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viernes, 1 de marzo de 2013

BARCELONA F.C. vs EL REAL MADRID DE MOURINHO


Por: Jorge Luna Ortuño

Es difícil no esbozar una sonrisita de tonto cuando se observa el juego del Barcelona F.C. en los recitales que ofrece en el Campo Nou. Lo menos que se puede decir es que inauguró una nueva manera de jugar al fútbol en tiempos en que el deporte se sentía estrangulado por el resultadismo y la preferencia por el poderío físico antes que por la técnica. Mérito de una filosofía que considera al blaón como "el santo Grial", y que inicia con Johan Cruyff, alcanzando sus notas más altas con Guardiola. “El Pep”, el mimado del club, asumió con autoridad y estilo, y casi todo fue a pedir de boca: catorce títulos en poco más de tres años al frente lo acreditan como el mejor técnico en la historia del Barca. Es claro que todos estos logros llegaron con un desgaste físico, mental y emocional, pero que parecía administrable.

Sin embargo, fue la llegada de Mourinho al Madrid, quiérase o no, la piedra que terminó por acelerar el paso al costado de Pep. Mourinho es un crack, un hombre que entiende muy bien su trabajo,  y  entiende que medio partido se juega a nivel de los egos. Agita la mano derecha con desesperación, está parado cerca de la línea, habla con los suyos, con el árbitro, con los rivales, pone cara de póker, luego hace un gesto de mandarlos al diablo a todos, no es un teatro, él está jugando su partido, y no deja de jugarlo en la rueda de prensa, o en una de las pocas entrevistas que concede, pues, como dice, todos éstos son espacios de trabajo. Toda la Liga 2011-2012 la jugó así Mourinho, y tuvo el mérito de poner incómodo a Guardiola, de hacerle sentir que se encontraba en una guerra. Sucede como en el boxeo, los más virtuosos como Muhammad Alí, Sugar Ray Leonard o Roy Jones Jr han encontrado la piedra en su zapatos con aquellos adversarios que les imponían una presión constante y los tenían contra las cuerdas (Joe Frazier, Tommy Hearns, Antonio Tarver…), sacándolos de su juego estilístico y colocándolos en un campo de batalla. Maurinho, aprovechándose del hambre mediática, creó la ficción de que era una competencia entre ambos entrenadores, entre sus récords, antes que entre sus equipos. Aquella Liga que ganaron finalmente los madrilistas desgastó tremendamente al Barza, y al Pep mucho más. Cuando dio la noticia de su alejamiento del banquillo culé, Guardiola dijo que había dejado todo en esos años de dirección, y ya no se sentía lleno de todo aquello que debe sentir un entrenador de un club de tanta jerarquía. Lo dijo con lucidez, era tiempo de recargar baterías.

En pro de la continuidad asumió Tito Vilanova, su amigo y ayudante de campo por largos años, y el Barcelona no ha resentido el cambio de timón, no sólo eso sino que se ha vuelto intratable. Ya ha batido algunos récords sólo en la primera rueda de la Liga 2012-2013, es puntero solitario en la tabla, que muestra al Real Madrid unos quince puntos más abajo. ¿Qué ha sucedido? Todavía Mourinho no ha encontrado la manera de jugarle el partido, fuera de la cancha, a un técnico completamente desconocido, que hace sus primeras armas como tal. La filosofía del Barza sigue siendo la misma, la cultura de la alegría expresada en su juego es idéntica, los jugadores se ven motivados. Si Pep Guardiola –como insinuaron los seguidores en sus pancartas– era El Padrino de los azulgranas, podría decirse que Tito Vilanova es el Michael Corleone del Barcelona, el golpe que nadie ve venir, la mano bajo la falda de la Monalisa. Mario Puzo escribe en su brillante novela que uno de los preceptos de Don Corleone era este: los amigos deben subestimar las virtudes de uno, mientras que los enemigos deben sobrevalorar los defectos, así se logra mantener una fuerza reposada oculta. Ciertamente Tito Vilanova hace uso de éste precepto, hombre de perfil bajo, de pocas referencias, ha asumido para ajustar cuentas con los fantasmas del pasado reciente, las pedreras del Chelsea y del Madrid.

Ahora, sería una tontería reducir la gestión victoriosa de Mourinho a su habilidad de generar esta competencia en los medios con Guardiola, además del aire de hostilidad que instaló con sus críticas a los árbitros y a la misma UEFA, acusándoles de favorecer al Barcelona. Después de aquel humillante 5-0 que encajaron los merengues en el Camp Nou (septiembre 2010), Mourinho intentó muchas variantes. De aquella negra noche –la peor goleada que ha sufrido Mourinho en su carrera– aprendió que no era conveniente pelearle la posesión de bola a los de Guardiola; el Madrid se distinguió entonces por economizar el pase de la bola, gestionando el tránsito rápido, vertiginoso, de una área a la otra en unos cuantos toques. Comenzó también a afinar una estrategia de presión en campo adversario, y en la final de la Copa del Rei (2011) pareció encontrar una fórmula, la del trivote de presión alta: Xavi Alonso, Khedira y Pepe, a costa de dejar a Ózil en la banca. El Madrid perdió en juego ofensivo, se dedicó a morder y capitalizar de lo que conseguía robar. En la otra vereda, el Barza perdió el brillo y la omnipresencia, la bola llegaba apretada a los de arriba, sólo se le permitía tocar en zonas donde era inofensivo, las bandas ofrecían menor resistencia, pero sólo para hacer algo que no le gusta al Barza, y es jugar a tirar centros.

El juego del Barcelona se basa en la rotación continua de posiciones y el toque de bola para abrir avenidas de tránsito, es como una ruleta rusa, gira y gira, y en algún momento saldrá el número premiado, momento en el que la idea se encuentra con la oportunidad, y es el mejor ubicado quien asestará la estocada definitiva, algo que generalmente le toca hacer a Messi. Sin embargo, aquella final la ganó el Madrid, con un cabezazo impecable de CR 7 en el alargue. En uno de sus excelentes análisis, Santiago Solari definió así el éxito de la estrategia madrilista:

“Todo un arte: a un Barca especialista en liberar zonas para luego poder ocuparlas por sorpresa se le opuso un Madrid que ocupó zonas ya ocupadas para que luego no quedaran libres”.

De todos modos, la subsiguiente derrota en las semis de la Champions a manos del Barza, además de las ácidas críticas que recibió por el juego conservador, impulsaron a Mourinho a afinar su idea. Después de todo, él lo dice, el juego de cada uno de sus equipos depende de la idiosincrasia del club y de la misma Liga, además de la cultura de la ciudad. En sus palabras:

“la construcción de los equipos debe realizarse de acuerdo con la cultura y con las cualidades que tienes para ganar. Como jugaba hace cuatro o cinco años, el Barça no ganaba la Premier. Quizá hoy la ganaría. Por eso es imposible que un entrenador llegue a un país y diga: "Este es mi sistema, mi filosofía de juego". Si un día Pep [Guardiola] va a Inglaterra o a Italia, quiero ver si su equipo juega como el Barcelona... ¿Seré capaz de hacer con el Madrid lo mismo que he hecho con el Inter a nivel de juego? Imposible. El aspecto cultural es muy importante”[1].

Así llegó el cambio. Respetó la histórica obsesión por el juego ofensivo del Madrid adelantando 20 metros las líneas, con presión total, impidiendo al portero Valdés las salidas en corto en los saques de meta. La idea, condicionar los caminos del balón, hacer que el barza tenga que dividir la bola en casi todas las posiciones. Usando su 4-3-3, el Madrid poblaba el campo rival, y si perdía la bola se replegaba inmediatamente achicando la distancia entre las dos últimas líneas. El traslado de la bola siempre rápido y punzante, argumento que se coronaba gracias a una eficacia descomunal adelante: de tres el Madrid metía dos. Como lo han apuntado ya otros, el gol no siempre es hijo de la posesión de bola, y ésta la visión que Mourinho quería reivindicar.

Fue perfecto. Desde el cierre de Liga del 2012, el Madrid le ha ganado además la pulseada  de la Supercopa de España, con un Vilanova debutante. Todavía el Barcelona no le ha vuelto a ganar con plena autoridad al Madrid, y debe reconocerse que el equipo de Mourinho es el único que ha sabido ganarle y ofuscarlo jugando de tú a tú, sin utilizar la estrategia mezquina del Chelsea, que optó por aglomerar a sus once hombres defendiendo su portería para sostener el cero.

Debe decirse también que es a éstas alturas de la temporada que el Barcelona se muestra perfectamente afinado, listo para tocar otra sinfonía, con un Vilanova consolidado, en vísperas de un nuevo clásico por la Copa del Rei (26 de febrero). Admirable lo de Mourinho, pero no le alcanza aun para desplazar de lo más alto del podio al juego del Barza, pues el Barcelona sigue siendo el equipo romántico por excelencia. Su estilo de juego le da predominancia sobre cualquier rival hoy en día, mientras que el juego del Madrid no le ofrece muchas garantías frente a rivales de jerarquía. Su estilo acelerado no le permite manejar con justeza los tiempos de un partido, puede meter varios goles pero también encajar los mismos. Fue así que quedó eliminado a manos del Bayer de Munich en semis de la Champions (2012), y otros sustos similares vivió frente al Manchester en los octavos de la que se define este año, quedándose con un magro 1-1. 

Por su parte, el Barza avanza imperturbable, como la temible ballena de Moby Dick, arrasando, y la comparación es válida porque el Barza, a diferencia del Madrid, no es un equipo que deja entrar en el partido, te tortura los 90 minutos. Si el fútbol tuviera el criterio del K.O. y la cuenta hasta diez, muchos partidos del Barza se darían por terminados antes de los 90 minutos. Mientras, el gran Mourinho hace una mueca y espera tener un final más feliz que el capitán Ahab.

Los dados están lanzados, el éxito o fracaso en la Champions League será el juez final de ambos. El enfrentamiento de estilos y de egos entre el Barza y el Madrid nos regala cada partido una enseñanza diferente. ¡Qué privilegio vivir en el mismo tiempo de éstos dos monstruos!





[1] Entrevista concedida a Juan Cruz de El País: “Jose Mourinho: en el fútbol lo arriesgo todo. En lo personal riesgo cero”. 22/08/2010

lunes, 25 de febrero de 2013

LAS RELACIONES SEGÚN TWO AND A HALF MEN



Por: Jorge Luna Ortuño
 Two and a half men (Dos hombres y medio) fue, hasta la salida de Charliee Sheen, la  serie de Tv más exitosa de los Estados Unidos. Creada por Chuck Lorre y transmitida por Warner Bross desde 2003, la serie es una amena compañía para un público amplio, principalmente para todos los que deseamos liberar la mente del ajetreo cotidiano en las tempranas horas de la noche. Es fantástica, pero también detestable a momentos, combina escenas de delicioso sarcasmo con otras de terrible crueldad, y de una visión mercantilista elevada a la máxima potencia.

El mundo del capitalismo tardío quisiera que todos centremos nuestras vidas en una sola línea, la línea dura, escuela-universidad-trabajo-matrimonio-retiro…, donde todo se mide en crecimiento de lo que está a la vista, mayor dinero, mayor fama, mayores logros… Alan lo ha perdido casi todo en esa línea, tiene 35 años, es un quiropráctico con escaso éxito profesional, su hijo Jake no lo respeta, se divorció de la única mujer que había tenido en su vida y perdió el juicio, junto con la casa y sus amigos; estando quebrado en la calle, solo le queda replegarse al sofá-cama en casa de su hermano. Está convencido de que su ex-esposa le despojó de la poca autoestima que tenía. Lo cómico es que a pesar de toda su desgracia, se especializa en arruinar las pocas oportunidades que se le presentan para salir del hoyo, como cuando provoca el incendio de la casa de su novia por dejar su habano encendido. La serie es despiadada con Alan, el perdedor: aquel  que no tiene éxito ni con las mujeres ni con el dinero, quien deja que una mujer domine sus actos, y encima de ello no sabe divertirse. El filósofo Slavoj Zizek ya señaló que el terrible imperativo de nuestro tiempo es que el goce es obligatorio; “tener mucho sexo, realizarse” es ahora un deber.  

Las siete temporadas que tienen a Charlie como protagonista se centran en diferenciar dos caminos de vida, la comparación entre el ganador y el perdedor. Lo deseable se presenta como la capacidad para burlar las opresiones del compromiso, no ser dominado por una mujer en relaciones monogámicas, sino por los vicios: el juego, el alcohol y las mujeres fáciles. Charlie es el ganador, disfruta de la comodidad de su casa en la playa de Malibú, sus días están llenos de siestas, ropas planchadas en el cajón, romances cortos, wiskhy, habanos, Bourbon, algo de TV y más Bourbon. En algún punto intentan variar el perfil de su personaje, aparecen Mia primero, y después Chelsea, las dos mujeres con las que convive e intenta algo serio. 
Algunos de los momentos más hilarantes de la serie llegan cuando Charlie y Alan discuten sus puntos de vista sobre las relaciones con mujeres. Charlie está comprometido con Mia, pero se ve a ocultas con Kendhi. Alan aboga porque sea fiel a su pareja, pero Charlie cree que es conveniente tener un bote salvavidas siempre, “por si el barco se hunde”. Alan critica su falta de confianza en la relación, pero él sostiene que se trata de un “saludable respeto por el poder del océano”. De hecho sería positivo, pues “son desahogos saludables para volver después nutrido a la relación primaria”.

La gran diferencia entre ambos es la actitud frente a la vida. En una ocasión, con el consejo de su tío Charlie, Jake gana $us 1200 apostando en una carrera de caballos. Alan le dice “pongámoslos en el banco en una cuenta de ahorros”.  Charlie le dice: “gástalos”. Alan sugiere  que es mejor tener un colchón, pues “no hay mejor sensación que tener un respaldo cuando llegan los días difíciles”. Charlie no concuerda: “Conozco al menos ocho sensaciones mejores que esa”. Así, entre éstas dos visiones, se cría Jake, un tiro al aire, quedando en posición de escribir una nueva versión del libro “Padre rico padre pobre” (Kiyosaki).

Pueden tachar a Charlie de inmaduro, pero ¿qué es ser maduro al final de cuentas? Nos reímos con Charlie de aquellos/as que creen que ser hombre maduro es "dar gusto", y resguardarse bajo las faldas de la “responsabilidad” a costa de callar los impulsos de la sangre y acomodarse en una vida que sea mejor vista por la sociedad. Hay personas que sólo aman aquello que creen pueden moldear a su medida. Es el tema que se toca cuando Charlie y Mia rompen. Ella le había pedido: “comprométete en una relación en la que no tendremos sexo hasta que la relación sea sólida, mientras: no puedes tener sexo con nadie más”. La propuesta escandaliza a Charlie: ¿ser exclusivos sexualmente y no tener sexo? Entonces piensa que no están sacrificando lo mismo, si él deja el sexo ella tendría que donar un hígado, o dejar el baile, lo que tanto ama. Imposible. Ella piensa en invertir en la relación para ver futuro; él sólo piensa en gozar juntos los placeres del presente, que son los que abrirán la puerta a un futuro. Después de romper ella le pedirá que hablen, pero el diálogo no fructificará. La mujer es muy astuta, cuando dice que quiere hablar, lo que está diciendo realmente es que está lista para escuchar lo que quiere que le digan. (Quizá por ello el consejo que una vez diera Charlie a Alan: “debes absolutamente fingir que estás siendo sincero”). Si este tipo de mujeres escuchan una palabra que se sale de la idea que han elaborado previamente, se cierra todo diálogo, por ello son pocas las mujeres dispuestas a "dialogar", en realidad esperan que el otro ya esté listo para ceder. Mia se despide así por una carta: “Te amo demasiado como para intentar cambiarte, y me amo demasiado como para conformarme con el que eres”. Duro, sincero.

Al volver a casa Charlie le cuenta a Alan: “nos separamos, lo que es bueno porque puedo volver a ser yo mismo”. ¿Y quién eres? – pregunta Alan con sarcasmo. Un borracho que se alimenta de relaciones superficiales de puro sexo. Charlie, a diferencia de su hermano, es alguien que no necesita de un sentido, ni de algo significativo por lo cual vivir. No necesita que le muestren una zanahoria por delante para que corra tras ella por la vida. Sentado en su terraza, con una cerveza helada en la mano y la playa de frente, se congratula por ser un hombre que “se deja llevar por el cauce misterioso de la vida”, mientras toma muchas cervezas y hace muchas siestas. “Son las decisiones difíciles que uno debe tomar, dónde hacer la siesta… bajo el mango o bajo la palta… que pavada que no hayan higueras en Malibú… y se pone difícil la vida, levantarse a la una para no perderse la siesta, ¿a qué hora dormir?, elegir la hamaca… paf! Es mucho stress…” (Mi cumpa).

Links:
http://www.la-razon.com/suplementos/tendencias/caras-Two-and-Half-Men_0_1784221671.html

jueves, 21 de febrero de 2013

CONMOVIDOS CON LA TRAGEDIA DE KEVIN BELTRÁN

Un muchacho de 14 años muere en el stadium Jesús Bermúdez al ser impactado por un proyectil


Descansa el alma de Kevin Douglas Beltrán Espada

Consternación, tragedia, desgracia, son sólo algunas de las palabras que nos rondan la cabeza después de lo ocurrido el pasado miércoles 20 de febrero, en el estadium Jesús Bermúdez, por el partido de Copa Libertadores de América. Jugaban San José y Corinthians. La noche era medianamente fría, estábamos apostados en el sector de preferencia, más cerca a la curva sur, donde La Temible daba una colorida cátedra de cómo se debe alentar a un equipo. En el minuto 5 Corinthians había inaugurado el marcador, hubo silencio,un silencio más fuerte que la celebración de la hinchada visitante. Instantes después, con la bola ya en juego otra vez, los brasileños todavía festejaban el gol, fue cuando se vio un destello breve, seguido de un ruido extraño en el otro sector de preferencia, el que colinda con la curva norte. Se oyeron silbidos, muchos se pararon para ver qué pasaba, pero en definitiva desde nuestra posición no se veía nada claro. Continuamos viendo el partido. Sin tener una radio, no nos habíamos enterado de la fatalidad que se había producido; lo raro es que tampoco se armó un revuelo ni se vió después nada que llamara poderosamente la atención. 

Fue después de finalizado el partido que nos enteramos: el adolescente Kevin Beltrán, un inocente muchacho de catorce años, hincha de San José, había sido alcanzado por un artefacto de plástico que salió lanzado de la barra del Corinthians. La policía informó que el objeto, de forma cilíndrica y de 2,5 cm de diámetro y 20 de largo, quedó incrustado en el ojo derecho de la víctima, provocándole un trauma severo con pérdida de parte de la masa encefálica. Hinchas que se encontraban cerca de la víctima contaron que en aquel momento pidieron ayuda pero no había nadie de la policía cerca, y tuvieron que llamar a periodistas de los medios de comunicación para que éstos pidieran el auxilio. También cuentan que cuando se lo llevaron estaba con vida. 


Cercanías a la rotonda del stadium, horas 19:30
Las autoridades se han pronunciado de distinta manera. El gobernador de Oruro Santos Tito ha llamado a la reflexión, y pidió que se tome cartas sobre el asunto. Pero ¿qué responsabilidad tendrá en todo esto la oficina de Seguridad Ciudadana de la misma gobernación, que está dirigida por un sargento, el sargento Luis Fernando Ajata? ¿Acaso no es éste ahora un tema de seguridad ciudadana? El coronel de la policía local, en declaraciones prestadas a "La hora de Oruro", intentó restarle responsabilidad a la policía diciendo que por cuestiones de derechos humanos, les privan que revisen ciertas partes del cuerpo cuando hacen el control en los puntos de acceso al stadium. (Ya volveremos a esto). La dirigencia de San José se mostró compungida, declaró al fallecido como "mártir de San José", y recalcó que abogaría por la severa sanción a los responsables. ¿Acaso no lo son tambíen ellos en tanto que institución responsable de la organización del espectáculo? Lo más triste se debió haber vivido en el colegio de Kevin Beltrán en Cochabamba, donde la directora Violeta Pinto, en medio de la desolación generalizada de sus compañeros, hizo conocer que se declaraba duelo institucional sin suspensión de actividades. 

En situaciones como éstas la mente humana reacciona queriendo saber quiénes son los responsables. Es obvio que todos los efectivos de la Policía de Oruro que participaron del control de acceso en las zonas aledañas al stadium deberían recibir una severa reprimenda y una sanción ejemplar, junto con todos sus superiores. Cuentan los que fueron a hacer las colas desde las 5 de la tarde que el control era implacable, revisión estricta de las bolsas y cacheo casi como se hace en los aeropuertos; baste decir que a uno de mis familiares le obligaron a convertir su botella de 2 litros de mineragua en dos bolsas con bombillas, pues explicaron que las  botellas no estaban permitidas. Sin embargo, no sabemos en qué momento exacto se dejó de lado esta correcta rigurosidad. Cuando llegué a la rotonda del stadium eran las 19:35 (el partido era a las 21:00), se veían largas colas, todo estaba acordonado. Los efectivos policiales improvisádamente se ponían recién en esos momentos a pedir que se hiciera una fila de hombres y otra de mujeres, a efectos del cacheo. Pero la fila avanzaba asombrosamente rápido. Cuando llegó mi turno ni siquiera revisaron mi bolsa negra, donde tenía una botella de agua y un paraguas en punta, ni me chequearon los bolsillos, fue con un vistazo que me dieron el paso. Ésta complacencia se dio con todos los que me antecedieron igual. En aquel momento fue un alivio que la cola no fuera tediosa, pero ahora mismo todos hubiéramos preferido tardarnos una media hora más con tal de evitar lo que sucedió. 

Hay muchas maneras de valorar lo ocurrido, pero una sola certeza, y es que no se puede recuperar la vida de ese muchachito que ayer a éstas horas era un perfecto extraño para todos nosotros, y hoy su tragedia a tocado nuestras vidas. Oí el resto de la noticia esta mañana y de repente el fútbol me pareció feo, o al menos amenazante. Kevin vino de Cochamba para gritar un gol santo y debe volver hoy en un ataud. Se tiñió de llanto la Copa, pero también el stadium orureño, ¿a quién le interesa ahora sin San José clasifica o si Corinthians sale campeón de nuevo? Hace falta mucha indiferencia y desverguenza para seguir hablando de fútbol por estos lados, y así será durante un tiempo. 

Es cierto que en este tipo de espectáculos de masas los responsables siempre serán los organizadores, junto a la policía, y se puede reclamar por la inexistencia de la asistencia médica de emergencia. La versión oficial dice que la muerte de Kevin Beltrán fue casi inmediata, pero los que esuvieron cerca lo vieron respirar todavía. ¿Cuánto tiempo les tomó trasladarlo hasta el Hospital Obrero, que no está precisamente cerca? 
Al fondo, en Preferencia,  se ubicaba la barra de Corinthians
Pero luego también surgen otro tipo de preguntas: ¿en qué mundo vivimos que se debe controlar hasta lo impensable? Recordemos aquel fatídico 20 de julio del año pasado, en un cine de Denver Colorado, donde un joven transtornado disparó a mansalva a los espectadores que estaban viendo el estreno de Batman Rises, matando a 14 personas e hiriendo a otras 50. Son ese tipo de hechos que uno no dice "deberían haber controlado que no metan ametralladoras al cine". ¡No! Lo que uno piensa es: ¿a dónde hemos llegado?, ¿qué integridad le resta a este mundo al que llegan nuestros hijos? 

Doce individuos brasileños se encuentran detenidos en oficinas de la Fuerza de Lucha Especial Contra el Crimen (FELCC) y ya a éstas horas prestaron sus declaraciones. Ricardo Tabes, periodista brasileño de la Red O-Globo, dijo que éste hecho sólo se puede haber producido por accidente, que alguién haya manipulado erróneamente la luz de vengala. Quisiéramos creer que fue así. Pero llama la atención que se hayan encontrado después otros 9 de esos artefactos en las mochilas de los detenidos, y además que, dadas las características del artefacto, alguien pueda creer que es correcto utilizarlo en un espacio público en medio de 30 mil personas.

Este terrible suceso arroja un eco inesquivable: es éste un mundo hóstil para la inocencia. En medio de la indiferencia y las charlas de sobremesa, sólo resta decir que hoy es un día en el que cuesta un poco más sonreír. 


Cerca al poste de iluminación se apostaba la hinchada del Corinthians

Otra vista donde se puede ver cómo hacían flamear su bandera, lo hicieron inmediatamente después de lanzar el proyectil para camuflarse



Texto e imágenes: Jorge Luna Ortuño

ENLACES RELACIONADOS:

Este mismo artículo en LA PATRIA, matutino de Oruro
http://www.lapatriaenlinea.com/?t=perseverar-despues-de-la-tragedia-de-kevin-beltran&nota=136221

martes, 15 de enero de 2013

AUNG SAN SUU KYI, LA HISTORIA DE UN AMOR A PRUEBA DE DISTANCIAS



El film dirigido por Luc Besson



Aung San Suu Kyi

Por: Jorge Luna Ortuño

Realizada por el cineasta francés Luc Besson, y escrita por Rebecca Frayn, la película The Lady (2012) –distribuida en Latinoamérica como “Amor, honor y libertad”–es un ejemplo de cómo se puede leer afectivamente una historia. El film narra la historia de Aung San Suu Kyi (1945), una extraordinaria dama de Birmania que fue la figura emblemática de la lucha contra la dictadura militar en su país, la cual había ocupado el poder entre 1962 y 2011. Recién liberada de la detención domiciliaria el 2012, después de haber sido aislada de su familia durante 24 años, Aung San Suu Kyi pertenece a un linaje de lucha política que reivindica la resistencia pacífica, en el cual está emparentada con el líder africano Nelson Mandela, con Mahatma Gandhi, Stephen Biko y Martin Luther King, y el filósofo Henry David Thoreau, desde que escribiera su ensayo Desobediencia civil.   

Se puede embanderar de mil maneras a ésta valiente activista birmanesa, de hecho, Besson no disimula su admiración, pues busca que el/la espectador(a) se relacione emotivamente con su lucha, y lo antes posible, sin brindar mayores detalles sobre su discurso político. En su crítica, Pedro Susz apunta como falla la simplificación de los antagonismos en la película, diciendo: “malos –malísimos–, y buenos –buenísimos–, contienden sin que la narración aclare en ningún momento los desacuerdos ideológicos de fondo, ni se sepa cuáles fueron las desaveniencias filosóficas, salvo que unos oponen la libertad al regimen dictatorial”.  Si bien es una observación válida, cabe preguntar: ¿qué tanto se necesita entrar en detalles para comprender que una dictadura militar es inaceptable desde todo punto de vista como forma de gobierno, independientemente de cualquier discurso que la sostenga? La cuestión es simple, la democracia, sin ser la forma de gobierno ideal, es lo menos a lo que puede aspirar un país en cualquier parte del mundo. Esa, nos parece, es la posición que asume el director Luc Besson. Reclamar por filosofías de trasfondo es un regodeo de intelectualoide, es dejar el cuerpo y el corazón en el baño, y apreciar la película sólo con el cerebro, puntabola y hoja a la mano. Se puede leer intelectualmente, por ejemplo, el extenso filme de Alexandre Kluge, Noticias de antigüedad ideológica Marx - Eisenstein - El Capital, pero una película como The Lady, ¡pues vamos!, debe ser leída afectivamente. Fíjense: Aung San Suu Kyi sufre el arresto domiciliario en Birmania mientras su esposo, Michael Airis, agoniza de cáncer en Inglaterra. Los represores le dan la opción a Suu Kyi de que viaje a estar con él, pero sabiendo que una vez salida de Birmania nunca más la dejarán entrar, resolviéndose así la permanencia de la dictadura. Se murmura en las salas de cine, el clamor generalizado parece ser: “¡vé a ver a tu esposo!” “¡La familia es lo primero!” Pero ella no va, su mismo esposo, por teléfono, le insta a continuar. Agrupando las escazas fuerzas que le quedan susurra: “Estamos siendo puestos a prueba al más alto nivel ahora. No hemos llegado hasta aquí para caer en la recta final”. Evidentemente la cuestión de la lucha política ha pasado a un segundo plano aquí, de repente todo lo que queda es un acto de amor que rompe los moldes.

¿Por qué no va? ¿Dónde encuentra Aung San Suu Kyi la fuerza para no derrumbarse en un momento tal?  Cierto que lee a Gandhi, y que se da fuerzas escribiendo a modo de recordatorios unos carteles con las frases de esos luchadores que sufrieron antes que ella. Pero si bien es una parte de su alimento, es sólo mínima. ¿De dónde extrae la sustancia que forma su voluntad inquebrantable? La película nos plantea que quizá sea del espacio intemporal y portátil que construyeron con su esposo en base a amor y devoción. Esta faceta es la que Luc Besson acentúa en su lectura, pues The Lady no es, como muchos piensan, una historia sobre la agitación política de Birmania, donde el amor entre Suu Kyi y su esposo sería el telón de fondo; es a la inversa, The Lady es una historia acerca de ese lugar incorrompible que habita en el ser humano, que se alimenta con el amor, siendo el trasfondo la desigual lucha por la democracia en Birmania.

Entonces, lo que se pregunta es ¿cómo, a pesar de las largas separaciones y de la incomunicación a la que estaban sometidos, se puede mantener un amor tan intenso? ¿Cómo se comunican a pesar de todo? El poder del gobierno es realmente estúpido cuando se confronta a la voluntad de los seres libres, pues pretende que podrá doblegarla, eventualmente, sin considerar la existencia de ese lugar en el espíritu al que no puede llegar ningún poder, y donde se atesora aquello que nadie le puede quitar; algunos lo llaman música, otros esperanza, y otros amor. Todos estos elementos mantienen viva y fuerte a Aung San Suu Kyi, mientras permanece encerrada en una casa 24 horas día. La estrategia de los dictadores, sabiendo de la amenaza que representaba, había sido la de incomunicarla del mundo. El dictador decía: “un árbol al que se le corta las raíces, eventualmente se termina cayendo”; por ende, creían que podían cortar sus vínculos con su familia y sus compañeros, como si se trataran de unos cables, sólo por el hecho de encerrarla sola en esa casa, sin teléfono ni salidas. (Ni skype, ni chat, ni celulares existen ahí, algo impensable para nuestras generaciones). Pero la figura del árbol sólo es buena para explicar las estructuras del poder: jerárquicas, verticales y estáticas. Ellos desconocen que todo lo que hay de prodigioso en la vida, el amor, la música, el pensamiento, sigue otro modelo que se extiende en planos horizontales, sin fijaciones, como las hileras de una planta áerea, o como el mundo de la worl wide web: por conexiones ilimitadas. No hay cables que cortar en un amor sin apegos, porque el amor es inalámbrico. Ellos se mantienen comunicados porque pueden entrar en ese espacio, propio de los enamorados, en el que ambos se difuminan y se hacen uno. Ahí comparten un sueño común por Birmania, y después del apaleo del día a día, pueden retornar a ese espacio donde todo adquiere sentido. Es como si se tratara de una comunicación inalámbrica, pues están conectados aunque no hayan cables de teléfono ni internet de por medio. Curioso, pues hoy en día se piensa que las relaciones amorosas pueden sobrevivir a las largas separaciones de la distancia gracias a los nuevos medios electrónicos que permiten una comunicación instantánea multimedia. Ahí es donde la historia de Aung San Suu Kyi nos recuerda: la distancia es mucho más una cuestión intensiva que extensiva o de desplazamiento físico. A la conexión no le interesan los kilómetros, y esto se entiende cuando ella le cuenta a su esposo en la última vez que se reencontrarían después de una larga separación: “Tú sabes que nunca estoy lejos… A menudo hablaba contigo, a veces en voz alta. Siempre era tranquilizador, y me recordó de tu inquebrantable amor”.       

Quizá fue esa la única razón por la cual ella no necesitó volver a Inglaterra, mientras su esposo agonizaba, para “estar” con él. Había que seguir luchando por lo que construyeron entrambos, algo que los trasciende, y se queda impregnado en el aire de los tiempos, como la sonrisa incorpórea del gato en Alicia en el país de las maravillas. ¿Qué otra cosa nos dejan los verdaderos revolucionarios y artistas? Son esos paquetes sensibles que soplan los vientos, risas de un gato, ideas, clamores, burbujas, que cada uno puede hacer suyas para luchar contra lo que reprime lo vital en su presente.

Aunque este artículo no se deshace lo suficiente de las amarras de la mente, hemos querido transmitir una emoción a flor de piel. Pues con este film pasa como con algunas canciones que no se les entiende ni la letra ni se sabe qué provocó su creación, y sin embargo nos llegan como una puñalada, nos llenan de gozo o nos transportan a la nostalgia. Luc Besson parece decirnos que no son necesarios más datos, no importa si la película no es perfecta, de lo que se trata es de ver si esas emociones nos pueden tocar o no. Cierra el film llamando a la complicidad con palabras de Aung San Suu Kyi: “Por favor, utilicen su libertad para promover la nuestra”.


Dedicado a: A.K.S.



lunes, 31 de diciembre de 2012

DE MI TRABAJO RECIENTE: EL TRASFONDO DE MIS DOS LIBROS




Por: Jorge Luna Ortuño
 
Después de un silencio de algunos meses respecto de mi propio trabajo, me encuentro con la necesidad de hacer un ordenamiento respecto de lo que he estado haciendo. Dos libros me han tenido ocupados, y era muy difícil que haga cualquiera de ellos por separado; en cuanto a modos de expresión, y a las demandas de exposición que requería y que me permitía cada uno, se hizo necesario avanzarlos juntos, casi como cuando se teje una chompa y se avanza desde dos puntas. Yo no sé tejer, pero al menos es lo que veía hacer de niño a mi madre y a mi abuela. Los libros, en concreto, se titularon a sí mismos gracias a las vivencias que sirvieron como trasfondo para su elaboración; el primero titula "Pensamiento inalámbrico", un libro escrito desde las certezas del precipicio. El otro, que incluso podría ser anterior, se titula "Fomento a las prácticas de lectura no-filosóficas de la filosofía" -en realidad suena más complicado de lo que en realidad es. Ambos libros me aportaron un gran placer en su escritura, los días de desvelo, las tardes encerrado en un cuarto, la sensación de tener el cuerpo abombado en ocasiones, o de los ojos casi sangrantes por el contacto con la computadora, son apenas detalles anecdóticos que no opacan el goce de escribir algo que se siente casi como si fueran tus dos hijos, dos mellizos. 

¿Dónde reside su relación? Debo explicarlo a partir de una conversación que tuve con mi papá. Muchas veces sus contrapuntos, que suelen llegarme desde muy lejos, me sirven para alumbrar mejor un problema o el planteamiento de una cuestión. Hablábamos de las gentes empujonéandose en los mercados, haciendo colas y peleando por un chancho, en vísperas de año nuevo, con la misma determinación con la que uno hace una fila para entrar a ver jugar a Brasil en el Hernando Siles, o disfrutar de un concierto de Scorpions en el Teatro. ¿Qué las motiva? La creencia de que sólo si comen chancho tendrán un año próspero, de oportunidades en todo sentido y éxitos. "Si comes pollo en la noche de año nuevo te irá mal, porque la gallina camina para atrás todo el tiempo" - eso dicen. Alguien dirá que si alguien le demuestra que por ir a rezar a Urkupiña y pagar bendiciones para sus posesiones materiales puede al año siguiente aparecer con una nueva casa, entonces no dudará en ir a hacer lo mismo y probar. Desde luego, esto funciona al nivel de la creencia, no existe nadie que te pueda garantizar nada, es parte del chiste. Lo interesante es ver cómo la mayoría de la gente está dispuesta a discutir por estas creencias populares que tiene tan arraigadas, el cómo puede pelearse y empujonearse con cualquiera que la contradiga, como si fuera un tema de seguridad nacional. En esos casos la creencia no es sólo algo mental, es una especie de tronco interno, que yace dentro del cuerpo de la persona, desde la nuca hasta los pies, y la mantiene en pie, le provee de certezas a su mundo. Arriba, en la azotea de la cabeza, el cerebro, que es ya una especie de copa de árbol. Aquellos creyentes son tributarios de un pensamiento arbóreo, con centros inamovibles y raíces endurecidas por el paso del tiempo, lo que más fácilmente podríamos llamar pensamiento con cables. Esas gentes se juegan su vida en la permanencia de las raíces que conforman su pensamiento, cortarlas sería como jalar el enchufe de una computadora estacionaria, inmediatamente todo se apaga. 

En contraposición a este pensamiento con cables, o por cables, se encuentra el pensamiento inalámbrico, no es del todo una palabra nueva, pero aspiramos a plantearlo como un concepto nuevo. (Ni duda cabe que es tributario del concepto de Rizoma de Deleuze y Guattari). Su novedad es difícil de explicar en unas líneas. La imagen es clara, la alusión a la tecnología inalámbrica que se utiliza para conectarse a internet nos ahorra ya mitad de la explicación. Un pensamiento con cables alude a una computadora estacionaria, pesada, dependiente de unos enchufes y de unos cables que permitan ponerla en funcionamiento. Por su parte, el pensamiento inalámbrico alude a las computadoras portátiles que permiten captar la onda vibratoria wifi de un recinto, para conectarse a internet, siendo además que estos artefactos pueden funcionar sin necesidad de cables y son móviles, permiten desplazamientos en toda el área de señal del recinto. (labtops, I-phone, tablets, android, etc.). Se contraponen entonces estatismo frente a movilidad; rigidez frente a flexibilidad; pesadez frente a ligereza; además una computadora estacionaria te impone cierta reclusión, cierto aislamiento, en la sala de tu casa o en el cubículo de tu oficina, mientras que lo inalámbrico abre la posibilidad de que trabajes un poco más en contacto con la ciudad, con la gente, al menos en un café, en la Monseñor Rivero de Santa Cruz, en el Alezander de La Paz (espacio de chismeo preferido por la aristocracia paceña), y respirar otro aire, sentir que formas parte del movimiento de tu ciudad. Fue Mario Vargas Llosa, en su discurso de apertura de la Feria del Libro de Buenos Aires (2011) quien me hizo caer en cuenta de esta ventaja; él dice que trabaja en las mañanas en casa la parte creativa, anotando las ideas frescas que salen, mientras que en la tarde sale a los cafés a trabajar, para evitar sentirse aislado, y dado el cambio de escenario se dedica a editar, a reescribir, hacer el trabajo operativo. 

El pensamiento con cables se aferra, su unidad es la creencia. Al pensamiento inalámbrico le interesa primordialmente la creación, opera por medio de conexiones que rompen patrones y normas de ligazón. Además, el segundo permite observar, analizar y valorar desde diversos puntos, como si de una plataforma de 360 grados se tratara. Ejemplo: Se nos dice desde la escuela que robar es algo malo, que está prohibido, que es un pecado, que está castigado, etc. Pero la rigidez de estas definiciones no permite pensar las circunstancias: ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿bajo qué premisas?. Esto lo que enseña primordialmente la filosofía, de ahí que la filosofía deba reivindicarse como la disciplina inalámbrica por excelencia, por su incansable lucha contra el dogmatismo y las jerarquizaciones. ¿Robar es malo? ¿En qué circunstancias es positivo y hasta necesario? No justificaremos a los pobres que lo hacen por sobrevivir. Véase el caso de una escena de "November rain", aquella película protagonizada por Charlize Theron y Keanu Reeves. Sara le pide a su noviembre que la lleve a un lugar. Ella roba unos perritos de una casa donde iban a ser víctimas de experimentos de gente inescrupulosa. Irrumpe en la casa y toma propiedad de otra persona y seda a la fuga. Es la definición de robar, pero en ese caso ¿no era acaso lo único que cabía hacer? Todo depende de una manera de sentir la vida, del grado de sensibilidad que uno tiene hacia los acontecimientos, y el cómo le afecta o no que sucedan alrededor cosas que están mal desde cualquier punto de vista. ¿Es justo que niños de 5 años para arriba trabajen vendiendo mermeladas de durazno en Tupiza a medianoche a los pasajeros de las flotas que pasan por ahí y hacen sus descansos? No, no hay manera de justificar aquello. ¿Quienes hacen algo al respecto? Los que sienten que eso es algo intolerable, que no se debería consentir. El resto sigue sus vidas. Es esto lo que diferencia a un político burocrático de un Che Guevara, de una Aung San Suun Kyi, o de un Marthin Luther King. Es lo que diferencia al verdadero artista de aquel técnico que tiene un edificio en la cabeza. (Tal vez esto es lo que hizo que dejara la Carrera de Ingeniería Civil en el tercer año y prefieriera licenciarme en Filosofía y letras).

¿Y dónde está relación con el otro libro? De aquí es mucho más fácil plantearla. Filósofo es aquel que se reconoce perteneciente a una tradición del pensamiento, la socrática, que encuentra sus fuentes iniciales en la Antigua de Grecia, en la polis. Es el punto de partida de la filosofía occidental. Pero el filósofo puede devenir no-filósofo cuando deja de estar limitado por los temas típicos y por los medios aprobados que le imponen la historia de la disciplina, y pasa a realizar una especie de actividad híbrida, posfilosófica se diría, pues se sirve de artefactos de la cultura popular, de herramientas provenientes de otras disciplinas, de respuestas que se encontraron a problemas similares en otros campos (pintura, arquitectura, matemáticas, artes visuales, etc.). En suma, el filósofo deja de estar constreñido a las limitaciones del molde llamado filosofía (profesional-académica), se sale de aquella imagen del pensamiento llamada filosofía que impide pensar. No deja de hacer filosofía, por eso se llama posfilosófica, su tarea no niega su ligazón con la tradición filosófica, pero se multiplica, se expande, se enriquece gracias a las posibilidades que le proveen las otras disciplinas a las que acude. Claramente la descendencia tiene un hilo que lleva a la filosofía, pero el pensamiento que se produce es posdisciplinario, no cabe colgarle ninguna etiqueta. En el fondo la cuestión de los términos no sirve para nada más que para evitar confusiones. La consistencia ahora depende de la producción de una comunidad en devenir, donde se juntan diversos registros para producir un efecto, el efecto que le interesa desde siempre a la filosofía: que se piense de otro modo, instaurar un nuevo modo de pensar, aunque sea mínimo y a un nivel muy local y determinado. Lo que se logra así es un pensamiento posfilosófico, un arma para leer innovadoramente los entresijos de la realidad, de una situación, de una coyuntura. 

Lo inalámbrico aquí radica en las posibilidades de libertad y emancipación. No interesa en este enfoque defender la pureza de un tratamiento o de un tema tratado. La academia con su aparato universitario está demasiada interesada en ponerle paredes y marcarle aceras a la casa de la filosofía, mantener una pureza que le asegure su espacio institucional. Pero lo propio de nuestra época es la transdiciplinariedad, ninguna puede mantenerse activa en base a un encierro sobre sí misma. Un no-filósofo es inalámbrico porque mantiene relaciones de genealogía con la filosofía, pero no permite que ésta lo encasille ni que lo restringa en cuanto a sus métodos, ni sus tratamientos ni los temas que elige para pensar. El aporte de Reinaldo Laddaga con su libro “Estéticas de la emergencia” (Adriana Hidalgo editores, 2006) es particularmente decisivo.