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lunes, 1 de enero de 2018

CONSTRUYENDO SUMERGENCIAS (I)




la vida de todos se desarrolla en diversas líneas, muchas de ellas no son apercibidas por diferentes razones. a veces un diario ayuda a ordenar las sensaciones. mi vida se desenvuelve fuera de radar en muchos sentidos. aunque en la superficie cumpla esa frase que decía Kierkiegaard, "nada más que un burgués". las actitudes tienen mucho que decir de las personas. no puedo a veces ocultar mi sentido de rebeldía. una vez que las leyes del Bushido han influido en tu vida, entiendes lo que es vivir por un código, según unos valores que no te endurecen, porque no son raíces ni arbóreos, pero es que van contigo, como hileras aéreas. la cultura es aérea, subraya Sloterdijk, y con ese enunciado giró mi mundo, porque venía a alimentar la línea de trabajo que me propuse. 

esto fue hace exactamente tres navidades, fines del 2014. descubrí, o más bien, le di vida a un nuevo concepto de sumergencia. la atmósfera de la nostalgia, de la neblina mística de los recuerdos en la vida, y la niñez, también de la familia añorada, todo ello empujaba a una sensación omnipresente. la soledad es algo muy preciado para mí. no puedo mentir, necesito la compañía como todos, pero no todo el tiempo. la diferencia es que me deshilacho por dentro cuando no puedo disponer de mi espacio mi tiempo y mis cosas para entregarme al solo acto de componer, reunir, buscar, escribir, lo que sea que llevo en mi búsqueda, para volverlo mi nuevo trabajo. el caso es que llegué a comprender el fenómeno de la sumergencia. el episodio de Arquímedes en la bañera fue fundamental para terminar de entenderlo. también pude esa misma época, lluviosa, hermosa en Santa Cruz, descubrir el concepto de conexiones inalámbricas subterráneas. 

no puedo mantener el mismo respeto por mí mismo si no entrego este libro terminado a los demás este año. tengo mis lectores, por supuesto. los que yo conozco tal vez no pasen de veinte, pero se que hay otros que me leen sin que yo sepa casi nada de ellos, sólo por algún raquítico contacto por facebook. 




volvamos a las conexiones inalámbricas subterráneas. esto es algo que no sabía cuando escribí mi primer libro Pensamiento inalámbrico (2013). las conexiones inalámbricas suceden por debajo, mientras estamos alimentando el cuerpo. por eso es importante leer de aquí y de allá, las lecturas salteadas que llama Piglia. mi cerebro funciona como un gran pulpo que se expande por lianas a los lados y avanza tomando muchas referencias de diversa procedencia. no siempre es fácil para todos. pero lo que espero es brindar una experiencia rica, estimulante, interesante, con diferentes posibilidades desde donde el lector pueda relacionarse y seguir. siempre he pensado que lo que no entiendes al leer un autor, lo debes dejar y pasar a lo siguiente. las cosas se entienden la mayoría de las veces de manera retroactiva, necesitamos dejar que las palabras y las ideas se asienten, que maduren en nosotros. sobre el arte contemporáneo, Enrique Vila Matas dice que el no entender habilita un espacio muy rico para la imaginación. es decir, ¿qué puedes hacer si no tienes la teoría previa que te pone en posición de aprovechar una obra de arte de punta? el arte contemporáneo es exigente en ese sentido, te pide que conozcas un poco de lo que se hace, de lo que se hizo, está lleno de guiños y referencias de hipercampo, a veces son una especie de palimpsestos visuales. pero en cambio Enrique utiliza su imaginación, que ya de por sí es muy suelta, para hacer algo con esas obras que lo conmocionan, le activan la curiosidad. tienes que ser un poco investigador con ciertas obras de arte contemporáneo que sí que son interesantes. la pregunta es cómo activar ese emprendimiento del expectador. Kassel invita a la lógica es una ventana hacia ello. 






siguiendo con las conexiones inalámbricas subterráneas, les mostraré en qué momento sucedió. mi segundo cuaderno de anotaciones indica que fue el 26 de diciembre, antes de las 9:00 am, que llegué a esta noción. lo recuerdo como si fuera recién, habíamos desayunado con mis padres y la mañana era nublada, contenida, perfecta. la atmósfera del departamento estaba construida para escribir. esta frase había sido un disparador clave.
"you will be alone with the gods, 
and the nights will flame with fire"

la extraje de un poema de Bukowski, ROLL DE DICE. if you are going to try, go all the way. otherwise, don´t even start... 
la imagen de estar sólo en la noche acompañado de tus dioses ocultos, es la imagen que tengo del placer de escribir, de la compañía imperceptible, a la vista de otros, que te procura el escribir. es otro mundo con su propia música y sus piñatas y sus formas. cada uno es una ficción de su propio país. Jesús Urzagasti dice algo parecido en El país del silencio, su obra mística, insondable, infinita. 
"Y así me manejé en la multitud, solo, en la mera compañía de mis dioses ocultos". (p.173).

así pues, llegué al concepto de conexiones inalámbricas subterráneas. me servía para estudiar los componentes del pensamiento, en su relación con la escritura y la lectura de la filosofía, de la literatura y las artes. este fue el disparador final que le dio vida: "la voz de algunos seres emerge de una profundidad que en ocasiones nos resulta familiar, como un espacio muy querido que se lleva portátil". el mundo de nuestras lecturas se hilvana en lo profundo, pareciera decirnos. la lectura incentiva para mí la figura de lo subterráneo. es lo que se queda con nosotros. Mientras, arriba, en lo aéreo, lo que hacemos es captar los datos, leemos de aquí y de allá, y escuchamos a otros, vemos películas, conocemos historias. las captaciones son aéreas, se producen por antena, pero las conexiones son inalámbricas. esto enfatiza en el hecho de que lo que se conecta toma su tiempo, va más allá de lo que uno quiere, es una resonancia entre fichas, casi sonora, que hace que se unan magnéticamente ciertas ideas, ciertas frases y pensamientos que ya son parte de nuestro bagaje. 


así pues, no hubiera llegado a esta comprensión si no hubiera visto también una película muy bella en diciembre del 2014 sobre surfistas. Se llamaba "En busca de un sueño", la historía verídica de un joven surfeador admirable  y de cómo conoce a un hombre maduro que le enseña todo lo necesario. Es su profesor quien comienza hablando en voz off:
"we all come from the sea
but we not all of the sea
those of us who are
sons of the shore
must return to it
again and again". 

encontraba ahí la idea de unos seres que viven zambullidos, pero también de otros que viven zambulléndose, para encontrarse con algo que los trasciende. así surgió este pensamiento que anoté en mis blogs:
"el pensamiento inalámbrico se aplica tanto para lo alto como para lo bajo.
tanto para el espacio aéreo como para las rutas submarinas o subterráneas. 
las olas son manifestaciones variables en intensidad que provienen del abismo (del océano).
cuando te posas en una ola tocas de algún modo un retazo del abismo.
No se puede escribir todo el tiempo de la misma manera,
así como las olas buenas aparecen sólo por temporadas."


Las conexiones inalámbricas subterráneas tenían pues. como noción, varias zonas de crecimiento y proveniencia. se refieren al mundo que nos subyace y que se enriquece por el proceso del conocimiento. lo más recóndito es lo que llamamos sabiduría. mientras más afuera en la línea del horizonte más superficial y pasajero es lo que sabemos. somos todos nosotros seres con abismos, andamos con nuestros precipicios a cuestas. la frase "conexiones subterráneas" la usa ya Gilles Deleuze en una de sus entrevistas en Conversaciones, la que habla de la filosofía. encontrarla fue maravilloso porque me permitía descomponer el proceso de pensar en dos momentos: uno aéreo y otro subterráneo. el subterráneo se habilita por medio de la escritura. muchos escritores nos han hablado de él, no es casualidad, existe una especie de comprensión compartida a la que se puede llegar con las grandes mentes de esos escritores que admiramos. podrían ser músicos, cineastas, artistas visuales, escénicos, danzarines, y más. es la esfera subterránea creativa. yo me atengo a hablar de la escritura por mi proceso inicial a través del emblemático caso de Bartleby. 
en cuanto a lo aéreo, hay una frase de Bob Dylan que terminó de permitirme comprender de qué venía: 
"llaves en el viento para que mi mente huya".
esa es la captación aérea, definida por tu radar. (todo lo que uno puede decir es cuanto ha llegado a percibir de las cosas". 
entre Bob Dylan, Bartleby, y Spinoza, encuentro esta línea de furia, esta conexión innombrable y extemporánea, la constelación de la que nos habla Deleuze en su proceder con la historia de la filosofía. yo no reúno a filósofos, sino que hago un ejercicio específico de reunir a Spinoza, Bartleby el escribiente y Bob Dylan. entre los tres me hablan de un lugar de rebeldía pero con mucha modestia, con las armas del artista, completamente vulnerable frente a la aplanadora del poder. Bob Dylan sobrevive, pero no es la persona de la que hablo, es la figura de los 60 y 70. Los tres hablan muy fuerte, los tres nos gritan desde otro plano de la existencia. 


"yo no tengo necesidad de retornar a ningún lado, porque nunca salí del ámbito que me pertenece, ni en los sueños ni en la realidad. que mi país es el mayor escenario de la soledad para seres como yo, es una evidencia que nunca perdí de vista: de entrada y con hombría reconocí que el mundo era de este y no de otro modo, y con el talante del bromista que oculta su tristeza dije paciencia y buen humor. [...] De hecho, comparto el mundo con todo el mundo, pero no me hace ninguna simpatía por las caras convicciones del hombre moderno". ( p. 173).
leo los textos que he escrito y veo que puedo dinamizarlos y entretejerlos más. me gustaría que salga un libro corto, libro de bolsillo, sobre esta mirada en torno a ellos. me sirve para explicar mi manera de leer, que consiste en explicar algo utilizando la lectura de otro, que me alumbra algo impensado por afinidades que yo percibo. 

"It takes one to know one" 
 hay que ser libre para amar a los seres libres. me fascina posarme y explicar esa otra vena que está presente en lo que otros escribieron para ver si puedo alumbrarla, porque creo en el procedimiento que Henry Miller lleva a la cima cuando escribe sobre Rimbaud. este otro mundo en el que se está. Osho dice: estar en el mundo pero no ser del mundo. el estar siendo de los indigenas, quizá podría identificarse aquí. Bukowski coloreó mi mundo con esta imagen para siempre:


"Francamente, estaba horrorizado de la vida, de todo lo que un hombre tenía que hacer sólo para poder dormir y vestirse. así que me quedaba en la cama y bebía. mientras bebías, el mundo seguía allí afuera, por el momento no te tenía agarrado de la garganta".

Estar por fuera de un lugar donde el mundo te agarra de la garganta. descubrir ese lugar, que con el tiempo llamé como otro concepto que descubrí: "fuera de radar". el problema al que remite está en consonancia. Bob Dylan y spinoza y bartleby inauguran un espacio así entre los tres. los tres son desesperantes a su manera, también algo modestos, nadie los elegiría como imponentes, dotados, o algo así. son pequeños, son expulsados, no hay lugar para ellos en un momento determinado. 


martes, 31 de octubre de 2017

LAS OTRAS VIDAS DEL OBJETO EN EL ARTE



Sobre una exposición artística que se exhibió en el Centro de la Cultura Plurinacional.




En el mes de agosto se exhibió en el Centro de la Cultura Plurinacional una muestra compuesta por obras de 19 reconocidos artistas bolivianos, que cuestionaba las definiciones tradicionales del arte, o al menos invitaba a buscarle nuevos sentidos. ¿Será el espectador quien define lo que es arte, o es el sistema institucional museal quien lo impone? ¿O serán más bien los artistas quienes con su firma avalúan lo que debe ser considerado como tal? La exposición se tituló “El objeto”, y fue el resultado de un trabajo conjunto entre el Centro de la Cultura Plurinacional (CCP) y el Museo Nacional de Arte (MNA), ambos repositorios dependientes de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.


La experiencia
Al entrar a una de las salas, el espectador se encontrará con una serie de objetos comunes, objetos de la vida cotidiana, en ocasiones compuestos de dos objetos ordinarios, como ser un juego de botas impermeables sobre una pila de ladrillos, o dos juegos de plátanos ennegrecidos colgados en la pared lado a lado, acompañados de un sugestivo título que evoca a la caja toráxica del ser humano, obra firmada por Andrés Bedoya. Muy cerca de ahí se verá un pesado y elegante sillón de madera, del escultor Marcelo Callaú, emergiendo de un montón de arena para irrumpir en el espacio pulcro de la sala. En otro rincón se podrá apreciar dentro de una caja de vidrio un cuchillo que lleva incrustado en la punta un pequeño candado, común y corriente, obra de Douglas Rodrigo Rada. Y así continuará el recorrido con obras de Ramiro Garavito, Sandra de Berduccy, Roberto Valcárcel, Anuar Elías, sólo para citar a algunos de los 19 artistas que conforman esta muestra, todos ellos ya reconocidos en el país.

Antecedente
Para encontrar un sustento para esta exposición dentro de la historia del arte, los curadores de la muestra –Andrea Hinojosa (CCP) y Juan Fabbri (CCP)–, nos remontan a la primera década del siglo XX, cuando Marcel Duchamp, en el año 1915, expuso en el Museo de Nueva York su obra “La fuente”, el famoso urinario, que firmó como R. Mutt. Esta acción le permitió a Duchamp inesperadamente instalar en el mundo del arte su definición de “readymade”, que designa a objetos manufacturados que se producen masivamente, y que son tomados para ser expuestos en un espacio que invita a la contemplación estética.  
La operación de Duchamp de relocalizar objetos comunes servía, aparentemente, para hacer notar que cualquier objeto puede ser considerado artístico si tan solo es exhibido como tal dentro de un museo. No obstante ello, su propuesta era más subversiva aún. Recordemos su obra “In Advance of the Broken Arm”, 1964 (cuarta versión después de la pérdida del original en 1915). Este sugestivo título, que significa “En avance de un brazo roto”, sirvió para nombrar de una manera absurda a una pala de recoger nieve que se ha expuesto en Museos de la talla del MoMA. No se llega a entender la crítica en la exposición de este objeto si no se comprende antes que se expuso en el contexto de la Primera Guerra Mundial, con toda su conmoción, en especial en Europa; además, forma parte del surgimiento del movimiento dadaísta, al cual Duchamp fue siempre asimilado, incluso contra su voluntad. “Dadá” es una palabra sin sentido, que los artistas que conformaron este movimiento utilizaban para designar lo absurdo que se había tornado ese mundo con el que no querían tener nada que ver; Europa ardía en llamas y ellos actuaban en reacción de repudio, buscando por diversos procedimientos, como en los inicios del collage, desorganizar la manera de registrar y experimentar la realidad. 



En este sentido, más allá del cuestionamiento respecto de lo que significa ser artista, y de los modos en que algo se define como obra de arte, Duchamp motivó a sus contemporáneos a romper ataduras con las formas convencionales de apreciar las cosas del mundo. Rompiendo con el arte impresionista, Duchamp reivindicó obras que no se definieran solamente por criterios visuales, o lo que él llamaba obras “retinales”, sino que se apreciara mucho más el sentido conceptual de la obra, y que hiciera esmerar al espectador a encontrar algo en ella más allá de su impresión visual.  Esto significaba romper con los patrones acostumbrados y las cualidades con las que se asociaba a lo artístico (belleza, composición, simetría...).

Impresiones
El artista paceño Roberto Valcárcel, que expone en esta muestra la obra “Pompeya, 2016”, señala que la visita a una exposición artística debería ser una experiencia que le permita al espectador modificar su manera de percibir el mundo, y que una obra sólo funciona como arte en tanto que sirve como “abridor de ojos”. Es por ello que, para definirla como arte, no interesaría si la obra expuesta es una escultura que tomó tres décadas de trabajo, o es una pintura esmeradamente lograda, o es simplemente una rueda de bicicleta unida a una silla de madera, con tal de que cumpla el requisito de que verla sirva para alterar la manera de percibir algo en la vida, en la existencia sencilla e inmediata que respiramos cotidianamente.

Otra característica de estos objetos, expuestos como “ready-mades”, es que en la acción de ser expuestos, han sido desprovistos de su utilidad, la misma que le daba sentido a su existencia. Así se verá en la obra de Ramiro Garavito “Coca y motosierra” (2014), en coherencia con lo que hacía notar Jean Paul Sartre en su época existencialista en El ser y la nada, acerca de los artefactos creados por el hombre, donde la idea precede a la creación del objeto, y esa idea es su funcionalidad: la idea de cortar papeles da lugar a la invención de la tijera. La esencia de la tijera es que sirva para cortar papeles. Pero si, como dice Sartre, se confecciona una tijera utilizando fideos, se ha roto con la idea, pues ya no sirve para cortar, convirtiéndolo en un absurdo.

Son este tipo de objetos modificados, que alteran la propiedad utilitaria de los objetos, los que han sido reunidos en esta muestra titulada curada por el MNA y el CCP, titulada “El objeto”. La muestra vuelve a los “ready-mades”, pero la relocaliza en el tiempo actual, quizá ya no tanto para invitar a ver lo absurdo de los tiempos actuales en que vivimos, sino para generar procesos de cuestionamiento y de reflexión a partir de objetos que encontramos en la realidad cotidiana de nuestro país.

Finalmente, cabe tomar atención de una potestad que tiene ganada el artista para sí, y que consiste en la capacidad de nombrar y significar, muchas veces de manera poética. No puede pasar desapercibido este elemento en la obra de Anuar Elías, un Cubo de Rubik con los colores de la Whipala, que titula “El mecanismo de las invenciones”. Y más notoriamente aún, el título de la obra de Iván Cáceres, “Una forma de concretar algo que nunca existió se hace infinito como el grito redondo del ser redondo”, (2014), que reúne estructuras metálicas con llantas y chiwiñas. Existe la opinión de que el título es una exterioridad de acompañamiento a la obra, algo prescindible, sin embargo, en el caso de la exposición “El objeto”, tal vez el espectador encuentre curiosa la manera en que muchas de ellas hallan un sentido muy diferente en el momento en el que se lee su título.  




CONVERSATORIO: DESVELANDO LA AMAZONÍA



CONVERSATORIO
DESVELANDO LA AMAZONÍA
Instalación “Sangre blanca de la selva”


Evento: Espacio de reflexión y debate artístico
Lugar: Centro de la Cultura Plurinacional
Fecha: 27/06/2017
Horas: 19:00
Sala: Chiquitana

Invitados ESPECIALES:
·         Raquel Schwartz, Directora Galería KIOSKO.
·         José Baudoin, Centro Eco-Pedagógico del Centro Simón I. Patiño.
·         Ramiro Zenteno, Secretario Educación Cultura y Descolonización CPESC.

Con la participación del artista Ernesto Azcuy.

Puedes escuchar la grabación del conversatorio pinchando el siguiente enlace: Desvelando la amazonía


Descripción:
Temáticas
Parte I: Contexto
  • Diferencias de significado entre las nociones de territorio y tierra en los pueblos de la Amazonía.
  • La sabiduría de los pueblos indígenas en su adaptación a la vida en la Amazonía.
  • Situación de los recursos naturales de la Amazonía.

Parte II: El proceso creativo de la obra
Ernesto Azcuy con el micrófono
·         Conversación con el artista Ernesto Azcuy. 
 Ernesto postuló la idea de que el artista puede generar transformaciones en la realidad social con la movilidad de su obra. Fue una idea en la que discrepó con Raquel Schwartz, Directora de Kiosko Galería, quien dijo más bien darle poco poder de impacto a la obra del artista  a nivel transformación social. 




DE LA EXPOSICIÓN:
La exposición fue organizada de manera conjunta entre el Centro de la Cultura Plurinacional (Santa Cruz) y el Museo Nacional de Arte (La Paz), ambos repositorios de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia. 
En esta muestra el artista se propuso hacer una reconstrucción de partes de la memoria amazónica, a través del uso sensitivo de texturas desafiantes en los lienzos digitalizados, combinando variadas fuentes y técnicas. Azcuy invita a observar y reflexionar sobre las imágenes históricas cargadas de sentido político, ético y estético. Al mismo tiempo, promueve el análisis de esas imágenes como testimonios de la colonización en la Amazonia, considerándolos reflejos que hieren y que recupera para evitar el olvido.
Se evocan los procesos de colonización y las expediciones, primero por el oro y los minerales preciosos, después por el caucho y la castaña, y probablemente hoy por petróleo, gas natural, madera o la construcción de hidroeléctricas y carreteras.
En suma, se trata de una exploración crítica e imaginativa de la Amazonia. El antropólogo Álvaro Díez Astete describe a la muestra de esta manera:
“El mundo amazónico es retratado en esta obra sin racionalismos, con alta poesía, donde se muestran los rastros de la humillación y la ofensa, que la selva sufrió en el siglo XIX, cuando fue brutalmente invadida, asechada y macheteada: Durante décadas los depredadores mezclaron la sangre blanca de la amazonia -el látex- con la sangre roja de los indígenas, para formar las “bolachas” que les enriquecía. El horror genocida de la codicia arrasó a bala e incendió las aldeas de decenas de pueblos de cazadores-recolectores-agricultores estacionales, asesinando miles de indígenas”.

 POSTALES DE LA MUESTRA:






El equipo del CCP que montó la muestra.




Participación del público invitado en la instalación en la Bóveda

 PÁGINAS RELACIONADAS:

Noticias de la exposición en El Deber

ERNESTO AZCUY TRAE SU EXPOSICIÓN "SANGRE BLANCA DE LA SELVA"

miércoles, 22 de marzo de 2017

ENRIQUE VILA MATAS, DIFERENCIA Y REPETICIÓN

Introducción
No existe material suficiente para completar una biografía satisfactoria del escritor catalán Enrique Vila-Matas. A lo mucho, lo que alcanzamos a imaginar, por la textura de los personajes en los que habla en primera persona, es un ser meditativo, experto en fugas, que ve literatura en todo y que goza con la mutabilidad de las identidades. Se ha dicho que hace “metaliteratura”, “autoficción”, pero él se declara inocente de ambos dictámenes. Su forma irreverente de trabajar con las citas es el asunto más controvertido de su obra. En este artículo me limitaré a sugerir que los procedimientos que usa Vila-Matas, siguen un trayecto paralelo con los que utilizó el filósofo francés Gilles Deleuze (1925-14995) al interior de la historia de la filosofía.

Contexto
Enrique Vila-Matas es un autor poco comentado en nuestro país, pero su obra heterodoxa guarda múltiples afinidades con más de un autor boliviano, entre ellos con nuestro querido narrador Jesús Urzagasti (1940-2013), especialmente respecto del género híbrido de novela ensayística o ensayo novelado, que constituye En el país del silencio. (¿Y acaso Tirinea no es un doblez de las meditaciones metafísicas de Descartes, pero con otro final más feliz?)
Antes de entrar en materia, habrá que contextualizar. Vila-Matas nació en Barcelona-España, ronda los 68 años, es uno de esos escritores que te devuelve la confianza en la escritura y en la ficción cuando más lo necesitas. Sin duda, es uno de los autores más traviesos e inclasificables del panorama mundial. Destacan en su producción Historia abreviada de la literatura portátil, Bartleby y compañía, El mal de Montano, Doctor Pasavento, Kassel no invita a la lógica, entre otros. Recientemente este año, bajo el sello de Seix-Barral, presentó su última travesura: Mac y su contratiempo.

En esta última incursión, el autor catalán saluda explícitamente a Gilles Deleuze por su libro Diferencia y repetición (1968). Lo mencionó en varias ocasiones, como en este extracto de una entrevista para El País de Madrid:

“[…] el protagonista quiere producir el efecto de una novela póstuma incompleta, para apuntarse a la moda de estas novelas. Al mismo tiempo, Mac lucha por que la novela no invada su diario de debutante. Es también un ensayo sobre la repetición y la diferencia, como decía Gilles Deleuze, y también es un libro de cuentos. Este trasvase de géneros es bastante sencillo. La cuestión es que sea cuatro cosas al mismo tiempo. Vengo de una trayectoria en la que he manejado mucho esos trasvases”.[1]

Es un encuentro afortunado en el que se cumple lo que Deleuze postulaba: la filosofía debe ser como la música, no se necesita ser un estudioso de la música para escucharla, para sentirla o disfrutarla. Con mucha lucidez, Enrique Vila-Matas efectúa una comprensión no-filosófica de un planteamiento filosófico. Más que a Deleuze, lo que le interesa es recuperar su concepción sobre las categorías de repetición y diferencia. Søren Kierkegaard, Nietzsche, Bergson, son varios filósofos que se reúnen en esa línea, catalogados por Deleuze según ese criterio en ese libro Diferencia y repetición de 1968.

Para el autor de Mac y su contratiempo se trata de una cuestión de escritura, o de re-escritura, porque en literatura, considera, no se hace otra cosa que repetir sobre lo que ya se hizo, para afirmar algo diferente. “Toda la historia de la literatura es modificar los textos ya escritos y esto es lo que intento explicar en el libro”. Por ello, seguramente, abundan en internet los estudios del palimpsesto en la obra de Enrique Vila-Matas.

Sin entrar en profundidades con el palimpsesto –conocida categoría literaria– mi teoría es que la obra de Enrique Vila Matas se alumbra de modo inaudito leyéndola desde el pensamiento de Gilles Deleuze. Entre ellos resuenan varios intereses compartidos. Alguna vez se dijo que si Fernando Pessoa hubiera hecho filosofía, sería la de Gilles Deleuze. Ahora yo diré que si Gilles Deleuze hubiera hecho novelas, hubiera sido Enrique Vila-Matas. Por supuesto que esto es mucho más un ejercicio lúdico, pues cada uno de ellos es un Original.

Deleuze-Vila-Matas

No soy el primero en relacionar a Enrique Vila-Matas con Gilles Deleuze, y recomiendo entre otros el bello artículo de Luis Reguero “Los Bartleby no se acaban nunca”[2]. La diferencia es que aquí me intereso por el procedimiento de escritura. En ese sentido, Vila-Matas es una radicalización del filósofo francés. En su libro Conversaciones, Deleuze explica cómo, desde sus primeras monografías sobre Nietzsche, Bergson, Hume, usó las citas de un modo controversial, aunque siempre fue exacto y riguroso en ese sentido. “Era necesario que el autor haya dicho efectivamente lo que le hacía decir”. Sin embargo él usaba esas citas para que se piense algo diferente de lo que se decía del autor en cuestión. El mundo académico no entendía que usaba las citas como sintaxis, porque lo que estaba haciendo era evocar una presencia, había algo vivo, eléctrico, ocurriendo ahí. Una cita es un conector de párrafos, como trampolín del pensamiento; a veces sirve para reforzar algo que se ha dicho, pero los grandes autores utilizan la cita para ingresar algo nuevo que va subiendo el tono del texto en general, y dispara nuevas posibilidades de conexión. Afecta en la prosa general de todo el texto, eleva la exigencia, irradia su belleza. Es un pensamiento hipertextual, de las multiplicidades, abierto a las múltiples conexiones, el que les da lugar.   

Vila-Matas es Deleuze llevado a las últimas consecuencias, no cualquier Deleuze, sino el de sus primeras dos etapas, el de Lógica del sentido o Diferencia y repetición, antes de su encuentro con Guattari. Vila-Matas introduce citas, o hace guiños constantes dentro de su prosa, algo que le han criticado, pero lo hace como sintaxis o ejercicio de estilo. Tanto es así que, para dejarlo claro, muchas veces inventa citas que atribuye a autores imaginarios, en otras modifica citas de autores conocidos, y otras les atribuye frases que en realidad no son suyas. De mil formas desdobla su voz polifónica, y deshace la figura del sujeto del enunciado. Para explicarse ha utilizado otra cita: “Sólo se puede citar lo que uno mismo piensa, aunque haya sido dicho en palabras de otro y en otros contextos”. Y esto es cierto: ¿cuántas veces no le habrá pasado al lector que se encuentra con algo que pensaba pero que otro autor ha puesto en palabras exactas? Con todo lo discutible que podría resultar este procedimiento, es plenamente coherente con su ímpetu de escritor de “ficción-radical”.



[1] “La autenticidad me parece el santo grial de la mala literatura”. Diario El País, Madrid. Entrevista de Ferrán Bono, 13 febrero 2017.
[2] Disponible en http://www.culturamas.es/blog/2015/09/05/los-bartlebys-no-se-acaban-nunca/

DE BARTLEBY A ENRIQUE VILA-MATAS

¿Cómo empezar a hablar de Enrique Vila Matas? Digamos que lo encontré gracias a la cadena invisible que se forma entre los grandes escritores, y que provoca que el lector pase de un libro a otro, de un autor a otro, en una seguidilla imprevisible que ya nunca puede acabar. A Vila-Matas llegué cuando me enteré de su novela Bartleby y compañía, en la que juega en torno a la figura de este extraño personaje.

Cabe decir que Bartleby es un personaje secundario salido de un relato corto de Herman Melville (“Bartleby, el escribiente”, 1856); llamarlo secundario es sólo un decir, puesto que pocas veces un personaje en su lugar puede concentrar tan avasalladoramente la atención sobre sí, y definir así el clima de toda la lectura.

Ahora, a Bartleby no se llega por cualquier parte, es un carácter minoritario, casi subterráneo, en la historia de la literatura; la gran mayoría asociará a Melville, el autor, con la titánica novela Moby Dick, pero quedará perplejo al oír el curioso nombre Bartleby. Algunos afortunados como yo lo conocimos gracias al filósofo francés Gilles Deleuze, que en su libro Crítica y clínica (1993) le dedicó un ya célebre ensayo titulado “Bartleby o la fórmula”. En este ensayo desmenuza detalles en torno al poderoso enunciado de Bartleby, “I would prefer not” (preferiría no), que daba por respuesta a cualquier pedido que le hiciera su jefe en el despacho de trámites legales en el que trabajaba. Este enunciado descolocaba irremediablemente a todos.

Enrique Vila-Matas es un escritor Bartleby al interior de la literatura, y más que ello, es una radicalización de Bartleby. El copista Bartleby cortó todos los cables que lo podrían atar a un significante social o sujetar a una identidad cristalizada, se hizo indiscernible y quedó flotante en un espacio sin referencias, ejerciendo una lívida e inquietante libertad. Pero una vez que logró soltar todas las amarras, no le dieron el tiempo para crear algo nuevo desde ahí; como es sabido, su muerte ocurrió en una cárcel donde lo llevaron porque no sabían dónde recluirlo. Según la lectura de Giorgio Agamben, se podría decir que Bartleby fue una pura potencia que no se llegó a efectuar. En cambio, Enrique Vila-Matas, que presentó este año su última novela Mac y su contratiempo (Seix-barral), es la efectuación prometida, cortó casi todas las amarras que le delinean un camino conocido al escritor, para luego inventar un plano insólito, disparatado, hecho a su medida, la de la ficción radical.

Del plano Vila-Matas emergen fácilmente dispositivos adecuados para extraños usos minoritarios (El mal de Montano, Kassel no invita a la lógica, Viaje vertical…). Sus libros conllevan siempre algún riesgo, un giro propio de su talante, aunque el paso del tiempo y las mañas del oficio hayan asentado en alguna medida la pólvora que mostró en dos de sus más grandes creaciones: Historia abreviada de la literatura portátil, donde relata las peripecias de los shandys, curiosos personajes que llevaban nombres de artistas y escritores conocidos; y la otra travesura, Bartleby y compañía, donde hace un catálogo de más de ochenta escritores, algunos de ellos ficticios, que por una u otra razón decidieron dejar de escribir (caso Rimbaud, Rulfo y otros). A esos escritores les llama Bartlebys, porque en el relato mencionado, un buen día Bartleby se niega a cotejar las copias que había hecho, y luego deja de escribir, lo que en realidad, en su labor de amanuense, era transcribir. Bartleby es el que deja de transcribir, el que abandona la copia.

Vila-Matas es un Bartleby si se entiende que lo que Bartleby quería era escribir, que estaba preñado, pues presentaba todos los síntomas del que se encuentra en plena etapa de gestión y resulta interrumpido. Así de exótico es el escritor cuando está gestando algo y necesita parir, como lo son casi todos los artistas, es complicado estar en la misma casa con ellos, es difícil entenderlos, hablan como si habitaran otro plano, se aíslan, como si la soledad fuera un baño de sol, y vuelven de esos viajes con los ojos enrojecidos, menos pelos y algo malogrados, pero relucientes finalmente cuando han completado la faena y parido al libro. Enrique Vila-Matas es pues un Bartleby que logró parir, aunque su afán primero fuera el cine y su interés inicial no hubiera estado en la literatura.   

Incluso como personaje Vila-Matas es particularmente pintoresco, mayormente da la impresión de haber saltado de las páginas de una de sus novelas. Dice cosas exquisitas, otras eruditas, algunas tremendamente graciosas, pero él las dice con una seriedad absoluta, como si fuera ajeno a su humor travieso, tanto así que ha confesado que esta situación le ha llegado a preocupar un poco, puesto que apenas empieza a hablar en estos actos literarios alguna gente ya está riendo, como si estuviera atenta al chiste inminente. Lo cierto es que escuchar a Enrique Vila-Matas en los espacios donde es invitado es casi tan placentero como leerlo. Después de todo, se trata de ejercicios paralelos, puesto que conversar con alguien es escucharlo, y en cambio leerlo es también escucharlo aunque esto sea con los ojos. Recomiendo al respecto una conversación disponible en youtube, “Ciclo de la palabra: Enrique Vila-Matas”, como una buena introducción.  

El lector que aquí me acompaña podrá quemarse la vista buscando en internet, y no encontrará otra pieza donde se diga que Enrique Vila-Matas es un escritor Bartleby. Esto se debe a que el mismo Vila-Matas, con su maravillosa novela, ha canonizado lo que se debe entender por Bartleby: la interrupción abrupta de la escritura. Y en cambio el español es un escritor muy prolífico, que publica casi a razón de un libro por año. ¿Pero cuándo se puede decir que se ha dejado de escribir? Él mismo comenta que esto puede ser un tormento, puesto que sólo habiendo pasado mese que no se sepa algo nuevo escrito por Vila-Matas, ya especulan algunos con la idea de que estaría dejando de escribir. Lindo sería afirmar que no se necesita escribir todo el tiempo para ser escritor, como la flor de loto sigue siéndolo aunque nadie la vea. Pero aquí reluce otra lección que aprendió Vila-Matas, y es que para ser escritor hay que escribir, escribir y escribir.



lunes, 27 de febrero de 2017

BILLY LYNN, CONTANDO UNA HISTORIA POR CONTAR




Por: Jorge Luna Ortuno

"Escribir es tratar de saber qué escribiríamos si escribiésemos".       Marguerite Duras.

"Es muy extraño que te honren por el peor día de tu vida", confiesa el soldado Billy Lynn en uno de los pasajes de intimidad del film Billy Lynn´s Long Halftime Walk, del director asiático Ang Lee. La cinta no fue premipada en la reciente gala de los Óscar, lo cual no le quita nada. De todos modos, no será el foco central de este artículo referirse a los temas técnicos del film, tarea que harán los buenos críticos de cine, y más bien preferiré abundar sobre algunos temas que esta historia nos evoca e invita a pensar. 

De inicio, casi contradiciéndose, hay que resaltar lo dinámica y atrapante que es la forma de narrar la historia del soldado Billy Lynn y el pelotón Bravo, gracias al sobrio trabajo de dirección y de edición, que equilibran muy bien los diálogos algo profundos con la parafernalia del espectáculo, las situaciones cómicas con los dramas vividos en plena batalla, y las temporalidades, a través del estado psíquico del soldado Billy, que rememora y se desconecta del lugar donde está, haciendo que cada reacción tenga su contexto. Es un tránsito de pasado a presente y viceversa, incluso hacia la añoranza de unas vivencias que nunca ocurrieron, y que quizás nunca ocurrirán, como cuando se canta el himno de los Estados Unidos en el stadium y la cámara se cierra en un primer plano en el rostro dividido del soldado Billy.

El marco de la narración es que el pelotón Bravo, tildado de heroico, se encuentra en su último día de gira por los Estados Unidos, en Dallas, tras su triunfante retorno de Irak. En verdad no son más que jovencitos que retornan con un conocimiento de primera mano que está vedado para los civiles. Se sienten más fuertes, han elegido en la vida una ruta dura para la maduración del espíritu y la mente. A algunos de ellos no les quedaba otra opción que alistarse en las fuerzas militares en orden de tener algún tipo de futuro, como le sucede a muchos de sus compatriotas.



Cuando vuelven a su país están un poco descolocados, no sólo porque entrar en acción en el campo de guerra y confrontarse al enemigo les ha dejado secuelas de inseguridad, de cierta tensión extrema, algo de una hipersensibilidad ante la brusquedad de los sonidos, de las apariciones bruscas, a los estallidos y las luces fuertes, es decir, todos aquellos elementos que se explotan en el mundo del espectáculo yanqui. Lo que los descoloca también es la enfermedad propia de la vida en las megas ciudades, la distorsión con la que se mira las cosas desde la distancia, la visión comercial de la guerra, el banalismo incesante con el que se vive para alejar de la mente de las masas lo que realmente se debería estar meditando a nivel colectivo en las ciudades. Es un mal viaje para ellos, no por la maldición de la guerra en la que participan, no porque vuelvan traumados -como casi todos aseguran con extraña certidumbre- no sólo por eso, sino porque las cosas en su propia casa, en su país, en el mundo, están ya puestas de cabeza. Por ello al volver le dicen al chofer: llevenos a un lugar seguro, llevenos de vuelta a casa: la guerra es su lugar conocido, el lugar donde los valores que han adoptado encuentran algún sentido. 

Una de las cuestiones interesantes del modo en que se concibió esta película es la experimentación de lo posible, es siempre una espera de algo que podría pasar. Los soldados están entusiasmados con la idea de que su historia sea llevada al cine, pagada por algún estudio gigante de Hollywood, -ante todo por los beneficios económicos que les significaría-; al final esa posibilidad no se dará, aunque nosotros, los espectadores, ya hemos estado asistiendo a un relato bien tejido de su historia. No es un "detrás de escenas", ni un film con corte documental, ni un "reality show", aunque tenga algo de cada uno de ellos, sino que se trata de una película de acción y drama en la que el desarrollo va averiguando cómo se contaría esta historia si se contase. El paralelo con la cita del epígrafe, de Marguerite Duras, no sólo es adecuado, de hecho es más que divertido, parece redondear la fórmula que Ang Lee eligió para contar esta historia: "escribir es tratar de saber qué escribiríamos si escribiéramos". Aquí se trataría de ensayar cómo se contaría visualmente una historia mientras se la está contando. El buen cine también es inacabado y provisional, proviene de la incertidumbre y se alimenta de ella, avanza con ella, hasta el punto en el que no le cabe el deseo de ostentar que algo se ha logrado.

En el papel del soldado Billy Lynn veremos a un actor debutante, Joe Alwyn, que cumple con la transmisión de inocencia, rebeldía y pureza que el personaje requiere, por lo que emerge a la escena internacional de cine con letras grandes. Kirsten Stewart, con sus ya conocidas dotes dramáticas, personifica a la hermana desafortunada que ha perdido una buena porción de su alegría en un accidente automovilístico que la dejó marcada. Por ese episodio trágico del que sale viva pero llena de cicatrices y traumas psicológicos, es que se conectan con Billy de un modo muy profundo; ese episodio, y las repercusiones que tienen sobre su hermano, ocasionan que el papel de la hermana sea también un poco el de una madre, que protege, que coloca sus ilusiones en la realización de su protegido, y que se pone a la espalda la culpa de cualquier cosa mala que podría pasarle en el campo de batalla.

La familia es lo más dulce y lo más tierno, pero es también lo más duro y lo más complejo, en la vida de un guerrero. No se sabe bien en qué momento exacto, a cuál edad, el ser humano adquiere la mayoría de edad, pero con todas las letras, y asume su vida y su mundo. En ese momento lo que corresponde es llevar las riendas de la propia vida. Pero la familia, mientras más amorosa, mientras más unida, será también siempre un faro que se alza al otro lado de la vida, con sus propias expectativas y sus propias demandas, aunque fueran por debilidades del espíritu, por instantes de elevada carga emocional, o por el juego al que nos someten las dulces memorias y todo aquello que algún día los seres queridos planificaron para nosotros en su imaginario ficticio, en el más íntimo fuero interno. Traicionar esas proyecciones es algo duro, ponerse en riesgo, estar dispuesto a llevar batallas que otrora fueron impensadas, escoger una ruta de crecimiento que no parecería ser la más económica, ni las más inteligente, ni siquiera la más sensata. Hay momentos en la vida de un hombre en los que las decisiones ya no pueden conciliarse con los deseos expresos de todos los seres queridos. Ningún hombre puede escapar a su destino. En ese momento le corresponde cruzar la noche por su cuenta ante la indiferencia de las luces momentáneas que lo pasan por encima y le zumban los oídos. Ser un hombre es seguramente hacerse cargo de esas elecciones, sin ensayar el menor atisbo de excusa o de descargo, desde ese momento todo recae en él, para bien o para mal. Billy Lynn se encuentra ante una situación imposible. El karma de la acción, como le diría el fallecido sargento Bremer, lo ha encontrado, es el karma del guerrero. No ha venido él a ser un hombre de negocios, no le ha tocado la fortuna de conformarse con la persecución del dinero y la búsqueda del placer, no se lo verá en los supermercados comprando agitado unos kilos de jiba y de filete para el churrasco del fin de semana. Las historias de estos hombres transitan por otros rumbos, más ásperos, más esforzados en muchos momentos, y no le hacen caso a aquella frase que reza "la vida más fácil es la mejor vida". 

Su hermana se lamenta en el coche, porque sabe que cuando su hermano se ha hecho una idea no hay manera de sacarlo de ella. El volverá a la guerra. Impotencia, la frustración de los seres queridos. El abrazo en el que se encuentran, cargado de lágrimas de ambos, a pesar de que la realidad apeste en ese momento, es finalmente el momento más emotivo de la película. A los soldados que participan de esta guerra, que se debe perder para que el flujo de dinero continúe moviéndose, sólo les queda reconocer que juegan el papel de unos muñequitos de fantasía en el imaginario de la gente, que son amados, y respetados, pero sólo mientras estén allá, lejos, porque en el país no hay nada para hacer por ellos. La misma porrista que parece haberse enamorado a primera vista de Billy, lo saca de su ensueño cuando le dice: "tú eres un héroe, no puedes escaparte, tienes que estar allá". A pesar de que le confiesa su amor y su deseo de pasar cada minuto de la vida con él, también le dice que lo que ama es la imagen de un joven soldado que se ha portado como un héroe, y que ama más esa imagen, que debe mantenerse en la distancia cuando él se vaya, ama más la imagen que a la persona misma; en su mente, se ha construido un ídolo, un fetiche, alguien por quien rezar, el amor platónico que deseaba incluir en su mundo. Lo real es otra cosa. Billy se despide de aquella incursión en un diálogo imaginario con su mentor, que aparece como una presencia serena, y le dice algo así: "nosotros conocemos la guerra, pero ellos, los civiles, el país, son los que manejan, es su guerra, es su show". 

Ningún hombre puede escapar a su destino. Esto es quizá lo que su sargento y mentor le quiere hacer ver cuando le cita los pasajes de Arjuna en las enseñanzas del Gita sobre la guerra, cuando Krishna le instruye a que realice sus actos con total desapego, pero con cercanía hacia lo absoluto, y concluye con una frase: "Descuida, si has de morir por un disparo, la bala ya ha sido disparada". ¿Qué podrías tú hacer al respecto?


domingo, 25 de septiembre de 2016

LA FUNCIÓN DE UN CENTRO CULTURAL, APROXIMACIONES




Whiplash es una película dramática estadounidense estrenada el 2014, escrita y dirigida por Damien Chazelle.  Se distribuyó en Latinoamérica con el tìtulo Obsesión por el rítmo. La protagonizan Miles Teller como el joven baterista de jazz Andrew Neiman, que asiste a una de las mejores escuelas de música en Nueva York, bajo la tutela del riguroso y despiadado jazzista y maestro Terence Fletcher (J.K. Simmons). 

En una de las primeras escenas de Whiplash (2014), el novato postulante al reconocido Conservatorio de música Shaffer, Andrew Neiman, conversa algo nervioso con el temido maestro Terence Fletcher, a quien se le conoce capaz de hacer quebrar a hombres hechos y derechos como si fueran niños de primaria. 

Como quien quiere saludar y conocer, Fletcher lo aborda sorpresivamente mientras están en el descanso del ensayo con la banda. Es la primera clase de Andrew, aparentemente sólo intenta hacerse una idea de él, es una conversación informal de café, pero no todo es lo que aparenta, pues en realidad es parte del proceso de medirlo. Lo primero que le pregunta es si existen artistas en su familia, músicos preferentemente. 
- No, sólo yo.
¿Algún tío, familiar o amigo cercano que le guste el arte y te pueda apoyar? 
-No, ni uno. 
Bueno, entonces -le dirá el profesor-, tu única chance es escuchar todo lo que puedas los discos de los grandes maestros del jazz. 
Después le recomendará algunas joyas como las de Charlie Parker, entre otros. Es decir, si no encuentras el estímulo competente desde tu hogar o en tu círculo caliente, lo que puedes hacer es exponerte a la irradiación de los más grandes en el arte que practicas. Floyd Mayweather por ejemplo, venía de una familia de boxeadores -su padre Floyd y su tío Roger fueron boxeadores profesionales-; la mayoría en su entorno entendía ya el sacrificio y el tipo de vida que requería para llegar donde llegó; la atmósfera en la que creció tendía a favorecer que se especialice en el boxeo. Muhammad Alí en cambio fue hijo de un laborioso pintor con talento artístico, tuvo que formarse por su cuenta, no tuvo boxeadores en su familia que hablaran su mismo idioma. Para encaminarse, Alí tuvo que frecuentar desde muy joven los gimnasios de Louisville y conversar con entrenadores, managers, ex-boxeadores, con todo aquel que pudiera transmitirle alguna valiosa información de segunda mano.

En el mundo del arte, probablemente esta sea la primera función que cumplen los centros culturales y los repositorios del tipo museos y galerías: generar espacios de transmisión de información, vitrinas para exponer al visitante a una irradiación continua de la mentalidad y las preocupaciones del artista. 

Transmisión
Quién podría rebatir el hecho de que la obsesión, la total dedicación al arte, la exagerada búsqueda de la perfección que todo verdadero artista lleva consigo, es algo que no se enseña, no se puede enseñar. Sólo se puede despertar un tipo de interés para que luego el aspirante se haga cargo. Eso es algo de lo que se contagia de modo indirecto al estar en contacto con los grandes maestros, al exponerse a sus trabajos, o al seguirlos, al leerlos, escucharlos. 

Volviendo a la película, además hay otra razón por la que el profesor le dice que escuche muy seguido a los grandes del jazz. Cuando uno es joven aprende mucho por el deseo de imitar, de ser como el ídolo que admira. Es una forma de avanzar. En el fútbol es curioso cuánto aprendemos de niños por sólo ver cómo juegan nuestros jugadores favoritos. El patio de recreo es el laboratorio de ensayo de las jugadas de Messi o de Neymar. Y Ronaldinho primero tuvo que intentar ser como Romario o Pelé antes de ser Ronaldinho. Se trata de la transmisión particular que emiten los grandes en su campo, los maestros. "De un maestro uno no aprende lo que hace, sino cómo hace lo que hace" -me dijo una vez el filósofo Tomás Abraham al visitar La Paz. Pero imitar es sólo un primer paso, propio de la obsesión inicial. En algún momento, tanto imitar, se llega a comprender cómo funciona el asunto, y se empieza a experimentar por cuenta propia. Es la etapa de germen de la creación de un estilo propio. 

Jesús Urzagasti me hablaba de aquello que es intransferible en la poesía, pero que es comunicable. El artista, el músico, el poeta, emiten señales, vibraciones que se encuentran en el fondo de su obra, de su música, de su poesía. Se capta o no se capta, pero hay que exponerse a ello. Y una palabra muy propia del mundo de las artes escénicas es "conectar". Después de la fase de la imitación, lo siguiente es aprender a conectarse con ello, tomar cuenta de cómo sucede. La lectura de un libro de Cortázar, de Joyce, de Borges o de Cervantes te pueden conectar con distintos mundos vibratorios. Algunos libros se dice que son reescrituras de los grandes libros de la literatura, como el Pierre Menard de Borges a partir del Quijote de Cervantes, o el Máquinahamlet que escribió el dramaturgo alemán Heiner Muller luego de treinta años de obsesivo y meticuloso estudio de la obra clásica de Shakespeare. Son conexiones casi atemporales, que hacen perder la noción del tiempo, o se prolongan a veces por toda la vida, nos hablan de la sostenida obsesión del artista, de escritores, filósofos, danzarines, poetas.  

Cuando se abandona la imitación, surge la posibilidad de la creación. Pero todo comienza con exponerse, salir y ponerse en contacto, hay que exponerse a las vibraciones de los que hicieron el trabajo antes que tú. No conformarse con seguir a los que están cerca, sino ponerse a mirar a la altura de los más grandes, dialogar con ellos constantemente. Se trata de ser autodidacta, un buen buscador, o lo que Gilles Deleuze llamaba "cazador", alguien que va a exposiciones, visita muestras de escultura, conciertos, obras de teatro, presentaciones de libros, y que lo hace con el olfato del que sigue el rastro de algo que persigue: una idea, una sensación, nuevas interrogantes. Hay que estar en busca de algo, y tener la creencia de que ese algo se puede encontrar en el mundo de las artes.  

En Bolivia, la oferta es variada en el eje troncal, sobretodo en La Paz y Santa Cruz, siendo esta última la ciudad que parece promover con más fuerza un cierto aire de experimentación y de incertidumbre. Los centros pedagógico-culturales de la Fundación Simón I. Patiño, los repositorios de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, además de AECID, el Goethe Institut y la Alianza Francesa, cumplen la tarea de aperturar este tipo de irradiaciones a la ciudadanía. 

No todo lo que se presenta es siempre bueno, o al menos, no es algo que te cambiará la vida. Pero hay que perseverar en la búsqueda. El problema que siempre existirá es que no puede en verdad haber encuentro si no existe una mínima búsqueda en algún sentido de parte de los visitantes. De modo similar a lo que se busca cuando se hojea una buena novela o un libro de filosofía, hay que estar abiertos cuando se visita un centro cultural a que nos tome por arrebato un nuevo concepto, una nueva manera de plantearnos la interrogante, una asociación curiosa, nuevas sinápsis, algo que nos inquiete... A veces tenemos con nosotros el ochenta pro ciento de un proyecto, y la asociación de ideas termina de completarse con algo que vemos en una película, en una exposición o en una charla. Hay que darse la posibilidad de que nuestras curiosas obsesiones nos lleven a la siguiente conexión. 



Un centro cultural debe ser aprovechado especialmente por los autodidactas. Mientras el primero expone conocimientos dentro de sus instalaciones sin intentar enseñar ni tener pretensiones de escuela, los segundos van a capturar algo, van a aprender, sin ser estudiantes de esa institución ni estar ligados formalmente a ella. Un centro cultural es un lugar perfecto para respirar libertad y ampliar el sentido del olfato, activar la antena, y forzarse a uno mismo a aprender algo nuevo, investigar un poco, preguntarse qué puede tener que ver algo con otra cosa en una misma sala. Un Museo, en tanto institución preservadora de memoria y de patrimonio, también ofrece esta posibilidad, pero el rango de variedad de disciplinas que cubre y de eventos que monta, será siempre más limitado, por el hecho de su especificidad y de los objetos que custodia. El centro cultural tiende cada vez más a ser un híbrido, como bien lo explica García Canclini en buena parte de su bibliografía; su campo de acción puede ser enorme, su desafío es saber hallar unas líneas conectoras que sirvan de hilos conductores y organicen un poco la oferta cultural que ponen a consideración de la ciudadanía, de los vecinos, de la comunidad en definitiva. El objetivo mayor para todo centro cultural debería ser el de consolidarse como aparato editorial confiable dentro de la marea de ofertas culturales que flotan en el ambiente. El nombre de un centro cultural serio debe ser como la firma de un escritor de verdadero renombre: cuando ves estampado el nombre de ese escritor en la tapa todo lo demás pasa a segundo plano, la editorial, el año, el título, porque ya el nombre te ofrece una garantía de seriedad, de magia, de calidad, de aquello que buscas en un libro. Por ello es muy importante que un centro cultural defina claramente sus criterios de discriminación, para protegerse, para establecer un horizonte de exigencia y calidad hacia los postulantes y ofertantes, pero sobre todo para cumplir cabalmente el rol de intermediario legítimo y confiable para la ciudadanía que no está especializada en artes ni en filosofía ni en literatura, pero que quiere acercarse, despacio y con calma, para tomar algo y llevarlo a su vida.


BALADA DEL VELERO


Por: Jorge Suárez.


Un día tú, velero de pureza
llegaste a mí sobre la mar en sombra
yo era un rendido náufrago del alba
un trágico viajero hacia la muerte.

Tú, solamente, que por altos mares
lejos de mí, vencieras la tormenta, velero de ilusión, velero mio,
pudiste amarme navegante muerto.

Sobre las ondas manejó la vida,
en lo profundo, peces de ternura,
te sintieron cruzar hacia mi encuentro,
bajo un alegre vuelo de gaviotas

Tú que has bebido la anterior marea,
mordida en la jauría del oleaje,
isla del amor que navegaste sola
junto a mí detuviste la borrasca.

Inútiles mis redes pensativas
ambularon las aguas del encuentro;
siempre vigía de la mar en furia,
lejos de ti, bajo la niebla solo.

Inútil pasajero hacia la muerte,
proa de soledad, navío triste
por aterrados vértigos
de espuma
y mármoles de hiel inconmovible.

Tú solamente, viajera loca,
leve juguete de la marejada,
velero de ilusión,
velero mío,
pudiste amarme navegando muerto.


*Tomado de su poemario "Sinfonía del tiempo inmóvil".