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martes, 1 de mayo de 2012

EL FÚTBOL Y LAS LÍNEAS DE LA VIDA


El mítico equipo de Brasil tricampeón mundial en México 70

 ¿En qué se parece el fútbol a Dios? En su libro Fútbol a sol y sombra, Eduardo Galeano responde: “en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”. Recuerden a Borges, que en un acto de extrema indiferencia dictó una conferencia sobre la inmortalidad el mismo día y a la misma hora en que debutaba la selección argentina en el Mundial de 1978. No sorprende que una gran mayoría de eruditos y de intelectuales no se haya sentido atraída por la magia del fútbol, pues es un juego que está animado por fuerzas misteriosas, que no se pueden captar desde la reflexión.  En todo caso, sería como fumarse un buen pucho: los que viven el fútbol con pasión lo saborean, los que lo reflexionan se quedan con las cenizas. Fútbol=pasión, estado de ánimo, danza de emociones, sentimiento, en fin, una manera de vivir. Jorge Valdano escribe: “Sin el auxilio de los intelectuales, el fútbol creó su propio lenguaje, de modo que uno puede oír, sin escandalizarse, que un jugador saca un corner corto con pierna cambiada. Si no les gusta, se lo merecen por habernos dejado solos durante tanto tiempo”.[1] Pero luego inmediatamente uno tiene que corregirse y exclamar ¡que tontería!, ¿cómo no se interesaron antes los intelectuales si en una cancha de fútbol están puestas a la luz todas las claves para entender cuestiones como el fortalecimiento de las identidades, el sentido de pertenencia, el orgullo comunitario, y hasta del choque entre lo local y lo global?

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El fútbol y el pensamiento evocan más espacios en común de los que se cree. En Cuentos de los años felices, Osvaldo Soriano reivindica esa habilidad de “pensar con los pies” que el fútbol nos ha enseñado. Futbolistas-artistas como Garrincha, Pelé, Cruyff, Maradona, Zidane, Ronaldinho y ahora Messi, llevaron y llevan al fútbol a otro umbral, nos hacen saber que pensar con los pies es algo que está inscrito en la potencia del hombre: dentro del campo de juego, el pie reclama y ejerce una autonomía para pensar en medio de problemas urgentes que no dejan tiempo para consultar al lejano cerebro. (Habría que citar a Valdano al infinito). Es por eso que un gran futbolista puede llegar a actuar a partir de dos y hasta tres formas de pensar, según sea con la cabeza, con el corazón, o con los pies. En una entrevista con Ariel Sacher, Valdano cita unas reflexiones del músico ruso Igor Stravisnski: “No hay que menospreciar a los dedos, son grandes inspiradores y, en contacto con un instrumento musical, con frecuencia sacan a la luz ideas inconscientes que de otro modo nunca habrían llegado a nacer”.[2] Zidane hacía saltar ideas cuando sus pies se juntaban con la bola, y lo mismo se aplica a un escritor cuando se confronta con la máquina de escribir para dar vida a ideas que no hubieran aparecido de otra manera. Escribir, jugar, meditar, hacerse un bote vacío. Garrincha, el futbolista taoísta, jugaba en estado de meditación, era un perfecto vacío indescifrable, sin preferencias, marcarlo era tarea quijotesca pues no era él el que trepaba en zig-zag con la bola por la banda derecha sembrando rivales; más bien era algo que pasaba a través de él, eran sus piernas chuecas eligiendo los caminos, su cintura eligiendo la torsión, y su cuerpo todo mandando por sí solo las señales mentirosas. Se cuenta que en una ocasión le preguntaron cómo hacía para gambetear de esa forma a las defensas, y él respondió sin agitarse: “ellos se descuidan y yo paso”. “Mané” Garrincha, encarnación de la gambeta, estafador elegante, aviso de una elección que nunca llega; el jugador-imperceptible por excelencia, siempre en fuga, siempre por fuera, indescifrable, inclasificable, clandestino del fútbol.

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Los tres mosqueteros del Barza
 En una cancha de fútbol están rayadas todas las líneas que componen una vida. (Scott Fitzgerald dice en sus novelas que son tres). En el fútbol se distinguen por lo menos tres tipos de líneas que se mezclan con las líneas de vida. La primera es una línea dura, rígida, donde mandan las formas;, es institucional, avanza paralela a la cultura, a lo establecido, es superficial. Habiéndose priorizado el fútbol como una cuestión de negocio, se llegó a que el juego termine mutilado por la victoria-a-toda-costa, y que el orden esquemático se imponga por sobre la creatividad.  (Italia 90 fue un mal viaje, Alemania 2006 también). Eduardo Galeano escribe: “la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria ha ido desterrando la belleza de la alegría que nace de jugar porque sí”.[3] He aquí la primera línea, que traza todo un recorrido histórico desde A hasta B: crecimiento del fútbol en términos de organización, expansión global, rentabilidad, etc. En esta línea de la vida se avanza en años, en fama, en acumulación de riquezas...

Luego existe por debajo una segunda línea que es flexible, subterránea, y nos remite a movimientos, deslizamientos, fuerzas que nos impulsan o que al contrario nos pueden hacer caer en crisis, en agujeros negros. Para el fútbol, es una línea en la que se marcan los saltos, las caídas, los progresos imperceptibles, las innovaciones de estilo, las fuerzas que animan a un equipo y otras cuestiones inconmensurables: creatividad, velocidad mental, coraje, espíritu, música interna... Del 3-5-2 al 4-4-2, así lo marca el Mundial de EEUU 94. 

Pero muy pocos equipos juegan en esta línea. El emblema de lo pobre es la selección de Italia, la última campeona del mundo, una tecnócrata del orden, impulsora del catenaccio, adicta al 0-0, a la pobreza del juego, y una gran perdedora por dentro. Pasa igual que en la literatura: un tipo puede escribir libros que sean best sellers, pero sin que eso signifique que sea un verdadero escritor; su éxito se enmarca sólo dentro de la primera línea. Y en la historia del fútbol muchos equipos best sellers han triunfado en desmedro del fútbol. Ángel Cappa, director técnico argentino, dice que el mayor fracaso futbolístico es el de Grecia en la Eurocopa del 2004 –que fue campeona con una mediocridad espantosa–; por el contrario, uno de los mayores éxitos fue el equipo de Holanda de Cruyff, aunque no haya ganado nunca una Copa del Mundo. ¿Mundo al revés? No, percepción fina, Cappa habla de esa segunda línea que no se ve en la superficie. En ella el crecimiento es vertical, se valora ya no en años, sino en madurez, en simpleza, en oficio de vida, en “sabiduría que se lleva en la piel". El FC Barcelona es el club que más ha crecido en esta línea en las últimas décadas. Como decía Pep Guardiola en sus días de técnico del Barza: "Johan Cruyff pintó la capilla, él simplemente es un restaurador". 

Y todavía habría una tercera línea mucho más extraña e imperceptible. En el mundo del fútbol se habla de ella cuando se dice que “jugar es recrear un mundo al margen del real”; pero ojo, no se entienda este mundo recreado como una ficción o una fantasía, sino como otro plano de vida con su propio coeficiente de realidad; esta tercera línea hay que crearla, se traza a medida que se avanza, mientras se vive, mientras se juega. Aunque esté amenazada por la extinción, todavía es motivo de debate en el presente, y surge de vez en cuando gracias a tipos como Marcelo Bielsa, a jugadores como Messi, y a equipos como el Brasil del 70, o el del 82. Toda una contracultura dentro del fútbol. En esta línea todo es imprevisible, no hay modo de señalizarle un camino. A fuerza de genio y humor Garrincha la dejó trazada con fuego; Maradona le rayó otra ruta en un campo cuando le hizo el segundo gol a Inglaterra en el 86. Ronaldinho la continuó a su manera con su fútbol alegre e irreverente. Línea de de jogo bonito, línea quebrada, que se tiene que prolongar, pero no de la misma manera, sino de acuerdo a los tiempos que se viven. Por eso es tonto reclamarle a Brasil que juegue hoy igual que hace 40 años. (Esto no le resta responsabilidades a Dunga).

En fin, tres líneas que también se pueden distinguir en el fútbol, y todavía mucho más que aprender si se suelta la pluma y se salta a la cancha.


¿Continuará? Esperamos sus comentarios.


Jorge Luna Ortuño




[1] Jorge Valdano, en el prólogo al libro Cuentos de fútbol. Tomo 2.
[2] Ariel Sacher, La pasión según Valdano. Reportaje al fútbol.
[3] Eduardo Galeano, El fútbol a sol y sombra y otros escritos, p. 6.

viernes, 20 de abril de 2012

POR UN BARCELONA QUE JUEGUE UN PARTIDO A NO TENER LA PELOTA



Análisis breve CHELSEA (1) vs BARCELONA (0): ¿Es posible mutilar al fútbol y ganar un partido? Sí, es posible, cuando el Chelsea juega partidos grandes siempre es posible. En la conferencia Guardiola ha dicho que no quiere buscar muchas explicaciones, perdieron simplemente porque una estrategia legítima se impuso sobre otra. Es miserable el Chelsea, pero al menos le ha puesto algo de suspenso a la eliminatoria. En este mundo, el que gana parece tener la razón, pero en cuestión de estilos, el Barza obligó a que Chelsea jugara como un equipo de barrio, contra su arco 90 minutos, casi sin tocar la bola, y sólo el gol de Drogba y los palos los salvan de una crítica que hubiera sido ácida en los periódicos de Inglaterra si se daba otro resultado. Al Barza le faltó malicia a veces, y le sobró retórica en otras, como hace notar EL PAÍS de Madrid, en la edición del día siguiente. Lo que se ha demostrado una vez más (Maurinho lo entendió hace 3 años) es que para ganarle al Barza debes siempre deshacer la forma de jugar de tu equipo y hacerlo otro, un Frankestein, un acorazado, un equipo de rugby... deportivo pellotihue...



Pero hay cosas que molestan en el Barza. Guardiola dice que si el resultado se definiera por la posesión del balón, ellos ganarían todos los partidos. El toque refinado, la técnica depurada que pasa por los mismos centrales, la rotación continua, la circulación, la permanente ocupación de las bandas, la distribución en el campo, el estado de ánimo de su juego, todos esos elementos que Diego La Torre hace notar espléndidamente en su labor como comentarista en Fox Sports, siempre nos hacen sentirnos un poco más cerca, por sensibilidad y gusto, hacia el Barcelona. Lo que molesta es que esta temporada se haya hecho del Barza más un equipo de medio campo. La llegada de Fábregas, la lesión de Villa, el bajón de Pedro, todos esos elementos han contribuido a que Messi sea el goleador disparado del equipo, de una manera casi desproporcionada. En el Madrid por lo menos Cristiano Ronaldo tiene más actores de reparto en cuestión de poderío ofensivo (Bencema, Di María, Higuaín...), mientras que los azulgranas dependen excesivamente de la pulga. 

Tanto es así que el pasado miércoles, en Champions, se notó a Messi algo soso, no tan metido en el partido, con menos motivación de mostrarse y ponerse encima al equipo, por lo menos en gran parte del primer tiempo, exceptuando por un par de galopadas a puro corazón esquivando cinco rivales del Chelsea, que sólo fueron frenadas con el último recurso de la falta; este desenchufe de su nivel habitual le costó al Barza, porque la última puntada sólo quedaba para Alexis, o para otro, pero los caminos estaban cerrados por la estrategia de los blues respecto de Messi. De ese modo, el Barcelona perdió una porción importante de su característica, la cual consiste en ser indiscernible. El Barza es como una manta elástica, cambia de colores, se pliega y repliega sobre sí misma en todos los sectores del campo, cada elemento del tablero está apto para que no se corte la corriente, el flujo entre partes, y en conjunto es más parecido a una orquesta tocando el concierto para violín de Tchaikowsky; lo interesante en todo esto es que cada jugador es también en sí mismo indiscernible, aparecen por lugares por donde no se los puede clasificar: Xavi mete un pase entrelíneas lo mismo para Messi que para Adriano o Keita y viceversa; Busquets marca pero también arma y podría pasar de 10, Messi recupera balones como si fuera un número 8, Dani Alves es un cometa por la derecha, pero puede lo mismo centrar un balón que estar en el área esperando la recepción, e Iniesta, el comodín, dispara, maneja las pausas, gira, no se sabe si es un punta izquierdo o un medio de enganche, si es un volante de contención o está para apoyar coberturas, o si es un segundo delantero. Sin embargo, dada la última versión del Barza, las rutas se han visto más fáciles de predecir, los flujos se cortan con algo más de previsibilidad, pues fuera de Messi es muy raro que otro termine la jugada con disparo al arco.




Lo que desentona un poco, y quita poderío ofensivo, es que se pongan juntos a Xavi, Busquets, Xavi y Fábregas. Es demasiado medio, demasiado toque y conversación con la pelota, y por no dejar a ninguno en la banca, el Barza pierde en polenta, en capacidad goleadora. Aguijón adormecido. La responsabilidad de tirar a arco, de acelerar en las últimas revoluciones de una movida es de Messi, y casi siempre ha respondido. Lo cierto es que en este momento, en este presente, Barcelona es al menos un 50% menos de todo lo superpoderoso que aparenta si Messi no está en cancha; nunca antes en la era Guardiola se había dependido tanto de Messi, los actores de reparto como Larksson, Etó, Villa, cada uno en su momento, ahora no están.  

Otro punto a considerar: No tiene sentido que Dani Alves llegue hasta línea de fondo para meter un centro que no puede llegar a nadie, puesto que el único por el medio es Fábregas. Se trata de un libreto desgastado, considerando además la altura de los defensores del Chelsea. Nos da la sensación de que, en materia de cambios, Guardiola se aplazó en el partido de ida de las semifinales de la Champions. Es cierto que al Pep poco hay para reprocharle en toda su estadía en el Barza, este partido sería uno de esos casos raros en los que uno puede encontrar puntos negros claros en su contrapropuesta. Pedro por Sánchez no fue una idea feliz, máxime considerando la poca insolencia de un Pedro que no está con la confianza para encarar todavía; ¿y qué sería de Tello?; Cuenca entró al final, cuando sus desbordes ya no encontraban a un centro-delantero neto y ser perdían en las espesas aguas azules del área chica. 

Da la sensación también de que al Barza le ha cobrado factura el cansancio físico y mental. No se puede forzar la máquina al máximo durante un tiempo muy largo, y pausas es lo que rara vez ha encontrado el equipo en esta parte decisiva de la temporada. La Liga BUVA le ha puesto un coeficiente de presión en los hombros, avanzando siempre a la saga del Madrid, situación no acostumbrada, y jugando con la navaja en el cuello en las eliminatorias de la Champions, tal como lo demanda el nivel de este torneo de élite. Todavía no entendemos por qué Guardiola no le da descanso a Messi ni siquiera en los últimos pasajes de los partidos que ya tiene definidos. ¿Se tratará de un pedido del argentino por estar siempre en cancha para mantenerse al tope? 

¿Sería acaso una buena estrategia para el Barza que se pararan más cerca de su arco y le obligaran al Chelsea a hacer algo con la pelota? Si realizaran el pressing mucho más abajo, ¿obligarían al Chelsea a hacer algo que no quieren hacer? Si el otro equipo no quiere tocar la bola, y tú asumes una actitud de no querer quitársela, ¿le planteas una contraresistencia? 

La semana que viene presenciaremos cómo se define un nuevo capítulo del choque de dos estilos tan lejanos que evoca el choque entre Barcelona y Chelsea. Espera la cerveza, la charla con los amigos y quizás un pique a lo macho de por medio. 


Jorge Luna Ortuño


ENLACE RELACIONADO:


En palabras de Guardiola


miércoles, 18 de abril de 2012

DESOBEDIENCIA CIVIL PARA INTERVENIR CONTRA LA INJUSTICIA




 Indaguemos brevemente en dos conceptos, el de intervención y el de desobediencia civil. No se trata de una cuestión lúdica, al revés, es el constante estado de conflicto que vive el país el que debe forzarnos a pensarlo. La idea es trabajarlos en conjunto para hacer la pregunta: ¿cómo se puede hacer en pleno siglo XXI para que la desobediencia civil sea un arma efectiva de intervención del campo social boliviano?


Intervenir es ejecutar una acción, individual o colectiva, que produzca efectos reales, que perturbe, que reordene, logrando así renovar el campo de posibilidades de una situación.

Desobediencia civil es una idea postulada por el filósofo naturalista Henry David Thoreau (1817-1862) en su famoso ensayo del mismo nombre, escrito después de que lo encarcelaran por haberse negado a pagar los impuestos; la razón es que se oponía a las leyes de Massachusetts que promovían la persecución de esclavos y la guerra a México. El resultado es un ensayo poderoso, lleno de fuego y de paz interior, al punto que su lectura hace retumbar la voz resuelta de un hombre pacífico que ha transformado sus ideas en un hacha envuelta en llamas. Verdadero alimento para leones…

A lo largo de la historia la resistencia contra la injusticia ha adquirido muchas formas, las Guerras Civiles, la Revolución Francesa, el movimiento en Cuba, Mayo del 68, nuestro Octubre Negro…, con millones de ciudadanos saltando a las calles en defensa de sus derechos. Aquí las movilizaciones son prácticamente una cuestión cultural –parte del exotismo de vivir en Bolivia– casi una forma de empleo para algunos sectores. Pero cabe preguntarse ¿cuántos en ésta historia han sabido defender esos derechos con la integridad y visión de Henry David Thoreau? Pocos, muy pocos. Antes sólo Jesús de Nazareth, con aquella sentencia que invita a ofrecer la otra mejilla a aquel que fue agresor. Thoreau le declaró una guerra silenciosa al Estado, aunque estaba dispuesto a servirse de él a su manera, una vez que sus grotescas medidas le habían hecho perder todo el respeto que le merecía. 


Desobediencia civil es un concepto que pertenece a un linaje minoritario dentro del pensamiento, pero a Thoreau no le importaban las minorías ni las mayorías, pues nunca ha sido el número de simpatizantes de una idea el criterio para medir la veracidad de la misma. Sólo le importaba la labor del hombre consecuente con su hombría, es decir con su honor; y del individuo consecuente con su individualidad, “porque no importa lo pequeño que parezca el comienzo: lo que se hace bien una vez, está hecho para siempre”.

El notable político hindú Mohandas Gandhi (1869-1948) –que tomó la antorcha encendida por Thoreau y la aplicó en su lucha por liberar a la India del imperio británico–, solía decir: “no importa que un solo hombre tenga una idea verdadera, ese hombre ya es una mayoría”. En la India esto se conoce como el satyagraha, que significa “tener firmeza en la verdad”, promueve una actitud de lucha no-violenta contra la injusticia. Gandhi aplicó la desobediencia civil en conjunción con el ahimsa, que es la doctrina de la no-violencia. Es un error creer que Gandhi promovió la resistencia pasiva, como algunos entienden, puesto que toda movilización con capacidad para intervenir un campo social demanda una resistencia activa y provocativa. No-violencia no significa pasividad. La idea básica era la desobediencia, Gandhi lo entendió, no se podía chocar frontalmente contra un enemigo poderoso, pero era posible, al menos, no-cooperarle. La experiencia que tuvo a Gandhi al frente es el mejor ejemplo de cómo se puede hacer de la desobediencia civil una fuerza con poder de intervención. 
La intervención consiste en mostrarse firmes en lo que es justo, induciendo en ocasiones al Estado a que cometa errores de juicio, abusos de poder, medidas descalificables, y estar dispuestos a sufrirlas. ¿No residió aquí la fuerza de la XVII Marcha por el TIPNIS, después de aquella deplorable intervención de la policía? En aikido nunca se agrede, simplemente se encauza la fuerza del agresor en contra de sí mismo para restaurar el cauce natural de las energías. En política debería atenderse más a esta filosofía de la resistencia.  










Pero no sirve de nada ganar una batalla que nos ha obligado a incurrir en las mismas medidas deplorables de los subyugadores. “Antes que el respeto por la ley se encuentra el respeto por lo que es correcto”. Jesús mismo nos ha enseñado a no obedecer las leyes que contrarían nuestro corazón. 

El hombre no es una arcilla, nos es una fuerza bruta ni una máquina del Estado; el hombre debe servir al Estado, pero no sólo con su cuerpo, sino principalmente con su consciencia, y por ello, dada la naturaleza monopolizante del Estado democrático, la mayor parte del tiempo deberá resistirle. Thoreau escribe con algunos gritos. “Cuando un Estado es injusto ningún hombre podrá asociarse con él sin humillarse al mismo tiempo”. “Todos los hombres aceptan el derecho a la revolución, o sea, el derecho a negar lealtad y a resistir al gobierno cuando su tiranía o su ineficacia son grandes e intolerables. Pero casi todos dicen que éste aún no es el caso”. Que no vacile el espíritu, que estén atentos los ojos y templada la inteligencia cuando llegue el momento de actuar como se hizo con dos figuras repudiables: Gonzalo Sánchez de Lozada y Sánchez Versain. Es en la resistencia que un hombre se conoce a sí mismo. Ninguna revolución verdadera puede ser administrada por un Estado. ésta debe partir de los hombres que resisten con su consciencia. Es cierto, no venimos al mundo para hacer  revoluciones, sino para vivir de la mejor manera posible dentro de lo que existe, pero cuídese cada uno de no propagar lo negativo con su pasividad. 
La clase media ha sido educada para rendir honores a la seguridad. Un hombre de terno y corbata bien puede atravesar la plaza principal por sobre las víctimas que ha dejado una movilización social, teniendo el cuidado de no ensuciar sus zapatos, todo con tal de llegar a tiempo a marcar tarjeta en su trabajo. Thoreau es contundente: “Aquellos que, mientras desaprueban el carácter y las medidas de un gobierno, le prestan su lealtad y su apoyo, son indudablemente sus partidarios más conscientes y, por lo tanto, a menudo se convierten en los más serios obstáculos para realizar reformas. Algunos piden al Estado que disuelva la Unión, que desatienda las solicitudes del presidente. ¿Por qué, entonces, no la disuelven ellos mismos -la unión entre ellos mismos y el Estado- y se niegan a pagar sus impuestos al tesoro? ¿Acaso no están ellos en la misma relación con el Estado que el Estado con la Unión? ¿Y acaso las razones que impiden al Estado resistir la Unión no son las mismas que les impiden resistir al Estado?”
¿No es esta relación hipócrita la que tienen la mayoría de los bolivianos con el Estado Plurinacional? Marcelo Quiroga no se equivocaba al identificar la dejadez y el conformismo de una clase social como un tema decisivo. No es solamente la clase media, a muy poca gente le interesa resistir a la injusticia con consciencia, a no ser que toque sus propios intereses. Ya es hora de desobedecer colectivamente. Dejar de financiar a un gobierno que no logra asegurarnos las mínimas condiciones para vivir como la gente en este país. El campesino, el obrero, el cura, el micrero, el ropavejero, el médico, el profesor, el policía, están todos cortados por la misma cuchilla, a la hora de resistir patinan en la misma ciénaga, son todos seres tumultuosos y egoístas, que anteponen el bien personal o de clase por sobre el bien común. 

Camilla Vallejo, bella mujer de fuerte espíritu
Ayer, lunes 16 de abril, en las movilizaciones de los sectores de salud en Santa Cruz de la Sierra (BOL), enfrentados con  los grupos de choque del MAS, una mujer de mediana edad recibió una terrible pedrada que le fracturó el cráneo y la nariz. Ni un mes ha pasado de la famosa Semana Santa, de la moral hipócrita en un país que se dice mayoritariamente católico. ¿Acaso resistir no es más que animarse a tirar la primera piedra? 


Consigue un poco de paz mental y armonía interior, y no esperes que el gobierno te procure esos elementos centrales para la vida.  Surfea, escucha un tema de Bob Marley, controla tu respuesta hacia el estímulo externo, ponle un poco más de amor al cemento de tus decisiones, amor, amor Ché.

Jorge Luna Ortuño



lunes, 16 de abril de 2012

BRUCE LEE Y GILLES DELEUZE, UNA SECRETA AMISTAD


 
BRUCE LEE

 Amistad tripartita

En un pasaje de una de sus novelas más elogiadas, mi amigo el escritor chaqueño Jesús Urzagasti escribe: “Los muertos que no se conocieron en vida, traban amistad en el más allá, pero sus aventuras no están vedadas. Y en buena hora. Mis amigos muertos proceden de mundos dispares, algunos de ellos ni siquiera cruzaron un saludo y en la mayoría de los casos el uno no supo de la existencia del otro. […] Sin embargo, los muertos que están destinados a no conocerse en vida, delegan el papel de intermediarios a un montón de personas. Una del montón soy yo”. [1]

Tengo dos amigos que son parte de la tribu que me habita, de las fuerzas que me animan y de las voces que hablan en mi escritura. Uno vivió en Francia casi toda su vida, el otro estuvo mixturando su percepción entre la rigidez de las tradiciones chinas y la pragmática visión de vida que tienen los norteamericanos. Uno en la filosofía occidental, el otro en las artes marciales orientales, cada uno le habrío ventanas de liberación a su campo, hasta llegar al punto de que sus creaciones trazaran poderosas líneas de fuga y renovación para sus artes. 
Filosofía y artes marciales. Aunque vivieron en la misma época, y es casi seguro que no se conocieron (ninguno de los dos nombra al otro en sus escritos), ni tampoco pudieron leerse mutuamente, pues mientras uno comenzaba a hacerse más notorio, allá por el 72 con El AntiEdipo, el otro moría un año después en circunstancias misteriosas, haciendo de Operación Dragón una película póstuma. Pero su afinidad ya había comenzado a partir de un filósofo que los afectó por igual: ambos fueron fervientes lectores de Baruch Espinoza. (Cabe apuntar que la filosofía oriental siempre le interesó a Gilles Deleuze, basta con darle una leída a Lógica del sentido, y que Bruce Lee estudió filosofía en la Universidad de San Francisco, aunque no terminó la carrera).

GILLES DELEUZE
 Hoy por hoy los dos se han ido, muchas de las bellas imágenes que tenían del mundo se fueron con ellos, pero muchas otras nos fueron legadas a través de sus libros, de sus estudiantes y amigos y de algunas raras entrevistas que quedaron grabadas. Se fueron, por lo menos en lo que atañe a su forma orgánica, pero en realidad se quedaron, porque no han dejado de trazarle sus rutas de salida a la vida ahí donde está comprimida, aprisionada por las formas, los sistemas, las líneas segmentarias, los sujetos o las rutinas. Nada que interpretar, ambos son una provocación para que desencadenemos experimentaciones con nosotros mismos. 

Sus nombres propios designan  mucho más que la historia o la biografía de un personaje; más bien son la cifra de una multiplicidad de encuentros y devenires que siguen pasando a través de ellos. Ellos son Bruce Lee y Gilles Deleuze, y las aventuras que han debido tenerlos por protagonistas en el más allá no nos han sido vedadas, en buena hora, y si es que por algún capricho aún no hubieran podido juntarse, en este caso es el que escribe una de esas personas privilegiadas que a través del mundo de los conceptos se conoció con ambos e intuyó desde el principio que hubieran sido grandes amigos. Soy por tanto en esta ocasión uno entre el montón que puede hacer las funciones de intermediario para hilar lo que no ha alcanzó a tejerse en vida. Esta es, ante todo, una cuestión de amistad y de agradecimiento.

El mejor libro que existe para comprender la filosofía del Jeet Kune Do, la creación de Bruce Lee

 El cuerpo
¿De qué servirían las artes marciales y la filosofía si no fueran un vehículo a través del cual el ser humano pudiera expresarse honesta e integralmente a sí mismo? Bruce decía las cosas simple. Ahí donde Deleuze dice “aprendan a hacerse un cuerpo sin órganos”, Bruce dice: “vacía tu copa”. (A parte de Antonin Artaud, el taoísmo es la referencia de ambos). Y vaciar tu copa significa que no puedes expresarte realmente a ti mismo hasta que no te hayas deshecho de tus certezas, de lo que ya sabes, de tus prejuicios, de los conceptos que tienes y a través de los cuales quieres hacer encajar el flujo puro de la vida. Un escritor, un pintor, un filósofo, no se enfrentan con una página ni con un lienzo en blanco, pues incluso ellos mismos están ya rayados de antemano por una serie de líneas que los amarran y de las cuales tienen que liberarse. Hay una organización de su organismo que tienen que hacer saltar antes de que lo nuevo pueda brotar. “¿Cómo hacer para escribir si no es sobre lo que no se sabe, o lo que se sabe mal? Es acerca de esto, necesariamente, que imaginamos tener algo que decir. Sólo escribimos en la extremidad de nuestro saber, en ese punto extremo que separa nuestro saber y nuestra ignorancia, y que hace pasar el uno dentro de la otra”.[2]

Bruce practicando una patada de intercepción
Pero está bien, son ideas, son ideas mi amigo, no perdamos mucho tiempo en eso. No te concentres demasiado en el dedo o te perderás toda la gloriosa majestuosidad de la luna hacia la que está apuntando. El pensamiento tiene que ser algo muy práctico, porque está al servicio de la vida, nunca al revés. Respecto del cuerpo, Baruch Spinoza hace una poderosa afirmación en contra el dualismo cartesiano: “nadie sabe de lo que es capaz el cuerpo”. (Jesús Urzagasti lo dice en forma más bella: "aunque tú no sepas, tu cuerpo sabe). ¿Cómo llevar este interés a las artes marciales? Bruce Lee lo pone así: antes que la preferencia por un estilo de combate u otro, antes que la adhesión a un sistema o a una doctrina, el ser humano comprometido con su propio desarrollo debe preocuparse por conocer qué es lo que puede su cuerpo, ¿de qué afectos es capaz, cuáles son sus poderes de ser afectado? 

GILLES-DELEUZE-RIZOMA
Bruce Lee retoma esta batalla contra el dualismo cuerpo-alma, y la lleva a la aplicación de una pedagogía en las artes marciales.“No enseño nada, sólo puedo ayudarte a explorarte a ti mismo”, aclara a sus estudiantes. Esto no consiste en preguntarse ¿quién soy yo?, sino en cuestiones funcionales: ¿qué funciona mejor para mí?, ¿qué puede mi cuerpo?, ¿qué está en la potencia de mi cuerpo? Helio Gracie se hace esta pregunta y modifica el jiu jitsu más rústico que habían aprendido sus hermanos de un japonéz. ¡Gracie Jiu Jitsu! Bruce escribe en un pasaje de sus miles de folios de apuntes acumulados –difundidos por John Little–: “La utilidad de una copa está en su vacío, y lo mismo puede decirse de un artista marcial que no tiene forma, y que en consecuencia carece de estilo, puesto que no tiene juicios preconcebidos respecto al combate, ni a favor ni en contra. En consecuencia él es fluido, adaptable, y capaz de trascender la dualidad y llegar a la totalidad última”.

La no-forma
Toda la lucha de Deleuze contra la trascendencia se llevó a la práctica en la vida de Bruce Lee: “experimenten, no descarten lo que no conocen, tomen de los otros sistemas lo que les sea útil, pero sin dejar que este sistema restringa su libre investigación”. 

 Deleuze hubiera dicho: AGENCIEN. Agenciar=extraer elementos de campos heterogéneos para hacerlos co-funcionar. Hacer rizoma. Parafraseando a Bob Dylan, el artista tiene que cuidarse de no creer nunca que ya ha llegado a un lugar, sino estar consciente de que está continuamente convirtiéndose en algo, becoming, estado de devenir, algo siempre inacabado, sin forma. Pero he aquí una distinción: no es lo mismo no tener forma que tener la no-forma. Devenir es lo segundo. “Aprende la forma, obedece la forma, y luego trasciende la forma”.[3] Tener un no-estilo, aprender a utilizar todos los caminos sin estar limitado por uno. No acumular ni evolucionar, mas bien devenir, involuir, hacerse más simple y económico. Estar siempre inacabado, como este texto que no se cierra aquí. 



Jorge Luna Ortuño

Enlaces de interés:


La filosofía del Dragón



[1] Jesús Urzagasti, De la ventana al parque, pp. 10-11.
[2] Gilles Deleuze en el Prefacio a Diferencia y repetición.
[3] Bruce Lee, El Tao del Jeet Kune Do.

SEMANA DE LA IGLESIA CATÓLICA PERO NO DEL ESPÍRITU



 
 Hace un par de semanas se publicó en La Razón (Animal Político - 25 de marzo) una amena columna escrita por Rubén Atahuichi, que hacía notar cómo los políticos y los curas se están pareciendo cada vez más, siempre legitimándose en nombre de alguien y haciendo juicios en nombre de ese alguien contra otro, da igual que ese alguien sea Dios, Estado, Pachamama, indígenas del TIPNIS o Madre Naturaleza. Desde luego, esto no debería molestarnos en demasía, puesto que se trata del modus operandi natural que hace a la esencia de ambos. Los políticos que gobiernan tienen necesidad de afectarnos de tristeza, de perpetuar falsos conflictos, pues la tristeza disminuye nuestra potencia, separa, debilita, dispersa, y además ¡qué peligrosa sería una población entera que fuera feliz y que pudiera casi prescindir del gobierno!; los sacerdotes a su vez necesitan persuadirnos de que la vida es dura y pesada, de que vivimos con culpa eterna, pues somos artículos que vienen fallados de fábrica, o de paraíso terrenal. Parafraseando a Virilio, los tiranos, los ladrones de almas, necesitan administrar y organizar nuestros pequeños terrores.

Pero volvamos al punto de inicio. En la citada columna se le reprocha a la iglesia por descuidar sus funciones y en cambio aprovechar el pulpito para intervenir políticamente. Es así que un importante número de la población prefiere obviar de intermediarios y mantener vía libre con el creador, o con la existencia, lo cual es perfectamente válido. Pero más allá de que en nuestro país las cabezas visibles de la Iglesia Católica sean devotos políticos con sotanas, el tema más acuciante es el pobre crecimiento espiritual que promueve la iglesia en general con las actividades rutinarias de su calendario, entre ellas, más notoriamente, las de Semana  Santa. 

Cardenal Julio Terrazas
Recuerdo que el año pasado en estas fechas el Papa Benedicto XVI atendió en vivo a las interrogantes que le hacían varios televidentes vía Twitter, pero en realidad no respondió nada, sino que, como buen sacerdote, se limitó a prolongar el misterio. Después de todo, ¿qué de nuevo nos han dicho él o los suyos respecto de la resurrección de Jesucristo en XXI siglos de tradición?

Toda la religión católica depende de una idea: de la resurrección de Cristo. Pero como varios místicos de la India ya han señalado, cuando se enfoca toda la grandeza de un testimonio en esa idea, lo que se pierde es la cualidad de la vida de Jesús. La Iglesia Católica hace mucha bulla en torno a la pasión y muerte de Jesús, y así se nota cada semana santa: de su muerte tienen mucho que decir, el día viernes está repleto de una serie de actividades, misas especiales, el show a parte del lavado de los pies, las procesiones a todas horas, el sermón de las siete palabras…, pero en cuanto a la resurrección parece que se les acaba el material, todo se limita a la celebración de la misa dominical. ¿Por qué no organizar una gran fiesta aquel domingo de resurrección? Una fiesta con música alegre, bombos y platillos, vino, jugos y pan, bailes, ayuda a centros de discapacitados… Después de todo, toda la estructura de la Iglesia Católica se sostiene sobre esta idea, sin resurrección no tendrían nada, dado que han renegado por completo de la carne y de la faceta humana de Jesús. Entonces, en ese día una serie de manifestaciones de alegría deberían llevarse a cabo, las mismas mujeres que dos días antes hicieron procesión vestidas como viudas deberían salir a desfilar ataviadas de sus vestidos más coloridos, las plazas deberían estar llenas de niños correteando en las cuatro esquinas, haciendo representaciones de la resurrección, de las apariciones de Jesús a sus discípulos, etc.

 Una película que reúne todas las limitaciones de visión que promueve la Iglesia Católica es aquella titulada La pasión de Cristo, dirigida por Mel Gibson, que se pone de moda en esos días. Cegado por su fanatismo, Gibson creyó que al darle énfasis a la parte sangrienta de la historia, mostrando sin reservas y con lujo de detalles la salvaje tortura que sufrió Jesús en sus últimas doce horas, podría lograr una visión que “fortaleciera la fe de los creyentes”. (ACI Prensa 2004). Pero en realidad, la filmación del suplicio de un hombre durante más de una hora y media hace que el verdadero suplicio sea el film. Se trata de un esfuerzo que no aporta nada en términos de comprensión de las Escrituras. Claro que, como se supo después, al entonces Papa Juan Pablo II le encantó, y sólo atino a murmurar: “así fue”. No es de extrañar, dado que la preeminencia que le da la película a la crucifixión es exactamente la posición de la Iglesia Católica. La pobreza de esta visión es que no enseña nada respecto de cómo lidiar con la muerte, en lugar de ello la convierte en el enemigo total de la existencia. Si Jesús mismo les dijo a sus discípulos “no teman a la muerte pues ella no es una puerta que se cierra sino una puerta que se abre”, por qué los sacerdotes promueven la permanencia de una visión tan pueril respecto de la muerte. 

 Nikos Kazantzaki en su novela La última tentación tiene mucho más que aportar. Jesús no quería que se hagan leyes ni se fijen escrituras rígidas en torno a sus palabras, ni que éstas sirvan para erigir nuevas autoridades, puesto que de esta manera se crucificaba al espíritu. Sin embargo, la operación de Mel Gibson es justamente la que privilegia la iglesia: ella se conforma con la semejanza. No le importa que el mensaje se mutile, basta que se asemeje, puesto que Jesús invitaba a practicar nuevos modos de vida, y no la repetición de unas creencias; puesto que Jesús no se conformaba con que las palabras se asemejaran al espíritu, sino que el espíritu realmente volara libre. ¿Cuántos cambiarían sus costumbres si vieran que al seguir unos ritos de manera autómata no hacen otra cosa que crucificar otra vez al espíritu? Digámoslo de una vez: No es un Jesús crucificado el que debería encontrarse en todas las iglesias, sino la imagen de Jesús resucitando de la cruz. 



Jorge Luna Ortuño




sábado, 14 de abril de 2012

EL CONCIERTO en una frase




Quería hacer una crítica sobre esta maravillosa película, y todo lo que quisiera decir se expresa en una frase: 



"Cuando el espíritu se desvanece aparece la forma" 
Charles Bukowski

miércoles, 11 de abril de 2012

PRIDE FC y el Gracie Jiu Jitsu


 
He leído algunos comentarios en la web donde se señala que el legendario torneo de artes marciales del Japón PRIDE FC fue creado prácticamente para ver pelear a Rickson Gracie con Nobuhiko Takada. Eventualmente, pese a que la idea surgiera ya en 1994, esta pelea tuvo lugar finalmente el año 1998, con revancha incluida meses después). Bueno, todos sabemos que Takada nunca dio la talla, y aunque presentó mayor oposición en su segundo enfrentamiento, simplemente fue demasiado timorato, mediocre a la hora de confrontar su pro-wrestling contra el gracie jiu jitsu. Sin embargo esta idea de que el enfrentamiento de ambos hubiera sido el catalizador no debe estar muy lejos de la realidad, toda vez que la audiencia japonesa quería ver a como de lugar que un japonez ajustara cuentas con Rickson Gracie, que se comió enteros a los peleadores de aquella tierra en las dos versiones del Japan Open Vale Tudo 94 y 95. 


Recordemos: Primero fue uno de los alumnos del legendario Kimura, que derrotó a un ya mayor Helio Gracie en décadas pasadas; después siguió en la lista Yamamoto, campeón de pro-wrestling peso pesado, luego otro Kimura que venía del shootfighting y finalmente el pequeño Nakai en la final, el cual pareció ser el más versado en sumisiones de sus oponentes. Rickson limpió la lona con ellos, ganándose, o quizás simplemente confirmando el enorme respeto que despertaba su figura en la tierra del sol naciente. 

Wanderley Silva fue durante largo tiempo el peso mediano más dominante del mundo de las artes marciales, y ha quedado impresoen nuestras memorias como un ícono del extinto Pride FC
 
Hoy en día el UFC tiene la hegemonía, pero no hay duda de que el mundo de las artes marciales extraña la calidad de aquellos torneos que reunían a los mejores peleadores del planeta. El formato en ring, los peleadores, las reglas diferentes a las de norteamérica (patadas al peleador en el suelo, golpes de rodilla permitidos en cualquier posición), los incentivos que se daban para que se desarrollara técnica en la pelea en el suelo, los rounds de 10 minutos..., y en general la atmósfera mucho más acorde con el aura de las artes marciales que la que nos hace respirar el aire plástico del UFC... son algunas de las razones. Fue nomas la mejor plataforma que se haya creado para el desarrollo de las MMA, un capítulo dorado. 

Uno de los primeros episodios de rivalidad en el Pride, el que sentó el tono de competitividad fue el de la familia Gracie contra los peleadores del prowrestling de la escuela de Takada, entre los que se contaban Matsui y la estrella en ascenso Kasuhi Sakuraba. En realidad la cuestión se dirimió entre Sakuraba vs todos los Gracies, menos Rickson, justamente aquel contra el que debería haber peleado primero. No entendemos en qué estaría pensando Royler Gracie cuando decidió que su segunda pelea en el torneo fuera contra Sakuraba, que lo aventajaba con algo así como 50 libras y que venía de finalizar al técnico Carlos Newton, al mismo Vernon White, a Conan Silveira, además de haber jugado con Vitor Belfort en una victoria aplastante. Con el único con el que Sakuraba tuvo problemas fue con el estudiante de Carlson Gracie, Alan Goes, quien le planteó una pelea fantástica, el mejor jiu jitsu que tuvo que enfrentar. 


Cuando veo la pelea de Royler con Sakuraba no puedo dejar de preguntarme cómo fue posible que su hermano Rickson, quizás el más cercano de sus hermanos, le dejara tomar esa pelea con tal diferencia de peso y de envergadura, contra un peleador mañoso que manejaba a la perfección el contra-juego del brazilian jiu jitsu y que además manejaba por su parte un decente arsenal de jiu jitsu. 

Sakuraba era sin duda el mejor de los peleadores que se había visto de esa tierra en varios años. (Algunos dicen que comparte ese honor con Funaki, a quien Rickson derrotaría después en Coloseum 2000). Mientras desde mediados de los  90 Rickson fue sometiendo fácilmente a los peleadores japoneses que se le pusieron en frente, Sakuraba hizo otro tanto con los peleadores brasileños en la segunda mitad de la misma década. Sin embargo, no se puede discutir que, a la larga, la calidad de oposición que enfrentó Sakuraba fue muy superior, y es casi inigualable. Por todo esto la decisión de Royler de tomar esa pelea era considerada en su momento un gran riesgo, varias cosas estaban en juego, su reputación como peleador, el record invicto de la familia Gracie en competiciones de Vale Tudo... Y Rickson, que en cuestión de negocios, es decir de elegir a sus oponentes y demandar un alto pago, siempre fue impecable y cuidadoso, quizá con cierta exageración, debía de haber prevenido a su hermano de que enfrentar a Sakuraba era un mal match-up para él. Después de todo, ¿qué esperaba hacerle a Sakuraba? ¿A qué carta estaba jugando, a finalizarlo con una de sus llaves al tobillo? (Royler después diría que su única expectativa era ver si Sakuraba tenía algo para sorprenderlo técnicamente, y que nunca esperaba ganar). Aquella noche durante la pelea se confirmó que Royler no tenía oportunidad, no había ninguna distancia en la que podía hacerle daño, ni siquiera teniéndolo dentro de su guardia mariposa, pues Sakuraba era muy pesado para él, sabía manejar su peso, se mantenía relajado y estaba lo suficientemente versado como para no regalarle una entrada. (Un gran problema de casi todos los Gracies, menos Rickson, es que desistían muy pronto de trabajar por arriba e iban a la guardia, espalda al suelo, para intentar trabajar desde ahí - pero con esto le resolvían ya un par de problemas a Sakuraba, y también a otros rivales). En el stand-up el arsenal de los Gracie, al menos del lado de los hijos de Helio, siempre fue muy básico, muy orientado a la defensa personal, y Royler evidenció este problema, realmente lució la unidimensionalidad del Gracie Jiu Jitsu en su enfoque al combate. (Renzo y Ryan lucían más completos, más golpeadores, aunque quizás algo menos efectivos técnicamente en el suelo). 


Los Gracies, con Rorion a la cabeza, siempre decían en las revistas y en sus videos de instrucción que 90% de los combates terminan en el suelo, pero se olvidaron que prácticamente el 100% comienzan de pie. Por si fuera poco, no eran especialmente buenos para derribar, y menos a un prowrestler; ahí es donde les faltaba mixturar su juego con patadas a las piernas, golpes de puño, rodillas, fintas, juego de pies, e intentos de takedown. En suma, aquella noche infame pudimos ver a Royler sobre sus espaldas hablándole constantemente a Sakuraba, impotente de llevarlo al suelo, comiéndose un racimo de low kicks a las piernas, e invitándolo a que pelearan en el suelo, casi como diciéndole "ey ven, qué haces, si la pelea de verdad recién comienza aquí". Pero como diría Steve Cuadros en la transmisión de aquel PRIDE, no se trata de pedir al oponente que entre en tu juego sino de hacer que entre en tu juego. 



Mientras Rickson miraba serenamente en el ringside, me llamaba la atención la poca empatía que tenía con su hermano, la lejanía, apoyado casi todo el combate en silencio, como si hubiera visto de antemano que la pelea estaba perdida, sin darle muchas instrucciones a Royler, que se veía enfrentado con un puzzle incomodísimo. De hecho nunca asomó la posibilidad de que arrojara la toalla cuando la amenaza de sumisión se tornó evidente. Y lo recibió fríamente en su esquina después de que la pelea fuera parada, casi como si estuviera lidiando con su propia impotencia, ante todo el alboroto que se había armado con los japoneses saltando de júbilo en las tribunas. En este escenario la mirada indiferente y el silencio parecían ser el gesto de desaprobación que Rickson usó. Esto es una especulación desde luego, pero en algun momento dio la impresión de que Royler había sido lanzado por Rickson como conejillo de indias para estudiar las posibilidades de pelea contra Sakuraba. Inexplicablemente después de lo ocurrido Rickson tardó demasiado en animarse, no se entiende cómo no pidió inmediatamente la pelea para ajustar cuentas con Sakuraba. Sí se sabe que Sakuraba desafió a Rickson después de esa pelea, no sólo en busca del dinero que correría con una pelea entre ellos, sino porque quería vengar las derrotas de Takada. Rickson no entró en el juego, un juego del mercado, de los managers, y de los fans. Simplemente no encontró la manera de ver que eso representaba pelear por honor; quizás nunca se tragó el cuento de que todo el honor de la familia se manchaba cuando uno de sus miembros perdía un combate, del mismo modo que una victoria suya sobre Sakuraba no redimía a toda la familia, sino que valoraba su talento como peleador de estilo libre que aplica el Gracie Jiu Jitsu (Rickson es cinta negra de Judo y de Aikido a parte). En el desenlace de aquel combate Royler estuvo a punto de ser finalizado con una llave kimura (que no se hizo efectiva por la mala posición de la pierna derecha de Sakuraba), y cuando uno recuerda la terrible escena de un UFC de diciembre del 2011 en la que Frank Mir le rompe el brazo a Minotauro con la misma técnica, no puede dejar de sentirse aliviado de saber que el combate de Royler terminó ahí; faltando dos minutos para la culminación del segundo round, viendo a Royler sin salida alguna, sin ninguna señal de rendición de su esquina, el árbitro con buen criterio paró el combate, cerrando la posibilidad de que la derrota se registrara por decisión de los jueces. Los Gracies hicieron una controversia de ello, indicando por ejemplo que Sakuraba no había demostrado espíritu de guerrero, pero de poco servía, el resultado no variaba en nada, y para ser justos, Royler, que lidiaba con el dolor en esa tortuosa posición, aunque con mucha presencia de ánimo, la sacó barata. 
 
 
En definitiva fue una mala elección de la familia Gracie el hacer que Royler fuera el primero en enfrentarse a Sakuraba, que de ahí en adelante comenzó a ascender en popularidad con la soltura de un cometa. 


Finalmente, un año después no fue Rickson sino Royce el que salió a dar cara por su familia, más o menos tomando la posta que antes habían sostenido George Gracie, después Helio, luego Carlson, luego Rolls, y después el mismo Rickson. Royce asumió más el papel de campeón de la familia en cuanto a torneos de Vale Tudo. Podría decirse que ese es uno de los escazos lunares negativos que se pueden encontrar en la trayectoria de Rickson Gracie como peleador profesional. Otra forma de verlo, quizás más imparcial, sería decir que  Rickson fue lo suficientemente inteligente como para no dar un paso en falso en su carrera, un paso que daría solamente para satisfacer demandas y presiones externas, tales como el mercado, la televisión, los fans, la opinión pública, el mismo PRIDE... Royler había perdido bien, eso era todo, no había porque polemizar. Rickson quiso estar en control de su carrera en todo momento, no tenía por qué conducir la manera en que mantenía a su familia por el puro sensacionalismo, he was his own man. No creo que Helio Gracie haya quedado muy complacido con esta decisión de Rickson, a quien se consideraba incluso antes del primer UFC como el campeón de la familia; en cambio Helio pareció sentirse un poco más cercano a su otro hijo Royce, de quien dijo que era el mejor de todos porque no le temía a nadie a la hora de elegir al oponente en el ring. No se discute la gran calidad de Rickson, pero con el enorme talento que tenía, sin duda el mejor grappler de los últimos 20 años, hubiera sido un placer verlo tomar unos cuantos riesgos más para probarse, para dejar mejor sentado su testimonio como peleador y como legado, además hubiera callado la boca de miles de escépticos en el mundo de las MMA y de los forums de internet, a aquellos que no captaron su real dimensión.

Otro capítulo fascinante en el Pride FC lo escribieron las escuelas del Brazilian Top Team y la Chute Boxe. Yo lo fui saboreando en diferido, poco a poco, gracias a los videos que me prestaban mis profesores de brazilian jiu jitsu, los hermanos Cabrera, Jaime y Hugo, a quienes debo mucho por el conocimiento que nos transmitieron a mí y a mis compañeros aquellos años dorados. Son tiempos en que el BJJ recuperó su primer plano. Aquella pelea de Minotauro con Bob Sapp es inolvidable, o la finalización triangule-arm-bar del mismo Minotauro al pedante Mark Coleman, que resoplaba enrojecido como un toro herido arrinconado en las cuerdas. El equipo del BTT llevó el juego del BJJ en MMA un plano más adelante, siendo un poco más versados en la pelea de pie, y con una técnica de suelo a nivel Abudabi, la mayoría de ellos entrenados por Carlson Gracie.

Brazilian Top Team, los hermanos Noguiera a la cabeza, Ricardo Arona, Mario Sperry. Bustamante...

Si el UFC fue montado a la medida de Royce Gracie, es justo decir que, tras algunos ajustes, el PRIDE fue montándose poco a poco a la medida de Sakuraba, que se convirtió en el ícono de los locales, un héroe nacional, tal como Helio lo había sido para Brasil. Claro que con el tiempo ambos torneos fueron sufriendo mutaciones, cambiando el temporal. Sin embargo, distancias a parte, ambos peleadores se han inmortalizado ya en nuestras retinas como leyendas de las artes marciales mixtas. 

Lo interesante es que por varios años la trama del mundo de las artes marciales estuvo dada por la siguiente cuestión: había que ver cuál era la mejor combinación que se podía usar para contrarrestar al brazilian jiu jitsu en este tipo de torneos. Por un lado estuvieron los del prowrestling de Japón que ya mencionamos, pero el mérito fue siempre más de Sakuraba que de un estilo en particular; luego entre los americanos trajeron la propuesta del wrestling, la lucha grecorromana y una combinación de ground pound. (Mark Coleman, Erickson, Gooldbridge, Kerr, Jackson, Severn, entre otros) - Minotauro se encargó de callarles la boca con sendas finalizaciones. La escuela del Lion´s Dean no pasó de ser un breve rechiflón de gratas anécdotas, no terminaban de ser excelentes en ninguna de las distancias, y su mejor prospecto fue finalizado fácilmente por Frank Mir. Los más duros quizás fueron los de la Chute Boxing, de donde salieron los dos pesos medianos más dominantes de la historia de las MMA: Wanderlei Silva y el actual campeón del UFC, Anderson Silva. (No contamos a otro fenómeno como Mauricio Shogun Rua). El contra-juego que proponía la Chute Boxe se sostenía en un conocimiento de contra-defensa a los derribos, una  agresividad fuera de lo común, un cardio salvaje, una capacidad arrolladora para imponer los términos del combate en las distancias que preferían, la larga, la media y la corta. En el suelo habían desarrollado una forma de atacar con golpes cortos en todas las posiciones, un ground and pound prolijo, además conocían del BJJ, y de pie realmente eran mortíferos, llevando de vuelta el Muay Thai a los primeros planos de la escena mundial.


En estos tiempos el juego ha cambiado, se ha diversificado a la enésima potencia, y la pureza de los estilos se ha perdido, por lo menos en cuanto a lo que dejan ver torneos como el UFC y Strikeforce. Rickson Gracie dice siempre que las nuevas reglas que requirieron la popularización del deporte han terminado por hacer que el BJJ pierda su posibilidad de ser aplicado con toda su efectividad. Ya ni un BJPenn ni un Damian Maia tienen muchas posibilidades de terminar un pelea con una finalización, la cuestión se ha convertido más en ser duros, saber resistir golpes y ganar de todos modos, o en jugar a los puntos en las tarjetas de los jueces - siendo que los campeones dominantes suelen ganar por KO, tales como José Aldo, Jon Jones y Anderson Silva. En opinión de Rickson no existe en este momento un gran exponente del brazilian jiu jitsu en el mundo, un verdadero embajador de la disciplina que sepa imponer su juego por sobre otros peleadores que tienen otros sistemas entre sus fuertes. (¿Cuando entrará en escena la nueva generación de los Gracies en el UFC? ¿Roger Gracie?).

Digamos que el desafío Gracie lanzó al BJJ en el mundo con el UFC y el Open Japan Vale Tudo. En aquel momento tenían el factor sorpresa de su lado, Rorion conocía el ambiente y sabía a qué peleadores no quería enfrentar necesariamente, y con el UFC sentaron las bases, impresionaron, luego dejaron que el mundo lo asimilara y maquinara la contrapropuesta. El 95 salieron de escena y dieron paso a otros peleadores brasileños que recogieron la mala parte: Fabio Gurgel, Amaury Bitteti, Oliveira, entre otros, que o bien pasaron desapercibidos, o bien fueron knockeados en su intento de llevar a su oponente al suelo. Con el tiempo, la cosa se hizo más difícil, el resto de los competidores ya conocía el juego de un practicante de BJJ, y llegó Coleman e impuso una nueva fuerza, una fuerza bruta, que dependía mucho de sus músculos y su fiereza personal. Los Gracies esperaban, y lo hacían con inteligencia, ellos ya no tenían por qué salir a arriesgarse cuando ya gozaban de todo el crédito del mundo y ya habían logrado su objetivo central y de largo alcance: la difusión a escala mundial. El año 1998 comenzaron a mostrarse más notoriamente, y todo iba bien, Renzo había finalizado al ruso Oleg Taktarov, Rickson le dejó recuerdos de arm-bar a Takada, pero Royce seguía ausente. El problema es que no eligió el mejor momento para volver, o por lo menos tendría que haberse puesto un poco más a punto, porque fue algo forzado; una vez que Royler había perdido se aceleró su retorno, no convenció ni con Takada en la pelea de set-up, luego perdió la legendaria lucha con Sakuraba en 90 minutos de pelea, y le sucedieron dos Gracies más que perdieron con Sakuraba sin discusión. Rickson saltó el obstáculo, ya tenía más de 40 años, esto debe considerarse, y la muerte de su hijo Rockson terminó por hacer que esta sea una de esas peleas soñadas que nunca llegaremos a ver.



Habría mucho más que escribir, será en una segunda entrega, por ahora simplemente permítannos un segundo de nostalgia. Extrañamos al PRIDE FC, extrañamos aquellos trepidantes Final Countdowns o Final Conflicts, pero con el tiempo van apareciendo los peleadores y los match-ups, en el futuro, esperemos, surgirán peleas que darán lugar a la creación de otras plataformas como el Pride, o como una instancia siguiente en los eslabones de crecimiento del deporte.


Por: Jorge Luna Ortuño

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