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sábado, 6 de octubre de 2012

Entrevista a Tito Kuramoto



La pintura anímica 

Por: Jorge Luna Ortuño



En el cielo azul y el paisaje variado de las artes plásticas bolivianas se observa cruzar como un rutilante meteorito a un pintor cruceño que entrega sobriedad y un aura de misticismo envuelto en sus cuadros. Es un hombre gentil y sereno, de extremidades cortas, es de ascendencia japonesa, bien podría pasar por el maestro de kárate kid, pero su mundo tiene mucho más que ver con Santa Cruz, su tierra amada, por ello se reconoce ante todo como un camba. Radicado en la tierra oriental la mayor parte de su vida, Tito Kuramoto es un artista que no para de moverse. En esta entrevista comenta por qué, mientras comparte varias de las inquietudes que sostienen invisiblemente su obra. De la pintura hacia el gran afuera, la vida misma. 

-     En tu obra se pueden observar varias mutaciones, estás moviéndote sin que se sepa muy bien por dónde aparecerás en tu siguiente trabajo.

Así es, yo creo que el artista está todo el tiempo cambiando, y aguanta miserias o tiempos difíciles porque tiene en su mente la convicción de que su arte es lo que vale. Con el arte está descubriendo el porqué de las cosas. No sé bien cómo explicarlo, es difícil, pero yo mismo cuando estoy pintando voy descubriendo cosas al poner ese color, ese contraste, esas líneas o esa armonía de formas; me dicen algo, pero yo mismo no sé qué. Todos los artistas trabajamos un poco a ciegas, igual que los hombres de ciencia. 

-      ¿Cómo procedes cuando te sientes bloqueado, cómo haces avanzar la obra?
La verdad es que sigo insistiendo, ese mismo día y el otro y el siguiente... Mira, yo hace tres meses que no pinto. Es porque mis ideas están disgregadas, y necesito tener una cohesión. Además, otra cosa, no todas las ideas son plásticas, hay cosas que no se pueden expresar en la pintura, son demasiado abstractas, incluso para una pintura abstracta. Ahora, lo interesante del arte es que no innova nada; el arte de las cavernas fue tan bueno como el arte actual. El descubrimiento de la gravedad de Newton es algo terminado, no hay más vuelta que darle. En cambio todavía podemos gozar de un cuadro de Rembrandt tanto como gozaríamos de un buen cuadro de la actualidad. El arte está siempre vigente, no hay innovación, sólo cambio. Picasso es el ejemplo claro, él manipulaba sus cuadros, “Las meninas”, creo que le dio ochenta vueltas, le hacía trasposiciones, al estilo cubista, al estilo expresionista… Es un juego, poner las mismas fichas de una manera y luego de otra. 

-      Dices que no todas las ideas son plásticas, ¿cómo trabaja un pintor con las ideas?
Bueno, recuerdo algo de Platón, pienso en la diferencia, por ejemplo, de la idea de cama que tiene el carpintero, y luego la idea de cama del pintor. En mi trabajo lo primero que uno hace es trazar límites, porque de otro modo no podría hacer nada, es tan vasto lo que se puede hacer. Una vez que se tiene ciertos parámetros, uno se pone el paracaídas y se tira, y ya si no se abrió el paracaídas mala suerte. Uno se lanza del precipicio a pintar. Sale o no sale. Es todo anímico. Ya uno se abandona a lo que verifique el subconsciente. En ocasiones, en una exposición no hay más que un cuadro que vale la pena. Y no hablo de los otros sino de los míos; a veces hay un solo cuadro que está bien logrado. Uno no puede pensar que todo lo que hace está bien. Cuando uno ve una obra y se emociona pienso que está logrado lo que se quería. 

-    Claro, darle preponderancia a la emoción. Pero ocurre también, por ejemplo en el arte contemporáneo, que la mayor intelectualización de la obra parece ser el criterio central de valoración. ¿Coincides?
Claro, es más intelectualizado en el sentido de que tiene una idea literal, porque en lo que expresa y hace es otra cosa. Yo siempre he sido enemigo del arte literal. No veo por qué el arte tenga que expresar la idea de libertad, por ejemplo, que es una idea abstracta. Se puede pintar a un hombre rompiendo unas cadenas, pero eso para mí es una idea literaria, que la literatura se encarga de expresar. La pintura tiene otro lenguaje, de ahí por ejemplo que no me gustan los muralistas mexicanos, ni tampoco me gusta Dalí. Todos ellos dominan la pintura, pero el tema del mensaje es lo que no me va. 

-       Y aquel famoso cuadro de Goya, un grupo de hombres en el paredón a punto de ser fusilados, y en medio de ellos uno que da el paso al frente sacando el pecho...
En esos cuadros intervienen elementos que no tienen nada que ver con la pintura. El cuadro en sí es bello. No se puede olvidar lo que vivió España en ese tiempo, y Goya comenta el valor de la gente para afrontar la muerte. Eso es real. Es buena pintura, pero la temática, mm… Por ejemplo, para mí el mejor cuadro que se ha pintado hasta el día de hoy es “Las meninas” de Velásquez. No tiene mayor pretensión de dar un mensaje. Ese cuadro es mi paradigma. Por lo demás las ventas de ideas nunca me han gustado. Una vez le dije a Lorgio Vaca: el muralismo mexicano no hizo la revolución, simplemente comentó la revolución. Lo mismo pasó con la Revolución Francesa, la pintura sirvió para comentar e ilustrar las nuevas ideas democráticas. 

-     Bueno, pero volvamos a la emoción, ¿cómo surge de ahí el color?
Del color yo hago abstracción, porque el color es algo que no se piensa; sólo sé que el color me va salir como le dé la gana. Yo no pienso “voy a hacer este cuadro más amarillo”, ni nada. El color es anímico. Así que comienzo haciendo bosquejos con el pincel, el color de partida me pide un color a un lado, y eso se va formando, eso sale, no sé de dónde. Probablemente uno tenga esto ya organizado dentro del archivo de su mente, porque muchas veces veo en mis cuadros que utilizo analogías que ya había usado antes, pero eso vuelve involuntariamente, es ya parte del repertorio de uno. Por eso es que un pintor viejo pinta más rápido que un joven, porque tiene más repertorio. 

-       Claro, y con el mayor repertorio vienen también las trucos, ¿verdad?
Todo arte tiene una serie de trampas de las que se vale el artista para lograr un efecto. Por ejemplo, no es lo mismo ver a un tipo que está haciendo mímica de jalar algo pesado, que a aquel que realmente está jalando algo pesado. El mimo introduce elementos para hacerlo más creíble, lo exagera. En cambio el otro no tiene que hacer ninguna exageración, simplemente está jalando. En una obra de teatro al actuar no tienes que emocionarte, basta con que representes una emoción, y para eso existen recursos que el público no siempre se dará cuenta. Si un actor quiere dirigir la atención del público hacia un sitio, puede hacerlo usando el color negro; si un pintor quiere darle profundidad a un paisaje, le quita, por decir, elementos claros y luego pone elementos oscuros que hagan contraste y lleven la vista más atrás, luego otra vez claro sobre oscuro y oscuro sobre claro… Son pequeños trucos que todo el tiempo está usando el artista. Y hay algunos trucos tan ingenuos que ni siquiera el mismo artista sabe que los está usando. El artista más realista no puede lograr lo que ha hecho la naturaleza, pero un cuadro realista de la naturaleza siempre será superior a una fotografía a colores de la naturaleza. Porque está llena de trucos que la cámara no puede hacer. Ya es un truco seleccionar lo que se va a pintar y lo que se deja de lado en un paisaje. 

-        Finalmente, ¿consideras que el artista debe trabajar siempre a partir de alguna incomodidad?
Creo que hay algo de eso. No existe en la historia del arte un artista millonario. Los artistas suelen salir de la clase media, pequeño burgués –no salen de la clase obrera–, y antes la clase pequeño burgués terminaba rechazándolos, expulsándolos, así que el artista era un poco paria. Esa carencia hace que se tenga todo más trágico. Esos momentos que no hay dinero, que quedan las deudas, yo sentía eso y me refugiaba en el arte. Toda esta corriente de instalaciones, video arte y demás, es de gente con recursos, no de gente pobre, porque requiere de algunos materiales caros. Por ejemplo, ese par de artistas que hicieron una intervención con una silla presidencial de cinco metros. Eso cuesta plata. Y esa es una idea literaria. Qué le importa al arte la ecología o la sociología. Nada. El arte es formas, colores, líneas, nada más.

* Publicado en Nueva Crónica y buen gobierno (agosto 2012)

sábado, 25 de agosto de 2012

EL PALAIS CONCERT COMO ESPACIO POST-PATRIMONIAL



Palais Concert de Oruro Bolivia


En torno a la continuidad del Palais Concert como edificación destinada al arte y la cultura, y a la naturaleza de esta continuidad, se han agrupado distintas inquietudes en las últimas semanas, no todas apuntando en la misma dirección. Así lo pudimos constatar recorriendo la ciudad y conversando  tanto con autoridades del área cultural como con artistas, gestores y miembros del Consejo Departamental de Cultura; la mayoría encuentra un común denominador en la catalogación de este edificio centenario como “espacio patrimonial”. Es a partir de ese estatus que plantean su defensa y su propuesta. Entre todos, es el Consejo el que se comprometió más con la tarea de resistir a una visión que planteaba remodelar el Palais Concert con fines administrativos, y buscaba ampliar el sector que ahora se usa como oficina de la Secretaría de Turismo y Cultura de la Gobernación. Finalmente, el titular de esta secretaría, Pedro Ramos, nos dijo que esa intención había sido descartada, y que se encontraban en plena gestión para que se publique en el SICOES una licitación nacional para restaurar completamente el edificio en cuestión. Además aseguró que la última palabra del Gobernador del Santos Tito ha sido declarar el tema del Palais como prioridad para el 2013.


La discusión latente sin embargo no se ha apagado: remodelar o restaurar, reactivar o readecuar. Son verbos que marcan una enorme diferencia de concepción en la operación a realizar. Ruth Chaparro, presidenta del Colegio de Arquitectos, hizo conocer que la entidad firmó un convenio con la gobernación para actuar como “observador” en el proceso que se siga adelante, y además que respalda plenamente un procedimiento de restauración que no atente contra la construcción original. Miguel Angel Guerra, Oficial Mayor de Cultura de Oruro, considera más apropiado hablar de una revitalización. Mientras que, por su parte, algunos artistas orureños del campo audiovisual son más arronjados y prefieren que se haga una remodelación que le dé nueva funcionalidad a los espacios hoy deteriorados y en desuso. En suma existe una confrontación entre una visión conservadora-restauradora y otra arriesgada-remodeladora. Pero en este caso también, como todo en la vida, nada es puro blanco o puro negro. La tarea que deberíamos proponernos es la de pensar los grises: pensar una política de acción que combine elementos de restauración con elementos de refuncionalización de los espacios. Por ejemplo, restaurar las pinturas murales, tarea urgente, pero darle una nueva dinámica a todo el sector de las butacas en luneta (asientos pegados al suelo que no permiten variar el uso de ese espacio), que además se encuentra muy alejado respecto del escenario, que debería ser ampliado.  

La Plaza 10 de febrero a las 4 de la tarde

Vista panorámica interna hacia la entrada

El escenario


En este sentido, el Palais Concert no debería pensarse de manera unidimensional como edificio patrimonial, ya que esto limita su funcionalidad y su adecuación con las necesidades actuales de la disminuida escena artística orureña. La propuesta con la que deseamos aportar parte de considerar al Palais Concert como un complejo post-patrimonial, porque esto abre un nuevo campo de trabajo muy desafiante, que no tiene precedentes en nuestra ciudad, y consiste en diseñar un modelo de gestión acorde con alternativas de uso que van más allá de su definición como bien patrimonial. De esta manera, queremos involucrar una nueva tensión entre preservación y creación. 

No se crea que se le hace un gran favor a la población orureña destinando tres millones de bolivianos para la restauración de un edificio que después servirá para que los jóvenes se sienten en sus gradas a la entrada para escuchar algo de música. No se crea que es un gran avance reactivar el Palais Concert como espacio de programación de espectáculos y entretenimiento. Que unos cuantos grupos de teatro locales, completamente olvidados por las políticas culturales de fomento a la creación, reciban como consuelo el préstamo de ese espacio para presentar sus últimas ocurrencias no produce nada efectivo. Oruro necesita centros de desarrollo local que se ocupen de construir públicos para el arte. Oruro necesita de que lugares como el Palais Concert, que concentran una alta densidad en el imaginario colectivo de la ciudad, funcionen para producir dos efectos: difundir y formar. Difundir cultura e historia de Oruro, pero pensando en un fin más importante: formar ciudadanía. 

Miguel, el cuidador del edificio, quien amablemente dirigió nuestro tour por las instalaciones

Vista de galería

Miembros del Consejo de Cultura en la toma del edificio para desalojar a miembros de la Asamblea Legislativa, que ocuparon las oficinas destinadas a Cultura

Vista de Palco

Palais Concert de noche


¿Cómo se fortalece el imaginario colectivo del orureño? ¿Cómo se puede reforzar el sentido de pertenencia del orureño, sobre todo de los que están todavía en edad escolar? Precisamente a través de una estrategia que modifica la manera de concebir un espacio de arte. Si Oruro ha caído desde hace décadas en un pozo de olvido y dejadez, siendo el Palais Concert la imagen perfecta de ese deterioro, que sea su readecuación en vista de nuevos propósitos el símbolo del resurgimiento de esta maravillosa ciudad de los Urus. 


 Si en Perú, en relación al Palais Concert de Lima, Abraham Valdelomar lanzó este grito célebre para los peruanos:
 “El Perú es Lima, Lima es el Jirón de la Unión. el Jirón de la Unión es el Palais Concert y el Palais Concert soy yo” 

Tal vez debamos también lanzar un grito de guerra sobre nuestro centro histórico en Oruro, grito que no se lanza contra nadie sino a favor de una acción creadora colectiva. 


Jorge Luna Ortuño

(Continuará)

viernes, 24 de agosto de 2012

LECTURAS DE ORURO I

Camino por la tranquila ciudad de Oruro, es casi como si estuviera en el patio de una casa que nunca dejé. Todo es muy relajado y avanza a nivel cansino. Si aceptamos la idea de que las ciudades se distinguen por sus intensidades de color, de velocidad y de sonidos, entonces veremos que Oruro es una ciudad lenta, de colores más bien opacos. Cuando uno visita la tierra de los Urus después de haber pasado mucho tiempo en Santa Cruz, o volviendo del exterior, experimenta un contraste enorme apenas descender del autobús, y no nos referimos a la cuestión del clima. Los minibuses que vienen de la zona norte avanzan a un paso de tortuga, casi como si estuvieran moviéndose trabajosamente mediante un mecanismo arcaico: dos hámsters corriendo en dos ruedas por debajo, generando así el movimiento de los cansinos transportes públicos. La ciudad adolece de calles angostas, pocas, muy pocas avenidas. Y decimos que adolece porque existen muchos sectores donde los peatones se ven obligados a caminar por la calle, lo cual se suma a la inflación de vehículos de transporte público. Todo se concentra en torno a la Plaza 10 de febrero, íntima, ruidosa, muy agradable en días soleados. La nota negativa es la suciedad. Nos enteramos de que el Municipio hizo correr una circular donde se insta a los vecinos a que saquen la basura sólo en horas tardías de la noche, a riesgo de ser multados en caso contrario. El problema es que a partir de las 9 de la noche la ciudad comienza a verse inundada de montones de bolsas de basura por todos lados (esquina-media cuadra-esquina). Las calles Sucre y Bolívar presentan un deplorable espectáculo, mientras los perros vagabundos hacen su festín. Una vez más, la raíz del problema tiene que ver con la estrechez de las calles. La alcaldía determinó que se dejara la basura en esquinas a partir de las 10 de la noche, porque cuando se hacía el recojo temprano en la mañana se perjudicaba el tránsito vehicular, gente de ida a sus trabajos, niños camino a sus escuelas... un quilombo. Un problema que se vivía ya desde los tiempos en que hice el kinder en el Colegio Alemán de esta ciudad que atesoro en el corazón.

Pasemos. He sostenido diversas reuniones con autoridades locales, es tiempo de descansar. Don Mario es un trabajador que lustra zapatos en la Plaza 10 de Febrero, oriundo de La Paz, pero radicado en esta tierra desde hace 57 años, me cuenta que toca la zampoña y fue jugador de fútbol en la Serie  A de la AFO; hombre muy ameno, conversamos mientras observamos el mal espectáculo que brindan los montones de basura que se han ido juntando en distintos sectores de la plaza que, a comparación de otros lugares de la ciudad como la esquina de la 6 de agosto y León, es más pasable, en parte gracias a la ayuda de los vecinos de la zona central. La ciudad sufre la huelga indefinida decretada desde hace dos días por los trabajadores de la empresa de aseo EMAO, se conoce que reclaman la cancelación de pagos retroactivos y el aumento de salarios.Fuera de esta inocultable evidencia, hay muchas otras cosas que se observan a primera vista en un paseo por las principales calles de la ciudad. Llama la atención que en cualquier lugar, en cualquier esquina, pese a la estrechez de las aceras, una vendedora de comida se instala tapando la circulación, y nadie hace nada para cambiar esa situación. Oruro es cada vez más una especie de gran centro comercial extendido. La Feria del Mercado Fermín López que comienza en la Iglesia Santo Domingo ya no abarca simplemente las calles ascendentes. Da la impresión de que el mercado es toda la ciudad, un gran centro de tiendas y comerciantes informales.

En medio de esa realidad se encuentran los espacios culturales. Al menos tres que son referenciales: La Casa de la Cultura, por la zona de la terminal de buses; la Casa de Patiño en la Soria Galvarro; y el Palais Concert en plena plaza principal. Ninguno de los tres funciona como Centro de Arte. En Oruro estamos muy lejos, el aprovechamiento del espacio es mínimo, la difusión de la cultura es una tarea que se deja en manos de la que gente que tiene buena voluntad y puede animarse a gestionar alguna función de música, de teatro o de danza. La Casa de la Cultura, que es la construcción más imponente en este rubro, se muestra algo abandonada vista desde fuera. El Oficial Mayor de Cultura, un hombre afecto a la lectura de espiritualidad (él cita los libros de Lobsang Rampa como sus favoritos), me cuenta que nunca se ha hecho una mantenimiento del edificio desde su creación (alrededor del año 2001). Mientras la Casa de Patiño acoge mayormente pequeñas ferias del libro, o alguna que otra presentación; se sostiene en la base de su museo. Sin embargo, el que más bulla ha provocado en las últimas semanas ha sido el Palais Concert, debido a que no se ha llegado a un consenso entre Gobernación, artistas, arquitectos, gestores y Consejo Deptal de Cultura respecto a qué hacer con ese espacio, según qué terminos de referencia pedir que se lanze una convocatoria de licitación a nivel nacional. El arquitecto Boris Medina dijo en una Asamblea sobre Arte Patrimonio y Cultura realizada el pasado jueves que resulta un crimen pasar por alto los criterios con los que el edificio del Palais fue construido, y propone que se restaure tal y como fue concebido. El problema de los arquitectos en Oruro es que piensan en términos de monumentos, buscan preservar un modelo de arquitectura que en Oruro ya ha perdido toda su consistencia desde que los comerciantes ambulantes tienen la posibilidad de construir grandes casas comercials con fachadas provenientes de un estilo que el notable arquirecto paceño Carlos Villagómez llamó en su momento "arquitectura chojcha"; él ser refería a las construcciones que se pueden observar en zonas como la Uyustus, en La Paz. 





Links relacionados

http://www.la-razon.com/ciudades/Huelga-deja-Oruro-llena-basura_0_1674432644.html

martes, 24 de julio de 2012

EL CAMINO NO ELEGIDO



Por Robert Frost
(Traducción: María Fernanda Celtasso)

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,
Y apenado por no poder tomar los dos
Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie
Mirando uno de ellos tan lejos como pude,
Hasta donde se perdía en la espesura;
Entonces tomé el otro, imparcialmente,
Y habiendo tenido quizás la elección acertada,
Pues era tupido y requería uso;
Aunque en cuanto a lo que vi allí
Hubiera elegido cualquiera de los dos.
Y ambos esa mañana yacían igualmente,
¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!
Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,
Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.
Debo estar diciendo esto con un suspiro
De aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.

TOMAS ABRAHAM EN TRES RODAJAS


 Por: Jorge Luna Ortuño

Un filósofo que combina insolencia y lucidez


Tomás Abraham, rumano-argentino, estudió filosofía y sociología en Francia, en las Universidades de Soborne y Vincennes, gozando el privilegio de escuchar las clases de Louis Althusser, aquellas que se publicarían después como “Curso de filosofía para científicos”, y de tener como profesores a Ranciere y Michel Foucault, que era el Director del Departamento de Filosofía. Para algunos en Argentina, donde radica hace años, esa es su principal credencial. En cambio, otro grupo de gente lo ubica más en relación al Seminario de los Jueves que dirige, “el primer grupo libertario de filosofía” según el doctor Plugiese; se trata de un grupo de aficionados a la filosofía que se reúnen todos los jueves para estudiar textos que se han planificado para la temporada, resultando en la publicación de curiosos libros de filosofía como El último Foucault, Vidas filosóficas y La máquina Deleuze, entre otros. Finalmente, para otras sensibilidades, entre las que me cuento, la primera referencia viene dada a través de la complicidad en la forma de escribir, y luego en las lecturas comunes. Es inevitable aquí mencionar que en un taller en la Bienal SIART del 2009, Justo Pastor Mellado me obsequió un librito negro que tenía en la portada una rara imagen con Jean Paul Sartre y Michel Foucault lado a lado en un cuarto; era el primer libro de Tomás Abraham, Pensadores bajos[1]; de esta forma mi amigo me terminó de presentar a un filósofo contemporáneo del que tenía escazas referencias. Los lugares comunes en el itinerario de lecturas eran varios,  y se dio así por sellada una amistad tripartita. Justo me lo dio diciendo: “tienes que ver esa escritura anómala”, y vaya que lo era. 



Desde la primera página se nota que la escritura de ese libro le ha reportado enormes placeres a Tomás. La altura de las reflexiones se rompe y se enriquece cada vez que nos toman por sorpresa enormes risotadas contenidas en el texto. Muy difícil llegar a escribir con tal soltura y disparar con tal frecuencia pensamientos cortos y cortantes, que son como una especie de latigazos bien dirigidos. Abraham se divierte constatando que en la Argentina no tienen una filosofía, y que están muy lejos de tenerla; son también, como el nuestro, un país periférico, pero su espíritu le ayuda a reírse al final: “que nadie dude de que tenemos nuestros temas para elaborar, por ejemplo, ¿cómo hacer para que la construcción de un concepto filosófico no se vea interrumpida por el sonido de un portero eléctrico, previo a la entrada de una formación especial de serafines y querubines que pueden hacer volar al concepto y a su practicante por los aires, desde los balcones? Es ése nuestro enigma más urgente, de difícil solución, que no se resuelve con una rápida mudanza a la planta baja, es más complejo” (p. 36). 


La cosa no cambia mucho para el boliviano. Los temas están. Pero abundan en el país los analistas post-acontecimiento, es decir, los que diagnostican a la hora del chak’i. ¿Y qué filosofía podría tener un país sin salida al mar? “Para una gran filosofía hace falta una buena marina, o, al menos, un buen ejército. En ese sentido, filosofía no tenemos”. (p. 36). Lo que sí nos sobran son policías y maestros bulliciosos, también políticos, al menos para especular sobre nuestra falta de naves. “Los países sin naves deberán crear, si les interesa, una filosofía periférica sin centro de referencia. Noción que no podemos analizar aquí”. Es una línea que exige volver a ser leída para captar el poder de su evocación, pero se queda ahí, Abraham no siempre se tira hasta el fondo, a veces se conforma con prender una bengala y dejar que el lector prosiga. 


Nuestro filósofo se consagra como un hábil pintor de imágenes a brocha gruesa, su escritura salpica saliva y migas de pan, está viva. “La lectura y la escritura exigen una postura quebrada a la altura de los glúteos y una inclinación del tronco en pos del papel, que lo asemeja a un ciclista inmóvil y sin manubrio. […] El pensamiento no es una mecedora que cobija las ideas hasta que la luz las guíe hacia la verdad que los hombres aman. Es una máquina de sonidos sordos, sopla y aspira, golpea y patea esternones. Y el que se encariña con ella, ha contraído matrimonio por largo rato. Es un amor que recorre todos los paisajes, que copula en la guerra y en la paz, en el campo, en la prisión, en el mar, en la montaña, en la ciudad. El filósofo es un enamorado de su máquina de soplos pensantes”. (pp. 30-31). Podría citar pasajes de este libro tan cálido al infinito, pero no lo haré, porque hojearlo fue un recurso para resaltar algunas conexiones que produjo con el exterior. Después de todo, no es otra cosa una “filosofía periférica”: aquella que sólo se configura según sus encuentros y sus relaciones con el afuera, dejando siempre un compás abierto que escapa a la erudición. En toda filosofía viva hay espacio para los cantos, los gritos y las contradicciones, y la obra de Tomás es un ejemplo, toda vez que parte de una premisa clara: filósofo es aquel que escribe, por tanto, su público son aquellos que todavía disfrutan de leer un libro. Tomás no escribe para congraciarse con la gente de la academia, sino para “un público indiferenciado”, compuesto, claro está, de lectores, así que escribe con libertad, en muchos tonos, de filosofía y de fútbol, de cine y de política, pero sin darse aires de especialista. A partir de ahí todo pasa a través de las modulaciones de su escritura. Michel Foucault es su soporte teórico privilegiado, lo reconoce, pero conteniéndose a su manera, de entrada evitó que convirtieran a  Foucault en un nuevo Lacan y a él en otro sucursalero. Desde mi primera impresión diré que no pude evitar compararlo con Charles Bukowski: Tomás como un Hank de la filosofía, desde luego no por el modo de vida, que es totalmente opuesto, sino por las risas, por la actitud algo arrogante, por la cara de malhumorado, el estertor de la voz, y sobre todo porque su escritura tiene la limpieza de un concierto de Brahms mezclada con el sonido de unos cañonazos en tiempos de dictadura;  sin ser dulzona deja entrar un montón de emociones, y estoy seguro que le encanta –como a Buko– sentarse a escribir sin saber cuál será la próxima frase. El biógrafo Cherkovsky dice de Bukowski: “Si se desea comprender su vida, es crucial enfrentarse al lugar que ha elegido como hogar. Pocos escritores se entregaron tan de lleno al mundo inmediato como Bukowski. Su arte consiste en tomar su entorno, su ciudad, y hacerlo algo universal”. Y esta es una apreciación que se ajusta perfectamente a nuestro filósofo. 

El grupo del Seminario de los Jueves que Tomás dirige desde 1984. Un nuevo banquete filosófico


En su visita a La Paz como invitado especial del I encuentro para no-filósofos, Tomás hizo especial hincapié en el ejercicio de pensar la actualidad. “Pensar no es un acto natural. Es una decisión que se toma a partir de una dificultad actual. Platón no escribió para que yo hable de su obra en el 2010 aquí en La Paz. Ni para que lo estudiemos en la Universidad. Platón escribió para refundar la vida en Atenas, porque era una sociedad dividida y con instituciones en decadencia. Todos los filósofos pensaron el presente, no tuvieron otra tarea que la de allanar las dificultades que les presentaba su época y buscar los instrumentos teóricos para darle un sentido al caos de la vida colectiva y/o individual”. [2]

 
Abraham se entregó de lleno a pensar la actualidad política de su país, ágil contra-opinador, fue uno de los más ácidos críticos de Cristina Kirchner durante la temporada de las elecciones presidenciales del año pasado, y también antes, apuntando contra los demagogos del pensamiento, haciendo lo posible por meterles una patada en el culo a aquellos que se coronan como subversivos mediáticamente, mientras coquetean con el poder a la caza de un empleo; al kirchnerismo no lo baja de “fenómeno burgués”, “relato sostenido por organismos públicos y medios de difusión, que repite cíclicamente una ideología pequeño burguesa de color anticapitalista, resentimiento acumulado, e invocaciones a un pueblo ideal”.[3]

 
            Lucidez y coraje de una voz que no se puede clasificar. Ese es Tomás Abraham.



[1] Tomás Abraham, Pensadores bajos y otros escritos, Catálogos, Segunda edición, Buenos Aires, 2000.
[2] Ponencia de Tomás Abraham en el I Encuentro para no-filósofos “El devenir-filosofía del arte”. Goethe Institut, 2010.
[3] Tomás Abraham, “La conveniencia debida”. Disponible en su blog en la web: Pan rayado.

viernes, 13 de julio de 2012

BOLIVIA APARAPITA




Es llamativo el estado crítico de nuestra realidad política y social: cuando parece que todo va explotar, misteriosamente se compone otra vez, pero de una manera monstruosa. Es conocido ese refrán que considera a la política como la continuación de la guerra por otros medios, y a la guerra la continuación de la política por otros medios. Bueno, en Bolivia cuesta distinguir la diferencia, no siempre se sabe dónde estamos. En el clima del país se instalan los aires animosos y hostiles con una velocidad cada vez más prodigiosa. Invariablemente García Linera realiza lecturas de la dinámica de nuestro país, utilizando sus categorías denominadas “tensiones creativas”, con lo que alguna atención crítica generó. El problema es que lo hizo a modo de pasatiempo, y no como verdadero fundamento de práctica política en el país. Recordemos uno de los primeros encuentros “Pensando el mundo desde Bolivia”, allá por el 2007, con Toni Negri y Michel Hardt de sparrings, cuando pareció extasiarse explicando su admiración por las nuevas formas de resistencia  en el país que reorganizaba la tendencia y la manera de hacer política. Decía que en lugar de la dureza de los movimientos obreros, que funcionaban de manera jerárquica, a partir de los hechos trágicos de octubre del 2003 se terminó de configurar un modelo que funciona según redes flexibles, con centros móviles, que se forman según las circunstancias, los líderes se intercambian de sector a sector, según las necesidades del momento. Pero el problema aquí persistía, y era el siguiente: ¿cómo conciliar la existencia de esos movimientos con la permanencia del Estado en toda su dureza y con sus características jerárquicas? En todo caso, para Linera cada uno de estos movimientos tenía la característica de ser digerible por el nuevo Estado Plurinacional, todas aquellas debían ser vistas como simples oposiciones que surgían por reacción a las fuerzas que ejercía el Estado en su despliegue, y no como existencias autónomas que existieran por afuera. García Linera compartía aquellas ideas en el encuentro del 2007 con la mirada puesta en la mesa, retorciendo las manos, dándoles vueltas, como un chiquillo ensimismado con su juguete en la alfombra mientras los adultos conversan a su alrededor en la sala. En suma, lo que habría que criticarle a Linera, en tanto autoproclamado intelectual del gobierno, no es que el alcance de su lectura haya sido pobre, sino que no haya tenido el suficiente coraje de convertirlo en engranaje de la maquinaria de este gobierno en su práctica política. Se conformó con hacerlo parte de su placer individual, alimento de su tiempo de ocio, y llegar a su gran conclusión: “el camino que nos espera es vivir la contradicción”. 
 
Afortunadamente, fuera de esa mirada, por otros senderos puede uno llegar a dar con otras respuestas y formas de lectura. Sucede que fuimos afortunados de dar con una categoría que explica mucho más, como dispositivo de lectura de nuestra sociedad. Se trata de Jaime Sáenz y la figura del aparapita que, aquí en La Paz, es un modelo formal extraordinario, que no solamente arma una poética (Léase Felipe Delgado y el enseyo sobre la aparapita). Hay que ver cómo un poeta boliviano construye la visualidad de esta sociedad nuestra que se desarma, se desparrama, pero al mismo tiempo que se reestructura y se recose. Debo agradecer a mi amigo Justo Pastor Mellado por haberme conducido hacia estos derroteros en la curaduría de la Bienal Siart del año pasado. Sucede que el aparapita sirve para comprender un poco más de lo que nos pasa, la policía estalla, inicia una revuelta que inicia rumores de golpe de Estado, y unos días después lo que se escucha en las noticias es que todo pasó y la policía va normalizando sus labores. Esto en medio de la llegada de la Marcha del Tipnis modelo 2012. Seguramente Bolivia, país conflictivo si los hay, es el aparapita, justamente, el que carga, y carga con todo. Con demasiada frecuencia vivimos la aparición de hondas grietas que nos hacen sentir que ya acariciamos el precipicio, que ya no se puede caer más abajo, y de repente todo clarea y volvemos a comenzar, hasta que estalla una nueva mina. Da la impresión de que Bolivia viste un saco que se va desgastando hasta lo impensable, y tal como un aparapita lo va recomponiendo, pero sin sacárselo. Y en esta recomposición termina haciendo otro saco lleno de adjunciones cuyas costuras son visibles. Qué representa la llegada de un dirigente sindical cocalero a la presidencia si no es la nueva apariencia del viejo saco, algo más remendado, algo más gastado, pero en definitiva el mismo saco. Qué cosa curiosa cuando se habla de defender el proceso de cambio, cuando no se hace otra cosa que reforzar algunas costuras, colocar unos puntos por aquí y otros por allá, hasta que el desgaste natural requiera de una lana, una bayeta, una pita o un alambre. 

Pero si hay costura, la sutura metafórica queda siempre a la vista. El intento desesperado de nuestro país desde los acontecimientos del 2003 es el de hacerse un saco a la medida del cuerpo. El problema es que la mentalidad caudillista haya enfocado esta búsqueda en la forma de un líder, de un elegido que vendría a ser la salvación y la respuesta. Se pensó que era Evo, pero ha dejado de serlo ya hace rato, y en lugar de hacer el nuevo saco lo que se hace es seguir remendando. ¿Qué nos indica aquella nueva sutura que quedó a la vista gracias al empuje de los movimientos sociales que clamaban por una Asamblea Constituyente en el 2003? ¿Quería una Asamblea o pedía que se vayan todos? Acaso marcaba haber llegado el momento culminante en que todas las paciencias se agotan y un nuevo rugido estalla. El país se desfonda. Y todo fue un malentendido, aquellos movimientos de sublevación violentamente aplacado en El Alto el octubre negro, y las resonancias que se sucedieron alrededor del país, no pedían otra cosa que la ruptura del modelo. Pensar sin Estado. No quiere decir que el Estado desaparezca, sino que ha perdido ya su capacidad de instituir subjetividad y organizar pensamiento. Un pensamiento endurecido todavía procede en la forma del árbol, que tiene un centro, unas raíces y una organización jerárquica. Pero Bolivia clamaba por la necesidad de una organización flexible de gobierno. Todo menos la categoría de “Pluri”, ni de lo plural, que no termina de entender lo que es una multiplicidad verdadera. García Linera y el entonces grupo de la Comuna lo comprendió muy bien, y lo hicieron notaron al extraer el concepto de multitud de Negri y Hardt para hacerlo co-funcionar con el concepto de abigarramiento de Zabaleta. Pero el intento quedó en un ejercicio de vanidad intelectual, motivo de debates y lucimientos, nunca parte de un accionar político real.  Y el problema de fondo continúa azotando a la población como el látigo furioso de un cochero que castiga a su caballo. Ayer fueron los médicos y los maestros, hace unos días los policías, no existe distinción, cada uno a su turno le dice al Estado que no tiene más poder sobre ellos, que su subjetividad y su sentirse ciudadanos transcurre por otros senderos. Pero se calla, sí, se puede callar mientras al menos les suban los sueldos o les cumplan algunas condiciones básicas para su supervivencia, eso es todo, hacer política en nuestro país es al mismo tiempo la cosa más difícil y también la más simple. Bolivia sigue a la espera de su saco, mientras carga con todo.


 Jorge Luna Ortuño


LA FLAQUEZA DE ESPAÑA EN LA EURO


Después del Mundial de Sudáfrica el flaco Menotti saludaba el título de España como una muy buena noticia para el juego. En principio muchos coincidimos, es mucho más ameno ver jugar a la Roja que a la mayoría de las selecciones inexpresivas de Europa, contando ahí a la insípida Inglaterra y a la inconsistente Holanda. Como dice Cruyff, el equipo que trata bien al balón trata bien al espectador. Sin embargo, aunque algo vistoso el juego de España no deja de tener sus notas de mezquindad, toda vez que sus jugadores se engolosinan con el sistema de juego que han automatizado, dejando a un segundo plano el principio básico de jugar a favor del gol.
España tiene una selección de élite sin duda, pero hay algo que no deja de gustarnos a los que vivimos el fútbol con sangre sudamericana. Es quizá el exceso de automatismo, la pared de memoria cuando ya solo tocaba encarar, el adormecimiento, la falta de intensidad, de sangre, ¡algo! En medio de la monotonía de su fútbol el único que escapa y entusiasma es el cerebro Iniesta, un lujo de jugador.
Pero tratemos de explicar un poco a qué se debe el descontento de algunos de nosotros, amantes del fútbol.
El sistema de juego de España sólo se muestra efectivo y apabullante cuando es utilizado contra selecciones tan ingenuas y faltas de estrategias como Irlanda. En cambio en las fases finales, cuando se juega en serio, España está acostumbrada a ganar con lo justo. Sin duda, el tiqui taca tiene su utilidad y también su vistosidad, pero es posible que empache y acabe estorbando.
El profesor Portugal, nuevo técnico de Bolívar, que ofició de comentarista en la transmisión televisiva del partido en que España doblegó a Francia, hizo un par de precisiones importantes: según la mentalidad de la Roja, la cual Vicente del Bosque no ha discutido, es más importante mantener el control del balón que arriesgarlo cuando no se tiene certeza de que la jugada desembocará en gol. Por ello que, en las puertas del área, si no ven un pase final que sea definitivo, prefieren volver atrás y seguir tocando. Es que España no juega a “hacer merecimientos” para el gol, no intenta acumular ocasiones de gol perdidas, prefiere el control y la eficiencia. El resultado es que España promedia un 70% de posesión de bola por partido, que juega en campo rival casi todo el partido pero genera poco, muy poco. Recuérdese la ruta sufrida que siguieron los dirigidos por Del Bosque rumbo al título del último Mundial (incluso jugando con su goleador, Villa): cuatro victorias raquíticas en seguidilla por 1-0, terminando como la menos goleadora entre los cuatro finalistas.
La idea no muy grata que sueña la propuesta de los ibéricos es que un día se pueda jugar al fútbol con puro mediocampistas. Ya no jugar a la especialización en los puestos sino a la ocupación versátil de los espacios. Portugal apunta que el beneficio de jugar con Fábregas haciendo de “9 falso” consisten en que se juega buscando el pase en diagonal para los mediocampistas, que entran y salen, haciendo más difícil la fijación de las marcas para el equipo adversario. Pero no es una idea feliz porque atenta contra el juego a favor del gol. Se olvida que saber jugar en el área requiere de su propio arte, y no es cosa de todos. Aquellas definiciones perfectas de Romário, que parecía congelar el tiempo del área, no están al alcance de un Xavi, de un Silva o de un Busquet que de repente se encuentran con la bola cara a cara con el golero. Da la sensación de que el fútbol de España quiere desterrar poco a poco la posición del centro-delantero,  condicionando su alineación mientras no corte el flujo de circulación de la bola. Si el Barcelona dream team de Cruyff jugaba para que el último pase terminara en los pies de Romario, la España de Del Bosque hace todo lo posible por escapar a esa concepción. Por el momento son campeones y nadie se atreve a discutirles, pero queda en evidencia que ellos pierden en polenta, el verdadero preciosismo del fútbol se alcanza en la finalización virtuosa de una jugada bien hilvanada, y España tiene muy de eso, y seguirá sufriendo de sequía mientras haga que el niño Torres juegue tan condicionado por el sistema tiqui taca. Sea cual sea el resultado de esta Euro, seguramente en el Mundial la viveza y el ritmo de los sudamericanos, Argentina, Brasil, el mismo Uruguay, le harán ver a los españoles que todavía tienen varios elementos que incorporar a su fútbol bien tocado.

Jorge Luna Ortuño