuando vuelven a su país están un poco descolocados, no sólo porque entrar en acción en el campo de guerra y confrontarse al enemigo les ha dejado secuelas de inseguridad, de cierta tensión extrema, algo de una hipersensibilidad ante la brusquedad de los sonidos, de las apariciones bruscas, a los estallidos y las luces fuertes, es decir, todos aquellos elementos que se explotan en el mundo del espectáculo yanqui. Lo que los descoloca también es la enfermedad propia de la vida en las megas ciudades, la distorsión con la que se mira las cosas desde la distancia, la visión comercial de la guerra, el banalismo incesante con el que se vive para alejar de la mente de las masas lo que realmente se debería estar meditando a nivel colectivo en las ciudades. Es un mal viaje para ellos, no por la maldición de la guerra en la que participan, no porque vuelvan traumados -como casi todos aseguran con extraña certidumbre- no sólo por eso, sino porque las cosas en su propia casa, en su país, en el mundo, están ya puestas de cabeza. Por ello al volver le dicen al chofer: llevenos a un lugar seguro, llevenos de vuelta a casa: la guerra es su lugar conocido, el lugar donde los valores que han adoptado encuentran algún sentido.
Una de las cuestiones interesantes del modo en que se concibió esta película es la experimentación de lo posible, es siempre una espera de algo que podría pasar. Los soldados están entusiasmados con la idea de que su historia sea llevada al cine, pagada por algún estudio gigante de Hollywood, -ante todo por los beneficios económicos que les significaría-; al final esa posibilidad no se dará, aunque nosotros, los espectadores, ya hemos estado asistiendo a un relato bien tejido de su historia. No es un "detrás de escenas", ni un film con corte documental, ni un "reality show", aunque tenga algo de cada uno de ellos, sino que se trata de una película de acción y drama en la que el desarrollo va averiguando cómo se contaría esta historia si se contase. El paralelo con la cita del epígrafe, de Marguerite Duras, no sólo es adecuado, de hecho es más que divertido, parece redondear la fórmula que Ang Lee eligió para contar esta historia: "escribir es tratar de saber qué escribiríamos si escribiéramos". Aquí se trataría de ensayar cómo se contaría visualmente una historia mientras se la está contando. El buen cine también es inacabado y provisional, proviene de la incertidumbre y se alimenta de ella, avanza con ella, hasta el punto en el que no le cabe el deseo de ostentar que algo se ha logrado.
En el papel del soldado Billy Lynn veremos a un actor debutante, Joe Alwyn, que cumple con la transmisión de inocencia, rebeldía y pureza que el personaje requiere, por lo que emerge a la escena internacional de cine con letras grandes. Kirsten Stewart, con sus ya conocidas dotes dramáticas, personifica a la hermana desafortunada que ha perdido una buena porción de su alegría en un accidente automovilístico que la dejó marcada. Por ese episodio trágico del que sale viva pero llena de cicatrices y traumas psicológicos, es que se conectan con Billy de un modo muy profundo; ese episodio, y las repercusiones que tienen sobre su hermano, ocasionan que el papel de la hermana sea también un poco el de una madre, que protege, que coloca sus ilusiones en la realización de su protegido, y que se pone a la espalda la culpa de cualquier cosa mala que podría pasarle en el campo de batalla.
La familia es lo más dulce y lo más tierno, pero es también lo más duro y lo más complejo, en la vida de un guerrero. No se sabe bien en qué momento exacto, a cuál edad, el ser humano adquiere la mayoría de edad, pero con todas las letras, y asume su vida y su mundo. En ese momento lo que corresponde es llevar las riendas de la propia vida. Pero la familia, mientras más amorosa, mientras más unida, será también siempre un faro que se alza al otro lado de la vida, con sus propias expectativas y sus propias demandas, aunque fueran por debilidades del espíritu, por instantes de elevada carga emocional, o por el juego al que nos someten las dulces memorias y todo aquello que algún día los seres queridos planificaron para nosotros en su imaginario ficticio, en el más íntimo fuero interno. Traicionar esas proyecciones es algo duro, ponerse en riesgo, estar dispuesto a llevar batallas que otrora fueron impensadas, escoger una ruta de crecimiento que no parecería ser la más económica, ni las más inteligente, ni siquiera la más sensata. Hay momentos en la vida de un hombre en los que las decisiones ya no pueden conciliarse con los deseos expresos de todos los seres queridos. Ningún hombre puede escapar a su destino. En ese momento le corresponde cruzar la noche por su cuenta ante la indiferencia de las luces momentáneas que lo pasan por encima y le zumban los oídos. Ser un hombre es seguramente hacerse cargo de esas elecciones, sin ensayar el menor atisbo de excusa o de descargo, desde ese momento todo recae en él, para bien o para mal. Billy Lynn se encuentra ante una situación imposible. El karma de la acción, como le diría el fallecido sargento Bremer, lo ha encontrado, es el karma del guerrero. No ha venido él a ser un hombre de negocios, no le ha tocado la fortuna de conformarse con la persecución del dinero y la búsqueda del placer, no se lo verá en los supermercados comprando agitado unos kilos de jiba y de filete para el churrasco del fin de semana. Las historias de estos hombres transitan por otros rumbos, más ásperos, más esforzados en muchos momentos, y no le hacen caso a aquella frase que reza "la vida más fácil es la mejor vida".
Su hermana se lamenta en el coche, porque sabe que cuando su hermano se ha hecho una idea no hay manera de sacarlo de ella. El volverá a la guerra. Impotencia, la frustración de los seres queridos. El abrazo en el que se encuentran, cargado de lágrimas de ambos, a pesar de que la realidad apeste en ese momento, es finalmente el momento más emotivo de la película. A los soldados que participan de esta guerra, que se debe perder para que el flujo de dinero continúe moviéndose, sólo les queda reconocer que juegan el papel de unos muñequitos de fantasía en el imaginario de la gente, que son amados, y respetados, pero sólo mientras estén allá, lejos, porque en el país no hay nada para hacer por ellos. La misma porrista que parece haberse enamorado a primera vista de Billy, lo saca de su ensueño cuando le dice: "tú eres un héroe, no puedes escaparte, tienes que estar allá". A pesar de que le confiesa su amor y su deseo de pasar cada minuto de la vida con él, también le dice que lo que ama es la imagen de un joven soldado que se ha portado como un héroe, y que ama más esa imagen, que debe mantenerse en la distancia cuando él se vaya, ama más la imagen que a la persona misma; en su mente, se ha construido un ídolo, un fetiche, alguien por quien rezar, el amor platónico que deseaba incluir en su mundo. Lo real es otra cosa. Billy se despide de aquella incursión en un diálogo imaginario con su mentor, que aparece como una presencia serena, y le dice algo así: "nosotros conocemos la guerra, pero ellos, los civiles, el país, son los que manejan, es su guerra, es su show".
Ningún hombre puede escapar a su destino. Esto es quizá lo que su sargento y mentor le quiere hacer ver cuando le cita los pasajes de Arjuna en las enseñanzas del Gita sobre la guerra, cuando Krishna le instruye a que realice sus actos con total desapego, pero con cercanía hacia lo absoluto, y concluye con una frase: "Descuida, si has de morir por un disparo, la bala ya ha sido disparada". ¿Qué podrías tú hacer al respecto?
domingo, 25 de septiembre de 2016
LA FUNCIÓN DE UN CENTRO CULTURAL, APROXIMACIONES
Whiplash es una película dramática estadounidense estrenada el 2014, escrita y dirigida por Damien Chazelle. Se distribuyó en Latinoamérica con el tìtulo Obsesión por el rítmo. La protagonizan Miles Teller como el joven
baterista de jazz Andrew Neiman, que asiste a una de las mejores escuelas de
música en Nueva York, bajo la tutela del riguroso y despiadado jazzista y maestro
Terence Fletcher (J.K. Simmons).
En una de las primeras escenas de Whiplash (2014), el novato postulante al reconocido Conservatorio de música Shaffer, Andrew Neiman, conversa algo nervioso con el temido maestro Terence Fletcher, a quien se le conoce capaz de hacer quebrar a hombres hechos y derechos como si fueran niños de primaria.
Como quien quiere saludar y conocer, Fletcher lo aborda sorpresivamente mientras están en el descanso del ensayo con la banda. Es la primera clase de Andrew, aparentemente sólo intenta hacerse una idea de él, es una conversación informal de café, pero no todo es lo que aparenta, pues en realidad es parte del proceso de medirlo. Lo primero que le pregunta es si existen artistas en su familia, músicos preferentemente.
- No, sólo yo.
¿Algún tío, familiar o amigo cercano que le guste el arte y te pueda apoyar?
-No, ni uno.
Bueno, entonces -le dirá el profesor-, tu única chance es escuchar todo lo que puedas los discos de los grandes maestros del jazz.
Después le recomendará algunas joyas como las de Charlie Parker, entre otros. Es decir, si no encuentras el estímulo competente desde tu hogar o en tu círculo caliente, lo que puedes hacer es exponerte a la irradiación de los más grandes en el arte que practicas. Floyd Mayweather por ejemplo, venía de una familia de boxeadores -su padre Floyd y su tío Roger fueron boxeadores profesionales-; la mayoría en su entorno entendía ya el sacrificio y el tipo de vida que requería para llegar donde llegó; la atmósfera en la que creció tendía a favorecer que se especialice en el boxeo. Muhammad Alí en cambio fue hijo de un laborioso pintor con talento artístico, tuvo que formarse por su cuenta, no tuvo boxeadores en su familia que hablaran su mismo idioma. Para encaminarse, Alí tuvo que frecuentar desde muy joven los gimnasios de Louisville y conversar con entrenadores, managers, ex-boxeadores, con todo aquel que pudiera transmitirle alguna valiosa información de segunda mano.
En el mundo del arte, probablemente esta sea la primera función que cumplen los centros culturales y los repositorios del tipo museos y galerías: generar espacios de transmisión de información, vitrinas para exponer al visitante a una irradiación continua de la mentalidad y las preocupaciones del artista.
Transmisión
Quién podría rebatir el hecho de que la obsesión, la total dedicación al arte, la exagerada búsqueda de la perfección que todo verdadero artista lleva consigo, es algo que no se enseña, no se puede enseñar. Sólo se puede despertar un tipo de interés para que luego el aspirante se haga cargo. Eso es algo de lo que se contagia de modo indirecto al estar en contacto con los grandes maestros, al exponerse a sus trabajos, o al seguirlos, al leerlos, escucharlos.
Volviendo a la película, además hay otra razón por la que el profesor le dice que escuche muy seguido a los grandes del jazz. Cuando uno es joven aprende mucho por el deseo de imitar, de ser como el ídolo que admira. Es una forma de avanzar. En el fútbol es curioso cuánto aprendemos de niños por sólo ver cómo juegan nuestros jugadores favoritos. El patio de recreo es el laboratorio de ensayo de las jugadas de Messi o de Neymar. Y Ronaldinho primero tuvo que intentar ser como Romario o Pelé antes de ser Ronaldinho. Se trata de la transmisión particular que emiten los grandes en su campo, los maestros. "De un maestro uno no aprende lo que hace, sino cómo hace lo que hace" -me dijo una vez el filósofo Tomás Abraham al visitar La Paz. Pero imitar es sólo un primer paso, propio de la obsesión inicial. En algún momento, tanto imitar, se llega a comprender cómo funciona el asunto, y se empieza a experimentar por cuenta propia. Es la etapa de germen de la creación de un estilo propio.
Jesús Urzagasti me hablaba de aquello que es intransferible en la poesía, pero que es comunicable. El artista, el músico, el poeta, emiten señales, vibraciones que se encuentran en el fondo de su obra, de su música, de su poesía. Se capta o no se capta, pero hay que exponerse a ello. Y una palabra muy propia del mundo de las artes escénicas es "conectar". Después de la fase de la imitación, lo siguiente es aprender a conectarse con ello, tomar cuenta de cómo sucede. La lectura de un libro de Cortázar, de Joyce, de Borges o de Cervantes te pueden conectar con distintos mundos vibratorios. Algunos libros se dice que son reescrituras de los grandes libros de la literatura, como el Pierre Menard de Borges a partir del Quijote de Cervantes, o el Máquinahamlet que escribió el dramaturgo alemán Heiner Muller luego de treinta años de obsesivo y meticuloso estudio de la obra clásica de Shakespeare. Son conexiones casi atemporales, que hacen perder la noción del tiempo, o se prolongan a veces por toda la vida, nos hablan de la sostenida obsesión del artista, de escritores, filósofos, danzarines, poetas.
Cuando se abandona la imitación, surge la posibilidad de la creación. Pero todo comienza con exponerse, salir y ponerse en contacto, hay que exponerse a las vibraciones de los que hicieron el trabajo antes que tú. No conformarse con seguir a los que están cerca, sino ponerse a mirar a la altura de los más grandes, dialogar con ellos constantemente. Se trata de ser autodidacta, un buen buscador, o lo que Gilles Deleuze llamaba "cazador", alguien que va a exposiciones, visita muestras de escultura, conciertos, obras de teatro, presentaciones de libros, y que lo hace con el olfato del que sigue el rastro de algo que persigue: una idea, una sensación, nuevas interrogantes. Hay que estar en busca de algo, y tener la creencia de que ese algo se puede encontrar en el mundo de las artes.
En Bolivia, la oferta es variada en el eje troncal, sobretodo en La Paz y Santa Cruz, siendo esta última la ciudad que parece promover con más fuerza un cierto aire de experimentación y de incertidumbre. Los centros pedagógico-culturales de la Fundación Simón I. Patiño, los repositorios de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, además de AECID, el Goethe Institut y la Alianza Francesa, cumplen la tarea de aperturar este tipo de irradiaciones a la ciudadanía.
No todo lo que se presenta es siempre bueno, o al menos, no es algo que te cambiará la vida. Pero hay que perseverar en la búsqueda. El problema que siempre existirá es que no puede en verdad haber encuentro si no existe una mínima búsqueda en algún sentido de parte de los visitantes. De modo similar a lo que se busca cuando se hojea una buena novela o un libro de filosofía, hay que estar abiertos cuando se visita un centro cultural a que nos tome por arrebato un nuevo concepto, una nueva manera de plantearnos la interrogante, una asociación curiosa, nuevas sinápsis, algo que nos inquiete... A veces tenemos con nosotros el ochenta pro ciento de un proyecto, y la asociación de ideas termina de completarse con algo que vemos en una película, en una exposición o en una charla. Hay que darse la posibilidad de que nuestras curiosas obsesiones nos lleven a la siguiente conexión.
No todo lo que se presenta es siempre bueno, o al menos, no es algo que te cambiará la vida. Pero hay que perseverar en la búsqueda. El problema que siempre existirá es que no puede en verdad haber encuentro si no existe una mínima búsqueda en algún sentido de parte de los visitantes. De modo similar a lo que se busca cuando se hojea una buena novela o un libro de filosofía, hay que estar abiertos cuando se visita un centro cultural a que nos tome por arrebato un nuevo concepto, una nueva manera de plantearnos la interrogante, una asociación curiosa, nuevas sinápsis, algo que nos inquiete... A veces tenemos con nosotros el ochenta pro ciento de un proyecto, y la asociación de ideas termina de completarse con algo que vemos en una película, en una exposición o en una charla. Hay que darse la posibilidad de que nuestras curiosas obsesiones nos lleven a la siguiente conexión.
Un centro cultural debe ser aprovechado especialmente por los autodidactas. Mientras el primero expone conocimientos dentro de sus instalaciones sin intentar enseñar ni tener pretensiones de escuela, los segundos van a capturar algo, van a aprender, sin ser estudiantes de esa institución ni estar ligados formalmente a ella. Un centro cultural es un lugar perfecto para respirar libertad y ampliar el sentido del olfato, activar la antena, y forzarse a uno mismo a aprender algo nuevo, investigar un poco, preguntarse qué puede tener que ver algo con otra cosa en una misma sala. Un Museo, en tanto institución preservadora de memoria y de patrimonio, también ofrece esta posibilidad, pero el rango de variedad de disciplinas que cubre y de eventos que monta, será siempre más limitado, por el hecho de su especificidad y de los objetos que custodia. El centro cultural tiende cada vez más a ser un híbrido, como bien lo explica García Canclini en buena parte de su bibliografía; su campo de acción puede ser enorme, su desafío es saber hallar unas líneas conectoras que sirvan de hilos conductores y organicen un poco la oferta cultural que ponen a consideración de la ciudadanía, de los vecinos, de la comunidad en definitiva. El objetivo mayor para todo centro cultural debería ser el de consolidarse como aparato editorial confiable dentro de la marea de ofertas culturales que flotan en el ambiente. El nombre de un centro cultural serio debe ser como la firma de un escritor de verdadero renombre: cuando ves estampado el nombre de ese escritor en la tapa todo lo demás pasa a segundo plano, la editorial, el año, el título, porque ya el nombre te ofrece una garantía de seriedad, de magia, de calidad, de aquello que buscas en un libro. Por ello es muy importante que un centro cultural defina claramente sus criterios de discriminación, para protegerse, para establecer un horizonte de exigencia y calidad hacia los postulantes y ofertantes, pero sobre todo para cumplir cabalmente el rol de intermediario legítimo y confiable para la ciudadanía que no está especializada en artes ni en filosofía ni en literatura, pero que quiere acercarse, despacio y con calma, para tomar algo y llevarlo a su vida.
BALADA DEL VELERO
Por: Jorge Suárez.
Un día tú, velero de pureza
llegaste a mí sobre la mar en sombra
yo era un rendido náufrago del alba
un trágico viajero hacia la muerte.
Tú, solamente, que por altos mares
lejos de mí, vencieras la tormenta, velero de ilusión, velero mio,
pudiste amarme navegante muerto.
Sobre las ondas manejó la vida,
en lo profundo, peces de ternura,
te sintieron cruzar hacia mi encuentro,
bajo un alegre vuelo de gaviotas
Tú que has bebido la anterior marea,
mordida en la jauría del oleaje,
isla del amor que navegaste sola
junto a mí detuviste la borrasca.
Inútiles mis redes pensativas
ambularon las aguas del encuentro;
siempre vigía de la mar en furia,
lejos de ti, bajo la niebla solo.
Inútil pasajero hacia la muerte,
proa de soledad, navío triste
por aterrados vértigos
de espuma
y mármoles de hiel inconmovible.
Tú solamente, viajera loca,
leve juguete de la marejada,
velero de ilusión,
velero mío,
pudiste amarme navegando muerto.
*Tomado de su poemario "Sinfonía del tiempo inmóvil".
domingo, 21 de agosto de 2016
NOTAS SOBRE LA REVANCHA DE CONOR MCGREGOR FRENTE A NATE DIAZ
Connor McGregor mostró destellos de mucha calidad en sus dos peleas en las 170 libras con Nate Diaz. Calidad en términos de precisión en sus golpes, velocidad al ejecutar el directo de izquierda, excelente timing para contratacar por encima del jab de Díaz; y en cuanto a la segunda pelea, hay que tomar nota de su manejo combinado del jab, la izquierda cruzada y las patadas circulares bajas, algo que no solía hacer en su carrera. También se mostró eficiente en sus defensas de derribo, y en general confirmó su excelente sentido de la distancia y del ritmo a la hora de atacar. Connor es, sin duda, un peleador mucho más estético, elegante y preciosista que Nate Díaz (no recibe tanto golpes por su modo de esquivar y luce mucho más fino en sus movimientos y balance). Pero pese a estos chispazos de brillantez, es justo decir que éste Connor de 168 libras no es tan divertido como el que pelea en las 145 libras, peso gallo. Basta con revisar los highlights de su historial de peleas en el UFC, donde se observan otros elementos como el manejo de la distancia, pero además mucha más movilidad, entrando y saliendo, generando ángulos, con patadas circulares en salto, patadas en giro, patadas rectas al plexus celular..., y por supuesto, la infame mano cruzada de izquierda, que en la otra categoría definió casi todas sus peleas.
Tuvo que aparecer un peleador con las características del asombroso Nate Díaz para que Connor McGregor traspase una suerte de umbral. Con Nate Diaz al frente, Connor se tuvo que poner un poco al corriente de lo que todo el resto estaba haciendo, desde la manera de planificar los campamentos de entrenamiento hasta la forma de pelearle a un zurdo alto y de mucho alcance como Nate Diaz. En el proceso de sus dos encuentros con el estadounidense, Connor acabó resignando elementos como la movilidad, el uso de la patada en giro con la pierna trasera, y las patadas pisotón y lateral a la pierna adelantada. En orden de lograr un predominio táctico, Connor se jugó por el low kick, que ejecutó repetidamente y con bastante intensidad. Era algo que extrañamos todos en la primera pelea, y que siempre juega un factor condicionante contra los hermanos Díaz. En la conferencia de prensa después de la pelea, el irlandés elogio la manera en que Díaz lidió con esas patadas, enfatizó en que ya no se trata de la vieja manera de padecer ese castigo, sino que supo chequear las patadas, tanto así que Connor se tuvo que ir a casa con el pie izquierdo lastimado, presumiblemente roto, según ha informdo ESPN en las últimas horas de este domingo 21 de agosto.
El mejor análisis que pude escuchar antes de esta pelea fue del coach Firas Sahabi de TriStar Gym, quien además de especialista en artes marciales mixtas es licenciado en filosofía. Firas habló de la mentalidad de bullying que tienen tanto Connor como Nate, o que suelen demostrar en sus antesalas para cada pelea. A Díaz, el irlandés nunca pudo desmoralizarlo ni fastidiarlo lo suficientemente con sus asaltos verbales; le tiró todo pero Nate siempre volvía con alguna respuesta ingeniosa y punzante que en realidad enfurecía más a McGregor. Tiene razón Firas Sahabi cuando hace notar que la estrategia del que hace bullying tiene el rasgo de ser descuidada. El abusador lo es en tanto que subestima a su víctima, la menosprecia, descarta el poder de reacción del otro, lo disminuye, no se preocupa por su poder. Así actuó McGregor en su primer encuentro en marzo de este año, hasta el último momento, intentó poner a Nate en un lugar incómodo, hostil, amenazado. (Recuerden que en el centro del octógono, mientras el árbitro Herbert Deen les indicaba las instrucciones, Connor seguía cuestionando "qué vas a hacer, vengo con las dos guardias... qué vas a hacer?"). Hasta el último momento, para darse mayor confianza, Connor necesitaba lograr alguna ventaja psicológica para granjearse una extra-seguridad, para asegurarse un lugar que emocionalmente lo hiciera sentirse superior. Pero Nate nunca se lo concedió, desde el principio lo frustró siempre, y no se iba a desarmar si veía a Connor encarándolo con guardia cambiada, es decir ortodoxa, porque Nate, cuando entra a pelear, entra a "matar o ser muerto", el resto son detalles internos de la batalla misma.
VIDEO: Brutal fight Conor McGregor vs Nate Diaz II - `Pelea completa
Connor McGregor ha estado haciendo desde su entrada al UFC un montón de declaraciones sobre las artes marciales que llamaron la atención sobre su sapiencia y conocimiento del arte de la guerra. Su enigmática frase posterior a la victoria sobre José Aldo (timming beats speed, precision beats power), lo colocó definitivamente en el lugar de alguien que veía cosas que la mayoría no podía ver, como si fuera una suerte de extraño gurú que sabía teorizar a la vez que poner en práctica. Sin embargo, cuando peleó con Nate Díaz la primera vez pareció contradecir muchas de sus frases de marca. Robin Black, en el programa de Fighting Network "Five Rounds", preguntó varias veces: ¿por qué Connor insistió tanto en ganar a Nate usando fuerza sobre precisión y velocidad sobre timing?. Era una pregunta justa. Un elemento más entre varios otros que hicieron que se cayera una gran parte del velo místico que rodeaba a Connor, porque muchas de sus palabras ya no se sostenían desde aquel desenlace. ("Estoy invicto en intercambios de golpes", "yo siempre presiono y voy hacia adelante", "estoy acostumbrado a enfrentar a luchadores en pánico que no aguantan mi presión").
Y lo cierto es que Nate Diaz le ha cambiado la vida, el modo de entrenarse y el estilo de pelea. El mismo Nate lo hizo notar en la conferencia de prensa posterior al UFC 202: "Él (Connor) no hizo otra cosa que lo que yo le marqué que debía hacer: consiguió otros sparrings de jerarquía para su boxeo, y ese su entrenador de jiu jitsu que ahora tiene..., antes no tenía realmente un equipo de talla...". La cita es inexacta, pero Nate marcaba con estas palabras una realidad muy clara. Ahora Connor no puede decir nada acerca de cómo el resto no está en su nivel, ni desacreditar el peso decisivo que tiene la diferencia de pesos, ni asegurar que todos se derrumban inevitablemente ante su mano izquierda, ni afirmar que no le interesan los rivales y que sólo se prepara para patrones corporales de movimiento. Para pelear con Nate la revancha, el campamento de Connor fue muy específico, había tareas que cumplir respecto a ciertas áreas de su plan de pelea, consiguió sparrings que emularan las características físicas de Nate, e implementó mucha mayor rigurosidad en su entrenamiento de jiu jitsu, incluyendo en su equipo a Dylan, un cinta negra que, si no me equivoco, salió de la prestigiosa Academia de Marcelo García. Además de todos estos ajustes técnicos, Connor tuvo que resignar ciertos elementos de su personaje, el misticMac, porque ya no podía simplemente afirmar que lo que se necesita es "desear algo con muchas fuerzas y atreverse a decirlo en voz alta". No se trata ya simplemente de que los deseos se materialicen porque el universo se confabula con los deseos de un hombre en particular. La ideología empresarial norteamericana, que tan bien encarnaba él y difundía, ya no se bastaba. Debía atenderse a detalles específicos del combate, de la preparación, de la forma de guardarse y de evitar el derroche de energía interna. Si Connor no se preparaba para pelear contra una montaña que podía resistir cinco rounds contra él ahí adentro, y además que esté presionando para acabar con él hasta el último segundo, entonces no tenía chances de lograr su obsesivo deseo de obtener esa victoria.
Luego de ver el desenlace de la revancha, cabe preguntarse si esta vez Connor fue realmente económico y eficaz con el uso de su energía. Esa era la razón que Connor encontraba para explicar su sonada derrota la primera vez. No cabe duda de que Connor lució mucho más en control y paciente en el primer round, pero al final sucedió algo muy parecido, se cansó, y casi a la misma altura de la pelea -mitad del segundo round- el irlandés mostró claramente señales de debilitamiento, y Nate comenzó a presionarlo. Fue el momento en que la pelea comenzó a difuminarse en un horizonte de difícil lectura. No obstante ello, a efectos de conteo de la tarjeta de los jueces, creo que la mayoría estuvo de acuerdo en darle ese round a McGregor, por los dos knock-downs, pero además por el dominio en general de la mayor parte del round. Entonces, si Connor ya no golpeaba para knockear a su oponente, si se estaba guardando y ya no falló tantos puñetazos al aire, entonces ¿por qué se cansó de todos modos a la misma altura?
La última pregunta nos invita dudar de la resistencia física real que Connor puede desarrollar en esa categoría, que no es su categoría natural de pelea. No lució fresco ni multidiverso como suele lucir, la mayor parte del combate se basó en una estrategia sencilla con los golpes básicos que menos riesgo de contragolpe le podían representar. Entre los comentaristas de ESPN, escuché una especulación acerca de si el estilo de pelea de Connor tiene un potencial de durabilidad, o si tiene elementos de velocidad, de intensidad, de extensión de sus brazos, que hace que no sea un estilo ideal para cinco rounds. Si vemos el estilo de Nate, por más de que sea un guerrero que se banca todos los castigos y pelea hasta el final, hay que decir que no es un gran estilo para preservarse y defenderse la cara ni la pierna delantera. Pero en cuanto a Connor, tal vez habría que reclamarle su dependencia de los puños, porque, contra un rival más pesado y más alto, sus puños se desgastan sin conmover decisivamente, entonces tal vez los codos y las rodillas deberían jugar un papel mucho más protagónico.
Varias lecciones están aprendidas a partir de estas dos peleas. Debes respetar el poder de golpeo del hombre que tiene más peso, y considerar que podrá absorber los tuyos mucho mejor que los más livianos. La masa corporal es un factor que efectivamente determina claves importantes. A Nate no fue capaz de dejarlo mareado ni realmente en apuros, aunque lo tiró tres veces, siempre lució muy entero y consciente desde el suelo, invitando a la pelea de sumisiones y posiciones. La otra cuestión es que no conviene entrar mucho en el juego del desgaste verbal en la preparación de una pelea por el simple hecho de que hay que venderla. Connor lo hacía con casi todos sus oponentes, esto de ponerse en un tono personal, de mucha animosidad. Con Nate esto se multiplicó a la estratósfera. No pudo evitar Connor salirse de una línea de impasibilidad y de control sobre sus acciones. Se mostró desmesurado e invertido emocionalmente en esta pelea. Ya no era sólo acerca de vencer a ese monstuo, sino además de no perder el tren dentro del UFC. Pese a todo, Connor se mostró mucho más inteligente en la segunda pelea, supo resistir a las tormentas, estableció su dominio en los primeros rounds. pero luego le atribuyó a la diferencia de peso que los últimos rounds tuvieran que ser mucho más parejos y reñidos.
Finalmente, debo agregar que, al igual que la mayoría de la comunidad de fans del UFC, disfruté mucho de ver esta pelea, pero con una salvedad: no fue realmente completa en téminos de MMA en sí, es decir, a momentos me pareció algo unidimensional, mucho boxeo, se extrañó los intercambios y búsquedas de predominio en la pelea cuerpo a cuerpo y en el suelo. Connor no quiso ir nunca al suelo, pero para ser una de las peleas màs gloriosas de la MMA tendría que tener más de esos elementos. No sólo por la falta de pelea de piso, sino también por la falta de variantes en la pelea de parados, y basta ver a un Jon Jones, o al emergente Yael Rodríguez, para ver cómo se pueden mixturar técnicas de patada, rodilla voladora y puños en una pelea de MMA. En est revancha, después de un cierto tiempo, ya más o menos todos sabíamos cuáles eran los patrones de ataque, perdió sorpresa, Nate con su 1-2 básico, y McGregor acechando con el low kick y la mano izquierda. Es una opinión que el amigo o amiga lectora puede muy bien contradecir. En todo caso, no hay manera justa ni adecuada de quitarle sus méritos a estos dos peleadores, que nos hicieron vibrar otra vez y en grande. Quién sabe ahora si la tercera pelea se tomará unos años en materializarse, hasta asegurarse que la espera de los años la haga crecer económicamente a estratos inimaginables para la MMA en este momento. ¿No sería inteligente emular un poco de la espera de 6 años que Mayweather construyó en torno a su pelea con Pacquiao?
Recomendado:
Análisis previo a la pelea de Firas Sahabi
FIN
miércoles, 17 de agosto de 2016
MEDITACIONES SOBRE UN CENTRO CULTURAL I
¿Qué es un Centro Cultural?
Por: Jorge Luna Ortuño
Es una pregunta inicial que nos sobrevuela casi constantemente, nos la planteamos con moderada inquietud, a veces de modo todavía abstracto, indirecto, casi artificial. Sin embargo, en el camino debemos avanzar en base a una respuesta provisional, con una idea que se está construyendo, que no nos detiene sino que nos orienta y anima.
Borges por Piglia. Cursos para la televisión argentina
Dentro de ese proceso, las lecturas cruzadas pueden ser muy valiosas, leer en otra parte, sobre otros temas, nos puede activar nuevos pensamientos en torno al asunto que nos ocupaba en nuestro campo. En una conferencia para la televisión argentina que dio Ricardo Piglia, contaba que Borges, su admirado maestro, nunca tuvo el hábito de ser paternalista con sus interlocutores, que trataba a todos como si tuvieran el mismo nivel de lecturas, como asumiendo que sabían de lo que él hablaba, con tal soltura que ellos mismos se sentían bien, no se cohibían, o no del todo. Borges no necesitaba hacer una contextualización informativa sobre un autor inglés para luego contar algo interesante sobre él. Y esta es una gran lección para un Centro Cultural, porque muchas veces en la divulgación cultural se derrocha espacio contextualizando a los grandes invitados y se pierde la posibilidad de entrar a fondo con los temas que sus obras trabajan. Ricardo Piglia concluía: "Si el problema de la cultura fuera la información, si el problema fuera quién está informado, entonces sería facilísimo. Pero el problema es quién está atento a algo para lo cual está interesado".
Esto es valioso en referencia a nuestra pregunta inicial, porque un Centro Cultural, en su calidad de intermediador y de generador, debe plantearse como una de sus misiones centrales la de generar la atención en torno a aquello que se ofrece como "cultura" o como "arte". Parafrasendo al curador Justo Pastor Mellado, la atención crítica no es algo que se deba esperar ni exigir, es algo que se construye. La atención que le brinda una comunidad a los temas culturales o a las propuestas artísticas de los centros culturales depende de la forma en que se gestiona el interés de su aprovechamiento. Pero en más de una ocasión me ha parecido sentir que las ofertas en cultura y artes son como llaves en el viento.
Llaves en el viento para que mi menta huya, dijo una vez de sus canciones Bob Dylan. De nada sirven las llaves de unas cerraduras cuyas puertas se conocen. Poco valen si no sabes qué te abren.Y a veces una exposición de arte visual, un nuevo libro que se presenta, una obra de teatro que se estrena, o una instalación, presentan nuevas percepciones, ideas fuertes o sensaciones únicas, pero que nadie sabe para qué tipo de problemas específicos responde. Es una cuestión de armar las conexiones. En función de qué acople o con qué tipo de ensamble se puede leer la obra de tal o cual manera, para captar su pertinencia, su relevancia, su interés. Una obra de arte invita a plantearse otro tipo de problemas, pero también puede movilizar otro tipo de pensamientos, otras maneras de pensar que, quizá, sean las que abran el camino a soluciones concretas de la vida ordinaria y práctica. Maneras de pensar, maneras de sentir y maneras de percibir. Son tres maneras, o modos, que se transmiten a través del arte.
Entonces, si el problema de la cultura fuera saber quién está informado no pasaría nada. Por ello la cuestión de difundir mucho la cultura no es suficiente. Tiene que haber alguien viniendo de otra parte en busca de algo para que exista efectivamente un encuentro con el arte. Entonces, deberíamos preguntarnos, ¿cuáles son las búsquedas contemporáneas?, ¿qué le motiva a pensar y sentir de otro modo a las nuevas generaciones? Por un lado, habría que trabajar sobre estas búsquedas, pero al mismo tiempo, trabajar para incidir, modificar, sobre el tipo de búsquedas que interesan hoy, a los públicos jóvenes, a los públicos que un Centro de Cultura espera interpelar. Esto es, no basta con conformarse llevando el arte hacia los Pokemones, ni hacer de la lectura una cuestión de promocionar los nuevos 50 sombras de Grey porque sean los títulos que están en el tope de las listas de consumo.
Un Centro Cultural emite en dos frecuencias: por un lado tiene que informar, hacer conocer su propuesta de actividades para el mes, y los datos precisos, para que la ciudadanía pueda asistir. Pero la otra frecuencia es de transmisión, es lo que comparte a otro nivel, la resonancia, los problemas que invita a plantear, la manera en que dialoga con el entorno a partir de lo que propone con sus actividades. ¿Se trata acaso del nivel del contenido?
Para hablar de la transmisión hay que hacer un breve rodeo: En un Centro Cultural se trabaja paulatinamente una urdimbre de significados a través de las distintas actividades y estudios que se promueven, porque, siguiendo a Justo Pastor Mellado otra vez, "es necesario crear una ficción interna para poder tener una política exterior". Se trabaja entonces en el montaje de una ficción -entendida como Borges la plantea - que se alimenta desde las distintas disciplinas que se exponen en ese espacio.
A nivel de transmisión, lo que un Centro Cultural busca es promover nuevas asociaciones, nuevas alianzas, encuentros con otras instituciones, con artistas, colectivos, prensa local, públicos del vecindario o de la zona de manera básica. La transmisión alude a lo que se emite, tal como se emite en una frecuencia de ondas Herz, una onda de vibración que otros, trabajando en sus campos, pueden captar, y pueden engancharse a ella, en función de las afinidades temáticas o de otro tipo. Lo ideal es que un Centro Cultural transmita la sensación de que se están haciendo cosas interesantes en sus instalaciones, que se está tratando temas con relevancia, que se está invitando a la gente que tienes cosas que decir, que se está armando plataformas donde lo que se dice puede tener algún poder real de impacto o inscriptividad en la sociedad. Este tipo de encuentro es por conexión, yo me conecto con lo que el otro dice porque me interesa, porque admiro algo en ello, o tiene algo que me llama. El encuentro es la conexión, el clic que hace que entre dos surja algo tercero, una verdadera comunicación, un acto creativo.
lunes, 7 de marzo de 2016
CAE CONOR MCGREGOR CONSUMIDO POR EL EXTRAPESO Y CIERTA SOBERBIA
Por: Jorge Luna Ortuño
En las conferencias de prensa del UFC 196, en la guerra mental de poder a poder de la pelea estelar, quedó claro que Nate Diaz se manejó con eficiencia, no atacó mucho ni muy seguido, pero cuando debía hacerlo lo hacía contundentemente. Dos fueron sus mejores argumentos: el primero que Conor había vencido a tres enanos consecutivamente (Siver, Méndez y Aldo), mientras que él tenía una fila de peleadores de primera línea a los que peleó en la última década. Su otro tema era la legitimidad de su equipo y sus sparrings: con quién entrenas, en tu gimnasio no tienes a nadie, mientras que yo tengo a Nick Diaz, a Kron Gracie, a Shields, a mi coach de boxeo, etc. Tenía dos puntos fuertes, e incluso llegó a callar a Conor en la segunda conferencia de prensa. Fue una antesala de lo que pasó en la gran noche de la pelea, Conor podía venir y venir, pero cuando Nate sacara las grandes armas, la pelea hallaría su fin. Quedó también como gran duda el hecho de que Conor no tenga como coach principal a un striker, pues John Cavenagh es especialista en grappling. Fue John quien le dio instrucciones muy condescendientes y no tan claros en el descanso, en lugar de decirle: "ahora no te quemes, no pongas todo el poder en tus golpes, busca marcar puntos y moverte, guárdate para los rounds finales", lo que le dijo fue "el directo de izquierda está llegando, y el gancho de derecha está ahí. Sigue así, y destroza esa pierna delantera".
La electrizante pelea que protagonizaron Conor McGregor y
Nate Diaz la noche del 5 de marzo del 2016 será recordada por un largo
tiempo por los estudiosos del combate y los fans de la MMA. Quedará marcado el cómo,
en el minuto 3.11 del segundo round, Conor McGregor descubrió que la trampa que
creía estar tejiendo para Nate Diaz era en realidad una tumba que había cavado para sí mismo. En el minuto 2.22 la tormenta se le vino encima. Nos
referimos a la cuestión estratégica: quedó emboscado en un plan de pelea que
creía haber armado para su conveniencia, pero resultó que le había estado
haciendo el mejor negocio al mismo Nate. El mismo Conor reconoció en tono humilde, después de la pelea, que hubo un momento en el que pasó al modo “pánico”. En ese horroroso instante para sus pretensiones,
Conor descubrió que llevaba todas las de perder en una pelea de toma y daca
frente a un luchador como Nate, curtido en cien batallas de ese tipo, provisto
de una cabeza de piedra y una quijada granítica, pese a la dureza con la que se
puede impactar al rosto con los guantes de MMA.
Conor había sido conmovido por
una combinación 1-2, lo que era como recibir una cuchara de su propia medicina. Así
tocado, notando que sus golpes ya no producían ningún daño, y tragándose todo
su orgullo, en tal situación Conor optó por buscar el derribo, que intentó con
un double leg bastante previsible. Fue el momento en que Nate supo finalmente
que lo tenía a su merced, la guillotina esperaba lista, la guillotina Kron Gracie, que se efectúa con el codo bien alto.
Nunca en toda su carrera, salvo en aquella ocasión contra Holloway que sufrió una lesión en el
ligamento de su rodilla izquierda, Conor había buscado ir al derribo durante un
intercambio franco de golpes de puño. “Estoy invicto en intercambios”/ “Veamos
quién da el primer paso atrás”. Justamente, en esta pérdida tajante, Conor
perdió ese invicto del que tanto se vanagloriaba, lo que en el balance tal vez
resulte el golpe más decisivo a su moral. Anoche fue Conor el que tuvo que acudir
al papel de “wrestler desperado”, como él mismo bautizó a todos sus oponentes perdedores en
las 145 libras.
Conor gritó a los cielos que una vez sus oponentes sentían su
mano izquierda, antes o después todos se quebraban, así lo profetizaba respecto
de Dustin Pourier por ejemplo. La batalla mental que tan bien se le había dado
a Conor en toda su carrera, finalmente anoche resultó un boomerang contra sí
mismo. Oyendo la conferencia de prensa y lo que pasó en el pesaje oficial, me dio la sensación de que fue demasiado; con tan pocas horas antes de la pelea, un guerrero necesita estar en una estado de paz, de control de sí mismo, serenidad pura, como lo mostró frente a José Aldo en el pesaje antes del UFC 194. En cambio con Nate se vio entrampado en una situación donde la soberbia, la agresividad y el gusto por los insultos se había multiplicado como virus, la temperatura de la pelea se salía de los límites, sin ser algo personal estos dos hombres actuaban como si se odiasen. Conor había subido tanto las expectativas que estaba obligado a noquear a Nate
Diaz para cumplir acorde a su discurso.
Conor podría haber hecho una pelea muy
inteligente, con todos los recursos técnicos que posee, bastante superiores en
variedad y fluidez a los de Díaz, pero eligió meterse en una batalla por el orgullo,
que era acerca de quién quebraba primero al otro mentalmente y lo talaba como se hace caer un gran árbol. Fue él mismo
quien puso las expectativas tan altas, diciendo cosas como que Nate era muy suave en su cuerpo, un flacucho, con juego de pies previsible, con golpes demasiado repetidos, lento, muy lento para él. Por eso cuando inició el round, Conor lanzó desde los primeros diez
segundos sus izquierdos volados colocando todo el poder encima. Erró la
distancia en varios golpes, se sintió incomodado por la amenaza de jab de Diaz, por la longitud de su brazo.
Lo que pocos tienen en cuenta es que el golpe que se
falla o se tira al aire cansa más que el que conecta. Díaz se movía atrás y en círculos, ocasionalmente
lanzaba un jab y pronto se animó a soltar una que otra izquierda, pero sin
lograr preocupar a McGregor. No hacía mucho Díaz, pero controlaba la distancia
hasta la mitad del round. Recién cuando faltaban dos minutos para la
finalización de ese round inicial Conor logró aterrizar sus cruzados y directos
con algo más de notoriedad, logrando marcar el rostro de su rival, quien todavía
daba la impresión de que estaba en ánimo tentativo y algo tímido. Los
movimientos de Conor eran ágiles, se le veía cierta armonía a momentos,
combinando bastante con la patada pisotón a la rodilla adelantada de Díaz, que le
ayudó estratégicamente a prevenir mayores avances de Díaz. Pero lo cierto es
que Conor se desgastó bastante en ese primer round, sobre todo en el suelo al final, donde Nate amenazó con revertir a Conor quedando montado pero con
visión norte-sur. Conor usó su fuerza y tuvo que poner todo su peso hacia
adelante para impedirlo, pero no consiguió hacer ningún daño en el ground and ound,
siendo que invirtió buena cantidad de energía.
Otro problema de ineficiencia para Conor fue que cuando lanzó
sus temidas izquierdas en ese inicio, varias eran desmedidas, lanzadas con toda la fuerza, quedaban en el aire y comprometían su balance, lo cual compensaba agachando la cabeza contra un
posible contrataque. Pero un experimentado kickboxer probablemente hubiera
aprovechado para rodillarlo en la cara o lanzar una patada ascendente. Díaz no
atacó estos movimientos de McGregor, se conformó con hacerlo fallar, y a veces
soltar su cross de derecha como respuesta.
Se ha dicho que Conor McGregor ha enfatizado la atención al movimiento
del cuerpo humano en las artes marciales. La presencia de Ido Portal por
segunda vez en su esquina probablemente tenía la intención de continuar con ese
discurso públicamente y hacerlo muy obvio para todos, pese a que Ido sólo se acopla a sus cmpus en la última semana de su preparación. Lo lamentable es que el peleador irlandés no mostró
propiamente toda la fluidez de movimiento que hubiéramos esperado. Con algunas
de sus patadas en giro de capoeira, que nunca llegaron al rostro de Díaz, nos
pusimos a recordar a Bruce Lee, cuando decía que la libre expresión de uno
mismo no es lo mismo que auto-exhibición; que la funcionalidad está antes que la vistosidad. Conor hizo cierta exposición de sí mismo con fines de búsqueda de la admiración externa, como
todo buen vendedor de su negocio. Pero, en lo profundo, esas prácticas no le
hacen bien a un artista marcial, que necesita mantenerse ligado a lo que es
real, a lo que funciona, a lo que surge realmente como forma de expresión
honesta de uno mismo. Es muy fácil ponerse arrogante y mostrar a la gente una
serie de movimientos llamativos, es fácil impresionar con movimientos, y eso es
algo que también es parte de la cultura de movimiento vista desde afuera. Pero,
vale decir que el verdadero movimiento no es auténtico si se hace en busca de
alguna aprobación externa. El artista marcial moviliza su cuerpo a partir de
algo honesto.
Pero hay que ir más lejos. ¿Movimiento y qué más, de qué
hablamos? Bruce Lee nunca ensalzó el movimiento sólo por sí mismo. En El Tao
del Jeet Kune Do, el único libro que escribió esperando publicarlo, enmarca la
economía de movimiento y el juego de pies. Conor tiene una comprensión más desarrollada
de esos elementos del combate, su estilo lo demuestra. Pero contra Díaz no
estaba realmente en posesión de todo su arsenal, algo lo distraía. El cambio de
estancias de guardia con el que avisaba a Díaz en la apertura, finalmente no
salió a flote. McGregor fue directo a su tarea desde la guardia natural, si
asumimos que utiliza la mano diestra principalmente. En ese caso tenía la
chance de utilizar su patada lateral, la misma que usó contra José Aldo en su
choque del UFC 194. Pero en esta ocasión, a partir de cierto punto del segundo
round, Conor sintió la queda de su tanque de gasolina y pareció olvidarse de
todas sus patadas. Había menospreciado el asunto de la subida de peso, no se
sentía en dominio, control y conocimiento de su cuerpo. ¿Cómo no previno eso si
había subido de 145 a 168 libras en menos de tres meses? Él mismo diría: “No fui
eficiente con mi energía, y él sí lo fue, peleó una pelea inteligente”. Para
colmo, Díaz se sabía en una guerra de poderes, matar o morir, por lo que
soltaba sus puños y conectaba de rato en rato, sobre todo los jabs, sólidos a
la quijada del irlandés. Y cuando tocaba recibir, se cubría, hacía que los
golpes de Conor se volvieran inofensivos en sus guantes amortiguadores. Conor comenzó
a abundar en ganchos ascendentes, desde diversos ángulos. Todavía se notaba su
riqueza técnica con puños. Pero dejó de atacar el cuerpo, siempre cerraba la
combinación con un golpe a la cabeza que no hacía casi daño. La cara
ensangrentada de Díaz no parecía encontrar un fin, y así, con toda su
envergadura, luego de cubrirse y aguantar el temporal, Díaz iba a buscar sus
propios impactos. El colmo del error fue que Conor peleó esta fase con las
manos a la altura de la cintura, confiándose en su esquiva y cabeceo, que en
esos momentos ya era muy inefectivo. La defensa de Conor se vio rebasada, y el
cruzado impactó con dureza, en el mejor estilo de un doble de McGregor que de
pronto lo colocaba a él en la situación en la que siempre ponía a sus
oponentes. Esto no hubiera pasado si Conor peleaba con mayor responsabilidad
defensiva, intentando al menos subir su brazo y codo derecho para bloquear los
directos que lanzaba Díaz como jabalinas. Cuando no fue este cruzado el que
impactaba, fue el cross de derecha, que Díaz lanza como un sopapo, como si se
tratara de un chicotazo al lateral del rostro. Conor aun tenía ánimo de sonreír
y decirle algo a Díaz, todavía se animó a desafiarlo a seguir pegando, como si
nada hubiera pasado. Pero sus piernas y la torpeza de sus movimientos lo
delataban. Su caminar por el octógono se había tornado difuso, sus movimientos
de cintura torpes y fuera de timing, incluso lo vi cruzar los pies al
desplazarse a los lados. Era la versión torpe y descuidada de Conor contra la
versión más seria y lista para matar de Nate Díaz. En algún punto Conor lo
sintió, supo que iba a morir, así que eligió la derrota más administrable para su
imagen, la derrota por finalización, que ya antes ha ocurrido en su carrera en
dos ocasiones, cuando era un inexperto en las artes del grapling. Nate Díaz lo
dejó claro, si Conor se hubiera mantenido en pie hubiera sido un k.o., y eso es
lo que evitó al lanzarse en un takedown que resultó como meter la cabeza en la
boca del lobo. Díaz mostró además que su jiu jitsu, aprendido con la guía de
Cesar Gracie, está en un nivel muy superior al del irlandés, que practica con
interesantes grapplers en el Straight Blass Gym, pero que no parece obligarlo a
evolucionar como se esperaría.
En definitiva, Conor lució vulnerable y descuidado, mientras
que Nate lució sorprendente y auténtico. No intentes jugar mi juego contra mí,
es lo que parecía haberle dicho Nate a Conor. Reclamaba así su personaje, el
del provocador chico malo. Ser el bravucón con ventaja de tamaño y de alcance
que aterroriza a sus rivales no era la estrategia correcta para esta pelea,
pero en el campus de Conor no lo resolvieron. Recordé mucho una pelea de fines
de 1996, cuando Roy Jones Jr subió a la categoría de los semipesados para pelear
con Mike McCallum por el título interino. Su enfoque fue de respeto al peleador
más pesado, más acostumbrado a la división, y más experimentado. En algunos
rounds, como en el quinto, Roy utilizó sus armas de lucha mental, ayudado por
su cegadora velocidad y sus reflejos infernales. Y en el round 10 incluso logró
un knock down a su favor al sorprender al McCallum con un derechazo directo. Fue
una estrategia de cocinar la comida a fuego lento. Luego se vería por qué no
había salido a buscar el k.o de entrada. Cuando subes de categoría tu poder de
knoquear ya no es el mismo, debe ajustarse a los rivales, y Roy había subido
para aprender, debía testear durante algunas peleas cuáles eran sus
posibilidades.
La lección que nos llevamos de este resultado del UFC 196
debe ser mesurada, pese a lo impactante de los desenlaces y sus repercusiones
inmediatas. Misha Tate venció a Holm, sí, pero fue una enseñanza sobre
detalles, algo específico que mejorar en su juego, su vulnerabilidad al derribo
como contraataque a su mano izquierda. En el caso de Conor McGregor, fue una
cuestión muy mental. Él cree que realizando algunos ajustes, y tomando
consciencia de que al peleador más pesado debes respetarlo y no lanzarle todos
tus golpes para noquearlo, tendrá todas las chances de volver y ganar el
cinturón de las 155 lbs. Tendría que lanzar más golpes para marcar puntos,
parecía decir, también reservarse sus mejores golpes para momentos específicos
de la pelea. Conor hablaba de que los pesos no deberían importar tanto, pero
aprendió que sí importan, que no es tan fácil aventurarse a pelear con
cualquier oponente. Debes tener un plan de pelea, estudiar un poco a tu rival,
tener claro ciertas cosas respecto de dónde quieres ir y dónde no deseas
llegar. Conor fue a lucirse, basado en la idea de que su arsenal es mayor y que
Nate no podría resistirlo. Pero lo resistió, y de ahí en adelante Conor no tuvo
más respuesta, no habían imaginado tan lejos.
POSDATA: La conferencia de prensa inicial, donde Nate y Conor
intercambiaron una divertida ronda de ironías, acusaciones y críticas, fue un
muestrario del mapa mental de la velada. ¿Cómo será la pelea? –le preguntaban a
Nate. Él respondía sucinto: “Será una pelea”. Ante otro periodista que le
marcaba la ventaja que podría tener McGregor por sus movimientos, Nate replicó:
“Yo también tengo movimientos”. ¿Cuál será tu estrategia, fue incluso una de
las arriesgadas preguntas? Nate dijo: “pienso ir a matar o ser muerto”. Conor reía
en esos momentos, pero no sabía lo que esperaba. Queda la imagen de una sesión
en la que Conor fue contestado, en la que no pudo señorearse como siempre. Cierta
frustración se pudo notar cuando Nate lo acusó de estar en osteroides. Conor tiró
todo lo que tenía y Nate pareció nunca caerse. Fue quizá un momento revelatorio
de lo que iba a pasar en la batalla del UFC.
viernes, 9 de octubre de 2015
SENTIDOS ABIERTOS
El Centro Cultural Simón I. Patiño invita al público interesado en las artes, los procesos de la mente y la creación en general, a participar en este Encuentro de Intersecciones Creativas. El ingreso será libre.
En el estudio "Sentidos Abiertos” nos hemos interesado en investigar cómo surgen nuevas ideas en la
intersección entre las artes. https://www.facebook.com/events/1500730793585000/
Asombra que un poeta encuentre en la
percusión de un tambor la manera de proseguir su propio trabajo; o que un músico se alimente
de la pintura para la interpretación de una sinfonía.
La premisa creativa sería:
“En lugar de excavar en el mismo lugar, intenta en otra parte”.
Sal de tu propio ámbito. Esto es Hipertexto, simbiosis, artenferencias; cruces que recorren de la literatura a las artes visuales, pasando por la filosofía y
varias otras disciplinas.
También veremos el caso extraño de la Sinestesia cuando es utilizada por gente creativa.
Invitamos para conversar sobre estos temas a reconocidos artistas e intelectuales del ámbito de Santa Cruz:
Marianela Aparicio,
Roberto Valcárcel,
OsZo (Oscar Soza)
Claudia Bowles
Maximiliano Barrientos
Glenda Rodríguez
María Schneider
Milan Gonzales (Participación virtual)
Gestor del Encuentro: Jorge Luna O.
La suerte favorece a las mentes conectadas...
Mayores informaciones:
Centro Cultural Simón I.Patiño
Tel. 3 3372425
Calle Independencia esq. Suárez de Figueroa
Santa Cruz - Bolivia
https://www.facebook.com/
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