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viernes, 17 de mayo de 2013

DEVENIR frente a CONVERTIRSE


En el cuento El flautista de Hamelín, de los Hermanos Grimm, se lee al comienzo que las ratas habían aparecido repentinamente en la población, y se "enseñoreaban" de las calles. En nuestro vocabulario, diríamos que se había puesto en marcha un devenir-calle de las ratas, ¿o acaso un devenir-rata de las calles? Nos trae a la memoria aquel devenir-caballo del pequeño Hans en el documento que presenta Freud; existen también devenires-parque, devenires-lluvia, en piezas clave de la literatura.

Esta aparente , nos lleva a esbozar un par de diferenciaciones entre lo que es "devenir" y lo que es "convertir". Cuando el cura argentino Jorge Mario Bergoglio fue votado en el Vaticano para ser la máxima figura representativa de los católicos, se "convirtió" en Papa de la Iglesia Católica. Que este cambio de estatus en el mundo haya coincidido con los movimientos que sostiene en sus fibras más íntimas, es algo de lo que solamente él puede dar cuenta. Sin embargo, no fue un devenir, pues el devenir no consiste en pasar de un estado A a un estado B. Bergoglio se "convirtió" en Papa, ahora le toca asumir esa conversión. 

Si la cuestión es tener "algo que ver con", una transformación, existe un ejemplo vital que nos ofrece la vida. Cuando una mujer se embaraza, y se conduce con amor cuidándose para que su hijo pueda nacer sano, atraviesa un proceso de transformación de su cuerpo, de todo su ser. Suele darse el caso, con mayor frecuencia, de que ella se siente más madre de lo que el padre se siente padre. El padre vive de diferente manera el proceso, con sus propias velocidades. No sufre la mutación de su cuerpo en esos nueve meses, no tiene que dejar de beber, salir o fumar, más allá de que deba trasnocharse en ocasiones por ciertos antojos de la mujer o experimente náuseas ocasionales, como cuando dicen del hombre que también está embarazado por contagio de su esposa. Sin embargo, lo cierto es que el hombre atraviesa una conversión. De un día para otro deja de ser solamente hijo, hombre, ciudadano, y además pasa a llamarse "padre". Es necesario un tiempo de preparación, hacer ajustes en la vela que dirige la embarcación, y estar internamente a la altura del denominativo sagrado. "Hacerse padres", es algo que se utiliza frecuentemente como expresión. 

La literatura permite otras formas de hablar y de percibir la realidad. Otro cuento infantil habla de un niño mirando aparecer las estrellas en el firmamento, y entonces entiende que está "anocheciendo". Hacerse noche del día. ¿Devenir o conversión? Existen un punto intermedio entre día y noche, es un momento maravilloso, de colores fulgurantes, se lo encuentra en el amanecer, y en el atardecer con más belleza tal vez. Se trata de una expresión que se usa para nominar el movimiento del día, "hacerse noche del día", "amanecer". Hombre-lobo-luna-pasa-bosque-oscuro. Miles de experimentaciones se pueden encontrar en la literatura. 
Los movimientos imperceptibles de la realidad se enuncian de  manera más completa con el verbo devenir, que no convertirse. 


viernes, 10 de mayo de 2013

II Encuentro de Arte con Roberto Valcárcel - Santa Cruz de la Sierra




Ayer en la noche, jueves 9 de mayo, asistí con mi cumpa a la charla que organizó y ofreció Roberto Valcárcel (en adelante R.V.), el reconocido artista cruceño. Pactado para las 7, el encuentro comenzó con algún retraso, pero todo se llevó adelante dentro del ambiente idóneo que se requiere para sustraerse y empezar a forjar ideas sobre lo que se expone. La invitación rezaba que se posibilitarían conocimiento de las obras de Tito Kuramoto y Herminio Pedraza, de la colección permanente del Museo de Arte Contemporáneo. Roberto nos aclaró que quería usarlas como disparador para referirse a las relaciones con el arte, no ya las de los especialistas, ni museólogos ni críticos o curadores, sino de individuos que quieren crecer y cultivarse. Invitación a la charla


Inicio

Cuadro de Tito Kuramoto que fue interpretado en la charla

Comienza Roberto dejando clarísima la posición en la que quisiera que lo sigan. Es el marco de la charla: "Hay que eliminar la presentación del arte como rito, como algo repetitivo". Esto resulta prometedor de entrada. Lo que busca Valcárcel es invitar a una renovación de las relaciones del espectador con la obra de arte. Entonces continúa: el arte debe servirte para cambiar algo en tu vida, de hecho, puede cambiar tu vida. ¿Si no buscas eso qué haces aquí? - pregunta a los presentes. Esto sucederá de manera gradual, desde luego, subrayará más adelante. 



Para R.V., el objeto artístico es un objeto muerto. No se le puede achacar ninguna responsabilidad de lo que pase o no pase. Compartimos aquello de que no se puede pedirle todo a la obra, ni a un libro ni a un album de música; depende mucho de cuán dispuesto está el individuo a relacionarse, en qué posición de su vida se encuentra, su actualidad. El cuadro es siempre actual, porque hace removerse algo en contacto con nuestra actualidad. 



Breve crítica
Pero R. es extremo, no le toma importancia alguna al poder del artista, no considera la influencia, en la ecuación general, de las capacidades persuasivas o tendenciosas del lenguaje de la obra pictórica. 

Cabe apuntar aquí, que su visión de arte, la manera en que piensa difundir una visión, está todavía enmarcada dentro de la vieja idea de que arte es algo que se expone en un espacio aceptado, y los receptores deben asistir al lugar para interactuar con eso que se exhibe. Por tanto, está lejos de coincidir con las propuestas que Reinaldo Laddaga comparte en su maravilloso libro Estéticas emergentes (2006). Laddaga se interesa ahí por el arte considerado como proyecto, que asocia desde su misma producción tanto a artistas como no artistas, o miembros de una porción de comunidad, y sirven en su presentación como intervenciones en el espacio público. No suceden necesariamente en un museo, se definen como artísticas por la participación que convocan y el efecto que producen. 

Esta es la base de la leve crítica que se puede esbozar a la propuesta teórica de R.V.: Se propone como liberadora, quiere arrasar con todas las ideas convencionales. Pero todavía respeta las instituciones que funcionan como legitimadoras de las obras de arte ante las personas comunes y corrientes que rumbean sus vidas por otras aguas. Para empezar, su charla se hace en las instalaciones del Museo de Arte Contemporáneo (abordando obras de su colección permanente), por tanto no se va contra las instituciones del sistema de arte; tampoco discute la idea de dónde se debe exponer una obra para que sea tomada en cuenta como artística. Todavía parte del museo como lugar privilegiado. Tal vez también una galería, si está dispuesta a organizar una de estas charlas. Ahora, no decimos que se deba a un carácter oportunista del conferenciante,  lo que decimos es que no asume todas las implicaciones de su teoría, no la lleva hasta las últimas consecuencias, pues si se trata de eliminar los intermediarios entre la obra y el perceptor, ¿por qué todavía creemos en los criterios del Museo? Ellos la exponen en su espacio como afirmando que comprobaron ya del efecto "trastocador" de la obra, ¿y por ello asumen que los visitantes a las instalaciones deben considerarla obra de arte? Esto no queda claro.


Una obra de Valcárcel
Volvamos a citar las ideas que expuso en su charla. R.V. insiste en que la obra no  tiene responsabilidad alguna. "Es un signo polisémico que no tiene responsabilidad alguna". La responsabilidad está en cada uno, es decir, está en el lector. Me late que R.V. ante todo toma como tema el cultivo de las lecturas creativas. A este efecto, propone el arte como objeto ideal para tal propósito. El diría que leer creativamente es algo íntimamente relacionado con lo que es el arte mismo. Es el arte el que nos enseña que se puede leer creativamente los objetos culturales. Esto no es nada descabellado. Me cuestiono porque creo haber descubierto lo mismo desde la filosofía, sin embargo, no puedo desestimar que ese aprendizaje haya bebido de las aguas del arte, tradicional y/o contemporáneo. 



R.V. dice que se trata de volcar las jerarquías. Devolverle toda la autoridad y libertad de lectura al lector. "Empoderarlo", usando un término de las nuevas tecnologías de la comunicación. No estoy seguro si haya que asumir una defensa, o plantearle el camino. Creo más en que los que desean la libertad la toman antes que pedirla. Uno asume su libertad, no es nadie quien te la concede. Tal vez, sea bueno recordarles que les corresponde asumirlo. Creo que es lo que se propone Roberto con la serie de charlas. 



La obra no puede comunicar, porque ha sido creada en un lenguaje no codificado. No se apoya en un lenguaje convencional de entendimiento con el que la observa. Es otra premisa de R.V. El lenguaje del artista es creativo. 



Comentario
¿Qué le queda al autor? Es autor porque crea, no por la firma. El autor sólo puede asumir su propio mundo y destilar en la obra algo que por necesidad quiere nacer. Si nosotros, desde afuera, nos comunicamos con ese mundo, con partes o esquinas de esa frazada, es una posibilidad de encuentro que no le quita ni agrega nada a la obra. La obra de arte parte de algo que la fuerza a ser expresada, y eso viene del creador. Lo cierto es que este fuerza no tiene por qué reducirse a una cuestión biográfica solitaria, no es una  isla la que habla; es una especie de archipiélago de soledad, donde otras soledades pueden conectarse. 

¿Quién sabe con certeza cuántos son los seres extraños con los que podría comulgar su mundo, pero no tuvieron la oportunidad de vivir en una misma región, ciudad, o incluso en un mismo tiempo? Muchas veces la percepción de un albañil que pasa por el lugar, la lectura de un niño, o de un alma danzarina que se cruza por nuestro camino sin mayor aviso, resulta ser más enriquecedora que la de un especialista o crítico erudito en la historia del arte. (O de la literatura o de la filosofía...). 



Hay que ser muy libre y hábil para poder meterse en las camisas del conocimiento especializado, y después poder salir de todos modos para exhalar una brisa de frescura en lo que se piensa y se observa con amor. 



Entonces, el autor de un cuadro deja algo de su experiencia en el cuadro; dado que confluyen no sólo lo consciente, sino lo que habita en su inconsciente, es difícil que se pueda creer completamente premeditado cualquier acto de creación. En adelante, lo que cabe es ver qué puede hacer el que observa con el cuadro. ¿Cómo se puede apropiar de él?



Para R.V. el pintor no hace otra cosa que generar estímulos visuales con su obra. Y sentencia: "Me importa un comino lo que haya querido decir Erminio Pedraza con su cuadro, y lo digo con todo respeto a mi colega". Pero ¿no habría que al menos agradecer a un artista por ser mejor estimulador que otro? ¿Y acaso uno no toma cierto afecto por esos guías que nos estimulan siempre a ir más allá?

Si este tipo me estimula creativamente en tal forma, en algún punto seguramente me interesará saber qué quiso decir. Es sólo una impresión, en el inicio de este iniciativa de Roberto Valcárcel que merece ser aplaudida. Hacen falta más de éste tipo.


[Continuará...]


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Entrevista a Valcárcel en LA PRENSA

"Santa Cruz aún es preadolescente", opina Valcárcel


miércoles, 8 de mayo de 2013

Gentes de cultura y brindis en Santa Cruz


El pasado martes 30 de abril por la noche, asistí a la presentación del libro de fotografía Salar de Uyuni, el espejo del cielo,  del reconocido artista-fotógrafo Gastón Ugalde y la periodista Marie France Perrin, que se encargó de los textos. En realidad, el libro lo presenta la periodista, pero lo que despertó el interés en los medios y alguna gente fueron las magníficas fotografías que ahí se muestran. En todo caso la alquimia se produjo entre los dos. Hizo bien Gastón Ugalde en no asistir y dejar que las fotografías hablen por él. Es la marca de los artistas de fuste.

Afortunadamente, aquella tranquila noche cruceña, en que también se presentaba un Concierto de Música de Cámara en La Casa de la Cultura, no se veía amenazada por las lloviznas otoñales. En la plaza 24 de septiembre se disfrutaba del calor, los sonidos y el aroma de frondosos árboles que la hacen incomparable. 

Pero nosotros estábamos sentados en uno de los elegantes salones del Centro Cultural Santa Cruz. La presentación de aquel libro sobre el Salar de Uyuni, de papel fino, tapa dura, edición lujosa, que tenía un costo de Bs. 300. Dado el elevado valor se asumía que entregarían factura pero las encargadas se limitaron a informar su negativa.

El acto inició con palabras del Coordinador Operativo y Financiero Jorge Aliaga. Lo acompañaban parados a su lado la periodista-autora y el ex-diplomático Manfredo Kempff Suárez. Por un breve pasaje la pequeña muchedumbre de asistentes elegantemente vestidos asentó los cuchicheos y se oyó el silencio, que se rompió otra vez cuando Kempff comenzó a presentar el libro. Avisó que su participación sería corta, pero se tomó casi media hora. Todo bien. Lo que ya no me agradó fue que hiciera uso de la palabra para decir nada. 

Comenzó diciendo que él no conocía Uyuni, pero de todos modos quiso ilustrarnos lanzándonos datos de geografía, flora y fauna que, según él, había encontrado en wikipedia (!), y los iba leyendo de su hojita de notas. Desconozco si aquello fue una metida de pata involuntaria o una falta de ubicación. Por la naturalidad con la que continuó su parlamento sospecho que ni siquiera reparó en el desatino que aquello suponía. Después de hablarnos de su vida, y de un viaje que hizo a Chile sin llegar a parar por Uyuni, finalmente quiso elogiar a la autora, también al fotógrafo. En más de uno de los presentes atisbó una sonrisa después de tamaña intervención. Pero los aplausos llegaron como mandan las normas sociales.

Lo que más me llamó la atención fueron las "exposiciones" de tres artistas que se exhibían en el mismo espacio. Claramente se pudo observar que aquellas mal llamadas "instalaciones artísticas" habían cumplido una función de decoración para la presentación, con un agudo sentido del oportunismo. No extraña que las pajas armadas en una de ellas fueran pisoteadas por los asistentes a la hora de formar sus rondas en la hora del brindis. Sólo las fotografías de Ugalde, colocadas en las paredes, despertaban la curiosidad. 

Se aplaude que el Centro Cultural Santa Cruz abra sus puertas a iniciativas relacionadas con el arte y la cultura. Pero algún cuidado mayor deberá tener a la hora de elegir los proyectos que apoya, pues estos confeccionan la imagen y los ejes que sostienen su trabajo. Estemos de acuerdo en que el arte no es decoración, cosa básica para un centro de difusión. 

Habiendo compartido una copa de vino con una amiga curadora, me fui por donde había venido. La ciudad comenzaba a reposar, se venía un feriado, era bueno volver a casa.



lunes, 6 de mayo de 2013

De los hondos amores



“Tuve una vez un gran amor que derribó mi casa, agrietó mis puentes y me hizo perder el equilibrio. Después vinieron las réplicas: amoríos de baja intensidad que ni siquiera me hicieron temblar. En cuanto al gran amor, ay mísero de mí, todavía respira debajo de las ruinas.”

                                                                                Óscar Hahn.

La lectura y un Presidente indígena



El presidente Evo Morales volvió a hacer noticia a partir de una de sus afirmaciones medio despistadas medio acertadas. O tal vez sea más correcto decir que los medios de prensa nacionales se sirven de una de sus afirmaciones para convertirlo en línea de primera plana. Lo concreto es que hace unos días se encontraba promulgando la nueva Ley del libro y la lectura Óscar Alfaro (366), ocasión en la que confesó que tiene problemas para leer, que "a lo mucho ve los títulos o unas páginas" de los libros que le regalan. Se critica su sentido de la ubicación y del momento, pero tal vez aquel acto haya sido el más idóneo para plantear el problema. 

Breve rodeo: Al no tener Evo especial inclinación por la lectura, menos aún lo tendrá por la escritura, y entre ambas se pierde un mundo, sin que por ello éste mundo deba ser ajeno a sus aventuras. Resulta curioso sin embargo que en los últimos años haya sorprendido por la publicación de libros donde oficiaba como el prologuista. El primero del que tuve conocimiento fue "El fin de la prehistoria. Un camino hacia la libertad" de Tomás Hirsch. Si Evo Morales hablara como aparece redactando en ese texto, seguramente no habría llegado a ser el primer presidente indígena, pues sería uno más del montón. Para no caer en la monotonía hay que saber tomar cuenta de la singularidad de un personaje. El que escribe ese prólogo lo hace de la manera más uniforme, no patea al castellano en ningún momento, respeta las reglas de puntuación obedientemente, no se sale, no rompe nada, no provoca ni una fuga ni una risa.  Es tan "rectito" que termina por ser olvidable. Pero firma Evo Morales. Desconozco el valor que pueda tener ese texto aunque él lo firme, pues no corresponde con la relación que Morales mantiene con el idioma castellano. El autor Tomás Hirsh lo vio de otra manera, cosa suya. 

Además de este, se sabe también que hizo el prólogo del libro  “Abya Yala: una visión indígena” (2012), pero ese lo desconozco.

Volvamos a referirnos a las palabras de Evo respecto de la Ley Óscar Alfaro. Una reflexión un poco más acuciosa de sus palabras nos llevará a evitar los juicios, y más bien a reparar en las implicaciones. Alguien ya dijo, Evo Morales no es un ser que pasó a pertenecer a alguna realeza por haberse convertido en Presidente; su victoria electoral no lo exime de su pasado; en realidad es también un producto de las deficiencias y virtudes de la evolución de nuestro sistema educativo. En nuestro país se habla fácil de "incentivar la lectura", pero es como un eslogan vacío. La lectura es una actividad subestimada, y se la suele relacionar con los "hábitos", como cuando se enseña a los niños a que tiendan su cama. Pero la lectura habría que relacionarla mucho más con el juego que con los deberes. Dicho esto, es una falacia pretender que la palabra Presidente equivalga a decir "hombre leído", no por definición, sino por las muestras que nos brinda nuestra realidad.

Algunos comedidos le increparon velozmente por sus palabras, señalaron que les daba un mal ejemplo a los niños. Carlos Cordero, según una nota de Mónica Salvatierra en El Deber (5-5-2013), entiende que el mensaje condenable que se extrae de las palabras del primer mandatario sería que "sin importar que no se lea, igual se puede llegar a ser presidente". Pero eso sólo asumiendo que los niños o cualquier otro ser que siente el paso del tiempo, desee ser presidente. Hay muchas cosas más importantes y deseables que entrar en la política y convertirse en presidente. De hecho, nos resulta familiar la noticia de que los políticos leen poco, o apenas leen, sólo de ese modo pueden moverse a gusto en sus aguas. Esto también va acorde con la idea del actual gobierno, que consiste en quitarle relevancia a la formación académica, y valorar mucho más la experiencia de trabajo sindical.

Lo que no debe olvidarse es que la aventura de la lectura le sucede a cada uno de diversas formas, un poco gracias a la formación, al espacio geográfico que se ocupa, a las posibilidades de la casa paterna, pero otro gran trecho gracias a la valentía de cada uno para asumir su mundo, y elegir sus pasos en concordancia con sus asombros e interrogaciones más recónditas. No se lee "gracias" al colegio, la universidad o el precio alto o bajo de los libros, más bien se lee "a pesar" de todo ello. 

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La categoría de Carlos Bianchi, técnico de Boca




El último clásico Boca-River (5-mayo-2013) terminó empatado, y lo que es peor, deslucido. El técnico de River, Ramón Díaz, salió echando humos antes de tiempo, y todavía en caliente dirigió algunas palabras a los  de Boca, dijo algo así "nosotros no somos como los de Boca, nosotros no festejamos empates". Sobre esta afirmación le preguntaron a Bianchi cuál era su opinión en la conferencia de prensa. Bianchi tuvo categoría. Terminó de empujarse un bocado de soda calmadamente, calibró la intención de la pregunta mientras miraba al periodista y respondió con una sonrisa: "Lo que yo responda ustedes lo van a usar de titular mañana. Ahora tengo deseos de estar con mi señora, mis hijos y mis nietos. Cada uno es dueño de decir lo que quiere. Todos saben cual es la verdad". 

Por supuesto que no estaba obligado a dar una opinión sobre esa afirmación. Él tiene cosas más importantes de que ocuparse, y ahí no había nada que pelear. La disputa de opiniones no definiría nada, cuando hay algo cierto que trasciende a ambos. 

Después le consultaron si había visto al frente a un equipo que tiene hambre de competir por el título.

Esa sí era una pregunta que le permitía hablar un poco más de fútbol. Sutilmente, Bianchi le lanzó algunos palos merecidos a Díaz en su respuesta. "No nos apretaron atrás como pensé que podían hacerlo, una vez que el partido estaba 1-1". "Nosotros teníamos a 7 chicos en cancha, eso nos alegra, muestra que hay proyección a futuro". "Por lo menos ellos tenían la posibilidad de planificar el partido durante toda una semana. Cuando uno juega cada tres días es más difícil mantener una regularidad en las alineaciones".  Claro, se refería a que Boca está jugando la Libertadores, pero en ningún momento menospreció la importancia del campeonato local. Fueron observaciones de ese tipo, bastante acertadas respecto de la realidad, nada malintencionadas. 

Nunca lo admiré particularmente, sí me inspiró respeto siempre por la eficiencia de sus equipos. Pero en esta ocasión había que hacerlo notar, su gesto corresponde a los detalles que marcan la talla de los grandes. Ese es Carlos Bianchi. 

sábado, 4 de mayo de 2013

GILLES DELEUZE: DE LA VENTANA AL PARQUE DE JESÚS URZAGASTI



Gilles Deleuze (1925-1995)
¿Qué es hacer filosofía? ¿Cuándo un libro o dispositivo produce filosofía? ¿Cuál es la unidad de trabajo del filósofo? Con soltura y bello estilo, Gilles Deleuze (1925-1995) respondió a lo largo de sus casi treinta libros a estas preguntas. Emparentado con la llamada “generación dorada francesa” –en la que también se suele citar a Michel Foucault, Jacques Lacan, Louis Althusser, Roland Barthes y Claude Levi Strauss– éste filósofo dedicó su vida a la confección de un pensamiento que le devolviera un poco de aire fresco a la filosofía, que en aquellos años 50 del siglo pasado estaba enclaustrada en el clima rígido y acartonado de la Soborne. Deleuze recuerda en diversos pasajes de sus entrevistas que ya no podía soportar a Hegel y las triadas, ni a Descartes y los dualismos, los cuales eran el alimento “oficial” en los corredores universitarios. Identificó a la historia de la filosofía como “formidable aparato represor al interior de la filosofía”, pues a nadie se le permitía pensar más allá de lo que ya había sido pensado, ni hablar con voz propia, sólo rumiar la vieja sopa recalentada, Husserl y la fenomenología, Heidegger y el Ser, Hegel y la dialéctica…

El poeta chaqueño Jesús Urzagasti (1941-2013)
Evidentemente, toda disciplina hereda siempre las represiones de su tradición. No se puede ser tan ingenuo como para hacer de la idílica libertad el ideal máximo, mientras hay algo más difícil de lograr: más desafiante es saber ser artista en cualquiera que sea el campo que nos desempeñemos. Ésta la definición de artista de Bergson: aquel que convierte las imposibilidades en medios; transforma los obstáculos en peldaños; aprende a seguir las reglas para trascenderlas. La creación es la única resistencia posible. Consciente de ello, Deleuze introdujo procedimientos creativos al interior de la filosofía, formando una ontología que combinaba elementos de la metafísica tradicional con otros de corrientes minoritarias (inmanencia de Duns de Scotto, duración de Bergson, modos y atributos de Spinoza…). A fuerza de ser creativo, Deleuze supo salir de la filosofía haciendo filosofía. No necesitó, como otros filósofos,  escribir novelas, obras de teatro, o componer canciones. Su proyecto de vida siempre consistió en abrirle ventanas a la filosofía, “una palabra, una musiquilla, una historia, una línea, llaves en el viento para que mi mente huya, y proporcionar a mis cerrados pensamientos una corriente de aire fresco…”[1].

Lecturas
Leer a Deleuze es lo más parecido a darle con el palo a una piñata llena de juguetes y colorido, pero que trae consigo también algunos monstruos y ecos de profundidades inquietantes. Él logra que la filosofía se codee más afablemente con la literatura, la farmacología, la lingüística, el teatro, el cine… Con él la lectura es más que nunca un juego de guiños y de postas, nos presenta a un autor que nos lleva a otro y a otro: Henry Miller, Virginia Wolf, Artaud, Kafka, Becquett, Godard, Melville, D.H. Lawrence… Sin embargo, no se trata de mezclar por mezclar. Tiene razón Tomás Abraham cuando hace notar que ésta filosofía no es la invitación a un “carnaval de confites”, no es un asunto lúdico, Deleuze construye un pensamiento riguroso, que impone concentración, dedicación, lectura atenta. Pensar no es entretenimiento. El filósofo no es aquel que está en búsqueda de la verdad. La verdad, para Deleuze, sólo tenía sentido en el tiempo y sobre el tiempo, y sólo si su búsqueda “es la aventura propia de lo involuntario”. Decía que el pensamiento no es nada sin algo que fuerce a pensar, sin algo que lo violente. “Mucho más importante que el pensamiento es lo que da a pensar. Mucho más importante que el filósofo, el poeta”, escribe en Proust y los signos. Quizá lo diga porque al filósofo le ha costado mucho más que al poeta darse cuenta de que él no es el punto de partida del pensamiento, ni siquiera su condición excluyente.

Leer a Jesús Urzagasti, poeta de los poetas, me permitió comprender mejor esta cuestión, que trata desde Tirinea (1969), su primera novela. Por algo más que el gusto por los heterónimos y el discurso indirecto, los estudiosos sugirieron que el pensamiento de Deleuze era la versión filosófica de la poesía de Fernando Pessoa, o viceversa, sin embargo, presentimos que la obra narrativa y poética de Jesús Urzagasti lo convierte en amigo mucho más cercano (ya volveremos a ello).

En Mil Mesetas, Deleuze y Guattari escriben: “Escribir quizás sea sacar a la luz ese agenciamiento del inconsciente, seleccionar las voces susurrantes, convocar las tribus y los idiomas secretos de los que extraigo lo que llamo Yo. Yo es una consigna. […] Mi discurso directo sigue siendo el discurso indirecto libre que me atraviesa de parte a parte y que viene de otros mundos o de otros planetas” (p. 89). Y en Qué es la filosofía complementaron: “¿Quién es Yo? Siempre es una tercera persona” (p. 66), haciendo resonar el eco de Rimbaud (Yo soy Otro)[2]. Ni el pensamiento ni la escritura dependen de un Yo, ni de un núcleo centrado. Deleuze definió a la filosofía como creadora de conceptos, rescata así la especificidad de su labor. En rigor, tres son las tareas que le confiere a la filosofía: 1) Trazar un plano, 2) Inventar un personaje, 3) Crear un concepto.  Cuando dice, según la cita, que hay que “seleccionar las voces susurrantes, convocar las tribus y los idiomas secretos del interior”, apunta a la confección de una filosofía novelada, sin sujeto, pues introduce a los personajes en la filosofía. Deleuze los llama personajes conceptuales, son los que describen el plano de inmanencia del autor, ponen en juego los problemas que trabaja, inspiran la creación de conceptos originales. Ej: El tribunal de la razón en la Crítica de Kant erige al Juez como personaje conceptual, es el mismo papel que juega Sócrates para Platón, el Idiota para Nicolás de Cusa, Zarathustra para Nietzsche, Don Juan para Kierkiegaard, o Proletario y Burgués para Marx. “El personaje conceptual no es el representante del filósofo, es incluso su contrario: el filósofo no es más que el envoltorio de su personaje conceptual principal y de todos los demás, que son sus intercesores, los sujetos verdaderos de su filosofía. Los personajes conceptuales son los heterónimos del filósofo, y el nombre del filósofo, el mero seudónimo de sus personajes”. (p. 65). Así es como se puede entender que el filósofo siempre escriba en tercera persona.

La búsqueda de salidas para Deleuze era también una cuestión de salud. Nuestro filósofo padecía una tuberculosis grave, que en más de una ocasión lo mandó al hospital. Deleuze aprendió con su enfermedad que la salud diagrama la radiografía mental de un pensamiento. En 1968, poco después de terminar Diferencia y repetición, fue atendido de emergencia, y poco faltó para que ese ataque cerrara su vida. Tomás Abraham sugiere que la posterior creación del esquizoanálisis, en colaboración con Félix Guattari, fue un intento por hacer del pensamiento una cuestión de salidas para sus ametrallados pulmones: “Podría decirse que el interés de un pensamiento filosófico es el modo en que trabaja y transforma sus defectos, sus debilidades, sus llagas y vergüenzas, y sus límites. […] El mismo Deleuze es un excelso trabajador de sus defectos y carencias, de su falta de aire, de su tuberculosis mal curada, de su tos asfixiante, es un pensador de ventanas, de líneas de fuga, de esquizoanálisis, de paseos, gritos y espejos rotos, de aire, y más ventilación, de afueras”[3].

Es también desde ese afuera que se encuentran nuevas claves para leer a Deleuze. Él decía que no son filósofos los funcionarios que se conforman con comentar y repetir lo que los grandes filósofos han escrito en otros tiempos. Invitaba a que se considere el tiempo de la filosofía más que la historia de la filosofía. Postuló el tiempo de la filosofía como un grandioso tiempo de coexistencia, que no obedece a las leyes de sucesión ordinaria; los filósofos del pasado serían como estrellas muertas en el firmamento cuya luz está más viva que nunca. De ahí que leer a un filósofo es relacionarse con algo vivo, y la lectura no puede ser condicionada por criterios de clasificación repetitivos, debe renovarse. Así, Deleuze confeccionó su filosofía según una operación similar a la que pone en marcha Jesús Urzagasti en De la ventana al parque, donde el narrador hace las veces de intermediario entre sus amigos muertos que no estuvieron destinados a no conocerse en vida, por la disparidad de sus mundos. Deleuze nos dice que los filósofos, aun muertos, resplandecen como puntos luminosos, y nuestra lectura tiene la tarea de conectarlos. Urzagasti escribe: “En lugar de llorar, los muertos cantan; no el canto alegre y bullanguero de los que irresponsablemente transitan por las calles del mundo. Se trata de un canto sumamente responsable, hecho de sombras luminosas y sin una pizca de alcohol, por lo tanto sin melancolía”. (p. 12).  

 De modo que Deleuze canta con aquellos que, desde la tumba, hacen sentir el estruendo de su vitalidad inmanente. Algunos de ellos ni siquiera cruzaron un saludo en vida, como es el caso de Spinoza y Nietzsche, o de Bergson y Hume, y sin embargo en la filosofía deleuziana se convierten en amigos, son sus personajes conceptuales. Deleuze se multiplica, reivindica en todo momento la despersonalización del pensamiento. Toda la capacidad de instaurar un plano, inventar personajes y crear conceptos, ha tenido la intención de contestar una pregunta central en su proyecto: ¿Cómo devenir-imperceptible? Sueña con hacerse imperceptible. Quizá estas palabras de Henry Miller en Trópicos de capricornio lo expresen cabalmente: “El ojo, liberado del Yo, ya no revela ni elimina nada, se desplaza a lo largo de la línea del horizonte, viajero ignorante y eterno… He quebrado el muro que crea el nacimiento y el trazado de mi viaje es curvo y cerrado, sin ruptura… Mi cuerpo entero debe devenir un rayo perpetuo de luz cada vez más intenso… Aprieto mis oídos y mis labios. Antes que vuelva a ser hombre, probablemente existiré como parque…”. (Citado por Deleuze en Diálogos). Existir como parque antes que volver a ser hombre…, los orientales podrían entenderlo como una experiencia de iluminación, Buda bajo el árbol…

Epílogo
Habiéndose retirado de la docencia en 1987, y aquejado por su tuberculosis agravada, un sábado de 1995 se supo que Deleuze había saltado al vacío desde la ventana de su apartamento de la Avenida Niel, en el distrito XVII de la capital francesa. A los pocos días fue enterrado en la pequeña aldea del Limusín (región situada en el centro de Francia), una zona en la que le gustaba pasar habitualmente sus vacaciones. Las exequias se realizaron dentro de la más estricta intimidad. Siempre afirmativo, alegre, experimentador, padeció un exceso de vida, tuvo una vida demasiado grande para su debilitado cuerpo. Él mismo había dicho respecto de la salud frágil de Spinoza y Nietzsche: “los organismos mueren, pero no la vida. No hay obra que no deje a la vida una salida, que no señale un camino entre los adoquines. Todo cuanto he escrito –al menos así lo espero– ha sido vitalista”. (Conversaciones, p. 99).

No se hicieron esperar las voces sarcásticas, que encontraron en el suicidio de Deleuze una contradicción respecto de toda su obra vitalista. Era hilarante, un filósofo que reivindica la vida y termina suicidándose, ¿de qué sirve leerlo? Así me lo dijo una vez Alison Speeding, y se me quedó grabado. Me parecía una visión muy triste. Años después, las lecturas me guiaron en silencio hacia la respuesta. Deleuze ya había escrito éstas palabras premonitorias:

“El rostro y el cuerpo de los filósofos albergan a esos personajes que les confieren a menudo un aspecto extraño, sobre todo en la mirada, como si otra persona viera a través de sus ojos. Las anécdotas vitales cuentan la relación de un personaje conceptual con los animales, las plantas o las piedras, relación según la cual el propio filósofo se convierte en algo inesperado, y adquiere una amplitud trágica y cómica que no tendría por sí solo. Nosotros los filósofos, gracias a nuestros personajes, nos convertimos siempre en otra cosa, y renacemos parque público o jardín zoológico” (QEF, p. 75).

Mientras la mayoría vive en las tinieblas de la espera, confiando en que el día de la cita con la muerte sea lo más tarde posible, los seres que han aprendido a mirarla de frente, a fuerza de su vitalidad desbordante, saben bien cuándo se deben bajar los telones y dejar que la música dirija. (Se cuenta de un maestro Zen que habiendo comprendido que sería su último día de vida, se levantó del lecho de enfermo y caminó por sí solo hasta un lugar donde cavó su zanja para lanzarse en ella). Entonces recordé: Existir como parque antes que volver a ser hombre… A esto se refería Deleuze, devenir-imperceptible, abrir la última ventana… Mi corazón saltaba de gozo. En la manera superficial de observar los sucesos siempre se creerá que Deleuze se quitó la vida, pero sólo los poetas saben que su salto fue un acto de absoluta sobriedad. Aquel sábado supo que se terminaba el gran libro de su vida, y entonces tuvo un gesto que Jesús Urzagasti ha sabido retratar al concluir su tercera novela, De la ventana al parque, con estas líneas: “Está bien, mejor no puede estar –dije al encerrarme en mi habitación muchísimos días con mis amigos muertos. Pero ha llegado la hora de abrir todas las ventanas para echarlos a andar por las calles de la ciudad de La Paz. Ahora que brincaron hacia el gran parque latinoamericano, en lugar de cerrar las ventanas, salto yo mismo –con mis sesenta páginas bajo el brazo…”.  (pp. 123-124). Es la sensación dichosa del haber cumplido, llegar a la cima y entregar triunfante el “yo”, un torrente de gratitud lo desborda, ha sido maravilloso, ¿qué más podía pedir?, a Gilles Deleuze sólo le restaba saltar de la ventana al parque, acompañado de sus personajes conceptuales. ¡El gran sueño se ha cumplido!


* Este artículo fue publicado en el Número 120 de la Revista boliviana NUEVA CRÓNICA Y BUEN GOBIERNO. Visiten: www.nuevacronica.com donde se encuentran todos los números disponibles en pdf.



[1] Bob Dylan, Escritos y dibujos, pp. 222-225.
[2] También como parte de este mismo linaje, Urzagasti escribe en Tirinea: “Yo soy el templo de mi voz, pero mi voz apenas es mía y viene precedida por la voz de tantos que han muerto sin haber nacido”. (Primera edición, p. 120).
[3] Tomás Abraham, “Batallas éticas”, pp. 8-9. 

viernes, 3 de mayo de 2013

ABOUT GRACIE COMBATIVES





A great set of dvd's. I don't speak a very fluent english, cause I don't practice to much, living here in Bolivia, but today we're gonna try to flow. So, this is a great material, built by Rener and his brother Ryron Gracie. The two of them show the path to self defense, training the reflexes to be able to respond to an umpredictable situation. They actually say that this program "Gracie Combatives", will give the practicionners the level of certificate blue belts. The thing is that they want to diminish the time of training, make quicker the learning process, acording to the actual expectations of life, and keep it efficient of course. Amaizing!



Filosofía: ¿Cómo piensa un experto en Gracie jiu jitsu? Ryron tiene algunos puntos importantes que remarcar en este video, titulado "El malentendido universal", donde trata de cambiar la perspectiva con la que se juzga un combate de jiu jitsu. Dice que cuando llegas a una posición, lo primero que debes hacer no es intentar progresar en la posición; por ejemplo, cuando caes en la guardia de tu compañero, no intentes de inmediato comenzar a pasarla; lo que Ryron dice es que necesitas mantenerte a la espera de que él intente "rasparte" o finalizarte, y es entonces cuando empezarás a observar dónde deja abiertas oportunidades para que lo pases. Es decir, él habla de que primero es vital situarse en un punto en el que el otro no puede finalizarte, y solo después, estando bien seguro, estable, consciente de lo que pasa, empezar a buscar tus propios movimientos de ataque. En cambio, si el oponente espera y tú comienzas inmediatamente a tratar de pasar la guardia, estará a la espera de que cometas un error, o dejes algo, y correrás mayores riesgos de ser finalizado o perder la posición. 

La clave, en el jiu jitsu avanzado, es atacar cuando el oponente no está a la espera de nuestro ataque. No debes intentar hacer cosas que el otro espera; cuando él está en la guardia, lo primero que hace es asegurarse de que no puedas pasarle la guardia, de modo que se cerrará con todas sus fuerzas, y atacará tus movimientos. Ryron promueve una mentalidad defensiva, espera, dice. No hagas nada, manténte en un lugar seguro, postura baja, codos bien pegados al cuerpo, manos en los bíceps o la cintura del otro... Y entonces será él quien deba ponerse activo e intentar usar su guardia ofensivamente. Ahora, es mucho más probable que puedas encontrar aperturas cuando está moviéndose e intentando progresar que cuando está a la espera de tus movidas. 

Todo esto que dice Ryron proviene de una destilación ya muy avanzada del jiu jitsu que les enseñó a él y sus hermanos su padre, el maestro Rorion Gracie. Keep it playfull, suelen decir tanto Ryron como su hermano Rener; ambos son unos maestros, y cada vez que los escucho percibo las cualidades de una mente que analiza minuciosamente, de manera científica, las posibilidades y las variaciones de cada posición. Ryron insiste en que el brazilian jiu jitsu es, en esencia, un arte de sobrevivencia. Te permite tener una chance segura de salir bien parado contra alguien más fuerte, más grande, que goza de mayores probabilidades, en los papeles, de vencerte. Entonces, Ryron dice que no pelea a vencer a su oponente lo antes posible, sino que lo vencerá logrando cansarse más lentamente que su oponente. 

Rener puntualiza que los principios del jiu jitsu son la mentalidad de sobrevivencia; la economización de la energía, el uso eficiente; y los movimientos naturales del cuerpo. En este video comenta el concepto de switch: rener gracie y otro enfoque. Rener habla con intensidad, la visión de la Academia Gracie es la de priorizar la defensa personal. Debes poder enfrentarte a un browler en la calle. También es bueno que sepas jiu jitsu deportivo, pero lo primero que debes aprender es el enfoque de defensa personal del jiu jitsu; ellos piensan que lo que se aprende primero es más difícil de olvidarse. Invierte primero en tu formación para lidiar con situaciones imprevistas en la calle, dice Rener. "Nuestra meta no es crear estudiantes dedicados. Nuestra meta es crear Helio Gracie: cientistas del jiu jitsu. Personas que teniendo entendimiento de los principios corporales, y los ejercicios correctos, puedan hacer su propio jiu jitsu. Ryron lo pone de esta manera: sólo te estamos enseñando 50%. Nosotros te enseñamos lo mejor, pero el filtro eres tú, y eres tú el responsable de que funcione para ti perfectamente, de tu progreso. Nosotros te daremos ideas de como estimular la revolución del jiu jitsu, y tú vas a hacer la revolución con nuestra ayuda. Hay toda una sección en la Universidad Gracie dedicada a la filosofía; la filosofía es como la gasolina para el automóvil. Tienes que tener alguien jalando la revolución hacia adelante. Y ellos son los estudiantes". 


Esto es clave, porque se trata de un principio fundacional en la filosofía Gracie. Debes estar consciente de cuáles son tus puntos de apoyo en cada posición, en medio del movimiento, y de cuáles son los puntos de apoyo de tu adversario. Un ataque se planea poniendo la propia fuerza de palanca de tu cuerpo en dirección hacia el lado en el que el adversario ya no puede apoyarse. Por ello siempre se habla de tratar de romper su posición, sacarlo de su balance, y entonces enfocar tu fuerza hacia ahí. 



En la serie de dvd's elaborada por Rener Gracie y su hermano Ryron, se observa una asombrosa capacidad para desmenuzar los detalles que intervienen en la eficiencia de una técnica. He visto algo de los seminarios de Rickson Gracie, también videos de Stephan Kesting, en los que aprendí mucho, pero esto va mucho más allá. Tanto Rener como Ryron se comprometen a brindar lo mejor de su capacidad de análisis en cada técnica.



Gracie combatives 1

Rener Gracie haciendo sparring con las manos atadas

Ryron on twitter

Rener on twitter

jueves, 2 de mayo de 2013

DIVINO MANDATO


Por: Jorge Luna Ortuño

Cuando terminas de escribir tu libro, pintar tu cuadro o visitar a aquella persona que te llamaba en las noches llenas de silencio, entonces el universo se termina de equilibrar maravillosamente en algún punto lejano. Esto no es para que nadie se crea poseedor de una falsa importancia, o sirva de pretexto para la egolatría, al contrario, es una simple verdad que quiere decir que has cumplido con tu tarea encomendada. La existencia espera siempre que hagas lo que debes hacer. Es posible a veces que te lo recuerde cuando el paisaje de un atardecer se ilumina de manera distinta, o son tus ojos los que lo iluminan junto al zumbido del micro que acaba de pasar  en la sombra de tus recuerdos. 



martes, 30 de abril de 2013

A JESÚS URZAGASTI


Por: Jorge Luna Ortuño

No volveremos nunca de ese país
 al que todavía no hemos ido.
Nos quedaremos allí
 como rehenes nocturnos del verano 
y sólo al alba reconoceremos
 la belleza de sus habitantes
 con la mirada del amor”.

Jesús Urzagasti, “Correspondencias”.

Comencé a leerlo una mañana soleada del 2009 en un rincón de Sopocachi (La Paz). Tirinea (1969), su primera novela, se me apareció entonces como un juego de columpios en el parque, eran idas y venidas, me hacía respirar la humedad de la tierra y luego me arrojaba hacia arriba, donde sentía que las puntas de mis pies casi tocaban el cielo. Tomé los vasos de agua que me correspondían y semanas después lo conocí en persona. ¿Cuántas veces se tiene la dicha de conversar con el autor de los libros admirados? Aquella vez tuve ese privilegio, que se multiplicó por cinco, pues comenzó también una amistad única con su adorable familia. Curioso que su morada se encontrara a sólo tres cuadras de la mía, y que en tantos años de trajinar por esos rumbos ni siquiera lo haya sospechado.
Escribo tratando de ignorar el hecho lamentable, pero se cuela en la hoja el muy pillo. ¿Quién iba a saber que el 2013 sería el año? Jesús Urzagasti también tomó los vasos de agua que necesitaba, y cubierto de su sombrero chaqueño, el pasado sábado 27 de abril inició el gran viaje a los campos donde los vivos no tienen cabida. Me tinka que no dubitó ni un segundo ante tal invitación.
Ahora otros paisajes más fulgurosos y transparentes le esperan a nuestro amigo. Siendo fieles a su inconmovible confianza en los designios de la vida, debe asumirse que todo sucedió como correspondía. Se fue en el momento que tenía que irse. Como el mismo escribía en Tirinea: “de todo puede uno librarse, hasta de escribir lo que estoy escribiendo, pero ¡guarda con alargar el camino que nos separa la muerte!” (pp. 53-54).
Por supuesto que todos aquellos que lo queríamos y disfrutábamos de su compañía llena de risas y una asombrosa sabiduría, derramaremos lágrimas saladas en la visita de los recuerdos, y quizás hasta roguemos  a los dioses ocultos que nos devuelvan al menos un día para tomarnos una botella de vino con nuestro amigo, el poeta que hacía danzar los rincones de una memoria lejana y recóndita de Bolivia. 
En nuestra manera humana, demasiado humana, de observar los sucesos, calificaremos todavía durante un tiempo el día de su partida como nefasto, dada la reciente impresión. Sin embargo, nos reconfortará siempre saber que vivió la vida que quería vivir, y se fue con una sonrisa de esas que únicamente conquistan aquellos que se conducen con incorruptible autenticidad hasta el último soplo.
Sabemos que Jesús Urzagasti nació en la provincia Gran Chaco en 1941, y fue hijo de Alberto Urzagasti y María Aguilera. Al mismo tiempo, presentimos que tuvo más de un nacimiento, y que un día afortunado un rayo azul lo puso en contacto con fuerzas añejas que lo colocaron en un plano en el que aprendió a habitar con imperturbable serenidad. Desde ese momento supo que seres como él están destinados a vivir en poblada soledad, donde tejen su morada llena de gratitudes a la tierra. Encantado, siguió la vía que frecuentan los poetas, y fue ese el medio que eligió para acercarse a las puertas invisibles sin nombre. La muerte no le despoja de nada, al contrario, él vuelve con todo al país del silencio y sin haber abierto el pico. Recuérdese que él mismo había escrito El último domingo de un caminante, tal vez porque sabía que estaba escrito el día en que se  devolvería su cuerpo a la tierra prodigiosa.
Conversar con él era siempre una cuestión de sintonía. No le gustaba lo forzado, menos aun lo rebuscado. Las palabras debían ser directas, como peces que se ahogan en los baldes marinos y es menester lanzarlos pronto de vuelta a los océanos. ¡Cómo habrá sido de fulgurante su voz que la noticia de su partida caló hasta en los pechos de los seres más ajenos a su mundo!
Una de las cosas que más me gustaba era oírlo leer uno de sus poemas, en especial algunos que publicó en su libro Frondas nocturnas (2009); recuerdo su voz profunda, serena, su forma musical de leer, acompasando la respiración con un ritmo que sin duda extraía del mismo texto. Un consuelo, principalmente para los que no lo escucharon, es que existen en la web videos en los que aparece leyendo algunos poemas inéditos. (En el canal “urzacreatives” en Youtube).
Para todos los que saben amar el mundo cuando leen un libro, siempre existirá la posibilidad del reencuentro con Jesús Urzagasti. La muerte nos priva de su presencia física, pero no de estar con él. ¿Qué otra cosa es leer a nuestros maestros si no es conectar de manera inalámbrica la afinidad de nuestros espíritus, más allá del tiempo y las distancias? Por ello sabemos que el muchacho picarón de Palmar no se fue, ni siquiera se lo ha perdido. Simplemente inicia un tiempo en el que habrá que comunicarse de diferente manera con las bellas imágenes que atesora del mundo. Desde que apareciera su tercera novela De la ventana al parque, sabemos que sus aventuras en el más allá no nos estarán vedadas, solamente hará falta mirar con amor y escribir el libro.
Hasta la llegada de éste sábado definitorio, Jesús Urzagasti siempre se ocupó de sus asuntos y trató de no molestar a nadie. Gozaba del calor de su familia que alegró un gran tramo de su vida, y de las visitas ocasionales de sus amigos, que aderezaban los trabajos en los que se había internado. Pero todavía demasiado adormecidos en la rememoración infinita y erudita del difunto Jaime Sáenz, los literatos y las instituciones locales poco se ocuparon de Jesús Urzagasti en La Paz, peor aún en el resto del país, algo que pasa casi en todos lados, pues el ser humano parece admirar con más afán a los héroes que se han ido o se encuentran lejos, y olvidarse de los que tiene en casa alumbrando todavía con su existencia clandestina y silenciosa. No le hacía falta reconocimiento, pero sí hubiera sido justa mayor gratitud. Sin embargo, la calidad de su obra lo llevó con todo derecho a tener el privilegio de pasearse el año pasado en gira literaria por siete ciudades italianas en compañía de su amada esposa Sulma; en la ocasión presentó su libro El árbol de la tribu (2012), gracias a los esfuerzos de la editorial Sinopia de Venecia, a cargo de Claudio Cinti, otro ser humano formidable. Jesús lo aceptó con alegría, el poeta lo agradecía pero no lo necesitaba, era lo que era, un halago, un gesto, un homenaje, el más importante que se le haya hecho en vida, y tuvo que ser fuera de nuestro país.
“Algún día estaré frente a lo desconocido, tendré en mis manos lo que mi memoria se empeña en ocultar; ese día perderé para siempre el nombre con el que me identifica el mundo, el famoso nombre que tiene la virtud de separarme de lo que soy. Sé muy bien que soy un animal perdido en la noche y por lo tanto un nombre más, un sonido más. Cuando suceda lo que espero seré el mundo y no estaré lejos de nada”. (p. 83)
Cuando escribió estas líneas en Tirinea, Jesús tenía 25 años, toda la sobriedad y madurez del poeta ya estaban ahí, de modo que dedicó el resto de su vida a escribir un solo gran libro. Habiendo vivido en plenitud, finalmente sucedió lo que esperaba, pasó un camión en la tranquilidad de la noche y él se hizo poema, ahora canta la tierra mientras su árbol más querido se transforma en una lluvia. 


"Dichosas palabras" de Jesús Urzagasti

Encuentro con Urzagasti en el Instituto Ital-latino americano

Palabras sobre su despedida

sábado, 27 de abril de 2013

Saludo a mi amigo y maestro Jesús Urzagasti

Acaso reencontrarme con este pequeño pasaje de poema sea mi primera forma de confrontarme con la noticia de su partida. Hoy en las primeras horas de la mañana me enteré de que inició el gran viaje. Pocos como él estaban tan preparados. No sé si es cierto aquello de la reencarnación, no tengo religión alguna en la cual depositar mis proyecciones. Solo se que un alma tan buena como la suya debe volver de una u otra forma, teniendo tanto que compartir, tanta sabiduría que destilar en las mentes y los corazones de los jóvenes sin rumbo, de las almas perdidas y de los cantores dichosos que salen de la tierra. Desde luego que no se ha ido, en lo que a mí respecta simplemente ingresa a otro nivel de presencia. Siempre lo tuve en lo más alto, a lado de mis grandes maestros, los que encontré en los libros y en la vida. La generosidad de una mañana en santa cruz, vía el poeta Nervol, hizo que lo conociera, y sólo por ese hecho este poeta tiene mi agradecimiento eterno. Lo llamé para presentarme, y gracias al pasaje que había abierto el poeta tuve la alegría de que acepte recibirme. Esporádicamente lo visitaba, hablábamos de literatura, de fútbol, de lugares, de relaciones, de la vida. Las horas se pasaban como agua entre los dedos. El tiempo selló todo, la complicidad misteriosa de nuestros espíritus, esa que aparece en la amistad, nos unió como tales, no sólo con él, también con la tribu de los caminantes que alegraron cada uno de sus días, Sulma, Carmen, Pibi... Lo mágico era que a él podía leerlo, y en ocasiones conversar, y hablar sobre lo que había leído. Nadie me enseñó más del oficio de vivir y de escribir. Volverá como una lluvia cualquier momento, mientras persiste en mi memoria la imagen de nuestro último encuentro hace un mes, disfrutando del vino, y escuchándolo mientras pensaba que existen tantas cosas en el mundo en las que no tengo el cuidado de reparar, y de pronto son más tibias y azules cuando se observan a través de sus ojos transparentes.



La lluvia - Jesús Urzagasti (fragmento)



"La lluvia es para mí lo que yo soy para el mundo. Con eso está dicho todo. Pero ahora llueve en algún patio, en algún camino, en algún cementerio donde los muertos abandonaron sus tumbas para cobijarse bajo los árboles. Llueve para los que murieron en una tibia tarde de primavera. No llueve para los que murieron escuchando el rumor de su propia muerte, porque para ellos ya llovió en mi corazón cuando quise alabar la transparencia y el color azul de las montañas…"

lunes, 22 de abril de 2013

LECTURA, VIDA Y FILOSOFÍA





Jorge Luna Ortuño - Filósofo

 El mundo de los libros es un mundo maravilloso, demasiado extenso para el tiempo de una vida. Y dentro de la gran biblioteca humana, la filosofía como área temática ocupa un importante espacio que será el legado de la especie en los siglos por venir. Pero no es la existencia de una impresionante cantidad de libros de lectura obligada lo que nos plantea un gran problema a los seres humanos; es decir, no es lo primero tener que lamentarse al darse cuenta que habrá un montón de ellos que desconoceremos, que será imposible leerlo todo. Pues lo más difícil, lo que realmente hace inimaginable el tiempo que necesitaríamos es el hecho de que las prácticas de lectura se renuevan constantemente, generación tras generación.

Hace poco leí en Internet que la firma japonesa Neurowear creó un auricular inteligente, llamado “Mico”, que permite controlar la lista de reproducción musical en función del análisis del estado de ánimo de la persona que lo tiene puesto. El equipo consta de unos cascos de música convencionales en los que va situado un sensor situado en la frente, y que es capaz de detectar las ondas cerebrales. (www.alt1040.com). Cito esto porque algo similar se podría dar con la lectura: imaginen que en el futuro aparecerán unos I-pods o tablets sensibles, conectados por unos cátodos a nuestros cerebros, que nos permitirán leer libros digitales, pero ofreciéndonos una versión variable del texto según el estado de ánimo en que nos encontremos. No es algo tan descabellado. Después de todo, ya sea cuando observamos un hecho, hablamos de una persona, apreciamos un cuadro, escuchamos una canción o leemos un libro, siempre tenemos la capacidad de teñirlos del color que corresponde a nuestro propio estado de ánimo, a nuestros conocimientos, a nuestra actitud, a nuestra buena o mala digestión y otros cien factores.   

De modo que la apabullante cantidad de libros existentes, sumada al  inagotable material disponible en Internet, no es nada cuando nos damos cuenta que ni siquiera es suficiente con leer una sola vez cada libro, puesto que existe una pluralidad de formas de leer cada uno de ellos, y además éstas se renuevan. Muchas veces decir que un libro no sirve es una equivocación, más correcto es decir que no te ha servido a ti en un momento puntual, según los recursos de lectura con los que contabas, el desarrollo de tu ser como persona y el estado de ánimo en el que te encontrabas. Más importante aún –algo que se aprende en filosofía– es que no se puede pedir al libro que nos interese; no existe relación verdadera con el libro si antes no viene cada uno con preguntas e intereses propios, en búsqueda de algo, aunque sea el simple hecho de querer sentirse acompañado.

Esto nos lleva a ver algo que se omite cuando se habla de leer. Es muy común escuchar en diversas esferas de nuestra sociedad que se necesita fomentar más “el hábito de la lectura”. Pero casi nadie en nuestra sociedad se anima a precisar qué tipos de prácticas de lectura deben fomentarse, según qué concepto de la lectura e idea de lector(a). Año tras año se organizan ferias del libro, se abren librerías, se expande la piratería de libros universitarios, de autoayuda y organización empresarial; de hecho, actualmente en Bolivia se especula sobre la aprobación en el Senado de la Ley del Libro y de la Lectura Óscar Alfaro. Al respecto, Pablo Groux, ministro de culturas, sostiene que un objetivo de la ley es “ofrecer a la ciudadanía una mayor accesibilidad a los libros, con precios más baratos y mayor acceso a bibliotecas públicas, las cuales se crearán en cada municipio”. (La Razón, Bolivia 26-03-2013). Aunque suene positivo, nos parece que ésta política de incentivo se mueve en base a una comprensión estándar, muy pobre y desactualizada del acto de leer en el mundo que vivimos. No es una cuestión de precios ni de falta de bibliotecas lo que facilita el acceso a los libros, puesto que existen libros de todos los precios y escasos son los ciudadanos que van a leer a una biblioteca otra cosa que no sea el periódico. Lo que realmente puede fomentar las relaciones con los libros, y el acceso a los textos, es cambiar nuestra manera de concebir el acto mismo de la lectura.

Hasta aquí hemos planteado brevemente un problema, y ese problema exige que se piense el término lectura como un concepto. Brindaremos un ejemplo para mostrar hacia donde vamos.

Tomemos el artículo publicado en el diario El País, Madrid, por Javier Goma Lanzón (Suplemento Babelia, 14-03-2013) que titula “¿Dónde está la gran filosofía?”.  El autor defiende la tesis de que en los últimos 30 años, la filosofía contemporánea habría desertado de su misión de proponer un ideal y un relato totalizador a la sociedad de su tiempo, y por ello estaría en deuda. Además enfatiza que la filosofía siempre existió para proveer ideales intemporales y universales, una especie de objetivos morales que inspiren a los ciudadanos, que les dicten normas sobre cómo deberían ser. Pero ¿acaso es esa la tarea de la filosofía?  En una carta al director, (publicada el 23-03-2013), el lector Violant Barquet le objeta al autor que “los ideales no se proponen, ya existen”. Nosotros sumaríamos además que las diferentes formas de religión organizada ya se encargan de proponer ideales (paraíso terrenal, p.e.), y que ésta visión corresponde a la propuesta del gran Platón –tierra de cultivo de la teología cristiana– pero que no se puede hacer de ella una generalización para toda la filosofía. Siguiendo con la carta de Violant, él agrega que “la tarea de la filosofía, desde su origen hasta nuestros días, fue y debería seguir siendo la de poner en duda, es decir, cuestionarse lo que se da por hecho”.

La pregunta fácil sería ¿quién tiene la razón? Pero plantearlo carece de interés. Cierto es que nos sentimos más cercanos a los criterios de Violant Barquet, pero no porque él posea la razón, simplemente por una mayor afinidad en la forma de leer los textos filosóficos. Goma Lanzón termina así su artículo: “Si la filosofía quiere recuperarse como gran filosofía, debe hallar el modo de proponer un ideal cívico para el hombre democrático…”.  No compartimos esta idea porque, en nuestra práctica de lectura, no esperamos de una filosofía que nos provea de respuestas ya masticadas y digeridas –antes todo lo contrario. Lo que el autor del  artículo mencionado propone es completamente legítimo, y no hay lugar para la discusión, simplemente se trata de diferentes acentuaciones en la lectura. Es evidente que éste señor ha leído bastante, o al menos tiene un conocimiento amplio de la bibliografía filosófica moderna y contemporánea. Pero lo que él busca en los textos de la historia de la filosofía es probablemente algo que encontraría mejor en manuales de vida, tratados de moral. Hegel nos ha dejado un relato totalizador quijotesco, pero de difícil lectura, ¿cuántos lo llegan a leer? ¿Y cuánto ha influido positivamente en la historia? Kant construyó su obra como una maquinaria perfecta, nos proveyó del imperativo categórico, ¿dónde más se puede llegar en filosofía en temas de moral? Nietzsche planteó la inversión de todos los valores, nada le hubiera resultado más repugnante que hacer de sus libros unos recetarios normativos.

Por otra parte, la manera que tiene Javier Goma de etiquetar a los filósofos corresponde a las que se dan en los manuales de filosofía, los cuales tienen su propio código de lectura, más abarcador, revisionista y divulgador. Él cita decenas de libros y autores contemporáneos de manera erudita, sólo para despacharlos como insuficientes o ajenos a su idea de “gran filosofía”. Hay que entender cuál es el problema que plantea: su problema es que la ciudadanía se encuentra carente de modelos, certezas, bases bien fundadas sobre cómo vivir hoy en día de una manera superior, y le reclama a la filosofía contemporánea la responsabilidad de establecerlas. Para nosotros el problema que interesa es otro. Sólo para ubicarse en un plano, es bueno poder identificar según qué tipo de lectura plantea lo que plantea; nos parece una lectura más propia del comentarista y recopilador de textos. No es ni mala ni buena, simplemente es una práctica de lectura posible. La cuestión es que esa práctica de lectura, que no sabemos si es plenamente consciente, le marca también topes y límites a su manera de aprovecharse de la filosofía.

He aquí la gran diferencia. Para nosotros no se trata de cuánto puedes esperar de un libro de filosofía, sino de cuán preparado estás para saber aprovecharte de éste. Antes que la lectura, el lector. ¿Dónde lee? ¿Cómo lee? ¿Para qué lee? Jean Marie Goulemont señala que “el lector, en su relación con el texto, se define por una fisiología, una historia y una biblioteca”. (En su ensayo: “La lectura como producción de sentido”). Siempre que leemos estamos relacionando lo leído con nuestra biblioteca leída (sea grande o chica), con nuestro pasado, con nuestras vivencias, y nuestro entorno. Todo lo que tenemos es nuestra memoria y nuestra imaginación, por eso es importante leer, para enriquecerlos cada vez más, de modo que la siguiente lectura sea más productiva, más comprensiva, más placentera. Para nosotros el problema es otro, porque nos damos cuenta de que los grandes filósofos que admiramos, todos ellos, escribieron según los problemas de sus sociedades y según las condiciones de lectura de esas épocas. La forma de leer ha cambiado radicalmente en los últimos 30 años, sería tonto negarlo. Entonces el problema es ¿cuáles son las prácticas de lectura idóneas para el aprovechamiento de los textos filosóficos en la actualidad?

Hace ya un tiempo que se popularizan los institutos que enseñan métodos para leer más rápido (“lectura veloz”, “lectura inteligente”), pero están enfocados principalmente a textos de no ficción. ¿De qué serviría en filosofía leer más palabras en un minuto si no se comprende? Ahora, comprender es algo que depende mucho más de las condiciones del lector que de la prosa del escritor, del sentido que éste ha querido darle al texto o de la forma que lo ha hecho. Y hoy en día los textos multimedia, el uso de los blogs, las aplicaciones móviles para leer libros digitales en tablets o I-phones, todo ello implica una revolución en las maneras de leer, en la forma de captar pensamientos. El libro de Gordon Dryden y Jeannette Vos, La revolución del aprendizaje, es de lectura indispensable para ponerse al tanto.

Por otro lado, todo nuestro trabajo está enfocado en relacionar la filosofía con la práctica. Creemos que ya no funciona aquella definición que la considera sólo reflexiva, o contemplativa. En todos los ámbitos de la vida se demanda mayor reflexión, ya sea en torno a la crisis de la Iglesia Católica, del fútbol nacional, de la política, del Estado, de la economía mundial. Y en todos lados se murmura lo mismo: “debemos reflexionar sobre los temas de fondo”, “hay que reflexionar acerca de la estructura misma”, “hay que llegar a la esencia de las cosas”… ¿Cómo es que se sigue considerando inútil a la filosofía? Pero su utilidad no viene de que sea reflexiva. Nadie necesita de la filosofía para reflexionar sobre su campo, pero si se sale de su campo y busca en la filosofía puede ampliar sus maneras de aproximarse al problema, de plantearlo, de rayar sus vértices. Para nosotros la filosofía no enseña ideales, en cambio enseña a leer. Y no es poca cosa, pues la manera en que usted lee una situación, un problema, un partido, un libro, un cuadro, una relación, etc., puede cambiar la manera en que usted piensa, vive, aprende, trabaja, enseña y actúa. El filósofo no es un sabio, pero es justo esperar de la filosofía una mayor comprensión de las cosas, del funcionamiento del mundo, de las relaciones de poder, de la construcción de uno mismo…

Para nosotros leer, antes que buscar significados, es "hacer algo" con el texto, ponerlo en acción en otra parte, y no existe una sola lectura erudita ni profesional que pueda reclamarse como la “verdadera”. Nuestras formas de experimentar el estar-en-el-mundo cambian, y nuestra experiencia del libro también. Así, leer es como analizar un combate de boxeo: Cus D`Amatto y Mike Tyson visionando cintas de boxeo históricas: Dempsey, Louis, Frazier, Alí, Foreman… Y viendo esas cintas con el propósito de tomar algo para incorporarlo a su propio arsenal, construir su estilo. Esa es una práctica activa de lectura. Lo mismo se puede hacer cuando se entra en el fabuloso mundo de la filosofía. ¡Tanto para extraer! Lo único que se necesita es tener cada uno su propio plan en marcha, una dirección a la que tiende espiritual y profesionalmente, y entonces se sabrá mejor qué es lo que hay que buscar, dónde pulir y dónde potenciar. Antes que un “hábito”, la lectura es un “placer” de vida.


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éste artículo publicado en La Razón, Tendencias