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martes, 24 de julio de 2012

EL CAMINO NO ELEGIDO



Por Robert Frost
(Traducción: María Fernanda Celtasso)

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;
Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.

TOMAS ABRAHAM EN TRES RODAJAS


 Por: Jorge Luna Ortuño

Un filósofo que combina insolencia y lucidez


Tomás Abraham, rumano-argentino, estudió filosofía y sociología en Francia, en las Universidades de Soborne y Vincennes, gozando el privilegio de escuchar las clases de Louis Althusser, aquellas que se publicarían después como “Curso de filosofía para científicos”, y de tener como profesores a Ranciere y Michel Foucault, que era el Director del Departamento de Filosofía. Para algunos en Argentina, donde radica hace años, esa es su principal credencial. En cambio, otro grupo de gente lo ubica más en relación al Seminario de los Jueves que dirige, “el primer grupo libertario de filosofía” según el doctor Plugiese; se trata de un grupo de aficionados a la filosofía que se reúnen todos los jueves para estudiar textos que se han planificado para la temporada, resultando en la publicación de curiosos libros de filosofía como El último Foucault, Vidas filosóficas y La máquina Deleuze, entre otros. Finalmente, para otras sensibilidades, entre las que me cuento, la primera referencia viene dada a través de la complicidad en la forma de escribir, y luego en las lecturas comunes. Es inevitable aquí mencionar que en un taller en la Bienal SIART del 2009, Justo Pastor Mellado me obsequió un librito negro que tenía en la portada una rara imagen con Jean Paul Sartre y Michel Foucault lado a lado en un cuarto; era el primer libro de Tomás Abraham, Pensadores bajos[1]; de esta forma mi amigo me terminó de presentar a un filósofo contemporáneo del que tenía escazas referencias. Los lugares comunes en el itinerario de lecturas eran varios,  y se dio así por sellada una amistad tripartita. Justo me lo dio diciendo: “tienes que ver esa escritura anómala”, y vaya que lo era. 



Desde la primera página se nota que la escritura de ese libro le ha reportado enormes placeres a Tomás. La altura de las reflexiones se rompe y se enriquece cada vez que nos toman por sorpresa enormes risotadas contenidas en el texto. Muy difícil llegar a escribir con tal soltura y disparar con tal frecuencia pensamientos cortos y cortantes, que son como una especie de latigazos bien dirigidos. Abraham se divierte constatando que en la Argentina no tienen una filosofía, y que están muy lejos de tenerla; son también, como el nuestro, un país periférico, pero su espíritu le ayuda a reírse al final: “que nadie dude de que tenemos nuestros temas para elaborar, por ejemplo, ¿cómo hacer para que la construcción de un concepto filosófico no se vea interrumpida por el sonido de un portero eléctrico, previo a la entrada de una formación especial de serafines y querubines que pueden hacer volar al concepto y a su practicante por los aires, desde los balcones? Es ése nuestro enigma más urgente, de difícil solución, que no se resuelve con una rápida mudanza a la planta baja, es más complejo” (p. 36). 


La cosa no cambia mucho para el boliviano. Los temas están. Pero abundan en el país los analistas post-acontecimiento, es decir, los que diagnostican a la hora del chak’i. ¿Y qué filosofía podría tener un país sin salida al mar? “Para una gran filosofía hace falta una buena marina, o, al menos, un buen ejército. En ese sentido, filosofía no tenemos”. (p. 36). Lo que sí nos sobran son policías y maestros bulliciosos, también políticos, al menos para especular sobre nuestra falta de naves. “Los países sin naves deberán crear, si les interesa, una filosofía periférica sin centro de referencia. Noción que no podemos analizar aquí”. Es una línea que exige volver a ser leída para captar el poder de su evocación, pero se queda ahí, Abraham no siempre se tira hasta el fondo, a veces se conforma con prender una bengala y dejar que el lector prosiga. 


Nuestro filósofo se consagra como un hábil pintor de imágenes a brocha gruesa, su escritura salpica saliva y migas de pan, está viva. “La lectura y la escritura exigen una postura quebrada a la altura de los glúteos y una inclinación del tronco en pos del papel, que lo asemeja a un ciclista inmóvil y sin manubrio. […] El pensamiento no es una mecedora que cobija las ideas hasta que la luz las guíe hacia la verdad que los hombres aman. Es una máquina de sonidos sordos, sopla y aspira, golpea y patea esternones. Y el que se encariña con ella, ha contraído matrimonio por largo rato. Es un amor que recorre todos los paisajes, que copula en la guerra y en la paz, en el campo, en la prisión, en el mar, en la montaña, en la ciudad. El filósofo es un enamorado de su máquina de soplos pensantes”. (pp. 30-31). Podría citar pasajes de este libro tan cálido al infinito, pero no lo haré, porque hojearlo fue un recurso para resaltar algunas conexiones que produjo con el exterior. Después de todo, no es otra cosa una “filosofía periférica”: aquella que sólo se configura según sus encuentros y sus relaciones con el afuera, dejando siempre un compás abierto que escapa a la erudición. En toda filosofía viva hay espacio para los cantos, los gritos y las contradicciones, y la obra de Tomás es un ejemplo, toda vez que parte de una premisa clara: filósofo es aquel que escribe, por tanto, su público son aquellos que todavía disfrutan de leer un libro. Tomás no escribe para congraciarse con la gente de la academia, sino para “un público indiferenciado”, compuesto, claro está, de lectores, así que escribe con libertad, en muchos tonos, de filosofía y de fútbol, de cine y de política, pero sin darse aires de especialista. A partir de ahí todo pasa a través de las modulaciones de su escritura. Michel Foucault es su soporte teórico privilegiado, lo reconoce, pero conteniéndose a su manera, de entrada evitó que convirtieran a  Foucault en un nuevo Lacan y a él en otro sucursalero. Desde mi primera impresión diré que no pude evitar compararlo con Charles Bukowski: Tomás como un Hank de la filosofía, desde luego no por el modo de vida, que es totalmente opuesto, sino por las risas, por la actitud algo arrogante, por la cara de malhumorado, el estertor de la voz, y sobre todo porque su escritura tiene la limpieza de un concierto de Brahms mezclada con el sonido de unos cañonazos en tiempos de dictadura;  sin ser dulzona deja entrar un montón de emociones, y estoy seguro que le encanta –como a Buko– sentarse a escribir sin saber cuál será la próxima frase. El biógrafo Cherkovsky dice de Bukowski: “Si se desea comprender su vida, es crucial enfrentarse al lugar que ha elegido como hogar. Pocos escritores se entregaron tan de lleno al mundo inmediato como Bukowski. Su arte consiste en tomar su entorno, su ciudad, y hacerlo algo universal”. Y esta es una apreciación que se ajusta perfectamente a nuestro filósofo. 

El grupo del Seminario de los Jueves que Tomás dirige desde 1984. Un nuevo banquete filosófico


En su visita a La Paz como invitado especial del I encuentro para no-filósofos, Tomás hizo especial hincapié en el ejercicio de pensar la actualidad. “Pensar no es un acto natural. Es una decisión que se toma a partir de una dificultad actual. Platón no escribió para que yo hable de su obra en el 2010 aquí en La Paz. Ni para que lo estudiemos en la Universidad. Platón escribió para refundar la vida en Atenas, porque era una sociedad dividida y con instituciones en decadencia. Todos los filósofos pensaron el presente, no tuvieron otra tarea que la de allanar las dificultades que les presentaba su época y buscar los instrumentos teóricos para darle un sentido al caos de la vida colectiva y/o individual”. [2]

 
Abraham se entregó de lleno a pensar la actualidad política de su país, ágil contra-opinador, fue uno de los más ácidos críticos de Cristina Kirchner durante la temporada de las elecciones presidenciales del año pasado, y también antes, apuntando contra los demagogos del pensamiento, haciendo lo posible por meterles una patada en el culo a aquellos que se coronan como subversivos mediáticamente, mientras coquetean con el poder a la caza de un empleo; al kirchnerismo no lo baja de “fenómeno burgués”, “relato sostenido por organismos públicos y medios de difusión, que repite cíclicamente una ideología pequeño burguesa de color anticapitalista, resentimiento acumulado, e invocaciones a un pueblo ideal”.[3]

 
            Lucidez y coraje de una voz que no se puede clasificar. Ese es Tomás Abraham.



[1] Tomás Abraham, Pensadores bajos y otros escritos, Catálogos, Segunda edición, Buenos Aires, 2000.
[2] Ponencia de Tomás Abraham en el I Encuentro para no-filósofos “El devenir-filosofía del arte”. Goethe Institut, 2010.
[3] Tomás Abraham, “La conveniencia debida”. Disponible en su blog en la web: Pan rayado.

viernes, 13 de julio de 2012

BOLIVIA APARAPITA




Es llamativo el estado crítico de nuestra realidad política y social: cuando parece que todo va explotar, misteriosamente se compone otra vez, pero de una manera monstruosa. Es conocido ese refrán que considera a la política como la continuación de la guerra por otros medios, y a la guerra la continuación de la política por otros medios. Bueno, en Bolivia cuesta distinguir la diferencia, no siempre se sabe dónde estamos. En el clima del país se instalan los aires animosos y hostiles con una velocidad cada vez más prodigiosa. Invariablemente García Linera realiza lecturas de la dinámica de nuestro país, utilizando sus categorías denominadas “tensiones creativas”, con lo que alguna atención crítica generó. El problema es que lo hizo a modo de pasatiempo, y no como verdadero fundamento de práctica política en el país. Recordemos uno de los primeros encuentros “Pensando el mundo desde Bolivia”, allá por el 2007, con Toni Negri y Michel Hardt de sparrings, cuando pareció extasiarse explicando su admiración por las nuevas formas de resistencia  en el país que reorganizaba la tendencia y la manera de hacer política. Decía que en lugar de la dureza de los movimientos obreros, que funcionaban de manera jerárquica, a partir de los hechos trágicos de octubre del 2003 se terminó de configurar un modelo que funciona según redes flexibles, con centros móviles, que se forman según las circunstancias, los líderes se intercambian de sector a sector, según las necesidades del momento. Pero el problema aquí persistía, y era el siguiente: ¿cómo conciliar la existencia de esos movimientos con la permanencia del Estado en toda su dureza y con sus características jerárquicas? En todo caso, para Linera cada uno de estos movimientos tenía la característica de ser digerible por el nuevo Estado Plurinacional, todas aquellas debían ser vistas como simples oposiciones que surgían por reacción a las fuerzas que ejercía el Estado en su despliegue, y no como existencias autónomas que existieran por afuera. García Linera compartía aquellas ideas en el encuentro del 2007 con la mirada puesta en la mesa, retorciendo las manos, dándoles vueltas, como un chiquillo ensimismado con su juguete en la alfombra mientras los adultos conversan a su alrededor en la sala. En suma, lo que habría que criticarle a Linera, en tanto autoproclamado intelectual del gobierno, no es que el alcance de su lectura haya sido pobre, sino que no haya tenido el suficiente coraje de convertirlo en engranaje de la maquinaria de este gobierno en su práctica política. Se conformó con hacerlo parte de su placer individual, alimento de su tiempo de ocio, y llegar a su gran conclusión: “el camino que nos espera es vivir la contradicción”. 
 
Afortunadamente, fuera de esa mirada, por otros senderos puede uno llegar a dar con otras respuestas y formas de lectura. Sucede que fuimos afortunados de dar con una categoría que explica mucho más, como dispositivo de lectura de nuestra sociedad. Se trata de Jaime Sáenz y la figura del aparapita que, aquí en La Paz, es un modelo formal extraordinario, que no solamente arma una poética (Léase Felipe Delgado y el enseyo sobre la aparapita). Hay que ver cómo un poeta boliviano construye la visualidad de esta sociedad nuestra que se desarma, se desparrama, pero al mismo tiempo que se reestructura y se recose. Debo agradecer a mi amigo Justo Pastor Mellado por haberme conducido hacia estos derroteros en la curaduría de la Bienal Siart del año pasado. Sucede que el aparapita sirve para comprender un poco más de lo que nos pasa, la policía estalla, inicia una revuelta que inicia rumores de golpe de Estado, y unos días después lo que se escucha en las noticias es que todo pasó y la policía va normalizando sus labores. Esto en medio de la llegada de la Marcha del Tipnis modelo 2012. Seguramente Bolivia, país conflictivo si los hay, es el aparapita, justamente, el que carga, y carga con todo. Con demasiada frecuencia vivimos la aparición de hondas grietas que nos hacen sentir que ya acariciamos el precipicio, que ya no se puede caer más abajo, y de repente todo clarea y volvemos a comenzar, hasta que estalla una nueva mina. Da la impresión de que Bolivia viste un saco que se va desgastando hasta lo impensable, y tal como un aparapita lo va recomponiendo, pero sin sacárselo. Y en esta recomposición termina haciendo otro saco lleno de adjunciones cuyas costuras son visibles. Qué representa la llegada de un dirigente sindical cocalero a la presidencia si no es la nueva apariencia del viejo saco, algo más remendado, algo más gastado, pero en definitiva el mismo saco. Qué cosa curiosa cuando se habla de defender el proceso de cambio, cuando no se hace otra cosa que reforzar algunas costuras, colocar unos puntos por aquí y otros por allá, hasta que el desgaste natural requiera de una lana, una bayeta, una pita o un alambre. 

Pero si hay costura, la sutura metafórica queda siempre a la vista. El intento desesperado de nuestro país desde los acontecimientos del 2003 es el de hacerse un saco a la medida del cuerpo. El problema es que la mentalidad caudillista haya enfocado esta búsqueda en la forma de un líder, de un elegido que vendría a ser la salvación y la respuesta. Se pensó que era Evo, pero ha dejado de serlo ya hace rato, y en lugar de hacer el nuevo saco lo que se hace es seguir remendando. ¿Qué nos indica aquella nueva sutura que quedó a la vista gracias al empuje de los movimientos sociales que clamaban por una Asamblea Constituyente en el 2003? ¿Quería una Asamblea o pedía que se vayan todos? Acaso marcaba haber llegado el momento culminante en que todas las paciencias se agotan y un nuevo rugido estalla. El país se desfonda. Y todo fue un malentendido, aquellos movimientos de sublevación violentamente aplacado en El Alto el octubre negro, y las resonancias que se sucedieron alrededor del país, no pedían otra cosa que la ruptura del modelo. Pensar sin Estado. No quiere decir que el Estado desaparezca, sino que ha perdido ya su capacidad de instituir subjetividad y organizar pensamiento. Un pensamiento endurecido todavía procede en la forma del árbol, que tiene un centro, unas raíces y una organización jerárquica. Pero Bolivia clamaba por la necesidad de una organización flexible de gobierno. Todo menos la categoría de “Pluri”, ni de lo plural, que no termina de entender lo que es una multiplicidad verdadera. García Linera y el entonces grupo de la Comuna lo comprendió muy bien, y lo hicieron notaron al extraer el concepto de multitud de Negri y Hardt para hacerlo co-funcionar con el concepto de abigarramiento de Zabaleta. Pero el intento quedó en un ejercicio de vanidad intelectual, motivo de debates y lucimientos, nunca parte de un accionar político real.  Y el problema de fondo continúa azotando a la población como el látigo furioso de un cochero que castiga a su caballo. Ayer fueron los médicos y los maestros, hace unos días los policías, no existe distinción, cada uno a su turno le dice al Estado que no tiene más poder sobre ellos, que su subjetividad y su sentirse ciudadanos transcurre por otros senderos. Pero se calla, sí, se puede callar mientras al menos les suban los sueldos o les cumplan algunas condiciones básicas para su supervivencia, eso es todo, hacer política en nuestro país es al mismo tiempo la cosa más difícil y también la más simple. Bolivia sigue a la espera de su saco, mientras carga con todo.


 Jorge Luna Ortuño


LA FLAQUEZA DE ESPAÑA EN LA EURO


Después del Mundial de Sudáfrica el flaco Menotti saludaba el título de España como una muy buena noticia para el juego. En principio muchos coincidimos, es mucho más ameno ver jugar a la Roja que a la mayoría de las selecciones inexpresivas de Europa, contando ahí a la insípida Inglaterra y a la inconsistente Holanda. Como dice Cruyff, el equipo que trata bien al balón trata bien al espectador. Sin embargo, aunque algo vistoso el juego de España no deja de tener sus notas de mezquindad, toda vez que sus jugadores se engolosinan con el sistema de juego que han automatizado, dejando a un segundo plano el principio básico de jugar a favor del gol.
España tiene una selección de élite sin duda, pero hay algo que no deja de gustarnos a los que vivimos el fútbol con sangre sudamericana. Es quizá el exceso de automatismo, la pared de memoria cuando ya solo tocaba encarar, el adormecimiento, la falta de intensidad, de sangre, ¡algo! En medio de la monotonía de su fútbol el único que escapa y entusiasma es el cerebro Iniesta, un lujo de jugador.
Pero tratemos de explicar un poco a qué se debe el descontento de algunos de nosotros, amantes del fútbol.
El sistema de juego de España sólo se muestra efectivo y apabullante cuando es utilizado contra selecciones tan ingenuas y faltas de estrategias como Irlanda. En cambio en las fases finales, cuando se juega en serio, España está acostumbrada a ganar con lo justo. Sin duda, el tiqui taca tiene su utilidad y también su vistosidad, pero es posible que empache y acabe estorbando.
El profesor Portugal, nuevo técnico de Bolívar, que ofició de comentarista en la transmisión televisiva del partido en que España doblegó a Francia, hizo un par de precisiones importantes: según la mentalidad de la Roja, la cual Vicente del Bosque no ha discutido, es más importante mantener el control del balón que arriesgarlo cuando no se tiene certeza de que la jugada desembocará en gol. Por ello que, en las puertas del área, si no ven un pase final que sea definitivo, prefieren volver atrás y seguir tocando. Es que España no juega a “hacer merecimientos” para el gol, no intenta acumular ocasiones de gol perdidas, prefiere el control y la eficiencia. El resultado es que España promedia un 70% de posesión de bola por partido, que juega en campo rival casi todo el partido pero genera poco, muy poco. Recuérdese la ruta sufrida que siguieron los dirigidos por Del Bosque rumbo al título del último Mundial (incluso jugando con su goleador, Villa): cuatro victorias raquíticas en seguidilla por 1-0, terminando como la menos goleadora entre los cuatro finalistas.
La idea no muy grata que sueña la propuesta de los ibéricos es que un día se pueda jugar al fútbol con puro mediocampistas. Ya no jugar a la especialización en los puestos sino a la ocupación versátil de los espacios. Portugal apunta que el beneficio de jugar con Fábregas haciendo de “9 falso” consisten en que se juega buscando el pase en diagonal para los mediocampistas, que entran y salen, haciendo más difícil la fijación de las marcas para el equipo adversario. Pero no es una idea feliz porque atenta contra el juego a favor del gol. Se olvida que saber jugar en el área requiere de su propio arte, y no es cosa de todos. Aquellas definiciones perfectas de Romário, que parecía congelar el tiempo del área, no están al alcance de un Xavi, de un Silva o de un Busquet que de repente se encuentran con la bola cara a cara con el golero. Da la sensación de que el fútbol de España quiere desterrar poco a poco la posición del centro-delantero,  condicionando su alineación mientras no corte el flujo de circulación de la bola. Si el Barcelona dream team de Cruyff jugaba para que el último pase terminara en los pies de Romario, la España de Del Bosque hace todo lo posible por escapar a esa concepción. Por el momento son campeones y nadie se atreve a discutirles, pero queda en evidencia que ellos pierden en polenta, el verdadero preciosismo del fútbol se alcanza en la finalización virtuosa de una jugada bien hilvanada, y España tiene muy de eso, y seguirá sufriendo de sequía mientras haga que el niño Torres juegue tan condicionado por el sistema tiqui taca. Sea cual sea el resultado de esta Euro, seguramente en el Mundial la viveza y el ritmo de los sudamericanos, Argentina, Brasil, el mismo Uruguay, le harán ver a los españoles que todavía tienen varios elementos que incorporar a su fútbol bien tocado.

Jorge Luna Ortuño

jueves, 21 de junio de 2012

LA MAGIA DEL TENIS

Junio es un mes espectacular para los que somos amantes del deporte. Pasó el Roland Garros, la Eurocopa va llegando a su punto caramelo, y además del Wimbledon que ya viene soplando con su aire distinguido, se pintan las Olimpiadas. Por supuesto, en lo que muchos estamos verdaderamente concentrado es en la espera del Mundial de Fútbol Brasil 2014, pero mientras tanto se convendrá que estamos muy bien servidos. 

Quisiera escribir todo sobre el deporte, decir de una vez con voz alta que me parece sorprendente cómo puede estar toda la sabiduría de la vida contenida en los deportes, y cómo se actualiza ella misma con la evolución de los mismos. 

En Roland Garros tuvimos la suerte de presenciar dos partidos sensacionales: Djokovic contra Federer, y luego Djokovic contra Nadal. El primero pintaba para ser un duelo de titanes de difícil pronóstico, pero el misterio se diluyó más rápido de los que hubiéramos querido como fans. Mérito de Djokovic, inteligencia y paciencia. El tenis es uno de esos pocos deportes que te hace tener presente una definición básica del ser humano: un cuerpo en tensión con un determinado punto de quiebre. Todo el tenis gira en torno a este punto de quiebre, que va desde romperle el saque al adversario hasta romperlo mental y psicológicamente. Hay que ver de donde extraen los grandes campeones su fortaleza espiritual. Antes solía ser Federer ese jugador impasible que parecía manejarse con un centro de gravedad situado fuera del planeta, nada podía sacarlo de su serenidad, conquistada de una vez por todas. Hoy en día, con la evolución en el juego de defensa de los cuatro o cinco primeros en el ranking de la ATP, sumado a la preparación física de la que hacen gala estos jugadores, hace que el juego de Federer tenga que ser mucho más condicionado y tenso. Antes hacía maravillas y lo ganaba todo, ahora hace maravillas y tiene que esperar que su rival no le devuelva otra pelota maravillosa. Contra Djoko, otra vez, el mismo problema de Roger, el de verse obligado a atacar con bolas perfectas para lograr algun desequilibro a su favor, y en ese poco margen demostró que no puede competir mano a mano con Djoko. Por su parte el mejor jugador del mundo de la actualidad manejó una estrategia formidable. Nadie la puso en evidencia tan claramente como Javier Prana, el comentarista de ESPN. Prana decía que en lugar de jugar a ganarle a Roger, Djoko se dio cuenta de que ler podía ser más útil jugar a hacer perder a Roger. Y eso es lo que hizo, en muchos pasajes se limitó a defender, prodigiosamente, los mejores disparos del suizo, pero se mantuvo simple en sus recepciones a favor de conservar el equilibrio y la buena ubicación en la cancha la mayor parte del tiempo. Y en esas seguidillas de bolas punzantes que lanzaba el suizo, alguna tenía que terminar afuera o en la red, por cansancio, por exagerar la tensión, quién sabe, Roger jugaba un partido correcto, y sin embargo no podía tenerlo controlado. 

Todo esto tiene que ver con el otro criterio que también es casi único del tenis. Tiene que ver con el criterio de los "errores no forzados". ¿Cuántos errores de este tipo cometió Federer aquella semifinal? Una suma astronómica, siendo coherentes con su historial. Djoko jugó a ver cuántos errores podía hacerle cometer a Federer, pero sobre todo esperó a que cometiera la mayoría por su cuenta, siendo su mejor arma la contención y la paciencia, y aunque sufrió en el segundo set con su saque, Djoko no se desesperó

(Continuará)  

martes, 1 de mayo de 2012

EL FÚTBOL Y LAS LÍNEAS DE LA VIDA


El mítico equipo de Brasil tricampeón mundial en México 70

 ¿En qué se parece el fútbol a Dios? En su libro Fútbol a sol y sombra, Eduardo Galeano responde: “en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”. Recuerden a Borges, que en un acto de extrema indiferencia dictó una conferencia sobre la inmortalidad el mismo día y a la misma hora en que debutaba la selección argentina en el Mundial de 1978. No sorprende que una gran mayoría de eruditos y de intelectuales no se haya sentido atraída por la magia del fútbol, pues es un juego que está animado por fuerzas misteriosas, que no se pueden captar desde la reflexión.  En todo caso, sería como fumarse un buen pucho: los que viven el fútbol con pasión lo saborean, los que lo reflexionan se quedan con las cenizas. Fútbol=pasión, estado de ánimo, danza de emociones, sentimiento, en fin, una manera de vivir. Jorge Valdano escribe: “Sin el auxilio de los intelectuales, el fútbol creó su propio lenguaje, de modo que uno puede oír, sin escandalizarse, que un jugador saca un corner corto con pierna cambiada. Si no les gusta, se lo merecen por habernos dejado solos durante tanto tiempo”.[1] Pero luego inmediatamente uno tiene que corregirse y exclamar ¡que tontería!, ¿cómo no se interesaron antes los intelectuales si en una cancha de fútbol están puestas a la luz todas las claves para entender cuestiones como el fortalecimiento de las identidades, el sentido de pertenencia, el orgullo comunitario, y hasta del choque entre lo local y lo global?

***
El fútbol y el pensamiento evocan más espacios en común de los que se cree. En Cuentos de los años felices, Osvaldo Soriano reivindica esa habilidad de “pensar con los pies” que el fútbol nos ha enseñado. Futbolistas-artistas como Garrincha, Pelé, Cruyff, Maradona, Zidane, Ronaldinho y ahora Messi, llevaron y llevan al fútbol a otro umbral, nos hacen saber que pensar con los pies es algo que está inscrito en la potencia del hombre: dentro del campo de juego, el pie reclama y ejerce una autonomía para pensar en medio de problemas urgentes que no dejan tiempo para consultar al lejano cerebro. (Habría que citar a Valdano al infinito). Es por eso que un gran futbolista puede llegar a actuar a partir de dos y hasta tres formas de pensar, según sea con la cabeza, con el corazón, o con los pies. En una entrevista con Ariel Sacher, Valdano cita unas reflexiones del músico ruso Igor Stravisnski: “No hay que menospreciar a los dedos, son grandes inspiradores y, en contacto con un instrumento musical, con frecuencia sacan a la luz ideas inconscientes que de otro modo nunca habrían llegado a nacer”.[2] Zidane hacía saltar ideas cuando sus pies se juntaban con la bola, y lo mismo se aplica a un escritor cuando se confronta con la máquina de escribir para dar vida a ideas que no hubieran aparecido de otra manera. Escribir, jugar, meditar, hacerse un bote vacío. Garrincha, el futbolista taoísta, jugaba en estado de meditación, era un perfecto vacío indescifrable, sin preferencias, marcarlo era tarea quijotesca pues no era él el que trepaba en zig-zag con la bola por la banda derecha sembrando rivales; más bien era algo que pasaba a través de él, eran sus piernas chuecas eligiendo los caminos, su cintura eligiendo la torsión, y su cuerpo todo mandando por sí solo las señales mentirosas. Se cuenta que en una ocasión le preguntaron cómo hacía para gambetear de esa forma a las defensas, y él respondió sin agitarse: “ellos se descuidan y yo paso”. “Mané” Garrincha, encarnación de la gambeta, estafador elegante, aviso de una elección que nunca llega; el jugador-imperceptible por excelencia, siempre en fuga, siempre por fuera, indescifrable, inclasificable, clandestino del fútbol.

***

Los tres mosqueteros del Barza
 En una cancha de fútbol están rayadas todas las líneas que componen una vida. (Scott Fitzgerald dice en sus novelas que son tres). En el fútbol se distinguen por lo menos tres tipos de líneas que se mezclan con las líneas de vida. La primera es una línea dura, rígida, donde mandan las formas;, es institucional, avanza paralela a la cultura, a lo establecido, es superficial. Habiéndose priorizado el fútbol como una cuestión de negocio, se llegó a que el juego termine mutilado por la victoria-a-toda-costa, y que el orden esquemático se imponga por sobre la creatividad.  (Italia 90 fue un mal viaje, Alemania 2006 también). Eduardo Galeano escribe: “la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria ha ido desterrando la belleza de la alegría que nace de jugar porque sí”.[3] He aquí la primera línea, que traza todo un recorrido histórico desde A hasta B: crecimiento del fútbol en términos de organización, expansión global, rentabilidad, etc. En esta línea de la vida se avanza en años, en fama, en acumulación de riquezas...

Luego existe por debajo una segunda línea que es flexible, subterránea, y nos remite a movimientos, deslizamientos, fuerzas que nos impulsan o que al contrario nos pueden hacer caer en crisis, en agujeros negros. Para el fútbol, es una línea en la que se marcan los saltos, las caídas, los progresos imperceptibles, las innovaciones de estilo, las fuerzas que animan a un equipo y otras cuestiones inconmensurables: creatividad, velocidad mental, coraje, espíritu, música interna... Del 3-5-2 al 4-4-2, así lo marca el Mundial de EEUU 94. 

Pero muy pocos equipos juegan en esta línea. El emblema de lo pobre es la selección de Italia, la última campeona del mundo, una tecnócrata del orden, impulsora del catenaccio, adicta al 0-0, a la pobreza del juego, y una gran perdedora por dentro. Pasa igual que en la literatura: un tipo puede escribir libros que sean best sellers, pero sin que eso signifique que sea un verdadero escritor; su éxito se enmarca sólo dentro de la primera línea. Y en la historia del fútbol muchos equipos best sellers han triunfado en desmedro del fútbol. Ángel Cappa, director técnico argentino, dice que el mayor fracaso futbolístico es el de Grecia en la Eurocopa del 2004 –que fue campeona con una mediocridad espantosa–; por el contrario, uno de los mayores éxitos fue el equipo de Holanda de Cruyff, aunque no haya ganado nunca una Copa del Mundo. ¿Mundo al revés? No, percepción fina, Cappa habla de esa segunda línea que no se ve en la superficie. En ella el crecimiento es vertical, se valora ya no en años, sino en madurez, en simpleza, en oficio de vida, en “sabiduría que se lleva en la piel". El FC Barcelona es el club que más ha crecido en esta línea en las últimas décadas. Como decía Pep Guardiola en sus días de técnico del Barza: "Johan Cruyff pintó la capilla, él simplemente es un restaurador". 

Y todavía habría una tercera línea mucho más extraña e imperceptible. En el mundo del fútbol se habla de ella cuando se dice que “jugar es recrear un mundo al margen del real”; pero ojo, no se entienda este mundo recreado como una ficción o una fantasía, sino como otro plano de vida con su propio coeficiente de realidad; esta tercera línea hay que crearla, se traza a medida que se avanza, mientras se vive, mientras se juega. Aunque esté amenazada por la extinción, todavía es motivo de debate en el presente, y surge de vez en cuando gracias a tipos como Marcelo Bielsa, a jugadores como Messi, y a equipos como el Brasil del 70, o el del 82. Toda una contracultura dentro del fútbol. En esta línea todo es imprevisible, no hay modo de señalizarle un camino. A fuerza de genio y humor Garrincha la dejó trazada con fuego; Maradona le rayó otra ruta en un campo cuando le hizo el segundo gol a Inglaterra en el 86. Ronaldinho la continuó a su manera con su fútbol alegre e irreverente. Línea de de jogo bonito, línea quebrada, que se tiene que prolongar, pero no de la misma manera, sino de acuerdo a los tiempos que se viven. Por eso es tonto reclamarle a Brasil que juegue hoy igual que hace 40 años. (Esto no le resta responsabilidades a Dunga).

En fin, tres líneas que también se pueden distinguir en el fútbol, y todavía mucho más que aprender si se suelta la pluma y se salta a la cancha.


¿Continuará? Esperamos sus comentarios.


Jorge Luna Ortuño




[1] Jorge Valdano, en el prólogo al libro Cuentos de fútbol. Tomo 2.
[2] Ariel Sacher, La pasión según Valdano. Reportaje al fútbol.
[3] Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra y otros escritos, p. 6.

viernes, 20 de abril de 2012

POR UN BARCELONA QUE JUEGUE UN PARTIDO A NO TENER LA PELOTA



Análisis breve CHELSEA (1) vs BARCELONA (0): ¿Es posible mutilar al fútbol y ganar un partido? Sí, es posible, cuando el Chelsea juega partidos grandes siempre es posible. En la conferencia Guardiola ha dicho que no quiere buscar muchas explicaciones, perdieron simplemente porque una estrategia legítima se impuso sobre otra. Es miserable el Chelsea, pero al menos le ha puesto algo de suspenso a la eliminatoria. En este mundo, el que gana parece tener la razón, pero en cuestión de estilos, el Barza obligó a que Chelsea jugara como un equipo de barrio, contra su arco 90 minutos, casi sin tocar la bola, y sólo el gol de Drogba y los palos los salvan de una crítica que hubiera sido ácida en los periódicos de Inglaterra si se daba otro resultado. Al Barza le faltó malicia a veces, y le sobró retórica en otras, como hace notar EL PAÍS de Madrid, en la edición del día siguiente. Lo que se ha demostrado una vez más (Maurinho lo entendió hace 3 años) es que para ganarle al Barza debes siempre deshacer la forma de jugar de tu equipo y hacerlo otro, un Frankestein, un acorazado, un equipo de rugby... deportivo pellotihue...



Pero hay cosas que molestan en el Barza. Guardiola dice que si el resultado se definiera por la posesión del balón, ellos ganarían todos los partidos. El toque refinado, la técnica depurada que pasa por los mismos centrales, la rotación continua, la circulación, la permanente ocupación de las bandas, la distribución en el campo, el estado de ánimo de su juego, todos esos elementos que Diego La Torre hace notar espléndidamente en su labor como comentarista en Fox Sports, siempre nos hacen sentirnos un poco más cerca, por sensibilidad y gusto, hacia el Barcelona. Lo que molesta es que esta temporada se haya hecho del Barza más un equipo de medio campo. La llegada de Fábregas, la lesión de Villa, el bajón de Pedro, todos esos elementos han contribuido a que Messi sea el goleador disparado del equipo, de una manera casi desproporcionada. En el Madrid por lo menos Cristiano Ronaldo tiene más actores de reparto en cuestión de poderío ofensivo (Bencema, Di María, Higuaín...), mientras que los azulgranas dependen excesivamente de la pulga. 

Tanto es así que el pasado miércoles, en Champions, se notó a Messi algo soso, no tan metido en el partido, con menos motivación de mostrarse y ponerse encima al equipo, por lo menos en gran parte del primer tiempo, exceptuando por un par de galopadas a puro corazón esquivando cinco rivales del Chelsea, que sólo fueron frenadas con el último recurso de la falta; este desenchufe de su nivel habitual le costó al Barza, porque la última puntada sólo quedaba para Alexis, o para otro, pero los caminos estaban cerrados por la estrategia de los blues respecto de Messi. De ese modo, el Barcelona perdió una porción importante de su característica, la cual consiste en ser indiscernible. El Barza es como una manta elástica, cambia de colores, se pliega y repliega sobre sí misma en todos los sectores del campo, cada elemento del tablero está apto para que no se corte la corriente, el flujo entre partes, y en conjunto es más parecido a una orquesta tocando el concierto para violín de Tchaikowsky; lo interesante en todo esto es que cada jugador es también en sí mismo indiscernible, aparecen por lugares por donde no se los puede clasificar: Xavi mete un pase entrelíneas lo mismo para Messi que para Adriano o Keita y viceversa; Busquets marca pero también arma y podría pasar de 10, Messi recupera balones como si fuera un número 8, Dani Alves es un cometa por la derecha, pero puede lo mismo centrar un balón que estar en el área esperando la recepción, e Iniesta, el comodín, dispara, maneja las pausas, gira, no se sabe si es un punta izquierdo o un medio de enganche, si es un volante de contención o está para apoyar coberturas, o si es un segundo delantero. Sin embargo, dada la última versión del Barza, las rutas se han visto más fáciles de predecir, los flujos se cortan con algo más de previsibilidad, pues fuera de Messi es muy raro que otro termine la jugada con disparo al arco.




Lo que desentona un poco, y quita poderío ofensivo, es que se pongan juntos a Xavi, Busquets, Xavi y Fábregas. Es demasiado medio, demasiado toque y conversación con la pelota, y por no dejar a ninguno en la banca, el Barza pierde en polenta, en capacidad goleadora. Aguijón adormecido. La responsabilidad de tirar a arco, de acelerar en las últimas revoluciones de una movida es de Messi, y casi siempre ha respondido. Lo cierto es que en este momento, en este presente, Barcelona es al menos un 50% menos de todo lo superpoderoso que aparenta si Messi no está en cancha; nunca antes en la era Guardiola se había dependido tanto de Messi, los actores de reparto como Larksson, Etó, Villa, cada uno en su momento, ahora no están.  

Otro punto a considerar: No tiene sentido que Dani Alves llegue hasta línea de fondo para meter un centro que no puede llegar a nadie, puesto que el único por el medio es Fábregas. Se trata de un libreto desgastado, considerando además la altura de los defensores del Chelsea. Nos da la sensación de que, en materia de cambios, Guardiola se aplazó en el partido de ida de las semifinales de la Champions. Es cierto que al Pep poco hay para reprocharle en toda su estadía en el Barza, este partido sería uno de esos casos raros en los que uno puede encontrar puntos negros claros en su contrapropuesta. Pedro por Sánchez no fue una idea feliz, máxime considerando la poca insolencia de un Pedro que no está con la confianza para encarar todavía; ¿y qué sería de Tello?; Cuenca entró al final, cuando sus desbordes ya no encontraban a un centro-delantero neto y ser perdían en las espesas aguas azules del área chica. 

Da la sensación también de que al Barza le ha cobrado factura el cansancio físico y mental. No se puede forzar la máquina al máximo durante un tiempo muy largo, y pausas es lo que rara vez ha encontrado el equipo en esta parte decisiva de la temporada. La Liga BUVA le ha puesto un coeficiente de presión en los hombros, avanzando siempre a la saga del Madrid, situación no acostumbrada, y jugando con la navaja en el cuello en las eliminatorias de la Champions, tal como lo demanda el nivel de este torneo de élite. Todavía no entendemos por qué Guardiola no le da descanso a Messi ni siquiera en los últimos pasajes de los partidos que ya tiene definidos. ¿Se tratará de un pedido del argentino por estar siempre en cancha para mantenerse al tope? 

¿Sería acaso una buena estrategia para el Barza que se pararan más cerca de su arco y le obligaran al Chelsea a hacer algo con la pelota? Si realizaran el pressing mucho más abajo, ¿obligarían al Chelsea a hacer algo que no quieren hacer? Si el otro equipo no quiere tocar la bola, y tú asumes una actitud de no querer quitársela, ¿le planteas una contraresistencia? 

La semana que viene presenciaremos cómo se define un nuevo capítulo del choque de dos estilos tan lejanos que evoca el choque entre Barcelona y Chelsea. Espera la cerveza, la charla con los amigos y quizás un pique a lo macho de por medio. 


Jorge Luna Ortuño


ENLACE RELACIONADO:


En palabras de Guardiola


miércoles, 18 de abril de 2012

DESOBEDIENCIA CIVIL PARA INTERVENIR CONTRA LA INJUSTICIA




 Indaguemos brevemente en dos conceptos, el de intervención y el de desobediencia civil. No se trata de una cuestión lúdica, al revés, es el constante estado de conflicto que vive el país el que debe forzarnos a pensarlo. La idea es trabajarlos en conjunto para hacer la pregunta: ¿cómo se puede hacer en pleno siglo XXI para que la desobediencia civil sea un arma efectiva de intervención del campo social boliviano?


Intervenir es ejecutar una acción, individual o colectiva, que produzca efectos reales, que perturbe, que reordene, logrando así renovar el campo de posibilidades de una situación.

Desobediencia civil es una idea postulada por el filósofo naturalista Henry David Thoreau (1817-1862) en su famoso ensayo del mismo nombre, escrito después de que lo encarcelaran por haberse negado a pagar los impuestos; la razón es que se oponía a las leyes de Massachusetts que promovían la persecución de esclavos y la guerra a México. El resultado es un ensayo poderoso, lleno de fuego y de paz interior, al punto que su lectura hace retumbar la voz resuelta de un hombre pacífico que ha transformado sus ideas en un hacha envuelta en llamas. Verdadero alimento para leones…

A lo largo de la historia la resistencia contra la injusticia ha adquirido muchas formas, las Guerras Civiles, la Revolución Francesa, el movimiento en Cuba, Mayo del 68, nuestro Octubre Negro…, con millones de ciudadanos saltando a las calles en defensa de sus derechos. Aquí las movilizaciones son prácticamente una cuestión cultural –parte del exotismo de vivir en Bolivia– casi una forma de empleo para algunos sectores. Pero cabe preguntarse ¿cuántos en ésta historia han sabido defender esos derechos con la integridad y visión de Henry David Thoreau? Pocos, muy pocos. Antes sólo Jesús de Nazareth, con aquella sentencia que invita a ofrecer la otra mejilla a aquel que fue agresor. Thoreau le declaró una guerra silenciosa al Estado, aunque estaba dispuesto a servirse de él a su manera, una vez que sus grotescas medidas le habían hecho perder todo el respeto que le merecía. 


Desobediencia civil es un concepto que pertenece a un linaje minoritario dentro del pensamiento, pero a Thoreau no le importaban las minorías ni las mayorías, pues nunca ha sido el número de simpatizantes de una idea el criterio para medir la veracidad de la misma. Sólo le importaba la labor del hombre consecuente con su hombría, es decir con su honor; y del individuo consecuente con su individualidad, “porque no importa lo pequeño que parezca el comienzo: lo que se hace bien una vez, está hecho para siempre”.

El notable político hindú Mohandas Gandhi (1869-1948) –que tomó la antorcha encendida por Thoreau y la aplicó en su lucha por liberar a la India del imperio británico–, solía decir: “no importa que un solo hombre tenga una idea verdadera, ese hombre ya es una mayoría”. En la India esto se conoce como el satyagraha, que significa “tener firmeza en la verdad”, promueve una actitud de lucha no-violenta contra la injusticia. Gandhi aplicó la desobediencia civil en conjunción con el ahimsa, que es la doctrina de la no-violencia. Es un error creer que Gandhi promovió la resistencia pasiva, como algunos entienden, puesto que toda movilización con capacidad para intervenir un campo social demanda una resistencia activa y provocativa. No-violencia no significa pasividad. La idea básica era la desobediencia, Gandhi lo entendió, no se podía chocar frontalmente contra un enemigo poderoso, pero era posible, al menos, no-cooperarle. La experiencia que tuvo a Gandhi al frente es el mejor ejemplo de cómo se puede hacer de la desobediencia civil una fuerza con poder de intervención. 
La intervención consiste en mostrarse firmes en lo que es justo, induciendo en ocasiones al Estado a que cometa errores de juicio, abusos de poder, medidas descalificables, y estar dispuestos a sufrirlas. ¿No residió aquí la fuerza de la XVII Marcha por el TIPNIS, después de aquella deplorable intervención de la policía? En aikido nunca se agrede, simplemente se encauza la fuerza del agresor en contra de sí mismo para restaurar el cauce natural de las energías. En política debería atenderse más a esta filosofía de la resistencia.  










Pero no sirve de nada ganar una batalla que nos ha obligado a incurrir en las mismas medidas deplorables de los subyugadores. “Antes que el respeto por la ley se encuentra el respeto por lo que es correcto”. Jesús mismo nos ha enseñado a no obedecer las leyes que contrarían nuestro corazón. 

El hombre no es una arcilla, nos es una fuerza bruta ni una máquina del Estado; el hombre debe servir al Estado, pero no sólo con su cuerpo, sino principalmente con su consciencia, y por ello, dada la naturaleza monopolizante del Estado democrático, la mayor parte del tiempo deberá resistirle. Thoreau escribe con algunos gritos. “Cuando un Estado es injusto ningún hombre podrá asociarse con él sin humillarse al mismo tiempo”. “Todos los hombres aceptan el derecho a la revolución, o sea, el derecho a negar lealtad y a resistir al gobierno cuando su tiranía o su ineficacia son grandes e intolerables. Pero casi todos dicen que éste aún no es el caso”. Que no vacile el espíritu, que estén atentos los ojos y templada la inteligencia cuando llegue el momento de actuar como se hizo con dos figuras repudiables: Gonzalo Sánchez de Lozada y Sánchez Versain. Es en la resistencia que un hombre se conoce a sí mismo. Ninguna revolución verdadera puede ser administrada por un Estado. ésta debe partir de los hombres que resisten con su consciencia. Es cierto, no venimos al mundo para hacer  revoluciones, sino para vivir de la mejor manera posible dentro de lo que existe, pero cuídese cada uno de no propagar lo negativo con su pasividad. 
La clase media ha sido educada para rendir honores a la seguridad. Un hombre de terno y corbata bien puede atravesar la plaza principal por sobre las víctimas que ha dejado una movilización social, teniendo el cuidado de no ensuciar sus zapatos, todo con tal de llegar a tiempo a marcar tarjeta en su trabajo. Thoreau es contundente: “Aquellos que, mientras desaprueban el carácter y las medidas de un gobierno, le prestan su lealtad y su apoyo, son indudablemente sus partidarios más conscientes y, por lo tanto, a menudo se convierten en los más serios obstáculos para realizar reformas. Algunos piden al Estado que disuelva la Unión, que desatienda las solicitudes del presidente. ¿Por qué, entonces, no la disuelven ellos mismos -la unión entre ellos mismos y el Estado- y se niegan a pagar sus impuestos al tesoro? ¿Acaso no están ellos en la misma relación con el Estado que el Estado con la Unión? ¿Y acaso las razones que impiden al Estado resistir la Unión no son las mismas que les impiden resistir al Estado?”
¿No es esta relación hipócrita la que tienen la mayoría de los bolivianos con el Estado Plurinacional? Marcelo Quiroga no se equivocaba al identificar la dejadez y el conformismo de una clase social como un tema decisivo. No es solamente la clase media, a muy poca gente le interesa resistir a la injusticia con consciencia, a no ser que toque sus propios intereses. Ya es hora de desobedecer colectivamente. Dejar de financiar a un gobierno que no logra asegurarnos las mínimas condiciones para vivir como la gente en este país. El campesino, el obrero, el cura, el micrero, el ropavejero, el médico, el profesor, el policía, están todos cortados por la misma cuchilla, a la hora de resistir patinan en la misma ciénaga, son todos seres tumultuosos y egoístas, que anteponen el bien personal o de clase por sobre el bien común. 

Camilla Vallejo, bella mujer de fuerte espíritu
Ayer, lunes 16 de abril, en las movilizaciones de los sectores de salud en Santa Cruz de la Sierra (BOL), enfrentados con  los grupos de choque del MAS, una mujer de mediana edad recibió una terrible pedrada que le fracturó el cráneo y la nariz. Ni un mes ha pasado de la famosa Semana Santa, de la moral hipócrita en un país que se dice mayoritariamente católico. ¿Acaso resistir no es más que animarse a tirar la primera piedra? 


Consigue un poco de paz mental y armonía interior, y no esperes que el gobierno te procure esos elementos centrales para la vida.  Surfea, escucha un tema de Bob Marley, controla tu respuesta hacia el estímulo externo, ponle un poco más de amor al cemento de tus decisiones, amor, amor Ché.

Jorge Luna Ortuño



lunes, 16 de abril de 2012

BRUCE LEE Y GILLES DELEUZE, UNA SECRETA AMISTAD


 
BRUCE LEE

 Amistad tripartita

En un pasaje de una de sus novelas más elogiadas, mi amigo el escritor chaqueño Jesús Urzagasti escribe: “Los muertos que no se conocieron en vida, traban amistad en el más allá, pero sus aventuras no están vedadas. Y en buena hora. Mis amigos muertos proceden de mundos dispares, algunos de ellos ni siquiera cruzaron un saludo y en la mayoría de los casos el uno no supo de la existencia del otro. […] Sin embargo, los muertos que están destinados a no conocerse en vida, delegan el papel de intermediarios a un montón de personas. Una del montón soy yo”. [1]

Tengo dos amigos que son parte de la tribu que me habita, de las fuerzas que me animan y de las voces que hablan en mi escritura. Uno vivió en Francia casi toda su vida, el otro estuvo mixturando su percepción entre la rigidez de las tradiciones chinas y la pragmática visión de vida que tienen los norteamericanos. Uno en la filosofía occidental, el otro en las artes marciales orientales, cada uno le habrío ventanas de liberación a su campo, hasta llegar al punto de que sus creaciones trazaran poderosas líneas de fuga y renovación para sus artes. 
Filosofía y artes marciales. Aunque vivieron en la misma época, y es casi seguro que no se conocieron (ninguno de los dos nombra al otro en sus escritos), ni tampoco pudieron leerse mutuamente, pues mientras uno comenzaba a hacerse más notorio, allá por el 72 con El AntiEdipo, el otro moría un año después en circunstancias misteriosas, haciendo de Operación Dragón una película póstuma. Pero su afinidad ya había comenzado a partir de un filósofo que los afectó por igual: ambos fueron fervientes lectores de Baruch Espinoza. (Cabe apuntar que la filosofía oriental siempre le interesó a Gilles Deleuze, basta con darle una leída a Lógica del sentido, y que Bruce Lee estudió filosofía en la Universidad de San Francisco, aunque no terminó la carrera).

GILLES DELEUZE
 Hoy por hoy los dos se han ido, muchas de las bellas imágenes que tenían del mundo se fueron con ellos, pero muchas otras nos fueron legadas a través de sus libros, de sus estudiantes y amigos y de algunas raras entrevistas que quedaron grabadas. Se fueron, por lo menos en lo que atañe a su forma orgánica, pero en realidad se quedaron, porque no han dejado de trazarle sus rutas de salida a la vida ahí donde está comprimida, aprisionada por las formas, los sistemas, las líneas segmentarias, los sujetos o las rutinas. Nada que interpretar, ambos son una provocación para que desencadenemos experimentaciones con nosotros mismos. 

Sus nombres propios designan  mucho más que la historia o la biografía de un personaje; más bien son la cifra de una multiplicidad de encuentros y devenires que siguen pasando a través de ellos. Ellos son Bruce Lee y Gilles Deleuze, y las aventuras que han debido tenerlos por protagonistas en el más allá no nos han sido vedadas, en buena hora, y si es que por algún capricho aún no hubieran podido juntarse, en este caso es el que escribe una de esas personas privilegiadas que a través del mundo de los conceptos se conoció con ambos e intuyó desde el principio que hubieran sido grandes amigos. Soy por tanto en esta ocasión uno entre el montón que puede hacer las funciones de intermediario para hilar lo que no ha alcanzó a tejerse en vida. Esta es, ante todo, una cuestión de amistad y de agradecimiento.

El mejor libro que existe para comprender la filosofía del Jeet Kune Do, la creación de Bruce Lee

 El cuerpo
¿De qué servirían las artes marciales y la filosofía si no fueran un vehículo a través del cual el ser humano pudiera expresarse honesta e integralmente a sí mismo? Bruce decía las cosas simple. Ahí donde Deleuze dice “aprendan a hacerse un cuerpo sin órganos”, Bruce dice: “vacía tu copa”. (A parte de Antonin Artaud, el taoísmo es la referencia de ambos). Y vaciar tu copa significa que no puedes expresarte realmente a ti mismo hasta que no te hayas deshecho de tus certezas, de lo que ya sabes, de tus prejuicios, de los conceptos que tienes y a través de los cuales quieres hacer encajar el flujo puro de la vida. Un escritor, un pintor, un filósofo, no se enfrentan con una página ni con un lienzo en blanco, pues incluso ellos mismos están ya rayados de antemano por una serie de líneas que los amarran y de las cuales tienen que liberarse. Hay una organización de su organismo que tienen que hacer saltar antes de que lo nuevo pueda brotar. “¿Cómo hacer para escribir si no es sobre lo que no se sabe, o lo que se sabe mal? Es acerca de esto, necesariamente, que imaginamos tener algo que decir. Sólo escribimos en la extremidad de nuestro saber, en ese punto extremo que separa nuestro saber y nuestra ignorancia, y que hace pasar el uno dentro de la otra”.[2]

Bruce practicando una patada de intercepción
Pero está bien, son ideas, son ideas mi amigo, no perdamos mucho tiempo en eso. No te concentres demasiado en el dedo o te perderás toda la gloriosa majestuosidad de la luna hacia la que está apuntando. El pensamiento tiene que ser algo muy práctico, porque está al servicio de la vida, nunca al revés. Respecto del cuerpo, Baruch Spinoza hace una poderosa afirmación en contra el dualismo cartesiano: “nadie sabe de lo que es capaz el cuerpo”. (Jesús Urzagasti lo dice en forma más bella: "aunque tú no sepas, tu cuerpo sabe). ¿Cómo llevar este interés a las artes marciales? Bruce Lee lo pone así: antes que la preferencia por un estilo de combate u otro, antes que la adhesión a un sistema o a una doctrina, el ser humano comprometido con su propio desarrollo debe preocuparse por conocer qué es lo que puede su cuerpo, ¿de qué afectos es capaz, cuáles son sus poderes de ser afectado? 

GILLES-DELEUZE-RIZOMA
Bruce Lee retoma esta batalla contra el dualismo cuerpo-alma, y la lleva a la aplicación de una pedagogía en las artes marciales.“No enseño nada, sólo puedo ayudarte a explorarte a ti mismo”, aclara a sus estudiantes. Esto no consiste en preguntarse ¿quién soy yo?, sino en cuestiones funcionales: ¿qué funciona mejor para mí?, ¿qué puede mi cuerpo?, ¿qué está en la potencia de mi cuerpo? Helio Gracie se hace esta pregunta y modifica el jiu jitsu más rústico que habían aprendido sus hermanos de un japonéz. ¡Gracie Jiu Jitsu! Bruce escribe en un pasaje de sus miles de folios de apuntes acumulados –difundidos por John Little–: “La utilidad de una copa está en su vacío, y lo mismo puede decirse de un artista marcial que no tiene forma, y que en consecuencia carece de estilo, puesto que no tiene juicios preconcebidos respecto al combate, ni a favor ni en contra. En consecuencia él es fluido, adaptable, y capaz de trascender la dualidad y llegar a la totalidad última”.

La no-forma
Toda la lucha de Deleuze contra la trascendencia se llevó a la práctica en la vida de Bruce Lee: “experimenten, no descarten lo que no conocen, tomen de los otros sistemas lo que les sea útil, pero sin dejar que este sistema restringa su libre investigación”. 

 Deleuze hubiera dicho: AGENCIEN. Agenciar=extraer elementos de campos heterogéneos para hacerlos co-funcionar. Hacer rizoma. Parafraseando a Bob Dylan, el artista tiene que cuidarse de no creer nunca que ya ha llegado a un lugar, sino estar consciente de que está continuamente convirtiéndose en algo, becoming, estado de devenir, algo siempre inacabado, sin forma. Pero he aquí una distinción: no es lo mismo no tener forma que tener la no-forma. Devenir es lo segundo. “Aprende la forma, obedece la forma, y luego trasciende la forma”.[3] Tener un no-estilo, aprender a utilizar todos los caminos sin estar limitado por uno. No acumular ni evolucionar, mas bien devenir, involuir, hacerse más simple y económico. Estar siempre inacabado, como este texto que no se cierra aquí. 



Jorge Luna Ortuño

Enlaces de interés:


La filosofía del Dragón



[1] Jesús Urzagasti, De la ventana al parque, pp. 10-11.
[2] Gilles Deleuze en el Prefacio a Diferencia y repetición.
[3] Bruce Lee, El Tao del Jeet Kune Do.